Posts Tagged ‘procesos legales’

« ASUNTOS PENDIENTES »

August 29, 2026

Ricardo F. Morín
« El templo de Zeus bajo el agua »
CGI
2003

Los hermanos llevaban muchos años intentando concluir asuntos que habían sobrevivido a la muerte de ambos padres.  El padre había muerto casi tres décadas antes.  La madre murió años después, y aun así las responsabilidades no terminaron.  Algunas propiedades seguían sin venderse.  Antes de que aquellos asuntos pudieran concluirse, otra pérdida entró en la familia.  La hermana del medio murió el año anterior.  Sus bienes y asuntos personales tuvieron entonces que incorporarse a responsabilidades que ya se habían prolongado durante muchos años.

Antiguos registros y cadenas titulativas que se remontaban al siglo diecinueve conservaban certificaciones, sellos y anotaciones provenientes de distintas décadas y distintos gobiernos.

El país mismo había cambiado durante las últimas tres décadas.  La moneda y las propiedades perdían valor antes de que las transacciones pudieran completarse.  Las oficinas cerraban y reabrían bajo reglamentos distintos, en ocasiones incluso bajo otros nombres.

Para poder liberar propiedades, formalizar transferencias y liquidar activos, era necesario reunir registros, certificaciones y cadenas documentales que distintas oficinas y autoridades fiscales requerían presentar.  Los trámites quedaban detenidos entre exigencias administrativas, obligaciones fiscales e intermediarios capaces de acelerarlos, que de otro modo podían permanecer paralizados durante meses.  Expedientes se acumulaban junto a sellos, firmas y anotaciones provenientes de distintas décadas.

Los trámites se habían prolongado por meses y años.  Mientras tanto, los hermanos envejecían separados a ambos lados del Atlántico.  El mayor, todavía ejerciendo la abogacía en Venezuela, seguía desplazándose entre tribunales, registros y oficinas en procura de reclamaciones y transferencias aún sin resolver.

Al mismo tiempo, unas tierras que anteriormente habían pertenecido a la familia continuaban ligadas a un litigio después de haber sido expropiadas ilegalmente por el Estado años atrás.  Sostener el reclamo exigía certificaciones, registros de archivo, escritos judiciales, autorizaciones, apelaciones y contrademandas.  Tasas municipales, impuestos y costos procesales seguían acumulándose mientras las responsabilidades mismas permanecían inconclusas.

Desde fuera del país solo podía percibirse parcialmente cómo los procedimientos allí cambiaban de un mes a otro y, en ocasiones, de un día para otro.  Algunos introducían exigencias.  Otros dejaban de estar disponibles por completo.  Otro día ya se había ido entre oficinas, registros y tribunales.

Los mensajes circulaban constantemente entre ellos mediante llamadas, correos reenviados, recibos, documentos escaneados, explicaciones y recordatorios.  Uno de los hermanos preguntó si todavía podía efectuarse un pago antes de que otro aumento de impuestos en el extranjero volviera aún más onerosa la transferencia.  La respuesta enumeraba oficinas ya visitadas aquella semana y certificaciones que seguían faltando.  Antes de que la pregunta volviera a retomarse, el intercambio ya se había desplazado hacia un desacuerdo anterior que otros creían resuelto.

El segundo de los hermanos, que había salido de Venezuela muchos años antes, le explicó a uno de ellos que los recordatorios relacionados con los poderes buscaban evitar retrasos.  A otro le explicó que los mensajes sin respuesta comenzaban a entenderse de otra manera.  Uno de los hermanos escribía hasta altas horas de la noche para evitar malentendidos.  Otro respondía brevemente a la mañana siguiente antes de regresar a las oficinas.

Una firma que se creía suficiente fue rechazada más tarde por carecer de una autenticación adicional que nadie había mencionado antes.  Una oficina solicitó documentos que ya habían sido enviados semanas atrás.  Otra confirmó haberlos recibido, aunque no pudo indicar cuándo revisarían el asunto.  Una respuesta demorada dejó de ser solamente una demora.

Algunas preguntas recibían respuestas parciales.  Otras eran reconocidas y dejadas sin responder.  Un mensaje preguntando si todavía podían enviarse los fondos antes de finalizar el mes recibió únicamente esta respuesta:  “Estamos haciendo lo que podemos desde aquí.”  Otro mensaje preguntando si los documentos de la venta de la propiedad ya habían sido consignados recibió como respuesta comentarios sobre planes de viaje de verano y sobre si la firma necesaria todavía podría obtenerse a tiempo.

Recordó un juego de la infancia en el que una frase pasaba de una persona a otra hasta regresar alterada, a veces accidentalmente y otras no.  En aquel entonces, las alteraciones formaban parte de la diversión.

Cuando intentó describir parte de aquello, uno de los hermanos le dijo que estaba filosofando otra vez.  El comentario fue lo bastante moderado para evitar una discusión, aunque la explicación no continuó después de eso.

Un requisito completado una semana regresaba a la siguiente acompañado de una nueva condición.

Un mensaje revisado varias veces antes de ser enviado permaneció sin respuesta durante días.  Otro recibió apenas un breve acuse que no hacía referencia a lo que realmente se había escrito.  Para cuando llegó la siguiente respuesta, aquello que había quedado sin responder en el mensaje anterior ya comenzaba a afectar el intercambio que siguió.

Más tarde llegó un mensaje informando que uno de los asuntos pendientes finalmente había sido completado.  Nadie hizo referencia a lo que había precedido la resolución.  Los intercambios retomaron un tono más calmado, y la atención se desplazó hacia lo que seguía pendiente.

Ricardo F. Morín, 7 de Mayo de 2026, Bala Cynwyd, PA.


« AGENCIA CÍVICA »

December 10, 2025

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Ricardo Morín
Topografías Teratológicas Serie Uno: AGENCIA CÍVICA
Óleo sobre Lino
Cuádrico: Cada panel: 35,5 x 46,5 x 1,9 cm
2009

Ricardo F. Morín

Noviembre, 2025

Oakland Park, Florida

Este ensayo examina condiciones que con frecuencia se ven distorsionadas por la ideología, la herencia moral o el relato histórico.   Las cuestiones de soberanía, ocupación, revolución, exilio e identidad nacional suelen debatirse a través de afirmaciones que apelan a absolutos —derecho religioso, agravio histórico o legitimidad revolucionaria.   Estas afirmaciones difieren en su lenguaje, pero comparten una misma estructura: sitúan una idea por encima de las realidades cívicas de las personas cuyas vidas quedan organizadas por tales narrativas.

Para abordar lo que dichas narrativas oscurecen, el ensayo se centra en un factor estructural que atraviesa esas diferencias:   la agencia cívica, entendida como la capacidad de las personas para dar forma a las condiciones de la vida cívica mediante su participación, representación y procesos jurídicos.   Cuando la agencia cívica es anulada —ya sea por control externo, autoritarismo interno o políticas de disuasión dirigidas a poblaciones desplazadas—, la forma de la restricción puede variar, pero su efecto cívico permanece constante.

Este ensayo no compara historias políticas.   Examina cómo el poder del Estado, en sus diversas configuraciones, regula la vida cívica.   Considera cómo la ideología oscurece esa regulación y cómo las poblaciones experimentan las consecuencias de decisiones en las que tienen poca o ninguna participación.   El propósito no es reducir el conflicto político, sino señalar las estructuras que determinan si la libertad puede llegar a existir o permanece fuera de alcance.

Este ensayo sostiene que la forma más fiable de comprender situaciones que parecen políticamente incompatibles —como la apatridia palestina y la soberanía autoritaria cubana— es examinar la ausencia estructural de agencia cívica que define a ambas.  Aunque las formas de restricción difieren, la condición cívica converge: el Estado, ya sea externo o interno, limita la capacidad de la población para modelar su propia vida cívica.   Al analizar cómo la regulación estatal restringe la participación, suprime la representación o fragmenta la jurisdicción, el ensayo muestra cómo la agencia cívica se convierte en la medida central de la libertad.   Asimismo, examina cómo las narrativas ideológicas, las políticas de disuasión y las presiones migratorias ocultan esta realidad estructural.   El objetivo no es dirimir reclamaciones políticas, sino hacer visibles las condiciones bajo las cuales la vida cívica puede formarse, protegerse o negarse.


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Todo intento de comprender la vida política debe comenzar con el reconocimiento de que las poblaciones no experimentan la libertad como una abstracción; la experimentan a través de las estructuras que regulan su existencia cívica.   Estas estructuras determinan cómo se toman las decisiones, cómo se ejerce la autoridad y si las personas pueden participar en la configuración de las condiciones de su propia vida.   La agencia cívica no es, por tanto, un ideal, sino una condición que existe o no existe.   Cuando está ausente, la libertad aparece como una afirmación formal más que como una condición vivida.

2

La agencia cívica se compone de tres elementos: participación, representación y proceso jurídico.   La participación permite a individuos y comunidades influir en las decisiones públicas.   La representación establece una continuidad entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.   El proceso jurídico garantiza que la autoridad se ejerza dentro de límites definidos.   Cuando alguno de estos elementos se elimina, la población pierde su capacidad de dar forma al entorno cívico que habita.   Esta pérdida puede producirse por regulación externa, autoritarismo interno o políticas que reducen la vida cívica a un conjunto de restricciones que debilitan el espacio compartido.

3

La ausencia de agencia cívica puede adoptar distintas formas.   Una población puede estar gobernada por instituciones que no reconocen su soberanía y que, por tanto, someten su vida cívica a regulaciones en cuya elaboración no tiene un papel significativo.   Alternativamente, una población puede habitar un Estado soberano que suprime el pluralismo político, restringe la disidencia legal y concentra la autoridad institucional.   En ambos casos, la condición cívica queda anulada: las personas carecen de la capacidad de influir en las normas que las gobiernan.

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El caso palestino ilustra la primera forma.   Múltiples autoridades regulan el movimiento, el territorio y la vida pública sin ofrecer una jurisdicción unificada ni protección soberana.   Las decisiones tomadas por Estados externos definen la existencia cotidiana y dejan a la población sin derechos cívicos consistentes ni un marco institucional estable.   La ausencia de soberanía no es solo territorial, sino cívica; priva a la población de los mecanismos mediante los cuales la participación y la representación podrían hacerse posibles.

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La situación cubana representa la segunda forma.   Aunque el Estado posee soberanía, concentra la autoridad política en un único aparato institucional y restringe las vías legales de disidencia, competencia o reforma estructural.   La ciudadanía vive bajo un sistema que mantiene la continuidad política mediante la limitación de las posibilidades de participación.   La soberanía prevalece, pero la agencia cívica permanece restringida.

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Palestina y Cuba difieren, desde luego, en historia, estructura y origen; sin embargo, coinciden en un aspecto fundamental:   el Estado, ya sea externo o interno, restringe la participación de tal modo que la agencia cívica resulta inalcanzable.   La ausencia de agencia es el elemento común que revela la condición cívica que subyace a los relatos políticos.   También proporciona un marco desde el cual comprender, sin confusión, a poblaciones que experimentan distintas formas de restricción.

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Las narrativas ideológicas suelen alinearse con las distribuciones existentes del poder.   El derecho religioso sostiene que la tierra está garantizada por mandato divino y no por protección cívica.   La retórica revolucionaria afirma que la autoridad política se justifica por la lucha histórica y no por la rendición de cuentas presente.   Ambas narrativas elevan un absoluto por encima de las realidades cívicas de la población.   Sustituyen la agencia por la lealtad e interpretan la restricción como necesidad, y no como una falla de representación.

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La migración ofrece un tercer prisma desde el cual se hacen visibles los límites de la agencia cívica.   Las personas abandonan sus países cuando las estructuras que regulan su vida colapsan o se vuelven inhabitables.   Buscan estabilidad, protección y la posibilidad de reconstruir la participación cívica en nuevos entornos.   Sin embargo, las políticas de disuasión en los Estados de acogida suelen reflejar las presiones que provocaron el desplazamiento.   Estos Estados restringen el movimiento de los migrantes, limitan su acceso a las instituciones sociales y reducen las posibilidades de incorporación a un orden cívico.   Tales políticas no reproducen el dilema original, pero reintroducen la experiencia de vivir bajo normas que no pueden influir.

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Para muchas personas solicitantes de asilo, estas medidas restrictivas acortan la distancia entre las presiones que motivaron su salida y las que encuentran al llegar, un desplazamiento que dificulta distinguir la estabilidad de la exclusión.   Ejemplos europeos como Dinamarca y el Reino Unido muestran cómo la disuasión se utiliza para desalentar el asilo sin reconocer el vacío cívico que produce.   Estados Unidos aplica políticas similares en sus fronteras y presenta la disuasión como un instrumento de orden, lo que deja a las personas migrantes suspendidas entre la exclusión y un estatus cívico no resuelto.

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El argumento estructural no sostiene que estas situaciones sean equivalentes, sino que la ausencia de agencia cívica genera una condición cívica que trasciende las diferencias políticas.   Las poblaciones gobernadas sin participación, administradas sin representación o confinadas dentro de sistemas que restringen los procesos jurídicos experimentan la libertad como algo externo a su entorno cívico.   Esta condición no puede explicarse mediante la ideología, porque la ideología aborda identidad, justificación o legitimidad, no agencia.

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Comprender la agencia cívica permite distinguir entre reclamaciones políticas y realidades cívicas.   La soberanía no garantiza la libertad; la revolución no garantiza la participación; el derecho religioso no garantiza la protección.   La agencia cívica solo existe cuando las personas pueden dar forma a las condiciones que las gobiernan.   Cuando esto se vuelve imposible, la población no habita un orden cívico, sino un espacio regulado.

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Cuando la agencia cívica se convierte en la medida a través de la cual se entiende la vida política, las narrativas ideológicas pierden su autoridad y la estructura de la restricción se vuelve visible.   Esta visibilidad no resuelve el conflicto, pero revela las condiciones bajo las cuales la libertad puede emerger o permanecer inaccesible.   La agencia cívica es el punto donde comienza la posibilidad de la vida cívica, y donde su ausencia se hace estructuralmente evidente.