Posts Tagged ‘transmisión’

« Arar el mar sin cosecha alguna »

September 9, 2026

Ricardo F. Morín
Arar el mar sin cosecha alguna
14 x 20 pulgadas
Acuarela, tintes, pasteles al óleo, corrector líquido y lápiz de carboncillo
2008

Este ensayo se titula Arar el mar sin cosecha alguna.  En otro contexto lingüístico aparece con una formulación en inglés que no reproduce la imagen, sino que reformula la condición.  La diferencia no obedece a estilo, sino a adecuación: cómo cada lengua sostiene densidad, registro y resonancia sin alterar la función diagnóstica del texto.

En inglés, una traducción literal de la imagen tiende a leerse como proverbio, alegoría o parábola.  Ese desplazamiento introduce un marco interpretativo que el ensayo no busca activar.  Por ello, el título inglés evita la transferencia directa de la imagen y nombra el fenómeno en términos operativos, manteniendo el mismo nivel de sobriedad.

En español, la imagen puede sostener una gravedad histórica —incluso una cadencia bíblica— sin convertirse en instrucción moral ni en emblema retórico.  Arar el mar sin cosecha alguna nombra una condición: esfuerzo real, medio que no retiene, y ausencia estructural de rendimiento.  La frase no explica; delimita.

Esta asimetría no es un problema accesorio.  Reproduce, en el umbral del texto, la cuestión que el ensayo examina: los límites de transmisión entre contextos.  El sentido no pasa intacto entre generaciones del mismo modo que no pasa intacto entre lenguas.  Lo que puede preservarse no es la forma, sino la función, cuando las condiciones permiten recepción.

Ricardo F. Morín

Diciembre 19, 2025

Oakland Park, Florida


I.

El trabajo continúa.  Es visible, organizado y, con frecuencia, diligente.  Las tareas se ejecutan, los sistemas se mantienen, el lenguaje se afina y los procesos se repiten.  La dificultad no reside en la ausencia de esfuerzo, ni siquiera en su mala orientación, sino en la ausencia de acumulación —entendida aquí como la condición que permite que el conocimiento generado externamente sea recibido, retenido y reingresado como orientación, en lugar de ser reescenificado como esfuerzo.  Lo realizado no permanece disponible para su reingreso; el trabajo no se proyecta hacia adelante.

Esta condición suele confundirse con agotamiento o indiferencia.  No lo es.  Los signos de implicación son evidentes.  La actividad aumenta.  La capacidad de respuesta mejora.  La producción se multiplica.  Lo que desaparece es la continuidad: la posibilidad de que el esfuerzo se convierta en un remanente compartido que pueda retomarse sin comenzar desde cero.

En estos entornos, el movimiento sustituye a la herencia.  El valor de la acción reside en su ejecución, no en lo que deja tras de sí.  El trabajo avanza como si cada instancia fuera suficiente en sí misma.  El pasado no es rechazado; simplemente no se conserva en una forma que permita volver a él.

II.

La experiencia no es una sustancia que pueda transmitirse intacta de un sujeto a otro (no puede acumularse antes de que exista la necesidad).  Se forma bajo presión: a través de la duración, la consecuencia y la restricción.  Cuando se separa de esas condiciones, llega aplanada.  Lo que antes aclaraba límites ahora aparece como comentario.  Lo que antes obligaba a ajustar la acción ahora se percibe como preferencia.

Los intentos de transmitir la experiencia como instrucción suelen fracasar porque se adelantan a la necesidad.  El destinatario recibe la lección sin las condiciones que le otorgaron fuerza.  El conocimiento llega antes de la situación que lo haría inteligible.  Lo ofrecido antes de ser necesario aparece como opcional, incluso cuando es exacto.

Este fracaso no es cognitivo.  Es temporal.  La experiencia no puede recibirse a demanda porque no funciona como información.  Funciona como orientación, y la orientación requiere circunstancia.

III.

La autonomía es esencial para el juicio.  Sin ella, la acción se reduce a obediencia.  Sin embargo, la autonomía se vuelve obstructiva cuando rehúsa la herencia.  La agencia se endurece en la suposición de que el valor debe generarse por cuenta propia para ser legítimo.  Lo que proviene de otros se recibe con recelo, no porque carezca de relevancia, sino porque aceptarlo parece comprometer la independencia.

Bajo esta postura, la recepción se confunde con dependencia —la negativa a la acumulación como orientación proveniente de fuera.  Aprender de la experiencia previa se percibe como concesión más que como orientación.  La capacidad de recibir es sustituida por la obligación de originar.  El conocimiento debe parecer nuevo para contar.

El resultado no es libertad, sino aislamiento respecto del sentido acumulado.  La experiencia permanece disponible, pero ilegible.  Circula como lenguaje sin asimilación, como gesto sin consecuencia.

IV.

Cuando la transmisión falla, la novedad se convierte en prueba de validez.  Lo que aparece como nuevo adquiere autoridad por el contraste mismo.  La pregunta por si una condición ya ha sido enfrentada se ve desplazada por la presión de demostrar originalidad.

La reinvención no ocurre porque las soluciones previas hayan fracasado, sino porque su éxito no dejó huella visible (sin precedente acumulado).  Lo que funcionó en silencio no se presenta como precedente.  La rueda se reformula para exhibir iniciativa, no para mejorar su función.

Se trata de un error categorial.  El esfuerzo persiste, pero la herramienta no corresponde al medio.  Métodos diseñados para la acumulación se aplican allí donde las marcas no se conservan.  Arar el mar fracasa no porque no se haga nada, sino porque el medio borra los surcos en cuanto se trazan.

V.

En estas condiciones, el movimiento sustituye al progreso.  Los sistemas premian la velocidad, la producción y la capacidad de respuesta.  La pausa aparece como ineficiencia.  El retorno se percibe como retraso.  La profundidad es desplazada por el flujo.

La iteración se confunde con comprensión.  La repetición se toma como prueba de compromiso.  La ausencia de resultados se atribuye a un esfuerzo insuficiente y no a una desalineación.  La respuesta consiste en intensificar el movimiento, no en reconsiderar la postura.

El progreso se mide por el desplazamiento y no por la retención (no por la acumulación).  Lo importante es que algo ocurra, no que permanezca disponible para su uso.  El futuro se habita de manera constante, pero nunca se acondiciona.

VI.

El mar persiste.  No se opone al esfuerzo ni responde a la insistencia.  Permanece indiferente a la fuerza.  Los surcos desaparecen no por desafío, sino por indiferencia.  El trabajo es real; la ausencia de cosecha es estructural.

El agotamiento se acumula de manera privada mientras los sistemas permanecen inalterados.  Cada intento comienza de nuevo.  Lo aprendido se vuelve a aprender.  El costo lo asume el individuo; el beneficio no se transmite.

Esta condición no es decadencia, deterioro ni pérdida de inteligencia.  No es fracaso moral ni culpa generacional.  Es el resultado previsible de entornos que premian la autonomía sin recepción, la novedad sin continuidad y el movimiento sin acumulación.

Los surcos no fallan.  Simplemente no se sostienen.


« ASUNTOS PENDIENTES »

August 29, 2026

Ricardo F. Morín
« El templo de Zeus bajo el agua »
CGI
2003

Los hermanos llevaban muchos años intentando concluir asuntos que habían sobrevivido a la muerte de ambos padres.  El padre había muerto casi tres décadas antes.  La madre murió años después, y aun así las responsabilidades no terminaron.  Algunas propiedades seguían sin venderse.  Antes de que aquellos asuntos pudieran concluirse, otra pérdida entró en la familia.  La hermana del medio murió el año anterior.  Sus bienes y asuntos personales tuvieron entonces que incorporarse a responsabilidades que ya se habían prolongado durante muchos años.

Antiguos registros y cadenas titulativas que se remontaban al siglo diecinueve conservaban certificaciones, sellos y anotaciones provenientes de distintas décadas y distintos gobiernos.

El país mismo había cambiado durante las últimas tres décadas.  La moneda y las propiedades perdían valor antes de que las transacciones pudieran completarse.  Las oficinas cerraban y reabrían bajo reglamentos distintos, en ocasiones incluso bajo otros nombres.

Para poder liberar propiedades, formalizar transferencias y liquidar activos, era necesario reunir registros, certificaciones y cadenas documentales que distintas oficinas y autoridades fiscales requerían presentar.  Los trámites quedaban detenidos entre exigencias administrativas, obligaciones fiscales e intermediarios capaces de acelerarlos, que de otro modo podían permanecer paralizados durante meses.  Expedientes se acumulaban junto a sellos, firmas y anotaciones provenientes de distintas décadas.

Los trámites se habían prolongado por meses y años.  Mientras tanto, los hermanos envejecían separados a ambos lados del Atlántico.  El mayor, todavía ejerciendo la abogacía en Venezuela, seguía desplazándose entre tribunales, registros y oficinas en procura de reclamaciones y transferencias aún sin resolver.

Al mismo tiempo, unas tierras que anteriormente habían pertenecido a la familia continuaban ligadas a un litigio después de haber sido expropiadas ilegalmente por el Estado años atrás.  Sostener el reclamo exigía certificaciones, registros de archivo, escritos judiciales, autorizaciones, apelaciones y contrademandas.  Tasas municipales, impuestos y costos procesales seguían acumulándose mientras las responsabilidades mismas permanecían inconclusas.

Desde fuera del país solo podía percibirse parcialmente cómo los procedimientos allí cambiaban de un mes a otro y, en ocasiones, de un día para otro.  Algunos introducían exigencias.  Otros dejaban de estar disponibles por completo.  Otro día ya se había ido entre oficinas, registros y tribunales.

Los mensajes circulaban constantemente entre ellos mediante llamadas, correos reenviados, recibos, documentos escaneados, explicaciones y recordatorios.  Uno de los hermanos preguntó si todavía podía efectuarse un pago antes de que otro aumento de impuestos en el extranjero volviera aún más onerosa la transferencia.  La respuesta enumeraba oficinas ya visitadas aquella semana y certificaciones que seguían faltando.  Antes de que la pregunta volviera a retomarse, el intercambio ya se había desplazado hacia un desacuerdo anterior que otros creían resuelto.

El segundo de los hermanos, que había salido de Venezuela muchos años antes, le explicó a uno de ellos que los recordatorios relacionados con los poderes buscaban evitar retrasos.  A otro le explicó que los mensajes sin respuesta comenzaban a entenderse de otra manera.  Uno de los hermanos escribía hasta altas horas de la noche para evitar malentendidos.  Otro respondía brevemente a la mañana siguiente antes de regresar a las oficinas.

Una firma que se creía suficiente fue rechazada más tarde por carecer de una autenticación adicional que nadie había mencionado antes.  Una oficina solicitó documentos que ya habían sido enviados semanas atrás.  Otra confirmó haberlos recibido, aunque no pudo indicar cuándo revisarían el asunto.  Una respuesta demorada dejó de ser solamente una demora.

Algunas preguntas recibían respuestas parciales.  Otras eran reconocidas y dejadas sin responder.  Un mensaje preguntando si todavía podían enviarse los fondos antes de finalizar el mes recibió únicamente esta respuesta:  “Estamos haciendo lo que podemos desde aquí.”  Otro mensaje preguntando si los documentos de la venta de la propiedad ya habían sido consignados recibió como respuesta comentarios sobre planes de viaje de verano y sobre si la firma necesaria todavía podría obtenerse a tiempo.

Recordó un juego de la infancia en el que una frase pasaba de una persona a otra hasta regresar alterada, a veces accidentalmente y otras no.  En aquel entonces, las alteraciones formaban parte de la diversión.

Cuando intentó describir parte de aquello, uno de los hermanos le dijo que estaba filosofando otra vez.  El comentario fue lo bastante moderado para evitar una discusión, aunque la explicación no continuó después de eso.

Un requisito completado una semana regresaba a la siguiente acompañado de una nueva condición.

Un mensaje revisado varias veces antes de ser enviado permaneció sin respuesta durante días.  Otro recibió apenas un breve acuse que no hacía referencia a lo que realmente se había escrito.  Para cuando llegó la siguiente respuesta, aquello que había quedado sin responder en el mensaje anterior ya comenzaba a afectar el intercambio que siguió.

Más tarde llegó un mensaje informando que uno de los asuntos pendientes finalmente había sido completado.  Nadie hizo referencia a lo que había precedido la resolución.  Los intercambios retomaron un tono más calmado, y la atención se desplazó hacia lo que seguía pendiente.

Ricardo F. Morín, 7 de Mayo de 2026, Bala Cynwyd, PA.