« Jardines Morakami »

April 10, 2026

En memoria de Andreina

Ricardo F. Morín, 10 de abril de 2026, Oakland Park, Florida

Bosque de bambú, ondulando en el viento. Inhalado y exhalado.

Camino por un túnel columnado de enredaderas, las frondas de una palmera agitándose arriba.

Formas curvadas—Karesansui.

Una huéspeda pasa, buscando su nombre.

Caigo por un monumento al desecho.

Como en un tablero de ajedrez

Te veo. Allá.

Una escalera hacia el jardín.

Un aposento donde me senté junto a ti, ya no más.

Estoy contenido por cinta amarilla de precaución.

Tres bancos contra una pantalla de hojas.

Tu entierro está aquí conmigo.

Los bonsáis que adorabas.

Una sonrisa nacarada murmura en el cielo.

Mi guardián dice: cuidado por dónde pisas.

Dice que tenemos mucho por hacer.

Y los dejo pasar.



Bosque de bambú, respirando.

Karesansui, cinta amarilla, tres bancos—ella ya no está.

Y los dejo pasar.

« Folie à Deux »

April 1, 2026

Ricardo F. Morín
Naturaleza muerta
22″ x 30″
Técnica mixta sobre papel
2000

Ricardo F. Morin

31 de marzo de 2026

Oakland Park, Florida 

Una relación entre dos individuos puede parecer estable incluso cuando se basa en una premisa falsa.  Una decisión se propone sin fundamento y se acepta antes de ser puesta a prueba.  Uno habla; el otro se ajusta.  Se introduce una afirmación y se adopta sin examen.  Cuando aparece la contradicción, se deja de lado.  La relación se mantiene porque uno afirma y el otro acepta.  El relato de dos personas puede parecer excepcional, pero la relación que pone de manifiesto no se limita a ellas.

 

Una relación más amplia entre individuos, sostenida al excluir la contradicción, no requiere acuerdo.  Requiere dirección y alineación.  Una afirmación se repite como si ya estuviera resuelta y se mantiene como algo que debe sostenerse.  Un interlocutor expone una posición con certeza y sin matices, y otros aceptan esa certeza como prueba de su validez en lugar de examinar la afirmación.  Un relato compartido fija lo que puede decirse; cuestionarlo queda excluido.  Una decisión se sostiene porque confirma lo ya asumido.  La relación continúa sin ser cuestionada.

 

¿En qué momento una relación de este tipo deja de interpretar la realidad y comienza a actuar en su lugar? No cuando aparece una afirmación falsa, sino cuando la relación ya no permite que sea puesta a prueba.  Mientras las afirmaciones sean sometidas a examen, el desacuerdo se examine y el ajuste siga a la evidencia, la relación permanece abierta.  El cambio ocurre cuando la alineación sustituye la puesta a prueba.  Una afirmación se mantiene antes de ser puesta a prueba y deja de presentarse como algo abierto a examen.

 

La contradicción ya no interrumpe la relación.  Se descarta o se aparta y no entra en la decisión.  Lo que no encaja queda excluido de lo que sigue.

 

Una afirmación se sostiene porque repite lo que ya se ha dicho.  La corrección deja de producirse.

 

Una decisión formada dentro de la relación se ejecuta fuera de ella sin ser puesta a prueba, y una persona que no participó en su formación debe acatarla.  El efecto sobre esa persona no se examina y se considera secundario frente a la continuidad de la afirmación.  Cada participante percibe el efecto sobre la persona afectada.  Continúa actuando conforme a la afirmación, dejando de lado ese reconocimiento para mantener la alineación.  La acción continúa antes de que la ley o la ética puedan intervenir.

 

Las decisiones se miden entonces según lo ya afirmado y no según lo presente.  El comportamiento continúa sin ser puesto a prueba.  Los juicios se forman dentro de circuitos cerrados de afirmación.  En una sociedad de inversión, un socio principal propone una tesis bajo presión de tiempo e información incompleta, y los demás comprometen capital basándose en esa autoridad y no en validación externa.  En otro ámbito, bajo incertidumbre no resuelta, en un contexto clínico, las pruebas disponibles no resuelven el diagnóstico y un médico adopta una hipótesis de trabajo; el tratamiento avanza sobre esa base, repitiéndose y confirmándose, mientras se dejan de lado signos contradictorios.  Lo que parece coherente internamente produce acciones que no se ajustan a las condiciones que pretende abordar.

 

Una relación de este tipo también define la responsabilidad de manera limitada.  Cada participante atiende al otro dentro de la relación, pero no a quienes se ven afectados por ella.  El acuerdo entre los participantes no se extiende a quienes están sujetos a lo que la relación produce.  Dentro de la relación, nada se presenta como una ruptura:  la afirmación se sostiene, la decisión sigue, y la alineación se mantiene, de modo que no surge punto de interrupción desde el cual pueda ser juzgada.  La responsabilidad requeriría que cada participante considere cómo la afirmación y la decisión afectan a quienes están fuera de la relación y permita que ese efecto modifique o detenga lo que sigue.  Cuando esto no ocurre, la responsabilidad permanece contenida dentro de la relación y quienes están fuera de ella son afectados sin que su situación entre en la decisión.

 

La diferencia entre creencia compartida y distorsión compartida radica en si la relación permite corrección.  Donde la contradicción puede entrar y ser considerada, la relación permanece abierta.  Donde se excluye, la relación se cierra.

 

El problema no comienza cuando una afirmación es falsa.  Comienza cuando la relación que la sostiene ya no permite que sea puesta a prueba.

 

« Desenmascarar la desilusión:  Serie V »

March 25, 2026

*

“Alegoría geométrica”,  pintura digital 2023 de Ricardo Morín  (artista visual estadounidense nacido en Venezuela–1954)

 

Ricardo F. Morín

26 de Diciembre de 2025

Oakland Park, Fl

Nota del autor

 

Esta entrega prolonga el Capítulo XII,  “El cuarto signo”,  tras la exposición inicial sobre la autocracia (§§ 1–9).  Su atención se concentra en Venezuela,  examinando §§ 10–25,  donde el marco previamente establecido se somete a una verificación situada.  El capítulo se cierra en una entrega independiente dedicada a “La asimetría de las sanciones” (§§ 26–34).

Capítulo XII:  Parte 2

 

 

Venezuela

 

10

Para comprender las consecuencias prácticas de la autocracia y de la concentración del poder que la acompaña,  me remito a la obra de Rafael Arráiz Lucca,  Venezuela:   1830 a nuestros días:   Breve historia política [2016].  Allí se presenta una reconstrucción continua de la trayectoria venezolana desde la independencia hasta el presente. [1]   El autor examina transformaciones políticas,  económicas y sociales,  atendiendo tanto a los conflictos iniciales como al ascenso de liderazgos militares.  Su análisis incluye la irrupción de Hugo Chávez,  la formulación de su proyecto ideológico y los efectos acumulativos de sus políticas.  Asimismo,  considera la persistencia de ese legado bajo el gobierno de Nicolás Maduro.  En su lectura,  ambas presidencias encarnaron formas de poder que tendieron a centralizar la autoridad y a restringir la disidencia.

 

11

La trayectoria política del país ha quedado marcada por una prolongada impronta militar.  Desde la independencia en 1811,  veinticinco oficiales ocuparon la presidencia,  acumulando 172 años de ejercicio gubernamental y afianzando la gravitación castrense en la vida política. [2]  La transición hacia la democracia representativa en 1961 introdujo un quiebre significativo,  al abrir un período de treinta y ocho años de gobiernos civiles en el marco del Pacto de Punto Fijo (véase el Capítulo XI).  Este ciclo,  sin embargo,  no estuvo exento de tensiones.  Los acontecimientos del Caracazo en 1989 y el intento de golpe de 1992 evidenciaron la fragilidad del orden civil y la persistencia del recurso al liderazgo militar en contextos de crisis. [3][4]

 

12

El Caracazo y la represión que le siguió expusieron fracturas sociales profundas que socavaron la confianza en la gobernanza civil.  Para amplios sectores,  el desorden y la desilusión reactivaron la percepción de las fuerzas armadas como instancia de contención y orden,  una imagen arraigada en la tradición del caudillismo.  El ascenso de Chávez puede leerse como una consecuencia directa de ese trasfondo histórico:  una figura militar que se ofreció como respuesta a los límites de la política civil.  La violencia posterior a los disturbios,  sumada a la incapacidad estructural para responder a las desigualdades que estos condensaban,  preparó el terreno para el retorno de inclinaciones autocráticas,  formuladas ahora en clave populista.  Se inauguró así una etapa autoritaria configurada tanto por las tensiones del presente como por herencias no resueltas del pasado.

 

13

La presidencia de Hugo Chávez prolongó una tradición autoritaria ya visible durante el régimen del general Marcos Pérez Jiménez. [5]  Como en aquella etapa,  el ingreso petrolero constituyó el sostén principal de la acción gubernamental. [6]

 

14

La noción de “democracia participativa” promovida por Chávez se presentó como un mecanismo de incorporación de sectores históricamente excluidos.  Los consejos comunales y las misiones sociales,  concebidos bajo ese principio,  operaron en la práctica como dispositivos de control político asociados a la ideología bolivariana.  El acceso y la participación quedaron condicionados por la lealtad al liderazgo,  lo que derivó en la exclusión sistemática de quienes disentían.  Esta articulación de populismo y autoridad redefinió la disidencia como falta de compromiso nacional y debilitó la centralidad del derecho,  subordinando los poderes legislativo y judicial al ejecutivo.

 

15

El respaldo explícito de Chávez a Nicolás Maduro en 2012 acentuó la deriva autoritaria. [7]  Diversas organizaciones opositoras —Vente Venezuela,  Primero de Justicia,  Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular— denunciaron la instrumentalización del Consejo Nacional Electoral. [8][9][10][11][12]

 

16

Tras la muerte de Chávez,  Maduro enfrentó cuestionamientos similares en los procesos electorales de 2013 y 2018.  Organismos regionales e internacionales coincidieron en sus objeciones,  entre ellos la Organización de los Estados Americanos,  el Grupo de Lima,  el Grupo de Contacto Internacional y el Grupo de los Siete. [13][14][15]  Human Rights Watch y Amnistía Internacional también pusieron en duda la legitimidad del proceso. [16][17]   Una excepción fue el debate en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (comunicado SC/13719),  que sostuvo la primacía de una resolución interna del conflicto. [18][19]

 

17

Tras la suspensión de Venezuela del Mercosur en 2016,  las respuestas regionales variaron y se ajustaron con los cambios de gobierno. [20][21]  Argentina y Brasil modificaron sus posiciones entre el respaldo a medidas de presión y la apelación a la mediación. [22][23]  Colombia osciló entre la ruptura diplomática y el restablecimiento de vínculos bajo un enfoque de no intervención. [24]  Chile mantuvo una postura sostenida a favor de sanciones y remitió el caso venezolano a la Corte Penal Internacional. [25][26]  Perú expulsó al embajador venezolano tras la disolución de la Asamblea Nacional por el Tribunal Supremo de Justicia y regularizó la situación migratoria. [27]  México pasó de la condena inicial a una política de mediación. [28][29][30]

 

18

En el período previo a las elecciones presidenciales de 2024,  María Corina Machado fue inhabilitada tras imponerse en las primarias de su coalición. [31]  El Tribunal Supremo de Justicia fundamentó su decisión en alegaciones de apoyo a sanciones extranjeras,  presuntos actos de corrupción y responsabilidades vinculadas a Citgo,  filial estadounidense de Petróleos de Venezuela,  S.A.  La negativa a permitirle acceso a los cargos formulados constituyó una vulneración manifiesta del debido proceso.  Su exclusión dejó a Edmundo González Urrutia como candidato unitario de la oposición. [32]

 

19

Ambas campañas recurrieron a prácticas de intimidación.  La coalición opositora desplegó observadores en miles de centros de votación,  mientras el gobierno intensificó la censura informativa y las acciones represivas.  Tras la proclamación de resultados,  las protestas derivaron en muertes extrajudiciales,  detenciones y restricciones severas a la prensa independiente. [33]

 

20

La oposición coordinó su labor con observadores internacionales —entre ellos la Organización de los Estados Americanos,  la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea,  el Centro Carter y la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas— para registrar irregularidades. [34][35][36][37]  El gobierno retuvo datos electorales desagregados,  alegando intrusiones informáticas,  e impuso restricciones a los observadores. [38]  El Centro Carter concluyó que el proceso no alcanzó estándares aceptables de transparencia,  equidad e imparcialidad. [39]

 

21

Maduro acusó a Machado y a González de incitar desórdenes y anunció investigaciones por “usurpación de funciones” e “insurrección militar”.  El 8 de agosto de 2024,  González salió del país rumbo a España tras recibir salvoconducto.

 

22

Para situar el estado institucional venezolano,  resulta pertinente atender a los diagnósticos ofrecidos por índices internacionales.  El Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit,  el Índice Global de Libertad de Freedom House y el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional permiten observar,  desde métricas distintas,  el deterioro sostenido del orden democrático.

 

23

El Índice de Democracia asigna valores más altos a sistemas considerados más abiertos.  Freedom House y Transparencia Internacional emplean escalas inversas,  en las que puntajes bajos reflejan restricciones severas y altos niveles de corrupción.

 

24

Según el Índice de Democracia,  Venezuela figuró en 2008 como el país menos democrático de Sudamérica y,  en 2022,  ocupó el puesto 147 de 167. [40]  En 2023,  Freedom House registró niveles mínimos de libertad,  mientras que el Índice de Percepción de la Corrupción asignó al país 13 puntos sobre 100,  situándolo entre los casos más graves a escala global. [41]

 

25

Los informes de Transparencia Internacional correspondientes al período 2012–2023 confirman la persistencia de esa situación. [42]  En 2023,  Venezuela obtuvo 13 puntos sobre 100 y se ubicó en el puesto 177 de 180.  En conjunto,  estos indicadores delinean un panorama coherente de concentración del poder y de deterioro institucional prolongado.


NOTAS FINALES

 

§ 10

  • [1]  Rafael Arráiz Lucca,  Venezuela:  1830 a nuestros días:  Breve historia política (Caracas:  Editorial Alfa,  2016),  15–151,  212–237.  Esta obra ofrece una reconstrucción sostenida de la trayectoria política venezolana desde la independencia.  Su valor reside en mostrar cómo la recurrencia del poder militar,  lejos de ser episódica,  se integra de forma estructural en la formación del Estado.   

§ 11

  • [2]  José Gregorio Petit Primera,  “Presidentes de Venezuela (1811–2012).  Un análisis estadístico-descriptivo”.  Revista Venezolana:  Análisis de Coyuntura (Caracas:  Universidad Central de Venezuela,  XXII-1,  2016),  47–56.  El estudio cuantifica la ocupación militar de la presidencia y permite medir su persistencia como patrón de gobierno.  
  • [3]  El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo político suscrito por Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) y Unión Republicana Democrática (URD).  Su objetivo fue garantizar alternancia,  estabilidad institucional y contención del autoritarismo tras la caída de Marcos Pérez Jiménez (1952–1958).  Si bien permitió una transición democrática prolongada,  también consolidó estructuras partidarias cerradas y exclusiones acumulativas.  

§ 13

  • [5]  Fredy Rincón Noriega, El Nuevo Ideal Nacional y los planes económico-militares de Pérez Jiménez,  1952–1957 (Caracas:  Ediciones Centauro,  1981).  
  • Judith Ewell, The Indictment of a Dictator:  The Extradition and Trial of Marcos Pérez Jiménez (College Station:  Texas A&M University Press,  1981).  
  • Ambos estudios documentan un modelo de centralización autoritaria sostenido por planificación estatal y control militar.  
  •  [6]  Aunque con orientaciones divergentes,  tanto Pérez Jiménez como Chávez estructuraron su acción gubernamental sobre la renta petrolera.  En el primer caso,  esta sostuvo proyectos de modernización infraestructural.  En el segundo,  permitió programas de redistribución que incrementaron la dependencia estructural del Estado respecto del ingreso energético.  

 § 15

  • [12]  El Consejo Nacional Electoral,  órgano encargado de la supervisión electoral, ha sido objeto de acusaciones persistentes de parcialidad.  Diversos actores opositores sostienen que su composición fue progresivamente alineada con el poder ejecutivo, limitando la credibilidad del proceso electoral.  

 

§ 16

  • [13]  El Grupo de Lima, constituido en agosto de 2017, agrupó a Estados americanos con el propósito de coordinar respuestas diplomáticas frente a la crisis venezolana.  
  • [14]  El Grupo de Contacto Internacional, integrado por la Unión Europea,  Costa Rica,  Ecuador y Uruguay, abogó por elecciones verificables y expresó reservas sobre la imparcialidad del Consejo Nacional Electoral.  
  • [15]  El Grupo de los Siete (G7) condenó irregularidades electorales y reclamó supervisión independiente.  
  • [19]  En este debate,  el Consejo optó por una postura de no intervención directa, ofreciendo mediación sin asumir supervisión electoral.  

 

§ 17

  • [21]  Mercosur, Mercado Común del Sur, bloque regional creado en 1991 para promover integración económica.  
  • [30]  México asumió labores de mediación tras las elecciones presidenciales de julio de 2024,  con respaldo de Brasil y Colombia.  

 

§ 18

 

 

§ 19

 

§ 20

  • [38]  La ausencia de resultados electorales desagregados impide auditorías verificables y debilita la legitimidad del proceso.  
  • [39]  La Organización de los Estados Americanos señaló la falta de verificación independiente de los resultados electorales.  

 

§ 24

 

§ 25


« El paradigma de la extracción »

March 18, 2026

Ricardo Morin
Sin título nº 5: El paradigma de la extracción
25,4 x 30,5 cm
Acuarela
2003

Por Ricardo F. Morín

Octubre de 2025

Oakland Park, Florida

1

La historia de la inteligencia artificial (IA) suele contarse como un relato de promesas infinitas: una tecnología destinada a transformar las economías y redefinir el potencial humano.   Sin embargo, bajo ese optimismo se oculta una realidad más antigua:   la conversión de la creatividad humana en riqueza concentrada.   Lo que se presenta como progreso repite el patrón económico más viejo de todos:   extraer valor de muchos para beneficio de pocos.   El lenguaje que rodea a la IA disfraza esta continuidad.   Convierte la innovación en un espectáculo de inevitabilidad, una visión de abundancia que oculta sus cimientos desiguales.

2

Ese espectáculo depende de la persuasión.   Expresiones como inteligencia manifestada, la próxima frontera del billón de dólares o transformación inevitable no son descripciones, sino estrategias de mercadotecnia.   Presentan el beneficio como destino e invitan a participar no en el descubrimiento, sino en la especulación.   Cifras como “80 billones” o “25.000 % de retorno” se repiten en los medios como profecías, transformando las previsiones financieras en certezas morales.   Esta retórica moldea la imaginación pública:   la IA deja de ser una herramienta para resolver problemas humanos y se convierte en un fenómeno financiero—una historia sobre riqueza más que sobre comprensión.

3

Estas promesas no marcan un nuevo comienzo.   Repiten el mismo ciclo que acompañó a cada gran invención.   La Revolución Industrial transformó el trabajo pero profundizó las divisiones sociales.   La revolución digital difundió la información pero concentró la propiedad.   La IA entra ahora en esa historia como su expresión más reciente.   Su capacidad para ampliar el conocimiento y servir al bien común es real, pero su primera lealtad sigue siendo el lucro.   Dentro de las estructuras existentes, acelera la acumulación de capital en lugar de corregir su desequilibrio.

4

Los mecanismos de esa concentración son visibles.   Los modelos propietarios cercan el conocimiento tras muros de pago y patentes.   Los datos recolectados del público se convierten en propiedad privada.   El costo de la potencia informática y del talento especializado limita quién puede participar.   El resultado es previsible:   la mayoría experimentará la IA no como empoderamiento, sino como dependencia.   Lejos de reducir la desigualdad, la incorpora a la infraestructura del futuro.

5

Esta dirección resulta más inquietante frente a las necesidades urgentes del mundo.   Miles de millones de personas aún viven sin acceso confiable a alimentos, salud o educación—condiciones que la tecnología podría transformar pero rara vez aborda.   Los usos más rentables de la IA optimizan la publicidad, manipulan el comportamiento y amplían la vigilancia.   No son accidentes; son la consecuencia lógica de un sistema que valora la rentabilidad por encima del bienestar humano.   Cuando el progreso se mide solo por el valor para el accionista, la tecnología pierde su brújula moral y la sociedad pierde su sabiduría.

5a

Un uso más reciente y peligroso de estos sistemas ha surgido en la esfera política.   Las mismas herramientas que dirigen anuncios ahora dirigen conciencias.   Gobiernos de tendencia autocrática han comenzado a utilizar modelos generativos para inundar el discurso público con contenidos persuasivos, borrar la frontera entre verdad y ficción y cultivar obediencia mediante la simulación.   Informes recientes muestran cómo oficinas ejecutivas emplean la IA para redactar mensajes políticos, amplificar medios afines y silenciar voces disidentes.   Tales prácticas convierten la inteligencia en propaganda y los datos en dominación.   Cuando un Estado puede administrar algorítmicamente la percepción, la democracia se convierte en representación teatral.   La concentración de la riqueza converge así con la concentración de la creencia—cada una reforzando a la otra.

6

Ya hemos visto este patrón.   En cada era tecnológica, la riqueza se transforma en poder político y luego utiliza ese poder para protegerse.   Los magnates ferroviarios consolidaron monopolios en el siglo XIX.   Las potencias petroleras moldearon la política exterior en el XX.   Hoy, los conglomerados digitales redactan las reglas que mantienen su dominio.   La IA sigue la misma fuerza gravitacional, guiada menos por visión humana que por la inercia del capital.

7

En el orden actual, la unión del poder tecnológico y la especulación financiera ya no produce descubrimiento, sino dependencia.   La riqueza circula dentro de una economía cerrada de influencias, recompensando a quienes diseñan los mecanismos de acceso en lugar de a quienes amplían el alcance del conocimiento.   Lo que aparece como innovación suele ser un ensayo del privilegio:   un intercambio de capital entre los mismos centros de autoridad, cada uno validando al otro mientras la sociedad asume el costo.   Cuando la creatividad se convierte en garantía y la inteligencia en arrendamiento, el progreso deja de servir al público y empieza a servirse a sí mismo.

8

La ilusión más seductora que sostiene este orden es la del mito de la inevitabilidad:   la creencia de que el avance tecnológico debe producir desigualdad y que nadie es responsable del resultado.   Es una ficción útil, pues exime a los poderosos del escrutinio moral al convertir la explotación en destino.   Pero la inevitabilidad es una elección disfrazada de naturaleza.   Las sociedades siempre han dado forma al uso de la tecnología mediante sus leyes, sus valores y su coraje para intervenir.   Aceptar la desigualdad como destino es renunciar a esa responsabilidad.

9

Rechazar la inevitabilidad implica recuperar la idea misma de progreso.   La innovación no es progreso si no amplía la libertad y la seguridad humanas.   Ello requiere dirección deliberada—mediante inversión pública, impuestos justos, estándares transparentes y cooperación internacional.   No son obstáculos al crecimiento; son las condiciones que lo hacen justo y sostenible.   Los mercados por sí solos no garantizan justicia, y la tecnología sin ética no es avance, sino aceleración sin rumbo.

10

Medir el progreso de otro modo transformaría lo que celebramos.   Si un sistema de IA reduce errores médicos en comunidades pobres, fortalece la educación donde faltan recursos o mejora la participación democrática, su valor supera al de aquel que solo aumenta los márgenes de ganancia.   La verdadera medida de la inteligencia—artificial o humana—es el bien que aporta al mundo.   El beneficio es solo una forma de valor; la dignidad humana es otra.

11

En el centro de este orden persiste una hipocresía silenciosa.   Se elogia la riqueza como recompensa al esfuerzo y la inteligencia, pero depende de la extracción constante de valor de otros—del trabajador, del consumidor, del entorno.   Lo que parece mérito suele descansar en la desigualdad disfrazada de eficiencia.   El mismo patrón define a la inteligencia artificial.   Construida a partir del conocimiento y la creatividad humanos, se encierra en sistemas que venden el acceso a lo que fue dado libremente.   Ambas formas de acumulación—la financiera y la tecnológica—obtienen su poder de los mismos recursos que agotan:   el trabajo, la atención y la imaginación humanos.   Al pretender impulsar a la sociedad, reproducen la inequidad que convierte la vitalidad en estancamiento—la inversión de lo que el progreso debería ser.

12

El discurso febril sobre oportunidades de billones pertenece a un vocabulario antiguo:   el lenguaje de la extracción confundido con el de la evolución.   La cuestión esencial es si la inteligencia seguirá sirviendo a la riqueza o empezará a servir a la humanidad.   La inteligencia artificial ofrece esa elección:   repetir la lógica que durante siglos confundió acumulación con progreso, o construir un futuro en que el conocimiento y la prosperidad se compartan.   Esa decisión no surgirá por sí sola; depende de lo que las sociedades exijan, de lo que los gobiernos regulen y de los valores que definan el éxito.   La ventana para decidir sigue abierta, aunque se estrecha cada vez que el lucro habla más alto que la conciencia.

Las observaciones anteriores se refieren a las consecuencias de la extracción.  La lógica institucional que produce estas consecuencias pertenece a un patrón histórico más amplio dentro del desarrollo económico moderno.  Ese patrón se examina por separado en La lógica de la extracción.


« Desenmascarar la desilusión: Serie III—Part I »

February 4, 2026

Alegoría, virtud y la medida de la gobernanza


“Geometric Allegory”, pintura digital 2023 por Ricardo Morín (artista visual estadounidense nacido en Venezuela–1954)

Ricardo F. Morin

25 de Diciembre de 2025

Oakland Park, Fl

Nota del autor

Este conjunto de capítulos marca un desplazamiento dentro de la serie Desenmascarar la desilusión.    El análisis se mueve desde la orientación simbólica hacia un criterio de evaluación: no para proponer un modelo de gobierno ni para formular una ética normativa, sino para establecer una medida mediante la cual la práctica política pueda ser examinada.

Los capítulos iniciales no presentan la alegoría como instrucción metafísica ni como refugio interpretativo.    La tratan como un instrumento de reconocimiento:    una forma de identificar cuándo el lenguaje político conserva su función orientadora y cuándo comienza a operar desligado de responsabilidad.    Sin algún marco de justicia, contención y discernimiento entendido como límite relacional, la desilusión deja de ser legible como resultado estructural y se confunde con agravio retrospectivo o reacción moral.

Lo que aquí se propone no es una aspiración, sino una condición de medida.    La virtud se considera operativa solo en la medida en que actúa como restricción sobre el ejercicio del poder.    Cuando persiste únicamente como vocabulario, sin función reguladora, pierde capacidad explicativa.    Este umbral —entre forma y retórica, entre límite y símbolo— establece el punto desde el cual los capítulos posteriores examinarán su progresiva distorsión.


El modo alegórico

La resistencia a la autoridad recurre con frecuencia a un simbolismo que exige interpretación y, al hacerlo, desvincula el significado de la responsabilidad.    En el espíritu de Platón, propongo que el verdadero filósofo sea un alegorista invertido.    En lugar de limitarse a descifrar símbolos, el filósofo distingue entre aquello que significa y aquello que gobierna.

Los símbolos y las alegorías no son meros reflejos del mundo material, sino puertas de acceso a aquello que lo excede.    La alegoría funciona como reconocimiento solo allí donde los símbolos han dejado de orientar la conducta:    una orientación hacia aquello con lo cual el filósofo procura alinearse.


El gobierno ideal y el poder de la virtud

Allégorie de la Géométrie, del pintor barroco francés Laurent de La Hyre [1606–56], óleo sobre lienzo, ca. 1649 (40 7/8 x 86 1/8 in.) – Fine Arts Museums of San Francisco. Adquisición museística, Roscoe and Margaret Oakes Income Fund.

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Allégorie de la Géométrie, de Laurent de La Hyre (1649), evoca una concepción del gobierno ideal entendida como una geometría de virtudes, en la que el equilibrio depende de la proporción y no de la invocación. Justicia, templanza y sabiduría forman una tríada cuya significación no reside en su enumeración, sino en las relaciones que establecen entre sí. Como en la geometría, la estabilidad se mantiene únicamente mientras dichas proporciones se sostienen.

Así como el filósofo no se detiene en los símbolos, la evaluación del gobierno no puede quedar sometida a los caprichos del poder.    En el espíritu de las Formas platónicas, un gobierno se mide por su adhesión a principios que no dependen de la circunstancia:    justicia, templanza y sabiduría.    Allí donde estos criterios operan, la política deja de organizarse únicamente en torno al poder.

El concepto de virtud en la gobernanza trasciende la abstracción moral; opera como una condición relacional entre gobernantes y gobernados.    La virtud no pertenece de forma exclusiva a unos u otros, sino que emerge de la forma que adopta esa relación y de los límites que esta sostiene.    Allí donde la virtud opera, la gobernanza no se organiza en torno a la acumulación de poder, sino alrededor de restricciones que regulan su ejercicio:    justicia para limitar la arbitrariedad, templanza para contener el exceso y sabiduría para disciplinar la decisión.

El gobierno entendido como una forma estructurada por la virtud permite identificar los abusos de poder no como desviaciones excepcionales, sino como fallas de estructura.    Cuando símbolos como la equidad o la pluralidad se separan de sus funciones reguladoras, quedan disponibles para su uso como instrumentos de control.    Allí donde la virtud conserva un papel operativo, tales símbolos dejan de oscurecer el poder y retoman su función como límites a su ejercicio.

El chavismo, tal como se configuró bajo Hugo Chávez y continuó bajo Nicolás Maduro, se sitúa en contraste directo con estas condiciones.    Aunque el régimen recurrió de manera extensiva al lenguaje de la justicia y la equidad, dichas referencias dejaron de funcionar como restricciones sobre el poder.    Los símbolos asociados a la virtud fueron desligados de sus funciones reguladoras y reutilizados como mecanismos de legitimación.    De este modo, la gobernanza persistió en el vocabulario de la virtud mientras operaba sin sus funciones limitantes.

La gobernanza virtuosa adopta la forma de una estructura equilibrada:    no gobernada por la corriente del poder, sino constreñida por la justicia.    Un sistema de este tipo no privilegia la voluntad del gobernante por encima del bien común, ni se apoya en apelaciones que fluctúan con la circunstancia.    Allí donde estas restricciones se mantienen, el orden se vuelve posible, no como aspiración, sino como condición.


« BALUARTE »  

January 25, 2026

 


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Ricardo Morín
Baluarte
Anteriormente titulada Buffalo Series, Nº 3  Óleo sobre lino, 60 × 88 pulgadas
1980
Exhibida: Hallwalls Contemporary Arts Center, Buffalo, Nueva York, mayo de 1980.
Destruida mientras se encontraba bajo custodia de terceros y existente únicamente como registro archivístico digital.  

 

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Ricardo F. Morín.

23 de diciembre de 2025.

Kissimmee, Florida.

 

*  

 

No llegué a conocer las fronteras que más tarde gobernarían mi escritura a través de la instrucción ni de la doctrina, sino por una observación hecha incidentalmente por mi padre cuando yo era todavía un niño.   Él afirmó, sin vacilación ni desarrollo ulterior, que no podía imaginar su existencia bajo un sistema político que amenazara la libertad individual y la autonomía privada, y que la vida bajo tales condiciones dejaría de ser una vida que pudiera habitar.   La formulación era extrema, pero incluso entonces resultaba evidente que no estaba concebida como propuesta, amenaza ni puesta en escena.   Funcionaba, más bien, como un límite:   una indicación de hasta dónde la supervivencia, una vez despojada de dignidad, dejaría de merecer el nombre de vida.

 

La fuerza de aquella afirmación no residía en su contenido literal, sino en la claridad con la que establecía un límite.  Las expresiones extremas suelen atraer atención por exceso, pero esta operaba de otro modo.   No buscaba reacción ni adhesión.   Cerraba una puerta.   Lo que se marcó fue el punto en el que el juicio dejó de ser negociable, no porque el compromiso se volviera difícil, sino porque la continuidad misma perdió coherencia.   Lo que se marcaba no era expresión, sino diagnóstico.   Identificaba un umbral más allá del cual resistir equivaldría a consentir la propia negación.

 

Esa distinción —entre vivir y simplemente persistir— tardaría años en adquirir todo su peso.   Es posible seguir con vida y, sin embargo, dejar de habitar las condiciones bajo las cuales la acción, la responsabilidad y la elección siguen siendo inteligibles.   El cuerpo perdura; los términos de la autoría no.   Lo que se cede en tales casos no es comodidad ni ventaja, sino la autoría de la propia conducta:  la capacidad de seguir siendo el origen responsable de los propios actos.

 

Solo más tarde la ironía histórica otorgó a aquel recuerdo de infancia un marco más amplio.   Mi padre murió un año antes de que Venezuela ingresara en un orden político prolongado que normalizó la humillación cívica y desplazó la responsabilidad individual.   Esta coincidencia no confiere previsión ni vindicación.   Simplemente subraya la naturaleza del límite que él había articulado.   No pretendió anticipar desenlaces ni arrogarse una comprensión superior.   Identificó una condición que no estaba dispuesto a habitar, con independencia de cuán común, administrativamente justificada o socialmente impuesta llegara a volverse.

 

Lo que se transmitió a través de aquella afirmación no fue una ideología, ni siquiera una posición política, sino una negativa.   Fue la negativa a tratar la dignidad como contingente, y la negativa a aceptar la adaptación como intrínsecamente neutral.   Tales negativas no son dramáticas.   No se anuncian como virtudes.   Operan en silencio, delimitando lo que uno no hará, lo que uno no dirá, y lo que no permitirá que atraviese sus actos a cambio de continuidad, seguridad o aprobación.  

 

Escribir, he llegado a entender, no está exento de las restricciones que gobiernan la acción.   La forma simbólica no suspende la responsabilidad.   El lenguaje actúa.   Enmarca posibilidades, distribuye responsabilidades y habilita ciertas respuestas mientras clausura otras.   Escribir sin atender a lo que las propias palabras habilitan es tratar la expresión y la conducta, como si pertenecieran a órdenes distintos.   No lo hacen.   El mismo límite que rige la acción rige el lenguaje:   no se deben habitar formas que exijan el abandono habitual de la autonomía.

 

La responsabilidad autoral no implica exhibición moral ni representación de la virtud.   La responsabilidad en la escritura no consiste en adoptar la postura correcta ni en alinearse con conclusiones aprobadas.   Consiste en rechazar métodos que sustituyen la claridad por la coerción, la humillación o la presión retórica.   Exige atención no solo a lo que se afirma, sino a lo que se permite continuar mediante el tono, la implicación y la omisión.   La precisión aquí no es una preferencia estilística; es una disciplina moral.

 

La contención,  en este sentido, no es pasividad sino un método de autoría.  Es una forma de interrupción en la circulación de aquello que uno no consiente trasmitir.  Negarse a amplificar lo que uno no consiente transmitir es un acto de selección y un ejercicio de agencia.  En un entorno donde el exceso,  la indignación y la urgencia reactiva suelen confundirse con seriedad,  la contención se convierte en un modo de preservar la autoría sobre la propia participación.  La contención limita el alcance,  pero conserva la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive.  

 

Tal contención inevitablemente tiene un costo.  La urgencia es más que velocidad; es la condición bajo la cual la reflexión misma comienza a aparecer como una desventaja.  La reflexión sirve como una salvaguarda procedimental de la agencia y de la autoría —y con ellas, de la responsabilidad ética— incluso cuando las circunstancias no pueden gobernarse y uno se ve obligado a elegir dentro de la restricción.  La contención resiste la urgencia,  estrecha el alcance y renuncia a ciertas formas de reconocimiento.  Estas pérdidas no son accidentales;  son constitutivas.  Aceptar todos los registros o plataformas disponibles en nombre de la relevancia equivale a tratar la supervivencia como el bien supremo.  El límite articulado tiempo atrás indica lo contrario:  que existen condiciones bajo las cuales la continuidad exige un precio demasiado alto.  

 

La responsabilidad autoral, entonces, no es una cuestión de expresión sino de alineación entre lenguaje y acción.  Se pregunta si el lenguaje que uno emplea habita el mismo terreno ético que la propia conducta.  Pregunta si las formas que uno adopta exigen concesiones que uno rechazaría en la acción.  La obligación no es persuadir ni prevalecer, sino permanecer responsable ante los límites que uno ha reconocido.

 

Lo que permanece no es una doctrina sino una postura:  una postura que se mantiene sin dramatización,  sin escapatoria y sin concesión a formas que prometen continuidad a costa de la dignidad.  Esta postura no se anuncia como resistencia ni busca exención de las consecuencias.  Se mantiene firme sin apelación.  Al hacerlo,  afirma que la autoría —como la autonomía— comienza allí donde ciertas límites dejan de cruzarse.   


Lo que queda sin abordar es la condición más frágil que subyace a la autoría misma:  la forma en que el pensamiento precede a la agencia y, en ocasiones, recoloca al autor antes de que pueda asumirse una postura.  

 

El recuerdo de mi padre aparece como un blanco móvil —no una idea que se desliza fuera de control, sino un estándar que se desplaza bajo mis pies mientras yo aún avanzaba.  No lo invité en el sentido de una intención o de un plan.  Tampoco lo resistí.  Noté que se movía antes de poder decidir qué exigía.  

 

Esa experiencia resulta inquietante porque viola una suposición reconfortante:  que el pensamiento es algo que desplegamos, y no algo que nos recoloca en relación con lo que enfrentamos.  

 

La incertidumbre acerca de si lo había invitado es en sí misma una señal de que no estaba instrumentalizando mi pensamiento.  Cuando el pensamiento es convocado como herramienta, permanece fijo.  Cuando emerge en respuesta a algo que importa, se mueve, porque se ajusta a la realidad en lugar de organizarla.  Ese movimiento solo se experimenta como una pérdida de control si la autoría se entiende como dominio más que como capacidad de respuesta.  

 

Acepté la incomodidad de no saber si había convocado aquello que ahora reclamaba atención.  Esto era resistencia en movimiento, no parálisis del juicio.  La pregunta surge únicamente cuando el pensamiento sigue lo bastante vivo como para ser desplazado.  

 

El blanco se movía porque estaba ligado al terreno de la percepción, no al yo que percibía.

 


« Desenmascarar la desilusión: Serie II »

January 21, 2026

*

Pintura digital “Alegoría Geométrica” ©2023 de Ricardo Morin (artista visual estadounidense nacido en Venezuela, 1954)

Las reflexiones de los capítulos anteriores conducen finalmente a una indagación más histórica, en la que el siguiente archivo, « Crónicas de Hugo Chávez », se convierte en otra lente desde la cual me acerco a la experiencia venezolana.

*

Ricardo F. Morin

25 de Diciembre de 2025

Oakland Park, Fl.

Crónicas de Hugo Chávez

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1

Hugo Chávez, quien encabezó la Revolución Bolivariana, nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta, Venezuela.    Murió el 5 de marzo de 2013, a las 4:25 p. m. VET (8:55 p. m. UTC) en Caracas, a los 58 años.    Como líder de la revolución, Chávez dejó una huella discernible en la historia política de Venezuela. Reconstruir esta historia es volver sobre un paisaje cuyas consecuencias siguen moldeando la vida venezolana.

En el núcleo del chavismo se encuentra una fusión deliberada de nacionalismo, poder centralizado y participación militar en la política.    Esta fusión dio forma a su visión de una nueva Venezuela: ferozmente independiente y orgullosamente socialista.

Hugo Chávez (11 años), sexto grado, 1965 (Foto: Reuters).

2

La infancia de Hugo Chávez transcurrió en un pequeño pueblo de los Llanos, en el estado Barinas, al noroeste del país.    Esta región posee una historia de cacicazgos indígenas (es decir, “jefaturas”, “dominios” o “formas de gobierno”) que se remonta a tiempos precolombinos. [1]    Chávez fue el segundo de seis hermanos y sus padres tuvieron dificultades para mantener a la familia numerosa.    Como consecuencia, él y su hermano mayor, Adán, fueron enviados a vivir con su abuela paterna, Rosa Inés, en la ciudad de Barinas.    Tras la muerte de ella, Chávez honró su memoria con un poema que concluye con una estrofa que revela la profundidad de ese vínculo:

Entonces, / abrirías tus brazos / y me abrazarías / cual tiempo de infante / y me arrullarías / con tu tierno canto / y me llevarías / por otros lugares / a lanzar un grito / que nunca se apague. [2]

3

En su segundo año de bachillerato, Chávez conoció a dos maestros influyentes, José Esteban Ruiz Guevara y Douglas Ignacio Bravo Mora, quienes le ofrecieron orientación más allá del currículo regular. [3][4]    Lo introdujeron al marxismo-leninismo como marco teórico y despertaron su fascinación por la Revolución Cubana y sus principios, un punto de inflexión más visible en retrospectiva de lo que pudo serlo en aquel momento.

4

A los 17 años, Chávez ingresó en la Academia Militar de Venezuela, en Fuerte Tiuna (Caracas), con la esperanza de compaginar la formación castrense con su pasión por el béisbol.    Soñaba con convertirse en un pitcher zurdo, pero sus habilidades no estuvieron a la altura de esa ambición.    A pesar de su inicial falta de interés por la vida militar, persistió en su entrenamiento y se graduó de la academia en 1975, ubicado cerca del final de su promoción.

5

La carrera militar de Chávez comenzó como subteniente, con la tarea de capturar guerrilleros de izquierda.   Mientras los perseguía, empezó a identificarse con su causa y llegó a creer que luchaban por una vida mejor.   Para 1977, estaba dispuesto a abandonar su carrera militar y unirse a la guerrilla.    En busca de orientación, recurrió a su hermano Adán, quien lo convenció de permanecer en las fuerzas armadas insistiendo:   « Te necesitamos allí ». [5]   Chávez experimentó entonces un renovado sentido de propósito y entendió su misión como un llamado.   En 1982, junto con sus compañeros militares más cercanos, formó el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200):   su objetivo era difundir su interpretación del marxismo dentro de las fuerzas armadas y, en última instancia, preparar un golpe de Estado. [6]

6

El 4 de febrero de 1992, el teniente Chávez y sus aliados militares iniciaron una revuelta contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez.   Sin embargo, la rebelión fue rápidamente sofocada.   Rodeado y superado en número, Chávez se rindió en el Cuartel de la Montaña —actual museo de historia militar en Caracas, cercano al palacio presidencial— bajo la condición de que se le permitiera dirigirse a sus compañeros por televisión.   Los instó a deponer las armas y evitar más derramamiento de sangre.   Proclamó: « Compañeros, lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados… ». [7]   La transmisión marcó el inicio de su proyección política.   Sus palabras resonaron en todo el país y sembraron las bases de su futuro político.

Chávez anuncia su arresto en cadena nacional e insta a los insurgentes a rendirse.

7

En 1994, el recién electo presidente Rafael Caldera Rodríguez lo indultó. [8]   Con esta segunda oportunidad, Chávez fundó el Movimiento V República (MVR) en 1997 y agrupó a socialistas afines en torno a su causa. [9]   Mediante una campaña centrada en apelaciones populistas, obtuvo una victoria electoral a los 44 años.

8

En su primer año como presidente, Chávez disfrutó de una aprobación del 80%.  Sus políticas buscaban erradicar la corrupción, ampliar los programas sociales para los pobres y redistribuir la riqueza nacional.  Jorge Olavarría de Tezanos Pinto, inicialmente un simpatizante, se convirtió hacia el final de las elecciones en una de las voces opositoras más destacadas.  Acusó a Chávez de socavar la democracia venezolana mediante el nombramiento de oficiales militares en cargos gubernamentales. [10]   Al mismo tiempo, Chávez elaboraba un nuevo texto constitucional que le permitiría colocar militares en poderes públicos.

La nueva Constitución, ratificada el 15 de diciembre de 1999, abrió paso a las « megaelecciones » del año 2000, en las cuales Chávez aseguró un mandato de seis años.   Aunque su partido no obtuvo control absoluto de la Asamblea Nacional, gobernó mediante Leyes Habilitantes, que permitían legislar por decreto. [11][12]

Mientras Chávez impulsaba reformas para reorganizar las instituciones del Estado, no se cumplieron los requisitos constitucionales.   La designación de los magistrados de la nueva Corte Suprema de Justicia (CSJ) se llevó a cabo sin rigor, lo que generó inquietudes sobre su legitimidad y competencia.   Cecilia Sosa Gómez, la presidenta saliente de la CSJ, declaró que el Estado de derecho había sido « sepultado » y que la Corte se había « autodisuelto ». [13][14]

9

Aunque algunos venezolanos vieron en Chávez una alternativa fresca al inestable sistema democrático, dominado por tres partidos desde 1958, otros sectores expresaron preocupación a medida que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) consolidaba el poder y se convertía en el único partido gobernante. [15]   Los poderes Legislativo y Ejecutivo se centralizaron cada vez más, y las garantías judiciales de los derechos ciudadanos se debilitaron.

Los estrechos vínculos de Chávez con Fidel Castro y su deseo de modelar a Venezuela según el sistema cubano —bautizado popularmente como «VeneCuba»— encendieron nuevas alarmas. [16]   Además, silenció emisoras de radio independientes y antagonizó a Estados Unidos y otras naciones occidentales, mientras fortalecía sus relaciones con Irak, Irán y Libia.

A comienzos de 2002, su aprobación había caído al 30%, y las marchas anti-Chávez se hicieron frecuentes.

10

El 11 de abril de 2002, una manifestación masiva de más de un millón de personas marchó hacia el palacio presidencial exigiendo la renuncia del presidente Chávez.   La protesta se volvió violenta cuando agentes de la Guardia Nacional y paramilitares encapuchados abrieron fuego contra la multitud. [17]

El trágico suceso —la Masacre de Puente Llaguno— provocó una rebelión militar que llevó al arresto de Chávez y a la conformación de un gobierno de transición encabezado por Pedro Francisco Carmona Estanga. [18]

Sin embargo, la gestión de Carmona fue efímera:   suspendió la Constitución, disolvió la Asamblea Nacional y la Corte Suprema, y destituyó a diversos funcionarios.   En un plazo de cuarenta y ocho horas, las Fuerzas Armadas retiraron su respaldo a Carmona.

El vicepresidente, Diosdado Cabello Rondón, fue reintegrado como presidente y restituyó a Chávez en el poder. [19]

11

El fallido golpe de Estado fortaleció a Chávez, quien purgó su círculo interno e intensificó su confrontación con la oposición.   En diciembre de 2002, la oposición organizó un paro nacional destinado a forzar su renuncia.   El paro afectó a la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), que generaba aproximadamente el 80% de los ingresos por exportaciones del país. [20]

Chávez respondió despidiendo a sus 38.000 empleados y reemplazándolos con leales a su causa.   Para febrero de 2003, el paro se había desvanecido y Chávez recuperó el control total de los ingresos petroleros.

12

Entre 2003 y 2004, la oposición impulsó un referendo para revocar el mandato de Chávez, pero el aumento de los ingresos petroleros —que financiaban programas sociales populares— reforzó su apoyo. [21]

A finales de 2004, su popularidad había repuntado y el referendo fue derrotado contundentemente.   En diciembre de 2005, la oposición boicoteó las elecciones legislativas y protestó contra el Consejo Nacional Electoral (CNE). [22]

Para entonces, el control legislativo recaía casi por completo en la coalición de Chávez. [23]   Lo que siguió no representó una desviación de esta trayectoria, sino su prolongación mediante políticas formales.

13

En diciembre de 2006, Chávez consiguió un tercer mandato presidencial, una victoria que amplió el alcance de la iniciativa ejecutiva.   Nacionalizó industrias clave —oro, electricidad, telecomunicaciones, gas, acero, minería, agricultura y banca— junto con numerosos sectores menores. [24][25][26][27][28][29]

Presentó un paquete de reformas constitucionales destinadas a ampliar los poderes del Ejecutivo y su control sobre el Banco Central de Venezuela (BCV).   En una medida controvertida, modificó unilateralmente los derechos de propiedad y permitió que el Estado confiscara bienes privados sin supervisión judicial.   Incluso propuso convertirse en presidente vitalicio.

Sin embargo, en diciembre de 2007, la Asamblea Nacional rechazó por escaso margen sus amplias reformas.

14

En febrero de 2009, Chávez volvió a presentar sus propuestas controvertidas, esta vez con éxito. Inspirándose en la asesoría cubana, intensificó la represión del disenso. [30]

Ordenó la detención de opositores electos y cerró todas las estaciones privadas de televisión.

15

En junio de 2011, Chávez anunció que se sometería a una cirugía en Cuba para extirpar un tumor.   La noticia generó confusión y preocupación en el país. [31]   A medida que su salud se deterioraba, los votantes comenzaron a cuestionar su capacidad para gobernar.

Aun así, en 2012, desafiando su frágil estado, Chávez hizo campaña contra Henrique Capriles y obtuvo una victoria presidencial sorpresiva. [32]

16

Chávez durante la campaña electoral, febrero de 2012.

En diciembre de 2012, Chávez se sometió a su cuarta operación en Cuba.   Antes de partir de Venezuela, anunció su plan de transición y designó al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor, acompañado de una poderosa troika encabezada por Diosdado Cabello (jefe militar) y Rafael Darío Ramírez Carreño (administrador de PDVSA). [33][34][35]

Tras la cirugía, Chávez fue trasladado el 11 de diciembre al Hospital Militar Universitario Dr. Carlos Arvelo —adscrito a la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela (UMBV)— en Caracas, donde permaneció incomunicado, alimentando aún más las especulaciones.

Algunos funcionarios desestimaron los rumores de asesinato, mientras que otros, incluida la exfiscal general Luisa Ortega Díaz, afirmaron que Chávez había muerto el 28 de diciembre. [36]

El gabinete de Maduro negó vehementemente tales acusaciones e insistió en que no se había cometido ningún crimen.   En medio de la incertidumbre, Maduro solicitó a la Asamblea Nacional posponer indefinidamente la juramentación presidencial, lo que agravó la crisis política.

17

La Asamblea Nacional accedió a la solicitud de Maduro y votó a favor del aplazamiento de la juramentación.

Chávez falleció el 5 de marzo.   Su cuerpo fue embalsamado en tres etapas distintas sin que se realizara una autopsia, lo que alimentó nuevas sospechas y teorías conspirativas.

Treinta días después, Maduro asumió la presidencia en un contexto de persistente incertidumbre política. [37]


Notas Finales—Capítulo VI

§ 2

[1] Charles S. Spencer y Elsa M. Redmond, Prehispanic Causeways and Regional Politics in the Llanos of Barinas, Venezuela (Cambridge: Cambridge University Press, 2017).
Resumen: «… relacionados con la dinámica política de la organización cacical durante la fase Gaván Tardía».
Publicado en Latin American Antiquity, vol. 9, n.º 2 (junio de 1998): 95-110.
https://doi.org/10.2307/971989

[2] Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, Chávez Nuestro (La Habana: Casa Editora Abril, 2007), 367-369.
https://docs.google.com/file/d/0BzEKs4usYkReRVdWSG5LQkFYQ3c/edit?pli=1&resourcekey=0-yHaK7-YkA47nelVs-7JuBQ

§ 3

[3] “The Hugo Chávez Show,” PBS Frontline, 19 de noviembre de 2008.
https://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/hugochavez/etc/ex2.html

[4] L’Atelier des Archive, « Interview du révolutionnaire: Douglas Bravo au Venezuela [circa 1960] » (transcripción: «… conceptos injuriosos en contra de la revolución cubana…» [min. 1:11-14]), YouTube, 14 de octubre de 2016.
https://www.youtube.com/watch?v=1cx2D5VM8VM

§ 5

[5] “Hugo Chavez Interview,” YouTube.
Extracto de transcripción y marca de tiempo no disponibles.
Cita original en español « … si no, quizá me voy del Ejército, no, no puedes irte, me dijo Adán, no, te necesitamos allí, ¿pero quién me necesita? ».
Consultado el 12 de octubre de 2023.

[6] Dario Azzellini y Gregory Wilpert, « Venezuela, MBR-200 and the Military Uprisings of 1992 », en The Wiley-Blackwell Encyclopedia of Revolution and Protest (Wiley, 2009).
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1002/9781405198073.wbierp1525

§ 6

[7] “Declaraciones en una transmisión nacional por orden del gobierno”, BancoAgrícolaVe, YouTube, 4 de febrero de 1992.
https://www.youtube.com/watch?v=_QqaR1ZjldE

§ 7

[8] Maxwell A. Cameron y Flavie Major, « Venezuela’s Hugo Chávez: Savior or Threat to Democracy? », Latin American Research Review, vol. 36, n.º 3 (2001): 255-266.
https://www.proquest.com/docview/218146430?sourcetype=Scholarly%20Journals

[9] Gustavo Coronel, « Corruption, Mismanagement, and Abuse of Power in Hugo Chávez’s Venezuela », Center for Global Liberty & Prosperity: Development Policy Analysis, n.º 2 (CATO Institute, 27 de noviembre de 2006).
https://www.issuelab.org/resources/2539/2539.pdf

§ 8

[10] “Jorge Olavarría Ante El Congreso Bicameral [5 de julio de 1999],” YouTube.
https://youtu.be/_OkqNn8VF-Y?si=Cvuh4Vk391_0Pnut
Consultado el 9 de enero de 2025.

[11] Mario J. García-Serra, «The ‘Enabling Law’: The Demise of the Separation of Powers in Hugo Chavez’s Venezuela», University of Miami Inter-American Law Review, vol. 32, n.º 2 (primavera-verano 2001): 265-293.
https://www.jstor.org/stable/40176554

[12] “Venezuela: Chávez Allies Pack Supreme Court,” Human Rights Watch, 13 de diciembre de 2004.
https://www.hrw.org/news/2004/12/13/venezuela-chavez-allies-pack-supreme-court

[13] “Top Venezuelan judge resigns,” BBC News, 25 de agosto de 1999.
http://news.bbc.co.uk/2/hi/americas/429304.stm

[14] « Suprema Injusticia: ‘These are corrupt judges’ », Organización Transparencia Venezuela.
https://supremainjusticia.org/cecilia-sosa-gomez-these-are-corrupt-judges/

§ 9

[15] «United Socialist Party of Venezuela», PSUV.
http://www.psuv.org.ve/

[16] “Venezuela and Cuba, ‘VeneCuba,’ a single nation,” The Economist, 11 de febrero de 2010.
https://www.economist.com/the-americas/2010/02/11/venecuba-a-single-nation

§ 10

[17] “Photographs reveal the truth about Puente Llaguno massacre,” 11 de abril de 2002, YouTube.
https://youtu.be/NvP7cL-7KL4?si=cUpMAv0myAWH5UWP

[18] “Pedro Carmona Estanga cuenta su verdad 21 años después,” El Nacional (Venezuela).
https://www.elnacional.com/opinion/pedro-carmona-estanga-cuenta-su-verdad-21-anos-despues/

[19] “Diosdado Cabello Rondón: Narcotics Rewards Program: Wanted,” U.S. Department of State.
https://www.state.gov/bureau-of-international-narcotics-and-law-enforcement-affairs/releases/2025/01/diosdado-cabello-rondon

§ 11

[20] Marc Lifsher, « Venezuela Strike Paralyzes State Oil Monopoly PdVSA », Wall Street Journal, 6 de diciembre de 2002.
https://www.wsj.com/articles/SB1039101526679054593

§ 12

[21] “Socialism with Cheap Oil,” The Economist, 30 de diciembre de 2008.
https://www.economist.com/the-americas/2008/12/30/socialism-with-cheap-oil

[22] “Venezuela: Increased Threats to Free Elections; New Electoral Body Puts Reforms at Risk,” Human Rights Watch, 22 de junio de 2023, 7:00 a. m.
https://www.hrw.org/news/2023/06/22/venezuela-increased-threats-free-elections

[23] Juan Forero, «Chávez’s Grip Tightens as Rivals Boycott Vote», The New York Times, 5 de diciembre de 2005.
https://www.nytimes.com/2005/12/05/world/americas/chavezs-grip-tightens-as-rivals-boycott-vote.html?referringSource=articleShare

§ 13

[24] Louise Egan, « Chavez to nationalize Venezuelan gold industry », Reuters, 17 de agosto de 2011, 2:40 p. m.
https://www.reuters.com/article/us-venezuela-gold/chavez-to-nationalize-venezuelan-gold-industry-idUSTRE77G53L20110817/

[25] Juan Forero, « Chavez Eyes Nationalized Electrical, Telcom Firms », Reuters, 9 de enero de 2007, 6:00 a. m. ET.
https://www.npr.org/2007/01/09/6759012/chavez-eyes-nationalized-electrical-telcom-firms

[26] James Suggett, « Venezuela Nationalizes Gas Plant and Steel Companies, Pledges Worker Control », Venezuelanalysis, 23 de mayo de 2009.
https://venezuelanalysis.com/news/4464/

[27] David Brunnstrom, « Factbox: Venezuela’s nationalizations under Chavez », Reuters, 7 de octubre de 2012, 10:51 p. m.
https://www.reuters.com/article/us-venezuela-election-nationalizations/factbox-venezuelas-nationalizations-under-chavez-idUSBRE89701X20121008/

[28] Frank Jack Daniel —Analysis—, « Food, farms the new target for Venezuela’s Chavez », Reuters, 5 de marzo de 2009, 6:06 p. m. EST.
https://www.reuters.com/article/us-venezuela-chavez-analysis-sb/food-farms-the-new-target-for-venezuelas-chavez-idUSTRE5246OO20090305/

[29] Daniel Cancel, « Chavez Says He Has No Problem Nationalizing Banks », Bloomberg, 29 de noviembre de 2009, 15:02 GMT-5.
https://www.bloomberg.com/news/articles/2009-11-29/chavez-says-he-has-no-problem-nationalizing-banks

§ 14

[30] Angus Berwick, « Special Report: How Cuba taught Venezuela to quash military dissent », Reuters, 22 de agosto de 2019, 8:22 a. m. EDT.
https://www.reuters.com/article/us-venezuela-cuba-military-specialreport/special-report-how-cuba-taught-venezuela-to-quash-military-dissent-idUSKCN1VC1BX/

§ 15

[31] Robert Zeliger, Passport: « Hugo Chavez’s medical mystery », Foreign Policy, 24 de junio de 2011, 10:20 p. m.
https://foreignpolicy.com/2011/06/24/hugo-chavezs-medical-mystery/

[32] Juan Forero, « Hugo Chavez Beats Henrique Capriles », The Washington Post, 7 de octubre de 2012.
https://www.washingtonpost.com/world/venezuelans-flood-polls-for-historic-election-to-decide-if-hugo-chavez-remains-in-power/2012/10/07/d77c461c-10c8-11e2-9a39-1f5a7f6fe945_story.html

§ 16

[33] Bryan Winter y Ana Flor, « Exclusive: Brazil wants Venezuela election if Chavez dies sources », Reuters, 14 de enero de 2013, 9:12 p. m. EST.
https://www.reuters.com/article/cnews-us-venezuela-chavez-brazil-idCABRE90D12320130114/

[34] “Venezuela National Assembly chief: Diosdado Cabello,” BBC News, 5 de marzo de 2013.
https://www.bbc.com/news/world-latin-america-20750536

[35] “Rafael Darío Ramírez Carreño of Venezuela Chair of Fourth Committee,” Naciones Unidas, BIO/5031*-GA/SPD/630, 25 de septiembre de 2017.
https://press.un.org/en/2017/bio5031.doc.htm

[36] Ludmila Vinogradoff, « La exfiscal Ortega confirma que Chávez murió dos meses antes de la fecha anunciada », ABC Internacional, actualizado el 16 de julio de 2018 a las 12:44 h.
https://www.abc.es/internacional/abci-confirman-chavez-murio-meses-antes-fecha-anunciada-201807132021_noticia.html?ref=https://www.google.com/

§ 17

[37] « Cuerpo de Chávez fue tratado tres veces para ser conservado: … intervenido con inyecciones de formol para que pudiera ser velado », El Nacional de Venezuela – Gda, 27 de enero de 2024, 05:50; actualizado el 22 de marzo de 2013, 20:51.
https://www.eltiempo.com/amp/archivo/documento/CMS-12708339


« Desenmascarar la desilusión: Serie I »

January 7, 2026

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« Geometric Allegory », pintura digital 2023 de Ricardo Morin (artista visual estadounidense nacido en Venezuela en 1954)

A mis padres

Prefacio

1

« Desenmascarar la desilusión » sigue una línea de indagación presente a lo largo de mi trabajo:   el examen de la identidad, la memoria y las relaciones que emergen cuando la vida se despliega a través de fronteras culturales.   Aunque he vivido fuera de Venezuela por más de cinco décadas y me naturalicé ciudadano de los Estados Unidos hace veinticuatro años, mi vínculo con el país de nacimiento permanece como un punto de referencia persistente.   La distancia entre estas condiciones —pertenencia y separación— constituye el trasfondo sobre el cual este relato toma forma.

Este trabajo forma parte de un proyecto autobiográfico más amplio que reúne experiencias, observaciones y preguntas acumuladas a lo largo del tiempo.   Aunque su origen es personal, no procede como confesión ni como memoria.   Su método es secuencial más que expresivo:   la exposición individual se sitúa dentro de fuerzas históricas y estructuras políticas que han configurado la vida venezolana a lo largo de generaciones.   La intención no es reconciliar estas tensiones, sino hacerlas visibles mediante recurrencia, registro y consecuencia.

“Serie I” introduce los primeros núcleos temáticos de esta indagación.   Los episodios aquí reunidos no desarrollan una tesis única ni buscan conclusiones definitivas.   Señalan puntos de fricción donde la experiencia privada se cruza con el poder público, y donde los relatos políticos ejercen presión sobre la vida ordinaria.   A través de estos encuentros surgen patrones —no como abstracciones, sino como condiciones que modifican la forma en que se ejerce la autoridad, se desplaza la responsabilidad y se restringe la agencia.

Los capítulos que siguen examinan las presiones generadas por la desigualdad sistémica y rastrean las condiciones contemporáneas de Venezuela hasta su formación histórica.   El gobierno autocrático y el consentimiento popular no aparecen como fuerzas opuestas, sino como elementos que se entrelazan y debilitan mutuamente.   En este entramado, la verdad no desaparece; se vuelve menos accesible de manera uniforme y más fácilmente desplazable por el relato.

Cuando el discurso público se ve modelado por la propaganda y la desinformación, las estructuras autoritarias adquieren mayor resistencia.   Recuperar la verdad bajo tales condiciones no resuelve el conflicto político, pero delimita el campo dentro del cual este opera.   La agencia cívica no emerge como ideal, sino como condición que se sostiene —o se pierde— a través de la práctica y la consecuencia.

Este trabajo no propone explicaciones deterministas ni remedios simples.   Avanza por acumulación, señalando patrones que persisten a pesar de los cambios de contexto.   Lo que solicita al lector no es adhesión, sino atención: a la evidencia, a la secuencia y a las condiciones bajo las cuales la libertad política puede ejercerse de manera significativa.

Escribiendo desde Bala Cynwyd, Pensilvania, y Fort Lauderdale, Florida, permanezco consciente de la distancia entre los entornos desde los cuales se compone este trabajo y las condiciones que examina.   Esa distancia no confiere autoridad; impone responsabilidad.

Ricardo Federico Morín
Bala Cynwyd, Pensilvania, 21 de enero de 2025


Tabla de contenidos

  • Capítulo I – Un lenguaje escrito.
  • Capítulo II – Nuestra imprudencia.
  • Capítulo III – Punto de vista.
  • Capítulo IV – Un diálogo.
  • Capítulo V – Resumen.
  • Capítulo VI – Crónicas de Hugo Chávez (§§ I–XVII).
  • Capítulo VII – El modo alegórico.
  • Capítulo VIII – El gobierno ideal y el poder de la virtud.
  • Capítulo IX – La primera señal:  Sobre el resentimiento político y social.
  • Capítulo X – La segunda señal:  El pilar sólido del poder; Las fuerzas armadas.
  • Capítulo XI – La tercera señal:  La asimetría de los partidos políticos.
  • Capítulo XII – La cuarta señal:   Autocracia (§§ 1–9); Venezuela (§§ 10–23); La asimetría de las sanciones (§§ 24–32).
  • Capítulo XIII – La quinta señal:  La república empeñada.
  • Capítulo XIV – La primera cuestión:  Partidismo, No-partidismo y Antipartidismo.
  • Capítulo XV – La segunda cuestión:  Sobre las verdades parciales y la anarquía represiva.
  • Capítulo XVI – La tercera cuestión:   El clarín de la democracia.
  • Capítulo XVII – La cuarta cuestión:  Sobre los derechos humanos.
  • Capítulo XVIII – La quinta cuestión:  Sobre la naturaleza de la violencia.
  • Capítulo XIX – La cuestión última:   Sobre la liberación de la injusticia.
  • Agradecimientos.
  • Epílogo.
  • Posdata.
  • Apéndice:   Nota del autor, Nota preliminar.   A) Constituciones venezolanas [1811–1999], Poderes y departamentos de gobierno.  B) Evolución de los partidos políticos:  1840–2024.   C) Algunas leyes promulgadas por la Asamblea Nacional.   D) Nota aclaratoria sobre la coerción interna, la presencia extranjera y la intervención:
  • Bibliografía.

Un lenguaje escrito

La estabilidad suele buscarse allí donde no puede asegurarse.   La experiencia lo demuestra de forma reiterada.   Incluso las intenciones cuidadosas tienden a conducir a terrenos inciertos, donde la comprensión llega después de la consecuencia.   Frente al escritorio, cuando la luz de la tarde alcanza la página, la escritura adquiere una función práctica:   se convierte en un medio para ordenar aquello que, de otro modo, permanecería inestable.   El acto no resuelve la vulnerabilidad, pero la registra.   Si el tiempo modifica tales condiciones sigue siendo incierto; lo que sí puede hacerse es darles forma.

Lo que sigue se desplaza de las condiciones de la escritura a las condiciones que esta debe enfrentar.


Nuestra imprudencia

Our painful struggle to deal with the politics of climate change is surely also a product of the strange standoff between science and political thinking.

« Nuestra dolorosa dificultad para abordar la política del cambio climático es, sin duda,
también producto del extraño enfrentamiento entre la ciencia y el pensamiento político ».
— Hannah Arendt, La condición humana [1958] (traducción del autor)

1

La pandemia de COVID y los incendios que se extendieron por Canadá en 2023, entre otros acontecimientos recientes, hicieron visibles condiciones que ya se encontraban en funcionamiento.   Estos hechos no introdujeron vulnerabilidades nuevas, sino que revelaron hasta qué punto los sistemas existentes dependen de incentivos económicos y hábitos políticos que privilegian la extracción por encima de la preservación.   Durante el período en que el humo de los incendios alcanzó el noreste de los Estados Unidos, la luz diurna en algunas zonas de Pensilvania se vio alterada de manera perceptible y registró el alcance de acontecimientos que se desarrollaban a considerable distancia.   Tales episodios no se sitúan al margen de los arreglos económicos vigentes; coinciden con un modelo que trata las condiciones naturales como mercancías y absorbe su degradación como un costo externo.

2
Los incendios en California en 2025, al igual que los ocurridos en Canadá en 2023, no se presentan como episodios aislados. [1]   Forman parte de una secuencia configurada por el descuido ambiental, la inercia política y la expansión industrial sostenida.   Condiciones como la desertificación, la escasez de recursos y el desplazamiento de poblaciones ya no aparecen únicamente como proyecciones futuras; se registran cada vez más como circunstancias presentes.   Las evaluaciones científicas indican que estos patrones tienden a intensificarse en ausencia de cambios estructurales. [1][2][3]  Lo que se hace visible, con el paso del tiempo, no es un fallo singular, sino un sistema que continúa operando conforme a prioridades que favorecen el rendimiento inmediato por encima de la continuidad a largo plazo.

3
La cuestión del equilibrio no se plantea únicamente como un problema técnico.   Surge dentro de un campo moral y político configurado por supuestos económicos dominantes.   El tratamiento de la naturaleza —y, más recientemente, de la inteligencia artificial— como mercancía refleja una trayectoria en la que asuntos vinculados a la supervivencia compartida se traducen de manera creciente en términos de mercado.   En tales condiciones, consideraciones que anteriormente pertenecían al ámbito de la responsabilidad colectiva pasan a ser reformuladas como variables dentro de sistemas de cálculo.

4
Estos patrones ejercen una presión creciente sobre las condiciones necesarias para la supervivencia colectiva.   Las respuestas frente a tales circunstancias varían, y oscilan entre la indiferencia y la urgencia, aunque la urgencia no produce necesariamente claridad.   Lo que se vuelve reconocible, a través de instancias reiteradas, es una tendencia a que la crisis reaparezca sin que se produzcan ajustes sostenidos.   Esta recurrencia guarda paralelismo con las historias políticas examinadas en los capítulos que siguen, donde advertencia y consecuencia con frecuencia no llegan a coincidir.


Notas finales del capítulo II


Punto de vista

1

Las conversaciones con mi editor, Billy Bussell Thompson (BBT), han acompañado el desarrollo de este trabajo a lo largo del tiempo.   Su atención al método de investigación y a la estructura del argumento contribuyó a precisar su alcance y orientación.   Estos intercambios, realizados con frecuencia a distancia y sin formalidades, formaron parte del proceso mediante el cual fue tomando forma el presente relato.   Tras un período prolongado de incertidumbre acerca de cómo abordar la figura de Hugo Chávez, los contornos de « Desenmascar la desilusión » comenzaron a definirse de manera gradual.

2
Hugo Chávez se consolidó como un dirigente político cuya autoridad se ejerció en oposición al liberalismo político. [1]  Mientras su discurso público subrayaba la identificación con los sectores pobres, los beneficios materiales del poder se concentraron en un círculo reducido. [2]  A lo largo de su mandato, las instituciones democráticas en Venezuela experimentaron un debilitamiento progresivo, y la práctica de gobierno adoptó formas cada vez más autoritarias.   Estos procesos resultan más legibles cuando se sitúan dentro del registro histórico y se examinan a partir de la práctica documentada, más que desde la afirmación retórica.

3
Los acontecimientos que siguieron al fin del gobierno de Chávez se caracterizan por el desorden y por consecuencias aún no resueltas.   Su persistencia remite a cuestiones de responsabilidad histórica y colectiva que permanecen abiertas.   Examinar el registro del liderazgo autocrático —tanto sus ambiciones como sus fracasos— ofrece un modo de aproximarse al problema de la justicia en Venezuela sin presuponer resolución.   A través de este examen, tensiones duraderas se hacen visibles como condiciones que requieren comprensión, no como conclusiones ya establecidas.


Notas finales del capítulo III

  • [1] El término caudillo tiene su origen en el español y se ha utilizado históricamente para describir a un dirigente que ejerce una autoridad política y militar concentrada.   En el contexto venezolano, el término adquiere una resonancia particular y se asocia con figuras vinculadas al período posterior a la independencia del siglo XIX.  Dichos dirigentes tendieron a consolidar el poder mediante una combinación de autoridad personal, lealtad de facciones armadas y la promesa —ya fuese sustantiva o retórica— de mantener el orden en condiciones de inestabilidad.  Mientras algunos fueron considerados defensores de causas locales o nacionales, otros quedaron asociados a prácticas que facilitaron formas de gobierno autoritario y debilitaron las estructuras institucionales.  El concepto de caudillo continúa operando en la cultura política venezolana como una categoría descriptiva aplicada a formas de liderazgo que combinan apoyo popular con poder concentrado.

Un diálogo

Una serie de conversaciones entre BBT y el autor acompañó el examen de la política y la historia venezolanas desarrollado en esta sección.   Estos intercambios configuraron un espacio transicional en el que la indagación reflexiva dio paso al registro histórico, permitiendo que cuestiones de interpretación, responsabilidad y documentación fueran abordadas mediante el diálogo, más que a través de la exposición directa.

1
—RFM:
« Mi escritura se ha ocupado de la evolución del panorama político venezolano, con atención particular a la aparición de formas de gobierno autoritarias.   El interés se ha centrado menos en la doctrina abstracta que en la manera en que determinadas políticas se tradujeron en condiciones cotidianas para la población. »

2
—BBT:
« Examinar cómo el liderazgo autoritario configura las condiciones políticas resulta necesario, aunque el propio término suele ser objeto de disputa y aplicación desigual.   En el caso de Chávez, el uso de la propaganda no fue excepcional en su forma, pero sí constante como instrumento de gobierno.   ¿De qué modo circularon los relatos oficiales durante su mandato y qué efectos produjeron, con el tiempo, sobre la percepción pública? »

3
—RFM:
« La propaganda no es exclusiva de Chávez; opera como un instrumento recurrente en distintos sistemas políticos.   En Venezuela, los medios oficiales atribuyeron de manera sistemática las dificultades económicas a interferencias externas, más que a decisiones de política interna.   Al mismo tiempo, las condiciones materiales se deterioraron, con la aparición de escasez derivada de una gestión económica deficiente, posteriormente agravada por restricciones externas.   Los grupos de oposición difundieron también contra-relatos, que a su vez generaron respuestas por parte del Estado.   Estos intercambios se desarrollaron en un contexto histórico marcado por conflictos civiles y alineamientos propios de la Guerra Fría, dando lugar a un entorno informativo fragmentado.   En ese marco, la responsabilidad por el deterioro económico fue desplazada con frecuencia, mientras la percepción pública se gestionó mediante la repetición más que mediante la resolución.   Las reformas sociales y económicas invocadas como justificación no produjeron, con el tiempo, las reducciones de pobreza y desigualdad que se habían prometido. »

4
—BBT:
« Para representar con cierto grado de precisión las condiciones políticas de Venezuela, es necesario atender a la manera en que la población común se encontró con estas dinámicas en la vida diaria.   ¿Cómo se desenvolvieron tales condiciones en la práctica, especialmente allí donde el discurso político intersectó con la necesidad económica inmediata? »

5
—RFM:
« El colapso económico posterior al declive del modelo petrolero intensificó la pobreza y ejerció una presión sostenida sobre los servicios públicos.   Examinado en secuencia, este período muestra cómo los legados coloniales y las prácticas autoritarias convergieron en la configuración del chavismo.   Episodios como los disturbios de 1989, conocidos como El Caracazo, registraron una desafección generalizada hacia los partidos establecidos y las instituciones democráticas.   En tales condiciones, la exigencia de asegurar necesidades básicas prevaleció con frecuencia sobre la participación en principios políticos de carácter abstracto. »

6
—BBT:
« La claridad narrativa depende en parte de reconocer los supuestos que orientan la interpretación. Cuando dichos supuestos se hacen explícitos y se someten a examen, el relato se vuelve menos directivo y más accesible, permitiendo que el lector siga el registro sin ser conducido hacia una posición predeterminada. »

7
—RFM:
« Ningún relato prescinde de la interpretación, incluido este.   La escritura ofrece un medio para aproximarse a la historia de Venezuela —su formación colonial, los episodios de gobierno autoritario y los períodos de disrupción política— sin clausurar lecturas alternativas.   Un relato coherente no necesita ser exhaustivo; permanece abierto en la medida en que atiende a las implicaciones y a las consecuencias, más que a la resolución. »

8
—BBT:
« El propio intercambio subraya la importancia de una narración cuidadosa al abordar el registro político y social de Venezuela.   Considerar múltiples puntos de vista no resuelve la complejidad, pero permite que emerja un relato más coherente sin reducir esa historia a un único marco explicativo. »

El intercambio marcó una transición de la indagación reflexiva al registro histórico.


Resumen

1

« Desenmascar la desilusión » examina la secuencia mediante la cual el proyecto político articulado bajo Hugo Chávez asumió forma autocrática.   En lugar de atribuir este resultado a una causa única, la indagación procede rastreando cómo las decisiones de liderazgo se desplegaron dentro de una convergencia de condiciones históricas, disposiciones institucionales, presiones económicas y alineamientos geopolíticos.   El relato no parte de una conclusión, sino del registro.

2
La atención se mantiene en la forma en que se ejerció la autoridad y en cómo sus efectos se manifestaron dentro de la sociedad venezolana.   Las circunstancias históricas, el diseño institucional y las influencias externas se examinan no para simplificar el registro, sino para hacer visibles las interdependencias a través de las cuales el poder se consolidó con el tiempo.   Lo que emerge no es una tesis explicativa, sino una configuración cuya coherencia solo puede evaluarse mediante una atención sostenida a la secuencia y a la consecuencia.


« Retrato de un presidente: Serie II »

December 31, 2025

Ricardo Morín
Retrato de un presidente
14 x 20 pulgadas
Acuarela, tinta sumi, creyones de cera, y gesso sobre papel
2003

Ricardo F. Morín

31 de diciembre de 2025

Oakland Park, Fl.

*

Nota del autor

Este ensayo continúa una indagación iniciada en « Retrato de un Presidente: Ensayo diagnóstico sobre poder, postura y patrón histórico », donde los patrones de actuación del Poder Ejecutivo fueron examinados a partir de acciones observables y no de intenciones declaradas.   El presente texto desplaza esa indagación del plano descriptivo al procedimental; toma una orden ejecutiva reciente sobre inteligencia artificial como caso para examinar cómo se determinan, se revisan y se sostienen las decisiones.

El ensayo se publica a continuación de « La aritmética del progreso », que analiza cómo los relatos contemporáneos del progreso suelen disociar el cálculo de la consecuencia.   Leído en secuencia, ese texto establece las condiciones generales bajo las cuales las apelaciones a la inevitabilidad y a la eficiencia adquieren fuerza, mientras que el presente ensayo examina, en cambio, cómo esas apelaciones operan dentro del propio proceso ejecutivo.

Este ensayo se apoya asimismo en « Gobernar por Excepción: El Poder Ejecutivo Estadounidense », publicado a comienzos de este año, donde se examinó la normalización de medidas excepcionales en la presidencia contemporánea.  Mientras aquel texto se centraba en la expansión de la discrecionalidad ejecutiva, el presente ensayo examina las consecuencias procedimentales que se producen cuando la excepción se vuelve rutinaria.

El ensayo también guarda relación con « ¿Convergencia por diseño o por consecuencia?: Sobre Trump, Putin y el eje velado de Kiev a Caracas », dedicado a examinar la alineación entre autocracias contemporáneas en el plano geopolítico.   Aquí, el enfoque se desplaza hacia el interior —al procedimiento ejecutivo doméstico— para considerar cómo métodos similares de ejercicio de la autoridad pueden emerger sin coordinación explícita ni declaración ideológica.

Considerados en conjunto, estos ensayos conforman una secuencia de indagación más que un argumento unificado.  Cada uno aborda el mismo problema desde un registro distinto —excepción, cálculo, procedimiento y alineación— sin requerir continuidad de título ni de tema.

Este ensayo ocupa el centro de esa secuencia.   A lo largo del análisis, la acción designa la acción del Poder Ejecutivo en su relación con las demás ramas del gobierno estadounidense.   Desde ese punto de partida, el ensayo se inicia en una observación sobre la ordenación del ejecutivo bajo condiciones de urgencia y traza cómo la restricción constitucional puede verse desplazada en la práctica sin ser formalmente abolida.


*

Dislocación procedimental y la retórica de la dominación

*

I

La reciente orden ejecutiva que presenta la inteligencia artificial como una cuestión de “dominación global” ofrece un ejemplo pertinente sobre dislocación procedimental y la retórica de la dominación.   No es necesario compartir los objetivos declarados de la orden ejecutiva para que amerite examen.   Su relevancia no reside en lo que promete alcanzar, sino en la manera en que impulsa el avance de las decisiones.

La inteligencia artificial entra en este análisis no como un asunto técnico, sino como un contexto en el que la acción del Poder Ejecutivo se presenta como urgente.   La orden parte del supuesto de que la rapidez y la dirección centralizada son condiciones necesarias para el éxito.   Como consecuencia, las decisiones avanzan antes de que las formas existentes de revisión, coordinación y elaboración normativa hayan tenido oportunidad de definir sus términos.

Este ordenamiento resulta significativo.  Cuando la autoridad presidencial se afirma en primer lugar, la deliberación queda relegada a condiciones restringidas.  La revisión institucional —entendida aquí como los criterios previos a la acción, los umbrales de evaluación y la secuenciación mediante la cual las decisiones suelen autorizarse— deja de determinar si la acción del Poder Ejecutivo debe proceder y pasa, en cambio, a ajustarse a una acción ya en curso.  Una vez fijada esta secuencia, las formas posteriores de participación —ya provengan de agencias, órganos consultivos o instancias constitucionales— pueden matizar la implementación sin alterar la dirección de los decretos presidenciales.

Este ensayo considera la orden como un caso de ese ordenamiento.  Examina lo que sigue cuando la urgencia gobierna la temporalidad de las decisiones y cuando afirmaciones amplias de propósito comienzan a desempeñar funciones que normalmente corresponden a la revisión, la coordinación y la elaboración normativa.   El interés no es el liderazgo tecnológico en sí, sino lo que sucede cuando las decisiones avanzan antes de que existan medios para evaluarlas, revisarlas o contenerlas.

II

Las decisiones ejecutivas determinan la dirección dentro del ámbito del Poder Ejecutivo; la acción ejecutiva compromete esa determinación a consecuencias institucionales.

Cuando las decisiones se adoptan antes de una revisión sostenida, el orden de la evaluación se invierte.  La revisión procedimental —en tanto condición de pre autorización— deja de regir si la acción del Poder Ejecutivo queda autorizada y pasa, en cambio, a concebirse como un paso anticipado después de que la acción ejecutiva ya ha sido puesta en marcha.  Esta inversión entre inversión y autorización altera la forma en que se distribuye la responsabilidad dentro del proceso ejecutivo.

En esta secuencia, los criterios articulados se difieren en lugar de establecerse.    La revisión judicial existe, pero suele producirse después de la implementación, cuando las políticas ya han comenzado a surtir efecto.   Los controles del Congreso existen, pero dependen de la coordinación, del momento político y de alineamientos que los relatos de urgencia comprimen, desplazan o eluden activamente.    Los remedios constitucionales existen, pero operan en horizontes temporales incompatibles con una acción ejecutiva acelerada.   Los estándares mediante los cuales una decisión podría evaluarse —alcance, límites, parámetros o condiciones de revisión— permanecen indefinidos en el momento de la ejecución.   La ausencia de criterios articulados se presenta como provisional, aun cuando la acción del Poder Ejecutivo avanza como si dichos criterios ya estuvieran ya resueltos.

Este análisis no parte del supuesto de que los controles constitucionales estén ausentes.   En ausencia de criterios articulados, no existe un punto de referencia estable frente al cual una decisión pueda evaluarse, ajustarse o detenerse.    La revisión se vuelve reactiva, encargada de acomodar decisiones ya adoptadas en lugar de someter a examen sus premisas.

Esta secuencia también altera el papel de la participación institucional.   Las agencias y los órganos consultivos quedan situados para responder dentro de instancias de revisión posteriores a la implementación, en lugar de contribuir a la formación misma de la decisión.   Su intervención se desplaza de la deliberación a la implementación, reduciendo el espacio disponible para una participación sustantiva.

Lo que emerge no es la eliminación de la revisión.   Las restricciones permanecen formalmente intactas, pero ya no se determinan si la acción del ejecutivo debe proceder; intervienen sólo después de que la acción ya ha comenzado.

El resultado no es la eliminación de la restricción, sino su desplazamiento:  los mecanismos concebidos para gobernar si la acción del Poder Ejecutivo procede; intervienen únicamente después de que dicha acción ya ha comenzado.  Los controles constitucionales solo entran en funcionamiento una vez que se ha puesto en marcha la acción ejecutiva, en lugar de regular si dicha acción puede llevarse a cabo.

III

La prelación normativa federal se afirma antes de que exista una estructura sustitutiva.   En este caso, la actividad regulatoria a nivel estatal queda desplazada aun cuando todavía no se ha establecido un marco federal integral que asuma su lugar.   El ejercicio del poder por decreto se afirma con anterioridad a los mecanismos que normalmente deberían sostener, coordinar o limitar la acción del Poder Ejecutivo.

No se trata aquí de una cuestión de supremacía constitucional.  El marco constitucional que rige la prevalencia de la ley federal sobre la ley estatal está bien establecido, aunque su aplicación sigue siendo objeto de controversia.   El problema es de secuencia.   La prelación normativa suele desplazar regulaciones existentes al sustituirlas por una alternativa definida mediante la cual se reasignan responsabilidades, supervisión y rendición de cuentas.   Cuando esa sustitución no se produce, el desplazamiento genera un vacío, no una transición.

Esta secuencia reordena el papel de los estados.  En lugar de servir como espacios de coordinación, experimentación o gobernanza provisional, son tratados principalmente como fuentes de fricción.  Sus esfuerzos regulatorios se caracterizan como interferencia, aun cuando no se haya ofrecido ninguna estructura destinada a absorber las funciones regulatorias que están siendo desplazadas.

El resultado de esta organización es una forma de autoridad que se ejerce antes de contar con el apoyo institucional necesario para sostenerla.  La prelación opera como afirmación más que como arreglo.   La cuestión que se plantea no es si la autoridad existe, sino cómo se espera que la autoridad ejecutiva funcione una vez ejercida sin las estructuras que normalmente la sostienen.

IV

La orden ejecutiva invoca una carrera global por la dominación como justificación de la urgencia.   Esta referencia se introduce sin especificar participantes, alcance ni criterios.   La referencia se presenta como una condición y no como una afirmación que requiera articulación o examen.

Al no estar definida, la carrera no puede ser evaluada desde el punto de vista procedimental.   No se ofrecen parámetros para medir el avance o la demora, ni se establece un horizonte temporal frente al cual puedan pautarse las acciones del Poder Ejecutivo.   Aun así, la invocación se trata como decisiva.

Una vez invocado, este encuadre global reconfigura el tiempo y la secuencia de la revisión y la coordinación internas.   Los procesos de revisión, coordinación y equilibrio federal pasan a medirse frente a un ritmo afirmado externamente.   Las salvaguardas procedimentales comienzan a aparecer como pasivos, no porque hayan fallado, sino porque operan a un ritmo considerado incompatible con la carrera afirmada.

De este modo, la invocación de una “carrera” global no especifica qué está en juego; en su lugar, la apelación a la competencia global reubica el tiempo de la toma de decisiones en un ritmo afirmado externamente.   La ausencia de especificación habilita la aceleración.

La relevancia de esta reordenación procedimental no reside en si existe competencia global, sino en cómo su invocación altera la secuencia interna del Poder Ejecutivo estadounidense.   Una referencia externa se introduce como justificación procedimental y permite que las decisiones ejecutivas avancen antes de que existan una revisión sostenida y una estructura articulada.

V

Junto al encuadre competitivo externo, la presión interna también modifica el momento y la forma en que avanzan las decisiones ejecutivas.   Esta presión proviene de actores privados con una exposición financiera concentrada en el desarrollo y el despliegue de tecnologías de inteligencia artificial.   Sus inversiones dependen de la aceleración, la escala y una limitación de la regulación.

Estos actores no requieren coordinación para ejercer influencia.   Sus intereses convergen de manera estructural.   Las demoras asociadas a una revisión sostenida, a una supervisión escalonada o a una regulación descentralizada introducen incertidumbre en los horizontes de inversión.   La aceleración, por el contrario, estabiliza las expectativas y preserva ingresos potenciales.

Esta presión opera con anterioridad a la deliberación pública.   Se manifiesta a través de funciones de asesoría, consultas de política pública y mecanismos formales de cabildeo que existen fuera de la secuencia de revisión abierta.   La influencia no es ilícita; está institucionalizada.   Lo que distingue a esta influencia es su temporalidad y su asimetría.

Dado que estos intereses no quedan plenamente expuestos en el registro formal de la toma de decisiones y de la revisión, sus efectos aparecen como indirectos.   No obstante, modelan las condiciones bajo las cuales la urgencia se encuadra como necesidad y la prelación ejecutiva como inevitabilidad.   La ausencia de criterios articulados no obstaculiza este proceso; lo facilita al mantener los resultados flexibles mientras la dirección permanece fija.

La competencia externa proporciona una razón para la aceleración, mientras que la presión de la inversión interna la sostiene.   De este modo, la dislocación procedimental se refuerza desde el interior de la propia secuencia ejecutiva.   En conjunto, ambas generan un entorno ejecutivo en el que la aceleración se justifica de manera continua, incluso cuando la revisión institucional y las estructuras de sustitución permanecen diferidas.

VI

Lo que sigue marca un desplazamiento no en el contenido de la política, sino en la manera en que se orienta la acción del Poder Ejecutivo cuando la guía procedimental deja de regir su temporalidad.

Cuando las decisiones continúan avanzando sin criterios articulados ni estructuras de sustitución, el lenguaje comienza a asumir funciones que ordinariamente corresponden a la guía procedimental.  Por guía procedimental, este análisis se refiere a los criterios articulados, los umbrales de revisión, la secuencia institucional y las estructuras de sustitución mediante las cuales las decisiones suelen evaluarse, revisarse o suspenderse antes de que la acción del Poder Ejecutivo proceda.  En lugar de ello, las órdenes ejecutivas se emplean para encuadrar la acción del Poder Ejecutivo y para proporcionar orientación allí donde la guía procedimental está ausente.

En este contexto, términos como “dominación”, “necesidad” o “liderazgo” no operan principalmente como descripciones.  Dichos términos establecen dirección sin especificación.  Su función es hacer avanzar las decisiones mientras dejan sin resolver los objetivos, los límites y las medidas.

Esta ampliación del lenguaje modifica la manera en que se comprende la acción del Poder Ejecutivo.  En lugar de aclarar qué se hace y bajo qué condiciones, el lenguaje organiza la atención en torno al impulso procedimental.  El movimiento mismo pasa a ser la prioridad, aun cuando los fundamentos de la evaluación permanezcan sin asentarse.

El efecto es acumulativo en el tiempo.  A medida que aumenta la dependencia del encuadre retórico, quedan disponibles menos marcadores procedimentales para ralentizar, revisar o redirigir la acción del Poder Ejecutivo.  El lenguaje comienza a asumir responsabilidades que normalmente corresponden a la revisión y a la especificación.

En esta etapa, el lenguaje no ha desplazado por completo a la explicación, pero ha comenzado a excederla.  Este lenguaje continúa remitiéndose a la política, pero ahora desempeña un trabajo adicional al sostener la acción del Poder Ejecutivo en ausencia de un soporte procedimental asentado.

VII

Las solicitudes de especificación dejan de conducir a criterios articulados o a mecanismos de revisión y pasan, en cambio, a producir la reiteración del encuadre original.  La explicación cede ante el énfasis, y el énfasis ante la repetición, sin que se resuelvan los vacíos procedimentales subyacentes.

A medida que el lenguaje comienza a asumir responsabilidades que normalmente corresponden a la revisión y a la especificación, su relación con la explicación se modifica.  Las formulaciones inicialmente destinadas a orientar la comprensión pasan a convertirse en puntos de referencia que se repiten en lugar de ser examinados.

Con el tiempo, este patrón reduce la capacidad de pausar, reconsiderar o revisar decisiones ya en curso.  Cuando el lenguaje pasa a utilizarse para sostener la acción, volver sobre sus premisas se vuelve más difícil.  El ajuste aparece como retroceso y la reconsideración como demora, aun cuando no se hayan articulado estándares asentados.

El efecto de esta sustitución retórica no es una resistencia abierta a la revisión, sino un estrechamiento de su alcance.  La revisión persiste formalmente, pero queda cada vez más encargada de acomodar decisiones ya avanzadas.  El espacio para cuestionar la secuencia, la autoridad o los criterios se contrae sin cerrarse de manera explícita.

En este punto, el lenguaje ya no se limita a impulsar la acción del Poder Ejecutivo; comienza a protegerla.  Las decisiones siguen siendo explicables en términos generales, pero se vuelven menos accesibles a un examen sostenido.  Lo que ha cambiado no es la transparencia, sino las condiciones bajo las cuales la clarificación aún puede producirse.

VIII

Esta sección rastrea las consecuencias de sustituciones procedimentales anteriores, mostrando cómo los puntos de referencia para la evaluación desaparecen incluso mientras la acción del Poder Ejecutivo continúa.

Los resultados se proyectan, pero no se especifican.  Los medios se despliegan, pero no se miden frente a criterios estables.  Está ausente un punto de referencia compartido mediante el cual tanto los medios como los resultados puedan ser evaluados.  Cuando las decisiones se adoptan antes de una revisión sostenida y se mantienen mediante encuadres retóricos en lugar de criterios articulados, las bases disponibles para juzgar esas decisiones se reducen.

En tales condiciones, los resultados proyectados dejan de funcionar como controles sobre la acción ejecutiva presente.  Los beneficios proyectados permanecen abstractos, diferidos o supeditados a una aclaración futura.  En ausencia de parámetros definidos o de mecanismos de revisión, los resultados operan más como justificación que como objetos de evaluación.

Esto desplaza un mayor peso hacia el proceso.  Cuando los fines permanecen indeterminados, la secuencia procedimental se convierte en la única medida disponible de legitimidad.  Si esa secuencia se encuentra dislocada, no queda base alguna para distinguir entre una acción ejecutiva provisional y una dirección asentada.

Las apelaciones a la necesidad adquieren prominencia en estas condiciones.  Estas apelaciones tienden un puente entre medios inciertos y fines no especificados mediante la afirmación de inevitabilidad.  Sin embargo, la inevitabilidad no aporta medida; hace avanzar la acción ejecutiva mientras difiere la evaluación.

El resultado es la suspensión de la evaluación, en la medida en que el juicio se difiere hacia resultados que aún no han sido definidos.  Los medios del Ejecutivo avanzan sin referencia a fines que puedan ser examinados y dejan la evaluación suspendida en lugar de resuelta.

IX

La significación de lo que sigue no reside en la escalada ni en el colapso, sino en la capacidad de este patrón de gobierno para persistir sin desencadenar una ruptura formal.

Considerada a la luz de la secuencia precedente, la orden ejecutiva aparece menos como respuesta a un desafío tecnológico que como expresión de la forma en que la autoridad presidencial opera en la actualidad.

En esta secuencia, la restricción constitucional persiste de manera formal mientras pierde su capacidad para gobernar el momento de la acción presidencial.  Lo que define este modo de operación no es la ambición declarada, sino el ejercicio de la autoridad ejecutiva antes de que existan estructuras, instancias de revisión y criterios de medida asentados.

A pesar de la suspensión de la evaluación procedimental, la acción del Poder Ejecutivo continúa avanzando y se consolida como un patrón de gobierno.  La acción del Poder Ejecutivo avanza sin criterios estables, y la evaluación la sigue en lugar de orientarla.  El encuadre retórico sostiene la continuidad una vez que la autorización, la especificación y la revisión dejan de gobernar el inicio de la acción, y la inevitabilidad pasa a ocupar el lugar de la articulación.

En estas condiciones, la gobernanza conserva movimiento, pero pierde su referencia procedimental.  Las decisiones siguen siendo inteligibles en términos generales, pero resultan cada vez más difíciles de evaluar, revisar o detener.

Más que resolverse en una crisis, la condición persiste mediante la afirmación ejecutiva en lugar de la secuencia procedimental.   La autoridad ejecutiva continúa funcionando, pero lo hace con menos puntos internos de corrección.

La relevancia de esta condición no reside en su novedad, sino en su durabilidad.  Cuando la dislocación procedimental se convierte en un rasgo estable de la acción ejecutiva, reconfigura la manera en que se entiende la legitimidad y cómo puede ejercerse la rendición de cuentas.  Lo que se produce no es una excepción, sino una forma normalizada de proceder.

X

Un orden constitucional presupone la cooperación sin poder imponerla de antemano.  La ley establece procedimientos, umbrales y divisiones de autoridad, pero no puede asegurar la disposición de los actores que deben habitar esos roles.  La responsabilidad de la cooperación queda así situada precisamente en el punto en que la previsibilidad ya no puede asegurarse —el juicio humano, la ambición, el temor, el cálculo, la fatiga, el orgullo.  Esto no constituye un fracaso de la ley como texto; es una condición de la ley como estructura vivida.

Vista de este modo, la inestabilidad no es una aberración introducida únicamente por malos actores.  Es una posibilidad siempre presente, generada por el hecho de que los sistemas constitucionales dependen de una contención ejercida de manera voluntaria, secuencial y, a menudo, contra el interés inmediato.  Allí donde la cooperación falla, los procedimientos permanecen formalmente intactos, pero pierden fuerza operativa en la práctica.  La ley persiste en el papel mientras su capacidad de coordinación se debilita con el tiempo.

Por esta razón, el problema trazado a lo largo de este ensayo es, en última instancia, ético y no moralizante.  No plantea quién tiene razón o quién se equivoca, sino qué puede razonablemente esperarse de agentes humanos que operan bajo presión, asimetría y confianza incompleta.  La gobernanza constitucional presupone una ética mínima de reciprocidad —un acuerdo para esperar, para impugnar, para diferir, para revisar.  Cuando esa ética no logra sostenerse, el sistema no colapsa de inmediato; persiste en una condición en la que la coordinación deja de gobernar la acción.  La autoridad del Poder Ejecutivo llena el vacío que deja la cooperación, a menudo en nombre de la continuidad.

Esto explica por qué el desplazamiento resulta duradero, por qué la contención permanece frágil y por qué los sistemas pueden seguir funcionando incluso cuando sus fundamentos éticos pierden fuerza de sostén.  La ironía que se sostiene aquí no es pesimista; es lúcida como cierre de la indagación.

Los marcos cooperativos son siempre provisionales.   Existen en tensión con la desconfianza, la defección estratégica y la circunstancia cambiante.   Nunca quedan resueltos; sólo se renegocian.   El hecho ético no es que aparezca la desconfianza, sino que la gobernanza debe funcionar a pesar de ella.


Condiciones preprocedimentales de dislocación

La responsabilidad política comienza antes que la gobernanza.  Precede a los programas, a los eslóganes y a la coreografía institucional.  Mucho antes de que la autoridad se ejerza, esta es confiada, y en ese acto ya se emite un juicio—no sobre el detalle de la política, sino sobre el temperamento, la contención y la capacidad de autolimitación.

El centro ético del liderazgo no se revela a través de la ambición ni de la promesa retórica, sino mediante señales inmediatamente legibles:  flexibilidad sin oportunismo, firmeza sin dominación, cautela sin parálisis.  Estas cualidades son visibles casi de inmediato, a menudo en los primeros momentos de exposición.  Pasarlas por alto no es un fallo de inteligencia, sino de atención.

Esta responsabilidad no puede desplazarse hacia las instituciones a posteriori.  Tampoco puede excusarse por urgencia, fatiga o agravio personal.  Una vez conferida la autoridad, el derecho debe gestionar aquello que ya ha sido autorizado, incluso cuando la corrección resulta costosa o se produce con retraso.  Ninguna salvaguarda procedimental puede compensar plenamente la indiferencia ética en el momento de la selección.

Los sistemas políticos no se deterioran únicamente por quienes gobiernan.  También reflejan los criterios —explícitos o tácitos— mediante los cuales se elige a quienes gobiernan.  El bienestar colectivo depende menos de los resultados prometidos que del carácter al que se le permite ejercer el mando.  En este sentido, el liderazgo no se impone a una sociedad.  Es reconocido, aceptado y sostenido por ella.


« Río de Hierba »

December 6, 2025

~

Ricardo Morin
Paisaje II: Río de Hierba
18 x 24 pulgadas
Sepia sobre papel de periódico
2003

~

Ricardo F. Morin

6 de diciembre de 2025

Naples, Florida

~

Este díptico, “Río de hierba” y “Naples por la mañana”, aúna una reflexión sobre la continuidad y una breve observación de la vida cotidiana.   Dos escenas —una sostenida, la otra fugaz— muestran cómo la experiencia, el silencio y la atención dan forma a la presencia.   La primera parte, “Río de hierba”, no presenta un argumento, una confesión ni una teoría.   Ofrece una observación moldeada con el tiempo por la cercanía más que por la distancia.    El enfoque no está en la psicología individual ni en el conflicto relacional, sino en patrones que toman forma a través de las generaciones y persisten silenciosamente en la vida cotidiana.

Lo que sigue evita la explicación moral y la resolución narrativa.    Atiende, en cambio, a la continuidad:  a cómo la contención, la generosidad y la presencia pueden transmitirse no mediante instrucción o memoria, sino a través de la postura, el hábito y la orientación.   La intención es describir sin juzgar, y aclarar sin asignar causas allí donde estas no pueden aislarse con limpieza.   Lo que aquí se traza representa una orientación posible entre muchas, moldeada por la herencia pero no exhaustiva de sus efectos—una invitación a no confundir el cauce con el océano.


Orientación de “Río de Hierba”

Lo que sigue atiende a aquello que persiste cuando las vidas son moldeadas por la continuidad más que por la interrupción.

No toda herencia llega como memoria.   Algunas se transmiten sin relato, sin fecha, sin lenguaje.   Entran por la atmósfera más que por la narración—por el ritmo, la contención, la postura y una preferencia por la continuidad antes que por la exhibición.   En tales casos, la historia no se recuerda; se lleva consigo.

Esta forma de herencia no se anuncia como trauma.   No deja una escena única que revisitar ni un episodio que pueda aislarse y explicarse.   Aparece, en cambio, como una manera de estar en el mundo:   medido, atento, resistente al exceso.  El pasado ejerce su influencia no por instrucción, sino al moldear lo que se siente permitido, sostenible o necesario.

En estas condiciones, la contención no se experimenta como pérdida.  Funciona como orientación.  La acomodación no indica sumisión, sino competencia.   La estabilidad no refleja la ausencia de deseo, sino la colocación silenciosa del deseo entre otras prioridades.   Lo que se transmite no es miedo, sino cautela—una ética de la resistencia afinada con el tiempo.

Como ningún acontecimiento ocupa el primer plano, poco invita a la interpretación.   La ausencia de angustia visible favorece la suposición de facilidad.   La vida parece ordenada, generosa e íntegra.   Sin embargo, la herencia permanece activa, estructurando la conducta sin requerir reconocimiento.  Persiste no como memoria, sino como forma.

Esta herencia suele resistir el reconocimiento precisamente porque ha tenido éxito.  El pasado no se ha repetido.  La continuidad ha sido preservada.  Lo que queda es una postura orientada a sostener esa continuidad—una vigilancia tan normalizada que pasa por temperamento más que por historia.

La contención, en este contexto, no opera como inhibición ni negación.   Funciona como una orientación estabilizadora—una calibración interna moldeada con el tiempo.   La acción se rige menos por la expresión que por la proporción y la durabilidad.   Lo que gobierna la elección no es el juicio moral, sino la coherencia.

Esta contención suele coexistir con claridad y decisión.   Los límites se mantienen sin conflicto; las decisiones se toman sin énfasis excesivo.  Lo que se evita no es la agencia, sino el excedente.  La expresión se modera no por temor a las consecuencias, sino por un sentido interno de suficiencia.

La acomodación aquí suele malinterpretarse.   No surge del cumplimiento pasivo ni de la incertidumbre, sino de una evaluación del impacto.   El espacio cedido a otros refleja confianza en la estructura y no una retirada de la posición.   La presencia permanece intacta incluso cuando no se coloca en primer plano.

Esta orientación produce una estabilidad que puede parecer sin esfuerzo.   La fricción se minimiza.   Las exigencias son escasas.   La ausencia de insistencia se confunde fácilmente con comodidad o satisfacción.   Sin embargo, la contención que opera es activa, no pasiva, y moldea continuamente lo que se articula, se posterga o queda sin decir.

Con el tiempo, la contención se vuelve difícil de distinguir de la identidad.  Deja de experimentarse como una elección entre alternativas y se endurece en postura.  La cuestión de la expresión se desvanece, sustituida por un énfasis en la responsabilidad, la proporción y la no disrupción.

La generosidad moldeada por la contención heredada rara vez se anuncia.   No busca reconocimiento ni reciprocidad, ni depende de la visibilidad para validarse.  Aparece más bien como disponibilidad, como la remoción silenciosa de obstáculos, como la disposición a ceder espacio sin relato ni sacrificio.

En esta forma, el dar no es transaccional.   No se lleva registro de balances ni se anticipa retorno alguno.  Lo que se ofrece es firmeza más que favor.   El apoyo se despliega sin apelación, a menudo sin ser notado, absorbido por la conducta cotidiana.  La ausencia de exigencia es integral, no accidental.

Al no imponer peso alguno, esta generosidad deja poco rastro.  Otros experimentan libertad sin percibir su origen.   La autonomía se habilita sin atribución.  Quien da permanece presente, pero sin marca.

Con el tiempo, el hábito de hacer espacio se vuelve más practicado que el hábito de ocuparlo.   La atención se desplaza hacia afuera, refinando la capacidad de respuesta mientras se estrecha la articulación dirigida hacia uno mismo.  Lo que persiste no es la pérdida, sino la redirección.

Esta configuración resiste lecturas convencionales de desequilibrio.   No surge agravio alguno; ningún conflicto anuncia asimetría.   La generosidad permanece intacta, incluso ejemplar.   Lo que se desplaza sutilmente es el énfasis interno: una presencia ejercida mediante la concesión más que mediante la afirmación.

El deseo, dentro de esta orientación, no es negado ni reprimido.  Es reubicado.   Su legitimidad no se cuestiona, pero su urgencia se atenúa.   Lo que se deja de lado no es el anhelo en sí, sino la expectativa de que el anhelo deba organizar la vida.

El deseo es reconocido, aunque rara vez central.   La expresión se permite más fácilmente hacia afuera que cuando se reclama internamente.   La atención gravita hacia aquello que preserva la estabilidad más que hacia lo que intensifica la experiencia.   La satisfacción surge de la coherencia y no de la culminación.

Esto no produce vacío alguno.   La vida permanece comprometida y disponible.  Lo que disminuye es la insistencia.  La continuidad pasa a importar más que el apetito; la durabilidad más que la inmediatez.

Como este arreglo no se presenta como renuncia, suele pasar inadvertido.   Ningún lenguaje moral lo rodea.   Nada se nombra como sacrificio.   El deseo persiste a cierta distancia—observado, gestionado, postergado sin conflicto.

Con el tiempo, la identidad se modela menos por la búsqueda que por el mantenimiento.   La expresión cede paso a la prudencia.   El sentido se acumula no a través de la llegada, sino evitando la ruptura.

Los patrones organizados en torno a la contención y la continuidad suelen confundirse con logro moral.  La compostura se lee como sabiduría; la acomodación como madurez; el silencio como profundidad.   Al no surgir perturbación alguna, la orientación escapa al examen.  Lo que funciona sin fricción se presume completo.

Esta lectura errónea se refuerza por marcos sociales que recompensan la estabilidad más que la indagación.   La ausencia de conflicto se toma como evidencia de equilibrio.  La generosidad sin exigencia se elogia en lugar de interrogarse.  Sus costos permanecen ocultos precisamente porque no imponen carga alguna a los demás.

La virtud, en este contexto, se vuelve indistinguible del hábito. La orientación adaptativa se solidifica en carácter, y el carácter en expectativa.  La fiabilidad se afirma una y otra vez, profundizando su arraigo.

El resultado no es engaño, sino omisión.  La firmeza es genuina. Lo que no se reconoce es hasta qué punto tal arreglo organiza la vida en torno a la preservación más que a la presencia.   La pregunta por el desplazamiento no se rechaza; simplemente no se formula.

La confusión surge del éxito.  Las relaciones perduran.   Las estructuras se mantienen.  No aparece daño evidente.   Y así, la configuración más profunda—silenciosa, duradera, moldeada por la historia—continúa operando bajo el lenguaje de la virtud.

En cierto umbral, la continuidad deja de ser un medio y se convierte en el fin rector.   La vida se organiza no en torno a la realización, sino a la preservación.  Lo que más importa es que nada esencial quede expuesto a la ruptura, bien sea por una exigencia excesiva o una afirmación no probada.

La realización no se rechaza, pero se subordina.  La satisfacción proviene de la duración más que de la intensidad.   El tiempo se orienta hacia la extensión, no hacia la culminación.   Lo que se valora es la capacidad de seguir adelante sin quebrarse.

Esto resulta eficaz.  El pasado no se repite.  La estabilidad se sostiene.   La pérdida se contiene en lugar de amplificarse.  Los imperativos heredados se honran no mediante el recuerdo, sino a través de la conducta.

Sin embargo, cuando la continuidad ocupa esta posición, el rango de movimiento permitido se estrecha.  El cambio debe justificarse de antemano.  El deseo debe demostrar durabilidad antes de ponerse en acto.  La expresión cede ante el mantenimiento.

El futuro se aborda como responsabilidad más que como terreno abierto.  El sentido se acumula mediante la salvaguarda de lo esencial y no mediante la exploración de posibilidades.  El éxito pasa a ser sinónimo de la preservación de la continuidad.

La presencia, en su forma final aquí, no se organiza en torno a la posición ni a la prioridad.   Funciona de manera lateral y sostiene la estructura sin convertirse en su centro.   La vida se mantiene unida mediante la atención más que mediante reclamaciones de autoridad o legitimidad.  El curso de la vida compartida avanza sin la presión de llegar a una explicación que garantice su coherencia.

Este modo de presencia resiste la visibilidad.  No busca reconocimiento ni afirma precedencia.  Su eficacia reside en aquello que permanece intacto más que en lo que se logra.  Otros se mueven con libertad, a menudo sin advertir el soporte que hace posible esa libertad.

Permanecer fuera del centro no constituye retirada.  La participación continúa—medida, receptiva, íntegra.  Lo que se evita no es la implicación, sino la dominación.  La influencia se ejerce mediante la estabilidad más que mediante la dirección.

La imagen sugerida por el título toma forma aquí.   Un río que avanza sin fuerza, modelando el terreno a través de la persistencia de su cauce.  Movimiento sin espectáculo.   Resistencia sin inscripción.  El curso se mantiene fluyendo alrededor del obstáculo en lugar de enfrentarlo.

Lo que permanece es la continuidad misma—sostenida en silencio, rara vez notada y difícil de nombrar.


*

« Naples por la mañana »

Estaba sentado frente a mi esposo en un lugar de desayunos en Naples, Florida.   En diagonal, detrás de él, se sentaba una pareja joven. La mujer era pequeña—casi infantil en proporción—junto a su esposo, que superaba ampliamente los seis pies de estatura.

Aún ninguno de nosotros había ordenado.   Ella dispuso cuidadosamente los cubiertos y la servilleta, alineándolos con una precisión deliberada, casi ritual. El cabello le caía hacia delante, dividido a ambos lados del rostro como cortinas corridas.   Al levantar el mentón, sus rasgos faciales—de apariencia asiática—quedaron brevemente a la vista.   A pesar de su menudez, su postura sugería control más que fragilidad.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, sostuvo la mía más tiempo del esperado, casi fijamente.   Luego bajó la cabeza, ocultándose de nuevo tras el cabello.   Instantes después la alzó una vez más e hizo la señal de la cruz—frente, pecho, hombro a hombro—antes de volver a orientarse por completo hacia su esposo. No se intercambiaron palabras.

Cuando llegó la comida, retomó la misma actitud cuidadosa.   Cortó su omelette en pequeños cuadrados uniformes, dejó el cuchillo y se detuvo.  Cada pieza fue llevada a su boca por separado, lentamente, con una repetición ininterrumpida, como si el gesto hubiera sido ensayado.   La secuencia tenía un carácter performativo.   Aunque permanecía orientada hacia su esposo, el torso se desplazaba intermitentemente, inclinándose levemente en mi dirección.

Cuando terminaron y se dirigieron a la cajera, ella se levantó primero y avanzó delante de él, con el mentón bajo y el cabello volviendo a cubrir su entorno.  Él la siguió—alto, corpulento, desplazándose por el local con visible naturalidad.   Su andar era amplio, desprotegido.

Se marcharon sin hablar.

Díptico.


« Geografías de supervivencia »

December 2, 2025

*

Ricardo Morin
Escena Treinta y Siete: Geografías de supervivencia
Óleo sobre lienzo y tabla
38 x 30 x 1,27 cm
2012

Ricardo F. Morín

Noviembre de 2025

Oakland Park, Florida

Este ensayo examina cómo responden los grupos humanos a la inestabilidad cuando las condiciones que antes los sostenían comienzan a fallar.   Su enfoque no recae en crisis, acontecimientos o regiones específicas, sino en las presiones estructurales que obligan a las poblaciones a desplazarse o a defender su lugar.   Abordo el tema sin interpretación moral y sin atribuir virtud o culpa a las decisiones que toman las comunidades bajo presión.   El propósito es describir las gramáticas de comportamiento que emergen cuando la supervivencia se vuelve incierta y trazar cómo la identidad, las reclamaciones de legitimidad y los patrones de continuidad se reorganizan bajo esas tensiones.   El ensayo no propone soluciones ni anticipa resultados; observa los patrones que surgen cuando la estabilidad se disuelve y la tierra deja de ofrecer garantías.

« Geografías de la supervivencia » explora dos respuestas fundamentales frente a la inestabilidad:   la migración y el atrincheramiento.   Cuando la alteración climática, la escasez o el deterioro cívico superan la capacidad de una comunidad para sostenerse, las poblaciones buscan estabilidad ya sea moviéndose o defendiendo su posición.   La migración reorganiza la identidad mediante la adaptación a nuevas condiciones; el atrincheramiento la intensifica para preservar la continuidad en un mismo lugar.   Estas respuestas surgen de las mismas presiones y funcionan como estrategias paralelas de supervivencia, no como posiciones morales opuestas.   El ensayo examina cómo las reclamaciones de legitimidad, los patrones de identificación y la búsqueda de continuidad se transforman bajo estas presiones, y cómo la fricción entre movimiento y resistencia refleja fuerzas estructurales más que incompatibilidades culturales.   Su propósito es iluminar las condiciones bajo las cuales emergen estas gramáticas de supervivencia y las formas en que transforman el significado de tierra, estabilidad y vida colectiva.

Geografías de la supervivencia explora dos respuestas fundamentales frente a la inestabilidad:   la migración y el atrincheramiento.   Cuando la alteración climática, la escasez o el deterioro cívico superan la capacidad de una comunidad para sostenerse, las poblaciones buscan estabilidad ya sea moviéndose o defendiendo su posición.   La migración reorganiza la identidad mediante la adaptación a nuevas condiciones; el atrincheramiento la intensifica para preservar la continuidad en un mismo lugar.   Estas respuestas surgen de las mismas presiones y funcionan como estrategias paralelas de supervivencia, no como posiciones morales opuestas.   El ensayo examina cómo las reclamaciones de legitimidad, los patrones de identificación y la búsqueda de continuidad se transforman bajo estas presiones, y cómo la fricción entre movimiento y resistencia refleja fuerzas estructurales más que incompatibilidades culturales.   Su propósito es iluminar las condiciones bajo las cuales emergen estas gramáticas de supervivencia y las formas en que transforman el significado de tierra, estabilidad y vida colectiva.


1

La migración suele describirse como el traslado de personas de un lugar a otro, pero esa descripción oculta fuerzas más profundas.   La migración no es solo geografía en movimiento; es también la expresión de una gramática de supervivencia que se hace visible cuando una comunidad enfrenta condiciones que ya no puede absorber.   Los cambios climáticos, los colapsos económicos, el derrumbe institucional y la inseguridad persistente generan presiones que exceden la capacidad de las estructuras existentes.   Bajo esas presiones, una población se enfrenta a una decisión tan elemental que antecede a la ideología:   bien sea al moverse o atrincherarse.

2

No son opciones paralelas.   Son respuestas opuestas construidas con los mismos materiales:   el miedo, la inestabilidad y la búsqueda de continuidad.   La migración busca estabilidad desplazándose; el atrincheramiento busca estabilidad confrontando directamente a los agentes de la inestabilidad.   Ninguna respuesta es superior.   Ninguna es voluntaria.   Ambas emergen de condiciones que comprimen el juicio, reducen las posibilidades y obligan a las comunidades a defenderse de fuerzas demasiado grandes para ser negociadas.

3

La migración comienza cuando un grupo concluye que la geografía que lo sostenía ya no puede garantizar su supervivencia.   La tierra falla, o las instituciones colapsan, o el futuro se estrecha.   El movimiento se convierte en la única forma de protección aún disponible.   Sin embargo, el movimiento no disuelve la identidad:   la reorganiza.   Una población migrante debe redefinir su cohesión interna en relación con entornos desconocidos.   La identidad se vuelve adaptativa no por preferencia, sino por necesidad.   Adaptación no es reinvención:   es supervivencia.

4

El atrincheramiento avanza en dirección contraria.   Cuando un grupo elige permanecer en su lugar, debe defender aquello que el movimiento dejaría atrás:   territorio, memoria, continuidad y la estabilidad que proviene del arraigo.   El atrincheramiento intensifica la identificación en lugar de aflojarla.   Los límites se endurecen.   Los relatos se vuelven rígidos.   El conflicto se convierte en estrategia más que en interrupción.   Una comunidad que lucha por permanecer donde está debe creer que el desplazamiento la borraría.   La confrontación se vuelve un método de preservación.

5

La confrontación cultural surge con mayor fuerza cuando una población migrante se asienta en una tierra que otro grupo interpreta como una extensión de su propia continuidad.   Para la comunidad migrante, la tierra representa seguridad, posibilidad o alivio frente a presiones que hicieron inevitable la partida.   Para la comunidad atrincherada, esa misma tierra representa memoria, herencia y el límite que protege su coherencia histórica.   Cada grupo ve al otro como agente de una posible desaparición:   los migrantes perciben exclusión y hostilidad; los atrincherados perciben invasión y pérdida.   El conflicto escala no porque uno u otro busquen dominación, sino porque cada uno interpreta la supervivencia mediante una gramática distinta:   adaptación para unos, preservación para otros.

6

Las políticas adoptadas en países como Dinamarca y el Reino Unido ilustran cómo responden las sociedades atrincheradas cuando la migración se percibe como una amenaza.   Para muchos solicitantes de asilo, estas medidas disuasorias reducen la distancia entre las presiones que los obligaron a partir y las presiones que encuentran a su llegada —haciendo que la estabilidad sea difícil de distinguir de la exclusión.   Los gobiernos suelen justificar las políticas de atrincheramiento alegando que los recursos necesarios para atender a los solicitantes de asilo son limitados y que ampliarlos pondría en riesgo los sistemas existentes de bienestar, vivienda y orden público.

7

Las respuestas de movimiento y atrincheramiento parecen incompatibles, pero describen una misma realidad:   las poblaciones bajo presión actúan según las estrategias de supervivencia disponibles, no según relatos idealizados de cultura o voluntad.   Cuando migrantes y atrincherados entran en contacto, cada uno ve al otro a través del lente de sus propias presiones.   Los migrantes ven protección; los atrincherados ven amenaza.   Los migrantes cargan adaptación; los atrincherados cargan defensa.   Cada postura malinterpreta a la otra porque cada una responde a formas distintas de vulnerabilidad.

8

El cambio climático intensifica estas respuestas divergentes, no determinándolas, sino estrechando las condiciones dentro de las cuales las comunidades deben decidir.   El clima no genera conflictos por sí solo; modifica los márgenes dentro de los cuales la estabilidad es posible.   Regiones antes previsibles se vuelven irregulares; recursos antes continuos se vuelven intermitentes.   A medida que estos márgenes se reducen, algunas poblaciones interpretan el desplazamiento como la única salvaguarda viable, mientras que otras interpretan permanecer como la única continuidad defendible.   La misma presión expone vulnerabilidades distintas, y cada comunidad responde según su propia historia, su capacidad y sus umbrales de resistencia —no según el clima únicamente.

9

La fricción entre estas gramáticas —movimiento y atrincheramiento— no debe confundirse con un choque de civilizaciones.   Es una colisión entre dos interpretaciones de la amenaza.   Un grupo entiende la supervivencia como reubicación; el otro, como resistencia.   Ambas posturas surgen de la inestabilidad; ambas utilizan la identidad como herramienta moldeada por la circunstancia más que como herencia fija.     La identidad se vuelve instrumento de continuidad, configurada por condiciones que dejan poco espacio para la reflexión o la negociación.

10

El mundo suele interpretar estas colisiones a través de marcos morales, ideológicos o geopolíticos, pero tales marcos ocultan un movimiento más profundo:   la inestabilidad reorganiza la identidad más rápido de lo que la identidad reorganiza el mundo.   Cuando la geografía cambia, las poblaciones se adaptan.   Cuando las poblaciones se adaptan, los significados cambian.   La vida colectiva se vuelve conflictiva no porque las culturas sean inherentemente antagónicas, sino porque las presiones de supervivencia obligan a los grupos a adoptar patrones que no elegirían en condiciones estables.

11

Si existe un carácter universal en el siglo presente, es este:   las presiones que producen migración son las mismas que producen conflicto entre quienes se niegan a migrar.   Comprender una sin la otra es comprender mal ambas.   Movimiento y atrincheramiento no son opuestos, sino consecuencias—expresiones de la inestabilidad estructural que ahora configura cada región, cada cultura y cada reclamación de continuidad.

12

La pregunta que sigue no es predictiva ni ideológica.   Es simplemente el siguiente paso lógico de este análisis:   ¿Qué formas de estabilidad se vuelven posibles cuando la migración y el atrincheramiento se entienden no como posiciones morales opuestas, sino como respuestas paralelas ante un mundo que cambia?   La respuesta aún no es visible, pero las condiciones que la harán posible ya lo son.


« El antiguo cruce de caminos »

November 26, 2025

*

Ricardo Morin
Serie ID: El antiguo cruce de caminos
Óleo sobre lienzo
35,5 x 45,7 x 1,9 cm
2009

Ricardo F. Morín

26 de noviembre de 2025

Oakland Park, Florida

Proemio

Esta reflexión aborda un tema cuyos contornos continúan desplazándose.   Su propósito es descriptivo, no conclusivo:   observar el lenguaje, la geografía y los patrones de reconocimiento que influyen en cómo se alude hoy a esta zona de Asia Occidental.  La indagación no presupone un marco definido; registra hechos que quizás aclaren, con el tiempo, cómo se sitúa y se comprende la región.


1

La expresión “Oriente Medio” surgió del vocabulario estratégico occidental y se ha aplicado durante más de un siglo a una zona de Asia Occidental situada entre Europa, África y el resto del continente asiático.  La designación no se originó en las características internas de la zona; ofrecía una clasificación externa para una geografía que no encajaba con categorías como “Oriental”, “Europea” o “Africana”.  La reflexión que sigue describe los ajustes actuales en la percepción de esta geografía y no pretende atribuir causas, consecuencias ni juicios.

2

El terreno físico identificado por ese término antecede su nombre en milenios.   Consiste en rutas terrestres y marítimas que enlazan tres continentes, creando puntos de paso entre la cuenca mediterránea, el océano Índico y regiones interiores adyacentes.   Imperios se expandieron por estas rutas en distintos periodos.   Las redes comerciales dependieron de ellas.   Tradiciones religiosas y lingüísticas se desarrollaron en sus proximidades y se difundieron hacia otros territorios.  Con el tiempo, la zona acumuló asociaciones simbólicas vinculadas a su posición, más que a una narrativa única.  Estas asociaciones aparecen en registros históricos, referencias escriturarias, terminología diplomática y documentos administrativos.

3

Las condiciones políticas en Asia Occidental han cambiado en la última década.   Aún más reciente, Siria, antes descrita como un Estado fragmentado, funciona ahora con un grado de estabilidad bajo autoridades que anteriormente operaban fuera de las estructuras estatales establecidas.  Su participación en discusiones regionales refleja un ajuste en la práctica diplomática.  Ajustes similares son visibles en otros lugares de la región, donde los gobiernos coordinan cuestiones de comercio, seguridad e infraestructura mediante canales que no corresponden a las antiguas divisiones de la Guerra Fría.   Los Estados productores de petróleo del Golfo han ampliado su presencia global mediante inversiones e iniciativas de desarrollo que sobrepasan su entorno inmediato.

4

Estos desarrollos se producen junto a cambios demográficos, desigualdades económicas y preocupaciones de seguridad regional que se cruzan en este punto geográfico.  La zona registra estos factores con frecuencia porque sigue siendo un corredor por el que circulan bienes, poblaciones e intereses estratégicos.   Su visibilidad en los informes internacionales refleja esta posición.   Diversos marcos explicativos —históricos, religiosos, ideológicos y estratégicos— se aplican a la misma geografía desde perspectivas distintas.  Estos marcos coexisten con consideraciones operativas que influyen en las decisiones políticas, incluidas el territorio, las rutas de tránsito, las redes energéticas y las dependencias externas.

5

Las referencias a la identidad religiosa, la memoria civilizatoria o las narrativas políticas heredadas aparecen en el discurso público dentro y fuera de la región.  Estas referencias coexisten con cuestiones materiales relacionadas con la gobernanza, el comercio y la estabilidad.  Su coexistencia no resuelve la cuestión de cómo debe describirse la región; indica que la geografía admite múltiples capas de significado simultáneamente.   La persistencia de estas capas demuestra hasta qué punto las proyecciones externas, las dinámicas internas y la ubicación física contribuyen a la visibilidad continua de la zona.

6

A medida que se reconsidera el término “Oriente Medio”, antiguas designaciones geográficas —como Asia Occidental o Mediterráneo Oriental— aparecen con mayor frecuencia.   Si estos términos reemplazarán o simplemente acompañarán al anterior es algo incierto.  La geografía en sí permanece constante, mientras que las categorías utilizadas para describirla siguen cambiando.   Esto plantea una pregunta directa:   cuando se disipan las proyecciones aplicadas a este antiguo cruce de caminos, ¿qué aspectos de la región se vuelven más visibles y cómo influyen esos aspectos en el lenguaje utilizado para describirla?


« La ética de la percepción: Primera Parte »

November 20, 2025


Ricardo Morin
Triangulación 4: La ética de la percepción
22″ x 30″
Grafito sobre papel
2006

Ricardo F. Morín

Octubre de 2025

Oakland Park, Fl

Introduction

Percibir suele parecer un acto inmediato y sencillo. Vemos, oímos, reaccionamos.    Sin embargo, entre ese primer contacto con el mundo y las decisiones que tomamos a partir de él, ocurre algo más lento y más frágil: la formación del sentido.    En ese intervalo —entre lo que se presenta y lo que afirmamos— se juega no solo la comprensión, sino también la ética.

Este ensayo parte de una inquietud simple:    ¿qué cambia cuando comprender importa más que afirmar?    En una cultura que privilegia la reacción, la utilidad y la certeza, detenerse a percibir puede parecer improductivo.    Sin embargo, es precisamente esa pausa la que permite que la experiencia se ordene sin violencia y que la relación entre la conciencia y el mundo conserve su proporción.

La ética de la percepción no propone reglas ni sistemas morales.    Explora, más bien, cómo una atención sostenida —capaz de recibir antes de imponer— restablece la coherencia entre la vida interior y la realidad compartida.    Desde ese gesto básico, la ética deja de ser una norma externa y se vuelve una forma de estar en relación.

Percepción

La percepción puede entenderse como el resultado emergente de mecanismos designados colectivamente como inteligencia, en sentido abstracto.    Estos mecanismos no operan únicamente como funciones cognitivas interiores, ni son reducibles a sistemas, convenciones o instrumentos externos.    La percepción surge en la interfaz continua entre la conciencia interior y la estructura exterior, donde la recepción sensorial, el reconocimiento de patrones y el ordenamiento interpretativo convergen mediante una atención sostenida.

Esta relación no presupone oposición entre los ámbitos interno y externo.    Los procesos cognitivos y las condiciones del entorno funcionan como fuerzas co-presentes y mutuamente generativas.    Las alteraciones que con frecuencia se describen como patológicas reflejan con mayor precisión desajustes dentro de esta relación recíproca, más que deficiencias intrínsecas de cualquiera de sus componentes.    Cuando los marcos normativos privilegian determinados modos de atención perceptiva, la divergencia se reclasifica como desviación y la diferencia se convierte en disfunción.

Los modelos basados en la categorización o en la ubicación espectral ofrecen utilidad descriptiva, pero a menudo presuponen centros jerárquicos.    Un enfoque orientado por la atención desplaza el énfasis desde la colocación comparativa hacia la orientación relacional.    La coherencia perceptiva depende menos de la posición dentro de un esquema clasificatorio que de la sensibilidad ante el intercambio continuo entre el procesamiento interior y la configuración exterior.

Las pretensiones de autoridad sobre la normalidad perceptiva se debilitan al reconocerse su ubicuidad.    Si la interacción entre los mecanismos cognitivos y la estructura del entorno constituye una condición universal y no un rasgo excepcional, ninguna institución, métrica o disciplina conserva legitimidad exclusiva para definir la desviación.    La evaluación se vuelve contextual, las normas provisionales y la clasificación descriptiva en lugar de prescriptiva.

Desde este marco, la percepción no se mide por conformidad, eficiencia ni adaptación a sistemas dominantes.    La percepción designa la capacidad sostenida de mantenerse alineada con la interacción dinámica entre la conciencia interior y la articulación exterior, sin reducir un ámbito al otro.    Tal comprensión abarca la abstracción analítica, la modelación científica, el discernimiento artístico, la profundidad contemplativa y el razonamiento sistémico, sin elevar ningún modo singular de inteligencia por encima de los demás.

Considerada bajo esta luz, la percepción resiste el encierro dentro de categorías diagnósticas, culturales o jerárquicas.    Lo que persiste no es un espectro jerarquizado de valor cognitivo, sino un campo de variación relacional gobernado por la emergencia, la atención y la presencia recíproca.


1

Comprender comienza por ver el mundo tal como es, antes de que cualquier afirmación o juicio determine su significado.    Mi disposición se inclina hacia percibir, atender y responder, y no hacia la lucha o el impulso irreflexivo.    Esa orientación actúa como una disciplina en la que la claridad y la proporción toman forma.    El pensamiento, entendido así, no impone significados:    los recibe mediante el intercambio vivo con la experiencia.    Percibir recoge la presencia inmediata del mundo, y comprender modela esa presencia hasta convertirla en sentido.    Ambos gestos nacen del mismo movimiento de la conciencia, donde la observación madura hasta volverse entendimiento.    La filosofía deja entonces de ser un acto de dominio y se transforma en una forma de mirar que restablece el equilibrio entre la mente y la existencia.

2

La filosofía ha estado con frecuencia guiada por el impulso de afirmar antes que el de entender.    Desde la Antigüedad hasta la modernidad, los pensadores construyeron sistemas destinados a asegurar la certeza y a proteger el pensamiento de la duda.    Nietzsche heredó ese impulso y lo invirtió al convertir la voluntad en instrumento de afirmación.    Su perspectiva liberó a la razón del dogma, pero también la confinó dentro de los límites de la autoafirmación.    Comprender, en cambio, nace del reconocimiento de que el sentido surge en la relación.    El acto de captar no depende de la fuerza, sino de la mirada. Cuando el pensamiento observa en lugar de imponer, el mundo revela su propia coherencia.    De esa revelación brota la ética, porque comprender es ya entrar en relación con lo que se percibe.   La comprensión no es, por tanto, pasividad:    es participación activa en el despliegue de lo real.

3

La percepción se vuelve ética cuando reconoce que todo acto de ver conlleva responsabilidad.    Percibir es admitir la presencia de lo que tenemos delante—no como un objeto que deba dominarse, sino como una realidad que coexiste con la nuestra.    La conciencia nunca es neutra; carga el peso de cómo atendemos, interpretamos y respondemos.    Cuando la percepción permanece firme, el reconocimiento se profundiza hasta convertirse en vínculo.    Un solo instante lo hace visible:    al observar a una persona mayor luchar con abrir una puerta, la mente primero percibe, luego comprende y, finalmente, responde—no por impulso, sino por el reconocimiento de una condición humana compartida.    El arte realiza ese mismo movimiento.    El pintor, el escritor y el músico no inventan el mundo; lo encuentran a través de la forma.    Cada gesto creativo registra un diálogo entre la experiencia interior y la exterior, donde comprender se transforma en reconocimiento de relación.    El valor moral del arte no reside en un mensaje, sino en la calidad de la atención que sostiene.
   Vivir perceptivamente exige practicar a la vez la contención y la apertura:    la contención impide que la voluntad domine lo que se contempla, y la apertura permite que el mundo hable a través de sus detalles.    En esa práctica sostenida, la ética deja de ser norma y se convierte en una forma de vivir con atención dentro del vínculo.

4

La vida moderna incita a la mente a reaccionar antes de percibir. La velocidad de la información, la inmediatez de la comunicación y el constante oleaje de estímulos fragmentan la conciencia.    En ese clima, la voluntad irreflexiva recupera su fuerza; afirma, selecciona y consume movida por el sesgo más que por el entendimiento.    Lo que desaparece es el intervalo entre la experiencia y la reflexión—la pausa en la que la percepción madura hasta convertirse en pensamiento.    La vida ética, entendida como vivir con conciencia de la relación, reaparece cuando ese intervalo se restituye.    Una cultura que valore la percepción por encima de la reacción puede recuperar la medida que la tecnología y la ideología suelen distorsionar.    La tarea no es rechazar la innovación, sino ejercer discernimiento dentro de ella.    Cada acto de atención se vuelve resistencia a la dispersión, y cada momento de silencio recupera la hondura que el ruido oculta.    Cuando la percepción llega a reconocer otra conciencia como igual en su derecho a existir, el entendimiento adquiere peso moral.    Ese reconocimiento exige paciencia:    la disposición a ver sin apropiarse y a permanecer presente sin poseer.

5

Toda filosofía empieza como un gesto hacia la armonía.    La mente busca comprender su vínculo con el mundo, pero a menudo confunde la armonía con el control.    Cuando comprender sustituye a la conquista, el pensamiento redescubre su proporción natural.    El mundo no es un escenario de autoafirmación, sino un campo de correspondencias en el que la conciencia se encuentra con lo que percibe.    Pensar éticamente es pensar desde la relación.    El acto de entender restablece la continuidad entre la vida interior y la exterior, mostrando que conocer es ya participar.    Cada encuentro con lo real—cada instante de ver, oír o recordar—se convierte en ocasión para actuar con medida.    La mente reflexiva no se aparta del mundo ni lo domina.    Permanece dentro de la experiencia como testigo y partícipe, permitiendo que la percepción alcance su plenitud humana:    la capacidad de reconocer lo que está más allá de uno mismo y de responder sin dominio.    Cuando el pensamiento surge de la atención y no de la lucha, reconcilia la inteligencia con la presencia y devuelve el equilibrio sereno que la vida moderna ha desplazado.    En esa reconciliación, la filosofía cumple su tarea más antigua:    llevar la conciencia a la armonía con la existencia.


« Influencias desarraigadas »

August 25, 2025

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Diseño de portada compuesta para “Influencias desarraigadas” realizado por Ricardo Morín: presenta pinturas de Renoir (Bañistas), Matisse (Alegría de vivir), Cézanne (Grandes bañistas), Soutine (Naturaleza muerta con faisán) y Picasso (Mujer joven con un cigarrillo), flanqueadas por bisagras de hierro forjado de la colección Barnes, donde obras maestras y objetos cotidianos compartían el mismo plano visual.

Ricardo Morín, 25 de Agosto de 2025, Bala Cynwyd, Pa

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Desde el Museo Alice Maguire en la Universidad de Saint Joseph, en el municipio de Lower Merion, recorrimos sus salas.   Las vidrieras resultaban luminosas e inquietantes:   San Juan Bautista con el Cordero Sagrado, una Virgen con el Niño, una Piedad, un Regreso del hijo pródigo.   Alguna vez incrustadas en los muros de iglesias, aparecían ahora desarraigadas de su ámbito sagrado, con sus narrativas suspendidas.   Liberadas de su función litúrgica, hablaban más bien a través del ritmo puro —cobalto y rubí, esmeralda y oro— colores tan imponentes como los de Veronés o Tintoretto —estructuras tan fracturadas y atrevidas como las de Picasso o Soutine.   En su desplazamiento, su efecto dramático deleitaba tanto a la vista como a la mente por derecho propio.

Otra sala revelaba las Trinidades Celestial y Terrenal del Perú colonial, los pintores anónimos de Bolivia y los escultores barrocos hispano-filipinos:   manos sin nombre que daban forma a imágenes destinadas a complacer el gusto imperial.   Sus obras obedecían a las convenciones de la devoción europea, aunque bajo la superficie corrían otras corrientes.   Una paleta teñida de sensibilidad local, un rostro, un ornamento no hallado en Sevilla ni en Roma —pequeños gestos de persistencia dentro del lenguaje de la conquista.   La ausencia de nombre daba testimonio de un sistema en el que los nombres se borraban, pero la expresión encontraba todavía el modo de abrirse paso entre pinceladas y cinceladas.

Y luego, destacándose aparte, un vargueño mexicano del siglo XVIII.   Un escritorio digno del escriba de un monarca, con la tapa abatible que ocultaba cajones y secretos, sus herrajes y dorados resplandeciendo como una promesa de imperio.   Importado como forma pero transformado por la artesanía del Nuevo Mundo, se convirtió en un híbrido entre el orden español y la riqueza material mexicana.   No era sólo un mueble, sino un escenario portátil de autoridad, que contenía en sí mismo el peso del poder y la callada labor de quienes lo hicieron.

Al salir del museo, entramos en el arboreto.   El cambio fue inmediato.   El césped brillante se extendía ante nosotros, las lilas ya pasadas de flor, el aire guardando la mezcla del fin del verano y el primer aliento del otoño.   A lo lejos vi a David en el borde del bosque, señalando las siluetas quebradas de los árboles —algunos arrancados de raíz, otros marcados por una sierra mecánica.   Era difícil saber si su pérdida se debía al lento proceso de la edad y la decadencia, o a las presiones más violentas del cambio climático.   La visión de aquellos troncos antiguos y magníficos reducidos a tocones y raíces expuestas llevaba el peso tanto de la inevitabilidad como de la advertencia.   Le silbé para alcanzarlo, el sonido tendiendo un puente entre nosotros y el paisaje herido.

Los terrenos mismos albergaban otra ausencia.   Esta tierra, antes propiedad del doctor Albert Barnes, conserva su legado en placas y alabanzas, aunque su presencia ya no esté aquí.   Como los árboles desarraigados, el fundador ha sido arrancado del paisaje —recordado en la palabra, pero no en la carne.   Su visión perdura en las colecciones y en el orden cultivado del arboreto, pero el hombre se ha ido, dejando sólo huellas:   la arquitectura, los jardines, los ecos de su intención.

Incluso la memoria de Barnes está ensombrecida por desacuerdos.   Su decisión de levantar un muro de tres metros, bloqueando la vista de sus vecinos, fue más que un acto de tozuda privacidad:   se convirtió en un testimonio de la discordia entre modos de ver, tanto en el arte como en la vida.   Así como su colección desafió las convenciones museísticas, también su muro impuso su visión sobre el paisaje, arrancando no sólo la visibilidad sino también la armonía con quienes lo rodeaban.

El desarraigo de la colección ha sido documentado no sólo en libros, sino también en el cine.   The Art of the Steal (2009), de Don Argott, recoge el prolongado conflicto entre el testamento de Barnes, sus vecinos de Merion y los poderosos intereses que buscaban el traslado de la colección, presentando la mudanza como triunfo cívico y a la vez como traición cultural.   Más recientemente, el cortometraje documental Donor Intent Gone Wrong (por Philanthropy Roundtable, 2022), enmarca la disputa como advertencia sobre las instituciones que pasan por encima de la visión individual.   En conjunto, estos testimonios revelan que el desplazamiento de la colección nunca fue sólo arquitectónico:   fue un desarraigo de propósito tanto como de lugar.

Una colección de arte moderno —aunque invaluable y gestionada por la Fundación Pew con un valor estimado en sesenta y siete mil millones de dólares —no tiene la misma intensidad que las posesiones privadas de Barnes.   Un nuevo museo dedicado a su colección se levanta hoy en su propio edificio en el museum row de Filadelfia, a lo largo del Benjamin Franklin Parkway, que comienza con el Instituto Franklin de Ciencias y termina con el Museo Barnes hacia el este.   Lo que fue una visión idiosincrática y ferozmente personal existe ahora bajo la tutela de comisarios que inevitablemente imponen otro orden.   Donde Barnes dispuso los cuadros hombro con hombro —Renoirs junto a máscaras africanas, Cézannes y Matisses sobre herrajes medievales— la nueva instalación gravita en desalineación con la gramática de los museos convencionales, categorizada por escuela, cronología o tema, aunque todavía incongruente frente a los artefactos mezclados con ellas.   La intimidad de un espacio doméstico se ha cambiado por la grandeza de una institución pública, y con ello se hace palpable la fricción entre su visión y las normas institucionales.   Los visitantes recorren ahora amplias galerías en lugar de los conjuntos íntimos y casi confrontativos que él defendía.

Lo que perdura, sin embargo, es la percepción de la colección como la propia instalación de Barnes, concebida en el espíritu tanto de la filosofía como de la biografía.   Sus yuxtaposiciones eran composiciones deliberadas:   Renoirs junto a bisagras de hierro, Cézannes sobre cucharones, máscaras africanas flanqueando retratos impresionistas —ya fuera El gozo de vivir [The Joy of Life] de Matisse, Los grandes bañistas [The Large Bathers] de Cézanne o las figuras inquietantes de Soutine y Modigliani.   Tales yuxtaposiciones derrumbaban la cronología y la jerarquía por igual.   Alrededor se agrupaban los objetos que tanto le gustaba reunir —cerrojos, placas de llave, piezas de carreta, arcones germano-pensilvanos, textiles navajos y centenares de herrajes y utensilios forjados.   Nunca fueron curiosidades: para Barnes, cada bisagra, cada utensilio, cada máscara era un actor igual en el conjunto, afinando la percepción de forma y ritmo en los lienzos colocados encima.   Influido por su amigo John Dewey, Barnes creía que el arte debía experimentarse de manera democrática, donde lo humilde y lo exaltado compartieran el mismo plano de indagación visual.

La paradoja es que la colección nunca ha sido tan visible, y sin embargo quizá nunca tan poco ella misma.   En su transformación de santuario privado a museo público, de la excentricidad desafiante de la voluntad de un hombre a la autoridad pulida del Parkway, ha adquirido una nueva capa política.   La alabanza a su accesibilidad es constante, pero también lo es la callada sensación de que algo ha sido desarraigado:   el orden personal sustituido por el institucional, la visión disruptiva suavizada por el compromiso curatorial.   Y aun así, pese a estos cambios, la colección sigue resistiéndose a la plena asimilación.   Las pinturas, las yuxtaposiciones, la pura densidad de presencia conservan su carga, recordándonos a aquel hombre que se atrevió a ver distinto —aunque ello lo enfrentara con sus vecinos, con su ciudad y con las convenciones establecidas del arte.


Bibliografía anotada

  • Argott, Don, dir.   “The Art of the Steal: The Untold Story of the Barnes Collection,” 2009.   Película. Maj Productions y 9.14 Pictures.   (Un documental apasionante que narra la prolongada batalla legal y cívica en torno al traslado de la Fundación Barnes de Merion a Filadelfia.   Destaca la oposición vecinal, las controversias sobre la intención del donante y las fuerzas institucionales que desarraigaron la visión educativa de Barnes —ideal para comprender cómo el desplazamiento físico refleja una disrupción conceptual).
  • Barnes Foundation.   The Barnes Foundation: Masterworks.   Nueva York: Skira Rizzoli, 2012.  (Un volumen ricamente ilustrado que presenta las pinturas, esculturas y conjuntos de la colección Barnes tal como fueron instalados en el Parkway. Demuestra cómo las yuxtaposiciones de Barnes sobreviven en el nuevo espacio, a la vez que refleja la transformación de una visión privada en un contexto institucional).
  • Bernstein, Roberta.   “The Ensembles of Albert C. Barnes: Art as Experience.”   Journal of Aesthetic Education 24 (3), 1–15.   Champaign:  University of Illinois Press, 1990.  (Examina las disposiciones de Barnes a la luz de la filosofía de la experiencia de John Dewey.   Destaca cómo su inclusión de bisagras, cucharones y herrajes no era excentricidad, sino pedagogía, concebida para democratizar la percepción y borrar las jerarquías entre las bellas artes y las artes decorativas).
  • Caamaño de Guzmán, María. El barroco mestizo en América: Escultura y devoción en los Andes. Madrid:   Sílex, 2018.  (Explora los estilos híbridos del barroco hispanoamericano, con especial atención a los Andes y Filipinas. Aporta contexto para los pintores bolivianos anónimos y los escultores hispano-filipinos mencionados en el ensayo, situando su obra como simultáneamente colonial y localmente expresiva).
  • Chidester, David. Religion:   Material Dynamics.   Oakland:   University of California Press, 2018.   (Analiza cómo los objetos religiosos, como las vidrieras, se transforman al ser retirados de los entornos litúrgicos y trasladados a museos.   Útil para enmarcar el carácter “desarraigado” de las vidrieras del Maguire y su recontextualización del culto a la contemplación estética).
  • Fane, Diana, ed.   Art and Identity in Spanish America.   Nueva York:   Brooklyn Museum y Harry N. Abrams, 1996.  (Una referencia clave sobre el arte colonial latinoamericano, que documenta cómo objetos como el vargueño encarnaban tanto formas europeas como aportes indígenas. Proporciona fundamentos académicos para interpretar el vargueño como un escenario portátil de autoridad e hibridez).
  • Fleming, David.   Stained Glass in Catholic Philadelphia.   Filadelfia:   Temple University Press, 2020.  (El texto narra los encargos de vidrieras en las iglesias católicas de Filadelfia, muchas de las cuales terminaron dispersas en colecciones museísticas.   Fleming nos ofrece contexto para la colección Maguire, mostrando cómo el arte sagrado local fue desarraigado hacia entornos seculares).
  • Greenhalgh, Paul.  The Persistence of Craft:  The Applied Arts Today.  Londres:   Bloomsbury, 2020.  (Greenhalgh explora la intersección de las artes aplicadas y la estética moderna.   Su narrativa resuena con la integración de herrajes y utensilios cotidianos en los conjuntos de Barnes, tratándolos no como curiosidades sino como iguales visuales frente a la pintura).
  • Hollander, Stacy C.   American Anthem:   Masterworks from the American Folk Art Museum.   Nueva York:   Harry N. Abrams, 2002.   (Hollander investiga cómo artesanos anónimos o vernáculos contribuyeron al patrimonio artístico nacional. El texto es relevante para la discusión en el ensayo sobre los pintores bolivianos anónimos y los escultores hispano-filipinos, cuya omisión refleja el trato general hacia los artesanos populares y coloniales.
  • Kleinbauer, W. Eugene.   Introduction to Medieval Stained Glass.   Nueva York:   Harper & Row, 1971.   (Kleinbauer nos ofrece una introducción clásica a las vidrieras medievales como arte tanto narrativo como abstracto. Su texto apoya la lectura de las vidrieras del Maguire como color luminoso liberado del símbolo, sin dejar de reconocer sus raíces devocionales).
  • Philanthropy Roundtable.   “Donor Intent Gone Wrong:   The Battle for Control of the Barnes Art Collection. 2022”.   Cortometraje documental.   (En la serie Wisdom and Warnings.   (Un breve documental de 10 minutos que examina cómo las instrucciones explícitas de Barnes para un uso educativo con pequeños grupos fueron anuladas por ambiciones institucionales más amplias. Subraya el tema del desarraigo a través de la traición de la intención, reforzando cómo el desplazamiento fue tanto moral como espacial).
  • Viau-Courville, Olivier.   The Vargueño:   Spanish Colonial Furniture and Power.   Ciudad de México:   Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2021.   (Monografía especializada sobre el vargueño, que explica su papel simbólico en el imperio español como emblema de autoridad y artesanía híbrida. Fundamenta directamente la interpretación del vargueño en el ensayo como un escritorio digno de un escriba real y transformado por la artesanía del Nuevo Mundo).

« La disciplina de la duda »

August 24, 2025

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Ricardo Morín
Serie de periódicos Nº 2: La disciplina de la duda
130 × 165 cm.
Tinta, corrector líquido y óleo absorbido sobre papel de periódico
2006

Ricardo F. Morín

August de 2025

Bala Cynwyd, Pa

Este ensayo es la segunda parte de una trilogía que examina la certeza, la duda y la ambivalencia como condiciones que configuran nuestra comprensión de la realidad. Se centra en la duda como disciplina y carga: una práctica que desestabiliza las afirmaciones de conocimiento y, sin embargo, hace posible la comprensión. Aquí la duda no se presenta como debilidad, sino como una postura necesaria dentro de la comunicación humana. Su valor no reside en el cierre, sino en mantener abierta la frágil línea entre apariencia y realidad. La trilogía comienza con Los colores de la certeza y concluye con Cuando todo lo que sabemos es prestado.

El escepticismo y la duda suelen mencionarse como si fueran lo mismo, pero difieren en aspectos esenciales. El escepticismo se inclina hacia la desconfianza: supone que las afirmaciones son falsas hasta que se demuestre lo contrario. La duda, en cambio, no parte del rechazo. Suspende el juicio, reteniendo tanto la aceptación como la negación, para que las preguntas puedan desplegarse. El escepticismo cierra la investigación de manera prematura; la duda preserva su posibilidad. Bien entendida, la indagación pertenece no a la creencia ni a la incredulidad, sino a la duda.

Esta distinción importa porque la indagación rara vez sigue un camino directo hacia la certeza. Con frecuencia es estratificada, inquieta e incompleta. Considérese el caso de la medicina. Un paciente puede recibir un diagnóstico inquietante y consultar a varios médicos, cada uno ofreciendo un pronóstico distinto. Uno puede ser más esperanzador, otro más cauteloso, pero ninguno plenamente concluyente. La tentación en tales circunstancias es aferrarse a la respuesta más tranquilizadora o descartar todas como poco confiables. Ambos impulsos distorsionan la situación. La indagación exige otro camino: comparar, sopesar, poner a prueba y, en última instancia, aceptar que la certeza puede no ser alcanzable. En este reconocimiento, la duda demuestra su disciplina: sostiene la investigación sin prometer resolución y enseña que la ausencia de final no es un fracaso, sino la condición para un entendimiento continuo.

Incluso dentro de la propia medicina, los líderes reconocen esta tensión. Abraham Verghese, junto con otros académicos de Stanford, ha señalado que apenas la mitad de lo que se enseña en las facultades de medicina resulta directamente relevante para el diagnóstico; el resto es especulativo o infundado. Esta observación no pretende desacreditar la formación médica, sino subrayar la necesidad de un método que priorice la verificación sobre la repetición acrítica. El diagnóstico clínico, por tanto, no se apoya en una acumulación de certezas, sino en la práctica constante de la duda disciplinada: cuestionar, descartar lo irrelevante y sostener lo provisional mientras se busca mayor precisión.

La historia ofrece otra lección vívida en la figura de Galileo Galilei. Cuando entrenó su telescopio hacia el cielo en 1609, observó cuatro lunas orbitando Júpiter y fases de Venus que sólo podían explicarse si el planeta giraba alrededor del sol. Estos descubrimientos contradecían el sistema ptolemaico, que durante siglos había colocado la tierra en el centro de la creación. La creencia exigía obediencia a la tradición; el escepticismo podía haber descartado todo conocimiento heredado como corrupto. El camino de Galileo fue distinto. Midió, documentó y publicó, sabiendo que la evidencia debía sopesarse antes de ser afirmada o negada. El costo de esta duda fue severo: interrogatorio, censura y arresto domiciliario. Sin embargo, fue precisamente su negativa a asentir con demasiada rapidez—su suspensión del juicio hasta que la evidencia resultara contundente—lo que hizo posible la indagación. Galileo muestra cómo la duda puede preservar las condiciones del conocimiento incluso bajo la mayor presión para creer.

La literatura ofrece un paralelo. En Hamlet de Shakespeare, el joven príncipe es confrontado por el espectro de su padre asesinado, que exige venganza. Creer significaría aceptar de inmediato la palabra de la aparición y matar al rey sin vacilación. Ser escéptico equivaldría a descartarla como alucinación o engaño. Hamlet no hace ni lo uno ni lo otro. Permite que la duda gobierne su respuesta. Pone a prueba la afirmación del espectro montando una obra que reproduce el supuesto crimen y observa la reacción del rey en busca de confirmación. Su negativa a actuar únicamente con base en la creencia, y su renuencia a descartar al espectro sin más, ilustran la disciplina de la duda. Su tragedia no radica en dudar, sino en llevar la duda más allá de lo proporcionado, hasta que la vacilación misma consume la acción. Shakespeare deja claro que la indagación requiere equilibrio: suficiente duda para poner a prueba lo que se afirma, suficiente resolución para actuar cuando la evidencia habla.

Las exigencias de la vida pública muestran con igual claridad la diferencia. En los primeros meses de la pandemia de COVID-19, se pidió a los ciudadanos confiar de inmediato en los pronunciamientos oficiales o, por el contrario, descartarlos como falsedades deliberadas. La creencia llevó a algunos a aferrarse acríticamente a cada garantía, por contradictoria que fuera; el escepticismo llevó a otros a rechazar todas las orientaciones como propaganda. La duda ofreció otro camino: preguntar qué pruebas sustentaban las afirmaciones, comparar los primeros informes con los estudios posteriores y aceptar que el conocimiento era provisional y cambiante. La incertidumbre era incómoda, pero también la única respuesta honesta a una realidad en rápida transformación.

Un patrón semejante surgió tras los ataques del 11 de septiembre. Los gobiernos urgieron a las poblaciones a escoger: apoyar la intervención militar o ser acusados de deslealtad. La creencia aceptó la justificación de la guerra al pie de la letra; el escepticismo descartó todas las afirmaciones oficiales como manipulación. La duda, sin embargo, preguntó qué pruebas existían sobre armas de destrucción masiva, qué intereses moldeaban la prisa por invadir y qué alternativas se estaban excluyendo. Dudar en tales circunstancias no fue deslealtad, sino responsabilidad: el intento de retener el asentimiento hasta que las afirmaciones pudieran ser verificadas. Estos ejemplos muestran que la duda no es pasividad. Es la disciplina activa de someter a prueba lo que se dice frente a lo que se puede saber, resistiendo la seducción del cierre prematuro.

La verificación exige precisamente esta suspensión: no la comodidad de la creencia, ni el descarte del escepticismo, sino la disciplina de demorarse en la incertidumbre el tiempo suficiente para que la prueba cobre forma. Puede decirse que sólo es posible verificar cuando la creencia queda en suspenso. La creencia anhela un cierre, el escepticismo presume la falsedad, pero la duda aquieta la mente en el intervalo, allí donde la verdad puede aproximarse sin la ilusión de ser poseída.

El mismo principio alcanza a las tentaciones del éxito y del reconocimiento. El éxito y la fama se asemejan a cenizas: restos vacíos de un fuego que alguna vez ardió y que ahora yace extinguido, incapaces de ofrecer verdadero gozo a una mente indagadora. Las cenizas evocan una llama que se consumió en su propio ardor. Así ocurre con la fama: cuando cesa el aplauso, sólo queda el residuo. También la creencia brinda amparo pasajero, pero se vuelve frágil cuando nunca se somete a prueba. El reconocimiento y la convicción prometen permanencia, y sin embargo ambos se quiebran con facilidad. Una mente entregada a la indagación no puede reposar en ellos. Requiere algo menos visible, más perdurable: la negativa a definirse con premura, la disciplina del anonimato.

El anonimato aquí no significa apartarse del mundo. Significa, más bien, contener la afirmación o el propósito hasta que el conocimiento madure. Declarar con exceso de rapidez lo que uno es, o lo que uno sabe, equivale a clausurar el descubrimiento. Por necesidad, la mente indagadora permanece anónima. Se resiste a ser apresada por etiquetas o sostenida en reconocimientos. Su apertura es su fuerza. Permanece atenta a lo que aún no ha sido revelado.

La época presente vuelve aún más apremiante esta disciplina. La tecnología acelera cada demanda de certeza: los titulares han de ser inmediatos, las opiniones instantáneas, las identidades reducidas a perfiles y etiquetas. Las redes sociales prosperan en la afirmación repetida de la creencia, rara vez en la duda considerada y puesta a prueba. Los algoritmos recompensan la prisa y la indignación, castigando la vacilación como debilidad y la contradicción como traición. Cultivar la duda y el anonimato es, por ello, una forma de resistencia. Resguarda la sutileza del pensamiento frente a la presión de la velocidad y el espectáculo. Se niega a que la indagación se reduzca a consignas o a que la certeza se comprima en frases hechas.

La disciplina de la duda enseña que la verdad nunca se posee, sólo se persigue. El éxito, la fama y la creencia pueden fulgurar un instante, pero acaban desmoronándose en cenizas. Lo que permanece es la labor callada de preguntar, la paciencia de permanecer indefinido hasta que el conocimiento tome cuerpo. Creer es instalarse en el residuo; dudar es sostenerse en el fuego vivo. Preguntar es avivar la llama; creer es juntar cenizas.


Bibliografía anotada

  • Arendt, Hannah: Between Past and Future. New York: Viking Press, 1961. (Arendt examina la importancia de pensar sin apoyos absolutos; ilumina cómo la disciplina de la duda resiste certezas políticas y sociales).
  • Bauman, Zygmunt: Liquid Modernity. Cambridge: Polity Press, 2000. (Bauman describe la fluidez y la precariedad de las certezas en la modernidad; refuerza la idea de la duda como condición frente a la volatilidad contemporánea).
  • Berlin, Isaiah: The Crooked Timber of Humanity. Princeton: Princeton University Press, 1991. (Berlin analiza el pluralismo de valores y la imposibilidad de certezas únicas; sostiene la necesidad de vivir con tensiones irresueltas).
  • Bitbol-Hespériès, Annie: Descartes’ Natural Philosophy. New York: Routledge, 2023. (Bitbol-Hespériès examina cómo la filosofía natural cartesiana surge de un ejercicio constante de duda metódica; ofrece una lectura contemporánea que conecta ciencia y metafísica).
  • Han, Byung-Chul: In the Swarm: Digital Prospects. Cambridge, MA: MIT Press, 2017. (Han examina la presión de la transparencia y la aceleración digital; aporta claves para entender cómo la tecnología desvirtua la paciencia de la duda).
  • Croskerry, Pat; Cosby, Karen S.; Graber, Mark; and Singh, Hardeep, eds.: Diagnosis: Interpreting the Shadows. Boca Raton, FL: CRC Press, 2017. (Abordan la complejidad cognitiva del razonamiento diagnóstico; muestra cómo la incertidumbre es inherente a la práctica clínica y cómo la duda disciplinada puede reducir los errores diagnósticos).
  • Elstein, Arthur S. y Schwartz, Alan: Clinical Problem Solving and Diagnostic Decision Making: Selective Review of the Cognitive Literature. New York: Oxford University Press, 2002. (Un estudio fundamental en la toma de decisiones médicas, que muestra cómo el razonamiento diagnóstico depende menos de un conocimiento estático y más de la duda metódica y la verificación).
  • Finocchiaro, Maurice: Retrying Galileo, 1633–1992. Berkeley: University of California Press, 2005. (Finocchiaro explora los juicios y revisiones históricas del proceso contra Galileo; muestra cómo la duda científica chocó con la autoridad religiosa y cómo ha sido reinterpretada).
  • Gaukroger, Stephen: Descartes: An Intellectual Biography. Oxford: Oxford University Press, 2002. (Una biografía intelectual que sitúa a Descartes en el contexto cultural del siglo XVII; ilumina cómo la duda cartesiana fue también estrategia frente a tensiones religiosas y científicas).
  • Garber, Daniel: Descartes Embodied: Reading Cartesian Philosophy through Cartesian Science. Cambridge: Cambridge University Press, 2001. (Garber analiza la estrecha relación entre la ciencia de Descartes y su método filosófico; subraya cómo la práctica científica refuerza la disciplina de la duda).
  • Graber, Mark L.; Schiff, Gordon D.; and Singh, Hardeep: The Patient and the Diagnosis: Navigating Clinical Uncertainty. New York: Oxford University Press, 2020. (Graber explora cómo los médicos gestionan la incertidumbre, subrayando que la precisión en el diagnóstico surge de métodos estructurados más que de un conocimiento incuestionado).
  • Han, Byung-Chul: The Disappearance of Rituals. Cambridge: Polity Press, 2020. (Han explora cómo la sociedad digital erosiona los espacios de repetición y espera; ilumina la urgencia de recuperar anonimato y demora en la indagación).
  • Machamer, Peter, ed.: The Cambridge Companion to Galileo. Cambridge: Cambridge University Press, 1998. (Colección de ensayos actualizados que presentan la obra de Galileo desde la historia de la ciencia, la filosofía y la política; ilumina cómo la duda empírica transformó la cosmología).
  • Nussbaum, Martha: Political Emotions: Why Love Matters for Justice. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2013. (Nussbaum examina cómo las instituciones liberales pueden cultivar de manera responsable las emociones públicas—como el amor, la tolerancia y la solidaridad—enriqueciendo así la sección del ensayo sobre la vida cívica, que muestra cómo el cultivo emocional, más allá de la creencia o el escepticismo, sostiene la indagación social).
  • Popkin, Richard: The History of Scepticism: From Savonarola to Bayle. Oxford: Oxford University Press, 2003. (Estudio histórico del escepticismo, mostrando cómo evoluciona entre desconfianza radical y disciplina de la indagación).
  • Shakespeare, William: Hamlet. New Haven: Yale University Press, 2003. (Encarnación literaria de la duda como fuerza ambivalente: motor de la indagación y riesgo de la parálisis).
  • Shea, William, and Mariano Artigas: Galileo in Rome: The Rise and Fall of a Troublesome Genius. Oxford: Oxford University Press, 2003. (Narración accesible y documentada del enfrentamiento de Galileo con la Iglesia; ilustra cómo la persistencia en la duda verificadora tuvo consecuencias vitales y políticas).
  • Verghese, Abraham; Saint, Sanjay; and Cooke, Molly: “Critical Analysis of the ‘One Half of Medical Education Is Wrong’ Maxim.” Academic Medicine 86, no. 4 (2011): 419–423. (Autorizado por académicos vinculados a Stanford en educación médica; argumenta que gran parte de la enseñanza médica carece de relevancia directa para la exactitud diagnóstica, lo que subraya la necesidad de la duda disciplinada y la reevaluación).

« El vínculo primario »

August 18, 2025

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Ricardo Morin
Still Forty-three
Oil on linen
14″ x 18″ x 3/4″
2012

Para quienes saben que la palabra más tajante no puede sustituir el simple acto de responder con ternura.


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Ricardo Morin —13 de agosto de 2025— Bala Cynwyd, Pensilvania

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La ternura —una apertura deliberada que busca el bienestar del otro mediante un simple gesto de acogida, la delicadeza y el respeto— no se sitúa en simple oposición a la agresión, entendida aquí como la afirmación enérgica de la propia voluntad de un modo capaz de herir, coartar o dominar. Ambas pueden existir sin la otra, y sin embargo a menudo se encuentran en un mismo instante, alterando la naturaleza de un conflicto o suavizando su intransigencia.

En un mundo habitado por el resentimiento y el temor a sufrir —sentimientos que pueden ser tan reales como exagerados— la ternura surge no como una negación, sino como una modulación de esas mismas fuerzas, como cuando una discusión acalorada se interrumpe porque una de las personas, de manera instintiva, ofrece una silla a la otra; como en incontables momentos, tanto ordinarios como profundos, en los que la atención y el daño se cruzan.

Allí donde la causalidad pretende imponerse como medida de las emociones humanas, lo que en realidad se manifiesta son preferencias y condicionamientos: hábitos de respuesta que alternan entre la atracción delicada que calma y el impulso que hiere. Como cuando dos adversarios, tras una discusión encendida, bajan la voz para escucharse mejor —un ajuste que atenúa la hostilidad sin borrarla.

La ternura, entonces, no es la ausencia de agresión, sino un espejo que revela el tejido en el que ambas se hallan unidas desde un mismo origen. Puede verse cuando una enfermera agotada, después de un turno interminable, todavía se toma el tiempo de acomodar la manta de un paciente. El gesto es pequeño, pero surge del mismo terreno humano en el que la impaciencia y el cansancio podrían fácilmente inclinarse hacia la aspereza.

Como señuelo, la ternura encierra una ambigüedad que la hace tan irresistible como desconcertante. Su aparente fragilidad desarma sin violencia, obligando a la agresión a contemplarse en un reflejo inesperado: un gesto suave que interrumpe el impulso de dañar y lo deja sin sustento.

No es una estratagema calculada, sino una atracción natural que apela a recuerdos anteriores a la desconfianza, cuando el contacto era una necesidad y no una amenaza. Como cuando, tras años de silencio y ofensa, un hijo acude a cuidar a su padre enfermo. El resentimiento persiste, pero en ese acto de asistencia late la misma raíz que antaño sostuvo la cercanía.

En ese instante suspendido, la locura se suaviza, el miedo se disuelve, y lo que parecía un terreno de conflicto se convierte en un pasaje incierto pero abierto al alivio. En gestos así, la ternura no borra el conflicto, pero muestra cómo, incluso en medio de él, algo más antiguo y profundo sigue uniéndonos. Lo presencié una vez en el metro de Nueva York. Un hombre, molesto por la petición de ayuda de un desconocido con discapacidad, desvió su mirada airada hacia mí al cruzarse con la mía, firme. Se acercó como si fuera a golpearme, acercando su rostro al mío. Cerré los ojos y relajé el gesto. Privado de la mirada que había alimentado su agresión, dio un paso atrás —aún incómodo, pero sin seguir avanzando. Me alejé, el momento ya pasado, marcado por la forma en que un gesto mínimo puede aquietar el arco de una confrontación.

Allí se encuentra un vínculo primario que nos ata a la fuente de la vida, donde la ternura y la agresión no son polos aislados, sino expresiones del mismo tejido humano, como cuando una hermana, en una conversación tensa, le dice a su hermano mayor que aprendió de él su propia actitud combativa. Él se irrita ante la afirmación, pero ambos saben que han llevado consigo esa misma dureza durante años y que ninguno puede culpar del todo al otro. El reconocimiento no trae una reconciliación fácil, pero acorta la distancia entre ellos.

Desde el primer vínculo, el cuerpo aprende a reconocer las señales más mínimas: el calor que acoge, la presión que amenaza, el pulso que se acelera o se calma. Como cuando, en medio de una batalla, un soldado ofrece agua al prisionero que instantes antes era su enemigo. Allí, antes de que existan las palabras, se forman los hábitos que luego llamamos preferencias o temores. Por eso la ternura puede ceder paso a la agresión sin imponer derrota; la expone a un reconocimiento involuntario, devolviéndole la memoria de su propia raíz. Y en ese reconocimiento, incluso el impulso más hostil encuentra, aunque sea por un momento, su desarme.

La ternura no elimina el conflicto ni borra sus causas, pero cambia su rumbo: abre un momento en el que la certeza de la herida deja paso a la posibilidad del esmero afectivo. No es una cura para todo, pero en su sencilla forma de llamar y ser escuchada, revela que incluso la agresión más firme necesita ser reconocida. Y en ese reconocimiento, ambas —ternura y agresión— muestran que brotan del mismo lugar humano.

La presencia de la ternura en nuestros intercambios no es sólo una virtud privada, sino también una necesidad cívica, pues sostiene la confianza y el reconocimiento sin los cuales las comunidades se fracturan y no pueden perdurar.

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Bibliografía anotada:

  • Fromm, Erich: El arte de amar. Barcelona: Paidós, 2006. (Erich Fromm examina la naturaleza del amor como acto de voluntad y compromiso, distinguiendo la ternura como expresión madura frente a formas inmaduras de afecto.)
  • Gilligan, Carol: La moral y la teoría: Psicología del desarrollo femenino. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1993. (Carol Gilligan propone una ética del gsto de atención afectiva que coloca la empatía y la ternura en el centro de las relaciones humanas, en contraste con modelos basados en la justicia abstracta.)
  • Keltner, Dacher: Nacidos para ser buenos: La ciencia de una vida significativa. Barcelona: Urano, 2010. (Dacher Keltner explora la base evolutiva y neurobiológica de las emociones prosociales, incluida la ternura, como fuerzas que moldean la cooperación y la cohesión social.)
  • Nussbaum, Martha C.: Las fronteras de la justicia: Consideraciones sobre la exclusión social. Barcelona: Paidós, 2007. (Martha Nussbaum vincula la compasión y la ternura con el reconocimiento de la dignidad humana, subrayando su papel en la superación de la agresión estructural y la marginación.)

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« La desintegración de un país »

July 29, 2025

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Ricardo Morin
La desintegración de un país
CGI
2025

A mi hermano Alberto, cuya constancia sostuvo esta reflexión e hizo posibles estas páginas.

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Ricardo Morin

29 de Julio de 2025

Bala Cynwyd, Pensilvania

Resumen

Este ensayo examina la degradación de la identidad nacional venezolana en el contexto de un prolongado fracaso estatal. Argumenta que el colapso de la soberanía institucional, la afluencia de influencia extranjera autoritaria y el desplazamiento de ciudadanos nativos de la vida económica y cívica no solo han vaciado la república, sino que han fracturado la cohesión simbólica necesaria para la pertenencia nacional. A través de un análisis razonado de la infiltración económica, la marginación cultural y las consecuencias morales de la desposesión, el ensayo explora cómo la identidad en Venezuela se ha convertido en un acto disputado de memoria y resistencia. El ensayo ofrece una interpretación del proceso de disolución nacional no desde el activismo político, sino desde una perspectiva cívica y ética.



Sección I: Perder el país: Identidad en un Estado fallido

La identidad nacional no es una abstracción; es la sensación vivida de coherencia que une a los individuos a una historia compartida, un idioma y un proyecto cívico. En los Estados funcionales, esta identidad se refuerza mediante la estabilidad de sus instituciones gubernamentales, la continuidad de sus leyes y la experiencia de pertenecer a un orden social protegido. Cuando un Estado falla—por control autoritario, decadencia institucional y colapso de la soberanía—su pueblo no solo pierde servicios o derechos. Comienza también a perder su lugar en el mundo.

Como advierte Michel Agier, la pérdida de estructuras de protección y reconocimiento convierte al ciudadano en un “desplazado simbólico” dentro de su propio país, cuyas formas de pertenencia ya no encuentran correlato institucional ni imaginario (Agier The Border of the World, 2016).

Esta desestabilización no es únicamente resultado del colapso económico o la persecución política. Se ha visto también agravada por el enredo estratégico del régimen con poderes autoritarios extranjeros, que ha introducido intereses externos en sectores centrales de la economía y el territorio nacionales. Mediante dependencias negociadas—ya sea en industrias extractivas, infraestructura, vigilancia o cooperación militar—el Estado venezolano ha cedido el control de activos e instituciones estratégicas a actores foráneos. Al hacerlo, no solo ha comprometido la soberanía nacional; ha reordenado también la jerarquía social y cultural de la pertenencia.

Como describe Louisa Loveluck, estos enclaves funcionan como “estructuras paralelas de control y privilegio”, en las que las lealtades al poder externo sustituyen a las instituciones tradicionales del Estado (Loveluck “Foreign Control and Local Collapse in Venezuela’s Border Zones”, The Washington Post, 2019).

Según David Smilde, esta delegación de funciones soberanas a aliados autoritarios ha transformado el aparato del Estado en un instrumento de supervivencia del régimen antes que un medio de representación nacional (“The Military and Authoritarian Resilience in Venezuela”, Latin American Politics and Society, 2020).

Este proceso genera una ruptura psicológica: El fenómeno ha sido identificado por Arjun Appadurai como el efecto de “desanclaje identitario”, donde la desvinculación del entorno cultural impide al ciudadano reconocerse en su presente histórico (Modernity at Large, 1996).

Cuando las instituciones de una nación ya no reflejan a su pueblo, y cuando su futuro es moldeado por imperativos extranjeros, la idea de venezolanidad se vuelve menos una realidad cívica y más una memoria bajo asedio. La pérdida no es solo territorial—es también existencial.

Hannah Arendt lo formuló con gravedad al señalar que la pérdida del derecho a tener derechos comienza cuando se pierde la pertenencia a una comunidad política capaz de garantizarlos (The Origins of Totalitarianism, 1951).



Sección II: Alianzas autoritarias e infiltración económica

La transformación de Venezuela en un Estado fallido no ha ocurrido en aislamiento. Su trayectoria autoritaria ha sido reforzada por una estrategia calculada de alineamiento internacional con otros regímenes que operan fuera de las normas de la rendición democrática de cuentas. Estas alianzas—sobre todo con Cuba, Rusia, China, Irán y Turquía—no solo han proporcionado al régimen de Maduro legitimidad política y apoyo técnico; han permitido también la progresiva tercerización de funciones y recursos nacionales al control extranjero [cf. Ellis 2018, 49–56].

No se trata de alianzas tradicionales basadas en desarrollo mutuo o cooperación entre iguales. Son acuerdos transaccionales en los que el Estado venezolano renuncia a soberanía a cambio de supervivencia. Préstamos chinos garantizados con reservas petroleras, participaciones rusas en infraestructura energética, operaciones de inteligencia cubanas incrustadas en el aparato militar y civil, y empresas iraníes en minería y logística han contribuido todas al desplazamiento de venezolanos nativos de sectores económicos críticos [cf. Trinkunas 2015, 3–6; Levitsky y Ziblatt 2018, 197–198].

Paralelamente, redes empresariales privadas e informales—frecuentemente ligadas a estos intereses extranjeros—han arraigado en los mercados locales, a veces desplazando o superando a productores domésticos históricos. Esta infiltración económica tiene un efecto dual. Distorsiona la asignación de recursos nacionales, desviando riqueza y oportunidad de la población hacia una pequeña clase de beneficiarios del régimen y sus patrones extranjeros [cf. Corrales 2020, 212–215]. Y reconfigura la geografía del poder: regiones enteras, especialmente las ricas en petróleo, minerales o posiciones estratégicas, han pasado al control funcional de actores externos o milicias bajo protección extranjera [cf. Romero 2021, 88–91].

En tales contextos, los venezolanos no solo se sienten excluidos de su economía; la experimentan también como algo ajeno—gestionada, explotada y asegurada por quienes tienen lealtades en otro lugar. El resultado es una alienación corrosiva. Una población que antes se veía beneficiaria de un proyecto nacional ahora confronta la realidad de un sistema extractivo en que su trabajo, tierra y cultura ya no se valoran en sus propios términos. La economía deja de ser plataforma de progreso colectivo para convertirse en zona de extracción extranjera, protegida por la represión y organizada mediante la impunidad [cf. Loveluck y Dehghan 2020; López Maya 2022].

En este entorno, la cuestión de la identidad se vuelve inseparable de la pérdida de agencia. Ser venezolano, bajo tales condiciones, es ser subordinado dentro del propio país.



Sección III: Desplazamiento cultural y social

La desintegración de la identidad en un Estado fallido no se limita a las estructuras políticas o económicas; se extiende al tejido cultural y social de la vida cotidiana. En Venezuela, el desplazamiento de ciudadanos nativos no siempre es físico—aunque la emigración masiva ha marcado la experiencia nacional—sino también cada vez más simbólico y funcional. Las instituciones, costumbres e incluso los espacios que antes encarnaban una identidad cívica compartida están siendo vaciados, reutilizados o reemplazados por estructuras que ya no reflejan los valores o prioridades venezolanas [cf. Salas 2019, 45–47].

La educación pública, por ejemplo, fuente durante mucho tiempo de orgullo nacional y movilidad social, ha sido sistemáticamente desmantelada. En su lugar, la indoctrinación ideológica y la lealtad partidista se han convertido en criterios para el acceso y el ascenso [cf. Human Rights Watch 2021]. El efecto no es solo la degradación del conocimiento y la oportunidad, sino también la politización misma de la infancia. De manera similar, la producción cultural—antes diversa, expresiva y regionalmente vibrante—se ha reducido bajo la censura, la crisis económica y el colapso del apoyo público a las artes [cf. Ávila 2020, 119–124].

Lo que queda es trivializado para propaganda o silenciado por completo. El resultado es un silencio cultural, donde las narrativas compartidas se desfiguran y la vida simbólica de la nación se reduce a eslóganes y espectáculo. Mientras tanto, la afluencia de intereses extranjeros y su infraestructura social—trabajadores contratados, complejos comerciales, seguridad privada, instituciones paralelas—ha introducido nuevas normas culturales y lealtades en ambientes locales, particularmente en regiones fronterizas y ricas en recursos [cf. Rodríguez y Ortega 2023].

Estos cambios son a menudo sutiles: señalizaciones en idiomas desconocidos, productos importados reemplazando a los domésticos, nuevos patrones de exclusión en el acceso a servicios o empleo. Pero con el tiempo alteran el carácter del lugar, desplazando no solo a las personas sino también los significados que los lugares antes tenían. Esta forma de desplazamiento es desorientadora porque opera en la vida cotidiana. Hace que los venezolanos sean extraños en sus propios mercados, en sus propias escuelas, en su propia tierra. Deshilacha el sentido de reconocimiento mutuo que hace posible la coexistencia.

Cuando las comunidades ya no comparten un punto de referencia común—sea legal, lingüístico o moral—pierden la cohesión necesaria para sostener la identidad como algo vivido y afirmado. La ruptura no es dramática; es lenta, acumulativa y profundamente dañina [cf. Arendt 1951, 302–306]. En este contexto, la resiliencia cultural se vuelve más difícil de sostener. La identidad, antes reforzada por la participación en la vida pública y el orgullo por el logro colectivo, comienza a retirarse a la nostalgia o fracturarse en líneas de clase, exilio o supervivencia ideológica. Se vuelve reactiva más que generativa—algo que defender en lugar de construir.



Sección IV: Dignidad y la lucha por pertenecer

Freedom House (“Venezuela: Freedom in the World 2024,” Washington: Freedom House, 2024) nos proporciona datos empíricos actualizados y contexto analítico sobre el declive de los derechos políticos y las libertades civiles en Venezuela, con especial atención a la consolidación autoritaria y el control estatal.

En el corazón de la identidad nacional yace la necesidad humana de dignidad: la certeza de que la propia vida es reconocida, el propio trabajo valorado y la propia voz capaz de contribuir a un futuro común. En la Venezuela actual, esta dignidad ha sido sistemáticamente socavada. El colapso de las instituciones, la degradación de la vida pública y los enredos extranjeros que distorsionan la economía nacional han contribuido a un clima en el que el ciudadano promedio ya no se siente visto ni protegido por su país. No se trata solo de una falla política, sino también de una fractura en el fundamento ético de la nación. Como advirtió Emmanuel Levinas, “la dignidad no es una categoría jurídica sino la respuesta del rostro del otro que nos interpela y nos obliga” (Levinas 1982).

Cuando un gobierno no gobierna en nombre de su pueblo, sino en servicio de su propia permanencia y de sus patrones externos, la pertenencia se vuelve condicional. La lealtad se exige, no se gana. La disidencia se criminaliza, no se escucha. La ciudadanía, lejos de ofrecer protección, se convierte en una carga. En tal sistema, la dignidad no solo se niega—se redefine por el miedo, la dependencia y el silencio. Aquí se cumple la advertencia de Hannah Arendt: “la pérdida de los derechos humanos comienza cuando se pierde el derecho a tener derechos” (Arendt 1951).

Esto deja a los venezolanos, tanto dentro como fuera del país, suspendidos entre la desposesión y la resistencia. Muchos continúan luchando por lo que queda: organizarse localmente, enseñar a pesar del colapso escolar, alimentar a los vecinos ante la ausencia de servicios, proteger la memoria frente a la propaganda. Estos actos son heroicos, pero también son respuesta al abandono. Testifican la fortaleza del pueblo, pero también el vacío donde debería estar el Estado.

Para quienes están en el exilio, la pérdida suele ser doble: la del hogar físico y la del contexto vital. Los referentes culturales ya no coinciden con la experiencia diaria. El acento se vuelve marcador de desplazamiento. El pasaporte, una barrera más que un derecho. Y, sin embargo, el exilio también puede agudizar el sentido de lo perdido—y de lo que debe preservarse. Así, la identidad persiste no por afirmación de una nación funcional, sino por la negativa a olvidar una. En palabras de Edward Said, “el exilio no es simplemente una condición de pérdida, sino una forma crítica de estar en el mundo” (Said 2000).

Aun así, la dignidad exige más que memoria. Requiere restauración: de las instituciones, de la justicia, de un espacio cívico donde los venezolanos puedan nuevamente participar como iguales. Hasta que esa restauración sea posible, la lucha por pertenecer seguirá definiendo la identidad venezolana—no como una herencia estática, sino como una negativa constante a rendirse ante lo que queda del núcleo moral del país.



Sección V: Una palabra para los desposeídos

Hablar de desposesión es nombrar no solo lo que ha sido arrebatado, sino también lo que sigue siendo negado: el derecho a forjar un propio futuro dentro de un marco de justicia, pertenencia y sentido compartido. En Venezuela, la desposesión ha ocurrido mediante un desmantelamiento deliberado de la soberanía—primero por corrupción interna, luego por enredo externo. Lo que queda es un pueblo disperso, un territorio fragmentado y una identidad bajo enorme presión. Como ha señalado Achille Mbembe, “la desposesión no solo opera sobre los cuerpos, sino también sobre los imaginarios colectivos que sostienen la vida en común” (Mbembe 2016).

Y, sin embargo, la desposesión no es el final de la identidad. La ausencia de un Estado funcional no borra la memoria moral de una nación. La lengua, las tradiciones, los valores y las aspiraciones cívicas que una vez definieron la vida venezolana no han desaparecido: han sido llevados al subsuelo, cargados al exilio o resguardados en el corazón de quienes recuerdan. “La lengua es la morada del ser”, decía Heidegger, y donde se mantiene viva, persiste una forma de pertenencia (Heidegger 1959).

La tarea ahora no es solo resistir, sino reconstruir: articular una visión de la venezolanidad que rechace tanto el cinismo como el olvido.

Esto no puede hacerse únicamente desde la nostalgia. Tampoco puede delegarse sin compromiso a futuras generaciones. Comienza por la negativa a normalizar lo que no es normal: la ocupación extranjera de recursos nacionales, la criminalización de la disidencia, la negación de oportunidades, la devaluación de la ciudadanía. Continúa en el trabajo silencioso de preservar la lengua, la historia y la dignidad donde todavía sea posible—ya sea en aulas, en el exilio o por medio de la palabra escrita. Y cobra fuerza en la solidaridad: entre quienes se quedaron, quienes se fueron y quienes cargan con ambos destinos.

La identidad venezolana, bajo estas condiciones, no es una herencia fija, sino un acto de resistencia. Es la afirmación de que la dignidad no se negocia, y de que un pueblo no puede ser reemplazado de forma permanente por alianzas de conveniencia y control. La recuperación de la nación tomará tiempo, y quizá requiera formas aún no imaginadas. Pero dependerá, por encima de todo, de la preservación del espíritu cívico: uno que sepa lo que se ha perdido y se niegue a dejarlo en el olvido.



Epílogo

A medida que la historia de Venezuela se despliega en oleadas, la lucha entre la unidad y la fragmentación, el idealismo y la autoridad, se repite una y otra vez —no solo en los pasillos del poder, sino también en la vida privada de quienes padecen sus consecuencias. El poder, en todas sus formas, pone a prueba el tejido mismo de la nación, y sin embargo la búsqueda del equilibrio sigue siendo esquiva. Venezuela continúa atrapada en una profunda crisis humanitaria, con millones de personas privadas de atención médica y de nutrición básica, según el World Report 2024 de Human Rights Watch. [1] El país presenta hoy la tasa más alta de desnutrición de América del Sur: el 66 % de la población necesita ayuda humanitaria y el 65 % ha perdido de manera irreversible sus medios de subsistencia. A pesar de las reiteradas promesas de reforma y de amnistía, las estructuras de poder enquistadas han impedido un cambio significativo y perpetuado lo que se considera ampliamente un régimen autoritario y corrupto. Las intervenciones externas —principalmente diplomáticas y sanciones económicas— han sido frecuentes, pero no han logrado inducir una transformación sustantiva.

La teoría política sostuvo alguna vez que la expansión de la democracia aseguraría la paz entre las naciones. [2] La experiencia venezolana sugiere lo contrario: la paz se desvanece cuando la democracia se vacía en la temporalidad del caos. Aunque tales teorías no abordan directamente la persistencia de las autocracias, el caso venezolano pone de relieve cómo los regímenes fortalecidos por el control interno y por alianzas autocráticas estratégicas con el exterior pueden resistir tanto la agitación interna como la presión externa.

En Venezuela, los planteamientos teóricos encuentran una expresión concreta en la manera en que las instituciones democráticas —elecciones, legislaturas y tribunales— son reconfiguradas para afianzar el control autoritario. Mediante procesos electorales escenificados, legislaturas restringidas y poderes judiciales politizados, estos regímenes suprimen la disidencia, manipulan la percepción pública y eluden la rendición de cuentas ante el exterior. La legitimidad deja de ser un mandato del pueblo y se convierte en un mecanismo para la permanencia del poder.

Aunque el camino hacia el futuro sigue siendo incierto, la crisis ya no es meramente política: es sistémica, está incrustada en el propio tejido de la historia venezolana. La resolución de esta crisis requiere algo más que un relevo político o una intervención externa; exige el reconocimiento de la herencia histórica que ha modelado la desconfianza y la disfunción del país. Los cimientos del gobierno se han construido durante mucho tiempo sobre fuerzas en conflicto, y cualquier posibilidad de cambio comienza con la conciencia de ese legado. Una estrategia coordinada que integre apoyo económico, compromiso diplomático y movimientos democráticos de base puede ofrecer un alivio temporal, pero no puede resolver lo que está arraigado. La verdadera transformación requiere una revisión cultural: un desplazamiento interno de la conciencia que confronte las mismas fuerzas que han permitido el dominio autocrático. Y sin una profunda unidad interior —un despertar cultural capaz de superar siglos de contradicciones inherentes— la posibilidad de esa transformación podría permanecer distante, aunque no extinguida.

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Endnotes

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Bibliografía anotada

  • Améry, Jean: At the Mind’s Limits: Contemplations by a Survivor on Auschwitz and Its Realities. Bloomington: Indiana University Press, 1980. (Una reflexión filosófica y existencial sobre el sufrimiento, el exilio y la pérdida de pertenencia. El ensayo retoma su idea de que no hay violencia mayor que ser despojado de un lugar al que poder regresar, lo que se convierte en un eje moral en la Venezuela del éxodo.)
  • Arendt, Hannah: The Origins of Totalitarianism. Nueva York: Harcourt Brace, 1951. (Estudio fundamental sobre el desarraigo, la desnacionalización y el derecho a tener derechos. Su conceptualización de los refugiados apátridas informa directamente el argumento sobre la pérdida de pertenencia como forma de expulsión ontológica.)
  • Ávila, Rafael: La cultura sitiada: Arte, política y silencio en Venezuela. Caracas: Editorial Alfa, 2020. (Ávila examina cómo la censura, la precariedad económica y el control institucional han reducido drásticamente la producción artística independiente en Venezuela. Citado para sustentar la afirmación de que la diversidad cultural ha sido reemplazada por una expresión condicionada por el poder y la subsistencia.)
  • Corrales, Javier: Autocracy Rising: How Venezuela’s Authoritarian Leaders Consolidated Power. Washington, DC: Brookings Institution Press, 2020. (Corrales explica cómo las élites del régimen han concentrado el control económico a través de redes informales, permitiendo que oligarquías respaldadas por potencias extranjeras desplacen a los actores económicos nacionales. Se utiliza para respaldar la afirmación de que hoy son los aliados y patrocinadores extranjeros quienes dominan los flujos de recursos venezolanos.)
  • Ellis, R. Evan: Transnational Organized Crime in Latin America and the Caribbean. Lanham, MD: Lexington Books, 2018. (Ofrece un mapeo exhaustivo sobre cómo actores extranjeros—especialmente de Cuba, Rusia y China—se integran en el aparato estatal venezolano. Citado para explicar la externalización estratégica de la soberanía hacia aliados no democráticos.)
  • Gessen, Masha: Surviving Autocracy. Nueva York: Riverhead Books, 2020. (Aunque centrado en Estados Unidos, este libro articula patrones generales del comportamiento autocrático—como la degradación del lenguaje, el vaciamiento institucional y la desorientación pública—que también se aplican al caso venezolano.)
  • Heidegger, Martin: Unterwegs zur Sprache. Pfullingen: Neske, 1959. (Contiene la conocida frase “Language is the house of being” [El lenguaje es la casa del ser] citada para subrayar la relación entre la continuidad lingüística y el sentido de pertenencia existencial.)
  • Human Rights Watch: “Venezuela’s Humanitarian Emergency: Large-Scale UN Response Needed to Address Health and Food Crisis.” Nueva York: Human Rights Watch, 2019. (Informe detallado que vincula el colapso de los servicios públicos con violaciones de derechos básicos y de la dignidad nacional, destacando cómo la crisis humanitaria contribuye a la degradación de la identidad.)
  • Levinas, Emmanuel: Totalité et infini: Essai sur l’extériorité. La Haya: Martinus Nijhoff, 1961. (La ética de la alteridad de Levinas, centrada en la responsabilidad hacia el otro irreductible, sustenta el argumento del ensayo a favor de una política basada en la dignidad y no en la identidad estatal ni en la reciprocidad calculada.)
  • Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel: How Democracies Die. Nueva York: Crown Publishing Group, 2018. (Levitsky y Ziblatt ofrecen un marco para entender la degradación democrática a través de la captura institucional y las alianzas externas. Se cita para subrayar el carácter transaccional de las alianzas internacionales del régimen venezolano.)
  • López Maya, Margarita: “Economía extractiva y soberanía en disputa: el Arco Minero del Orinoco.” Revista Venezolana de Ciencia Política 45 (2022): 34–49. (López Maya analiza cómo las zonas mineras se han convertido en territorios semiautónomos controlados por milicias e intereses extranjeros, apoyando el argumento del ensayo sobre la alienación geográfica y la fragmentación económica.)
  • Loveluck, Louisa: “The Collapse of a Nation: Venezuela’s Descent into Authoritarianism.” The Washington Post, julio de 2020. (Síntesis periodística del colapso estructural venezolano, con testimonios de primera mano sobre la alienación económica y el coste psicológico del abandono estatal.)
  • Loveluck, Louisa y Dehghan, Saeed Kamali: “Venezuela Hands Over Control of Key Assets to Foreign Backers.” The Washington Post, 2020. (Reportaje de investigación que documenta la privatización y gestión extranjera de sectores estratégicos venezolanos. Se cita para mostrar cómo las industrias nacionales han sido subordinadas al control externo.)
  • Mbembe, Achille: Politiques de l’inimitié. París: La Découverte, 2016. (Mbembe explora la política de la enemistad y los mecanismos de desposesión en la modernidad tardía. Citado para destacar cómo la violencia estructural afecta tanto la vida material como el imaginario colectivo.)
  • Rodríguez, Luis, y Ortega, Daniela: Colonización contemporánea: transformaciones culturales en las zonas extractivas de Venezuela. Mérida: Editorial de la Universidad de los Andes, 2023. (Estudio etnográfico sobre los efectos socioculturales de la inversión extranjera en regiones mineras y fronterizas, incluyendo la introducción de nuevas jerarquías, códigos de convivencia y formas de organización paralelas. Se cita para sustentar el argumento sobre la transformación de normas culturales y lealtades comunitarias.)
  • Romero, Carlos A.: “Geopolítica, militarización y relaciones internacionales del chavismo.” Nueva Sociedad 293 (2021): 82–94. (Romero traza cómo las alianzas exteriores han militarizado las zonas fronterizas y reforzado el autoritarismo interno. Se emplea para sustentar la afirmación de que el poder ha basculado hacia actores cuya lealtad está fuera de Venezuela.)
  • Roth, Kenneth: The Fight for Rights: Human Dignity and the Struggle Against Authoritarianism. Nueva York: W. W. Norton, 2022. (Roth examina los fundamentos morales y cívicos de la dignidad, proporcionando contexto para el argumento de que la identidad venezolana debe hoy preservarse mediante la resistencia, más que a través del reconocimiento estatal.)
  • Said, Edward W.: Reflections on Exile and Other Essays. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2000. (Said explora la experiencia del exilio como una condición existencial y crítica, más allá del simple desarraigo. Citado para sostener la idea de que la identidad venezolana en la diáspora se mantiene viva no por medio de una nación funcional, sino por la negativa a olvidar).
  • Salas, Miguel: Arquitectura y desposesión: Espacios públicos y crisis urbana en Venezuela. Caracas: Editorial Punto Cero, 2019. (Salas analiza la transformación de la arquitectura y los espacios públicos en el contexto del colapso político y social de Venezuela. Citado para fundamentar la idea de que las estructuras cívicas compartidas están siendo despojadas de su función simbólica y comunitaria.)
  • Schmitt, Carl: The Concept of the Political. Chicago: University of Chicago Press, 1996. (Referencia teórica sobre la soberanía, útil para comprender cómo el régimen venezolano define enemigos y aliados no en función de la legalidad, sino de la lealtad, reformulando así el propio significado de la ciudadanía.)
  • Shklar, Judith: American Citizenship: The Quest for Inclusion. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1991. (Shklar estudia cómo la exclusión política y social ha configurado el significado de ciudadanía en Estados Unidos. El ensayo retoma su premisa de que ser ciudadano implica no solo derechos legales, sino pertenencia efectiva y dignidad reconocida.)
  • Smilde, David. “Participation, Politics, and Culture in Twenty-First Century Venezuela.” Latin American Research Review 52, n.º 1 (2017): 157–65. (Smilde analiza el impacto cultural de la polarización política y la exclusión en Venezuela, y cómo la identidad se forma en espacios cívicos disputados.)
  • Trinkunas, Harold A.: “Venezuela’s Defense Sector and Civil-Military Relations.” Washington, DC: Brookings Institution Working Paper, 2015. (Trinkunas estudia el arraigo de la influencia cubana y rusa en el sector militar venezolano. Se cita para explicar la redefinición de la soberanía bajo presencia asesora extranjera.)

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« Entre la ley y la conciencia: lo que la justicia omite »

July 10, 2025
Ricardo Morin
Pergamino del Silencio II 
Oleo sobre lino
114 x 190 x 19 cm
2010
Ricardo Morin
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2010

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Nota del autor

Este relato forma parte de un tríptico narrativo junto a In Tenebris [2021] y En la Oscuridad [2022], tres piezas que exploran un mismo juicio por asesinato desde ángulos distintos.

In Tenebris aborda la deliberación desde dentro; En la oscuridad propone una recreación abierta; Entre la ley y la conciencia retoma la experiencia desde una distancia reflexiva—para examinar lo que el sistema de justicia deja fuera.


El juicio tuvo lugar siete años después del asesinato.

Costaba entender cómo algo tan grave había podido esperar tanto.    No se había recuperado el arma.    Los testigos ofrecían relatos confusos, entrecortados.    La víctima tenía catorce años cuando recibió el disparo.    El acusado—que apenas parecía superar los veinte durante el juicio—debía tener aproximadamente la misma edad entonces.    Eran, en realidad, dos muchachos.

Lo que ocurrió en esos siete años—antes y después—nunca se abordó.

Se nos dijo que el crimen había surgido de una disputa territorial entre bandas juveniles.    No fue un acto premeditado, sino una erupción de violencia nacida en un mundo donde, para algunos, sobrevivir ya es un trabajo diario.    Niños—algunos aún en edad escolar—quedaban atrapados en espirales de represalia donde el miedo y la pobreza marcaban el ritmo de sus vidas.    Nada de eso—nada de lo que pudiera explicar cómo germina la violencia donde desaparecen las opciones—formaba parte de lo que se nos permitió considerar.

Tal vez hubo procesos anteriores.    Quizás el caso se inició en un tribunal de menores.    Ocurrieron apelaciones.    Testigos que se negaron a declarar.    O quizá el expediente quedó sumergido, por un tiempo, bajo el peso del atraso judicial.

Para cuando nosotros—el jurado—entramos en escena, todo aquello ya no estaba.    Nuestra tarea era empezar donde empezaba el expediente:    en el hecho.    Como si el tiempo no hubiera dejado huella.    Como si esos siete años no hubieran erosionado la memoria, ni transformado al joven que teníamos delante.

La finalidad, en teoría, era determinar culpabilidad o inocencia.

Pero desde el principio se sintió como si nos pidieran aplicar una pregunta rígida a una situación que escapaba a ese molde.    No era solo lo que había ocurrido—era también lo que no podía decirse.

Nos indicaron que debíamos ceñirnos a las pruebas.    Y lo intentamos.    Pero las preguntas volvían—suaves, insistentes.    ¿Cómo no ver que se trataba de un homicidio entre adolescentes?    ¿Cómo no percibir que el contexto ya venía sesgado en su contra?    ¿Cómo no sentir que algo esencial había quedado fuera del encuadre?

Nadie habló del tiempo que el acusado pasó detenido—cuánto esperó para llegar a juicio, si le ofrecieron un acuerdo, si tuvo acceso temprano a una defensa adecuada.    Y aquella expresión en su rostro—que algunos no supieron leer y que a otros les resultó inquietante—podía llevar trazos de encierro, de crecer dentro de un sistema que ofrece poco margen para la ternura.    No lo sé.    Pero seguía preguntándomelo.

A pesar del esfuerzo por mantener la disciplina, las preguntas volvían.

¿Qué posibilidades reales había tenido ese chico para escapar del destino que lo alcanzó?    ¿Qué habría pasado si otras decisiones—las suyas o las de otros—hubieran sido posibles antes?    ¿Era justo, incluso legal, juzgarlo sin considerar las condiciones que lo formaron?

Pero esos pensamientos no eran admisibles.    No constaban en el expediente.    Las instrucciones del juez eran claras:    ese contexto, por convincente que fuera, no era pertinente.    La justicia, se nos dijo, requería una visión en túnel—sin historia, sin tiempo.

Así siguió el proceso:    objeciones, testigos, peritos, contrainterrogatorios.    Nunca se encontró el arma.    Tanto la fiscalía como la defensa tuvieron lapsos—momentos de fatiga, de titubeo.    Pero lo que permanecía no era la solidez del caso, sino la sensación de que algo esencial quedaba sellado, inaccesible.    Que la verdad entera—si es que existe—nos había sido vedada mucho antes de llegar.

Algunos jurados querían decidir pronto.    Para ellos, las pruebas bastaban.    Otros, entre quienes me incluyo, no estábamos tan seguros—no por simpatía, sino porque el caso se sentía incompleto.    Volvía una inquietud tenue:    ¿se nos pedía juzgar a una persona, o solo el contorno estrecho que el sistema nos permitía ver?

Durante la deliberación, la tensión aumentó.    Un jurado dijo que la actitud retraída del acusado parecía un signo de culpa.    Otro lo interpretó como agotamiento.    No podía decirlo.    Pero seguía preguntándome:    ¿cómo luce la inocencia después de siete años de prisión preventiva?    ¿Qué forma toma la presencia en alguien que ha vivido bajo sospecha constante?

Una tarde, antes de retirarnos, el más joven del grupo—apenas veinte años—habló.    Su voz fue baja, pero firme:

« Yo también crecí en un barrio donde era más probable que te pararan por tu apariencia que por considerarte digno de cuidado.    No sé si él lo hizo.    Pero sí sé lo que es ser juzgado antes de saber quién eres. »

Nadie respondió. Pero algo cambió. El ambiente se volvió más reflexivo, menos a la defensiva.

Tardamos casi tres semanas en llegar a un veredicto.

No porque el caso fuera técnicamente complejo, sino porque todos—cada uno—tuvimos que enfrentar no solo los hechos, sino también nuestras propias ideas sobre la justicia.    Las dudas persistieron.    Las conversaciones fueron respetuosas, incluso silenciosas, pero pesadas.    Como si la sala del jurado se hubiera convertido en otra cosa—un confesionario donde lo que revelábamos no era solo sobre el caso, sino sobre nosotros mismos.

Pensé en mi padre, que decía que la justicia debía ser ciega, pero no sorda.

Que hay que escuchar no solo lo que se afirma, sino lo que se omite.    Ese recuerdo me acompañó mientras firmábamos el veredicto:    no culpable.

Hubo aplausos contenidos del lado del acusado.

La madre de la víctima lloró.

Nosotros, el jurado, no sentimos alivio—solo el temblor de la incertidumbre.

El juez nos agradeció.    Salimos por un pasillo estrecho, luego en un ascensor de servicio, y de allí, al exterior.

No sé qué fue de él después.

Tal vez se desvaneció de nuevo en los márgenes de una ciudad que ya lo había marcado.    Tal vez intentó empezar de nuevo.    No puedo saberlo.    Pero sí sé esto:    aquel juicio no trataba solo de un acto violento.

Trataba también de la violencia callada de la omisión—de lo que la ley, en sus formas, muchas veces se niega a ver.

Y es esa omisión—silenciosa, legal, sistemática—la que realmente pone a la justicia en el banquillo.

Ricardo F. Morin

Bala Cynwyd, Pensilvania — 10 de julio de 2025

Editor: Billy Bussell Thompson


« La ética de la expresión: Segunda Parte »

June 13, 2025


*

Ricardo Morín
Triangulación 4
22″ x 30″
Grafito sobre papel
2006

Escritura, silencio y el arte de comprender en quietud

A mi hermana Bonnie

Ricardo F. Morín
Noviembre 2025
Oakland Park, Florida

Nota del autor

Este texto fue redactado con anterioridad a « La ética de la percepción, Primera Parte » y forma parte de la misma indagación sobre la atención, la comprensión y la relación ética.


Hay momentos en los que la forma más genuina de intimidad es el silencio.
En otros, es la labor callada de buscar la palabra justa—aunque sea incompleta—lo que nos acerca.   
La expresión, bajo esta luz, no es solo un vehículo de comunicación, sino un acto de cuidado.
Hablar, callar, escribir, escuchar:    cada decisión conlleva un peso particular.
La intimidad habita en esos gestos:    no en las declaraciones grandilocuentes, sino en la ética con que nos revelamos—y con que acogemos lo que otra persona se atreve a ofrecer.
Lo que sigue no es una teoría, sino una reflexión sobre cómo se manifiesta la intimidad en la expresión—y en su ausencia.

Resulta difícil señalar el instante en que algo se vuelve íntimo.
No siempre es un roce, una mirada o una confesión.
A veces es solo una pausa—una pausa compartida—entre una palabra y la siguiente, cuando ambas personas perciben que algo verdadero está a punto de decirse o acaba de decirse, sin llegar a nombrarse del todo.

Una vez, sentados frente a frente, observé a alguien quien contemplaba en silencio el horizonte.
Tampoco yo dije nada.
No hubo gesto, ni revelación, ni palabras aclaratorias.
Y sin embargo, aquel silencio no se sentía vacío—se sentía pleno.
En esa quietud, algo pasó entre nosotres: no es un mensaje, ni siquiera una comprensión, sino una suerte de permiso:
el de existir sin necesidad de explicarse.
El de estar presente sin necesidad de actuar.

Aquel momento permanece no por ser dramático, sino precisamente por no haber sido planificado.
No lo esperaba y no habría sabido recrearlo.
Solo supe, después, que había estado ante algo especial:
una intimidad que no pedía más que ser.

Y sin embargo, no toda intimidad nace del silencio ni de la presencia del otro.
Hay una que llega más tarde, en la escritura—en ese largo intervalo entre sentir y decir.
Otra solo seria posible gracias a la distancia silenciosa con que se permite la reflexión.

La palabra intimidad suele evocar cercanía física:
el ámbito del tacto, la proximidad, los amantes, los secretos susurrados en la oscuridad.
Sin embargo, ¿y si la intimidad tuviese menos que ver con la cercanía y más con el permiso?
El permiso de estar sin defensas.
De moverse con lentitud.
De no ser del todo claro—y aun así ser merecedor de confianza.

Ser íntimo con alguien no es solo ser conocido, sino ser visto—
visto sin la presión de explicarse con rapidez o justificar lo que se siente.
Es una apertura, pero también un riesgo:
el riesgo de ser malinterpretado, y el riesgo más hondo de ser comprendido demasiado bien.

Algunas formas de intimidad se dan cara a cara.
Otras requieren distancia.
Unas surgen en el diálogo.
Otras precisan una sola voz, que hable en soledad desde una habitación en silencio.

Ahí comienza la escritura—
no como puesta en escena, sino como conversación larga e ininterrumpida.

La intimidad cambia según el contexto, el tiempo,
y la forma del yo que entregamos al otro.
No es una sola cosa—
no solo cercanía, ternura o vulnerabilidad—
sino un conjunto de maneras en que nos permitimos ser conocidos
y, a veces, conocer a alguien más.

Está la intimidad corporal—
quizá la más visible y la menos comprendida.
Pertenece al tacto, a la proximidad,
a la atracción instintiva por la presencia del otro.
Pero esta forma puede engañar:
la cercanía física sin resonancia emocional es frecuente—
y fácil de fingir.
No obstante, cuando el cuerpo y la emoción se alinean,
surge una sintonía sin palabras:
una mano que reposa en un hombro el tiempo justo;
una respiración que entra en ritmo sin proponérselo.

Luego está la intimidad emocional:
el valor pausado de decir lo que se siente—
no solo cuando es hermoso o conveniente,
sino cuando es torpe, incompleto o crudo.
Esta forma no se da—se gana.
Puede tardar años, o nacer en una sola noche.
Ahí vive la confianza—o se rompe.

También existe la intimidad intelectual:
la que emerge en la conversación
cuando las ideas fluyen sin que nadie se atrinchere.
Es rara.
La mayoría de los espacios sociales premian la velocidad,
el brillo superficial o la cortesía segura.
Pero a veces, con alguien igualmente curioso,
el pensamiento se expande ante la presencia del otro—
no por coincidencia, sino por resonancia.
Nada hay que demostrar—
solo el placer de descubrir.
Eso es intimidad intelectual.
Genera otro tipo de cercanía—
no de sentimiento, sino de percepción.

Más extraña aún es la intimidad narrativa—
la que se forma no entre dos personas en una misma habitación,
sino entre quien escribe y quien lee,
separados por el silencio y el tiempo.
No es inmediata—
pero no por ello menos real.
Una voz surge desde la página
y parece hablarte directamente,
como si conociera los contornos de tu pensamiento.
Te sientes comprendido—sin haber sido visto.
Quizá nunca llegues a conocer a quien escribió esas palabras,
pero algo en ti se transforma.
Ya no estás solo.

Estas no son categorías rígidas.
Se superponen, se interrumpen, se evocan.
Uno puede profundizar otra.
La presencia física puede generar seguridad emocional.
La cercanía intelectual puede abrirse a una ternura inesperada.
Y aun así, cada una tiene su propio ritmo,
su propia gramática—
y sus propios riesgos.

En esa complejidad, la intimidad deja de ser una condición.
Se convierte en una práctica:
algo que se aprende,
se pierde,
se revisa,
y a veces se escribe
cuando ninguna otra forma es posible.

La escritura, también, es una forma de intimidad—
no solo con los demás,
sino con uno mismo.
Sobre todo cuando se es honesto—
cuando lo escrito no busca solo ser ingenioso o correcto,
sino verdadero.
Ese tipo de escritura no halaga.
No discute.
Revela.

Escribimos para hacer emerger algo—
no solo para una audiencia,
sino para escucharnos pensar,
para ver lo que aún no sabíamos que sentíamos.
Al escribir, nos volvemos testigos de nuestra propia conciencia—
tanto de su lucidez como de sus evasiones.

Seguimos una frase
no solo por su lógica,
sino por la emoción que transporta.
Y cuando esa emoción se quiebra,
sabemos que hemos perdido el hilo.

Entonces volvemos a empezar, una y otra vez—
no solo para explicar,
sino para decir algo que nos parezca justo.

En ese sentido, escribir es un acto ético.
Exige atención.
Requiere paciencia.
Nos invita a habitar nuestra propia experiencia
con precisión—
incluso cuando esa experiencia es fragmentaria o irresuelta.

Y si tenemos suerte—
si somos honestos—
algo en ese esfuerzo llegará a alguien más.
No para impresionar.
No para convencer.
Sino para acompañar.

A veces uno se extiende—con cuidado, con sinceridad—y recibe a cambio silencio, indiferencia o una respuesta tan desentonada que uno se siente ingenuo por haberlo intentado.
Otras veces, el fracaso es más sutil:
una conversación que se dispersa justo cuando algo verdadero empieza a tomar forma—o un oyente que oye tus palabras pero no tu significado.

Esos momentos quedan.
No por dramáticos, sino porque nos recuerdan cuán frágil puede ser la intimidad.
No se puede forzar—igual que no se puede forzar la humildad.
Ambas requieren una entrega callada—una disposición a ofrecer algo sin saber cómo será recibido.
Podemos preparar el terreno, hacer el gesto, arriesgar la verdad—pero lo demás depende del otro:    de su momento, su capacidad, su voluntad de encontrarnos allí.

También está la experiencia de ser malinterpretado—no solo en los hechos, sino en la esencia.
Intentas decir algo que importa, y la otra persona responde a lo que cree que dijiste—o a una versión de ti que nunca fuiste.
Es un golpe—
ese desencuentro entre lo que trataste de compartir y lo que realmente llegó.
El deseo de intimidad se convierte en exposición sin conexión—una herida en vez de un puente.

A veces evitamos la intimidad no porque no la deseemos, sino porque tememos lo que podría costarnos.
Se nos ha hecho sentir torpes—por cuidar demasiado, o por mostrarnos demasiado.
O hemos compartido algo íntimo solo para verlo tratado con ligereza—o analizado sin sentir.
Después de eso, nos volvemos cautos.
Hablamos menos—o en fragmentos—o no hablamos en absoluto.

Es a raíz de esos rechazos—grandes o pequeños—cuando escribir deja de ser una simple expresión.
Se convierte en reparación.
La escritura nos permite recuperar lo que se perdió en el momento—
nombrar lo que nunca llegó a su destino,
terminar el pensamiento que nadie esperó,
decirlo otra vez—esta vez sin interrupciones, sin suposiciones, sin miedo.

Y aunque la escritura no pueda deshacer el fracaso de un momento compartido, sí puede ofrecer otra cosa:
coherencia.
Un registro.
Una forma de verdad que permanece—aunque no haya sido oída.

Así, la escritura se vuelve un acto silencioso de insistencia—
no contra el mundo, sino a favor del autor.
Es una forma de decir:
Lo que traté de compartir sigue importando—aunque no haya sido recibido.

Al final, la intimidad no es un estado, sino un gesto—
repetido una y otra vez—
hacia la comprensión,
hacia la presencia,
hacia un entendimiento compartido que puede llegar… o no.

A veces ese gesto es una palabra dicha en el momento justo.
A veces es un silencio sostenido el tiempo suficiente para que el otro hable.
Y a veces es el acto de escribir—solitario, paciente, inconcluso—
ofrecido no a una multitud,
sino a un solo lector imaginado
que, algún día, tal vez necesite lo que ahora intentas decir.

La escritura, en su raíz, es una forma de escucha.
No solo hacia los demás,
sino hacia el yo que no se apura,
que no actúa,
que no necesita convencer.

Hacia el yo que espera—
que desea ser reconocido no por lo que logra decir a toda prisa,
sino por lo que sigue intentando decir con delicadeza.

Por eso vuelvo a la página:
no porque garantice conexión,
sino porque mantiene la puerta abierta.
Porque en un mundo que exige rapidez, certeza y encanto,
la escritura da lugar a algo más lento y más fiel:
el gesto largo, inacabado, de intentar alcanzar a alguien—
quizá incluso a uno mismo—
con algo resonante.

Y cuando la intimidad sucede—en la página o en la vida—
nunca es por haber encontrado las palabras perfectas.
Es porque alguien se quedó.
Alguien escuchó.
Alguien dejó que el momento se abriera—sin apresurarse a cerrarlo.

Eso es lo que hago ahora:
escribir no para cerrar algo,
sino para dejarlo abierto—
para que algo de mayor hondura pueda entrar.

*

Ricardo F. Morín Tortolero
Capitol Hill, D.C., 9 de junio de 2025


« Un ensayo sin respuestas »

May 28, 2025

Ricardo F Morin
“Serie de Triangulación M”
C-Print
2007

Sobre la vulnerabilidad

*

Dedicado a mis hermanos

Hay un cierto tipo de individuo que el mundo tiende a admirar:

agudo con las palabras, sereno, deliberado.

Se mueve por la vida como si nunca hubiera dudado del sonido de su propia voz.

Sus gestos son ensayados, sus opiniones inquebrantables.

Es una representación de autoridad.

Y para muchos, resulta fascinante.

Pero yo nunca encajé en ese molde.

No vivo en una postura contraída como quien se cuadra ante el mundo.

No hablo en declaraciones tajantes.

No aspiro a dominar una sala.

Y cada vez creo con más firmeza que lo que define a una persona,

en realidad no es con cuánta fuerza se presenta,

sino con cuánta honestidad se muestra.

La vulnerabilidad nunca ha estado de moda.

No arranca aplausos.

No conquista escenarios.

Pero es ahí donde he encontrado la mayor verdad.

No en tener razón.

Ni en ser admirado.

Ni en parecer intocable.

Sino en reconocer cuánto ignoro,

cuántas veces he fallado,

y cuánto de la vida se resiste a ser explicado.

Nos enseñan a actuar como si nos hubiéramos ganado nuestro lugar:

por esfuerzo,

por inteligencia,

por un valor innato.

Pero he vivido lo suficiente para ver cuánto se da por sentado,

cuánto se favorece,

cuántas puertas se abren no por mérito,

sino por circunstancias,

por apariencias,

por cercanía al poder.

El mundo halaga la actuación.

A menudo confunde el ruido con la profundidad,

la certeza con la sabiduría.

Pero debajo de todo eso,

somos falibles.

Dolorosamente falibles.

Nos equivocamos.

Herimos a otros.

Nos retiramos cuando deberíamos haber permanecido.

Y hablamos cuando el silencio habría sido más amable.

Nos contamos historias para sobrevivir,

no siempre para comprender.

Y sin embargo,

esa falibilidad no es vergonzosa.

No es un defecto que deba castigarse.

Es la parte más humana de nosotros.

El error no está en equivocarse.

Está en fingir que no lo hacemos.

La intimidad verdadera empieza donde termina la actuación.

Cuando dejamos de curarnos.

Y permitimos que otros vean lo real:

nuestra confusión,

nuestro miedo,

nuestro amor imperfecto.

He dejado de querer impresionar.

Quiero ser conocido.

Quiero conocer a los demás.

No por sus logros,

ni por sus poses,

sino por las verdades calladas que llevan dentro.

No necesito que nadie sea perfecto.

Necesito que estén presentes.

Que me encuentren en algún punto bajo la superficie.

Eso, para mí, es la verdadera fortaleza.

No la que domina multitudes,

sino la que se sienta frente a otro, sin defensas,

y dice:

“A mí también me pasa.

Yo tampoco lo tengo todo claro.”

Puede que el mundo nunca recompense esa clase de honestidad con aplausos.

Pero sí la recompensa con conexión —con momentos que se sienten reales, humanos, duraderos.

Y al final, creo que esa es la única forma de reconocimiento que realmente importa.

No la ilusión de certeza,

ni la puesta en escena de la fuerza,

sino la disposición a volver,

una y otra vez,

a ese lugar silencioso dentro de nosotros—

el lugar donde somos falibles,

abiertos,

y plenamente vivos.

Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, 28 de mayo, 2025

« Ecos de un decantador: reflexiones sobre Historia y Trabajo »

March 16, 2025


*

Decantation [2003], CGI by Ricardo Morín

El aire dentro de la vieja fábrica era denso, cargado de polvo y convicción.      Habían fregado los suelos, repintado las paredes, reclamado el espacio de su pasado, pero el olor a óxido y mugre aún persistía.      El aire conservaba el rastro de un esfuerzo olvidado, de una historia impregnada en el polvo, como una huella que se rehúsa a desvanecerse

Emilio se encontraba sobre un escenario improvisado, elevado por dos palés apilados.      Su voz se proyectaba por toda la sala, cada palabra golpeando con certeza.

—No estamos repitiendo errores pasados.      Estamos forjando un nuevo camino, más allá de los fallos del capitalismo y las traiciones del socialismo.      Esta vez, lo haremos bien.

Aplausos.      Asentimientos de aprobación.      Ya habían escuchado esas palabras antes, pero esta vez, las creían.

Griselda permanecía sentada al fondo, con los brazos cruzados y el rostro inescrutable.      Décadas atrás, había estado en el mismo sitio, escuchando una voz diferente, pero la misma promesa.      La fábrica, resucitada otra vez, parecía distinta, pero el sitio seguía siendo el mismo: un decantador astillado, vertiendo la misma historia, lenta e inexorablemente.

Tras el discurso, mientras la gente se agrupaba en pequeños círculos de conversación animada, Emilio se acercó a ella.

—No pareces convencida.

—La pasión es fácil—dijo ella, tras una breve pausa.      Más exigente es la dirección.

Emilio le sonrió como quien concede indulgencia a un anciano.

—Esta vez es diferente, Griselda.      Hemos estudiado la historia.      No repetiremos sus fallas.

Ella exhaló y dirigió la mirada más allá de él, hacia la multitud.      La fábrica vibraba apacible detrás de ellos, como una máquina empezando a recordar sus ritmos de antaño.

—Malinterpretas la historia —murmuró—.      No es algo que se repite.      Es algo que se te vuelve, lo invites o no.

Él ladeó con la cabeza y dijo:      « No creo en fantasmas ».      Pero el aire, plúmbeo con el peso del pasado, parecía vibrar con una inevitabilidad tácita.      Le hacía recordar a Griselda algo contenido en cristal:      preservado, pero condenado a la fragilidad de quien le observa.


Las primeras semanas fueron como una superficie pulida, sin arañazos, resplandeciente.      Pero las fisuras aparecieron, pequeñas al principio, como una fina línea que se extiende sin que nadie la viera venir.

Cada decisión pasaba por la asamblea.      Cada trabajador tenía voz, parte e interés por igual.      El viejo engranaje rugía de nuevo bajo manos rehabilitadas.      Imprimían nuevos carteles proclamando la abolición del patrón, el renacimiento del trabajo.

Por fin, el trabajo tenía un propósito más justo.

Las primeras fisuras aparecieron, discretas al principio.

Las reuniones se alargaban durante horas, debates circulares sin resolución.      Algunas tareas eran más deseables que otras; algunos evitaban las más arduas, invocando objeciones ideológicas.

—¿Por qué uno debe cargar con el trabajo pesado mientras otro coordina?

—Griselda dejó la pregunta suspendida en el aire.

Luego llegó la primera crisis real:    un pedido grande, una fecha límite, la necesidad de eficiencia.      La fábrica se movía demasiado lento.      La asamblea se estancó.      Estallaron discusiones.

—Necesitamos a alguien que supervise la producción —admitió Emilio—.      Sólo temporalmente!

Se sometió a votación.      Se designó a un mediador.      No era un gerente, se decían a sí mismos, sino un guía.      Pero el equilibrio ya había cambiado.      La fábrica, como un navío atrapado en una marea implacable, comenzaba a cargar más de lo que podía sostener, como el plomo en un decantador de cristal.

Griselda observaba en silencio.


El mediador, para mantener el flujo de trabajo, tomó decisiones rápidas.      La asamblea las aprobaba después.      La diferencia era sutil, pero creció.

Algunos trabajadores eran más hábiles en ciertas tareas, por lo que los roles se solidificaron.      Alguien debía negociar con los proveedores.      Alguien debía asegurarse de que se cumplieran los plazos.      El mediador asumió esas funciones porque era lo más práctico.

—Necesitamos estructura.      No jerarquía, sólo orden—Emilio asintió con un gesto de firmeza—sus ojos vacilaban.

Emilio, agotado, asintió sin convicción, como si el peso de las palabras que acababa de pronunciar le resultara cada vez más ajeno.      El engranaje, que al principio giraba sin trabas, empezó a arrastrarse bajo un peso creciente.      Algo obstinado y transitorio a la vez, reacio a ceder a la voluntad de nadie.      Como el decantador que vierte un líquido pesado, pero nunca termina del todo su confinamiento.

Una noche, solo en su oficina—la oficina que no debía existir—, hojeó viejos libros.      Las palabras le eran familiares, pero ahora las leía de otro modo.      Encontró un pasaje de un antiguo texto revolucionario, subrayado por su propia mano años atrás:

« La gran ilusión del poder es fingir que no existe ».

Cerró el libro, apesumbrado por su claridad irrefutable.      Sus dedos se demoraron en el borde del papel, como si buscasen algo que ya se había escapado, como el agua filtrándose por una grieta.

Emilio cerró los ojos por un momento, como si ese simple gesto pudiera anular la brutalidad de la realidad.      Los pasillos vacíos de la fábrica resonaban con ecos lejanos, ecos de promesas rotas.      ¿Cuánto tiempo había creído que el poder era algo que podía manejar?      Pero la verdad, al final, era innegable.      La gran ilusión del poder, pensó, es fingir que no existe.      Fingir que no es una farsa tan cruda como esta.


La siguiente crisis llegó sin aviso.      Una huelga.      Contra ellos mismos.

Algunos exigían un salario más alto.

—¿No debería el trabajo ser compensado según el esfuerzo?

Eran iguales, pero algunos cargaban más trabajo que otros.

Emilio intentó razonar con ellos.

—Así no funciona esto.      Estamos rompiendo un ciclo.

—¿Rompiendo?— La palabra flotó en el aire como un desafío.      Luego, una sonrisa amarga se formó en sus labios, casi imperceptible.    

—Entonces, ¿por qué tú te sientas en la oficina mientras nosotros sudamos en el taller?

No tuvo respuesta.

Otra votación.      Otra reestructuración.      Una nueva propuesta:     un comité de supervisión.      El comité se convirtió en una junta.      Inversores externos ofrecieron estabilidad financiera.      Una pequeña concesión.      Un mal necesario.

Al cerrar el año, la fábrica era un laberinto de regulaciones.      Justo lo que juraron evitar.

Los pasillos, antes llenos de un bullicioso fervor, ahora eran como túneles de murmullos sospechosos.      Los trabajadores, ya no unidos en su causa, susurraban sobre la ‘junta’ como si fuera una entidad distante, ajena a sus vidas.      La huelga había pasado de ser un grito colectivo a una sombra solitaria, con rostros antes iluminados por la esperanza ahora marcados por la desconfianza.      La solidaridad se deshacía como el polvo bajo sus pies.

Emilio encontró a Griselda en la sala de descanso, tomando té.

—Lo intentamos —dijo él.

—Nosotros también —respondió ella.

Silencio.

—¿Por qué siempre termina así?

Griselda puso la taza sobre la mesa.      Sus ojos, presos del agotamiento, como si cada mirada llevara el peso de promesas rotas.

—Porque somos humanos. . . , imperfectos.


Años después, Emilio pasó frente a la fábrica.      Seguía en pie, funcionando.      No revolucionaria.      No un fracaso.

Dentro, un nuevo grupo de jóvenes activistas se había reunido.      Su líder, apenas mayor de lo que él había sido, hablaba con fervor, de pie sobre palés apilados.

—No estamos repitiendo el pasado.      Estamos forjando un nuevo camino.      Esta vez, lo haremos bien.

Emilio no se detuvo a escuchar.

A la distancia, Griselda observaba.

—Y así otra vez—susurró Griselda, como si las palabras fueran una condena, un eco de todo lo que ya había vivido.


Ricardo Federico Morín Tortolero
15 de marzo de 2025; Oakland Park, Florida


« El Algoritmo del Gallo »

March 1, 2025

*

“Rooster’s Crow” [2003] de Ricardo F. Morín.
Acuarela sobre papel, 99 cm de alto x 65 cm de ancho.

*

Introducción

Al despuntar el alba, el canto del gallo rasga el silencio—agudo e insistente—arrastrando a todo aquel que lo oye a la conciencia de un nuevo día.

En la pintura Rooster’s Crow, los colores giran en una confluencia de rojos y grises, capturando al ave no como un sereno heraldo del amanecer, sino como un símbolo de agitación.      Su forma retorcida, sus plumas dispersas y sus líneas fracturadas reflejan una corriente de cambio más profunda—un choque de fuerzas, caótico e inevitable.      La imagen sugiere el flujo incesante del tiempo y el peso de las transformaciones que siempre lo acompañan.

En esta narrativa en evolución, la fragmentación del canto del gallo refleja la expansión de la Inteligencia Artificial.      Antes, su grito anunciaba la llegada del día; ahora, resuena en una transformación más compleja—un equilibrio cambiante entre los ritmos de la naturaleza y la creciente influencia de los sistemas tecnológicos.      La silueta del gallo, fracturada en su estela, se convierte en un reflejo de las tensiones entre la agencia humana y el auge de fuerzas que, aunque diseñadas por nosotros, pueden escapar a nuestra plena comprensión.      Aquí, la Inteligencia Artificial actúa tanto como agente de cambio como posible arquitecta de un futuro que ni podemos prever ni controlar.

« El Algoritmo del Gallo »


Un gallo no canta para advertir ni para invitar; su llamado es sólo el sonido de la inevitabilidad, crudo y urgente, ajeno a la respuesta de quienes lo escuchan.      No ordena el amanecer ni espera permiso—simplemente anuncia lo que ya ha comenzado.

En la dinámica cambiante de la ambición y el poder, la tecnología ha asumido un papel similar.      Modelada por la intención humana, avanza bajo la guía de quienes la programan, su influencia determinada por las prioridades de sus arquitectos.      Para algunos, representa el umbral de un progreso sin precedentes, una vía para superar las limitaciones humanas; para otros, encarna una nueva forma de dominio, un instrumento que redefine la administración de sociedades de maneras antes impensables.      Se ensalza su eficiencia como virtud, prometiendo simplificar la gestión, eliminar fricciones y suprimir la imprevisibilidad de la deliberación humana.      Pero una máquina no negocia ni disiente.      Y en manos de quienes ven la democracia como un lastre—un obstáculo al avance—los algoritmos dejan de ser simples herramientas para convertirse en los verdaderos mediadores del poder.

Tomemos un ejemplo cotidiano: los sistemas de recomendación en línea. Presentados como facilitadores de la elección individual, en realidad modelan lo que vemos y oímos, influyendo en nuestras decisiones antes incluso de que las tomemos. Algo similar ocurre con la administración de sociedades mediante modelos computacionales: ofrecen la ilusión de autonomía mientras restringen el margen real de acción a lo que su lógica predice que preferiremos. El resultado es un dilema inquietante: creemos decidir libremente, cuando en realidad son los sistemas quienes trazan el camino.

Hubo un tiempo en que la lucha por el control se libraba de forma visible—conquistas territoriales, leyes reescritas a la vista de todos.      Ahora, el enfrentamiento ocurre en espacios menos tangibles, donde líneas de código determinan el rumbo de naciones, donde ecuaciones complejas deciden qué voces serán amplificadas y cuáles silenciadas.      El poder ya no reside exclusivamente en los uniformes ni en los cargos electos.      Se desplaza hacia tecnócratas, corporaciones y oligarcas cuya influencia trasciende los límites de cualquier gobierno.      Algunos proclaman abiertamente su propósito de transformar el mundo; otros operan en la sombra, dejando que la corriente avance hasta que oponerse sea imposible.      La cuestión ya no es si los algoritmos gobernarán, sino quién dictará su curso.

El sistema de crédito social en China ya no es una teoría, sino una realidad donde el comportamiento se moldea mediante incentivos y restricciones apenas perceptibles.      Modelos predictivos rastrean y condicionan acciones individuales, configurando hábitos sin que sus sujetos lo noten hasta que el cambio es irreversible.      En Occidente, las estrategias son menos explícitas, pero no menos efectivas:      las plataformas diseñadas para conectar a las personas ahora son herramientas de persuasión masiva.      La desinformación ya no es producto de la acción humana; se genera a escala, con una precisión matemática que moldea percepciones sin levantar sospechas.

En este contexto, la paradoja del conocimiento incompleto de Gödel resulta reveladora:      Ningún sistema puede explicarse completamente a sí mismo.      A medida que los modelos de aprendizaje automático se expanden y se refinan, comienzan a reflejar esta misma limitación.      Desde los algoritmos que curan contenidos hasta los que rigen los mercados financieros, su funcionamiento se vuelve progresivamente opaco, incluso para sus propios diseñadores.      La paradoja es clara:      cuanto más poderosos, más incontrolables.

A medida que estos sistemas se fortalecen, la línea entre la administración pública y la autoridad corporativa se difumina.      La regulación, cuando existe, va siempre un paso atrás.      Alguna vez se pensó que la tecnología nivelaría el campo de juego, potenciando al individuo.      Pero la ambición desbocada no se pregunta si debe avanzar, solo si puede hacerlo.      Y así, el desarrollo continúa, impulsado por quienes creen que la complejidad del gobierno puede ser sustituida por la precisión de las máquinas.      La promesa de progreso es seductora, incluso cuando socava las estructuras que históricamente protegieron contra el autoritarismo.      ¿De qué sirve una prensa libre cuando la información puede ser filtrada en tiempo real?      ¿Qué valor tiene un voto cuando las percepciones pueden ser moldeadas sin que lo advirtamos, guiándonos hacia decisiones que creemos propias?      La maquinaria del control ya no reside en ministerios de propaganda, sino en redes neuronales cuyo alcance y falta de supervisión las vuelven inabordables.

Algunos sostienen que estos sistemas corregirán sus propios excesos, que su deriva autoritaria se revertirá con el tiempo.      Pero la historia no siempre justifica tal optimismo.      Cuanto más eficiente es un mecanismo de control, más difícil es desafiarlo.      Cuanto más integrada está la supervisión en la vida cotidiana, menos visible se vuelve.      A diferencia de regímenes pasados, que imponían la obediencia por la fuerza, el nuevo paradigma no necesita ordenar; le basta con diseñar un entorno en el que disentir sea impracticable.      No requiere reprimir cuando puede ofrecer comodidad.      La pérdida de libertad no siempre llega con el sonido de botas marchando; puede infiltrarse en silencio, disfrazada de conveniencia, hasta que no quede alternativa.

Pero la inevitabilidad no garantiza la conciencia.      Aunque el sistema se cierre en torno a sus engranajes y las decisiones se conviertan en ecos de una lógica impersonal, el mundo sigue girando, ajeno a quienes quedan atrapados en su maquinaria.      Los arquitectos de este orden no se ven a sí mismos como señores del control, sino como innovadores, solucionadores de problemas que buscan optimizar la ineficiencia humana.      No se detienen a preguntar si la administración de sociedades estaba destinada a ser eficiente.

En una sala donde las decisiones ya no necesitan ser tomadas, se da un intercambio.      Una voz sintética, pulida e impersonal, responde a una consulta sobre el alcance del sistema.

La gobernanza no se está automatizando —declara—.      Sólo se mantiene la apariencia de su existencia.

La frase flota en el aire, seguida por un instante de silencio.      Un funcionario, un ingeniero o quizá un burócrata—convencido alguna vez de que ejercía control sobre el proceso—titubea antes de formular la última pregunta.

¿Y qué ocurre con la elección?

Una pausa.      Luego, la voz, sin vacilar:

La elección es un vestigio del pasado.

El peso de la respuesta se asienta, no como una proclamación de triunfo, sino como la confirmación de un desenlace largamente anticipado.      La última jugada fue ejecutada mucho antes de que la pregunta se hiciera.

Y afuera, como si subrayara la conclusión de todo, un gallo canta una vez más.

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Ricardo Federico Morín Tortolero
1 de marzo de 2025; Oakland Park, Florida


« Cartas de amor a Nueva York »

February 27, 2025


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Selfie 2024

Nota del autor

« Cartas de amor a Nueva York » fue escrito tras la muerte de mi hermana menor, Andreina.   En nuestra temprana adultez,  cuando enfrentaba la certeza de morir de SIDA,  supe de su diagnóstico de esquizofrenia.   Nuestras vidas quedaron unidas por distintas formas de vulnerabilidad y resistencia.   Su supervivencia se volvió inseparable de la mía.   Con el tiempo,  llegué a definir parte de mi identidad a través del apoyo emocional,  intelectual y material que le brindé.   Cuando ella murió a los sesenta y nueve años y yo me encontraba estable a los setenta y uno,  experimenté no solo dolor,  sino la pérdida de un papel que había moldeado mi identidad.   Fue en ese momento cuando la escritura se convirtió en un medio de supervivencia.   Lo que sigue surgió de esa necesidad.

Viví en Manhattan desde 1982 hasta 2021, aunque nunca planeé quedarme.     Al principio, debía ser algo temporal, un punto de espera antes del regreso de Jurek.     Pero entonces me dijo que se quedaría en Berlín.     Su decisión, no la mía, fue lo que me ancló en la ciudad.     Y cuando supe que la muerte se lo había llevado, la espera se convirtió en duelo, y Manhattan pasó a ser otra cosa:     tal vez un sustituto, tal vez una necesidad.

Nos admirábamos mutuamente.     Nuestras conversaciones me formaron, profundizaron mi comprensión del arte y reforzaron los instintos creativos que me guiaban.     Como en toda relación significativa, nuestros intercambios nos definieron.     Jurek tenía un sentido profundo de lo que consideraba arte elevado, y su visión me desafió a mirar más allá de mis propios límites.     Incluso después de su partida, su influencia persistió, aunque la ausencia es una pobre compañera de la inspiración.

Aun así, tenía que encontrar mi lugar en Manhattan, entre sus corrientes creativas, sus exigencias implacables y sus contradicciones.

Mi formación académica había sido en bellas artes, pero derivaba hacia el teatro, como ya me había ocurrido años antes en Venezuela.     Durante el tiempo que pasé con Jurek, pasé del entorno experimental del Departamento de Arte de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo (Bethune Hall) al mundo de las convenciones teatrales del Departamento de Diseño de la Escuela de Drama de Yale.     Entre ambos momentos, viajé con Jurek por Europa y asistí a seminarios de escenografía en la Escuela Internacional de Arte de Salzburgo.

En la bienvenida a los nuevos estudiantes del Departamento de Diseño de Yale, el director mencionó mi llegada como si fuera “vía Salzburgo”, con un tono que me pareció entre jovial y afectado.     Aquella observación me quedó grabada durante años: nunca supe si era admiración o algo más.     En lugar de cuestionarla, desvié la conversación hacia la influencia de Albert Spaulding Cook en Buffalo, cuyas obras guiaron mi decisión de tender un puente entre las bellas artes y el teatro, pasando de mi propia concepción del arte a la visión de Cook sobre el papel interpretativo del diseñador al servicio del dramaturgo.     La reacción del grupo fue inmediata y reveladora.     Un par de profesores no respondieron a mis objetivos, sino al simple hecho de haber mencionado a Cook, cuestionando si alguna vez había estado en Buffalo.     Yo sabía perfectamente que sí, pero elegí no discutirlo.     No tardé en percibir una resistencia sutil a ideas que no encajaban con las normas establecidas:     quizás un reflejo de las prioridades de la facultad, aunque nunca llegué a determinar con claridad cuál era mi lugar dentro de ellas.     Después de mi segundo año, el director me preguntó si deseaba continuar.

Durante los tres años del máster, no encontré el rigor formal que esperaba, aunque así seguí adelante.     Mis aspiraciones en las bellas artes permanecían intactas, pero mi estabilidad dependía de mi papel como escenógrafo, un rol en el que se esperaba que me ajustara a un oficio interpretativo en lugar de perseguir el arte en mis propios términos.     El programa priorizaba la adhesión a estándares establecidos por encina de la exploración de nuevas formas, una estructura que chocaba con mi deseo de elevar la escenografía, de transformarla en un arte capaz de situarse junto a disciplinas más expresivas, en lugar de quedar relegada a un papel secundario.     El principal consejero del programa, nunca lo habría admitido.     No supe si mi enfoque le inquietaba o simplemente divergía demasiado de sus expectativas.     Permaneció en su cargo hasta avanzada edad.     A veces me pregunto qué pensó sobre aquellos años de discusión, si es que alguna vez pensó en ellos.

En Manhattan, los caminos de la escenografía y la pintura se cruzaban, pero ninguno ofrecía estabilidad o un horizonte definido.     Las redes profesionales parecían desarticuladas.     Desde Broadway, donde trabajé como asistente principal, hasta los escenarios experimentales del Off-Off-Broadway, la lucha era la misma.     Tanto en lo personal como en lo profesional, encontraba motivos de inquietud.     Fueron también los años marcados por la crisis del SIDA, un periodo que dejó una huella imborrable en mí.     Atravesé aquellos años, aunque también me transformaron.

Caminar por las galerías y calles de Manhattan en los años ochenta era como recorrer un laberinto sin salida.     Se oía el murmullo de nuevas ideas y la promesa de fortuna, pero cada esquina conducía a otro callejón, igual que mi trabajo en escenografía.     Broadway era un campo de competencia intensa, y el Off-Off-Broadway, un entramado de almacenes olvidados.     Cada callejón y cada cafetería a la que entraba parecían ofrecer una promesa de conexión que rara vez se cumplía, mientras la ciudad devoraba a los agotados y descartaba a quienes no podían sostener la intensidad de una precariedad laboral sin compensación.

La falta de oportunidades para establecerme como escenógrafo reflejaba mi exclusión del circuito de galerías.     Ambas cosas planteaban una misma dificultad:     ¿Cómo encontrar oportunidades reales para construir una reputación?     Algunas puertas nunca se abrieron; otras se cerraron antes de que pudiera cruzarlas.     Un reconocido diseñador de Broadway solía presentarme como su asociado y como un gran artista, pero jamás me permitió competir en igualdad de condiciones.     Los ingresos que lograba asegurar eran, en el mejor de los casos, insuficientes.     La competencia era intensa, impulsada más por intereses comerciales que culturales.     Las galerías, por su parte, estaban dirigidas por marchantes que operaban bajo modelos centrados en la rentabilidad inmediata, mientras que los directores artísticos de teatros priorizaban el beneficio a corto plazo por encima de la innovación.     La promesa de estabilidad, efímera o no, resultaba inalcanzable.     La supervivencia dictaba mis decisiones me obligaba a sortear limitaciones en lugar de superarlas.

En una ciudad que se reinventaba sin cesar, donde la adicción y la lucha eran visibles en sus calles, parecía que pocos permanecían intactos.     Las aceras fracturadas bajo mis pies reflejaban mis propias ambiciones fragmentadas.     Había días en los que ni siquiera reconocía los barrios que una vez llamé hogar.     En lugares donde la vida se reducía a la mera supervivencia, donde las aceras estaban sembradas de viales de crack y la gente deambulaba tambaleante, ¿cómo podía esperar prosperar, mucho menos crear algo duradero?

La escenografía en el mundo del espectáculo era ardua, y la paga, escasa, aunque la ejercía por amor al oficio.     En una ocasión, un productor comentó que disfrutar tanto de mi trabajo parecía incompatible con la idea de recibir un salario por ello.     Con el tiempo, busqué seguridad en el diseño comercial y trabajé en documentales cinematográficos y en la industria del juguete.     Pero ni siquiera allí el profesionalismo garantizaba respeto ni justicia.     Los mismos desafíos persistían.     El Actors Fund of America y Visual AIDS ofrecían apoyo en tiempos difíciles y brindaban un espacio para recordar a los que habían fallecido y reflexionar sobre las luchas artísticas.

En los primeros años, la vida nocturna de Manhattan se sostenía en encuentros entre extraños, unidos por la necesidad de un contacto sin compromiso.  Había seguridad en ese anonimato, pero no respondía a lo que realmente se intentaba llenar, algo que iba más allá de un encuentro fugaz o de las paredes de un bar o de un apartamento alquilado por una noche.  Era una ciudad donde el amor rara vez encontraba estabilidad al tomar forma, y donde la independencia podía confundirse con libertad cuando en realidad se aproximaba al aislamiento y a una soledad difícil de reconocer.

A medida que luchaba en el mundo profesional, descubrí que la falta de plenitud en mi trabajo reflejaba la ausencia de amor en mi vida personal.     Ambas cosas eran el reflejo de una carencia más profunda que aún no sabía nombrar.     La inestabilidad no se limitaba al ámbito laboral.     Las amistades y las relaciones amorosas se deshacían con facilidad.     Perdí a muchos amigos a causa del SIDA, lo que intensificó mi sensación de aislamiento.     Más que cualquier revés profesional, fue la ausencia del amor lo que dejó una marca mas duradera.     Seguía debatiéndome con preguntas sobre mi propósito, preguntas que, tras años de reflexión, aún no tenían respuesta.     La búsqueda en sí misma se convirtió en una lucha—tan esquiva como el éxito en un entorno de exigencias constantes.

El olor a decadencia y el sonido de las sirenas nunca estaban lejos.     En barrios donde familias sin hogar vivían a la sombra de edificios que alguna vez fueron gloriosos, la supervivencia se lograba a cualquier precio—ya fuera una mano desesperada extendida para una limosna o una esquina convertida en algo más oscuro.     Había una frialdad en el avance implacable de la ciudad, como si todo fuera desechable.     Mi arte, mis esfuerzos, mis deseos—todos parecían enredados en ese mismo ciclo vicioso de consumo y abandono.

La inteligencia y la honestidad de BBT moldearon mi vida de maneras que, al principio, no supe comprender del todo.     Me sentí atraído por su compañía y busqué en ella el alimento creativo que parecía faltarme en otros lugares.     Por aquel entonces, creía poder sobrellevar los desafíos que enfrentaba—mi salud, afectada por el SIDA; carreras que no habían terminado de desarrollarse; relaciones marcadas por la falta de compromiso o de verdadero entendimiento.     Varios amigos, abrumados por sus propias batallas, optaron por quitarse la vida.     Aquel periodo se vio agravado por un ambiente opresivo y carente de satisfacción.     Seguía echando de menos a Jurek, quien había elegido Berlín para morir lejos de mí.     Nueva York me había mostrado la complejidad del amor en tiempos difíciles:     Sin duda, Manhattan era un lugar difícil para encontrar el amor y aún más para sostener una carrera en el mundo del arte, y sin embargo, aún me fascinaba.

Billy evitó que me retirara por completo; me ofreció tanto una compañía intelectual como la confianza en mi potencial creativo.

Pero nuestra relación no estuvo exenta de tensiones.     A veces, su insistencia en la estructura gramatical parecía más un reflejo de sus propias incertidumbres profundas que una simple demanda de disciplina.     Empecé a ver que, en su afán por impulsarme hacia la maestría, él mismo lidiaba con sus dudas.     Los dos estábamos en la misma búsqueda—tratando de demostrarnos algo, no solo al mundo, sino a nosotros mismos.     Hubo momentos en los que resistí su orientación, al igual que él resistió la mía, pero esa tensión, aunque incómoda, se convirtió en parte del vínculo que nos mantenía unidos.     En esas verdades difíciles comprendí que no éramos adversarios, sino compañeros de viaje, cada uno buscando su lugar en un mundo que rara vez tenía sentido.

La creatividad fue mi ancla, un medio para canalizar mi energía hacia algo significativo.     Incluso en los peores momentos, seguía encontrando consuelo en ella:     El roce de un pincel sobre el lienzo, una frase que cobraba sentido—pruebas de que la creación, y la vida misma, seguían siendo posibles.     La pintura había sido mi compañera de vida, pero cuando un mentor de mi juventud dejó recientemente los pinceles para dedicarse a la escritura, me pregunté:     ¿Por qué no podía hacerlo yo?     Billy me ayudó a reconocer mi potencial como escritor, un camino que había considerado por primera vez en mi infancia, mientras escuchaba a mi padre dictar cartas a su secretaria.     A los dieciséis años, un gramático me dijo que no solo era pintor, sino que tenía el potencial de una voz única, aunque con frecuencia le costaba entender lo que intentaba decir.

Cincuenta y un años de lucha y resistencia como inmigrante moldearon mi perspectiva.     Mi padre una vez calificó a uno de mis apartamentos en Nueva York como desagradable y juró no volver jamás.     Sin embargo, en ese mismo espacio, encontré momentos de conexión en medio de circunstancias difíciles.

Ese contraste nunca me abandonó:     lo que otros veían como miseria, yo lo experimentaba como un espacio de potencial.     Incluso en situaciones complicadas, el amor encontraba una forma de existir.

Manhattan, en su crudeza, me mostró el precio del progreso y el silencio de aquellos que quedaron atrás.     Yo también fui una víctima de ese silencio, vagando por las calles en busca de algo que llenara los espacios que se habían vaciado.     Manhattan era más que un simple telón de fondo; era tanto mi adversaria como mi cómplice.     Me desafió y me sostuvo por igual.     Moldeó mis luchas, pero también reveló momentos de significado, a veces de formas inesperadas.

El romance llegó en mis cuarenta, un intento por encontrar compromiso, pero no resonó de la manera que esperaba.     Cuando mi sentido de autonomía estuvo en peligro, preferí la soledad.     El silencio se instaló entre las paredes—un ritual callado de distancia, incluso de mis propias pasiones.

Recuerdo tanto validaciones como asaltos, de caras familiares y extraños por igual.     Sin embargo, incluso en los malentendidos, en los encuentros accidentales—sin importar su naturaleza—encontré significado.     Estaba aprendiendo de todos ellos.

En algún momento, escribí una carta a un Cardenal, un intento de articular la inequidad frente a la victimización en nuestro mundo.     Fue un ejercicio de gimnasia verbal, una forma de descifrar la realidad que habitaba.     Más tarde, inserté esta carta en una pintura compuesta titulada INRI:     Compuse su encabezado en un collage de billetes de un dólar, que había pegado permanentemente por temor a que fueran desfigurados.

Un museo me invitó a participar en una exposición importante que celebraba a los Artistas en el Mercado, pero solo si reemplazaba INRI con otra pintura, una inspirada por un fax que había enviado a un corresponsal de Newsweek en París.     Ese fax reflejaba mis preocupaciones: sobre el arte, sobre la lucha, y sobre el propio mercado que la exposición intentaba mostrar.     El corresponsal respondió con una postal que mostraba una pintura egipcia antigua de un hombre siendo devorado por una mula.     Una respuesta curiosa, pero adecuada a su manera, así que la hice parte de la pintura.

Sin embargo, ya había comprometido la pintura del fax a una galería de Midtown.     Rechacé la solicitud del museo a menos que aceptaran exhibir INRI.     El curador del museo dudó, incapaz de comprender completamente su significado.     Al final, no participé.     Su comentario de bienvenida en el vernissage fue:     “Eres todo un luchador por asistir”, como si presentarme a pesar de la situación fuera un acto de perseverancia.     Sin embargo, tal vez no fue tan trivial como parecía.

Las galerías, igualmente, operaban dentro de sus propias estructuras opacas.     Tomaban obras en consignación, reclamando el 40% del precio de venta, pero rara vez revelaban quiénes eran los compradores.     Una pintura que vendí desapareció en el anonimato, con solo una vaga garantía de que había sido “colocada bien.”     No había contrato para el comprador, ni registro de negociación más allá de un acuerdo verbal—un arreglo que a menudo dejaba a los artistas vulnerables, dependiendo de la discreción de la galería.     Aprendí que vender arte era tanto sobre confianza como sobre saber negociar el talento.

En otra ocasión, cuando los socios de una galería se separaron, propusieron llevar mi obra a Londres para su nuevo proyecto.     ¿Cómo podría confiar en ellos?

Hubo otros dos incidentes que trajeron tanto frustración como un sentido de ironía.     Una producción de California en los Queen’s Kaufman Studios desplazó cuatro de mis pinturas de mayor formato, que había ofrecido para alquilar.     Un coproductor había comentado inicialmente que mis pinturas parecían valer millones, pero el personal de almacenamiento las descartó.     Su negligencia tardó más de un año en ser compensada con una ínfima parte de su valor, tras una prolongada disputa entre tasadores.     Luego, un asesor de arte corporativo vendió una de mis pinturas y no me pagó el 60% completo de la cantidad acordada.     El mismo abogado voluntario que me representaba permitió que pagara en cuotas durante un año.     Y, sin embargo, sino no hubiese sido por estos eventos, no habría tenido ningún recurso para costear medicamentos experimentales no cubiertos por mi seguro médico.     En un momento dado, mi seguro fue suspendido debido a la falta de contratos sindicales, ya que trabajaba como freelancer sin afiliación sindical.

En los años posteriores, una galería en Dinamarca mostró interés en firmar un contrato de dos años que requería producir 20 pinturas al mes y solo compensaría por el costo de los materiales.     Dije de forma tajante: No, gracias, y el director se sintió ofendido por cómo negocié los términos.

Luego, llevé 25 años de mis pinturas de regreso a Venezuela, las cuales ahora están en almacenamiento—aunque incierto sobre su condición, estoy dispuesto a dejar que mi familia las venda a cualquier precio, siempre que las pinturas sobrevivan—mientras que la obra que evolucionó 18 años después la vendí en subasta—comenzando a $1 por pieza.

Estos momentos pueden parecer separados, pero reconozco su conexión:     Mis elecciones creativas y mi resistencia a las condiciones impuestas—¿fueron simplemente actos de desafío, o revelaron algo más profundo?     ¿Cuánto de mi lucha, mi insistencia en el significado, y mi renuencia a ceder, estuvo atado a la ausencia de amor?     ¿Hizo la ausencia de amor que el compromiso se sintiera como una traición a uno mismo?     ¿O cómo el amor (o su ausencia), dio forma a mi percepción de validación y rechazo?—Aún me lo pregunto.

Si tengo una visión única como artista visual, entonces las oportunidades que se me escaparon nunca fueron mías para sostener.     Mis manos no tuvieron nada que ver con ese conflicto.     Era mi destino.

La naturaleza sinuosa de la experiencia—la forma en que la desesperanza se convierte en arte, cómo un fax de desesperación o una carta se convierte en pintura—me recuerda que la creación y la pérdida siempre han estado entrelazadas.     Manhattan no fue solo un telón de fondo; provocó, dio forma y, en ocasiones, incluso dictó el significado.

Reflexionar sobre el pasado es, muchas veces, un ejercicio de futilidad.     El destino nos recuerda cuán determinados están nuestras vidas por fuerzas incomprensibles.     La agencia, en lo que ya ha pasado, es una ilusión.     Vivimos en una era de incredulidad y especulación, donde la desconfianza y la conflagración coexisten con la histeria de mentes que buscan certeza en la incertidumbre.     Para estas mentes, la vida se convierte en una herramienta de chismes y en una afirmación del miedo.     Son mentes de prejuicio y egoísmo, incapaces de concebir un futuro que no se alinee con sus propios desconciertos.     Es un síndrome de oscurantismo, donde la paranoia y el miedo reaccionario prevalecen sobre la razón, y el confinamiento epistemológico refuerza un estado en el que se desestiman las contradicciones en lugar de examinarlas, y la duda se explota como prueba de conspiración.     Es el rechazo de la complejidad a favor del dogma, un apego a la certeza que convierte la ignorancia en convicción y la especulación en doctrina.     No cambiamos el pasado diseccionándolo—solo agudizamos nuestra conciencia de cuán poco control teníamos en primer lugar.     Equilibrar la incertidumbre es una tarea de tontos.     La única gracia de dignidad que nos queda a los mortales está en aceptar nuestras limitaciones—no como derrota, sino como claridad.     No hay contradicción en esa aceptación.     Si algo, permite una forma diferente de agencia—no en alterar lo que fue, sino en decidir cómo existir dentro de lo que queda.

Mi historia no solo trata de la búsqueda del amor, sino de lo que el amor—ya sea encontrado, perdido o ausente—dejó en su estela.     La creatividad nunca fue separada del anhelo; emergió de él, llenó sus vacíos, y, en ciertos aspectos, se convirtió en la forma más duradera del amor.

Quizás estas conexiones no necesiten ser expresadas de manera directa.     Existen en los espacios intermedios—entre el arte y la supervivencia, entre las vidas con las que me crucé y las que desaparecieron, entre la ciudad que me golpeó y la ciudad que me formó.

Cuando finalmente conocí a David, mi esposo de los últimos diez años—aunque hemos estado juntos por veinticinco—mi vida comenzó a cambiar.     Antes de conocerlo, ya me había resignado a la idea de que ser pareja no era posible.     Luego descubrí que me amaba de verdad y me entendía con una profundidad asombrosa.     Sin intención alguna, su amor curó todas mis cicatrices emocionales y me liberó de la obsesión.     Su amor me permitió descubrir una quietud a la que puedo regresar en un instante—justo como lo hacía antes, pero ahora la compartimos.     Incluso cuando la vida nos desafía con sus vicisitudes, tengo la certeza de una cosa: soy amado—amado de una forma pura y profunda.

Pero el amor no es un acto de borrón y cuenta nueva, ni es simplemente lo contrario del anhelo.     La tentación de ver mi vida en contraste—de decir que la lucha precedió al amor, que la ausencia definió su llegada—siento, en ciertos aspectos, que es una ilusión.     El contraste puede hacer que el significado se vuelva vívido, pero también puede distorsionarlo.     Puede crear división donde debería haber unidad.     He aprendido que el amor no invalida el pasado; lo revela con mayor detalle.     Lo que vino antes no fue un preludio vacío de la presencia de David.     Fue real, vivido y lleno de su propio peso.

Mi historia no es un arco simple de oscuridad a luz.     Es más bien como una serie de ecos, donde el pasado y el presente se informan mutuamente.     La energía creativa del silencio—algo a lo que puedo regresar en un instante—sugiere un tipo de equilibrio.     Siempre estuvo allí, junto a mis luchas.     El amor de David no lo creó, pero me dio la confianza para habitarlo plenamente.

Esa distinción es crucial.     Si definiera mi felicidad ahora en oposición a mi pasado, cometería el mismo error que marcó gran parte de mis años más jóvenes—buscar significado a través del contraste en lugar de la presencia.     El punto de anclaje que encontré en el amor de David no se erige en contra de lo que vino antes, sino dentro de ello.     El amor no niega la lucha; permite que la lucha exista sin consumirlo todo.

Aunque el mundo está lleno de imperfecciones e incertidumbres, el amor las trasciende—no como una fuerza contrapuesta, sino como algo capaz de sostener contradicciones sin disolverlas en opuestos.     Las luchas no disminuyen la riqueza de la vida de uno; le dan textura, profundidad.     Y la realización, ahora entiendo, no se encuentra en resoluciones simples, sino en la confianza que cultivamos.     El amor no divide.     No traza líneas entre el antes y el después.     No hace que el significado dependa del contraste.     En cambio, permite que todo exista a la vez, en el mismo suspiro.

Mi carrera en el arte y el diseño de escenarios ha seguido su propio camino—uno de persistencia más que de reconocimiento masivo.     Mi trabajo ha sido exhibido, apoyado y estudiado, pero su verdadera medida radica en su resistencia.

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Ricardo Federico Morín Tortolero

Febrero 27, 2025; Oakland Park, Florida


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Nota del autor:

Para aquellos interesados en la trayectoria profesional detrás de las experiencias compartidas en « Cartas de amor a Nueva York », el siguiente apéndice ofrece un breve resumen de mi trabajo en bellas artes y diseño de escenarios.

Apéndice:

  • Bellas Artes:

Ricardo Morín, nacido en Venezuela (1954), ha sido exhibido en muestras tanto individuales como colectivas y ha recibido apoyo de Visual AIDS y del gobierno venezolano. Morín también ha colaborado en un proyecto de investigación multidisciplinaria de arte/antropología y ha trabajado como profesor adjunto en el Pratt Institute. Para más información detallada, visite https://ricardomorin.com/Bio.html

  • Diseño de Escenarios:

Ricardo Morín ha trabajado como asistente principal de diseño de escenarios para diseñadores de Broadway en musicales, dramas y ballets, así como diseñador independiente para varias obras y musicales Off-Off Broadway. Para más información detallada, visite https://ricardomorin.com/PDF/Theater-Resume.pdf

« El umbral del silencio »

February 12, 2025

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Inmanencia Infinita
Ricardo Morín:     Acuarelas, carboncillo, tintes, óleo y corrector sobre papel
14” x 20”
2005

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I. La Carga de la Conciencia

Llega un momento, a veces repentino, a veces insinuándose con los años, en que la mortalidad deja de ser una abstracción.     Ya no es una eventualidad lejana, una idea relegada a los pliegues de la vida cotidiana, suavizada por distracciones y rutinas.     En su lugar, se adelanta, innegable y densa, tan cierta como la respiración y tan efímera como ella.

Tal vez se manifiesta en la silenciosa traición del cuerpo: una rigidez matutina que no desaparece, el titubeo de la memoria, la leve vacilación antes de un paso que antes se daba con facilidad.     O quizá llega con la pérdida:     un amigo, un hermano, un padre cuya ausencia se siente como un ensayo de la propia.     La conciencia se agudiza, volviendo el tiempo más precioso y más frágil.     Comenzamos a medir la vida no por lo que ha pasado, sino por lo que aún queda.

Y, sin embargo, incluso con esta conciencia, hay resistencia.     La mente se evade, aferrándose a planes, distracciones, a la cómoda ilusión de continuidad.     Tememos la muerte, pero también nos negamos a mirarla de frente, como si el mero reconocimiento apresurara su llegada.     Creamos rituales en torno a ella, filosofías que la explican, pero rara vez nos sentamos con ella en silencio, sin adornos.     No es la muerte en sí lo que aterra, sino el saber, la certeza de que vendrá, ya sea con advertencia o en un instante desprevenido.

Pero, ¿y si en lugar de rehuirla, dejáramos que esta conciencia se asentara?     No como un peso, sino como una compañía silenciosa.     Si pudiéramos ver la pérdida no como un robo, sino como un tránsito inevitable, siempre entretejido en la trama de la vida, la muerte perdería su urgencia.     Saber que somos mortales no implica desesperación, sino comprender los límites de lo que se nos ha dado.     La pregunta no es si la muerte llegará, sino si podemos llevar ese conocimiento sin miedo, si podemos, finalmente, aprender a vivir con ello.

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II. El Declive: Mente y Cuerpo

El cuerpo no se debilita de golpe.     Su desgaste es lento, medido en las más pequeñas traiciones:     pasos que antes eran automáticos y ahora requieren cuidado, un nombre que se escapa justo en el instante en que se necesita, la paulatina atenuación de los sentidos que antes esculpían el mundo con claridad.     Al principio, estos cambios parecen meras molestias pasajeras, lapsos momentáneos más que el inicio de un destino ineludible.     Pero con el tiempo se asienta la verdad:     esto no es una fase, no es algo de lo que se pueda recuperar, sino el deshilacharse silencioso de lo que una vez parecía permanente.

La mente también muestra signos de desgaste.     El pensamiento se ralentiza; los recuerdos emergen en fragmentos, esquivos y caprichosos.     Hay una ironía en esto:     la lucidez persiste lo suficiente como para ser testigo del propio deterioro de facultades.     No es lo mismo perderse sin darse cuenta que observar el proceso con plena conciencia.     Aquí yace la lucha más profunda:     no sólo el deterioro del cuerpo o la mente, sino la tensión entre resistir lo inevitable y entregarse a ello.

Algunos combaten este declive con desesperación, esforzándose por retener lo que se desvanece.     Entrenan el cuerpo, desafían la mente, se aferran a rutinas como si la disciplina pudiera contener el paso del tiempo.     Otros se rinden con mayor facilidad, viendo en cada pérdida una señal de que la vida no está hecha para ser sostenida con los puños cerrados.     Pero la aceptación no llega sin esfuerzo; no es resignación pasiva ni derrota.     Es un equilibrio incierto entre el esfuerzo y la entrega, entre conservar lo que se puede y soltar lo que inevitablemente debe irse.

El sufrimiento adopta muchas formas.     Para algunos, irrumpe en un sólo instante devastador:     un diagnóstico, un accidente, un colapso inesperado del orden frágil del cuerpo.     Para otros, se desliza lentamente, dejando su rastro en el peso de cada año que pasa.     Puede ser físico, exigiendo su tributo sin descanso, o tal vez el dolor más sutil de perderse a uno mismo, de volverse irreconocible ante un espejo.     Sin embargo, sin importar su forma, el sufrimiento es universal.     No se rige por la lógica ni por la justicia.     Simplemente es.

En este escenario, la medicina interviene, intentando ralentizar, reparar, resistir el curso natural del deterioro.     Y, sin embargo, hay una disonancia en esto.     El cuerpo es finito, su desgaste está escrito en su naturaleza, pero aun así, avanzamos con tratamientos, procedimientos y fármacos que prometen retrasar lo ineludible.     La frontera entre el cuidado y la prolongación artificial se difumina.     Luchar por la vida es instintivo, pero ¿en qué punto la lucha se convierte en sufrimiento?

En los momentos de quietud, lejos de médicos y terapias, la pregunta persiste:     ¿es el declive algo contra lo que debemos luchar, o hay dignidad en permitir que la naturaleza siga su curso?     Y si la respuesta no está en la resistencia absoluta ni en la rendición pasiva, entonces, ¿dónde, exactamente, se encuentra el equilibrio?

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III. Las Distracciones Que Retrasan la Aceptación

Aceptar plenamente la muerte exigiría una quietud que pocos pueden soportar.     La mente, inquieta y astuta, encuentra maneras de eludir esa quietud, de tejer una vida tan llena de movimiento e intención que la mortalidad sigue pareciendo una preocupación lejana y teórica.     Así, llenamos nuestros días con esfuerzos para prolongarlos.

La longevidad se convierte en un objetivo en sí mismo, en una industria erigida sobre la promesa de que el deterioro puede posponerse, quizás incluso evitarse por completo.     Dietas, regímenes, suplementos y tratamientos, todos dirigidos a fortalecer el cuerpo contra su inevitable declive.     La ciencia también interviene, ofreciendo nuevas formas de reparar, reemplazar y sostener.     La medicina no solo busca sanar, sino alargar; la tecnología susurra futuros en los que el envejecimiento es opcional, y el ritual proporciona una estructura reconfortante frente a lo incontrolable.     Cada una de estas opciones ofrece algo real:     tiempo, alivio, una sensación de dominio sobre las fallas del cuerpo.     Pero bajo todas ellas yace la misma esperanza no expresada:     que la muerte, si no puede ser vencida, al menos pueda posponerse el tiempo suficiente para ser olvidada.

Sin embargo, no es sólo el miedo a la muerte lo que nos mantiene aferrados a la vida, sino el peso de lo inacabado.     Las obligaciones aún pendientes, las palabras no dichas, las personas que aún nos necesitan—todo ello genera la sensación de que partir ahora sería prematuro, que marcharse significaría abandonar algo esencial.     Incluso en la vejez, cuando la vida ha sido larga y plena, persiste la impresión de que queda más por hacer, más por resolver, más por comprender.     El pasado nos arrastra con sus preguntas sin respuesta; el futuro, aunque menguante, sigue sosteniendo la ilusión de posibilidad.

Y así, resistimos la quietud.     Rehuimos el silencio, donde la verdad se escucha con mayor claridad.     La mente, desocupada, podría empezar a aceptar lo que el cuerpo ya sabe.     Por eso llenamos las horas, nos rodeamos de rutina, distracción, movimiento. Incluso el sufrimiento, de un modo extraño, puede convertirse en un ancla—algo en lo que concentrarse, algo que soportar, en lugar del vacío al que habría que entregarse.

Pero, ¿y si dejáramos caer las distracciones?     ¿Si dejáramos de aferrarnos a más tiempo, más propósito, más ruido?     ¿Qué quedaría?     El miedo, sí, pero también la posibilidad de paz.     Por más que luchemos, la muerte no se presta a negociaciones.     Llega cuando ha de llegar, indiferente a las medidas tomadas en su contra.     Tal vez el último acto de sabiduría no sea resistirse, sino soltarse—permitir que la quietud se asiente, dejar que la mente y el cuerpo, finalmente, coincidan en su comprensión.

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IV. El Peso del Sufrimiento y la Resistencia

El sufrimiento es la única certeza que comparten todos los seres dotados de conciencia.         No es raro ni excepcional; es el trasfondo de la existencia, tejido en la vida desde el primer aliento hasta el último.     Y, sin embargo, a pesar de su universalidad, el sufrimiento es profundamente personal—se experimenta de formas que nadie más puede comprender del todo, se soporta de maneras que no pueden medirse.

El dolor adopta muchas formas.     Puede ser la lenta opresión del cuerpo contra sí mismo, el desgaste de la enfermedad, el peso de una fatiga que nunca llega a disiparse.     O puede ser un dolor más silencioso: la pérdida de uno mismo cuando la mente flaquea, la soledad de ver al mundo seguir adelante sin uno, la pena de saber que, por mucho que se haya soportado, aún queda más por sobrellevar.     Algunos sufren a la vista de todos, con su dolor reconocido y validado.     Otros lo cargan en silencio, como si admitir su peso fuera ceder ante él.

Pero el sufrimiento por sí solo no marca el final.     Hay algo más allá de él, algo más profundo:     la resistencia.     El umbral de lo que se puede soportar no es fijo; se expande y se contrae.     Un dolor que antes parecía insoportable se vuelve parte de la rutina; una carga que parecía insuperable se lleva, día tras día.     Y, sin embargo, siempre hay un límite, un momento—generalmente callado, generalmente sólo comprendido en la intimidad de la propia conciencia—en el que la resistencia deja de ser suficiente.

Este es el momento de la revelación, cuando seguir vivo deja de ser un acto de vida y se convierte en mera persistencia.     Para algunos, llega de golpe, con la claridad de un amanecer.     Para otros, se insinúa poco a poco, con el cuerpo susurrando mucho antes de que la mente se atreva a escuchar.     No se trata simplemente del dolor, ni de la edad.     Es el instante en que la voluntad de permanecer deja de compensar el coste de hacerlo.

No hay una medida universal para determinar cuándo llega este momento; sólo lo sabe quien lo experimenta.     Resistir es instintivo, un hábito grabado en la esencia misma de la existencia.     Pero reconocer cuándo la resistencia ha alcanzado su límite es algo completamente distinto.     No es debilidad, ni rendición.     Es un saber silencioso, el reconocimiento de que toda vida contiene, en sí misma, el derecho a decidir cuándo ha sido suficiente.

Y así, la pregunta persiste: ¿es el sufrimiento el precio inevitable de la vida, o hay un punto en el que se justifica dejar la carga?     La respuesta no está escrita en doctrinas, ni en la medicina, ni en las opiniones de quienes no llevan ese peso sobre sus propios hombros.     Está escrita en cada individuo, en el instante silencioso en que se comprende: esto es suficiente.

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V. El Umbral Invisible

La vida no se marcha de golpe.     Se retira, al principio en silencio, casi imperceptible en su retirada.     La respiración se vuelve más superficial, no en jadeos, sino en una paulatina suavización, como si el cuerpo decidiera ocupar menos espacio en el mundo.     El peso disminuye, no solo en carne, sino en presencia:     el yo se torna más ligero, menos aferrado a las exigencias de la existencia.     Una mente antes inquieta divaga, los pensamientos se desenredan, como soltando su asidero al pasado, al futuro, incluso a la urgencia del presente.

Estos no son signos de fracaso ni de derrota.     Son la forma en que el cuerpo susurra que ha llegado el momento.     Momento de liberarse del esfuerzo, de la incesante tarea de sostenerse.     Momento de abandonar la lucha por permanecer.     Por mucho temor que rodee a la muerte, el cuerpo en sí mismo no la teme.     Sabe cuándo rendirse, mucho antes de que la mente esté preparada para aceptarlo.

Y así llega el instante del conocimiento—no una gran revelación, no una epifanía, sino una certeza serena.     No se mide en días ni lo dicta un diagnóstico.     Es algo más profundo, algo que se siente.     Algunos luchan contra ello, aferrándose a cada aliento como si la pura voluntad pudiera anclarlos.     Otros lo aceptan como se acepta el sueño—con reticencia al principio, luego confiando, hasta finalmente entregarse a su llamada.

Hay dignidad en este acto de soltar.     No la dignidad impuesta por otros, aquella que se mide en estoicismo o contención, sino la simple dignidad de ceder el control.     De permitir que el cuerpo haga lo que siempre estuvo destinado a hacer:     llegar a su fin no como una tragedia, sino como una culminación.     Resistirse a este momento es oponerse al propio ritmo de la vida.     Pero aceptarlo—acoger la quietud, dejar que la respiración se ralentice sin miedo—es una forma de gracia en sí misma.

Al final, la muerte no es algo que deba conquistarse, ni algo que deba soportarse más allá de lo que uno puede sostener.     Es simplemente el último umbral, invisible hasta que se alcanza, conocido sólo por aquel que lo cruza.     Y cuando llega el momento, no queda nada más que hacer sino avanzar—ligero, libre de cargas y sin arrepentimientos.

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VI. La Serena Aceptación

Pensar en la muerte sin miedo—sentarse con ella, sin defensas, y permitirle ser lo que es—es una paz rara y difícil de alcanzar.     Durante tanto tiempo, la mente ha rehuido su certeza, envolviéndola en distracciones, explicaciones y resistencia.     Pero llega un punto en que todo eso se desvanece, cuando la muerte deja de ser algo con lo que discutir o que posponer, y se convierte simplemente en el desenlace inevitable de una vida que ha sido vivida.

El miedo se disuelve cuando la muerte ya no se percibe como una interrupción, ni como un robo, sino como algo tan natural como la propia respiración.     El cuerpo, en su sabiduría, ya ha comenzado a soltar.     Es la mente la que se aferra, aferrándose al sentido, a lo inacabado, a la ilusión de que un día más, una hora más, podría cambiar algo esencial.     Pero al final, no se necesita justificación alguna.     No hace falta demostrar que ha llegado el momento adecuado.     El momento adecuado llega, sea bienvenido o no, y aceptarlo no es más que el acto de dejar de resistirse.

La quietud no es lo mismo que la resignación.     La resignación implica derrota, la sensación de que algo nos ha sido arrebatado contra nuestra voluntad.     Pero la verdadera quietud—la verdadera aceptación—es algo completamente distinto.     Es una llegada, un asentarse en lo inevitable sin temor ni pesar.     Es el instante en el que la mente y el cuerpo, tras tanto tiempo en conflicto, finalmente se alinean en la misma dirección.     No más esfuerzo.     No más negociaciones.     Sólo la serena comprensión de que lo que se nos ha dado ha sido suficiente.

Abrazar el final no es renunciar al valor de la vida, sino afirmarlo por completo—permitiéndole completarse con gracia.     No queda nada por hacer, ninguna deuda por saldar, ninguna batalla por librar.     Sólo queda el silencio.     Y el silencio es suficiente.

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VII. En conclusión

Ninguna vida se vive en soledad, y ningún camino—especialmente el que lleva a la aceptación—se recorre sin compañía.     En el transcurso de esta travesía, somos moldeados, guiados y sostenidos por aquellos que han tocado nuestro corazón, cuya presencia permanece en nosotros incluso después de su partida.     Al enfrentar mi propia mortalidad, no sólo reconozco la mía, sino también la de aquellos que me precedieron, cuyas vidas siguen resonando en la memoria, en el amor, en esos rincones silenciosos donde la ausencia se convierte en algo perdurable.

Entre mi familia:     Andreina Teresa Morín Tortolero, Eva Lowenberger, Martín Lowenberger, José Galdino Morín Infante, Domitila Infante de Morín, Sofía Morín Infante, Pipina Morín de Carrillo, Chucho Morín Infante, Italia Morín, María Teresa Tortolero Rivero, Lucía Tortolero Rivero, Pedro José Tortolero Rivero, Leopoldo Tortolero Rivero, Federico Tortolero Rivero, Ala Gaidaz de Tortolero, Boris Tortolero Gaidaz, Nick Carapelli, Richard Erman, Ruth Erman, Margot Schloss, Martin Schloss.

Entre mis amigos:     Alice Heller, Herta Lager-Kane, Jurek Pankratz, Phillip Jung, Tom Bunny, Frederick Williams, Steven Altman, Richard Alpert, Chris Kishlansky, Steven Kishlansky, Jack Smith, John Bugliaro, Ruth Pretat.

Su presencia perdura—no como sombras, sino como luz.
Me han enseñado, desafiado, consolado y, de algún modo, nos han preparado para el camino que todos debemos recorrer.

La muerte, en su dureza, nos despoja y nos confronta con lo esencial.
Sin embargo, también nos une, pues el amor que hemos dado y recibido no se extingue con la ausencia física.

Nuestros seres queridos permanecen con nosotros hasta el final, sosteniéndonos en su memoria y en el amor que han dejado en nosotros.

A ellos les ofrezco mi más profunda gratitud.
No se han ido.
Permanecen, en el corazón, en el alma, en la serena aceptación de todo lo que ha sido y de todo lo que será.

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Ricardo F. Morín Tortolero

12 de febrero de 2025, Oakland Park, Florida


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« El sudario de la perfección »

February 10, 2025

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Silence Ten
Oil on linen scroll
43” x 72″ x 3/4″
2012

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Nota del autor

Esta es una obra de ficción inspirada en hechos históricos.    Si bien la historia se basa en dinámicas del mundo real, todos los personajes, diálogos e incidentes específicos son completamente ficticios.     Cualquier parecido con personas actuales, vivas o muertas, es pura coincidencia.

Esta narración no pretende representar, retratar ni comentar sobre ningún individuo o evento real con precisión fáctica.    Es una exploración literaria de temas relevantes para la sociedad, la historia y la experiencia humana.

Ricardo F. Morín Tortolero, 10 de febrero de 2025

Oakland Park, Florida

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Lista de Personajes

1. Los Campeones del Orden y la Esperanza

Aurelia:     Guardiana de principios constitucionales.

Rasgos:     Sabia, firme, compasiva; encarna el orden en tiempos impredecibles.

Marcos:     Servidor público, puente entre tradición y modernidad.

Rasgos: Honesto, diligente, empático; preserva la integridad institucional.

Elena:    Figura unificadora, calma y claridad moral.

Rasgos: Reflexiva, compasiva, inspiradora; brújula moral de su comunidad.

2. Las Figuras de la Disrupción

Soren:    Joven prodigio de la tecnología, amenaza los sistemas fundamentales.

Rasgos:    Inteligente, impulsivo, moralmente ambiguo; expone los riesgos de la innovación descontrolada.

Vera:     Burócrata ambiciosa, usa la tecnología con fines políticos.

Rasgos:    Carismática, calculadora; representa el sacrificio de principios por poder.

Xander:     Agitador populista, promotor de cambios radicales.

Rasgos:    Persuasivo, rebelde, impredecible; fomenta la división en nombre del cambio.

Don Narciso Beltrán:    Antihéroe narcisista, hedonista y egocéntrico.

Rasgos:    Arrogante, autocomplaciente; representa el peligro del narcisismo ilimitado.

Ideología:     Busca imponer su visión de perfección a costa de los marginados; utiliza teatralidad para disfrazar lo absurdo.

3. Los Guardianes del Equilibrio

Renato:     Administrador pragmático entre innovación y tradición.

Rasgos:     Sereno, justo, ingenioso; busca compromisos éticos.

Carmen:    Asesora experimentada con perspectiva histórica.

Rasgos:     Maternal, perspicaz, reflexiva; conecta el pasado con el presente.

Iker:     Técnico meticuloso, esencial para la estabilidad del sistema.

Rasgos: Consciente, metódico, valiente; héroe anónimo de la infraestructura crítica.


Acto I

Una Nación al Borde del Abismo

El aire está impregnado del aroma del cambio—crudo, indómito, eléctrico.    Recorre las avenidas donde las piedras de la historia soportan el peso de antiguos juramentos, testigos silenciosos de promesas que ahora se desmoronan.    Bajo las fachadas de alabastro de las instituciones que, durante mucho tiempo, han templado la ambición con el orden, se propaga un asalto silencioso.     La gente lo percibe en lo más profundo de sus días, en el murmullo inquietante entre los titulares, en el destello de urgencia que brilla tras cada discusión.

Hubo un tiempo en que la nación se movía al compás de una cadencia mesurada, un ritmo marcado por leyes resistentes a los impulsos efímeros.    Ahora, las calles vibran con un pulso distinto—una fiebre que empuja hacia lo nuevo, liberado de la lenta sabiduría del precedente.     Progreso y tradición, cada uno reclamando su espacio, se enfrentan en el polvo de una nación al borde de sí misma.

En los pasillos del poder, donde el mármol solía ser un baluarte contra las mareas incontroladas, se susurran temores—sobre sistemas demasiado rígidos para doblarse, sobre mentes demasiado inquietas para esperar.    El pergamino del gobierno, nítido con siglos de deliberación, se encuentra con la fricción de una innovación sin ataduras.     Algunos lo llaman avance; otros, autodestrucción.

Pero bajo esta contienda subyace una pregunta más profunda:    ¿sobrevive una nación perfeccionando sus cimientos o despojándose de ellos por completo?    La respuesta, suspendida entre el pasado y el futuro, aguarda ser pronunciada—si es que las voces del presente se atreven a elegir.


Acto II

La Ruptura

No comienza con una explosión, sino con una fisura—silenciosa, insidiosa, precisa.    Una puerta entreabierta en los pasillos del poder, una firma puesta donde no debía estar, un sistema que se creía invulnerable, de repente expuesto.     La nación se despierta ante las secuelas, incierta sobre si el suelo bajo sus pies ha cambiado o ha colapsado por completo.

En medio del clamor de la especulación, emergen dos figuras—Soren, el arquitecto del caos controlado, y Don Narciso, el susurrador de engaños dorados.    Uno maneja la disrupción como un bisturí, diseccionando la gobernanza con precisión calculada.    El otro, maestro de la ilusión, reviste el tumulto con el ropaje de la rectitud, manipulando la percepción hasta que incluso los más firmes comienzan a dudar de la realidad.

El pueblo observa, absorto y perplejo.    Algunos ven en su ascenso una salvación, una oportunidad para liberarse del peso de antiguas restricciones.     Otros, aquellos que aún escuchan el latido de la república, sienten el temblor bajo sus pies y se preguntan:    ¿es este el momento en que los cimientos ceden?

El escenario está dispuesto.    La lucha ya no es abstracta.    La grieta es real, y las manos que moldean el futuro ya están en movimiento.


Acto III

La Tormenta se Reúne

La brecha se amplía.    Lo que antes fue una fractura aislada en la estructura de la nación ahora se extiende, recorriendo las instituciones como venas envenenadas.    Los días se tornan pesados con incertidumbre y, en el vacío dejado por un orden tambaleante, surgen nuevas fuerzas:    algunas para defender, otras para desmantelar, y unas pocas para negociar en el terreno cambiante.

La Llamada a la Defensa

Aurelia se adelanta, una voz de claridad en el creciente estruendo.    Donde otros vacilan entre el miedo y el cinismo, ella permanece firme, empuñando la convicción como una antorcha contra la oscuridad inminente.    A su lado, Marcos, hombre de razón, reúne a aquellos que se niegan a dejar que la historia se disuelva en ruinas.    Y Elena, observadora y decidida, afila la verdad como una espada, desgarrando los velos de distorsión creados por aquellos que buscan remodelar la realidad a su antojo.

Las Fuerzas de la Disrupción

Pero contra ellos se levantan los arquitectos del desorden.     Soren, siempre el maestro de la fractura, alimenta la discordia, asegurando que ninguna de las partes gane terreno suficiente para restaurar la estabilidad.     Vera, espectro de una ambición sin fin, convierte la incertidumbre en palanca, asegurando el poder en las sombras, donde el alcance de la ley comienza a desdibujarse.     Xander, carismático y volátil, se presenta a plena vista, revolucionario para algunos, destructor para otros.    Y Don Narciso, siempre tejedor de ilusiones, habla en acertijos que tranquilizan, pero engañan.

Los Buscadores del Equilibrio

Sin embargo, no todos eligen un bando en la batalla.     Renato, el estratega silencioso, observa y espera, buscando los hilos que aún podrían ser retejidos antes de que el tejido se rasgue más allá de toda reparación.     Carmen, siempre pragmática, negocia entre facciones, desesperada por frenar el deslizamiento hacia el caos.     Y Iker, atrapado entre el pasado y el presente, trabaja en las sombras, no para apoderarse del poder, sino para asegurarse de que el futuro que surja conserve aún los ecos de lo que una vez fue íntegro.

La tensión se espesa.    Cada movimiento, cada decisión, inclina la balanza.     Y a medida que la tormenta se acumula en el horizonte, una verdad se hace clara:     nadie saldrá indemne.


Capítulo IV

Las Masas

No lideran; siguen, pero con un fervor que sacude los mismos cimientos de la nación.     Sus gritos resuenan en calles y plazas, atraviesan pantallas resplandecientes y susurran en rincones ocultos.     Lo que comenzó como descontento se ha transformado en algo más:    un himno de ira, sin matices, afilado hasta convertirse en convicción.

Sus quejas, antes ancladas en la realidad, ahora vagan libres, moldeadas por las voces que han decidido escuchar.    La retórica de Soren recorre sus filas como un incendio, sus fracturas calculadas expandiéndose en abismos irreparables.     La ambición de Vera alimenta su hambre de cambio, prometiendo poder a quienes se sienten invisibles.     Xander, provocador implacable, convierte el resentimiento en acción, mientras Don Narciso los envuelve en visiones de grandeza, susurrándoles al oido que la historia se pliega ante la voluntad de los audaces.

No hablan en diálogo, sino en ecos, amplificando lo que avivó su furia,     silenciando todo lo que no lo haga.    Para ellos, el compromiso es traición, y la reflexión, debilidad.    Son la fuerza que hace posible la destrucción, no por diseño, sino por pura y desmedida creencia.

Los Guardianes del Sentido Común

Sin embargo, contra la corriente se alzan quienes se niegan a ser arrastrados.    Son más callados, menos visibles, pero no menos resueltos.     No buscan gloria ni gritan venganza; protegen el suelo bajo sus pies, firmes ante la tormenta.

La voz de Aurelia llega a ellos, medida e inquebrantable, cortando el ruido como una campana distante.    Marcos les da estructura, recordándoles que la razón no es pasividad, sino disciplina.     Elena los arma con la verdad, sabiendo que, en una era de distorsión, la claridad en sí misma es un arma.

Son los que se preguntan:    ¿Qué se gana?    ¿Qué se pierde?    No están cegados por la promesa de un nuevo orden ni sumidos en la complacencia del viejo.     Ven tanto las grietas como la base, y se mantienen firmes, no para defender el poder, sino para defender el sentido.


Capítulo V

El Punto de Ruptura

Las calles tiemblan bajo el peso de la decisión.    Lo que antes hervía en susurros y advertencias, ahora ruge a plena luz:     ideales que ya no se debaten, sino que se blanden como armas.    El aire, denso con el residuo de antiguas promesas y nuevas traiciones, palpita con la certeza de que lo que siga no dejará nada intacto.

Los antihéroes hacen su última jugada.     Soren, siempre el táctico, se mueve como una sombra, orquestando el desorden donde la unidad amenaza con formarse.     Vera se asoma al precipicio, lista para aprovechar el momento, su ambición afilada por el caos que ayudó a encender.     Xander, el incendiario, disfruta de la combustión, su voz resonando sobre las masas mientras se tambalean hacia su destino.    Y Don Narciso, siempre el ilusionista, ofrece la visión de la victoria—sin revelar jamás para quién.

A través de la división, los héroes mantienen su posición.     Aurelia, la última centinela de la razón, se niega a ceder ante la histeria.    Marcos, firme y deliberado, recoge los fragmentos de la ley y el orden, convirtiéndolos en un escudo inquebrantable.     Elena, imperturbable ante la marea de desinformación, lanza la verdad a la tormenta, esperando que aterrice allí donde los ojos aún no se han cerrado.

El Golpe Final

Las masas se agitan, una fuerza que no es completamente controlada ni completamente libre.     La Razón Sin Razón, llevada a sus límites, exige colapso o conquista, su furia inquebrantable ante las consecuencias.    Los Guardianes del Sentido Común, aunque menos numerosos, se mantienen firmes, su resistencia no en la rabia, sino en la determinación.     El peso de su lucha inclina la balanza, sus voces fusionándose en una única pregunta: ¿Rompemos la base o nos erguimos sobre ella?

El Ajuste de Cuentas

Desde las profundidades de la memoria de la nación, el orden constitucional despierta.    La lenta maquinaria de la gobernanza, considerada demasiado débil para resistir la marea, comienza a moverse.     Los controles, largamente ignorados, ahora se hacen sentir.    Las leyes, las instituciones, la silenciosa arquitectura del equilibrio—estos se levantan, no como reliquias, sino como fuerzas en sí mismas.    La batalla ya no es sólo entre los hombres y sus ambiciones; es entre lo transitorio y lo perdurable, el impulso fugaz y la estructura que ha resistido siglos.

En este momento, el resultado no lo dicta únicamente la fuerza, ni la pasión, ni siquiera la estrategia.     Está determinado por lo que la nación recuerda de sí misma—y por si decide preservar esa memoria o arrojarla al vacío.

La elección final se perfila.    Y, una vez tomada, no habrá vuelta atrás.


Capítulo VI

La Restauración

El polvo se asienta, aunque los ecos del alboroto aún perduran en el aire.     Las calles, antes llenas con el clamor de voces irreconciliables, ahora susurran algo más callado—fatiga, reflexión, los pasos vacilantes de un pueblo que está reaprendiendo su propio ritmo.

La batalla no terminó en conquista, ni en ruina, sino en algo más sutil:    la lenta, tenaz reafirmación del orden.    No impuesto desde arriba, ni exigido por la fuerza, sino reclamado—pieza por pieza—por los mecanismos silenciosos que han unido a la nación durante tanto tiempo.

Las instituciones que antes parecían frágiles ahora revelan su fuerza oculta—no en su invulnerabilidad, sino en su capacidad de doblarse sin romperse.    Los controles, desestimados como reliquias, demuestran su propósito, no previniendo la crisis, sino asegurando que ninguna fuerza, por ferviente que sea, pueda ejercer un dominio absoluto.

Los antihéroes no desaparecen.    Soren se retira a las sombras, esperando otra fractura que explotar.    Vera, siempre calculadora, pivota para sobrevivir, adaptando sus ambiciones al nuevo panorama.    La voz de Xander se apaga, pero no desaparece, recordando que el disenso, incluso cuando es imprudente, nunca se extingue por completo.     ¿Y Don Narciso?    Sonríe, siempre enigmático, sabiendo que la percepción nunca está resuelta—solo cambia.

Tampoco los héroes reclaman la victoria.     Aurelia, fatigada pero inquebrantable, entiende que la victoria en la democracia nunca es definitiva.     Marcos, siempre pragmático, se dedica al largo trabajo de reconstruir lo que fue sacudido.    Elena, imparable como siempre, asegura que la verdad siga siendo la base sobre la cual se edifica todo lo demás.

Y el pueblo—las masas que habían sido tanto el combustible como el fuego—se encuentran cambiados.     Algunos permanecen amargados, incapaces de aceptar que el mundo que imaginaron no se ha hecho realidad.    Pero otros, aquellos que se opusieron a la destrucción no por miedo sino por fe en algo más estable, ven que la base sigue en pie.

La nación respira de nuevo.    No en perfecta armonía, ni sin cicatrices, pero con el conocimiento de que ha perdurado.     Que siempre perdurará—no por la fuerza ni por la furia, sino por la resiliencia de los principios que, aunque puestos a prueba, permanecen intactos.

La tormenta ha pasado.    Pero el cielo, aunque despejado, guarda la memoria de lo que ha sido.

Y lo que puede volver a suceder.


Epílogo

El Silencioso Giro

El tiempo no borra el conflicto, pero ofrece distancia:     una perspectiva que revela no solo lo perdido, sino lo que perdura.

La nación sigue, intacta, aunque no inalterada.    Las mareas del extremismo volverán a levantarse, pues no hay victoria definitiva contra el miedo, la ambición y el descontento.    Las masas oscilarán entre los extremos, regresando al equilibrio, como si probaran los límites de la razón antes de encontrar el centro.

Dentro de este movimiento, persiste el ritmo de la renovación.     La responsabilidad reafirmada, el equilibrio precario pero constante, y la esperanza—no como ilusión, sino como elección.

El velo que cubría la perfección ha sido levantado, mostrando no la ausencia de fallos, sino la resiliencia.     No la certeza, sino la voluntad de buscarla.    No un mundo sin discordia, sino uno donde la unidad sigue siendo posible, no en la uniformidad, sino en el compromiso compartido.

La historia no termina.    Continúa, escrita en las decisiones por tomar.    Y en ellas yace la promesa de que, aunque la tormenta regrese, también lo hará la luz.

Ricardo F. Morín Tortolero, 10 de febrero de 2025

Oakland Park, Florida


« El encanto de Amalfi: un viaje a través de la historia »

February 7, 2025

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Un paisaje sin título
22″ x 30″
Acuarelas, carboncillo, óleo, corrector y tinta sobre papel.
2006

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Prólogo

Esto no es un relato histórico, sino una invención—honesta y emotiva, un ensueño tejido en los pliegues barrocos de la prosa poética.      No es un manifiesto lógico, sino una invocación sensual de un lugar que ha obsesionado mi imaginación.

Ricardo F. Morín Tortolero,

7 de febrero, 2025, Oakland Park, Florida


Ulises la conoció como la tierra de las sirenas, un lugar que, durante la Edad Media, se alzaría hasta convertirse en un gran imperio marítimo.      Resguardado al pie del imponente monte Cerreto, el Ducado de Amalfi halló aquí refugio, como envuelto en el abrazo de una crisálida de musas ancestrales.

La tragedia de La duquesa de Malfi de John Webster, el realismo de Henrik Ibsen y el Gesamtkunstwerk del tantas veces vilipendiado Richard Wagner han resonado en el destino de esta legendaria cariátide del placer, encaramada sobre el Golfo de Salerno.     Entre los acantilados, la danza atronadora de montañas en cascada se despliega con magnificencia; parecen moverse al ritmo de la mariposa Podalirio para evocarnos las menos venerables Cruzadas, claustros y monasterios de tiempos pretéritos.      Las montañas y los farallones exhalan aún el residuo de una metamorfosis bárbara, esculpida por innumerables civilizaciones.      Y, sin embargo, hoy nuestra mirada inquieta traza el génesis del pasado mientras descubre la seductora fragancia de la dolce vita.

Tallado en un promontorio al borde de un precipicio, entre las localidades de Cetara y Vietri—célebres por sus anchoas en aceite y sus cerámicas multicolores—se alza nuestro magnífico hotel, el Cetus. En la cacofonía cromática del arco iris y sus afloramientos rocosos, la brújula eterna guía las regatas de remo que zigzaguean a lo largo del litoral, navegando de sur a noroeste, desde el Tirreno hasta el mar de Liguria.

A poca distancia, el río Canneto desciende a través del Valle de los Molinos, donde el susurro del viento transporta las baladas renacentistas escritas sobre el célebre papel de bambagina.     Como si remontáramos el tiempo, los fiordos se repliegan bajo un cielo radiante, acariciados por la delicada bruma de los vientos fríos.     Oímos el zumbido de las abejas e inhalamos el aroma punzante de los limones sfusato del Etna, mientras el limoncello libera su embriagadora esencia dorada.     Las entrañas de la península exhalan el sabor y la fragancia de sus frutos más cautivadores.

Tan intensa es la esencia de la República Amalfitana que parece sembrar lava en las aguas turquesas y en los acantilados que durante siglos la han protegido del derrumbe.     Cantamos la Falalella bajo la neblina crepuscular y flotamos sobre el litoral centelleante de Salerno, Positano y Ravello, suavemente bañados por una llovizna fresca.      Con el vaivén de la vida, las nubes carmesí se miran en el espejo de las aguas inmóviles y proyectan su fulgor sobre la azulada bahía de Salerno.

Amalfi, joya de Salerno, está enmarcada por la región de Campania, donde los majestuosos santuarios de Herculano y Paestum se alzan con solemnidad para saludarnos.     Y de entre las cenizas que tejieron tiempos míticos, las expediciones arqueológicas del siglo XVIII en Pompeya desenterraron, entre tantos hallazgos, antiguos frescos que representan el Ciclo de los Misterios Romanos, así como las conquistas de Alejandro Magno.

El tacto de manos ancestrales aún reverbera en nuestros sentidos.      Dulce es la visión bajo el sol primaveral, que salta de barranco en valle, y se mece de escalera en cascada hasta alcanzar el ancestral muelle.      Allí habíamos anclado, cerca del embarcadero desde donde partieron las grandes galeras rumbo a tierras desconocidas.     Ellas, como mi amado y yo, se alejaron, dejando tras de sí la visión del paraíso de las sirenas.

Ricardo F. Morín, 7 de febrero de 2025, Oakland Park, Florida

« Las cadenas del poder »

January 19, 2025

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« Ascensión »CGI, 2005 por Ricardo Morín

Introducción


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La fuerza bruta se curva y distorsiona . . . .    « Ascensión » refleja el cuerpo, que se tensa contra un andamiaje que encarna las fuerzas turbulentas que habitamos. [1]    Estos elementos enmarcan una reflexión no sólo sobre las luchas de Venezuela, sino también sobre la gravedad universal del poder que nos atrapa a todos.    Me pregunto si culpar a estas fuerzas simplifica en exceso un sistema que se nutre de la complicidad colectiva.    ¿Puede la autocompasión hacernos responsables sin sucumbir a la culpa, cuando la desesperación paraliza?

Posicionada entre « El arroyo de Erminio » (una fábula de renovación) y « El desenmascaramiento de la desilusión » (un ensayo de próxima publicación sobre la responsabilidad histórica), « Las cadenas del poder » prosigue su viaje a través de los enredos, las responsabilidades y la eterna búsqueda de la auto-liberación.    [2]

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LAS CADENAS DEL PODER

I
Mientras mi marido conducía de Fort Lauderdale a Orlando, tuve una conversación con mi amigo BBT.    Fue una de esas conversaciones inquietantes que revela cómo las vastas fuerzas pueden abrumarnos.    Él habló del poder, no como una herramienta, ni siquiera como un deseo, sino como la fuerza primitiva que empuja a la humanidad hacia las oligarquías autoritarias.    La codicia, según él, es secundaria, un síntoma de algo más profundo:    la irresistible gravedad del poder mismo.

II
Pensé en Michel Foucault y sus teorías sobre el poder, y por un momento, sentí un destello de claridad.    Pero cuanto más intentaba articular sus ideas, más inadecuadas me parecían.    El peso de la realidad aplasta las disertaciones académicas mientras el mundo desciende a la ruina.    No logramos reconocernos como criaturas atrapadas por nuestros propios errores.

III
Entonces, recordé la voz de mi prima Ivelisse, temblorosa mientras contenía las lágrimas, al contarme la inauguración de Nicolás Maduro, el 10 de enero.    Para ella, no fue sólo un evento político; fue un símbolo de nuestra caída, de nuestra disolución como pueblo.    Su desesperación era la mía, y la nuestra era la de Venezuela: una nación que habitualmente confía en salvadores que nunca llegan.

IV
A través del mundo, el poder y la codicia—legitimados por el crimen o no—justifican el ascenso de la tiranía.    Y nosotros, en nuestra confusión, no tenemos respuestas ante estas mareas de ambición descontrolada.

V
BBT, siempre pragmático, dijo simplemente:    “Sólo disfruta”.    Su consejo me hirió y me reconfortó a la vez.    Pero, ¿cómo podía yo?    ¿Cómo podría disfrutar de algo cuando el mundo parece tan frágil?    Cada pensamiento regresa a las mismas preguntas:    ¿Qué puedo hacer para contrarrestar estas fuerzas?    ¿Cómo puedo entender esta lucha?

VI
Aún así, me aferro a una creencia:    que un día, surgirá un despertar colectivo, una marea creciente de conciencia.    Si ha de haber un mundo mejor, no vendrá de los salvadores ni de las luchas por el poder, sino de la alineación de mentes y corazones.    Mi papel, si es que tenga alguno, es contribuir a ese legado—no por fama o ambición, sino por la paz.

VII
La paz es lo que busco, no sólo para mí, sino para los demás:    un legado que trascienda mi propia vida, uno que sirva como una resistencia silenciosa a las fuerzas de la codicia y el poder.    Sólo entonces, quizás, encontraré la simplicidad de la que hablaba BBT—no como rendición, sino como comprensión.

Postscriptum


Es fácil perder de vista las corrientes más profundas que nos impulsan, particularmente cuando estamos sumidos en las mareas de la ambición, el poder y el cinismo.    En momentos de crisis, estas fuerzas surgen, a menudo oscureciendo nuestro juicio y desviándonos de nuestro curso.    Sin embargo, en medio de su abrumadora presencia, una verdad permanece:    rendirse al amor nos sustenta.

Al final, lo que realmente importa es el amor.    Sólo él nos sostiene por encima de todo lo demás.    Puede anclarnos contra las fuerzas que amenazan con desviarnos.    Tal vez, con ese reconocimiento es donde comienza la paz—no en el mundo exterior ni en su falta de validación, sino en la quieta aceptación de lo que podemos cambiar y lo que no podemos.

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Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, enero 19, 2025

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Notas al pie:
[1]    Ricardo Morin, « Ascension »CGI, 2005.    https://www.ricardomorin.com/06_3-D_html/01.html, Repositorio del sitio web del artista https://www.ricardomorin.com/3-d-digital.html
[2]    Ricardo Morín, El arroyo de Erminio, WordPress, 29 de diciembre de 2024,    https://observationsonthenatureofperception.com/2024/12/29/the-stream-of-hermes/

« El arroyo de Erminio »

December 29, 2024

Ricardo Federico Morín Tortolero, Oakland Park, Fl.   29 de diciembre, 2024

Dedicado a la comunidad universal

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En una aldea al borde de un bosque vivía una mujer llamada Eleni.    Desde muy temprana edad, una gran inquietud se agitaba en su interior.

Reuniendo fragmentos de las ideas de otros, encontraba refugio en libros y pergaminos.   Con cada respuesta que descubre, quedaban más preguntas.

“Eleni, ¿por qué nunca descansas?”, le preguntaban sus vecinos mientras la veían caminar por los senderos del pueblo.

“Porque algo me llama”, contestó ella.  “Siento un propósito, una verdad . . . .  Pero no sé dónde buscar”.

Un día, un peregrino llamado Damián llegó al pueblo.   Sus ojos lo iluminaban y noticias de su llegada se extendió rápidamente.   Eleni estaba ansiosa por conocerlo.

Cumplido su deseo, lo condujo a su estudio y le señaló sus libros y mapas.

“Me he dedicado a la indagación,” dijo mientras señaló las estanterías.   “Pero cuanto más investigo, más incompleta me siento.   Estoy llena de deseo, de vergüenza . . . .   Anhelo la paz.   Pensé que el conocimiento me daría plenitud.   Pero, en su lugar, siento un vacío.   ¿Cómo encontraron exploradores de la antigüedad su voz?”

Damián la miró y respondió:   “Tratas el conocimiento como grilletes.   Es sólo una piedra de toque; lo que necesitas es instinto.

Eleni frunció el ceño con incertidumbre.   “¿Qué quieres decir?

“Ven conmigo”, dijo Damián.

Caminaron hacia el valle y el aire se hacía más fresco con cada paso.   Encima de ellos, las águilas circulaban:   los chillidos, agudos pero distantes.   Eleni guardó silencio; su mente repasaba una y otra vez las palabras de Damián.

Llegaron a un claro.   En su centro se alzaba un árbol antiguo, cuyas ramas se extendían hacia el cielo y sus raíces se aferraban a la tierra.   Allí murmuraba un arroyo con aguas brillantes.

“Ésto”, dijo Damián, “es el ‘Arroyo de Erminio’.   Sus aguas contienen la sustancia de todas las cosas:   la verdad, cegadora; el misterio, cada vez más profundo; la ilusión, tentadora; la sabiduría, cambiante.   Cualquiera que participe puede vislumbrar su destino, aunque a menudo se encuentre más a la deriva que antes”.

Como hechizada, Eleni se arrodilló y miró el arroyo.   “¿Por qué alguien estaría dispuesto a someterse voluntariamente al abandono?”

Damián recogió una hoja y la dejó flotar en el agua.   La corriente la arrastró río abajo y la hizo girar en círculos perezosos hasta que desapareció.   “El conocimiento fluye como esa corriente”, dijo Damián, con los ojos fijos en el agua.   “Persigue cada onda y sólo te alejarás más de ti misma; las respuestas no están en la corriente, sino en cómo te acercas a ella”.

Eleni sintió que la frescura del arroyo la atraía.    Un pensamiento la retuvo:  “¿Cómo puedo dejarme guiar por los instintos?, preguntó, con su voz apenas audible sobre el bisbiseo del agua ondulante.

“Mira el árbol”, dijo Damián.

Eleni se volvió hacia él.

“El árbol no persigue el agua”, dijo Damián.   “Sólo toma lo que necesita y crece; y aunque estático, siempre está alcanzando.  Su confianza está en sus raíces.”

Una vez más Eleni se quedó mirando el árbol.   “Si el árbol sabe lo que es”, dijo, “¿cómo puedo confiar en mí misma, si no conozco mi instinto?

“El propósito”, dijo Damian, “no se puede encontrar.   Se forma con el tiempo.   Así como el árbol, tú tienes que estar anclada, y tus ramas tienen que alcanzar tu destino”.

Eleni lo miró.   “¿Qué quieres decir?” dijo.

Damián señaló el arroyo:   Las hojas flotaban; a veces se agrupaban; luego divergían.   “La humanidad es un espejo de reciprocidad.   En la armonía o en la enemistad, en la enfermedad o en la salud, en la pobreza o en la abundancia, nos vemos a nosotros mismos a través de los demás.   El arroyo no es sólo agua:   es una corriente de vidas compartidas, frágiles o fuertes.   Sólo interactuando con los demás sabrás quién eres y qué deberías ser”.

Eleni pensó en su pueblo:   en las bondades y las desavenencias que había compartido con vecinos, en cómo sus historias y sus luchas la habían moldeado.   Ahora, veía cómo los libros la habían consumido.

“¿Debo buscar la verdad fuera de mí?”, preguntó.

Damián sonrió.   “Sí, nadie puede llevar la corriente solo; la paz viene de estar juntos.   Crece cuando reconocemos que las vidas se rigen entre sí.” 

Eleni cerró los ojos y dejó que los sonidos del bosque (el arrullo del agua, el susurro de las hojas, el pulso de la tierra) entraran en ella.   En esa quietud, comprendió:   el anhelo no era sólo suyo; era el hilo de la existencia.

Cuando Eleni regresó a la aldea, brillaba en silencio.   Buscando la verdad, ya no estaría sola.

La vida de Eleni no era un punto final.

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Editor, Billy Bussell Thompson, New York, NY.   29 de diciembre, 2024

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Epílogo

Motivado por un ensayo histórico en curso sobre la autocracia y la democracia, ofrezco esta fábula como una meditación sobre el equilibrio entre la neutralidad y la vulnerabilidad.   La fábula refleja los desafíos de los prejuicios y la ignorancia personal.

Para mí, escribir es como estar al borde del arroyo Erminio, donde el pensamiento y la emoción se fusionan y fluyen como uno solo.   Durante años, me sumergí en la investigación y confundí la acumulación de conocimientos con su comprensión.   Me encontraba cada vez más aislado:   Me ahogaba en preguntas en lugar de animarme con las respuestas.   El verdadero significado apareció, y no en una búsqueda interminable de análisis, sino a través de conexiones, arraigadas en la empatía y en realidades vividas.   Al igual que Eleni, llegué a comprender que el conocimiento es una piedra de toque, no un punto final.

La neutralidad intelectual requiere moderación.   Es un esfuerzo deliberado por abordar las ideas sin prejuicios y escuchar en lugar de afirmar.   Es la práctica de ver la corriente sin dejar que te arrastre.   Pero ningún acto de creación puede separarse por completo del yo.   Escribir también exige vulnerabilidad:   el coraje de enfrentar los propios miedos y deseos.   La vulnerabilidad permite que estas verdades iluminen la obra como si la luz del sol brillara a través del agua.

La corriente nos invita a sumergirnos en ella, a buscar claridad, pero nos desafía a evitar que nos arrastre.   El acto de esforzarse es donde reside el significado:   el cuestionamiento, la persistencia y el crecimiento.

La neutralidad no es silencio y la vulnerabilidad no es rendición.

R.F.M.T.
Oakland Park, FL.   29 de diciembre, 2024

« Una alegoría geométrica »

May 26, 2024
Serie del Medio Áureo # 1 realizada por Ricardo Morín (artista plástico americano, nacido en Venezuela –1954), pintura digital ©2023

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A mis padres

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Prefacio

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“Una alegoría geométrica: donde el equilibrio y el orden reflejan la aplicación de la justicia, la templanza y la sabiduría”.

Ricardo F. Morín

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« Una alegoría geométrica » es uno de los muchos relatos que he escrito, cada uno de ellos vinculado a un desarrollo filosófico lineal coherente.    Son un reflejo como una antología autobiográfica:   es decir de experiencias, emociones e intuiciones, lo que los hace difíciles de augurar.  Es como si reflejaran un mundo interior que evoluciona en tiempo real y se ve influido por los acontecimientos de la vida.   La autenticidad y la espontaneidad son una fase clave, aunque los temas y las conexiones entre ellos no siempre sean evidentes.  Estoy comprometido con este proceso creativo intuitivo y confío en que resonará en los lectores a su manera y en su momento.

« Una alegoría geométrica » examina la vulnerabilidad humana, las desigualdades sistémicas y el autoritarismo en la configuración del destino de un país.  Aborda cuestiones contemporáneas que son instructivas para la sociedad venezolana y echa un vistazo a las fuerzas históricas que la conforman.  Describe la dinámica entre el autoritarismo y el electorado y muestra cómo la autocracia y los gobernados se entrelazan y mantienen un ciclo de control indefinido.   Aunque se presentan como ideales en sí mismos, sin causalidad ni solución; en última instancia pretenden eludir la responsabilidad colectiva y cortar los vínculos con el bien común.  Entre los temas abordados figuran el principio de la libertad y sus límites, los retos asociados a la gestión de la complejidad y la justicia en una sociedad defectuosa e imperfecta (como toda sociedad) y el cuestionamiento de una sociedad en la que, por defecto, se yuxtaponen ventajas y desventajas constantes.  Estos puntos sirven para subrayar la necesidad de democracia y de una buena comprensión de los derechos humanos.  En definitivo, se trata de proyectar la preservación de los valores de una sociedad.

Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pensilvania, 25 de mayo de 2024

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Tabla de contenido

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  • Capítulo 1 – « Un lenguaje escrito »
  • Capítulo 2 – « Nuestra imprudencia »
  • Capítulo 3 – « Un panorama personal »
  • Capítulo 4 – « Un diálogo »
  • Capítulo 5 – « Abstracto »
  • Capítulo 6 – « Crónicas de Hugo Chávez »
  • Capítulo 7 – « El modo alegórico »
  • Capítulo 8 – « Una alegoría geométrica »
  • Capítulo 9 – « La primera cuestión » :   Sobre el resentimiento social.
  • Capítulo 10 – « La segunda cuestión » :   Sobre la gobernanza militar.
  • Capítulo 11 – « La brecha entre los partidos políticos »
  • Capítulo 12 – « La autocracia »
  • Capítulo 13 – « La primera prueba » :   Sobre el enemigo en común.
  • Capítulo 14 – « La segunda prueba » :   Sobre la anarquía represiva.
  • Capítulo 15 – « La tercera prueba » :   Sobre el imperativo de priorizar la democracia.
  • Capítulo 16 – « La cuarta prueba » :   Sobre la violencia.
  • Capítulo 17 – « La quinta prueba » :   Sobre los derechos humanos.
  • Capítulo 18 – « La prueba final » :   Sobre la liberación de la injusticia.
  • Reconocimiento.
  • Bibliografía.

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Capítulo 1

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« Un lenguaje escrito »

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A veces me doy cuenta de que busco engalladamente seguridad donde no existe.   Mis mejores impulsos se convierten en los peores.   Tal vez escribir sea el empeño de la consciencia por superar su fragilidad.   ¿Me aliviará el paso del tiempo de esta inquietud?

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Capítulo 2

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Al igual que la pandemia de COVID, los incendios forestales de Canadá en 2023 me obligaron a aislarme.  Aunque el cambio climático es un factor contribuyente, es importante que se reconozca la complejidad del problema.  Los incendios han devastado una superficie de 18 millones de hectáreas, desplazando unas 235.000 personas, y los científicos enfatizan la necesidad de una descarbonización global para mitigar el cambio climático.

Las consecuencias del cambio climático se reflejan en un aumento de problemas de salud como bronquitis, enfisemas e infartos.  La degradación del medio ambiente ha causado daños irreparables y los esfuerzos para adaptarse al cambio climático – como la cartografía del ADN de la flora y la fauna – se enfrentan a grandes retos.  La desertización de muchas regiones es un problema acuciante.  La Organización Internacional para las Migraciones y el Banco Mundial calculan que en 2050 habrá más de mil millones de refugiados así como un aumento espectacular de las guerras civiles.

Aunque los científicos reconocen el impacto irreversible de la humanidad sobre la geología, la biodiversidad, el clima y los ecosistemas de la Tierra, es esencial tomar en cuenta la imprevisibilidad humana para mitigar las amenazas actuales.   Los esfuerzos para adaptarse al cambio climático y restablecer el equilibrio son fundamentales, pero deben basarse en una comprensión realista de los retos que tenemos por delante.   ¿No sería ilusorio confiar en que las generaciones futuras restablescan el equilibrio?   El declive de la conciencia política y el autoritarismo imperante están creando una convergencia perjudicial que favorece la irresponsabilidad a la hora de resolver los problemas medioambientales del mundo.

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Capítulo 3

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Mi amigo Billy Bussell Thompson [BBT] me ayuda a orientar esta narrativa.  Agradezco su acompañamiento y enseñanzas sobre la metodología de investigación.  Al estilo de diálogo, por sus refutaciones encuentro inspiración.   Una alegoría geométrica nace después de diez años sin encontrar un registro adecuado para escribir sobre Hugo Chávez.   Postergué su realización por otras narrativas, aunque eso apenas acalló mi inquietud.    

A mi juicio Chávez representaba una mezcla entre antioligarca y caudillista.  Aparte de su ideología partidista bajo el marco del socialismo del siglo XXI, su liderazgo fue al mismo tiempo antiliberal.  Quiso ser protector de los pobres, haciendo ricos a muchos sin merecerlo [i].  Quiso pulir su imagen de demócrata y acabó convirtiéndose en autócrata.  Concentró la toma de decisiones en torno a sí mismo, anuló los límites de los mandatos e instaló a partidarios leales y así reforzó su poder.  ¿No estaría justificado preguntarse si sus acciones fueron también el resultado de la sociedad venezolana?

Chávez inició acuerdos de cooperación militar con países como Cuba, Rusia y el Iran.  También tenía enlaces estratégicos con grupos guerrilleros como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), además de apoyar a organizaciones comunitarias locales conocidas como Colectivos.  Hasta el día de hoy, contribuyen al legado de su régimen.

Estoy en busca del significado de los veinticinco presidentes militares electos [ii] que gobernaron durante 172 años desde 1811.  En 1958 comenzó un período de democracia representativa (con la sucesión de diez presidentes civiles) durante un período de cuarenta años que terminó con el régimen de Chávez en 1998.  Chávez volvía al autoritarismo y socavó las instituciones del Estado mediante políticas y medidas que concentraron el poder, reprimieron la disidencia, debilitaron el Estado de derecho, abolieron los controles y equilibrios democráticos y promovieron un culto a la personalidad.

Antes de su muerte en 2013, Chávez nombró sucesor a su vicepresidente, Nicolás Maduro (conductor del Metrobus de Caracas en la década de 1990).  Al año siguiente, Venezuela se enfrentó a una crisis aguda:  alta inflación, violencia paramilitar y escasez crónica de artículos de bienes esenciales como alimentos y medicinas.  Estos problemas desencadenaron protestas generalizadas y disturbios civiles.  El debilitamiento de las infraestructuras del país provocó cuellos de botella en el suministro de gasolina, agua y electricidad, y reforzó la idea de un Estado fallido.  Las causas de esta espiral descendente se atribuyeron a los estrictos controles de precios y a la corrupción rampante en el seno del gobierno.  

Desde 2014 a 2023, las comisiones de las Naciones Unidas denuncian el conflicto geopolítico que emana de Venezuela y la intensificación de los crímenes de la “lesa humanidad“.   Afirman que el Estado venezolano hace uso de los agentes de inteligencia para el hostigamiento del disenso civil y político.

La prensa internacional ha tomado nota de la fuga de fondos y la destrucción de los recursos naturales.    Los bancos quebraron debido a la malversación de fondos.  Las sanciones impuestas por los Estados Unidos [iii] y la Gran Bretaña congelaron las inversiones de Venezuela en el extranjero para evitar su desfalco.  La hiperinflación ha contribuido a la movilización de ocho millones de solicitantes de asilo en el extranjero (el 25% de la población venezolana). 

En 2018 las elecciones presidenciales estuvieron en el centro de la atención internacional.  La crisis se centró en quién se convertiría en el presidente venezolano.    El país estaba dividido entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro.    En 2019 el Consejo Nacional Electoral ya había descartado a Guaidó como candidato a las próximas elecciones.   Seguido lo cual, la oposición pidió una comisión asamblearia para gestionar los bienes en el extranjero, aparentemente siguiendo un plan predeterminado.  En marzo 2023 otra parte de la oposición propuso una estrategia para la rehabilitación de Guaidó (y su Gobierno de transición).  Sin embargo, no estaba claro cómo sería esta estrategia.  El otro candidato Henrique Capriles, quien había sido inhabilitado por la Contraloría, también creía tener una oportunidad.  Recientemente, el Tribunal Supremo de Justicia (en vigor desde 1999) anuló los resultados de las primarias de la oposición (ganadas por María Corina Machado), permitiendo al actual Presidente, Nicolás Maduro, presentarse sin oposición.    A 71 días de las elecciones, el Consejo nacional Electoral autorizó finalmente reestablecer la oposición con el candidato Edmundo González Urrutia, pero pese a que las encuestas de salida mostraron un 70% a su favor, el Consejo Nacional Electoral declaró ganador a Maduro con una diferencia de 7% sin mostrar las actas de los resultados finales.  

Las sanciones se prorrogan , pero no se dan las condiciones para una intervención internacional.   Para muchos la divergencia de estrategias no tiene substancia.

Aunque, las historias que surgen de estos acontecimientos han iluminado mi comprensión, sigo incrédulo y hastiado ante el sufrimiento de mis compatriotas.

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  • NOTAS FINALES

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Capítulo 4

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« Un diálogo »

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BBT insistió:

  • El fracaso de la política venezolana no es diferente del de otros países.  Hay mil factores que influyen en la política.  No hay que olvidar el hecho colonial en América, donde tenemos una larga historia de caudillismos.  Las revoluciones se producen cuando hay una minoría educada que se siente privada de derechos y está enfadada de los excesos de la clase dirigente.  Dadas las desigualdades, uno se pregunta por qué las generaciones anteriores no se rebelaron.  La respuesta puede estar en ese viejo dicho venezolano “¿cuánto hay pa’ eso?”.  Ahí está la semilla de la corrupción endémica.

Cada vez, le respondí de forma diferente, pero en esencia he esgrimido el mismo argumento:

  • Tengo que centrarme en los hechos concretos.  Venezuela no se librará del extremismo hasta que se elimine el reciente legado de Cuba y su radicalización de mercenarios.  Están robando los recursos venezolanos a cambio de la protección de una élite gobernante.  Sin embargo, creo en la posibilidad de que otras voces lideren la salvación del país.

BBT apuntó:

  • Hay muchas otras ideas.  Cuidado con la reinvención.  La escritura debe eliminar ante todo los malos entendidos.  Exige generalidad incluso si se basa en las propias observaciones.  Posible pero creíble es mejor que posible pero no convincente.  La narración debe ser identificable.  Sólo entonces adquiere relevancia y permanencia.

Respondí:

  • Estoy de acuerdo en que cualquier intento por contar una historia debe estar sujeto a la veracidad.  También es cierto que un simple recital de hechos sin empatía resultaría trillado.  Escribir con calidad es como tú mismo lo has expresado en muchas ocasiones.  La falsedad y la doblez del demagogo nunca serán un ejemplo para nadie.  Uno amenaza su propia existencia por el deseo de estar separado, sumido en el capricho del nacionalismo.  No se trata de Cuba contra Venezuela o de Venezuela contra Cuba o de un sistema de gobierno contra otro.  La autocracia se encuentra en todas las naciones y su violencia es evidente tanto en sus gobiernos como en sus pueblos.  Mi planteamiento no es polemizar, sino el de buscar el trasfondo de los disturbios en Venezuela.  No debemos descuidar nuestra propia historia.  Comprenderla significa examinar las posibilidades y la inclusividad de si lo que es posible para un pueblo puede serlo para otros.  Comprenderemos nuestra historia cuando lleguemos a un acuerdo sobre nuestro propósito.  Cada individuo lo determina a través de sus propias acciones.  Asegura y une, y no permite que se olviden los errores.

BBT repuso:

  • En primer lugar, debes conocerte a ti mismo, conocer tus ideas inexplicables – tus intuiciones – y lo que quieres conseguir como escritor.  Observar, sí, ver el conjunto sin intentar reducir tu comprensión a una fórmula matemática.  Es importante no desoír que no tenemos acceso a todas las respuestas.  La Historia es mucho más que factores políticos y económicos.  La naturaleza de la Historia es inmensa.  Es imposible corregir todos los errores de la historia.  Las preguntas y respuestas cambian dependiendo de una realidad global en transformación que es demasiado compleja para que podamos comprenderla en su totalidad.

Concluí:

  • Ciertamente toda interpretación implica múltiples preguntas, incluso después de terminado el texto. Tal vez escribir esta narración no sea más que una criba de la herencia venezolana por mí mismo.  En respuesta a tus consejos me viene a la mente una perspectiva de mi propia experiencia como profesor de visualización en perspectiva.  Entre los estudiantes, coincidimos en que es necesario un punto de vista coherente para crear un espacio creíble, sea cual sea el método.  Esta narración también materializará la secuencia de los acontecimientos para cuestionarlos.

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Capítulo 5

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« Abstracto »

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« Una alegoría geométrica » es el resultado del socialismo proclamado por Hugo Chávez, el cual se convirtió en un régimen autocrático.  ¿No estaría justificado preguntarse si sus acciones son también el resultado de la sociedad venezolana y no el subproducto de un precursor extranjero?

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Capítulo 6

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« Crónicas de Hugo Chávez »

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Hugo Chávez nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta, Venezuela, y falleció a la edad de 58 años en Caracas, el 5 de marzo de 2013 a las 16:25 horas VET (20:55 UTC), según informa la prensa oficial venezolana.   Se autodenominó líder de la Revolución Bolivariana.   Entre los elementos más destacados se encuentran el énfasis en el nacionalismo, un sistema político centralizado y la participación de los militares en la política.   Esta ideología se conoce como chavismo.

Hugo Chávez (de 11 años) en sexto grado, año 1965 (Foto: Reuters).

Hizo su niñez en ese pequeño pueblo de Los Llanos en el noroccidental estado Barinas (cuya geografía está asociada a cacicazgos desde la época prehispánica).  Chávez era el segundo hijo de seis hermanos varones.  Sus padres no podían mantener a todos los hijos.  Así que él y su hermano mayor Adán vivían en la ciudad de Barinas con su abuela paterna.  Según Chávez ella tuvo una gran influencia emocional en él.  Cuando murió, Chávez le dedicó un poema cuya última estrofa reza así:

Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez:   Chávez Nuestro, (Casa Editora Abril.   La Habana Vieja, Ciudad de la Habana, Cuba).   2007. pp. 367-369

En su segundo de bachillerato Chávez empezó a recibir asesoramientos extraescolares de los activistas José Esteban Ruiz Guevara y Douglas Ignacio Bravo Mora.   Ellos le enseñaron en clase de Historia donde se familiarizó con el marxismo-leninismo y conoció los principios de la Revolución Cubana.

A los 17 años ingresó en la Academia Militar de Caracas.    Pensó que allí también podría formarse como jugador de béisbol para luego abandonar la academia lo antes posible.    Pero si bien le entusiasmaba la idea de ser un hábil lanzador zurdo, no pudo hacer realidad sus ambiciones.    A pesar de su falta de interés, se quedó en la academia y se graduó en 1975 entre los últimos de la clase.

Chávez comenzó la carrera militar como teniente segundo del ejército.  Su primera misión fue capturar a guerrilleros de izquierda.  Durante la persecución, Chávez se identificó con ellos.  Creía que luchaban por una vida mejor.  En 1977, Chávez estaba harto de la disciplina y las constantes advertencias del ejército y estaba dispuesto a poner fin a su carrera militar y unirse a los insurgentes.  En busca de la confirmación de sus objetivos se reunió con su hermano Adán, quien le convenció para que permaneciera en el ejército:  « . . . , sino yo a lo mejor me voy del Ejército, no tú no te puedes ir me dijo Adán también, no, te necesitamos ahí, cómo que quién me necesita, . . .».  Consciente de su misión, Chávez y algunos compañeros militares fundaron en 1982 el Movimiento Bolivariano Revolucionario – 200 , cuyo objetivo era difundir su propia versión del marxismo en las fuerzas armadas y dar un golpe de estado.

Chávez anuncia su arresto en cadena nacional y llama a las tropas insurgentes a rendirse.

El 4 de febrero de 1992, el teniente Chávez y sus aliados militares dieron un golpe de estado contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez.  Sin embargo, la rebelión fue aplastada.  Acorralado en el Museo de Historia Militar de Caracas Cuartel de la Montaña, cerca del palacio presidencial, Chávez se rindió, a condición de hablar con los conspiradores por televisión.   Debía pedirles que depusieran las armas para evitar mayores pérdidas.  La petición fue atendida:  «Compañeros, lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados . . . ».  Su mensaje se convirtió inmediatamente en una carrera política.

En 1994, el nuevo presidente Rafael Caldera Rodríguez absolvió a Chávez de todos los cargos.   Tres años después, Chávez fundó el partido Movimiento de la Quinta República [MVR] y reclutó a militares socialistas para las elecciones presidenciales.  A la edad de 43, ganó con una popularidad abrumadora.

En su primer año de mandato, Chávez alcanzó un índice de aprobación del 80%.  Su programa incluía el fin de la corrupción, el aumento de los programas sociales y la redistribución de la riqueza.  Jorge Olavarría de Tezanos Pinto [1933-2005] acabó convirtiéndose en una de las voces de la oposición, aunque incialmente las había rechazado.  Al final de las elecciones, Olavarría se volvió su principal oponente.  En 1999, en presencia de Chávez al frente de la Asamblea Nacional, Olavarría pidió la destitución de él por considerar que atentaba contra el orden democrático.  Argumentó que Chávez estaba violando la Constitución de 1961 al nombrar a miembros del ejército para cargos gubernamentales.  Sin embargo, el programa populista de Chávez ya prevía la redacción de una nueva constitución que debía ser aprobada por unanimidad de los partidos políticos.  Esto le permitió elegir a los oficiales militares y le dió el control del poder estatal, incluido el Consejo Nacional Electoral.   Esta nueva constitución – ratificada el 15 de diciembre del mismo año – preveía nuevas elecciones para todos los cargos gubernamentales.   En las “megaselecciones” de 2000, Chávez consiguió prorrogar su reelección para un mandato de seis años.  Sin embargo, los miembros elegidos a su favor para un organismo unicameral recién formado no lograron hacerse con el control total de la Asamblea Nacional.  Como consecuencia, la dirección de su partido invirtió la diferencia mediante el mecanismo de la Ley Habilitante para aprobar leyes por decreto.  Al mismo tiempo, Chávez inició un proceso de reforma para reorganizar las instituciones del Estado.  Sin embargo, no se cumplieron los requisitos de la Constitución.  El nombramiento de los nuevos jueces para el nuevo Tribunal [1999] se llevó a cabo sin ningún rigor.  Las competencias de los nuevos jueces parecían excluir su ilegitimidad e incumplimiento.  Cecilia Sosa, todavía presidenta de la Corte Suprema de Justicia [CSJ: 1961-1999], declaró que “la CSJ estaba autodisuelta.”   Consideró el Estado de Derecho enterrado.

Aunque algunos venezolanos preferían apoyar a Chávez como alternativa a un sistema democrático inestable entre los tres partidos (Acción Democrática o AD; El Comité de Organización Política Electoral Independiente o partido socialcristiano COPEI, y la Union Republicana Democratica o URD) que existían desde 1958, la mayoría estaba ahora gobernada por un único partido (el Partido Socialista Unido de Venezuela o PSUV) que era una versión nueva del partido comunista internacional del siglo XX.  Los poderes legislativos y ejecutivos estaban más centralizados que nunca.  No había mayores garantías judiciales de los derechos constitucionales para asegurar la participación de los ciudadanos en un orden democrático.  Chávez estrechó lazos con Fidel Castro y declaró su intención a llevar a Venezuela por un camino similar al de Cuba.  Este acuerdo se denominó VeneCuba.  Chávez suprimió la radio independiente.  Se enemistó con Estados Unidos y otros países Occidentales estrechando lazos con Irak, Irán y Libia.  A principios de 2002, su índice de aprobación cayó al 30%.  Las manifestaciones contra Chávez se hicieron habituales.  Incluso los aliados militares empezaron a desaprobarle.

El 11 de abril de 2002, tuvo lugar una manifestación con más de un millón de personas.  Marcharon hacia el palacio presidencial y exigieron la dimisión de Chávez.  La protesta fue pacífica hasta que aparecieron agentes de la Guardia Nacional y paramilitares enmascarados.  Dispararon contra la multitud.  La llamada Masacre de El Silencio se cobró la vida de muchos manifestantes.  Estos sucesos desencadenaron la sublevación de varias divisiones militares.  Detuvieron a Chávez e instalaron un gobierno de transición bajo la dirección de Pedro Francisco Carmona Estanga.  Al día siguiente, Carmona suspendió la Constitución para crear un nuevo orden.  Disolvió la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia.  También destituyó al Fiscal General, al Contralor General y a los gobernadores y alcaldes.  Sin embargo, en menos de 48 horas (el 13 de abril), el ejército cambió de estrategia y retiró el apoyo a Carmona.  El capitán Diosdado Cabello Rondón fue restituido como presidente.  Tras jurar su cargo, Cabello devolvió a Chávez al poder.

El golpe militar llevó a Chávez a purgar a sus aliados y luego surgieron graves conflictos entre su gobierno y la oposición.    En diciembre de 2002, los partidos de la oposición respondieron con una huelga nacional para obligarle a dimitir.    La huelga se centró en la compañía petrolera estatal que generaba el 80% del producto interior bruto (PIB) del país.    Chávez despidió a treinta y ocho mil empleados y los sustituyó por personas de su agrado.    En febrero de 2003 finalizó la huelga y Chávez se hizo con el control total de los ingresos.

Entre 2003 y 2004, la oposición convocó un referéndum para derrocar al presidente, mientras Chávez utilizaba los ingresos del petroleo en el pico de su valor de mercado y los invertía en programas sociales que le reportaran más apoyo.  A finales de 2004, se recuperó su popularidad y el referéndum fracasó.  En diciembre de 2005, la oposición propuso boicotear las elecciones asamblearias para protestar contra el corrupto Consejo Nacional Electoral (CNE).  Como era de esperarse, la coalición de Chávez consiguió aumentar su mayoría en la Asamblea.

En diciembre de 2006, Chávez salió reelegido por tercera vez.    Inició la nacionalización de las grandes industrias como el oro, la electricidad, la minera, la agricultura, las telecomunicaciones, la banca, así como de otras más pequeñas.    Adoptó un paquete de nuevas enmiendas constitucionales para ampliar el poder ejecutivo y su control sobre el Banco Central de Venezuela.    Intentó modificar el derecho a confiscar la propiedad privada.    Propuso convertirse en presidente vitalicio.    Sin embargo, en diciembre de 2007, la Asamblea rechazó el paquete por un estrecho margen.

En febrero de 2009, Chávez volvió a presentar con éxito la misma propuesta.    Bajo el asesoramiento cubano expandió un programa para suprimir la disidencia.    Detuvo a opositores elegidos y cerró todas las televisiones privadas.

En junio de 2011, Chávez anunció que para extirparle un tumor se sometería a una intervención quirúrgica en Cuba.   Buscó ayuda allí a pesar de contar con los conocimientos necesarios en Venezuela.    Sus declaraciones parecían contradictorias.   El electorado dudaba de su competencia para las elecciones.   En 2012, a pesar de su estado de salud, Chávez se presentó contra Henrique Capriles y ganó las presidenciales.

Chávez durante la campaña electoral en febrero de 2012.

En diciembre de 2012, Chávez se sometió a una cuarta operación en Cuba.  Antes de su partida, él anunció su propia transición y nombró sucesor a su vicepresidente Nicolás Maduro (Maduro formaba parte de una troika con Diosdado Cabello [jefe militar] y Rafael Darío Ramírez Carreño [administrador de Petróleos de Venezuela, SA o PDVSA].  Tras intervención quirúrgica en Cuba, fue trasladado al Hospital Militar Universitario Dr. Carlos Arvelo (adscrito a la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela o UMBV) el 11 de diciembre, donde permaneció incomunicado.  Algunos miembros del gobierno negaron la acusación de asesinato por parte de los servicios de contrainteligencia venezolanos.  Tampoco era creíble el reporte del ex-fiscal general Luisa Ortega Díaz, según el cual Chávez ya había muerto el 28 de diciembre, como también anunciaron militares desertores en Colombia.  El gabinete de Maduro rechazó las acusaciones.  En sus desmentidos Maduro afirmó que no se había cometido ningún delito.  Pidió entonces a la Asamblea Nacional que postpusiera indefinidamente la toma de posesión.

La Asamblea Nacional votó a favor del aplazamiento.  Entonces se supo que Chávez había muerto el 5 de marzo.  Fue embalzamado en tres etapas diferentes sin que se le practicara autopsia.  A los treinta días siguientes, Maduro ganó las elecciones.

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Capítulo 7

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La resistencia a la autoridad utiliza a menudo un simbolismo que requiere interpretación y va en contra del proceso alegórico.  Como Platón, pienso que el verdadero filósofo debe ser alegorista invertido.  Debe considerar los fenómenos a interpretar en una escala ascendente y atribuirles un valor último sólo en la medida en que revelen su realidad ideal en el mundo de las formas, en lugar de entregarse a especulaciones confinadas al ámbito moral y físico.

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Capítulo 8

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«Allégorie de la Géométrie», del artista barroco francés Laurent de La Hyre [1606-1656], óleo circa 1649 (40 7/8 x 86 1/8 in.) – Museos de Bellas Artes de San Francisco. Roscoe and Margaret Oakes Fund.

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«Allégorie de la Géométrie» [1649] de Laurent de la Hyre encendió mi visión de un gobierno ideal:   una geometría de virtudes, donde reina el equilibrio y el orden se despliega con perfecta simetría.   La justicia, la templanza y la sabiduría forman el trígono de la armonía, cuya interacción da forma a un gobierno tan preciso y continuo como las líneas del compás, un testimonio perdurable del poder de la virtud.   Un gobierno virtuoso, al igual que las leyes eternas de la geometría, puede mantenerse como un faro de estabilidad y verdad perdurable.

En el ámbito del gobierno ideal, la virtud es la piedra angular de la relación entre un gobernante y los gobernados.  La virtud se refiere a la excelencia moral y la bondad de carácter que son esenciales para un gobierno ideal.   En este contexto, la virtud no es sólo un rasgo personal, sino un concepto relacional que existe entre el gobernante y los gobernados:   una cualidad que surge de la interacción y la relación entre el líder y el pueblo, en lugar de ser una característica de cualquiera de ellos por sí solo.   Esta comprensión de la virtud tiene sus raíces en la filosofía aristotélica, que enfatiza la importancia de virtudes como la justicia, la templanza y la sabiduría.

Estas virtudes son esenciales para crear una relación armoniosa y justa entre el gobernante y los gobernados, y para fomentar un sistema político que promueva el bien común.   La interacción histórica entre estos roles (el del líder y el de los gobernados) da forma a su destino, identidades, orígenes y valores compartidos.  Acontecimientos históricos – como la colonización de Venezuela y sus prolongadas guerras civiles que involucraron a varios caudillos [desde el movimiento de independencia en 1810 al final del régimen del dictador Juan Vicente Gómez en 1935] – han tenido un impacto duradero en la imagen que el pueblo tiene de sí mismo.  Como en muchos otros pueblos, la perversión de la virtud consiste en una relación geométrica proporcionalmente inversa entre su liderazgo y la perversión de la sociedad que lo produce y elige.  A medida que aumenta el autoritarismo, disminuye la voluntad del pueblo para corregirlo.  La ideología del chavismo no fue un fenómeno aislado, producto únicamente de Hugo Chávez, sino de una tolerancia más amplia hacia el abuso de poder, especialmente entre las élites.  La autodeterminación inspira resiliencia y progreso, pero para comprender las luchas y los logros de los pueblos se requiere reconocer los fracasos del pasado.  De lo contrario, la tarea de gobernar a un pueblo pervertido y sin memoria será difícil de llevar a cabo.  Tanto los esfuerzos diplomáticos como los movimientos políticos internos para lograr un cambio positivo se basan en los principios de la democracia, donde el éxito depende de fomentar la unidad entre los grupos de oposición.

La falta de confianza entre Hugo Chávez y el electorado definió su relación.    Una relación geométrica entre la perversión del pueblo y el autoritarismo de sus gobernantes conecta la trama.  Ambos fueron víctimas y perpetradores, con gobernantes incapaces de hacer cumplir las leyes y el pueblo accediendo a ello.  Chávez y el pueblo buscaban honor y respeto, pero su comprensión de la buena voluntad era errónea.  En cuanto al respeto propio y la falta de respeto, la condición intermedia era la buena voluntad o benevolencia, y un exceso sería una especie de vanidad, mientras que su carencia indicaba una pusilanimidad humillante.  Era posible que al líder y al pueblo les importara más o menos de lo debido la apreciación de una conducta adecuada.  De hecho, el justo medio estaba en la moderación.  Por el mero deseo de ser virtuosos, el líder y el pueblo deberían haber tenido el valor de evitar la deshonra, pero si no lo hacían se convertían respectivamente en opresor y oprimidos sin la virtud del respeto propio.  Aristóteles decía que la virtud debía promoverse como el valor intermedio entre los excesos mediante el sentimiento de deshonra o vergüenza, con el deseo de que este sentimiento fuera noble.  El sentimiento de vergüenza debe servir para evitar el reproche.  Sin embargo, el autócrata temía más el dolor que el valor de enfrentarse.   El pueblo rehuía la confrontación y el reproche mientras que el autócrata daba rienda suelta al rechazo.  Si el pueblo y el autócrata hubieran admitido sus errores, se habrían mitigado las peores consecuencias.  En cambio, Chávez impuso el autoritarismo, tomó el control de los asuntos políticos y socavó la neutralidad civil.   En esto, reflejó a otros autócratas militares y distanció a la nación de su realización.  El papel militar es proteger al pueblo, pero fue el pueblo quien le dio poder a Chávez para falsificar el poder gubernamental y de esa manera profundizó los desafíos de la nación.

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Capítulo 9

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« La primera cuestión »

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  • Sobre el resentimiento social:

La tragedia surgió de una percepción entre compatriotas que esperaban confianza mutua.  El líder pensó que habría deseado una moralidad que hubiera beneficiado a las personas que vivían en la pobreza.  Pensó que habría podido llevar sobre sus hombros la carga de sus esperanzas.  Estaba dispuesto a luchar mediante medidas populistas y, al igual que el pueblo, con un falso sentido de la responsabilidad.  Para ambos, su error era inaceptable.

El gobierno de Chávez se caracterizó por la división:  Un régimen monocrático que se volvió contra la democracia, entendida como pluralismo, generó mayor desconfianza.  Hizo del odio la herramienta preferida, siempre que no se aplicara a sus partidarios. Amplió la brecha entre su déficit democrático y las demandas de sus ciudadanos.  En lugar de apostar por el parlamentarismo, el diálogo o la búsqueda de consensos y acuerdos, optó por la confrontación directa y la imposición de sus ideas mediante la intimidación y la violencia.  La división no ha disminuido con su muerte.   La batalla continúa.  Tras dominar la política durante catorce años, las ideas antioligárquicas y antiimperialistas siguen ardiendo vivas en el imaginario de sus seguidores.

Como parte de las reformas constitucionales, Hugo Chávez añadió un quinto poder, el Poder Ciudadano.  Su reforma proveía lo que llamaba una “soberanía popular” dentro del Poder Público, pero sin agencia legislativa ni sufragio universal.  En 2003, Chávez también encomendó a los ministerios tareas socioeconómicas (Misiones) para combatir la pobreza entre los ciudadanos.  La única condición para los beneficiarios era que fueran miembros de su Partido Socialista Unido de Venezuela [PSUV] que según la crítica equivalía a un control social.  Luego su sucesor, Nicolás Maduro expandió dicho control a través de un sistema creado por la Compañía de Equipos de Telecomunicaciones Zhong Xing Limitada, ZTE Corp. de la China.  

El lema de Simón Bolívar [1783-1830] como ícono populista sirvió de base para la política de Chávez, y también para sus oponentes.  Esto hizo necesario una batalla entre fuerzas opuestas en torno al mito de Bolívar.  Para legitimar su propia versión de Bolívar, Chávez transformó la República de Venezuela en la República Bolivariana de Venezuela.  Según argumenta el periodista Thor Halvorssen para el Economista, Chávez . . . deja una silla vacía en las juntas de gabinete para el espíritu del libertador.  Para fortalecer relaciones internacionales, regaló réplicas de la espada de Bolívar a sus socios en el extranjero [i].  En 2007, desenterró los restos de Bolívar para iniciar una investigación sobre la causa de su muerte.  Insistía en que fue asesinado a pesar de que el estudio (según Reuters) descartó envenenamiento intencional de Bolívar.  Chávez rechazó entonces los retratos existentes de Bolívar, como un óleo de José Gil de Castro de 1827.  Convocó por lo tanto a un equipo para crear su propia versión.  Como tenía acceso al cráneo de Bolívar, Chávez hizo recrear un busto generado tridimensionalmente por CGI o aplicación de gráficos computarizados.  Lo plasmó en murales por barrios pobres.  Su apariencia era más mestiza americana y menos europea que la de José Gil de Castro.

Los venezolanos se acostumbraron a los agravios de Hugo Chávez.   Si bien muchos lo vieron como una encarnación moderna de Simón Bolívar, la relación entre Chávez y el pueblo era compleja.   Ambas partes tenían grandes expectativas, pero no lograron comprender plenamente los límites de la responsabilidad de cada uno.   Este malentendido mutuo condujo a un ciclo de desilusión y desconfianza.

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  • NOTA FINAL

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Capítulo 10

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Emblema del Ejército Bolivariano.

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  • Sobre la gobernanza militar:

Chávez hizo hincapié en estructuras y prácticas equivalentes a los militares en su liderazgo y disciplina políticos.  Este enfoque contribuyó tanto a consolidar su autoridad como líder como a regular los asuntos internos de su movimiento.  Sólo los militares garantizaban el cumplimiento de su voluntad. Utilizó la presencia civil para ganar una sensación de legitimidad.  Una vez que las autoridades administrativas apoyaron a los militares en la defensa de sus pretenciones de poder, la fuerza militar creó un cerco entre el pueblo y el centro del poder.  Esto permitió a los militares obtener las ventajas propagadas por el Estado.  Los militares fingían preocuparse por la justicia, cuando en realidad sólo se preocupan por la seguridad de sus beneficios.  Los militares desatendieron sus deberes constitucionales mientras el presidente les encargaba abusar y torturar la población.  La dicotomía era que, para el chavismo, la lucha contra una oligarquía existente justificaba la creación de una nueva oligarquía bajo los militares.  Tal justificación era moralmente errónea.  Chávez propagó un movimiento proïmperialista que buscaba la unificación de América Latina.  Promovió deliberadamente el extremismo con la intención de corromper la capacidad de resistencia del pueblo.  La verdadera batalla fue entre el fanatismo y la democracia.  Fue una lucha que promovió la intolerancia y restringió los derechos civiles y las libertades fundamentales.  Las cosas se pusieron cada vez más difíciles para el pueblo, que no se atrevía a desafiarla.  La gente se sometió a la servidumbre hasta que tuvo el valor de decir ¡basta!, porque no cambiarían hasta que tuvieran que enfrentarse a ella.

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Capítulo 11

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En un régimen autoritario como el chavista, la autoridad gobernante ejercía un control absoluto sobre todos los aspectos de la vida individualista.  Esto incluía la restricción gradual de los partidos políticos y las ideologías de oposición, así como la manipulación de las clases sociales para garantizar su dependencia.  El objetivo era mantener una estructura jerárquica que beneficiara principalmente a quienes detentaban el poder.  El Estado autoritario de Hugo Chávez pretendía reinventarse a sí mismo y su marca de “Morir por la Revolución” o “Luchar por la Patria Grande” utilizando “Mi Pueblo” y “Mi Nación” como lenguaje de la violencia.  Estas consignas pretenden convertirse en soluciones a los conflictos económicos y sociales, que el Estado militarizado no puede ni quiere resolver.  En ese sentido, “el Presidente para el pueblo” es una aliteración vacía, un embrollo personal, una nada bárbara, cuyo ritmo es el compás de las consignas autoritarias.

El Estado venezolano idealiza la violencia como medio de asimilación.  Declara que la igualdad es una ideología tribal y divisoria, y su apelación a fuerzas externas tiene poco que ver con la defensa de las necesidades de su pueblo.  Si este Estado no crea riqueza debido a su incompetencia, violencia y corrupción, ¿cómo puede explicar su propia victimización en otros lugares?  Es más bien el resultado de una ideología simplista y homogeneizadora al mismo tiempo.  Fusionar así a la población es un error.  Conduce a una espiral descendente de falsas equivalencias y a juicios que marginan las diferentes identidades sobre la base de invenciones y prejuicios.  La sugerencia de alinear una entidad dominante contra un enemigo ajeno mientras se suprime toda variabilidad y diferencia entre grupos es una consigna contraproducente que promueve una noción de virtud exclusiva sobre todas las demás y refuerza un nocivo sentido del privilegio.  Tal condicionamiento ha demostrado ser un proceso desastroso en la historia venezolana.[i]

El papel histórico de los oficiales militares en Venezuela ha sido significativo y ha dado forma a la trayectoria del país para bien o para mal.   Desde las guerras de independencia de 1812, Venezuela ha sido testigo de una serie de conflictos civiles-militares impulsados ​​por caudillos que compiten por el poder.   Esta tendencia se intensificó en la década de 1930 con el surgimiento de la literatura marxista-leninista, cuyo objetivo era politizar las Fuerzas Armadas.   Publicaciones castrenses a través de universidades como las Universidades de los Andes, Zulia y la Universidad Central de Venezuela [ii] buscaron inculcar en los soldados la creencia de que el imperialismo estadounidense, y no el comunismo, era el verdadero enemigo.   Las tensiones geopolíticas entre la Unión Soviética y Occidente alimentaron aún más la politización militar, a medida que los militares buscaban romper con el paradigma liberal ejemplarizado por los Estados Unidos de América.   En particular, a partir de los años sesenta, esto llevó a varios levantamientos militares fallidos contra el gobierno civil democrático de Rómulo Betancourt, a pesar de los vínculos del propio Betancourt con organizaciones procomunistas.   El punto es que estas influencias históricas continúan moldeando la mentalidad del ejército venezolano hasta el día de hoy.

Desde la Guerra Fría, los líderes civiles en América Latina han enfrentado un mayor riesgo de desplazamiento a través de movilizaciones masivas que de golpes militares.   Por ejemplo, de las quince transferencias de poder no constitucionales en la región entre 1990 y 2004, trece fueron iniciadas por civiles, siendo Venezuela una excepción notable.   En medio del resurgimiento del populismo, Hugo Chávez contó con el respaldo del ejército venezolano durante las protestas civiles de 2002 y 2004.   Este apoyo militar surgió de complejas disparidades dentro de la élite civil y militar, mientras que la falta de cohesión entre los partidos de oposición reforzó el control de Chávez – a pesar de toda resistencia.

Al profundizar estos elementos del contexto histórico, la dinámica subyacente del autoritarismo militar y la contínua devolución de la nación, será posible explorar por qué persisten ciertas actitudes, comportamientos y normas sociales, a pesar de todo esfuerzo para cambiarlos.   De ser así, será posible desarrollar respuestas a estrategias y soluciones para un cambio de gobierno – las cuales fomenten una transformación positiva.   Sólo a través del análisis y la reflexión colectiva podremos allanar el camino hacia un futuro más ilustrado y progresista para la sociedad venezolana.

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  • NOTAS FINALES

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Capítulo 12

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No reconocer la validez de las diferencias de opinión socava la verdad.  En términos políticos el instinto de poder por encima de la racionalidad inhibe el desarrollo humano.  En un mundo en el que la elección individual parece primordial, ¿cómo podemos aprender a aceptar la validez de las diferencias?  Si los ideales de quienes ostentan el poder son los únicos admisibles, cualquier grupo contrario queda despojado de legitimidad.  Si nos centramos en las habilidades democráticas, como la escucha activa, el pensamiento crítico y la humildad, podremos detener la degradación de las libertades políticas.  Las exigencias del autoritarismo se reformulan a través del paternalismo.  Para el autócrata, la libertad significa lo que la autocracia quiere.  Del mismo modo el pueblo autoriza al autócrata con lo que quiera.  Pero si el pueblo valora su libertad, no puede permanecer neutral.  El autócrata manipula los vicios del pueblo.  Si queremos hacer frente al autoritarismo debemos reconocer nuestro poder sobre él, en lugar de aceptarlo.  El antídoto contra autoritarismo (el populismo) requiere, sobre todo, previsión histórica y conocimiento.  A quienes no quieren conocer los peligros del autoritarismo, podemos decirles que contenerse no es una opción.  El espectador pasivo es tan cómplice del déspota como el actor que finge estar de acuerdo.  Para el opresor la resistencia es el enemigo.  Para el oprimido la resistencia es el único medio de defensa.  El opresor se mide por el hecho de que quiera eliminar a sus oponentes y todo antagonismo.  La autocracia refuerza la represión y el abuso mutuo.  El silencio del pueblo, a su vez, sólo sirve al opresor.

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Capítulo 13

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  • Sobre el enemigo en común:

¿Hay alguna forma de salir de este ciclo de rivalidades?  Ni el heroísmo ni la villanía aportarán claridad a un pueblo si no hay democracia.  Enfrentar a un partido político contra otro es una narrativa falsa.  La raíz de la desigualdad sociopolítica reside en la falta de comprensión de la gobernanza democrática.  En Venezuela, los partidos de la oposición que se suponían contener a la oposición fueron los mismos que se sometieron a Hugo Chávez en 1999.  Y fueron los mismos que aceptaron el programa de su sucesor Nicolás Maduro en 2014.  A la oposición venezolana le ha costado encontrar la unidad debido a diferencias ideológicas, rivalidades personales y distintas estrategias para superar la crisis.   Las diferencias de opinión sobre asuntos como las negociaciones con el gobierno, el compromiso internacional y el papel de ciertos líderes no lograron una cooperación coherente.  La presión externa también contribuyó a las divisiones dentro de la oposición.  Superar estos obstáculos es esencial para una acción conjunta eficaz contra el régimen autoritario.  En 2023, la oposición no ha conseguido desmarcarse de este camino.  Juan Guaidó (de enero de 2019 a enero de 2023) no logró formar un nuevo gobierno al ser destituido de su propia coalición.  Su partido no es diferente de los que conviven con el autoritarismo y la violencia del Estado.  El hecho de que sea inexplicable sólo genera malestar entre la población.  La polarización resultante aumenta la violencia.  Mientras tanto, el señuelo de la resistencia consiste en transigir con un gobierno caracterizado por la ilegalidad y del que nadie sabe cómo deshacerse.  Todos tienen la misma fuente:  El tercer presidente de la Primera República de Venezuela, Francisco de Miranda, dijo [el 31 de julio de 1812] cuando fue entregado al ejército español para su detención con la colaboración de Bolívar:  “¡Bochinche, bochinche . . .!” (¡Calumnia, calumnia! . . .[i]).  Ésta fue su exclamación en el momento de su captura.  Con bochinche Miranda se refería al engaño de la promesa de liberación a través del desorden y el vicio de los chismes y la intriga que imperaban entre los militares venezolanos.  Persisten hoy el mismo desorden y vicio, la misma corrupción arraigada y política egoísta que durante mucho tiempo han plagado a Venezuela.   La oposición sucumbe al fraude y la demagogia mientras busca amnistía a cambio de favores del líder o busca descaradamente beneficios personales.   Las elecciones se amañan y las promesas se incumplen impunemente.   No es de extrañar que las soluciones y alternativas sean escasas, dada la flagrante incompetencia de los políticos.

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  • NOTA FINAL
  • [i]   John Lynch, Simón Bolívar:   A Life (New Haven:   Yale University Press) [2006], 2007, pág. 62

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Capítulo 14

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  • Sobre la anarquía represiva:

Aunque los poderes políticos hayan comprometido el potencial de los jóvenes, algún día surgirá de ellos una nueva generación que dará un mejor ejemplo.  Tal vez esta visión esté liderada por quienes hoy arriesgan su vida por la paz y la justicia.  Sería posible si el país promoviera las libertades universales.  El precio de la inacción es el fracaso del Estado de derecho, pues sin la aplicación de sus leyes, tanto el pueblo como sus dirigentes se acostumbran a la anarquía.  La nación sólo tiene raíces en la amonestación y la advertencia contra cualquier atisbo represivo de transgresión.  La obligación para con las leyes reside en su cumplimiento.  De lo contrario, ya no hay ley ni libertad.  La libertad de expresión cesa.  No queda más remedio que renovar el Estado de derecho.  Ante el inminente colapso de la nación, el pueblo está obligado a actuar.  Al hacerlo, están cumpliendo con su responsabilidad.  Sin embargo, si no consiguen eliminar la amenaza crónica e insidiosa que ha existido es porque el pueblo y sus dirigentes se han acostumbrado.

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Capítulo 15

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  • Sobre el imperativo de priorizar la democracia:

Los líderes autoritarios distorsionan a menudo los ideales democráticos para justificar su régimen dictatorial; el mundo se enfrenta muchas veces a amenazas sin precedentes como pandemias, guerras y cambios climáticos; y se acelera la agitación de las relaciones humanas.   La actual situación mundial está provocando una percepción sesgada de la realidad; como consecuencia surgen nuevos retos para comprender el mundo.   Para superarlos tiene sentido rediseñar contratos sociales que permitan la innovación y garanticen un futuro sostenible.

Por ello la proclamación de los principios clásicos de la democracia es más importante que nunca.   1) Estado de Derecho:   Un marco jurídico que garantice la igualdad ante la ley, proteja los derechos individuales y responsabilice a los funcionarios del gobierno.   2) Elecciones libres:   Elecciones periódicas libres de fraude, coacción e intimidación, que permitan a los ciudadanos elegir a sus representantes mediante un proceso transparente.   3) Libertades civiles y derechos humanos:   Protección de libertades fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad religiosa y la libertad de prensa.   4) Separación de poderes:   Un sistema de controles y equilibrios entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial del gobierno para evitar que uno de los tres poderes adquiera demasiado poder y garantizar la rendición de cuentas.   5) Un poder judicial independiente:   Un poder judicial imparcial que defienda el estado de derecho, interprete y aplique las leyes con equidad y proteja los derechos de las personas frente a violaciones por parte del gobierno u otros actores.   6) Participación cívica:   Participación activas de los ciudadanos en los procesos políticos, por ejemplo a través de elecciones, protestas pacíficas y participación en organizaciones de la sociedad civil, para exigir responsabilidades al gobierno y dar formas a las políticas públicas.   7) Gobierno receptivo:   Funcionarios electos e instituciones estatales que responden a las necesidades y preocupaciones de la población y dan prioridad al bien común sobre los intereses creados.   8) Protección de los derechos de las minorías:   Medidas de protección para asegurar que sus voces sean escuchadas y sus derechos respetados.   9) Transparencia y rendición de cuentas:   Apertura y transparencia en la gobernanza, por ejemplo acceso público a la información, transparencia financiera y mecanismos para que los cargos electos y públicos rindan cuentas por sus actos.   10) Transferencia pacífica del poder:   Transferencia pacífica del poder entre partidos o grupos políticos opuestos mediante elecciones sin uso de la fuerza ni la coacción.  

En resumen, la democracia requiere la participación activa de los ciudadanos, un compromiso con los valores de estos principios, un esfuerzo constante para superar los retos y el fortalecimiento de instituciones autónomas de gobierno.

En Venezuela, la lucha entre democracia y dictadura es fundamental.   A lo largo de los últimos veinticinco años, la concentración de la autoridad dictatorial militar, bajo un régimen de partido único, ha resultado en la disminución de las libertades individuales y en un deterioro de las condiciones sociopolíticas y económicas.

Reconocer la amenaza inminente de una dictadura es imperativo para el progreso de una nación.   Lograr la unidad, tanto política como económica, depende de la celebración de elecciones transparentes y equitativas en las que el sufragio universal se mantenga confidencial.   Implementar estrategias que garanticen una distribución justa del poder es crucial para atenuar los peligros que plantean los regímenes opresivos y la centralización de la autoridad.

Proteger la democracia garantiza que cada ciudadano contribuya activamente a dar forma al futuro de su nación.   Es esencial frustrar la explotación de las clases sociales por parte de oligarquías y cleptocracias políticas, que priorizan el beneficio personal sobre el bien público.   Fortalecer la democracia requiere invertir en instituciones inclusivas como poderes judiciales independientes y una prensa libre.   Además, es fundamental fomentar el compromiso cívico y promover la educación y el pensamiento crítico.   Es imperativo introducir talleres sobre participación ciudadana y alfabetización digital para todos los grupos de edad.   Además, para lograr la resiliencia y el progreso democráticos es necesario fomentar nuevas políticas de colaboración regional y apoyo internacional, en lugar del aislamiento.

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Capítulo 16

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  • Sobre la violencia:

El fin no justifica los medios como suele decirse.  Si los medios son ilegítimos, lo es también el fin.  La intolerancia de la pluralidad o la diversidad fomenta el abuso.   El problema no es tanto el sistema, la revolución o la ideología, sino el reclutamiento tribal:   el reclutamiento en pasiones políticas, que significa la pérdida de la autodeterminación por la lealtad forzada.   Quienes se unen a una pasión concreta pueden sentirse obligados a ajustarse a la ideología de grupo y abandonar sus propias creencias y valores.  

La justicia es el ejercicio de la libertad.  Sustituir la libertad por el paternalismo y la violencia es pervertirla.  La protección de la libertad consiste en resistirse a la arbitrariedad.  Cuando un pueblo entrega su capacidad de razonar a la sinrazón de sus gobernantes, entrega su propia tarea, la tarea de su espíritu, a la entrega de su mente.  Es necesaria una defensa constante. El precio de ello es rechazar las normas falsas.

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Capítulo 17

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« La quinta prueba »

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  • Sobre los derechos humanos:

¿Qué es lo que inhibe culturalmente?  Venezuela ha heredado una tradición política de escepticismo y de rechazo a la fe colectiva.  Ha heredado un legado de autoritarismo y desconfianza hacia la libertad.  ¿Qué logros increíbles no alcanzaría su gente si el sistema sociopolítico la empodedara en lugar de dudar de ella y reprimirla?  Eso sería la verdadera revolución.

Si queremos tener una sociedad en paz, no podemos lograrla mediante la violencia y la represión.  Hay suficientes recursos para que los venezolanos vivan en paz y en abundancia, pero las fuerzas políticas en conflicto hoy mantienen al país en un estado de miseria.  Es necesario un ajuste en las mentes de los políticos y sus electores si sus argumentos no han resuelto sus diferencias.  Ninguno sobrevivirá aislado.  Si lo hicieran, se corromperían hasta llegar al nihilismo existencial en su negación de todos los principios sociales.  Salvaguardar los intereses sociales del pueblo es la base más importante sobre la que se pueden justificar moralmente los derechos humanos en el gobierno de un país.  La validez filosófica de los derechos humanos descansa en una única cualidad humana:  la capacidad de libertad, es decir, el derecho igual de todos los seres humanos a la libertad, incluida la seguridad frente a la violencia y las condiciones materiales necesarias para la supervivencia personal.  La libertad y el bienestar son requisitos esenciales para las personas razonables.  Aunque el conflicto entre las diferencias sociales y políticas es una parte estructural de la vida comunitaria, todo el mundo debe reconocer que la aplicación de principios éticos ayuda a lograr el acuerdo en una sociedad pluralista.  A diferencia del autoritarismo, que se impone mediante la división, el cumplimiento de la sociedad libre se manifiesta a través de un espíritu ético.   Si el lenguaje y las acciones se convirtieran en el artífice de la ventaja tribal, devaluaríamos cualquier intención de defender los derechos civiles de todas las personas.  Para encontrar un equilibrio entre las distintas posturas, el conocimiento experiencial humano desempeña un papel crucial a la hora de decidir si las normas jurídicas son positivas o negativas.  Para mantener el orden civil hay que encontrar un cierto grado de compromiso.  Así, las leyes se modifican mediante el intercambio de ideas.  Sin embargo, cuando el cambio se produce a través de la eliminación radical de la experiencia humana establecida (la eliminación de leyes anteriores a través de cambios basados en nuevas construcciones ideológicas impuestas por el extremismo), el resultado es el caos absoluto.

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Capítulo 18

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« La prueba final »

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  • Sobre la liberación de la injusticia:

La pregunta es:  ¿Qué será de la nación?    Se requiere honestidad para analizar los prejuicios y la apatía.   ¿Cómo apelar a la consciencia?  Cuando una nación de leyes pierde su liderazgo, a los políticos no les importan ni los votantes ni el país.  Pedir cuentas a los votantes no es diferente de la mendacidad de los políticos, pues no sólo sus fechorías tienen las peores consecuencias, sino también la cobardía de la inacción y el acatamiento de quienes los eligen.  Es el monstruo que vive en cada votante.  Para proteger a la comunidad todos deben defender un destino político con la esperanza de recuperar la nación.

¿Entenderemos el espíritu de moderación que salva la integridad? ¿Comprenderemos la falta de valor?  ¿Rechazaremos nuestro miedo a la insuficiencia?  Si no, ¿persistiremos en la brutalidad?

El futuro del país es tan oscuro o brillante, dependiendo de los deseos y esperanzas de su gente.   La justicia y la libertad no son absolutas.   Por ello, la venganza y el sufrimiento son fuerzas irrevocables.   La comprensión de la naturaleza humana sólo se logra mediante el toma y daca de intereses contrapuestos.   La mayor oscuridad es la falta de voluntad para explorarla.   La paz se basa en el compromiso.   Pero para las personas que abusan de su poder – a quienes hoy llamamos déspotas – el compromiso no es posible porque su poder es ficticio y no están interesados en la verdad.   Su ficción y debilidad son lo opuesto a la verdad y la fuerza que nos multiplica a través del compromiso.   La cuestión de una gobernanza eficaz alienta la búsqueda de explicaciones en lugar de interpretaciones ficticias.   Sin embargo, para comprender las desavenencias que llevan a justificar el abuso de poder, hay que reconocer primero que ninguna civilización produce una mentalidad monolítica y que sería imposible descifrar sus motivaciones o segundas intenciones.   Las luchas de poder forman parte de la imperfecta naturaleza, tanto entre gobernantes de muchas naciones como entre sus pueblos.  Las luchas de poder existen a todos los niveles y entre todo tipo de personas en cada sociedad:  entre empresarios y trabajadores, profesores, sacerdotes, padres, hermanos, cónyuges, et al.   Cada individuo tiene su propia responsabilidad al respecto.   Si cada uno de nosotros examinase sus propias acciones, podría cambiar, no sólo interiormente como hacia el entorno inmediato, sino también hacia la santidad de todos los seres vivos.   Si nos respetamos en nuestra diversidad, encontraríamos las respuestas para un futuro mejor.   Ésa sería nuestra urgencia . . . .

¿Qué conseguimos protestando en contra de la injusticia y las mentiras que la promueven, si no es buscando la compasión por la injusticia que hay en cada uno de nosotros?   Nada cambia el hecho de que elijamos redimirnos.

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Fin

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Ricardo Federico Morín Tortolero.  Bala Cynwyd, Pensilvania, 26 de mayo de 2024

Editor, Billy Bussell Thompson.  Ciudad de Nueva York, Nueva York


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Reconocimiento

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Me gustaría agradecer a Billy Bussell Thompson (BBT) por su cuidadosa orientación editorial.   Sus comentarios me ayudaron a aclarar ideas complejas, lograr un equilibrio entre la verdad emocional y la exactitud de los hechos y fortalecer la credibilidad y los matices de mis argumentos.   Aprecio su generosidad y experiencia, que han mejorado enormemente la calidad de mi trabajo.

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Bibliografía

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  • Arana, Marie.   Bolívar:   American Liberator.   New York:   Simon and Schuster, 2013.
  • Aristotle’s Nicomachean Ethics.   Chicago:  The University of Chicago Press, 2011.  A New Translation by Robert C. Bartlett and Susan D. Collins.  
  • James Baldwin’s Collected Essays:   Notes of a Native Son / Nobody Knows My Name / The Fire Next Time / No Name in the Street / The Devil Finds Work / Other Essays.  Edited by Toni Morrison.   New York:   Library of America.   1998. 
  • Bolívar, Simón.   Discursos (Pensamiento).   Spanish Edition.   Barcelona:   Linkua Ediciones, 2007. 
  • Cohen, Richard.   Making History:   The Storytellers who Shaped the Past.   New York:   Simon and Schuster, 2022. 
  • Diamond, Jared.   UPHEAVAL:   Turning Points for Nations in Crisis.   New York:   Allen Lane, 2019. 
  • Fukuyama, Francis.   LIBERALISM AND ITS DISCONTENTS.   New York:   Farrar, Straus and Giroux, 2022. 
  • García Márquez, Gabriel.   El general en su laberinto.   New York:   Random House LLC, 1989.
  • Guevara, Ernesto (Che).   La Guerra de Guerrillas.   NUEVA EDICIÓN AUTORIZADA Y CORREGIDA.   Republished by Siete Cuentos with Penguin Random House, 2024.
  • Jackson, Michael.   The Politics of Story Telling.   Variations on a Theme by Hannah Arendt.   2nd Edition.   Chicago:   The University of Chicago Press [Distributed for Museum Tusculanum Press].   2013. 
  • Jacobs, Norman.   The Origin of Modern Capitalism and Eastern Asia.   New York:   Octagon Books, 1981. 
  • Martin Luther King: The Essential Box Set: The Landmark Speeches and Sermons of Dr. Martin Luther King, Jr.   Edited by Carson, Clayborne; Shepard, Kris; Holloran, Peter.   Audio book.   New York.   2009
  • Lynch, John.   Simón Bolívar:   A Life.   New Haven:   Yale University Press, 2007.  
  • Miranda, Francisco de.   The New Democracy in America:   Travels of Francisco de Miranda in the United States, 1783-84.   Translated by Judson P. Wood; edited by Ezell, John S. Norman.   Norman:   University of Oklahoma Press, 1963.  
  • Piketty, Thomas.   CAPITAL IN THE TWENTY FIRST CENTURY.    Translated by Arthur Goldhammer.   Cambridge, MA:   Harvard University Press, 2014. 
  • Rangel, Carlos.   Del buen salvaje al buen revolucionario.   Caracas:   Monte Avila, 1976.  
  • Snyder, Timothy.   On Tyranny:   Twenty Lessons from the 20th Century.   New York:   Tim Duggan Books, 2017. 

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« Una conversación en doce días »

June 28, 2023
Línea Holland America:  Itinerario del Navío Eurodam

Línea Holland America:  Itinerario del Navío Eurodam

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In Memoriam Papá

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El yo cree en el placer, la risa, la buena mesa, el sexo.   Cree en sí mismo, a veces siente orgullo de sí mismo pero a veces se avergüenza de sí mismo.   ¿Quién no carga la mancha de una vergüenza, un faux pas, una oportunidad perdida que, de sólo recordarlos, nos cura de la amenazante hubris de creernos, en términos mexicanos, el mero mero, la madre de los pollitos y el papá de Tarzán?

Carlos Fuentes:    En esto creo:   de la A a la Z; Yo (pág. 193).   Editor Digital Epub:   Hechadelluvia, Nicaragua, 2014. 


PREFACIO:

Escribir para mí es el resultado de razonar a través de la experiencia, tamizar agendas ya sean mías, o ajenas.   Al dar forma a mis narrativas, el proceso inevitablemente se extiende mucho más allá del alcance de una historia.   No puedo fijar los límites de mis emociones, a menos que no haya dedicado tiempo examinándolas.   A diferencia de un escritor profesional, no escribo para ganarme la vida.   Desde hace unos años, debido a la pandemia del COVID, he dejado los pinceles y mi estudio de pintura por la escritura.   Una urgencia define estas narrativas, tal como lo hacía con la plasticidad abstracta de la pintura.   Lucho por una integridad:   algo, a mi parecer, patente a toda obra de arte.

Así es irónicamente que el prefacio de una narración vuelve a ser un epílogo.   Inicialmente, la conversación, entre David y yo, no tenía forma.   Por las evocaciones del pasado estábamos conociéndonos como esposos a lo largo de este crucero.

Esta exploración de las Indias Occidentales y el Caribe se sujetaba a des énigmes.   Para nosotros, fue la exploración de un continente por conocer.     Entre estas tierras del sur residía la fuente de mi angustia, esa Pequeña Venecia [Venezuela]:     ¿Por qué tuve que irme hace medio siglo al gélido Nueva York occidental?   Esta historia presenta tanto la cultura de mi padre como la mía.

En la mutabilidad del tiempo, las confesiones buscan comprensión.   La memoria proviene de las costumbres, la opinión, el deseo, el placer, el dolor y el miedo.   Cada recuerdo manifiesta un cambio.   Como desechos arrojados en momentos de aflicción resurgen.   La sustitución es un acto de reemplazo.

Como errante agrego mis plegarias a los seres restantes.   Al recordar, examino mi propia validez y ambigüedades.   Es un relicario de contradicciones entre la intuición y el hecho.   En esta transición le busco empatía al lector.

Cada enlace entre el hecho y la intuición nos lanza a un universo mejor.   El espíritu humano se eleva por encima de las vicisitudes a través de nuestras esperanzas.

Aquí, deseo incluir mi agradecimiento al profesor Andrew Irving, Ph.D., director del Departamento de Antropología de la Universidad de Manchester, Inglaterra, por su generoso apoyo y orientación.   Hace 26 años que conozco a Andrew, habiendo tenido una vez la oportunidad de colaborar en un proyecto de investigación, titulado The Art of Life and Death:  Radical Aesthetics and Ethnographic Practice [2017].   Mucho antes de la publicación de mi propia página web Observaciones sobre la naturaleza de la percepción (Arte visual, plasticidad estética y una mente libre) – un repositorio de cuentos cortos, editados a partir de 2008 – había ya compartido con Andrew una serie de testimonios sobre la estética, los cuales vendrían a cristalizarse en mi post inicial Hazañas del Talento Individual [2009].   Dichos testimonios evolucionaron a lo largo de nuestras conversaciones:

Para Ricardo la verdadera medida de un pintor es cuestionar su arte a pesar de los obstáculos y desafíos que se presenten.   Él se inspira en especial por aquellos artistas cuyos logros no se comprometían con el mercado.   Por igual, Ricardo se interesa por «las obras de artistas anónimos de la época antigua, griega y romana, las cuales fueron destruidas bajo la estricta moralidad de la Edad Media.   Así como por Cézanne, quien se dedicó por cuarenta años de labor desconocida antes de conseguir su primera muestra solista.   O por Van Gogh, cuyas creaciones ‘outsider’ [afuereñas] llegaron al reconocimiento mucho después de su muerte».   Para Ricardo, el término ‘arte outsider’ delata un prejuicio hacia los artistas inermes.   Así pues, tanto la academia como las autoridades establecidas dividen al arte sobre la base de un importe cultural o, más bien, mediante una rigidez subyacente que, según Ricardo, evoluciona de acuerdo a las presiones del mercadeo.   De igual manera, el término ‘arte folclórico’, entendido como el arte de las colonias o el patrimonio de una nación, nos lleva a algunas ideas de raíces y experiencias compartidas.   «¿Son estos términos en cierto modo semejantes o distintos al entendimiento del arte engendrado en una lucha por sobrevivir?»   Después de leer este capítulo Ricardo preguntó «y si bien la noción de reciprocidad es esencial para comprender la condición compartida, ¿podrá un contexto científico interdisciplinario realmente darnos un mejor entendimiento de la expresión humana, abarcándose las múltiples circunstancias que envuelven al pathos humano? además de la biología, ya sea en la supervivencia o mediante su adaptación?» Sigue la respuesta y análisis de Ricardo:   «Hay una gran inteligencia en los esfuerzos creativos de la mente humana para sobrevivir a cualquier circunstancia.   Es innegable, además, que el dolor corporal y la pena mental son omnipresentes en la vida, tanto en el privilegio como en la alienación.   Los conceptos lógicos de la ciencia cognitiva con sus promedios, clasificaciones y algoritmos no tendrán otro propósito que el de ofrecernos un mero acercamiento a la complejidad de la expresión humana, en su diversidad y naturaleza inenarrables.   ¿Podemos comprender con precisión las formas en que los diferentes modos de expresión interior, como los continuos diálogos internos de las personas, los estados de ánimo no articulados, los mundos de vida imaginativos y los ensueños emocionales, si éstos permanecen debajo de la superficie de las actividades públicas, o fuera del alcance de la investigación?   En última instancia, el misterio del ciclo de la vida no puede dilucidarse por una estrategia y su objetivo, sino a través de una percepción cambiante difícil de articular».   En 2008, diagnosticaron a Ricardo con Linfoma No Hodgkin:   un cáncer asociado con el SIDA que afecta los glóbulos blancos y puede surgir cuando el sistema inmunológico se debilita por períodos prolongados.   A lo largo de su enfermedad, tratamiento de quimioterapia y convalecencia, Ricardo pasó muchos meses sentado en silencio.   Los sitios de reposo suelen ser dinámicos para el pensamiento, la expresión y la memoria para quienes viven por prolongados períodos de enfermedad, mientras el pensamiento pueda abarcar libremente el pasado, el presente y el futuro.   El hombre sigue pensando y hablando, incluso cuando está en silencio durante largos períodos y aún puede negociar temas críticos, dilemas y decisiones con respecto al tratamiento, el trabajo o la fe, y participar en corrientes emergentes de diálogo interior, pensamientos y emociones.   Fue durante este estado, descrito por Ricardo como uno de “alta inercia”, cuando llegó a reconocer la sencillez, el poder y la estética del silencio, especialmente «en comparación con todo la cacofonía del ruido en el mundo visible».   Por supuesto, un silencio no es sólo un silencio.   Distintos días están mediados por diferentes silencios; un silencio incierto, un buen silencio, un silencio heroico, un silencio absurdo, un silencio doloroso.   El silencio puede incluir el semblante de las personas más cercanas, pensamientos destructivos, imágenes del mundo exterior, ensoñaciones y proyectos de vida.   Después de pasar meses convaleciendo, Ricardo empezó unManifiesto del silenciopara la circulación de sus ideas.   Inicia:   «La manifestación del lenguaje sobre una realidad estética implica su propio deceso; por muy perspicaz que sea, la precisión de las palabras resiste su propia realidad.   Ésta toma lugar en un espacio abierto, en una virtuosa quietud de recogimiento, libre de lo conocido, independiente de observar y con una fija atención, donde las preguntas están demás y las respuestas se trivializan a sí mismas».   Después de terminar la quimioterapia, su musculatura se contrajo con una tendinitis severa.   Ya no tenía fuerza para estirar lienzos.   Al volver a pintar recurrió a pergaminos colgantes.   Ricardo supo manejarlos en sus términos más sencillos en relación con sus propias limitaciones físicas.   Entre 2009 y 2010, produjo una serie de lienzos tituladosMetáforas del silencio en la que «fue por la sencillez incidental del medium y la empatía del silencio que el tema se emerge».

Andrew Irving, The Art of Life and Death:   Radical Aesthetics and Ethnographic Practice; Hau Books, Chicago:   Chicago Distribution Center, 2017.   Traducción al español mía.

Cuando por última vez llegué a actualizar mi post Hazañas del Talento Individual en el 2020, concluí:   . . . ¿de qué nos serviría la creatividad o el intelecto sin la compasión?   ¿Deberíamos evaluar nuestro sistema de valoración?, quizás, incluso, ¿nuestra propia racionalidad cultural?

El 3 de febrero de 2023, Andrew y yo compartimos una larga discusión a través de Zoom, la cual se basaba en mi edición de WordPress Meditaciones sobre Ortega y Gasset (2022).   En ese momento, proporcionó un análisis crítico con extensa bibliografía que, a su parecer, mejoraría mi perspectiva sobre el Iluminismo y sus limitaciones.

Además, extiendo mi gratitud a mi amigo y editor durante los últimos 36 años, Billy Bussell Thompson, Ph.D., profesor emérito, Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Hofstra.   Es gracias a Billy que mantengo la esperanza de desarrollar mis dotes como escritor.

Ricardo Federico Morín

Bala Cynwyd, Pennsylvania, 28 de junio 2023

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El Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]:  Argumento de Diotima sobre la sabiduría del amor.

—  . . . No te admires, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor.   [págs. 62-63]

—  Tenlo por seguro, Sócrates, ya que, si quieres echar una mirada a la ambición de los hombres, de no tener en la mente una idea de lo que he dicho, te quedarías maravillado de su insensatez, al pensar en qué terrible estado les pone el amor de hacerse famosos y de «dejar para el futuro una familia inmortal».   Por ello están dispuestos a correr todos los peligros, más aún que por sus hijos, a gastar dinero, a soportar cualquier fatiga y a sacrificar su vida.   [pág. 63]

Platón.   El Banquete.  Segunda Edición.  Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil.   Madrid.  Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].


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I

Las nubes se ciernen sobre el horizonte, como si fuesen montañas.   Desde el balcón de nuestro camarote observamos la estela del navío y su efervescente blancura.   Unas gaviotas perforan el mar ondulante mientras graznan sus disputas.

II

Hace cinco días iniciamos nuestros viajes en el barco Eurodam, navegando a través de las Bahamas y las costas de la América Central.   Zarpamos el 4 de enero desde Fort Lauderdale.   Ya hemos cruzado el norte de Cuba y el sur de La Española.   Ahora, estamos acercándonos a Aruba, a tan sólo unos ciento y veinte kilómetros de Venezuela.   Un barco piloto nos guía hacia el amarre.   Suena de pronto una alarma contra incendios y el hedor a diésel impregna el aire.   Minutos después, el capitán anuncia: “Todo ha vuelto a la normalidad.   La crisis ha sido superada”.

III

David y yo vamos hablando; las luces azules aún parpadean.

  • Ya han pasado cincuenta años desde mi salida.   Tenía 17 años.

IV

Desembarcamos en Oranjestad.

  • Hace ochenta y cinco años, mis padres fueron condenados al ostracismo en Alemania.   Cinco años después se casaron en Estados Unidos, donde vivieron felices.
  • Para mis padres, dejar el país nunca fue opción y su matrimonio no fue feliz.
  • ¿Alguna vez viniste con ellos a Aruba?
  • Sólo de niño.

V

  • En aquel entonces, ¿cómo te educaron?
  • Mis padres estimulaban la independencia.     En vida fueron mi puente hacia el país.    Entendieron que era preferible que me fuese al extranjero.     No existió otra alternativa.    De mi amor por y para ellos, los lazos con Venezuela nunca han decaído.     Nuestra proximidad ahora, sin embargo, no incita la nostalgia, sólo recuerdos.     El país aún me importa.

VI

  • De aquellos años, ¿cuáles remembranzas sobresalen?
  • Los campamentos de Boy Scouts en los altiplanos de los Andes.   Allí se potenció mi visión.
  • ¿Algo más?
  • Me acuerdo de los ashrams de la Fraternidad Universal.   Había gurús seguidores de Serge Raynaud de la Ferrière (en Valencia, Maracay y Caracas).  Durante el verano los frecuentaba.   Estos ashrams instruían a sus asistentes en una mezcolanza de ciencias naturales y budismo.   Para mí esto era más atractivo que escuchar los sermones en la iglesia, cuyas evocaciones sobre las sombras de la vergüenza me cansaban.   En esa época me inicié en la meditación.
  • ¿Qué es lo que más te captó?
  • El énfasis en el desprendimiento.   Pero no me gustaba depender de otros.   Sólo quería extenderme más allá de mí mismo.

VII

  • En esos años, no estuve apegado a nada en particular.   ¿Era un diletante?
  • Eras inquisitivo. Un tiempo para el descubrimiento . . .
  • Asistía a seminarios de musicología.   Tomaba lecciones de alemán.   Era un tiempo dedicado a Hesse, Kafka, Gibran, el Walden de Thoreau y el Walden Dos de Skinner.

VIII

  • Leía, pero de manera asistemática.   Me gustaban la filosofía, la historia, la pintura, la escritura, pero todavía no estaba acometido.   Lentamente, todo ello se hizo parte . . .
  • Despertó tu espíritu.
  • Libre de obligaciones, expresó mi relación con el mundo.
  • Estuviste aprendiendo a ser original.   Buscaste tu propia voz.   No quisiste imitar.
  • Cuanto más sentía, mayor fue mi implicación.   Fue sólo una manera de expresarme.   No busqué ni el éxito ni la distracción.

IX

Desembarcamos para caminar hacia los centros comerciales.   Desde Main Street doblamos hacia las laterales.   De ambos lados la mayoría de las vitrinas estaban tapiadas.   Las fachadas mostraban signos de tiempos prósperos, quizás, de cuando la exuberancia de venezolanos era más evidente.   Ahora sólo había puestos improvisados, abarrotados en las aceras y atendidos por gente vulgar con su inconfundible cadencia de venezolanismos:   Por su parloteo, la palabra marico volaba sin malicia alguna.

  • Una vez Papá me vio sentado en la acera junto a un viejo sereno, quien trabajaba para nosotros los fines de semana.   Éste era conocido por tener un temperamento impredecible y esperaba nuestra partida hacia la ciudad.   Me había congeniado con él, a menudo acribillándolo a preguntas.   Más tarde, Papá dijo que yo era una persona capaz de hacerse entender por éste.
  • Señalaba tu resiliencia.

X

  • A finales de los años sesenta, nuestra familia agasajó a la hija del Presidente Rómulo Betancourt, Virginia.   Ella y su esposo se hospedaron en una de nuestras casas en Valencia.  Para ese entonces, Virginia Pérez era directora de la Biblioteca Nacional en Caracas.   Yo tenía trece años y Papá me había exigido que sacara mis cuadros de las habitaciones donde se quedarían los invitados.   Según él, mis pinturas no encajaban.   Un día, después de haber terminado el almuerzo, le presenté a Virginia una acuarela y comenzábamos a hablar.   Papá objetó, pero ella lo contradijo:   “Déjalo en paz”.   A continuación le expuse:   “Se trata de un espíritu joven en busca de libertad.”   Con dulzura ella respondió:   “Me gusta tu manera de pensar; te quiero escuchar más.”   Mas las palabras se me escurrían.
  • (David sonriendo), ya me lo dijiste.

XI

  • ¿Sabes si sigues un patrón o si tu vida es sólo un grupo de episodios desarticulados?
  • No veo las desvinculaciones ni puedo decir si hubo patrón.   Fui entonces simplemente audaz.    Mi habla, mi léxico y mi apariencia deberían haber parecido llamativos, aun quizás epicenos.   Amenazaban expectativas.   Fui diferente a mi hermano mayor, quien era un atleta con muchos amigos.   Yo era más bien solitario.   En mi inatención al deporte, tal vez Papá me hallara no sólo vulnerable, sino también ingenuo.   ¿Fue insatisfacción o inconformidad?   Encontré consuelo en invenciones privadas.   Poco después, borré, corté y rasgué dos años de pinturas, para luego arrepentirme.   Papá dijo que me rebelaba en contra de mi ambiente natural.
  • Él sabía que no podrías sobrevivir en un mundo de machismo y sus prejuicios.
  • Eso es el punto.   No me había dado cuenta.   Papá vio en mi temperamento un blanco de victimización.   Me había dicho que no podía ser abogado.   No encajaría.   Cuando repliqué que me dedicaría a asuntos exteriores, se mostró igualmente incrédulo.
  • Tal vez esto aclara su ausencia en la política; sabía que la imperfección humana conllevaba sus propios riesgos; reconocía el tipo de improbidad que saturaba al país.  Quería protegerte.

XII

  • Llegué a comprender que el excepcionalismo era un mito y la decepción poderosa.

XIII

  • Si la falsedad impera, no podría ponerme cínico.   ¿Para qué?   Las imperfecciones humanas son ajenas a sí mismas.   Por ejemplo, me incomoda cuando se me pregunta de dónde soy, como si se pudiese diagnosticar quién soy.
  • Con esto la mayoría de la gente no busca nada en especial.
  • Es mi reacción.   Es mi propia incomodidad con la lengua inglesa.   Se siente como si se me colocara en un nicho.
  • La gente también se puede identificar con esto, yo mismo.   Pocos de nosotros hacemos las preguntas acertadas.
  • ¿Hay alguien que pueda?   Si fuese posible, las respuestas serían justas.

XIV

Esa noche llueve.   Entre las nubes, se desvela llena la luna.   Salimos al balcón y admiramos las centelleantes luces de la isla.

  • En mis primeros años fuera de Venezuela, admiraba la vida estadounidense.   Antes de venir, la casa de mi tía Lina en Buffalo aparecía en mis sueños.   Ella pudo huir del Holocausto.   Las rosas de su jardín eran tales cómo me las había imaginado.   Su amabilidad allí fue tan locuaz cómo en Venezuela.   Su jardín me dejó con una memoria imperecedera.

XV

Esa mañana anclamos en Willemstad, Curaçao, encontrándonos rodeados por un alboroto de pelícanos.

  • En el primer regreso a Venezuela, Papá me preguntó sobre la inflación en los Estados Unidos.   Nunca supe por qué me interrogó.   Medio siglo después, no se me escapa la ironía de que Venezuela haya acumulado una de las tasas más altas.

XVI

Hacemos un recorrido por Willemstad.   Los edificios, las calles y los puentes de la ciudad recuerdan a Ámsterdam.   Sacamos fotos y deambulamos lentamente; luego, como turistas y pensando en nuestras familias, compramos manteles de lino.

  • ¿Crees que tu padre anticipaba la desintegración de Venezuela?
  • El mundo en el cual crecí siempre estaba al borde del abismo.   Papá solía decir que no sabía qué haríamos si él no estuviera.  ¿Cómo nos las arreglaríamos sin él?  Temía por nuestra vida, e inclusive la de todos los venezolanos.  Temía la brutalidad en ese paisaje entre el desprecio y el desacato.  ¿Cómo podríamos superarlo?

XVII

Nos mantenemos con la mayor privacidad, disfrutando el día completo de la altamar .   Volvemos a cenar solos.   Tenemos poco en común con aquéllos a bordo.

  • Estuve regresando después de veinticuatro años.   Sin un contrato de galería, volví a pensar de nuevo en destruir mis pinturas, esta vez, quemarlas, pero las llamas podrían haberme engullido con el hogar.   Esto me paró.   No podía hacer más que almacenarlas.
  • ¿No podría alguien haberte dado la mano?
  • Papá siempre hizo lo posible, incluso incitando los celos entre mis hermanos.  A lo mejor sentía lástima por mí.  Con respecto a mi trabajo en los Estados Unidos, un diario del lugar me entrevistó y según los vecinos la atención era inmerecida.  Luego papá murió y me sentí ajeno, aún más que nunca.
  • ¿Qué había pasado?
  • A la edad de 70, se había vuelto delirante, desligado de su propia voluntad.   Sus últimos cinco años coincidieron con la caída de Venezuela, y algunos miembros de la familia buscaban seguridad en Europa y otras partes de América.   Para mí el arte se convirtió en algo secundario.

XVIII

  • ¿Qué hubo de tus hermanos?
  • Me apena decirlo.    Sin testamento, su sentido de derecho de sucesión nos incrementó el dilema.  Mi hermano mayor exigió la primogenitura, aunque sin autoridad legal alguna.  No se lo concedimos, pero carecimos de los recursos para desafiarlo.  Se quedó con las rentas para sí.  Con el transcurso de los años, las propiedades han perdido valor y algunas se hallan okupadas, y otras inclusive expropiadas.  Preocupado por su seguridad personal, le propuse mi socorro.  Lo rechazó de tajo, dijo que confiaba en la Primera Dama de Venezuela, que no podía perder su identidad como abogado al salir de Venezuela.
  • Estas justificaciones son en parte ilusas, si bien no decir incautas.  ¿Y qué hay de tus dos hermanas y tu hermano menor.  Qué les ha pasado?
  • Mi hermana menor se mudó a Madrid con su familia.  La hermana que me sigue y mi hermano menor se han quedado en Venezuela.   Se apoyan en la medida que pueden.   Hace diez años, a éstos últimos los he ayudado, así como a mis tías.
  • Recuerdo haberlas conocido a tus tías cuando viajamos a Venezuela.   Celebramos los ochenta años de tu madre y las segundas nupcias de tu hermano mayor.  También rememoro el desconsuelo de su hijo menor.  Se sentía indefenso.  ¿No se mudó a la Argentina con su amigo?
  • Sí.   Hicimos todo lo posible para tranquilizarlo, como cuando conoció a mi ex-pareja, Nelson.   Se sintió reforzado por nuestra presencia, y en especial mi relación con Nelson ya le había desencadenado una validación temida por su padre.  Sin éxito mi sobrino había buscado su aceptación.  Les dije que esto no era cuestión de deshonra.

XIX

No muy lejos, en un pequeño pueblo de pescadores en la costa venezolana se encuentra un pedestal.   Le rinde homenaje a los guerreros enviados de Cuba en la década de los sesenta, cuya campaña se desploma.   Cinco décadas después, Hugo Chávez logra el sueño cubano sin disparar.

  • ¿Es concebible el sueño de una nación?   No juzgo a Venezuela ni a su historia, ya no soy de ellas.   No he batallado las represiones en sus calles.   Pertenezco ya a otra historia.   Hace cinco décadas que vivo en Estados Unidos, donde las medidas de rectificación persisten en desafiar al autoritarismo y la cleptocracia.
  • Últimamente, has hablado con mi amiga Cindy, analista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de los Estados Unidos.   Ella te dijo francamente que las medidas de congelamiento en contra de la corrupción venezolana son complejas.   La fuga de recursos financieros de países como Venezuela no se puede controlar fácilmente .
  • Así es; es algo incontrolable.

XX

  • ¿Te parece posible la estabilidad venezolana?
  • Es difícil.   No se explica cómo miles de millones de dólares llegan a manos de los parientes de políticos locales.   En absoluto no les importan ni su pueblo ni su patria.   El Estado de derecho ya no existe.

XXI

  • ¿Te has relacionado alguna vez con algún funcionario de ahí?
  • No de manera directa, sólo a través de familiares (quienes trabajaban a nivel institucional), así como de mi propio hermano (quien por un tiempo era asesor jurídico de la gobernación estatal).   Aparte de ellos, una vez me puse en contacto con un presunto reformista, hoy ubicado en la Florida.   En 1999, fue uno de los congresistas encargados de redactar la última constitución venezolana.   Actualmente, tiene muchos seguidores entre los expatriados.   En uno de sus pódcasts, discrepó conmigo sobre la falta de madurez en la política.   Respondió airado a mis alegatos de interés propio: “¡Y,  ¿quién diablos eres tú?!”   Luego le envié un texto:   “En general la mayoría de los reformadores terminan por no abordar sus pretensiones”.  Me respondió:   “¡Ay, por Dios, éste es un gran maricón!”.   Luego me bloqueó.

XXII

Llegamos a Colombia.   En Cartagena recorremos la antigua ciudad amurallada y el Fuerte de San Felipe.   Son una delicia aquellos largos paseos ondulados a la sombra de enrejados hilvanados por buganvillas, aquéllos que abrazan las paredes del malecón.   El guía habla de Simón Bolívar, padre de la Gran Colombia, quien había muerto en Santa Marta.   Señala una casa color vino tinto donde había residido Gabriel García Márquez.

  • Aunque no fui parte de las manifestaciones, con mi teclado he apoyado tanto a los disidentes como a los rebeldes.   Ha sido mi cri du cœur.   A pesar de haber fallado, la moralidad del grito nunca ha callado.
  • Es tu voz.
  • El tiempo mismo es un medio que mide la falta de la verdad.   Así como el tiempo evoluciona acordamos en su entendimiento.
  • El tiempo alivia la insensatez.
  • Ojalá prevalezca la justicia.   Quizás, se logre la armonía en una nueva generación.
  • Tal vez, perdamos nuestras libertades cuando menos se espera.

XXIII

Ahora estamos en el Canal de Panamá a punto de entrar en las esclusas del Gatún.  Tirado por trenes de cada lado trepa el barco por las tres hasta llegar a las aguas del lago.  La arquitectura del Canal despierta mi imaginación (pienso en las Pirámides de Egipto).  Llegamos a las orillas del lago en botes auxiliares y desde allí iniciamos el recorrido en autocar.  Zigzagueamos a través de cientos de edificios militares hasta llegar a las esclusas del Pacífico.  De allí nos dirigimos a la Ciudad Vieja, donde fotografiamos edificios y las plazas coloniales.  Apiñados al otro lado de la bahía, vemos los rascacielos del Panamá moderno.  Luego regresamos al Atlántico.  Justo antes de abordar en Colón al Eurodam, caminamos a través de un pequeño zoológico.  Deambulando, entre mamíferos y aves tropicales, vemos un gigante oso hormiguero con su larga lengua, aspirando alimañas.  A David le incita a hablar este animal:

  • No le faltan a ningún país los excesos del partidismo.
  • Y no sabemos porqué.
  • ¿Crees que haga falta una conciencia apolítica?
  • El extremismo brota de la incertidumbre.
  • La resultante polarización nos empuja a la violencia.

XXIV

A nuestra llegada a Costa Rica anclamos en Puerto Limón.   Después del desembarque nos montamos en un autocar.   Luego nos bajamos para navegar en barcazas fluviales a lo largo del filo de la selva.   Bajo aguaceros vemos varios animales tropicales – monos, osos perezosos, tucanes, serpientes y cocodrilos.   Terminando el recorrido, volvemos al autocar, el cual nos lleva a otras altitudes.   Al llegar, subimos a un teleférico hacia el corazón selvático.   Visitamos un laboratorio de investigación, un hábitat de mariposas y finalmente un sendero en dirección a unas cascadas.   Por la lluvia, las escaleras se ponen resbaladizas.   Exhaustos, nos resignamos al estrépito de las cataratas.

  • Por su abundante naturaleza, mi tierra natal atrajo a mis antepasados.   A partir de 1745 llegaron de Europa y de las Canarias.   Entre 1799 y 1804, el biogeógrafo alemán Alexander von Humboldt la elogió como un paraíso para las ciencias.   Pero hoy, su sobrevivencia es dudosa.

XXV

  • El 13 de mayo de 2014, recibí un correo electrónico en nombre de Barak Obama.   Aunque llevaba el membrete presidencial, por lo visto, era un formulario estándar.   Para cerrar, decía… Con nuestros socios internacionales, Estados Unidos continúa su análisis en cómo prestar apoyo a favor de dicho esfuerzo [es decir, el de promover un diálogo franco entre el gobierno central y la oposición].   Estados Unidos tiene fuertes lazos históricos con el pueblo venezolano, y seguimos comprometidos en nuestra relación con ellos.   Sus libertades fundamentales y derechos humanos universales deberían ser protegidos y respetados.
  • Para un lector ordinario, esto sugiere compasión, y en el mejor de los casos, proselitismo o aleccionamiento.   En realidad es Venezuela que necesita a Estados Unidos, y no al revés.

XXVI

Los últimos dos días en el mar, cenamos en restaurantes particulares.   Tomo apuntes de nuestras conversaciones.   David me complace hasta quejarse de mi falta de atención a la comida.   Lo único que no desatiendo es la escritura.   Es mi consuelo.   Esta última noche, al pasar por la costa suroeste de Cuba, las aguas turbulentas del mar desestabilizan nuestra caminata por el navío.   Antes de la medianoche, hacemos las maletas y las colocamos en el pasillo para la retirada.

  • Se colisionaban el pasado, presente y futuro:  La muerte de Chávez (en 2013) me llevó a pensar en la de Papá (en 1997).  El año anterior lo había llevado a Urgencias.  Un neurólogo le diagnosticó una lesión cerebral y me dijo que había poco por hacer.  Papá tenía 74 años.  Ya no hablaba.  De repente, con ira se levantó por algo que obviamente le carcomía.  Nos amenazaba.
  • Hasta el final, estuvo atormentado; fue irredimible.

XXVII

A la mañana siguiente, el día 15 de febrero estamos de regreso en Fort Lauderdale.   Antes del desembarque, desayunamos en la cubierta número dos, y, de nuevo, estamos solos.  Otra vez en el camarote esperamos la llamada.  Son las 11 de la mañana.   Descendemos para unimos a los otros viajeros.   Escaneados los carnets, bajamos hasta la terminal.   Recogimos el equipaje y llamamos a un taxi para llevarnos a casa.

  • Su muerte eximió tanto a Papá como a Hugo Chávez del tormento de la crisis nacional.
  • Para la nueva generación, la desigualdad venezolana se redujo a diferencias ideológicas.
  • ¿Es para ella un paso atrás?
  • ¿Puede examinarse?
  • Sólo si la indagación venciese la ignorancia.
  • El dilema no es sólo venezolano, ¡es del mundo entero!

EPÍLOGO

*


Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]:   Encomio de Agatón sobre el Dios Eros:

— . . .  ¿es que no sabemos que aquel que tenga a ese dios por maestro resulta famoso e ilustre, y oscuro aquel a quien Amor no toque?   [pág. 43]

—  . . .  es él quien crea:

           En los hombres la paz, en el piélago calma sin brisa,

               el reposo de los vientos y el sueño en las cuitas. [pág. 44]

Platón.   El Banquete.  Segunda Edición.  Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil.   Madrid.  Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].


*

La gracia del amor exige habituarse al aprendizaje.   Los rayos del sol entran en la sala de estar, mientras David abre las cortinas, tarareando . . .    “¡Por fin . . . hogar dulce hogar!/  ¡Pensé que nunca llegaríamos!”   Repuse . . .   “¡Qué preciosa pareció aquella gracia!/  ¡La hora en que creí por primera vez!”.  

  • De la incertidumbre, el amor nos recobra, nos indemniza, nos resarce, nos rescata.
  • Aun cuando indeterminada sea la razón.
  • Nos conforta la esperanza.
  • Al amor no se le subyuga.
  • Lo precisa la serenidad.
  • Nos despierta de la pasividad, nos revitaliza.
  • A buen entendedor . . .

*

FIN

Ricardo Federico Morín

Editor:   Billy Bussell Thompson

« Meditaciones sobre José Ortega y Gasset »

December 20, 2022

*

*

En Reconocimiento

I

En primer lugar, me gustaría compartir con mis lectores mi mayor agradecimiento a Billy Bussell Thompson (n. 23 de noviembre de 1942), Ph.D., Profesor Emérito de Lingüística de la Universidad de Hofstra, por su generosidad al ser mentor y editor.    Su trayectoria académica va desde 1963 hasta 1993.   Entre sus publicaciones más destacadas en español, tenemos:   La razón de algunos refranes . . .; La vida de Santa María Egipçiaca . . .; Historia del virtuoso caballero don Túngano . . .; La leyenda medieval de Santo Toribio y su arca santa. . .; etcétera…

II

Desde 1989, nuestra amistad se ha extendido por más de tres décadas.   Hemos trabajado en estrecha colaboración en al menos una docena de artículos y cuentos (publicados en WordPress).   He tenido la suerte de contar con su franqueza y apoyo.  Nunca ha andado con rodeos.  Fue contundente, cuando cualquiera de mis borradores parecía sin mérito.  Cuando ése era el caso, los artículos se trituraban y quedé satisfecho con la integridad de su prosa, además de comprender mis propias limitaciones como escritor.   El Prof. Bussell Thompson (B.B.T.) generalmente compara la habilidad de escribir en prosa con la de un cono de visión cada vez más estrecho.   Este cono selectivo es similar a la integridad estética de una obra de arte plástica.   Con el presente esfuerzo, el Prof. B.B.T. creyó, desde el principio, en la posibilidad de sacar adelante esta historia en equipo.  A pesar de que vivimos en distintas regiones – geográficamente muy alejadas – de EE. UU., no hemos tenido problemas para comunicarnos por teléfono y correo electrónico.

III

Esta narrativa busca explicar la confusión que se encuentra en la sociedad y la política, e incluso su aparente falta de propósito.   De hecho, por este impulso dedico mi narración a los lectores.

IV

Inicialmente, no sabía a dónde conduciera esto.    Presenté un borrador de cinco párrafos al profesor B.B.T.  Cuando empezó a leer, hizo una pausa y me preguntó si me estaba refiriendo a la alegoría de la caverna de Platón.  Sorprendido, le pedí que se detuviera.   Respondí que su referencia a Platón me colocaba en una perspectiva diferente.   Agradecido, añadí que su pregunta fue bien recibida; en ese momento, quería proseguir con la investigación antes de continuar.

V

B.B.T. me animó a releer los diálogos de Platón.   A esto añadió que tomara en cuenta cualquier ambigüedad asociada con la concepción de Platón sobre la autoridad ideal del Estado (politeia) o Nación.   B.B.T. se refiría a las ideas platónicas controvertidas en los debates actuales.  También recomendó la lectura de José Ortega y Gasset (1883-1955).   Incluyó La rebelión de las masas [1929] y La deshumanización del arte [1925].  Me sugirió que fuera consciente de la perspectiva liberal meritocrática de Ortega (aunque creíamos que Ortega no se había caracterizado por respaldar abiertamente ninguna ideología política) y que prestara atención a la relevancia que Ortega le da al hombre que es consciente de sus limitaciones, frente al hombre que las ignora:    tanto en el caso de la burguesía como el caso del hombre de masas (que ejemplifican, para él, “la razón sinrazón”) – tal como lo explica en La rebelión de las masas.  Y finalmente, que me centrara en la distinción entre “contenido” y “forma”, para explicar la ruptura de la vanguardia con la burguesía.

VI

El profesor B.B.T. y yo también tuvimos un intercambio de ideas sobre los paralelismos entre el pensamiento platónico y el orteguiano.  Me aconsejó entonces que leyera de nuevo Meditaciones sobre el Quijote [1914] tanto en español como en inglés.  Allí, B.B.T. pensaba que yo podría encontrar un terreno fértil de ideas significativas sobre lo cual reflexionar y, así, poder desarrollar mis propias interpretaciones sobre la naturaleza del conocimiento, sus límites y cómo encontrar el significado del ideal de la verdad.

VII

Al escribir mi último cuento, titulado En la oscuridad el profesor B.B.T. ya me había instado a investigar el significado de “circunstancia”1, tal como define el vocablo Ortega en Meditaciones sobre el Quijote.    Nos quedaba claro que tanto el enfoque fenomenológico de la “circunstancia” de Ortega como la tesis de Platón sobre la transformación del individuo (a través del conocimiento) compartían puntos en común, que nutrirían mi propia narrativa.

VIII

Pero el viaje narrativo resultó ser tan desafiante como el profesor B.B.T. había previsto.  Su crítica, incluso entonces, nunca dejó de ser constructiva y entusiasta.  Su compasión estuvo presente siempre que me percatara de la necesidad de ser claro y preciso.   A menudo citaba la autenticidad y precisión de Ernest Hemingway.

IX

Una y otra vez me invadía un desgarrante dolor al tratar de comprender lo que deseaba expresar.  Liberar mi prosa de la superficialidad era tal cual como respirar profundo para así exhalar la vaguedad de mis angustias   A veces era incapaz de alejarme de lo obvio.  Otras veces, o me escondía detrás de lo complejo o me aferraba al pensamiento abstracto y críptico:  al igual que la jerga reduccionista de las ciencias sociales.  El profesor B.B.T. sugería repetidamente ser breve:  Necesito respetar, ante todo, la sencillez del lenguaje y abrir el camino hacia su acceso.  Llevar a Platón y Ortega al lector era mi responsabilidad.   No debía imitarles ni pensar como ellos, sino representarles auténticamente.   Mi primera obligación es con el lector.   Para ello es esencial evitar eufemismos, aleatoriedad y devaneo.  El asentimiento de una comunicación efectiva es el objetivo de mayor importancia:  sólo me entiendo a mí mismo si comprendo al lector.

X

Las insistencias y críticas de B.B.T., las acogí con entusiasmo.   Su desafío se convirtió en el mío.  Hacía dos décadas que él me exorcizaba las limitaciones:  siempre que trabajáramos juntos, descubriera algo nuevo en mí y me hallara más en sintonía con la lengua inglesa y española.   Habría de ser mi propio traductor.   En dichos casos, tornaría con mayor respeto hacia ambas lenguas.   Habría de captar sus esencias, comparando los dos idiomas, mientras el uno informara al otro.


Prólogo

En el diálogo Teeteto de Platón [alrededor del 369 a.E.C.], Sócrates propone que la extracción extraordinaria de ideas es como producir una vida nueva y purgar lo superfluo e innecesario.  Asimismo, el objetivo aquí es producir y discutir qué es la iluminación y cuáles sean los obstáculos para su logro.  Sócrates me ha ayudado en cómo definir el conocimiento:  ¿Es la moralidad universal?, o incluso, ¿es posible la moralidad objetiva?  Por estas ideas estoy en deuda con Platón y Ortega y Gassett.


Ricardo F. Morín, 20 de diciembre de 2022
Redactor Billy Bussell Thompson


*

Platón, busto romano de mármol copiado de un original griego, siglo IV, a. E.C., Museos Capitolinos, Roma

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Sócrates, busto romano de mármol copiado de un original griego, segunda mitad del siglo IV, a. E.C., Museos Capitolinos, Roma.

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José Ortega y Gasset (1883-1955), detalle de fotografía de su personificación de Honoré de Balzac, hacia 1900.

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Una forma de objetividad es reconocer la propia subjetividad.   Escasean las metáforas para comprender la realidad.   Uno observa el mundo principalmente a través de su propia experiencia.   Es difícil (aunque no imposible) comprender lo que uno no ha experimentado.   La verdad nunca descansa:   No es singular, sino siempre plural.

Anónimo

1

Índice

  • 1. Conciencia de la Transformación de Uno Mismo:

El principio supremo de la indagación es la conciencia de uno mismo.   En la indagación yacen los comienzos del cambio.

2

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  • 2. La Ausencia de Confianza:

En nuestra era de incredulidad, las historias que nos contamos sobre el pasado y el presente parecen estar en un estado de colapso.   Hay una falta de continuidad en el orden social, cada vez más asfixiado por la desinformación y la desconfianza.   Nos desafiamos unos a otros sobre lo que es real y lo que no lo es.

3

Índice

  • 3. La verdad incuestionable:

Para la mayoría de nosotros, una verdad última sigue siendo inalcanzable y las historias que compartimos del pasado y el presente ya nos parecen inútiles.   Junto con la desaparición de nuestras historias pasadas, la persona que busca la verdad y el acto de dar a una persona lo que le corresponde están en crisis.   Nuestra sociedad se encuentra marcada por una disminución de la confianza en el gobierno y sus instituciones.   Desesperadamente, el desafío de la creación de nuevas historias se ha convertido en un acto de preservación.   Asimismo, la autocracia está en ascenso.   La pérdida de fe ha sembrado la falta de sentido.   ¿Qué puede cambiar este curso de desesperanza?   ¿Cómo nos proporcionaremos una iluminación?

4

Índice

  • 4. La conciencia:

El conocimiento está en constante cambio y el resultado de esta desestabilización nos lleva a un mayor desorden.   Por eso la claridad es más necesaria para que nos entendamos.   Aunque la claridad no siempre sea posible, conocerse a sí mismo es imperativo.   Surge así la contradicción entre continuidad y cambio.   Aquí yace la búsqueda de la supervivencia.

5

Índice

  • 5. El no saber

No saber es la condición esencial de la existencia, a pesar del aparente deseo del saber o de su autoridad.   Saber es indagar.   La realidad, aunque fugaz, inspira a la reflexión.   El cambio comienza con el reconocimiento de que uno no está aislado.   Ni siquiera aquel (quien busca el sacrificio de sí mismo para su avance espiritual), mediante una clausura absoluta, podría librarse de su enredo con el mundo.   Es relacionándose con otras personas y con su entorno que esta persona pueda llegar a saber quién es.   Ni siquiera aquel (quien desprecia supuestos símbolos del miedo) es capaz de liberarse de su angustia.   El miedo a no saber se cierne sobre todos nosotros.   Es posible que esforzarse sin medida alguna (en la aspiración a la racionalidad) sólo nos lleva a terminar siendo irracionales:   Aquí radica el origen de la complejidad dado el abandono de nuestra inocencia.

6

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  • 6. La energía vital:

En su teoría de los atributos culturales (Meditaciones del Quijote, Meditación preliminar; Índice 8, La pantera o del sensualismo, pág. 21), José Ortega y Gasset nos entrega su concepto de razón vital2, es decir, la razón se expresa a través de la vida misma.   Ortega disecciona la mente europea en dos arquetipos:   el “germánico” y el “mediterráneo”.   El primero es meditativo y el segundo sensual.   De lo sensual dice:   El predominio de los sentidos arguye de ordinario falta de potencias interiores.   ¿Qué es meditar comparado al ver?   Apenas herida la retina por la saeta forastera, acude allí nuestra íntima, personal energía, y detiene la irrupción.    La impresión es filiada, sometida a civilidad, pensada – y de este modo, entra a cooperar en el edificio de nuestra personalidad (Meditación preliminar, Índice 8, pág. 41).    La advertencia orteguiana aquí es encontrar un equilibrio entre extremos:   entre los excesos y las deficiencias de estos dos arquetipos.

7

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  • 7. La agencia humana y su historia:

Una segunda fuente para mi comprensión de la mente y los sentidos se encuentra en la República de Platón (politeia) en el diálogo de Sócrates sobre la alegoría de la caverna al comienzo del Libro Siete.   Han habido una gran cantidad de interpretaciones.   La mía diferirá.   Mi propósito es escindir el significado del sufrimiento de la mente del esclavo liberado.   Una vez liberada de las ataduras, la mente del liberto (que asciende a la boca de la cueva) descubre su propia visión del mundo.   A pesar del resplandor del sol, la mente sin educación es transformada por el nuevo ideal de la verdad.   Pero la conciencia del cautivo (que se ha quedado atrás) es inseparable de la condición del liberado:    El esclavo (que permanece en las sombras del sufrimiento) no es enteramente separable de la memoria del liberado.   Debido al sufrimiento, la mente del hombre libre es consciente de su incapacidad para saber.   Al mismo tiempo, la mente libre aprende cómo su propia transformación puede depender del nuevo curso de su historia.   Las acciones de esta mente permiten la participación en el cambio y el cambio es posible a través del examen de si misma.   La mente se examina mientras medita sobre sí misma.   La meditación no es una obligación, sino una necesidad.   La meditación es el resultado de la libertad de la mente y es el medio para comprender sus propias elecciones al aproximarse a la verdad:   Pero dicho esfuerzo es tan sólo una aproximación a la infinitud de la verdad.   Aquí la mente liberada (deficiente frente al mundo visible), reconoce que ni sus acciones ni el curso de su historia son predecibles.   Ellos (es decir, las acciones de la mente y el curso de su historia) provienen de múltiples posibilidades sobre la creencia.

La mente liberada se da cuenta de que el tiempo es una ilusión:   el tiempo es fugaz, falso y engañoso.   La mente, habitualmente atrapada en su pasado, permanece sumida en el dolor.   La ira (que viene del pasado en busca de la justicia) tiene por único fin la manifestación del resentimiento.   Pero la ira sólo logra poner su existencia en suspenso, a la espera de una compensación.   Así como el tiempo es una ilusión para la mente, la búsqueda de una reparación emocional también es ilusión.   Para la mente, no hay reivindicación al estar atrapada en el laberinto de la ilusión.   Sólo la racionalidad del amor activo puede compensar la ira.   Si la mente del amador de la verdad puede proyectarse amorosamente en la dirección que le molesta, entonces surge hacia sí misma un sentido liberador de valentía.   La ira y el sentimentalismo son lo mismo.   A medida que la fuerza del amor se deshace del sentimentalismo, los deseos se disipan y con ellos también la ira.   Por lo tanto, la violencia deja de existir.   La alegoría de la mente de Sócrates (liberada del sufrimiento) lleva todas estas implicaciones y comparaciones hacia una meta de la Verdad Ideal.

8

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  • 8. Vigilancia e intuición:

En un esfuerzo por entender el concepto de circunstancia de Ortega, su Meditación preliminar, Índice 6, Cultura mediterránea, nos explica que cuando transita por el paisaje de las ideas tiene que meditar con atención sobre la influencia de sus experiencias.   No hace falta decir que esto incluye todas sus relaciones pasadas y presentes, las geografías que ha ocupado y todo aquello que ha hecho en la vida.   Ortega nos advierte de los riesgos de este acto de meditación:   Una viva sospecha nos acompaña de que a la menor vacilación por nuestra parte, todo aquello se vendría abajo y nosotros con ello.   Tiene que sostenerse el ánimo a toda tensión; es un esfuerzo doloroso e integralÍndice 6, Cultura Mediterránea, pág. 13.   En los diálogos de Platón se encuentra el mismo “esfuerzo”:   Mediante el acto de la meditación, el hombre libre de Sócrates extrae transformación y redención de las estrechas hendiduras entre las ideas:   La meditación ayuda al amador de la verdad a acercarse a su condición existencial; le ofrece la posibilidad de reaccionar de distinta manera y le sostiene con la misma energía que le da la vida.

9

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  • 9. La Fe:

Para la persona quien teme a la meditación, tener fe en las propias acciones y cambios no es suficiente para cumplir con su propia indagación.   Para ella, la historia no está viva:   está en un punto sin retorno; está muerta.   Ésta está en un mundo de desesperación, rodeada por la danza proverbial de las sombras.   Ésta está atada por sus propias cadenas, está abrumada por la falta de confianza y, sin confianza, es incapaz de dar el salto de fe.   Ni la noción de individualidad ni el concepto de libre albedrío parecen ya satisfactorios.   Ésta renuncia a su propio poder sin darse cuenta de las fuerzas que le influyen en la mente y los sentidos.   Su negativa a enfrentarse a la realidad se convierte en una decisión consciente de supresión de la verdad.   Este rechazo es antitético a la vida misma.   Para ella, la vida se convierte en esclavitud, oponiéndose al hombre liberado (quien reflexiona sin miedo sobre la realidad del mundo visible) y oponiéndose a quien se adentra apasionadamente en la exploración de lo desconocido.   La mente del liberto representa el concepto de la razón vital orteguiana, deseosa de ser absorbida por ella.

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  • 10. La salvación:

Las distracciones pueden ser múltiples.   En éste análisis lúdico orteguiano, él nos da a entender que si la meditación se ajena por los miedos (de la mente), ésta puede sucumbir a la obsesión, e incluso caer desesperadamente en manías.   Ortega valora la relevancia de cada influencia.   Él entiende que un ser humano y un paisaje no están separados.   La unidad de los dos significa su salvación por “circunstancia”:   Así su apreciación concluye “Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo –   Al Lector, Índice, pág. 41. (lo que a mi ver interpreto “soy yo mismo [en un mundo de percepciones] y en relación al mundo material que me rodea; si no los salvo a ambos, no me salvo a mí mismo”).   Por cierto, aquí Ortega se adelanta a su conclusión con lo que habría leído en la Biblia:   Benefac loco illi quo notus es3 (traducido libremente al español “haz el bien en el lugar donde eres conocido”).   Con estas declaraciones, Ortega refuerza la idea de que es incapaz de desvincularse de su entorno.   Para que florezca y encuentre la salvación, será necesario que se comprenda y proteja lo que comparte con el entorno.

Paralelo al análisis de Ortega se encuentra la alegoría socrática de Platón, quien nos enseña el efecto que el mundo visible ejerce sobre nuestra mente.   Desde estas dos perspectivas, la mente tiende a desanimarse por lo que no comprende.   La conciencia del mundo visible (de su influencia) es para ambos pensadores un instinto de sobrevivir.   Ser consciente, por lo tanto, significa estar en silencio, lejos del sonido ensordecedor del miedo.   Mientras haya miedo, promovido por el progreso de la civilización, no habrá movimiento ni separación de las distracciones.   Enfrentar el miedo significa dispersarlo, hacerlo desaparecer.   La dispersión del miedo es fundamental para la comprensión del yo.   Liberarse del miedo es enfrentarse al propio no-saber.   La esclavitud (en el fondo de la cueva) equivale a aceptar las imposiciones del miedo.   Tanto para Ortega como para Platón, la oposición a la indiferencia se encuentra a través de la meditación; así uno es capaz de estar alerto y conocerse a sí mismo.

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  • 11. La percepción y su narrativa:

Vivir en la incertidumbre es la verdadera confianza.   El hecho es que los seres humanos se organizan en torno a las historias.   Cada historia creada es un acto de piedad que consuela la mente.   Sin embargo, las historias nuevas y antiguas son herramientas provisionales que llenan la ausencia de la fe, volcándose sobre el vacío de nuestra ignorancia.   Sea cierta o no, ella, la historia, es decir contar historias, nos rescata de nosotros mismos.   Contar historias es la razón vital.   Ella busca exponernos al mejor significado posible:   Éste se encuentra invirtiéndonos en el afán de superar la adversidad.   Éste se encuentra en algo nuevo dentro de sí mismo.   Éste se encuentra en el dolor constante por superar la adversidad.   Este proceso revela que la verdad no se puede controlar.   La felicidad depende de cómo se acepte la ausencia de control de la verdad y de cómo se deje de sentir aversión sobre las limitaciones.

La narración nos persuade a pensar que las propias acciones se extiendan profundamente en la conciencia misma.   Es posible que no se derrote el elemento preconcebido, porque el sesgo siempre está presente.   El sesgo persistirá siempre que exista el sufrimiento, la incertidumbre y el esfuerzo por superarlos.   El sesgo acecha detrás de nuestros pensamientos (insidioso y en silencio) y permanece allí a pesar de sus efectos nocivos.   La ironía es que si uno desterrara las ideas preconcebidas del sesgo, no habría progreso.   En cualquier historia, si el héroe supera la villanía del sesgo4 es porque él es capaz de cambiar:    Si no se vence el sesgo, uno deja de crecer y no hay transformación.   El éxito es menos importante que la lucha por superar los prejuicios.   Cada vez que la adversidad aparece, es un momento para reconocer esos prejuicios que aún residen en nosotros.   El éxito no proporciona la felicidad.   La felicidad sólo es posible a través del auto-descubrimiento.   Como tal, uno se convierte simbólicamente en la humanidad entera.   Ésta es su máxima expresión:   La creación de algo nuevo ante la adversidad, y cuanto peor es la adversidad, mayor la oportunidad.

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  • 12. El Razonamiento (sensibilidad versus sapiencia):

La conciencia de la ficción es la apreciación de la paradoja entre lo que es y lo que no lo es.   El conocimiento expresa no sólo la conciencia de las propias intuiciones y sentidos, sino también el propio razonamiento sobre dichas intuiciones, sentidos o impresiones.   Es decir, cada vez que examinamos la percepción de nuestra memoria, estamos reinterpretando nuestra comprensión.   Así, la forma en que nos organizamos y nos observamos proviene de nuestros deseos y sentidos del momento, aunque estos (los deseos y sentidos) parten de nuestros recuerdos y preferencias habituales.   Por ejemplo, es difícil para nosotros estar de acuerdo con un origen en común, o con un hilo singular que nos una como especie, incluso si sea cierto.   Lo queramos o no, nos definimos por las historias que creamos ya sea por grupos o por países.   Al hacerlo, en realidad estamos imaginando creencias separadas y fragmentadas de que pertenecemos a lugares, culturas y razas distintos, aunque exista ese hilo insoslayable que nos conecta como especie.   Tal composición se encuentra en nuestra oriundez (común y preponderante) aunque nuestra percepción se resista a formar parte de ella.   Nos dotamos de diferencias dictadas por el condicionamiento de nuestras percepciones.   En La rebelión de las masas, Ortega se refiere a esta condición como la razón de sinrazón, lo que explica nuestra arraigada irracionalidad y fragmentación.   El conocimiento implica mayor contenido del que se adquiere a través de la forma de nuestras percepciones.   Nuestras mentes tienden a abreviar la historia, aun creyendo inclusive que no existe.   Sin embargo, cuanto más expansiva es la “circunstancia” o condición de aprehensión de la verdad, la razón vital de nuestra existencia nos exije mayor madurez.

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  • 13. La inteligencia Emocional:

Si un ser humano es la medida de todas las cosas, entonces también se llega a apreciar que el conocimiento es siempre inconcluso.    De allí que sea productivo que la meditación fortalezca nuestra mente, nuestra memoria, nuestro aprendizaje, nuestra atención y nuestra autoconciencia.   La meditación sobre el pasado, el presente o el futuro depende de la inteligencia emocional.   La inteligencia emocional se basa en captar la importancia de las influencias de todas las áreas de la vida del ser humano, desde su comportamiento hasta la relación con los demás y su entorno.   La realidad última depende del nivel de madurez de una persona, y es a través de la meditación que uno madura.   Por lo tanto, la forma en que una persona elija actuar depende de la meditación y de su nivel de inteligencia emocional.   Para el fanático (obsesionado por el miedo) la meditación parece imposible.   Para el fanático, la duda no es el problema.   El fanático busca reiterar ciclos.   El fanático no logra comprender que el miedo al cambio es irracional porque es inevitable que el mundo esté en constante evolución.   El fanático busca cambiar lo que está fuera de su control.   Desde el punto de vista orteguiano, esta persona, dentro de un sistema de valoración cerrado, no encuentra consuelo alguno porque su mente teme lo que no entiende.

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  • 14. Conexión con nuestro universo:

Desde la perspectiva orteguiana del Quijote de Cervantes [1605-15], aprendemos que la valentía que otorga el Amor – no el odio – nos impulsa a comprender … las materias de todo orden que la vida, en su resaca perenne, arroja a nuestros pies como restos inhábiles de un naufragio (Al lector, Índice, pág. 18)  : Amor es un divino arquitecto que bajó al mundo, según Platón -ὥστε τὀ πᾶν αὐτῶ ξυνδέδέσθα- «a fin de que todo en el universo viva en conexión.»   La inconexión es el aniquilamiento.   El odio que fabrica la inconexión , que aísla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad (Al lector, Índice, pág.18).  

Así, Ortega explica que el imperativo para el individuo es reflexionar sobre su circunstancia
(in medias res) … para despertar el deseo de comprender lo universal en sus particulares:   Desconocer que cada cosa tiene su propia condición y no la que nosotros queremos exigirle es, a mi juicio, el verdadero pecado capital, que yo llamo pecado cordial, por tomar su oriundez de la falta de amor.   Nada hay tan ilícito como empequeñecer el mundo por medio de nuestras manías y cegueras, disminuir la realidad, suprimir imaginariamente pedazos de lo que es.   Esto acontece cuando se pide a lo profundo que se presente de la misma manera que lo superficial.   No; hay cosas que presentan de sí mismas lo estrictamente necesario para que nos percatemos de que ellas están detrás ocultas. [Al lector, Índice 2, Profundidad y superficie, pág. 4].

15

Índice

  • 15. Una perspectiva heroica:

Antes del fanatismo viene el conocimiento.   El fanatismo es para Ortega el rechazo a las perspectivas ajenas.   Ortega subraya el razonamiento como un acto de caridad, que descubre las diferencias, y sugiere que la comprensión sea como el vuelo de un águila en círculos.   Para Ortega y Cervantes ser uno mismo es igual.   El acto de ser un héroe se lleva a cabo a través de una exploración sensible de la naturaleza de la realidad.   En la opinión de Ortega, así como la de Cervantes, la voluntad del héroe pertenece sólo a la persona de Don Quijote:   Porque ser héroe consiste en ser uno mismo.   Si nos resistimos a que la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones determinadas es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros el origen de nuestros actos.   Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él mismo.   Y este querer él ser él mismo es la heroicidad – Meditación Primera, Índice 15–pág. 41.  
No creo que exista especie de originalidad mas profunda que esta originalidad “práctica”, activa del héroe.   Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto.   Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto.   Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito prisionera de la materia.Índice 15–pág. 63.

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  • 16. El temor al azar:

Una vida socrática es heroica, que de no examinarse, carece de valor.   En el dolor de vivir, uno tiene que aceptar como un hecho que el examen del miedo es parte integral de la vida.   Junto al miedo el destino nunca es postizo.   El destino no engaña, ni siquiera en nuestros infortunios.   El destino no es ilusorio, aunque nuestra percepción del tiempo pueda serlo.   De hecho, el destino nos desafía a cambiar.   El destino nos protege del estancamiento.   Lo que parece ser aleatorio es de cierto una oportunidad para aprender.   En consecuencia, el destino no existe para atacar, sino para estimular nuestra transformación.   El destino no se mueve en nuestra contra, sino que nos reta al cambio mientras enfrentamos obstáculos.   El destino ataca el miedo, porque el miedo de uno le quita la capacidad de tomar decisiones.   Las narrativas del miedo resultan ser profecías que se cumplen por nuestra propia voluntad.   El miedo engaña y nos define.   Dificulta la supervivencia.   El miedo nos impide evolucionar, nos paraliza:   Nos resistimos a abandonar los hábitos por miedo.   Así pues, uno languidece y no logra vencer la incredulidad.

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Índice

  • 17. La infinitud y la humildad:

La sombra de la vergüenza representa los defectos de uno.   La sombra es lo que uno desea no ser, aunque su sombra sea parte de uno mismo.   Sólo cuando la sombra es aceptada con humildad, sus defectos se disuelven en el acto de uno amarse con compasión.   En última instancia, el fanático reconocerá su inconclusión y se dará cuenta de su propia insignificancia:   La incapacidad para la plenitud se cierne sobre todos nosotros.   Sólo a través del riesgo se aprende el alcance de los propios límites y cuánto más allá se pueda llegar.   Avanzamos a través de la humildad y la humildad no aprecia ni la verdad ni la falsedad.   La humildad es el reconocimiento del propio alejamiento inexorable de la verdad infinita.   Sólo la voz humilde reconoce la lucha por el entendimiento y la necesidad del cambio.   Ambos (el entendimiento y el cambio) dependen de huir de la desesperación.   Para Ortega y para Platón, la marca de los más altos valores se encuentra en nuestra vulnerabilidad.   Si nos entregamos absolutamente, entonces encontramos nuestra redención.

18

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  • 18. Epilogo:

Mi perspectiva trata a Platón y Ortega fuera de cualquier justificación teísta.   Dejo de un lado cualquier aplicación de Platón al pensamiento teológico.   Asimismo, hago caso omiso a cualquier intento de atribuir respetos religiosos a la teoría de los valores de Ortega.   Para mí, sus nociones, cuando se sobreponen a la teología, no son creíbles.   Entiendo a Platón y Ortega en su búsqueda de los límites de la percepción y la racionalidad humana.   Los esfuerzos de sobreponer sus filosofías como fundamentos religiosos no se prestan a mi meta.

La profundidad del pensamiento de Platón y Ortega no se encuentra en un método para la moral objetiva.   Tampoco es relativismo ético, ni siquiera se encuentra en una pretensión de universalidad.   Las ideologías sobre la moralidad se derivan de normas dictadas por teólogos, aparentemente reacios a renunciar a la autoridad.   El papel del amador de la verdad no consiste en dictar la virtud ni definir una deidad.   Sus enseñanzas se centran en el racionalismo.   Su humanismo se asienta sobre un concepto de justicia que es antitético a normas fijas.   El paradigma del verdadero conocimiento – según Platón y Ortega – se deriva del amor basado en la originalidad del heroísmo.   Este amor no reside fuera del individuo.   No se encuentra en la promesa de un mundo trascendental.   El amor encuentra la salvación del ser humano en el presente.   Él requiere del propio examen de uno mismo.   Y sobre todo, este amor es una liberación del entumecimiento de la mente.

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Notas finales:

1Circunstancia“, es una representación de la suma total de influencias en la conciencia del individuo, expresando así la razón por su existencia.

2 “Razón vital” se erige como la filosofía de Ortega y Gasset que considera que la razón es, en sí misma, una expresión de la vida, mientras que “circunstancias”, es una representación de la suma total de influencias en la conciencia del individuo, expresando así la razón de su existencia.

3 He fallado en encontrar esta nota bíblica.

4  La villanía del sesgo se refiere al concepto definido por la filosofía del Dr. John Stutz (autor, psiquiatra y terapista en Bronx, NY) tal cómo lo arguye en el documental de Netflix dirigido por Jonah Hill.    Veáse en https://youtu.be/UKCmefQdplI

Bibliografía

  • Ortega y Gasset, José, Meditaciones del Quijote:    Meditación Preliminar y Meditación Primera, (Madrid:, PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES, SERIE II.—VOL. I, Universidad Central de Madrid, 1914)
  • Ortega y Gasset, José, La rebelión de las masas (Madrid: Editorial Revista de Occidente, 1928).   Fue publicado inicialmente en 1927 como una serie de artículos en el diario El Sol, antes de ser recopilado en formato de libro en 1928 por Editorial Revista de Occidente en Madrid.
  • Cervantes Saavedra, Miguel de. Las aventuras de Don Quijote de la Mancha [1605–1615].   Edición de Francisco Rico (Barcelona: Instituto Cervantes, 1998)

« En la oscuridad »

July 20, 2022

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Prólogo

Ante la sugerencia de abreviar In Tenebris, me dispuse a adaptar esta historia para aquellos lectores interesados en captar su sustancia, la cual se deriva de circunstancias cuya fuerza vital no puede subsumirse a una dimensión lineal o lógica.   Las explicaciones son inútiles frente a este drama humano, donde el temperamento no pueda manifestarse en lo verbal con absoluta claridad.   Dicha esencia, abierta e insondable, se deja por su autor a la intuición del lector, al explorar su complejidad envolvente, cada vez que haya una doble lectura.

Ricardo F. Morin, Bala Cynwyd, Pensilvania; 30 de junio de 2022

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La revista Time nombró a las “Rompedoras del silencio” del movimiento #MeToo como su Persona del año 2017; el presidente reprendió a la prensa de “fake news”, mientras las temperaturas en la ciudad de Nueva York se sentían más altas que nunca.

En medio de todo esto, me convertí en el jurado número 12 en el juicio por asesinato de un niño de catorce años.   Ahora, la búsqueda de la verdad ocupaba un lugar destacado en mi mente.   Sesgo y sospecha, ¿cómo irían a ser tratados?

El acusado (joven, vestido con una camisa blanca almidonada y corbata) estuvo sentado a apenas 30 pies de distancia de nosotros, el jurado.   Su apelación a la quinta enmienda constitucional en contra de la auto incriminación y su torcida mueca de sonrisa nos eran inquietantes.

Dejamos a un lado nuestras aprensiones.   Si la duda fuera a jugar un papel en el juicio, tendría que venir de la evidencia.

Como jurados nos sorprendió la falta de cohesión en las denuncias:   lo que dijeron los testigos no correspondía con lo que argumentaba el fiscal, ni tampoco con la defensa.   Ningúna arma ni la ADN apuntaban a la identidad del perpetrador.   “¿Qué justificó la acusación de este joven como asesino?”

El día 18, cada uno de nosotros tendría que llegar a una aproximación a la verdad.

La sala de deliberaciones apenas era lo suficientemente grande para la mesa larga y sus 12 sillas incómodas.   El aire acondicionado era viejo e ineficiente.   La temperatura era tan sofocante como lo había sido en la sala del tribunal.

Los jurados éramos diversos y teníamos poco en común.   El presidente asignado era un gerente de oficina y se sentía cómodo en su papel de moderador.   Sus habilidades de comunicación eran excelentes.   Algunos de nosotros éramos reticentes y nunca expresamos una opinión en un sentido u otro.   Otros eran más volubles.   Una maestra permaneció en calma en todo momento; escuchando a los demás antes de expresar sus propios puntos de vista.   Otro miembro del jurado, el número siete, se impacientaba por la duración del juicio; ella tenía un niño pequeño que cuidar en casa.   Aparte de mí, habían otros dos jubilados, uno de los cuales era un abogado corporativo.

Desde los primeros días de la deliberación, no estábamos seguros de si el acusado había tomado parte alguna.   En nuestro cuarto día, dije: “el principal testigo presencial no era creíble”.   El jurado número cinco, aquella mujer joven quien había sido más inflexible sobre la culpabilidad del acusado, comenzó a vacilar.    Aunque la mayoría de los miembros del jurado todavía lo consideraban inocente, cuatro no estaban convencidos.   Cuanto más aceptaban los miembros del jurado sus propias limitaciones, más difícil se volvía formarse una opinión.   La frase “justicia ciega” se tornaba más bien hiriente.

La mayoría discutió con los cuatro oponentes.   Las tensiones subían con el termómetro.    El calor del mediodía, la humedad y el ruido de la calle nos hacían cada vez más refractarios.    Con las ventanas cerradas, encendimos el anémico aire acondicionado y temimos más que nunca no estar a la altura.

Nuestras variaciones nos ponían tensos.   El jurado número cinco insistía categóricamente:   “el testigo presencial principal no mentía”.   Sin embargo, el momento crucial para todos fue cuando el miembro del jurado número siete se expresó, urgiéndonos con furia:   “las únicas características visibles en las cámaras de seguridad pudieron haber sido las de cualquier otro miembro de las pandillas”.   Lentamente, nos movimos hacia un terreno común.   La decisión fue entonces unánime, inocente.

Después de que regresáramos a la sala del tribunal, el juez nos encuestó individualmente.   Indeleblemente impreso en el rostro de nosotros estaba el de la madre del niño asesinado.   Su dolor contrastaba fuertemente con las miradas desgarradoras de la familia del acusado.   Me sentí insignificante, incluso inepto.   “¿Habíamos hecho bien o mal en nuestro veredicto?”, me preguntaba.

El jurado se disolvió.   Recogimos nuestras pertenencias y nos trasladamos a un ascensor en el extremo opuesto del palacio de justicia.   Abajo, esperaba la familia del absuelto.   Cuando nos acercamos, nos gritaban ensordecedoras gracias.

Nosotros (el jurado, los abogados y los testigos) servimos de actores en lo absurdo.

Fin

Editado por Billy Bussell Thompson

21 de julio de 2022

« Vladimir Putin vs democracia »

April 23, 2022

“Aunque. . .  la victoria pueda coincidir con la destrucción de la humanidad,. . .  sin el totalitarismo nunca habríamos conocido la verdadera naturaleza radical del mal.“

Hanna Arendt: Extracto de Los orígenes del totalitarismo (Harvest Book 244) Edición primera, 1951.

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Si el liberalismo tuviera éxito como núcleo de un nuevo orden mundial, se basaría en la creencia en el estado de derecho y un orden constitucional:   uno que limite el poder ejecutivo a favor de la capacidad de los individuos para tomar decisiones sobre el curso de sus vidas por sí mismos – lo cual es sólo garantizable a través de un sistema de derechos y leyes democráticas.

EXTRACTO DE “LIBERALISMO Y SUS DESCONTENTOS” DE FRANCIS FUKUYAMA. PUBLICADO EN MARZO DE 2022: TAMBIÉN EL AUTOR DE “ORÍGENES DEL ORDEN POLÍTICO” [1].

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I

En su libro “Decisiones Difíciles, sobre Vladimir Putin” (2014), Hillary Clinton nos cuenta que como Secretaria de Estado asistió a una ceremonia en el Monumento de San Petersburgo erigido a las víctimas de la invasión nazi de Leningrado, tras la cual cenó con Putin.   Putin compartió con ella que su padre había servido en la primera línea del frente contra Alemania en Leningrado y que había tenido la extraña experiencia de haber rescatado viva a su esposa de una pila de cadáveres, justo antes de que fueran enterrados.    Putin agregó que su madre, habiendo sobrevivido a una muerte casi segura, lo dio a luz después de la guerra (Vladimir tenía dos hermanos que habían muerto por causas naturales antes y durante la guerra).   Comprensiblemente, Clinton sintió una especie de compasión que estos eventos habían dejado en su psique.    En su libro, ella plantea al lector la pregunta de si estos hechos podrían explicar la mitología de Putin sobre lo que significaba para él ser ruso.   Para ella, correcta o no, sin embargo, se debe considerar que esta historia dio cuenta de la percepción de Putin sobre su propia historia y la de Rusia.

II

De los Secretarios de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, Condoleezza Rice, John Kerry, Hillary Clinton y Rex Tillerson, hemos aprendido que Putin esperaba y exigía respeto y reconocimiento de las capacidades rusas.   La clave no sería respetar sus valores o acciones, sino respetar la importancia de su papel como líder.   Según estos secretarios, la clave de la negociación debe corresponder al presente, reconociendo que Putin es ambicioso en sus propósitos, y que, aunque puede adaptarse a las circunstancias que se presenten, sigue siendo impredecible.   Habría que esperar su oposición a las ideas occidentales, en particular sobre la base de sus propias nociones de igualdad.    Estas son características sobresalientes del presidente ruso, particularmente en lo que respecta a sus relaciones con los Estados Unidos.   Sin embargo, en el pasado, Putin ha mantenido colaboraciones de larga data con EE. UU., en lo que respecta a las sanciones contra Irán, el acuerdo nuclear con Irán y el corredor aéreo sobre Rusia para reabastecer a las tropas estadounidenses en Afganistán.

III

El 8 de noviembre de 1991, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron en una dacha estatal el Acuerdo de Belovezh (la Creación de la Comunidad de Estados Independientes) para disolver la Unión Soviética:   una medida que Putin proclamó más tarde como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo” [2].

IV

Tras el cierre de la KGB de Alemania Oriental en 1991, Putin regresó a Rusia, donde ascendió por primera vez al puesto de primer teniente de alcalde de San Petersburgo en 1994.   En 1996, se unió al equipo presidencial de Boris Yeltsin como vicealcalde al administrador jefe del Kremlin, Pavel Borodin.   En julio de 1998, el presidente Boris Yeltsin lo nombró director del Servicio Federal de Seguridad (FSB, sucesor nacional del KGB) y, poco después, se convirtió en secretario del Consejo de Seguridad de Rusia.

Luego, Yeltsin nominó a Putin como primer ministro en 1999.   El aumento de la delincuencia, la corrupción institucional y las dificultades económicas empañaron el régimen de Yeltsin.   De repente, el 31 de diciembre de 1999, Yeltsin anunció su renuncia y nombró a Putin presidente interino.   Prometiendo reconstruir una Rusia ya debilitada, Putin salió victorioso en las elecciones de marzo de 2000, obteniendo el 53 por ciento de los votos.   Su campaña prometió eliminar la corrupción y crear una economía de mercado fuerte.   Posteriormente, Boris Yeltsin llegó a lamentar su apoyo a Putin.   En marzo de 2004, Putin ganó un segundo mandato como presidente con más del 70 por ciento de los votos después de que los precios del petróleo impulsaran el auge de los consumidores y elevaran el nivel de vida, una tendencia que continúa durante otros cuatro años.   En 2007, Putin abogó por los principios de la igualdad democrática en su discurso en la 43ª Conferencia de Seguridad de Múnich, cuando acusó a EE. UU. de imponer un mundo unipolar y atacó a los participantes de la UE por complicidad [2].   Luego, con una disposición constitucional controvertida, Putin se vio obligado a dimitir en 2008.    Putin eligió a Dmitry Medvedev como su sucesor y Medvedev a su vez nominó a Putin como primer ministro del país pocas horas después de asumir el cargo el 7 de mayo de 2008.

V

En 2008, como primer ministro, Putin ordenó la anexión de dos partes de la República de Georgia por la fuerza militar y, en 2009, reprimió el movimiento separatista en Chechenia.   Putin cultivó un fervor nacionalista y fue reelegido presidente por tercera vez en 2012, nombrándo a Medvedev como primer ministro.   Medidas violentas sofocaron el levantamiento popular resultante en la capital y el resto del país.   Según fuentes de información de periodistas en el exilio [3], la tasa de mortalidad de los opositores aumentó significativamente.   Las medidas de Putin fueron reprimir a la oposición a través del encarcelamiento, así como envenenarlos y extorsionarlos, dentro y fuera del país.   En línea con su aspiración de reforzar una Federación de Rusia al estilo soviético, Putin comenzó a afirmar que el prestigio del pasado se había perdido y que pretendía restaurarlo.   Esto se refleja en su artículo de opinión del New York Times de 2013 [4], “Una súplica de precaución de Rusia”, donde una vez más centró su desconfianza en los EE. UU.   El 27 de febrero de 2014, las tropas rusas comenzaron a anexar la región de Crimea en Ucrania después de que los manifestantes ucranianos derrocaran al presidente pro-ruso Viktor Yanukovich.   Al mes siguiente, Rusia incorporó Crimea después de un referéndum ruso.   Posteriormente, tanto Estados Unidos como la Unión Europea impusieron sanciones.

El 30 de septiembre de 2015, Rusia lanzó ataques aéreos en Siria en su mayor intervención en Medio Oriente en décadas, cambiando el rumbo del conflicto a favor del presidente Bashar al-Assad.   En noviembre de 2016, Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos tras haber prometido mejorar los lazos con Moscú.   Las autoridades estadounidenses han determinado que Rusia intentó interferir en las elecciones a su favor.   El 19 de marzo de 2018, Putin ganó su reelección de forma aplastante con un mandato que lo mantendrá en el cargo hasta 2024.   En 2021, Putin aprobó enmiendas constitucionales que le permitirían ser reelegido hasta 2036.

VI

En 2021, antes de que Rusia invadiera Ucrania, la administración Biden ya estaba completando la retirada de las fuerzas militares de Afganistán, incidentalmente, una política iniciada por el expresidente Donald Trump.   Ésta coincidió con el artículo de Putin, “Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos” [5] como preámbulo de la guerra contra Ucrania, la cual comenzó el 24 de febrero de 2022.

VII

Ahora en su décima semana, la guerra en Ucrania parece estar evolucionando hacia un conflicto prolongado.   Aunque Ucrania ha logrado una primera fase de la guerra algo exitosa, la beligerancia rusa se ha centrado en los territorios del este y sur del país.   Sin un mayor apoyo de la OTAN, Ucrania se enfrenta a una situación más difícil que en el pasado.

Al no haber logrado derrocar al gobierno ucraniano, Putin ha comenzado una segunda fase en la región oriental de Dombass.   Su nuevo objetivo parece ser la separación de Dombass del resto de Ucrania y, así, controlar el acceso al Mar Negro

VIII

Para Putin, uno de sus vehículos de propaganda es su defensa del idioma ruso, lo que equivaldría a asumir que Inglaterra anexara a los Estados Unidos de América por el motivo de proteger al idioma inglés.    En la televisión rusa, Putin le explica a una niña de 12 años que la “tragedia” en el Donbass es que Ucrania estaba cometiendo un “genocidio” contra los ruso-parlantes [6].

En el contexto de esta narrativa, la televisión estatal rusa transmite que “la operación militar especial es para establecer la paz”.

IX

Las ofertas de paz de Ucrania continúan siendo rechazadas por Vladimir Putin [7].   El presidente ucraniano, Zelenskyy, ha sostenido que se debe negociar un compromiso desde donde comenzó todo, en Crimea en 2014.   Para Putin, sin embargo, la anexión de Crimea, al igual que la invasión de Ucrania, es revisionismo histórico.   Muchos observadores dicen que la guerra no es tanto una crisis existencial para Rusia, sino una lucha por la supervivencia del propio régimen.

X

¿Es posible que el fracaso de Putin en esta guerra detenga futuros ataques de un régimen totalitario contra sus vecinos?   Podemos preguntarnos si podría haber un frente unificado contra dichos ataques.   Si no, entonces la pregunta sobre la posibilidad de un mejor futuro prevalecerá.

Editado por Billy Bussell Thompson

Footnotes:

[1] https://www.youtube.com/watch?v=AwuMMmUCw98

[2] 2007 https://youtu.be/hQ58Yv6kP44

[3] Zaborona Media https://zaborona.com/en/ and Ukrainska Pravda News https://www.pravda.com.ua/eng/

[4] https://www.nytimes.com/2013/09/12/opinion/putin-plea-for-caution-from-russia-on-syria.html

[5] http://en.kremlin.ru/events/president/news/66181— publicado en julio de 2021 por la oficina presidencial de Putin, en el que explicaba el apoyo occidental a Ucrania como una conspiración nefasta contra la unidad de la Federación Rusa. En él, Putin juega un cuestionable papel de historiador para justificar su determinación de enfrentarse a los poderes que intervienen en la soberanía de su país.

[6] https://youtu.be/UzS1c_lSpNM

[7] https://www.ft.com/content/7b341e46-d375-4817-be67-802b7fa77ef1

« Morín + Tortolero »

January 19, 2022

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Reconocimientos

Reconozco los aportes brindados a lo largo de ocho años por mis hermanos Alberto José, Andreína Teresa, Bonnie María Teresa y José Galdino, a quienes agradezco por salvaguardar la memoria de la familia.  También doy las gracias a nuestro primo Eduardo Morín Brea, hijo de nuestro tío Calixto Eduardo Morín Infante, por su resumen biográfico de la familia Morín. Por igual debo al tío Calixto Eduardo su guía al inicio de mi estudios universitarios en los Estados Unidos.  Como a él, debo a mi padre José Galdino Morín Infante los alicientes que lo hicieron posible allí.  Asimismo manifiesto mi gratitud y afecto hacia nuestra madre por su calidez y optimismo.  De igual manera honro a todos los primos y tíos tanto de la familia Morín como de la familia Tortolero, quienes ayudaron con la investigación genealógica.  Estoy especialmente endeudado con Ala Gaidasz Salamaja de Tortolero, viuda del hermano de nuestra madre, Federico Tortolero Rivero, y con su difunta hermana Lina Angelina Gaidasz Salamaja de Pystrak.  Y por final, doy gracias por el apoyo de mi amigo y editor más leal, el profesor emérito, Billy Bussell Thompson, Ph.D.

Ricardo Federico Morín , Fort Lauderdale, enero 20, 2022 .

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Dedicado a mis hermanos y hermanas

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Capítulo 1

El inexorable paso del tiempo

“¿Cómo hace uno un viaje en el tiempo a manos de sus antepasados?  En cierto modo uno viene a hacer el papel de su guardián.”

Ricardo F. Morín

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La diversidad genética es innata a la condición humana.  La figuración de que unos animales sean más diversos que otros es una interpretación tan limitada como subjetiva.  La forma más adecuada de ver nuestros orígenes sería como lo describía un amigo andaluz:  “. . .  es como buscar parientes de todo el mundo”.  Ciertamente, busco enmarcar las historias de mis padres a través de sus antepasados, para desarrollar una biografía, la cual vaya más allá del mero listado de fechas y lugares a definir los posibles vínculos entre costumbres y modos de pensar.  Mas no puedo decir adónde me llevará esta narración.

Hace unos años, me hice una prueba del ADN a través de Ancestry y 23andme.  Los resultados mostraron que el 40% de los marcadores eran de origen español y portugués.  El 60% restante eran no ibéricos:  de Europa, África y del Nuevo Mundo.

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Capítulo 2

Hacer conciencia

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Conocernos a nosotros mismos implica la necesidad de comprender las influencias que afectan nuestra conciencia:  de quiénes somos y de dónde venimos.  Aunque estamos limitados a corto plazo—en su comprensión, porque no tenemos un control absoluto de nuestras facultades.  Es importante, más que nunca en la historia humana, conocer nuestros orígenes hasta donde podamos.  La noción del autoconocimiento es una necesidad intrínseca e ineludible.  ¿De qué otra manera podemos reflexionar sobre nuestro carácter humano, tanto sobre nuestras imperfecciones como sobre nuestras aspiraciones, si no distinguimos entre variabilidad y naturaleza cambiante?

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Capítulo 3

Etimologías y toponímicos

“El estudio etimológico científico moderno se basa en los métodos y hallazgos de la lingüística histórica y comparativa, cuyos principios básicos fueron establecidos por lingüistas durante el siglo XIX”.

Encyclopedia Britanica, 2021. Traducción mía.

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La comprensión de la etimología de los nombres propios y sus ubicaciones geográficas se derivan de la lingüística comparada, como una forma de clasificar a las personas en grupos, por ocupación, lugar de origen, clan, parentesco, adopción y características físicas.

El apellido Morín deriva del francés antiguo Moré, apodo del ‘moro’ o moret.  En sus formas diminutivas significa ‘negro’ o ‘marrón oscuro’, o un bereber del noroeste de África.  El término fue utilizado por los europeos cristianos para designar a los habitantes islámicos del Magreb, la Península Ibérica, Sicilia y Malta durante la Edad Media:  El término moro se aplicó indistintamente a árabes, bereberes e íberos arabizados.  El apellido Morín se asoció con los moros de España.  En el siglo VIII los árabes entraron en la Península Ibérica y permanecieron como fuerza política de algún modo hasta 1492, con la caída de Granada.  El apellido Morín se encuentra principalmente en la provincia de Santa Cruz de Tenerife en las Islas Canarias, y en menor medida en Madrid y Salamanca.

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El apellido Tortolero proviene de la región de Lombardía.  El término parte de la denominación dada a las palomas del género Columbina, “tórtola” o “tortolita”, que proviene del latín turtur, probablemente una onomatopeya.  Desde sus orígenes en la antigüedad, el nombre Tortolero era asociado con la mitología divinatoria por su habilidad de enviar mensajes, entre otras cualidades, y se les designaba a aquellos que por oficio criaban tórtolas:  Un tortolero en cierto modo era también un místico.  En España el principal asiento del apellido Tortolero es Andalucía, originario de Écija.  Los Tortolero se extendieron por el Nuevo Mundo, especialmente México, Venezuela y Puerto Rico.

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Capítulo 4

Orígenes

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Como muchas familias criollas, de ambos apellidos, Morín y Tortolero, encontramos documentación desde la Inquisición en adelante.  En 2015, el gobierno español ofreció devolver la ciudadanía a las familias que la habían perdido por expulsión forzosa.[1]

La familia Morín, comerciantes canarios, se instaló en Caracas en 1745.  Durante el período colonial, sus descendientes trabajaron como ganaderos, y luego, después de la Independencia (1821), sirvieron en el ejército federalista luchando contra varios caudillos.

Los Tortoleros, en cambio, según María Teresa Tortolero Rivero, se remontan al Toledo del siglo XIX.  El apellido Morín se puede rastrear a través de documentación en la Biblioteca Nacional de Venezuela y de registros eclesiásticos tanto en el estado Guárico como en el Distrito Capital de Venezuela.  Antes de su llegada a Venezuela se desconoce el oficio de la familia Tortolero, pero luego trabajaron como cañeros y cafetaleros en Altos de Reyes.

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Capítulo 5

Familia Morín

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En 1813 el cuarto tatarabuelo paterno, el “bachiller” José Calixto Morín Fuentes era párroco de Lezama de Orituco (fundada en 1688), hoy Altagracia de Orituco en Guárico [2].  Su esclava María de Los Santos fue la cuarta tatarabuela de la familia Morín.  Ésta le dio dos hijos a José Calixto, quienes, según las actas de bautismo, fueron emancipados por él.  Uno de sus hijos fue nuestro tercer tatarabuelo,  Críspulo Morín.  De la unión entre Narcisa Landaeta y él, nació Venancio Antonio (1843-1929), conocido como El Tuerto.  El bisabuelo Venancio Morín Landaeta fue un general federalista perteneciente al régimen Azul.

Venancio Antonio Morín Landaeta se casó con su prima hermana Andrea Fuentes Ramírez en 1870.   De esta unión nacieron siete hijos:   Luis Ramón, Críspulo, Jesús Antonio, Venancio, Sofía, Catalina y José Calixto.  Salvo nuestro abuelo, José Calixto Morín Fuentes, todos sus hermanos fueron abogados.  José Calixto estudió música; se desempeñó como director de orquesta en Altagracia de Orituco y fue compositor de valses y otros géneros.

Posteriormente, de la unión de José Calixto Morín Fuentes (1892-1967) y Domitila Infante Hernández (1892-1985), nacieron nueve hijos:  Calixto Eduardo (farmacólogo y filólogo), José Galdino (abogado y Doctor en Ciencias Políticas), Jesús María–apodado Chucho–(educador y funcionario ministerial), Sofía del Carmen (asistente del director general de la Biblioteca Nacional de Venezuela), Venancio Enrique (comerciante), María Josefina–apodada Pipina–(ama de casa), Luis Eduardo (abogado), María de Lourdes–apodada Malula–(secretaria de colegio) e Isaura Inés (ama de casa).

La familia Morín Infante vivió en Altagracia de Orituco hasta 1944.  En ese año, José Calixto Morín Fuentes fue habilitado al puesto de miembro de la Banda marcial de Caracas.  Dos años antes, el hijo mayor Calixto Eduardo (1917-2000) y José Galdino (18/04/1921-04/08/1997) eran estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.  Calixto Eduardo se hizo cargo de su hermano a pedido de José Calixto, a quien le preocupaba lo difícil que era disciplinarlo. José Galdino y Calixto Eduardo se habían alojado con su tío Luis Ramón Morín Fuentes, hermano mayor de su padre José Calixto.  Durante este tiempo José Galdino sedujo al ama de llaves, quien dio a luz a un hijo suyo.  Nuestro primo Luis Morín Loreto, hijo de Luis Ramón, adoptó al recién nacido y le dió el nombre de César Morín Padrón.  José Galdino estudió derecho egresando summa cum laude de la Universidad Central de Venezuela el 26 de julio de 1947.   Su tesis doctoral, titulada “Capital humano”, estudió los principios básicos de los derechos humanos aclarados por primera vez por Frédéric Bastiat (1801-1850).  A partir de entonces, José Galdino se destacó como abogado litigante tanto en casos civiles como penales.  Nunca se involucró en la política venezolana

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Capítulo 6

Familia Tortolero

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Los bisabuelos maternos fueron Elogio Tortolero Cabrera y Paula Ojeda  Todavía se desconoce el segundo apellido de la bisabuela materna, como también se desconoce la existencia de hermanos y hermanas.  Se sabe, sin embargo, que el bisabuelo Elogio tuvo cuatro hermanos:  José Antonio (quien murió en las guerrillas de Ezequiel Zamora), Tobías, Rosa Manuela y María José.  Se cree que los hermanos trabajaban como agricultores.

Los Tortolero Cabrera poseían una hacienda en el estado Carabobo, llamada “el fundo de Marta López”, en Altos de Reyes. De la unión de Elogio Tortolero Cabrera y Paula Ojeda nació Rafael Eusebio Tortolero Ojeda (1893-1938). Rafael Eusebio se casó con Marcolina Rivero (1898-1937). Ellos heredaron la finca y tuvieron cinco hijos: Lucía (ama de casa), Leopoldo (tendero), Rafael Eusebio (contratista), María Teresa (abogada) y Federico (representante farmacéutico). El abuelo Rafael Eusebio, sin embargo, llevó una doble vida manteniendo a seis hijos ilegítimos, que nunca se involucraron con los suyos legítimos.

La abuela Marcolina Rivero murió a los 39 años por eclampsia, y un año después nuestro abuelo Rafael Eusebio Tortolero Ojeda murió a los 49 años por una neumonía.

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Capítulo 7

María Teresa Tortolero Rivero

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María Teresa (10/08/1927-18/06/2010) tenía 11 años cuando quedó huérfana.  Entre 1938 y 1944 asistió al Colegio de Lourdes de Valencia.  El párroco Francisco Martínez, le facilitó el ingreso donde estuvo internada durante seis años.  Luego estudió por 2 años en el Liceo Pedro Gual tras lo cual empezó a trabajar como higienista en Valencia.  Poco después obtuvo el título de secretaria en Los Teques, estado Miranda, donde conoció y se casó con un emigrante ruso, Aleksander Sarayeff, en 1949.  A los pocos días del matrimonio, éste desapareció.

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Capítulo 8

María Teresa y José Galdino

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En 1950, María Teresa Tortolero Rivero se muda a Tacarigua donde conoce a José Galdino Morín Infante, cuando éste era jefe de personal en la Central Azucarera de Tacarigua.   Aconsejada por él, introdujo una demanda de divorcio.   Sarayeff reaparece con amenazas contra ella, y José Galdino lo somete a una medida cautelar que le impide contactarla.   Luego, en 1951, por falta de recursos médicos y de incubadoras neonatales, José Galdino y María Teresa pierden a su primer hijo, dos meses prematuro (Carlos Alberto). El niño vivió sólo unos pocos días. Un año después (25 de febrero de 1952), María Teresa, a los 24 años, contrae nupcias civiles con José Galdino, de 31.

José Galdino compró una casa en un terreno de 12 hectáreas en las afueras de Guacara.  El terreno, enmarcado entre la carretera a Guacara y la autopista a Caracas, tenía una casa con piscina cerrada.  En esta residencia nacieron tres hijos:  Alberto José (abogado) en 1953, Ricardo Federico (autor y artista visual) en 1954 y Andreína Teresa (abogada) en 1955.  Las familias de sus padres les visitaban a menudo.   Luego los Morin Tortolero cambiaron de residencia al municipio de Naguanagua.  Allí nació María Teresa, apodada por su familia Bonnie (dramaturga, directora y enseñante) en 1958.  En 1959, la familia Morín Tortolero se mudó por última vez a la urbanización Carabobo en Valencia.  Allí nació José Galdino (comerciante de almacenamiento para la importación y exportación) en 1960.

Después de quince años de matrimonio en 1967, a instancias del reverendo Dr. Simón Salvatierra [3], María Teresa se presentó como candidata a la Asamblea del Estado de Carabobo y posteriormente fue elegida para la misma.  Su esposo José Galdino la obligó a renunciar al cargo debido a la historia de persecución del líder del partido, Marcos Pérez Jiménez, a la familia Morín.  Posteriormente, María Teresa abrió una boutique y, una vez más, su marido desaprueba su condición de tendera.

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Capítulo 9

El encanto de la superstición

*

María Teresa se creía clarividente. Las personas referidas por amigos cercanos a menudo acudían a ella en busca de consejo espiritual. Inspirada en el Teosofismo y la orden Rosacruz, se adentró en los estudios metafísicos. Buscando consejo para su propia iluminación, frecuentaba sesiones de espiritismo. José Galdino cuestionaba su cordura. Él, a su vez, practicaba sus propios rituales de magia. Sus clientes y amigos le daban consejos sobre cómo mantener a raya enemigos, las raíces de su propio destino y los principios para lanzar hechizos.

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Capítulo 10

Separación y divorcio

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Los matrimonios permanecen intactos por mutuo entendimiento.  Tal unión es posible siempre que hayan historias compartidas.   Pero sin confianza las relaciones se desmoronan.

José Galdino y María Teresa no pudieron hacer frente a sus diferencias.  Después de 16 años de matrimonio, José Galdino seguía siendo un mujeriego empedernido, y María Teresa, sintiéndose no correspondida, se cansó de él y sus aventuras.  En cierto sentido, no conocían sus propias emociones y deficiencias.

Para José Galdino, el divorcio estaba fuera de discusión:  una amenaza para su estatus y sus finanzas.  Según la ley venezolana, el divorcio significaba dividir los bienes; algo que él no estaba dispuesto a hacer.  Cuando fue notificado en 1975 de la petición de divorcio de su esposa, su furor se volvió incontrolable.

Sabiendo cómo maniobraba su esposo en los casos de divorcio, María Teresa bloqueó cualquier posible transferencia de bienes conyugales.  Como resultado, José Galdino intentó arrojar al abogado de su esposa (Padrino Príncipe) por las escaleras del juzgado.

La sentencia de divorcio se dictó en 1979, justo un año antes de que José Galdino se volviera a casar (esta vez a Piedad Urán Cardona:  una estudiante de odontología,25 años menor que él).  La división de bienes entre José Galdino y María Teresa no concluyó hasta 1985.   A pesar de la sentencia judicial a su favor, María Teresa despidió a su abogado y asumió la representación de su hijo Alberto José!  Al hacerlo, tuvo que renunciar a gran parte de sus propios derechos.  Ahora se sentía agotada y sin ningún sentido de la justicia.  A partir de ahí se concentró sólo en su propio futuro.

Entre 1975 y 1985, María Teresa se puso por meta convertirse en abogada (quizás para vengar sus sentimientos de haber sido tratada injustamente por el sistema legal).  En preparación para la facultad de derecho, se enamoró de su tutor de matemáticas, José Espirilión Valecillos Carrillo (Piri).  Éste era profesor de secundaria en Valencia y quince años menor que ella.  Mientras ella se preparaba para ingresar a la facultad de derecho de la Universidad de Carabobo, él también decidió postularse.  Antes de terminar sus estudios de derecho, se casaron y se graduaron en 1992:  ella tenía 64 años y él 49.

*

Capítulo 11

Ironía de ironías

*

Inexplicablemente, María Teresa y el Piri trabajaban en el mismo despacho de su exmarido José Galdino y su hijo Alberto José.  María Teresa creía que sus sacrificios anteriores le habían dado el privilegio de formar parte del mismo despacho.  Su práctica se centró en la protección de los derechos legales de menores.  Sin embargo, su segundo matrimonio fue tan decepcionante para ella como el primero, por lo cual se disolvió después de sólo dos años.  Luego, en 1996, anunció que su divorcio de José Galdino había sido un error.  Ahora estando derrotada mental y emocionalmente comenzó a manifestar una especie de disociación cognitiva (¿era esto simplemente depresión o los comienzos de la enfermedad de Alzheimer?).

Al mismo tiempo, el matrimonio de José Galdino con Piedad Urán estaba en crisis.  Desde 1993, ella había estado pidiendo la derogación de su acuerdo prenupcial, obligándola así a renunciar a los derechos de propiedad acumulados durante el matrimonio.  José Galdino negó la solicitud.  Sin embargo, al cabo de tres años, fue la fortuna quien le concedió el anhelo de Piedad.

Entre 1994 y 1995, José Galdino desarrolló síntomas del Síndrome Neurológico de Pick, dejándolo incapaz de caminar, hablar y razonar.  Aunque busqué tratamiento para él, la interferencia de su esposa fue un gran obstáculo.  En noviembre de 1996, a sugerencia de mi padre, regresé a los Estados Unidos para tratar mis propios problemas de salud.  Unos meses después, José Galdino fue operado de una hemorragia cerebral.  José Galdino murió de una neumonía el 4 de agosto de 1997.

Para 1998, María Teresa ya no podía seguir ejerciendo la abogacía. Para ocupar su tiempo, su hija Bonnie le instó a volver a escribir poesía.  María Teresa alegó que José Galdino había quemado lo que ella había escrito antes.  Entre 2004-05 reconstruyó unos 15 poemas, que luego fueron distribuidos a los miembros de la familia bajo el título Magia Azul.

*

Capítulo 12

Últimos años de María Teresa

*

En 1999 a la edad de 72 años, María Teresa, cumpliendo un sueño de toda la vida, y yo viajamos a Europa.  Visitamos Madrid, París, Venecia y Roma.  En el viaje, María Teresa recordó cuando cinco años antes se había tropezado camino a los tribunales:  Para ella era mi consuelo de ella lo que representaba al más preciado de recuerdos compartidos.  Días después, en el aeropuerto, vio nuestro reflejo en un espejo en el club privado de la aerolínea y me dijo:  “Espero guardar este momento para siempre en mi memoria”.

En 2004, la invité a celebrar su septuagésimo séptimo natalicio en la ciudad de Nueva York.  En este último viaje, conoció a David, mi esposo durante nueve años, y a Eva, su madre, la cual era cuatro años mayor que ella misma. María Teresa admiraba la vitalidad de Eva.  Al año siguiente, María Teresa fue diagnosticada con Alzheimer.

En 2009, ella languidecía en las etapas avanzadas de la enfermedad y sabíamos que su tratamiento debía continuar en una clínica.  Ya no era posible que su hija Andreina asumiera la responsabilidad exclusiva de su cuidado.  Asimismo su hijo José Galdino no escatimó esfuerzos en el cuidado de su madre.  Su dedicación y conducta fueron ejemplares.

A la edad de 84 años murió María Teresa, el 18 de junio de 2010.

*

Epílogo

Un viaje en el tiempo

*

Al escribir esta historia, reconozco mis propias limitaciones al tratar de comprender vidas que creía conocer íntimamente.  Tanto mi familia como yo no sabíamos quiénes éramos, más de lo que realmente podemos sabernos a nosotros mismos.  Esto resalta una evanescencia que busca definir nuestras relaciones, que apenas tocan los bordes de nuestra existencia.  Hay mucho que no podemos decir.  Nuestros propios remordimientos, sentimientos de vergüenza o imprudencias solo pueden ser censores para nuestra comprensión.

El reconocimiento de que la vida es imperfecta es la definición de dignidad.  Cabe señalar que un ensayo sentimental no es el objetivo que deshonra nuestra existencia; es más bien una incongruencia que encubre nuestras imperfecciones.  Nuestras vidas se celebran por sus diferencias.  Ya sea que nos cuidemos unos a otros o nos inflijamos dolor, es una cuestión de tolerancia.  Lo que sería más notable sería el perdón.

María Teresa Tortolero Rivero a través de su vida.  De izquierda a derecha:  1. En 1945 con el uniforme del Liceo Pedro Gual.  2. En 1954 durante su tercer embarazo, acompañada de su esposo José Galdino Morín Infante y seguida de su cuñado Chucho Morín Infante.  3. En 1992 luciendo toga y birrete con diploma y medalla tras graduarse de abogada.  4. En 2004 a la edad de 77 años en frente de su yerno David Lowenberger y de brazo a su madre, consuegra, Eva Lowenberger.

Editado por Billy Bussell Thompson

Notas de pié de página:

  • [1] Ref: http://www.exteriores.gob.es/Consulados/SANFRANCISCO/es/Consulado/Paginas/Articulos/Leynacionalidadespañolasefard%C3%ADes.aspx Este enlace reporta que el Congreso de los Diputados de España aprobaron en el 2015 el Proyecto de Ley, el cual concede la nacionalidad española a los sefardíes descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo XV.  La norma suprime la necesidad de residencia española y no exige la renuncia a la nacionalidad anterior.
  • [2] Ref: http://lavozdeoritucohistorialocal.blogspot.com/2015/08/casa-amarilla-de-lezama.html?m=1 Este enlace menciona al “Bachiller” José Calixto Morin quien reportaba al Arzobispo de Venezuela, en el año 1813, el estado administrativo y avance del Lezama.  Por decreto las tierras todavía pertenecían a los nativos indios Guarinos de la región, quienes las cultivaron hasta ser desplazados a finales del siglo XIX.
  • [3] Ref,: https://issuu.com/academiahistoriacarabobo/docs/la_hora_de_las_tinienblas_homenaje_ as_tinienblas_homenaje_ La hora de las tinieblas, conmemora en 2010 el nacimiento del párroco Simón Salvatierra.  El reverendo Dr. Simón Salvatierra (1910-69) era natural de Bejuma: un sacerdote de la Arquidiócesis de la ciudad de Valencia, quien rompió con las normas de la iglesia al ser senador afiliado a un controvertido partido político:   El Indio, también conocido como Cruzada Cívica Nacionalista, fundado por seguidores del expresidente, dictador militar, Marcos Pérez Jiménez.  A mediados de los años sesenta María Teresa mantuvo su consejo y estrecha amistad.  El Reverendo Salvatierra fue instrumental en que María Teresa hubiese sido electa a la Asamblea del Estado de Carabobo como representante de dicho partido y ella a su vez se sentía especialmente honrada de ser la primera mujer asambleísta de su estado.

*

*

Poemario de Maria Teresa

*

Magia Azul

(Dedicado a sus hijos)

i

Cuando florezca en primavera
(junio 15 de 1974)

*

Cuando florezca en primavera
hermosa flor de mi jardín,
te ofrezco en ella la vida entera
por que de pronto ...
se nos va al fin.

Cuido tu suelo, riego tus plantas
y dulces frutos darte quisiera
de mis campiñas de oro y plata
cuando florezca en primavera.

Hermosa flor de mi jardín
cruzo los valles, profundos mares
con sus alitas de querubín.

Dejo sus suelos y amados lares
pues ya su sabia no riega más
y las campiñas de sus cantares
deja su aroma y al fin se va.

Allá a lo lejos de verdes valles
en que yo soñé,
y esa la meta de mis andares
allá tus plantas que tanto amé.

ii

Alas al viento
(junio 15 de 1974)

[Poema escrito y anexo por su hija Bonnie Morín Tortolero]

*

Nacimos libres
cual amapolas sin alas
con la inquietud innata
de remontar escalas.
Y en un abrir y cerrar de ojos
emprendemos el vuelo ...
¿En qué aposento amargo
dejará su anhelo,
aquel que encubra sus ojos un velo
y el corazón el destello
de afrontar el mundo
cual ufano cielo?

*

[Alas al viento, escrito por Maria Teresa Tortolero Rivero en respuesta al mismo poema de su hija Bonnie]

*

... sigue su raudo vuelo
con el paso de su sino
que ancho y largo es el camino
y al primer paso ha caido,
avecilla mal herida:
levanta tus ojos al cielo,
no temas más al destino
que es de cobardes la huida
cuando el amor es divino.

iii

Ven a mí
(junio 30 del 2004)

*

Alma mía , ven a mí
si es que me amas.
Te estoy esperando.
No te hagas de rogar,
por que yo te amo
y sufro por no verte.

Me hace falta la luz
de tu mirar
para seguir viviendo,
por que aparecistes en
mi camino
para amarte hasta 
la eternidad.

¡Qué absurda es la vida
en algunos casos!,
donde no hay correspondencia,
no hay nada que esperar.

Dejar que las cosas sigan
su camino y nada más,
dejar todo en su lugar.
Se impone el olvido
y así será.

iv

Vive por ellos mi bien
(abril 9 del 2004)

*

De la estrechez de la forma
surge el principio de bien,
el bien de mis amores,
el bien de mi querer.

Sintiendo cuanto les amo
vive por ellos mi ser.
Es cuanto tengo,
es cuanto soy.

Sin ellos no sería nada.
Vive por ellos mi bien.
Les amo, les amo.
Gracias a mi creador,
amar es vivir.

v

No quiero, no quiero
(abril 14 del 2004)

*

No quiero forzar las barreras.
No quiero tener en mis sueños quimeras,
alentando la ilusión por un falzo amor,
tan frágil como brizna de paja en el viento.

¡Qué más quisiera borrar,
todo recuerdo ingrato de su vida,
qué más quisiera,
con la fuerza de este amor
que llevo indeleble en mi ser,
como un reto al destino:
Ése que jugó con nosotros
como si fuéramos niños!

vi

No te apartes de mi camino
(mayo 11 del 2004)

*

Pon en mi alma tu fuerza creadora
para cantarte con embeleso
todo lo que mi alma añora.
Ávida de tu consuelo
tu presencia implora.
Plena mi alma con tu amor divino
y no te apartes de mi camino.

vii

Soñé
(mayo 11 del 2004)

*

Soñé que era una diva
del bel canto
que con devoción
cantaba a mi Creador.
Era este soñar despierta
que me acompaña desde niña
con una dulce melodía,
dentro de mi alma,
que sin saber canto todavía. 

viii

Se hace un sueño realidad
(enero 26 del 2004)

*

Lo que fué para mi una lisonja
fué para otros un atrevimiento total.
Yo no juzgo, sólo sopeso las acciones.
El hombre no está en su lugar.
Él vive soñando.
Una manera de pasar el tiempo.
Mientras se limita a soñar
no le hace daño a nadie.
Sólo con sus sueños está,
y a manera de vivir soñando
se hace un sueño realidad.

ix

La más bella entre las bellas
(septiembtre 11 del 2004)

*

Era bella, la más bella entre las bellas,
de nariz respingona y fina,
de labios delgados y expresivos
con unos ojazos de cielo
que sonreían al mirar
y con una voz dulce que invitaba a cantar,
Yo cantaba con ella
a la sombra de un ventanal
y mientras cantaba
los pájaros venían 
y se ponían a cantar.

La canción que ellos oían ,
pajaritos mañaneros,
que venían a su ventana,
cantando en la mañana
para despertar el día.

Mamá se sonreía
y entre cantos me decía:
"Tú eres una pajarita más,
mi niña buena, mi niña inteligente.
Habrá que educarte bien
para que, entre vuelo y vuelo,
tus sueños se hagan realidad,
para que, entre sueño y sueño,
aprendas a volar.

x

Ausencia
(junio 13 del 2005)

*

Cuánto encierra la ausencia
angustias y sin sabores
por el que espera al ausente
que nunca llega, dejando dudas
al que espera desesperanzado
por no saber de su amado;
qué le ha pasado.
Hay que llenarse de paciencia
con un amor singular
y saber esperar
que Él se haga presente
con su amor de siempre.

xi

Del cielo bajó un ángel
(junio 30 del 2004)

*

Del cielo bajó un ángel
cargado de luz
y sus ojos como dos luceros
penetraron en mi alma
y se adueñaron de mí.

Pero estoy sola y triste
por que sin Él no sé vivir.
¿Qué se ha hecho mi ángel amado?
¿Dónde se ha ido?
¿Con quién está?
Aprende a vivir.
Yo te esperaré.
Sabré esperar.
Tu volverás a mí.
Te hare feliz
por que te amo.

xii

Por que te ví
(marzo de 1978)

*

¿Por qué te ví para quererte?
¿Por qué te amé
para vivir ausente?
¡Qué destino tan cruel!
Amarte tanto
sin saber si soy amada
y soportar estar distante.
No puedo comprender:
¿Qué se hizo de ese amor
de un alma enamorada
que ví brillar en su mirada?

xiii

Mirar quisiera
(marzo de 1978)

*

Errante voy entre las sombras
y como al ciego mirar quisiera,
mirando y viendo entre las cosas
donde no llega la luz del día;
mirando entre las cosas
hasta encontrar el alma mía.

Al cielo pido en su piedad infinita
se apiade de mi dolor acerbo,
pues si sufro por creerme diosa,
tambié sufro por sentirme sola;
pena que a mi alma roba
todo el encanto de su gloria.

xiv

Un alma grande me diste
(julio de 1979)

*

Una alma grande me diste
pues cabe un mundo en mi pecho,
sin embargo, vago triste
con el corazón desecho,

Como paria en el desierto,
de mi alma peregrina,
siento el punzar de la espina
y la duda de lo incierto.

Solitario etá mi nido.
Sólo ausencia existe en él.
¿Por qué señor tanto olvido,
por qué tanta hiel,
si mi hiciste para amar
y a Ese Amor quiero ser fiel?

xv

Como magia azul
(julio 9 del 2004)

*

Ya verás como el
águila real en raudo vuelo
al infinito alcanzará.

Ya verás como a todo lo amado
como Magia Azul
a ti vendrá.

Ya verás que la magia del amor
transforma al corazón,
da fuerzas a vivir,
el Sueño Aquel, tan esperado,
¡de amar y ser amado!

« Recuerdos de Herta »

January 6, 2022

*

Foto proveída por la hija de Herta, Vivien Kane

En el verano de 1975 tomé un taller de pintura bajo la instrucción de Herta en la Universidad de Buffalo: A partir de ese momento evolucionaron los lazos de nuestra amistad. La sabiduría de Herta provenía de su propia vitalidad; su curiosidad parecía ilimitada. Exploraba temas de diferente índole, desde el arte informático hasta la caligrafía japonesa. Todo esto la realzó como artista. Como maestra que trataba con estudiantes, tenía poca paciencia y muchos de ellos se sentían intimidados por sus exigencias. Lo más memorable es que me enseñó que un artista tenía que evocar el significado que se esconde detrás de cada imagen. El arte no era una evolución progresiva; nada era nuevo: todo ya estaba hecho; el imperativo era hacer algo significativo.

Herta se identificó con las historias que compartí sobre mi familia y especialmente sobre mi madre. También me contó historias sobre sus propios padres, particularmente sobre cuánto admiraba a su padre. A través de los años, la lealtad de Herta fue constante. Ella instaba atenta como una madre. Siendo 26 años mayor que yo, me preguntaba por qué quería pasar tanto tiempo con ella. Respondí que la gente de mi edad me aburría.

El último semestre de mi tercer año, Herta me invitó a almorzar con su esposo Ernest, un cardiólogo en el Hospital de Administración de Veteranos al lado de la universidad. Esa mañana, algunos estudiantes habían prendido fuego afuera de mi puerta. Llamé a la policía de la universidad pero no acusé a nadie. Más tarde le conté a Herta lo que había sucedido. Ella y su esposo me aseguraron que todo estaría bien. Esa tarde escuchamos la música de Handel y Brahms, hablamos sobre la poesía de las matemáticas y discutimos las polémicas de la antropología del arte. Esa noche no volví a mi dormitorio universitario, sino que me quedé con un estudiante de arquitectura polaco: Jurek Pystrak me invitó a quedarme con él hasta que se arreglaran las cosas. Poco sabía lo importantes que llegarían a ser Herta y Jurek.

Mientras estudiaba para los exámenes finales, alguien que no conocía se me presentó. Parecía que había sido mi guardaespaldas desde el momento del incendio en el dormitorio. Nunca supe por qué me vigilaba. Más tarde, Herta comentó: “… la universidad debió haber hecho un balance de lo laxo que era su sistema de seguridad”.

Después de que me fui a Yale para realizar estudios de posgrado y Jurek se mudó a Berlín, Herta y yo nos mantuvimos en contacto. A veces nos encontrábamos en Manhattan e íbamos a museos y galerías. Después de haber terminado mis estudios en Yale, trabajé como escenógrafo en Manhattan. En 1988 visité Herta en Buffalo. Su esposo Ernest había muerto dos años antes. Herta y yo fuimos a la función inaugural de Abingdon Square de María Irene Fornés (1930-2018) en el Studio Arena Theatre. Esa noche, Herta y yo tuvimos la oportunidad de hablar con ella (yo había realizado la escenografía de tres de sus obras, que se habían estrenado en la ciudad de Nueva York). De nuevo en 1989, visité Herta en Buffalo; allí asistimos a una retrospectiva del pintor Seymour Drumlevitch, quien había sido nuestro consejero académico, mentor artístico y amigo.

En 1992, Herta asistió a mi primera exposición solista de pinturas en Manhattan. Aunque no la vi entonces, nos mantuvimos en contacto por teléfono. Karl, la pareja de Jurek en Berlín, le dijo a Herta que Jurek había muerto de SIDA en 1984. Esto nos sorprendió a ambos; explicaba por qué no habíamos tenido noticias de Jurek durante ocho años. Herta fue fundamental para conectarnos con el pasado de Jurek. Luego, Karl visitó mi estudio de pintura en Tribeca. Posteriormente, invitó a Herta a un crucero para pasar una noche en el Rin y conmemorar su inminente muerte (éste había descartado mi optimismo sobre el tratamiento antirretroviral como un sentimentalismo misionero). Le dije a Herta que la perspectiva de Karl era totalmente fatalista.

Cuando conocí a Herta por primera vez, intuí que ella estaba luchando contra la depresión. Más tarde supe que gran parte de su búsqueda de afecto no había sido correspondida. Su esposo también estaba luchando contra la depresión, habiendo intentado suicidarse si no hubiese sido por su esposa. Luego ella lo cuidó durante un largo período de enfermedad. Después de su muerte, su círculo de amigos se redujo. Ella pensó que no era bienvenida por otras parejas. En esos años, Herta estaba sola y plagada de culpabilidad. Desconcertada, llamaba a mi puerta a altas horas de la noche, mucho después de la medianoche, pidiendo apoyo. Ahora, en la década de los 90, nuestros papeles se invirtieron: Ella venía en mi ayuda, alimentando mi optimismo y ayudó a recuperarme del suicidio de mi pareja de tres años.

Luego, en la primavera de 2005, Herta conoció a David, mi pareja durante cinco años. Mientras caminaba hacia la avenida para ayudarle a ella a tomar un taxi, me dijo que sólo deseaba haber conocido a alguien como David por sí misma. Su declaración no me sorprendió, aunque tocábamos el pasado por sus bordes. Comprendí que David le recordaba su deseo de haber conocido durante su vida a alguien de igual sensibilidad.

En mayo de 2008, David y yo asistimos a la celebración de su octogésimo natalicio en Filadelfia. Conocimos a toda la familia, incluidos sus nietos. Antes del festejo, Herta me había confiado a menudo sus inseguridades acerca de ser abuela. Ella cuestionaba cómo la percibían sus nietos y yerno, de si fuese aceptada por ellos. Más que nunca estaba consciente de su acento alemán, aunque lo glorificase como una distinción sofisticada. Estos fueron años importantes para Herta, pero la carga de sentirse desplazada en una nueva vida pesaba mucho sobre sus hombros.

En 2011 mi madre murió de Alzheimer a los 84 años. Durante los años anteriores le había mencionado a Herta que solía llamar a mi madre en Venezuela para leerle Don Quijote. De vez en cuando mi madre reaccionaba con sonidos guturales, que yo tomaba por afirmaciones de risa. Durante estas conversaciones, comencé a tomar conciencia de las propias dificultades de Herta en su percepción de la realidad. Ella se agitaba fácilmente. A menudo se sentía incomprendida. Desencadenaba eventos pasados, como si estuviesen ocurriendo en el presente. Le escuché en silencio, esperando que pudiese recuperar la calma. Traté de interesarla en otros asuntos. ¿Seria esta la razón por la cual me dijera que era importante para nosotros estar en contacto? A partir de entonces traté de llamarla hasta que ya no fue posible. Después de lo que pareció ser un largo período de silencio, su hija Vivien me llamó para informarme que Herta necesitaba la atención de una guardería las 24 horas. David y yo condujimos desde Manhattan para visitarla en Pensilvania. En 2016 Herta todavía podía hablar. Creí que se acordaba de mí hasta nuestra despedida, cuando dijo lo agradable que había sido conocerme.

Durante nuestra visita, Herta parecía alerta. Después de mostrarle fotografías de nuestro hogar en Fort Lauderdale, hizo varios comentarios extravagantes. Con descaro, criticó los cojines que parecían donas y estaban completamente fuera de sitio. Su ingenio parecía tan perspicaz como siempre. Pero luego nos contó sus recomendaciones para la escuela de posgrado, en la que —para mi horror— me había llamado del calibre de Leonardo da Vinci. El caso es que a ella le encantaba ser polémica.

El verano antes de su muerte, Herta estaba mucho más limitada en movimiento y habla; se veía apática, aunque sonreía a menudo con lo que parecía ser un dejo de resignación. Hubo un momento de bromas entre nosotros, cuando ella repentinamente frunció el ceño con una mirada furtiva y pícara. Nos sonreímos con asombro y ella jadeaba de regocijo. Seguido esto, Herta hizo un gesto, con las manos alrededor de la boca, como si preguntase por qué requería de mi bigote. Luego le mostré uno de mis cuadros geométricos. Ella lo miró, alzó sus cejas abriendo los ojos ampliamente y dijo “¡BIEN”! Me conmovió su aprobación. Ella parecía estar al mando. Mientras tanto seguía saboreando su helado de vainilla, jugando sin rumbo fijo con la cucharilla, y se negaba a dejar que nadie le ayudara. Cuando nos despedimos, mencionamos que regresaríamos en la primavera, y ella dijo con la misma expresión facial: “¡BIEN”!

Los recuerdos de la pérdida de un ser querido son dolorosos, precisamente porque nos amamos. Aceptar su pasado con humildad es la única opción por su pérdida. Es indiscutible que abrazamos nuestra existencia a través de sus recuerdos. El duelo es el momento que nos exige soportar el sufrimiento con paciencia.

De espaldas a Times Square en 1998

Escrito por Ricardo Morin y editado por Billy Bussell Thompson

« Libro de mutaciones »

April 12, 2021

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Ricardo Federico Morin

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Editor Billy Bussell Thompson

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Ricardo F Morin
  Número de serie platónica 0023
  Imagen generada por computadora
  2018

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In memoriam Eva Lowenberger

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El encanto del éxito
somete la verdad al apuro
y la extravía en su propio enredo.

Ricardo F Morín —abril 12, 2021

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INTRODUCCIÓN

Libro de mutaciones surge de trabajar la memoria en el acto mismo de escribir.  El proceso determinó la dirección y la naturaleza del relato.  Recuerdos reales, hechos fortuitos y condiciones cambiantes de la vida diaria se reunieron en busca de unidad, pese a sus muchas formas posibles.  Lo que emergió fue un collage despojado de lo superficial y orientado hacia su propio realismo.

Había que desechar lo inauténtico.  También había que quitar el exceso.  En ese proceso, la historia reveló el curso que debía seguir.  Sin embargo, lo que quedó fuera sigue formando parte de su naturaleza y deja su propia marca en el conjunto.

Para mí, el proceso no era del todo distinto al de una pintura abstracta.  Lo que en la soledad del estudio ocurre por construcción y reconstrucción, aquí ocurrió por medio del lenguaje.  Cada palabra tenía que volverse necesaria para el equilibrio del relato, del mismo modo en que cada línea o pincelada debe justificarse dentro de una pintura.

Libro de mutaciones busca formular la memoria y los desplazamientos de la percepción a lo largo del tiempo.  Aunque la obra parte de la experiencia vivida, lo personal y lo particular no constituyen su fin principal.  Importa más cómo cambia la verdad de uno y cómo la propia humanidad sigue siendo difícil de aprehender.


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Capítulo 1

Ignis Fatuus:  El mundo entero podría colapsar; para vivir necesitamos falsas esperanzas.

Capítulo 2

Tu abuelo paterno casi nunca hablaba.  Acostado a su lado, sufrías sus ronquidos.  Un domingo por la mañana te sentabas tranquilamente con él en el banco mientras tocaba el órgano en la Iglesia de Bella Vista de Caracas.  Un domingo por la tarde te llevaba a dar de comer a las palomas en la Plaza Bolívar de Puerto La Guaira.  Un lunes temprano se sentaba ante un escritorio tallado y tomaba café caliente en un platillo de demitasse.  Durante un rato movía los pulgares y silbaba.  De repente te echó de la casa, convencido de que le habías roto algo suyo.  Temeroso, cruzaste la calle corriendo y casi te atropelló un coche.  Te uniste a unos niños mayores que jugaban a las canicas.

Capítulo 3

Ignoramos tanto que la humildad se vuelve una necesidad, no una elección.  Nada es concluyente.

Capítulo 4

Tu abuela materna nunca incurría en conversaciones triviales.  Para quitarte la costumbre de chuparte el pulgar, te aplicaba salsa picante en la mano izquierda antes de dormir.  Tú simplemente te pasabas al pulgar derecho.

Capítulo 5

El hombre no controla quién es, ni cómo piensa, ni cómo se percibe.  Tú tampoco controlas quién eres, cómo piensas ni cómo te percibes.  Preguntar por qué existes, u observar cómo cambias con el tiempo, no te confiere control.

Capítulo 6

En su celda, el padre Manuel, profesor de matemáticas, hablaba consigo mismo.  Sus murmullos eran apenas audibles.  Nos imponía la pregunta de qué engrandece a un hombre y qué lo empequeñece.  El padre superior Lisandro respondía que no había explicación para el mal en el mundo.

Capítulo 7

¿Puede uno disipar los temores ante la existencia de Dios y del diablo?  No puede hacerlo.  ¿Nace la cultura, como la tradición y la creencia, de la imaginación?

Capítulo 8

Como amigo, Rogelio era atento y considerado.  Tu madre te advirtió que no te acercaras demasiado a él:  era pobre y negro. Tú respondiste:  la pobreza no es vergonzosa y, además, la piel de tu padre apenas es un poco más clara.

Capítulo 9

¿Buscas sentido en los mundos imaginarios y en las ensoñaciones?

Capítulo 10

Durante el almuerzo, el tío Calixto se sentó frente a ti al extremo de la mesa.  Con toda naturalidad anunció el suicidio de una pareja que te había presentado apenas un mes antes.  Tu consternación era evidente; el tío Calixto insistió en que no preguntaras más.  Años después, con el mismo tono truculento, te acusó de malos pensamientos:  Tienes al diablo en ti, por ser gay.

Capítulo 11

Te preguntabas cuán moral puede ser una persona si cree en el diablo, el infierno y la condenación eterna.  Para ti, esa moralidad era defectuosa.  Para ti, la religión no es distinta de la astrología.

Capítulo 12

Hace quince años, Francis murió de cáncer.  Su hermano se afligió como si le hubieran amputado un miembro.  Años después, su hermano prendió fuego a su casa antes de beber anticongelante.  La familia no se sorprendió.  Los vecinos te culparon por no haber borrado su dolor.  Alarmado, uno de ellos llamó al día siguiente para acusarte de haber expuesto cuarenta y cinco pisos a la conflagración.

Capítulo 13

El suicidio no es distinto del homicidio.  Matarse a sí mismo no es distinto de matar a otro.  Ambos son actos de cobardía.  La conciencia pertenece sólo a los vivos.  Poner fin a la propia vida es volverse contra la propia naturaleza.  La locura puede nombrarse, pero no alivia la agonía.  El recuerdo del amor es el único consuelo.

Capítulo 14

Justo antes de la Primera Comunión, tu padre habló de la muerte.  Respondiste que es inevitable.  Más tarde lo oíste decirle a tu madre que tu respuesta había sido inesperada.  En Navidad, le dijiste a tu padre que ya lo sabías todo sobre Santa.  Él respondió:  ¿Qué piensas hacer al respecto?  Te encogiste de hombros y le pediste la bendición antes de irte a la cama.

Capítulo 15

¿Sufres por no ser inocente?

Capítulo 16

El tendero dijo que conocía a tu familia, así que le pediste que te llevara a casa en la parte trasera de su camioneta.  Cuando llegaste, encontraste a tu padre en estado de pánico.  Habías desaparecido para él, y tú pensabas que él te había olvidado.  A partir de entonces dejaste de ir a tus clases de arte durante diez años.  Luego, ya adolescente, vagabas por tu vecindario.  Una tarde encontraste a un muchacho mayor estudiando.  Estaba memorizando algo cuando lo interrumpiste.  Te preguntó por qué le ofrecías dulces, y tú dijiste:  ¿Por qué no?  ¿Acaso no somos vecinos?  Cuando llegaste tarde a casa, tus padres estaban saliendo para denunciar tu desaparición.

Capítulo 17

¿Puede alguien medir la conciencia?

Capítulo 18

Cada vez que cruzabas la reja de la casa de tu amigo, su pastor alemán se abalanzaba hasta reconocer tu voz y tu olor.  Aquel día tu amigo no había ido a la escuela porque no se sentía bien.  Sin preámbulos, te dijo que lo mandarían a una escuela militar.  Luego dijo que estaba muy alterado y que tenía que descargarse.  Te sentaste en silencio al pie de su cama.  Intercambiaron monosílabos mientras él se masturbaba bajo la manta.  Te dice:  Tengo que hacerme la paja y acabar.  Esas palabras no significaban nada para ti.  Te fuiste con una mirada amistosa y no volviste a verlo jamás.

Capítulo 19

No apartabas el miedo tanto como reconocías su existencia fugaz, como al despertar de un sueño.

Capítulo 20

De vacaciones con un compañero de clase, tu atención se fijó en su hermano mayor, Francisco.  Cada vez que sus cuerpos se tocaban, temblabas.  Temías sentirte abrumado.  Mucho después de su muerte, su atractivo todavía te persigue.

Capítulo 21

Desde la primera infancia, la inocencia ya se había perdido en el dolor.  Hacía mucho que eras presa fácil.

Capítulo 22

A los 18 años conociste a Ennio Lombana después de cruzar a la casa de los vecinos.  Te convertiste en su víctima sexual.  Te fuiste a la universidad a seis mil kilómetros de distancia.

Capítulo 23

Intentaste no pensar nunca en el miedo, pero se volvió una obsesión.

Capítulo 24

Tu padre y tu maestro de arte alentaron tu educación en América del Norte, pero temían sus implicaciones.  Sus recuerdos permanecen en silencio.

Capítulo 25

La ignorancia es la condición esencial de la existencia.  La arrogancia oscurece la ansiedad, la soledad, el miedo y la ausencia de amor.  La racionalidad no puede alcanzarse por medio del dogma.

Capítulo 26

La Nena Pérez fue una rebelde de oro para José Luis.  Su belleza hechizaba a todos los que la veían.  Para su esposa Antonieta, en cambio, era una intrusa.  Décadas después llegó una carta suya desde Andalucía.  En ella, Antonieta era elogiada como toda una señora.  En tono autodenigrante, él alababa a tu padre.  Habías mencionado que La Nena no te reconoció en un encuentro casual en Caracas.  Se alteró al saber que tu voz ya no le resultaba familiar.  Parecía haber olvidado que una vez habían cruzado en canoa la bahía de Tucacas.

Capítulo 27

¿Cómo puede haber amor si uno está vacío?  El hastío descubre ese vacío.  La importancia personal aspira a la iluminación del mismo modo que el anhelo aspira a la santidad y a la humildad.  Encontrar el amor puro es cuestión de suerte.

Capítulo 28

Antes de entrar en la universidad te inscribiste en un curso de inglés como segunda lengua.  El profesor volvió estimulante el aprendizaje.  Su paciencia te desarmó.  A la hora de comer hablabas sin parar, olvidabas comer y él sonreía con ternura.

Capítulo 29

La desesperación no puede aliviar el sufrimiento.

Capítulo 30

Tres Marías viajaron desde Sudamérica a las cataratas del Niágara de visita.  Subieron a la noria del parque de atracciones a orillas del lago Ontario.  Su visita era un completo misterio, salvo que creían estar en contacto con extraterrestres.  Una de ellas comprendió que no era el objeto del afecto de Ennio Lombana.  Tu madre se derrumbó de inmediato.

Capítulo 31

En 1977, hambriento y desamparado, estuviste cerca de morir.  Te distraías en las discotecas.  Conociste a Donald Bossak y a Paul Barret:  el primero inseguro y el segundo suicida.  Te mudaste a los dormitorios de la universidad para enfrentarte a un grupo de alborotadores incitados por tu futuro compañero de cuarto.  Gritaban:  Fuera el extranjero, mientras prendían fuego a tu puerta.  En la graduación te enteraste de que la universidad te había asignado un guardaespaldas.  Para entonces habías llegado a conocer a un estudiante.  Aquel disidente polaco, Jurek Pystrak, alivió tu miseria.  El verano antes de graduarte estudiaron juntos en Austria.  Después de graduarte, él siguió sus estudios en la Universidad de Pensilvania y tú seguiste a Yale para el MFA.  Jurek murió a mediados de los años ochenta en Berlín.  Sólo más tarde supiste que había sido SIDA.

Capítulo 32

La tecnología extiende nuestras vidas hacia mundos preconcebidos.  Los arquetipos algorítmicos imponen un orden sobre el prejuicio, a través del cual te controlan, te venden y te manipulan.

Capítulo 33

Todos los fines de semana, tú y Jurek viajabais entre New Haven y Filadelfia.  Antes de irse con su Fulbright, él sugirió que estaba bien salir con otra persona durante su ausencia.  Tú lo tomaste como una falta de lealtad.  Desde Berlín te escribió que había conocido a un historiador del cine.  Después de la muerte de Jurek, Karl visitó tu estudio.  Encontró tus lienzos geométricos extrañamente formales.  ¿Fue su conversación un eco de la influencia que había ejercido sobre Jurek y de su propia idea de la libertad de expresión artística?  Más tarde escribió desde Berlín que se estaba muriendo.  En su carta dice que tus búsquedas de tratamientos son pretensiones misioneras inútiles.

Capítulo 34

Pero no es una misión, es compasión.  Karl estaba lleno de sus propios recuerdos; le rogaste que no perdiera la esperanza.

Capítulo 35

Nunca lloraste por nadie como lloraste cuando Benjamin Ivry se fue a trabajar a París en 1984.  Después de su partida, tu vieja amiga Carol Magar te ayudó a negociar la ciudadanía estadounidense.  Dieciocho años después, ella murió de cáncer cervical, y cinco años antes Benjamin había regresado de Francia.  ¿Fue su postura irónica lo que los separó como amigos?  La última vez que te habló fue en una librería de Park Avenue con la calle 57.  Allí, con motivo de la promoción de su libro Maurice Ravel:  His Life, le presentaste a tu esposo David.  Benjamin se excusó y se fue abruptamente para reunirse con su agente.  Más tarde ese mismo año se mudó a Tailandia.  Se convirtió en biógrafo y traductor de figuras reconocidas de las artes del siglo XX.  Sólo gracias a la World Wide Web puedes ver su imagen mientras envejece, y su prosa sigue ofreciéndote su particular oficio.  Sigue siendo tu provocador.

Capítulo 36

En 1987 te diagnosticaron SIDA.  Antes del diagnóstico habías llegado a conocer a un clérigo episcopal y a un actor de telenovela.  Ambos lucharon por tu atención.  Durante años uno desaprobó al otro.  El actor era irónico y el clérigo un libertino.  El clérigo murió de un infarto en 2008.  El actor tiene más de ochenta años.  Su marido se burla de ti.

Capítulo 37

Durante los años de histeria en torno al SIDA, tus amigos Philip Jung y Tom Bunny no le tenían miedo a la muerte.  Los consolabas cuando yacían tranquilos en tu regazo.

Capítulo 38

Casi ciega, Lyda se veía a sí misma como mecenas de la cultura latina en los Estados Unidos.  Disfrutaba comisariar exposiciones de arte en Midtown Manhattan.  Un maestro provinciano convertido en diplomático le inculcó la idea de que tenían la oportunidad de abrirse paso en el establecimiento artístico estadounidense.  Luego una revolución bolivariana seudoprogresista los convierte en populistas.

Capítulo 39

Escuchaste grandes historias.  Sus aspiraciones, afines al fervor religioso, nunca se materializaron.  Son timadores incapaces de renunciar a su deseo de dominar.

Capítulo 40

Pintar te mantiene cuerdo, dijo un amigo que había ido a tu loft.  Tus pinturas desarrollaban un vocabulario abstracto.  Pintabas de noche y trabajabas de día como diseñador comercial.  Cuando tu salud falló, renunciaste a todo y elegiste refugio con tu familia en Sudamérica.

Capítulo 41

Se aprende a vivir con el miedo.

Capítulo 42

Quedaste a la deriva en tu tierra natal.  Te encontraste con la repugnancia tanto del estamento médico como de tu familia.

Capítulo 43

En 1994, las instituciones médicas venezolanas estaban colapsando.  A unos pocos médicos y a varias empresas les presentaste una propuesta para la Fundación Metaguardia y la refrendaron.  Había sido registrada como un programa para personas con enfermedades terminales.  La propuesta llegó a las comisiones venezolanas de Salud, Educación y Cultura, y a las Naciones Unidas.  Fracasó.  El Ministerio de la Familia intenta convertir el programa en actividades para débiles mentales.  No pasó nada.

Capítulo 44

En noviembre de 1995 volaste de Caracas a Los Ángeles.  Te habían nominado a un Emmy por tu trabajo en En busca del Dr. Seuss.  A la mañana siguiente despertaste con una fiebre de 108 grados.  Desde una cama de hospital alucinaste que haces el amor con un ángel que desciendía sobre ti.  A tu enfermera le explicaste que la muerte es una ilusión.  En tu mente hablas de dioses y diosas egipcios, de agentes de la Gestapo merodeando por tu habitación, de Zapata luchando por la libertad de México y de un viaje intergaláctico en una nave espacial que sobrevuela el hospital.  Una enfermera te pidió que abrieras los ojos.  Tu cuerpo había empezado a desacelerarse; tu vista se había agrandado.  Te arrancaste la vía del brazo y quisiste huir.  No podías caminar, pero de algún modo bailas con la música que sonaba en la radio de las enfermeras.  Te sientes en otro tiempo.  Ves tu casa en Venezuela mientras gateas por el suelo.  Las juntas son como ríos.  Luego abres los ojos al océano.  Tu corazón palpita.  Subes al techo de tu casa y miras el cielo despejado.  Los fractales de luz vibran como miles de arcoíris.  Ahora estás despierto; tus tobillos están débiles.  Te pones de pie.  Te vuelves hacia el médico y dices:  ¿Qué significa para usted la dignidad?  ¿Es usted un ser humano?

Capítulo 45

Unos meses después estabas en casa de tu madre.  Tu padre iba a visitarte todas las semanas.  A medida que te fortalecías en los meses siguientes, él te dijo que deberías regresar a los Estados Unidos.

Capítulo 46

En noviembre de 1996 volaste de Caracas a Nueva York.  Tu estancia de nueve meses en Venezuela violó tu estatus de residencia.  Creo que me estaba muriendo y no podía regresar, respondiste.  Señor, puede pasar, dijo por fin el agente.

Capítulo 47

Algunas semanas después, tu padre se cayó en casa y sufrió una contusión.  Después de la cirugía murió en el hospital.  Tu madrastra lo había encerrado como si fuera una bestia salvaje.  En el duelo volviste a pintar.  Sin más éxito que antes, las galerías siguieron rechazando tu obra.  Viajaste a Europa con tu madre.  Ella hablaba sin parar y, nueve años después, perdió la voz a causa del Alzheimer.  Sin padres, no tienes puente con tus hermanos y hermanas.  A lo largo de los años de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, ayudaste a la familia.

Capítulo 48

En 2012, la pintura se había vuelto una carga para tu salud.  Cerraste el estudio y la tecnología digital pasa a ser tu medio.  Tu confianza regresa.

Capítulo 49

En 1997 conociste a Nelson.  Juntos caminaron por la selva amazónica hasta el Salto Ángel.  También nadaron juntos en Los Roques.  Contigo se mostró vulnerable.  ¿Se debió su suicidio a la muerte de su hermano o a que tú lo dejaras?

Capítulo 50

En agosto de 1999 te confesaste con un sacerdote nicaragüense en el Vaticano.  Él te dijo que midieras tus responsabilidades.  Lloraste desconsoladamente por la muerte de Nelson.  La respuesta del sacerdote fue:  Este no es el lugar.  Desde el Vaticano regresaste al hotel, donde te encerraste.  Al volver a los Estados Unidos, buscaste terapia.  Allí hablaste de una relación con un profesor de inglés casado y con hijos que te dijo:  Tú también me has matado. Luego entablaste una relación con un alcohólico que te dijo lo mismo.

Capítulo 51

La terapia se convirtió en una muleta y restringió tu libertad.  Cuando te fuiste, el terapeuta se decepcionó.  Se había acostumbrado a dirigir tus pensamientos y tus actos.  Esa era su forma de poder, y, para su disgusto, lo dejaste.

Capítulo 52

Cuando tú y David se encontraron, él llena un vacío en ti y tú llenas uno en él.  Encuentran respiro en un mundo imperfecto.

Capítulo 53

Despertó con la quijada áspera y con la barba naciendo.  Rozaste tu rostro contra el suyo y aspiraste su olor almizclado.  Sus ojos tenían la expresión de un niño amoroso.

Capítulo 54

Sus ojos brillantes guardan un asombro tímido.

Capítulo 55

Juntos recorren el mundo:  el Atlántico, el Pacífico, el Mar de la China Meridional, el Mediterráneo y el Mar del Norte.

Capítulo 56

El 27 de diciembre de 2000, un hombre de 39 años se arrojó a la muerte desde un edificio de apartamentos en Manhattan.  La caída ocurrió en Hell’s Kitchen, cerca de tu casa.  Era tu médico de cabecera y ambos eran VIH-positivos.  La semana anterior le habías dicho que la medicación que te había recetado te había dejado sin dormir.

Capítulo 57

Aún siguen en contacto algunos amigos de mi infancia.  A sus 94 años, Herta es mi amiga más antigua.  La conozco desde hace 46 años.  Es mi mentora y mi amiga platónica desde la universidad.  Perdió la memoria a causa del Alzheimer.  De la escuela de posgrado en Yale están Angiolina Melchiori, hoy directora de noticias en RAI en Roma; Ariel Fernández, químico físico e investigador farmacéutico estadounidense-argentino; y Maider Dravasa, vascofrancesa, doctora en lingüística, que vive en París.  Los tres han sido mis amigos durante cuarenta años.  Como ocurre con todos mis amigos, conocemos el flujo y reflujo de nuestras fuerzas.

Luego está Billy Bussell Thompson, antiguo colaborador.  Creo que sufre lo que Job no sufrió.  Lo conozco desde 1987.  Mi verdadera educación comenzó cuando lo conocí.  A lo largo de los años fuimos coautores en numerosas ocasiones, incluida su edición de muchos de mis blogs de WordPress.  Cuando escribo en español, italiano o francés, Billy estaba allí para guiar y ordenar mis pensamientos entre lenguas.  ‘Libro de mutaciones’ evoluciona a partir de un collage de reflexiones:  la memoria, mi tensión con las ciencias sociales, mi amor por la historia, mi interés por la métrica y por su auge y caída en la poesía estadounidense, la prevención del suicidio y la reparación de sí.

Más importante aún está mi esposo de más de veinte años, David Lowenberger, que ejerce la influencia más significativa sobre quién soy.  Sus amigos y familiares también importan profundamente.  Para mi buena suerte, su madre, mi suegra Eva, me dio veinte años de amistad.  Digna en todos los sentidos, fue una inspiración como madre y como amiga.  Murió durante la pandemia de COVID, casi cinco semanas antes de cumplir 98 años.  Dedico estos relatos a su memoria.

12 de abril de 2021

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« In tenebris »

January 24, 2021

In memoriam Jose Galdino: mi padre.

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RECONOCIMIENTOS:

Agradezco a Billy Bussell Thompson, PhD en Lingüística y Profesor Emeritus de la Universidad de Hofstra, por su lectura atenta y por el intercambio intelectual y editorial que durante años acompañó mi trabajo. Doy por igual mi agradecimiento por la sutileza y percepción editorial de mi perspicaz hermana Bonnie Morín (https://www.metodomadrid.es/), dramaturga, productora y directora del Taller del Método de Madrid, y por su hija, la talentosa sobrina Natalia Velarde (@nix.conbotas), artista gráfica y autora de fanzines.   También doy gracias por un muy esperado reencuentro con su otra hija, mi sobrina Camila Velarde, sin igual, Lic. en filosofía y letras, y coreógrafa.   Por último doy gracias a mi adorable esposo David Lowenberger, a quien considero la influencia más constante en mi vida.   Sus sabidurías y percepciones sirvieron de inspiración y guía para la realización de este cuento.

Ricardo F. Morin T., 21 de Febrero, 2021

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PREFACIO:

Ahogarse con la propia saliva

Mi padre me dijo una vez lo deprimente que sería su vida si su identidad se perdiera ante la ortodoxia de la religión.   No fue una coincidencia que, como reacción a la religiosidad de cinco generaciones, mi padre se convirtiera en criminólogo.   Durante la mayor parte de su vida, creyó que las historias tradicionales sobre la retribución complementaria, la creencia binaria entre la recompensa y la condena, eran fantasías inofensivas hasta que se radicalizaran como reemplazos de toda investigación.   De joven basó su propia tesis doctoral en dichos principios.   Desafortunadamente, esas convicciones que consideró delirantes fueron en última instancia las suyas propias al final de su vida.

Pienso que, salvo cuando la búsqueda de significado se convierte en apego a la ficción y deriva en violencia, una persona no tiene por qué volverse temerosa o destructiva.   El único remedio a la violencia es conocer la diferencia entre la fantasía y la realidad.

Al reflexionar sobre las contradicciones de mi padre, recuerdo lo que me había dicho cuando era niño, que mentir era una habilidad para sobrevivir.   Permitía a una persona esconderse en secreto, no necesariamente por incompetencia moral.   La mentira podría surgir de la caridad o del miedo a ser juzgado.   Para él, mentir era parte de convertirse en un adulto competente.   Era una forma de ocultar imperfecciones y vulnerabilidades.   Sin embargo, si la sinceridad o la honestidad amenazaran la supervivencia de mi padre, sería porque prefería inventar una historia en lugar de investigar su ignorancia y los límites de su propia importancia.   ¿Era natural para él esconderse detrás de las mentiras o era expresión de su propia arrogancia?   Quizás se ahogaba con su propia saliva durante toda su vida.   Sufría de la ilusión de que podía evitar la verdad, o que podía controlar el no enfrentarse a ella.   ¿Era esto un miedo a perder el control?   ¿Era ésa una de las razones por las que no podía comprenderse a sí mismo?   El misterio no se centró en su auto-cuestionamiento, sino en la ficcionalización de su propia vida, no de manera diferente a la de nuestros antepasados.

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PANDILLAS DE WEST HARLEM

1

El proceso

Por tercera vez estaba sirviendo como jurado.   Como en ocasiones anteriores, me presenté como artista visual durante el voir dire.   Esta vez el abogado defensor me preguntó si yo era retratista.   Razoné para mí mismo que la pregunta tenía la intención de sondear los grados de observación a los que aspiraba un pintor.   Respondí que mi interés como artista visual estaba en los procesos conceptuales del arte abstracto, no diferente al de un retratista o cualquier otro pintor representacional, buscando observar e interpretar la esencia de un tema.   Lo que elegía representar a través de la abstracción o la concepción fue tan concreto como el de un modelo para un retratista.

2

Las normas

El juicio se refería al asesinato de un joven de catorce años y fui elegido miembro del jurado número 12.   Anteriormente, me desempeñé en casos civiles.   En los casos civiles, la preponderancia de la prueba es el principio determinante.   En un juicio penal, el principio rector es la medida de la duda razonable.   Las reglas eran admonitorias y tenían como objetivo evitar sesgos por parte del jurado.   En sus deliberaciones, los jurados debían concentrarse en las pruebas presentadas y no en los antecedentes.   Además, los miembros del jurado no debían compartir información con otras personas fuera de su propio foro.   No sabía cómo me afectaría mi participación en un juicio por asesinato.   El día después de que comenzara el juicio, el jurado número 11 fue reemplazado por un suplente.

Los testimonios duraron 17 días.   Durante ese tiempo, se permitían nuestros dispositivos electrónicos, teléfonos móviles, computadoras portátiles y tabletas.   A partir del día 18, cuando comenzaron las deliberaciones del jurado, nos quitaron estos dispositivos.   Antes de esto, se nos había permitido hablar sobre asuntos no relacionados con el juicio.   Éramos un grupo diverso y teníamos muy poco en común.   Durante las audiencias judiciales, se nos permitió tomar notas mientras estábamos sentados en el estrado del jurado.   Después de los procedimientos del día, nuestros blocs de notas permanecían en nuestros respectivos asientos.   Cuando comenzaron las deliberaciones, podíamos llevar nuestros blocs entre el palco del jurado y la sala del jurado.   Sólo entonces pudimos estudiar nuestras notas y referirnos a nuestras observaciones.   Sólo entonces, pudimos empezar a hablar del caso entre nosotros.

3

Los jurados

El presidente del jurado elegido fue un director de oficina, que se sentía cómodo en su papel de moderador.   Sus habilidades de comunicación fueron excelentes; incluso cuando no estaba de acuerdo, sus modales nunca expresaron condescendencia.   Algunos miembros del jurado se mostraron reticentes y nunca emitieron un juicio de una forma u otra.   El miembro más joven del jurado no consideró que el testigo del crimen fuera poco confiable.   Otros miembros del jurado tenían la mente abierta.   Un profesor permaneció tranquilo durante todo el tiempo; escuchó a los demás antes de expresar sus propias opiniones.   Otro miembro del jurado estaba impaciente por la duración del juicio.   Se quejaba de que tenía un niño pequeño que cuidar en casa.   Aparte de mí, había otros dos jubilados, uno de los cuales era un abogado corporativo, que nos recordó la distinción entre casos civiles y penales.   Existían dudas razonables en diversos grados para cada miembro del jurado, excepto con respecto al más joven.

4

El acusado: In dubio pro reo.

La abogada defensora hizo que su cliente alegara la quinta enmienda constitucional.   El acusado miró solícito, con ansias de desesperación.   Parecía siete años más joven con su corbata y camisa blanca recién almidonada.   En su labio superior tenía un bigote recto y su cabello era un afro recién rapado.   Se presentaba obviamente para dar fe de salubridad.   Desde el momento del asesinato, era reo de Rikers Island.   Sentado a apenas 10 metros del jurado, el acusado mostraba una sonrisa en su rostro cada vez que nos miraba.   Algunos miembros del jurado interpretaban su semblante como un regodeo.   Otros veían su expresión como auto-compasión o abyección, incluso como un intento de conquistarnos.   Su sonrisa, una especie de mueca retorcida, fue imperturbable, razón por la cual nos inquietaba.   Sin embargo, resolvimos descartar nuestras aprehensiones.   Era imposible saber si el acusado estaba arrepentido o simplemente intentaba engañarnos.   Más importante aún fue la cuestión de la coherencia.   Si la duda nos habría de servir de algo, tendría que surgir de la evidencia.   La clave fue saber si el acusado era un agresor solitario o si había alguien más involucrado.   Nuestra certeza tendría que provenir de la valoración de los hechos y no de las apariencias.

5

El enjuiciamiento

La fiscalía cargó al acusado de asesinato en “primer grado”.   Esto implicaba premeditación con alevosía.   La fiscalía agregó otros dos cargos:   asesinato en “segundo grado”, lo que sugería falta de premeditación.   El tercer cargo fue por delito de homicidio:   muerte causada durante la comisión de un delito con arma ilegal y con extrema indiferencia hacia la vida humana.   Emitir un juicio sobre estos cargos se basó en la intención.   Cada miembro del jurado tendría que llegar a una aproximación de la verdad, y ninguna otra explicación razonable podría explicar la evidencia presentada en el juicio.   El veredicto, por supuesto, tendría que ser unánime.   La prueba de la participación directa del acusado era fundamental.   La evidencia tenía que demostrar que el acusado había cometido el crimen.   ¿Fue la muerte de la víctima el resultado de una legítima defensa o fue deliberada?   La pregunta ante el jurado era si existían circunstancias fuera del control del acusado.   ¿Cómo entraron en juego sus instintos y miedos con sus propias acciones?   ¿Podrían los jurados diferenciar todos estos aspectos?

6

Testimonios

I

El clima de aquel julio fue abrumadoramente caluroso.   El aire acondicionado en la sala del jurado era viejo y tan ineficaz como la del tribunal; la sala del jurado era aún más sofocante, particularmente entre los largos intervalos de los procedimientos de cada día.   La habitación era apenas lo suficientemente grande para la mesa larga y sus 12 incómodas sillas.   En este espacio reducido, era casi imposible para nosotros caminar, ir a la fuente de agua o incluso al único servicio disponible.   Los recesos para el almuerzo eran muy anticipados.   En los pocos días de brisa refrescante, pudimos abrir las ventanas, pero teníamos que aguantar el ruido callejero.   En la sala del tribunal, no se permitían tales libertades.

II

A la tercera semana del proceso, el juez comenzó a ponerse de pie con los brazos cruzados sobre las caderas.   Con cara de desconcierto, se daba la vuelta y se ponía de pie detrás de su silla, con la túnica negra medio desplegada y la corbata suelta.   A veces, asumía lo que parecía ser una expresión meditativa con ambos brazos apoyados sobre el respaldo de la silla.   Otras veces, se apoyaba con uno de sus codos sobre el respaldo de la silla.  Una de sus manos sostenía su barbilla, dándole una cierta mirada de abandono.   Para mí, semejante informalidad rompía con la monotonía del caso, como si lo ayudara a mantenerse despierto, apaciguándosele del calor embrutecedor.

III

El caso había estado bajo investigación durante siete años.   Nosotros, los miembros del jurado, quedamos asombrados por la falta de cohesión de las acusaciones.   Las declaraciones de los testigos no se correspondían en modo alguno con los alegatos del fiscal.   De hecho, el caso de la fiscalía parecía estancado.   Uno se preguntaba si había alguna justificación para dicho juicio.   El único mérito del caso aparentemente fue el uso de la autoridad de un jurado para emitir un veredicto, ya fuese para descargo o condena.

IV

Según testimonio de la policía, el crimen fue el resultado del enfrentamiento de dos bandas rivales.   Las edades de los pandilleros oscilaban entre los 12 y 40 años.   La abogada del acusado proporcionó sus fotografías al jurado.   Las fotos les mostraban en ropa costosa.   Ambos grupos parecían lucirse, como si fuesen la fuente de orgullo del barrio.   Cada grupo tenía sus propios signos de mano como lemas.   Según la policía, la noche del asesinato las dos bandas se peleaban por su territorio en el tráfico de drogas.   El acusado llegó a convertirse en el principal sospechoso dos años después de iniciada la investigación.   Según uno de los detectives, el acusado buscó “joder” a los miembros más jóvenes de la pandilla adversaria, como una forma de establecer su propia autoridad sobre ellos.   Se dijo que el motivo del acusado era también satisfacer la sed de venganza por haber sido “rallado” (desprestigiado) por ellos.   El jurado consideró, sin embargo, que dichas intervenciones eran meramente subjetivas.   Para nosotros los únicos hechos creíbles eran los de la lucha territorial entre ellos.

V

El primer testigo, quien tenía 13 años en el momento del asesinato, fue el eje de la defensa de la acusación.   Había sido un amigo íntimo de la víctima y su proximidad al hecho le hacía valioso.   Durante el transcurso de varios días de testimonio, dos oficiales le escoltaban vestido con un mono naranja, con grilletes en ambas manos y tobillos.   Sólo le quitaban las manillas cuando se sentaba en el estrado.   Por el abogado del acusado, supimos que el testigo había estado detenido durante dos años por un cargo de asesinato distinto.   La abogada defensora le preguntó:   ¿Está aquí hoy a cambio de indulgencia por la acusación que enfrenta?   En desafío empujó los brazos y los hombros hacia adelante.   Su actitud parecía evasiva, mientras la fiscalía se oponía a que respondiera.   La pregunta fue retirada, pero el jurado no la olvidó.   Su mano cubría parcialmente su rostro, especialmente sus ojos y nariz.   Su cabeza se movía de un lado al otro.   Señaló al acusado mientras se frotaba la barbilla y le acusó de asesino.  Sus declaraciones nos confundían al parecer mas bien manipuladoras.   Se evidenciaba que él no había visto de dónde había provenido la bala.   Sus acusaciones sonaban inverosímiles, como si hubieran sido ensayadas.   Tenía un aire prepotente, exudando odio.   Durante el examen de la fiscalía, reveló su conversión al Islam y afirmó que había llegado a ser mejor persona a través de las enseñanzas del Profeta.   Para nosotros, sin embargo, su comportamiento era el de un malhechor impenitente.   Su falta de sensibilidad insinuaba una vida delictiva e inmoral.

VI

El segundo testigo del fiscal hablaba en voz baja, pero su testimonio parecía vacilante.   Según él mismo, había estado al filo de una horda.   Se había formado un círculo alrededor de un encapuchado y la víctima.  Cuando fue interrogado por la defensa, titubeó antes de admitir haber visto a otro compañero armado.   Pero al final cedió.   Recordó que otros pandilleros habían disparado al aire.   Su reconocimiento del uso de otras armas explicaba los múltiples proyectiles de balas encontrados por la policía.   Sin embargo, el origen de la bala que penetró el corazón de la víctima continuó siendo un misterio.   No sabíamos qué había pasado.   ¿Fue una represalia?   ¿Estaba el tirador incitando a otros cómplices?   No hubo respuesta, ni de este testigo ni del anterior.

VII

A pesar de que la abogada defensora trató de desentrañar la credibilidad de los dos testigos presenciales del fiscal, ella tropezó con sus propias palabras.   No pasó desapercibida su afirmación de que el encapuchado podría haber llevado una pistola dentro del bolsillo de su sudadera.   Pero, como nadie había afirmado todavía haberlo visto sacar un arma, su atención a este asunto parecía fuera de lugar.   ¿Estaba tratando de negar la inocencia del hombre encubierto, mientras que al mismo tiempo parecía implicar a su propio cliente?   No podíamos entender su propósito, ya que la identidad del encapuchado nunca se había aclarado.   Para el acusado, su digresión fue intrascendente.   Pero para nosotros, el jurado, dicho desliz aumentó la duda.   Aún así, al final, la defensora logró refutar las pruebas reunidas por la policía.

VIII

La noche del asesinato, un peatón llamó la atención de un velador de vecindario sobre una conmoción callejera.   El velador no hizo nada hasta que la policía llegó en sus autos encontrando el cuerpo del asesinado.   La multitud alrededor de la víctima ya se había dispersado y ninguno de los vecinos hablaba de buena gana de lo que habían visto.   El jurado se mostró consternado porque la orden de arresto se emitió dos años después del hecho.   El abogado defensor enfatizó que, en el transcurso de esos dos años, la memoria del suceso en cualquier testigo seguramente se hubiera opacado.   El abogado defensor argumentó:  “… sólo señalar con el dedo a un presunto culpable, por el simple deseo de cerrar el caso, no debe considerarse probatorio en sí mismo”.

7

La evidencia

Como parte de nuestras deliberaciones solicitamos ver la evidencia en vídeo antes y después del tiroteo.   Testigos habían afirmado que en la noche del asesinato el acusado fue a una casa de vecindad en busca de un arma, la cual compartían los miembros.   Había dos cámaras, ambas con ángulos de visión bastante restrictivos.   El vídeo era granulado:   producto de cámaras de seguridad de baja resolución.   No se incluía sonido alguno y las imágenes estaban entrecortadas.   La cámara del vestíbulo mostraba a alguien bajando las escaleras para salir, vestido con una gorra de béisbol debajo de una sudadera con capucha.   Sólo sus labios y barbilla eran visibles.   Para nosotros el dilema era cómo identificar a la persona.   La mujer del jurado con el niño en casa enfatizó:   “… esas facciones no eran de gran particularidad, podrían haber sido las de cualquiera”.

El crimen tuvo lugar a la medianoche.   No había tráfico y la calle estaba mal iluminada.   Por segunda vez, examinamos la cinta de la cámara exterior.   Nos concentramos en el rodaje justo antes del suceso.   La imagen era turbia y nos mostraba a la persona encapuchada saliendo del edificio.   La espalda de la víctima era visible y su amigo estaba detrás de él.  De pronto hubo varios destellos de disparos, uno de los cuales ocurrió justo al lado de la víctima.   El encapuchado estaba frente a la cámara claramente empuñando un revólver.

La evidencia balística mostró que la trayectoria de la bala provino de una distancia corta antes de ingresar al cuerpo de la víctima.   Quizás el disparo vino de la posición del encapuchado, pero esto era tan sólo una suposición, y no sabíamos quien era.   Más importante aún, la policía no halló arma alguna.   En resumen, los testimonios, el análisis y los informes escritos no lograban sostener una conclusión.

8

La comunidad

Los miembros del jurado estuvieron de acuerdo en que no se podía confiar en los relatos de las bandas ni de los de la comunidad.   Las dos bandas vivían en manzanas adyacentes.   Plagada de drogas, la comunidad se había convertido en su propia víctima.   La solidaridad se manifestaba como hostilidad, en mutua convivencia. Los asaltos eran generalizados, tanto en las calles como en los hogares.   Madres, hermanos y hermanas se atacaban entre sí.   La tasa de mortalidad era alta, lo que en sí mismo evidenciaba que la comunidad estaba sembrando las semillas de su propia destrucción.   Rara vez algún adolescente estaba exento de robar o asesinar.   Ningún programa social era de ayuda.   Nos preguntábamos si sólo servíamos como agentes de retribución y venganza.

9

Justicia ciega

Desde los primeros días de deliberación, no estábamos seguros de si el acusado había tomado parte.   En nuestro cuarto día, la joven que se había mostrado inflexible sobre la culpabilidad del acusado comenzó a vacilar.   La mayoría de los miembros del jurado todavía pensaban que era inocente, pero cuatro insistían no estar convencidos.   Cuanto más aceptaban los jurados sus propias limitaciones, más difícil resultaba formarse una opinión.   La frase justicia ciega nos parecía más bien hiriente.

10

Unanimidad

La mayoría discutió con los cuatro opositores.   Las tensiones escalaron con el termómetro.   El calor del mediodía, la humedad y el ruido de calle se volvían cada vez más insoportables.   Con las ventanas cerradas, encendimos el anémico aire acondicionado y nos asustaba más que nunca el no estar a la altura de la tarea.   Nuestros desacuerdos nos llevaron al límite y nos pusieron los nervios de punta.   Lentamente avanzamos hacia el acuerdo.   Paso a paso, se hicieron concesiones.   En el momento de la tercera encuesta, el moderador votó con reserva en contra de la condena.   Mas, todavía habían tres miembros del jurado defendiendo con firmeza la condena.   Nos dimos un minuto de silencio antes de emitir un nuevo voto.   La decisión fue unánime por la inocencia.   Nos preguntábamos estupefactos si habíamos presentado un veredicto injusto o si habíamos descarrilado el caso.

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Anunciando el veredicto

Convocamos al guardia y le entregamos la funda oficial con el veredicto.   Después de regresar a la sala, el juez nos encuestó individualmente.   Impreso indeleble en nosotros estaba el rostro de la madre del niño asesinado. Desde el principio se había sentado sola en la esquina trasera izquierda al fondo de la sala. Su dolor contrastaba con el de la familia del acusado.   Cuestioné las reacciones de los familiares.  Me sentía inepto, e incluso de hecho insignificante. A partir de ese instante, mi entendimiento se evaporaba.

Anunciado el veredicto, un clamor estridente irrumpió en el tribunal.   Los gritos de la madre del niño asesinado se disputaban con el regocijo de los del acusado.   A fuerza de percutir su martillo, el juez exhortó a la sala que guardara silencio. Y clausuró agradecido por el servicio de los miembros del jurado.   ¿Teníamos o no razón?, me preguntaba.

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El azar de la verdad

La aleatoriedad dominó a cada incursión del jurado.   Recordé con temor el imperativo de mi padre de esconderse detrás de la ficción como si ello fuese instrumento de suficiencia.

El jurado inició el desalojo de la tribuna.   Observé que el juez nos miraba con una leve sonrisa de comprensión, mientras nos dirigíamos hacia la salida.   Caminamos hasta la sala de deliberaciones donde recogimos nuestras pertenencias por última vez.   Nos trasladamos al ascensor en el extremo opuesto del palacio de justicia.   Abajo nos esperaba la familia del exculpado quienes al acercarnos exultaban sus gracias a gritos ensordecedores.   Su influencia había pervertido toda una vida; y, aun en su triunfo, era una corrupción sin término.

_________________________________________

Epílogo

Terminado el teatro de confrontación, jurados, abogados, y testigos se convirtieron en actores de lo absurdo.   Nuestro veredicto fue tétrico.   Sin opciones, las ventajas y desventajas se habían enfrentado dejándonos vacíos.   ¿Qué papel hacen el abandono y la oscuridad en la condición humana?, me preguntaba.   Tal parece que la indiferencia a la verdad se convierte en la coraza de no ser juzgado.

Ricardo F Morín T

« Metáforas del silencio »

November 24, 2010

0003
Ricardo F. Morin
Silencio Ocho
Óleo sobre rollo de lino
43″ x 72″ x 3/4″
2012

Ricardo F. Morin

24 de noviembre de 2010

New York, NY

Introducción

Manifiesto de Ricardo Morín: Muestra extensivamente su taller de pintura en la ciudad de Nueva Jersey en los Estados Unidos, donde él narra su manifiesto Metáforas del silencio con obras de apertura que están en proceso de gestación y otras que forman parte de una serie recientemente terminada. Véase el portafolio de arte y currículum http://www.ricardomorin.com/

Dedicado a

David Lowenberger

Jiddu Krishnamurti (1895–1986)

Carlo Giuseppe Soarés (1892–1976)

 

Metáforas del silencio (2005–2010):

Transcripción de estudio (editada en prosa)

Entre 2005 y 2010, la obra se expande en torno a cuestiones relacionadas con la perspectiva, sintetizando conceptos de espacio pictórico e infinito que han estado presentes a lo largo del tiempo.   La abstracción pictórica y la plasticidad se permiten expresar, tanto en forma como en contenido, un tipo de arte que trasciende un mundo material de signos.

Las pinturas se orientan hacia lo infinito, hacia el misterio y hacia la poesía presente en el drama individual.   Aunque situadas dentro de la estética del siglo XX, no se alinean con un movimiento histórico específico ni con una agenda posmodernista.   La creación artística se concibe como un producto vivo de la experiencia humana, resultado de la propia pasión del creador.

La idiosincrasia del individuo, indivisible en su naturaleza y ajena a la causalidad, se inscribe dentro de un marco estético que abarca todas las esencias.   La imagen aparece como residuo:   no objetiva, atemporal y en ocasiones existencial.   No busca explicar la experiencia.   Más bien se manifiesta e invita a la interpretación del observador.

La obra terminada se sostiene por sí misma.   El espectador puede percibir una sensación de completitud generativa, como si un universo se estuviera creando y recreando continuamente.

“Metáforas del silencio” sugiere que la verbalización de la realidad estética implica su propio término.   Por más precisas que sean, las palabras resisten la magnitud de esa realidad.   La experiencia del arte puede no llegar a producirse si nace de un espíritu fragmentado, condicionado por fórmulas, gratificación o condena.

El arte no se sostiene en los prejuicios del observador ni en la necesidad de llamar la atención mediante estímulos excéntricos.    Se encuentra, en cambio, en el espacio abierto del silencio, en la quietud de la contemplación meditativa y en la libertad de observar sin el control del observador.

En ese estado de atención intensificada, las preguntas se vuelven innecesarias y las respuestas reducen el acto de observación.   Esta estética no deriva de la experiencia acumulada, ni de la asociación con el pasado, ni de la búsqueda de una audiencia, ni de las exigencias de un mercado predominante.

Estas corrientes no están regidas por la conciencia ni por la inconsciencia.   No persiguen la realización ni surgen de la vanidad o de la elección.   Son manifestaciones comunes a todos, que definen lo que existe más allá de las ideas y las palabras.   Operan creativamente sin depender del ruido del conocimiento y permanecen fuera de la medición y la clasificación.

Dentro de esa oscuridad, una energía vital se despliega, avanzando más allá de la limitación y el aislamiento.    La creación aparece como un proceso de despertar y renovación en cada relación.    Participar en el movimiento de la vida requiere una liberación continua del condicionamiento.

El acto creativo no es una acumulación de conocimiento.   La figura del “genio creativo” marca solo una etapa dentro del proceso de descondicionamiento y no puede convertirse en conocimiento si permanece dentro de la individualidad.   El ojo, atado a la duración, puede desear momentos de inspiración, pero esos momentos no constituyen la creación.

La creación ocurre en aquello que trasciende el momento hacia la continuidad.

En esta relación con el arte, el objetivo no es la autorrealización, sino la expresión de una interconexión subyacente.


Videografía de estudio:

Transcripción simultánea sin editar

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Mi trabajo del 2005 al 2010 se expande sobre cuestiones relativas a

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perspectivas de síntesis entre conceptos de espacio pictórico y del infinito

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algo sobre lo que he trabajado al paso del tiempo.   Ello me ha permitido la abstracción pictórica

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y plasticidad para expresar tanto en forma como contenido un tipo de arte que va

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más allá del mundo material de los signos.   Mis pinturas en sí pretenden

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alcanzar un infinito que es el misterio y la poesía en el drama individual de

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todo ser humano.   Aunque inmerso en las estéticas del siglo 20 no lucho por ningún movimiento

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histórico ni siquiera por la agenda post modernista.   Simplemente veo la praxis del arte como

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un carnoso producto de la experiencia humana resultante de la pasión de su fabricante

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Así como la idiosincrasia del individuo de naturaleza indivisible pueda ser

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ciega a la causalidad el marco estético que éste abarca incluye todos sus

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sentidos y la imagen viene a ser tan solo un resultado o residuo

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Sin objetivo ni tiempo e incluso existencial en este sentido la imagen no pretende explicar cuál es

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el significado de la experiencia sino más bien la imagen se manifiesta para

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provocar una interpretación del observador.   El trabajo terminado se sostiene sobre

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sí mismo.   El espectador puede llevarse consigo espero un sentido de las obras

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que es la generativa entereza de un universo habiéndose formado y rehecho a

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sí mismo.   Metáforas del Silencio

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La verbalización de una realidad estética es su propio deceso

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ya que la misma precisión de las palabras se resiste a la magnitud de dicha realidad

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Ver la actualidad del arte no podría establecerse si éste corresponde a un espíritu fragmentado por la ilusión de

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fórmulas novedosas, amurallado por la gratificación o la condena

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El placer alimentado por el pensamiento es la avaricia de un prejuicioso observador

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derivado de la contabilidad de estímulos excéntricos para obtener atención

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pero se encuentra y se percibe en el abierto espacio del silencio

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en la virtuosa quietud de la contemplación meditativa

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en la libertad misma de lo conocido libre de observar

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sin el control de un observador atento donde las preguntas son

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innecesarias y las respuestas trivializan la misma observación

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Esta estética no es producto de la experiencia ni de la asociación con el pasado

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ni tampoco de la búsqueda de una audiencia ni de un mercado preponderante

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ni siquiera son fluidos conscientes o inconscientes ya que no propagan empeño alguno

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no son productos de un egoísta y vanidoso ritual de elección alguna; más son una manifestación de nuestro ser

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común que nos define más allá de las ideas y de las palabras

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que opera creativamente sin dependencia al ruido del conocimiento; que no se adaptan a mediciones ni

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etiquetas donde la propia oscuridad permite que

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cunda la energía vital que las empuja por encima de la servidumbre a lo

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conocido o de su aislamiento es crear en nuestra existencia

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nuestro propio despertar y renovación en toda relación

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si hemos de unirnos libremente al movimiento total de la vida

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y librarnos del acondicionamiento del yo.   Es un proceso creativo constante

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El genio creativo es una mera etapa en el des-condicionamiento del yo

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el cual nunca pudiera convertirse en un verdadero conocimiento si permanece dentro de la esfera de la

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individualidad.   El yo atado a la duración de las cosas

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pudiera desear para su propio beneficio el inefable momento de la inspiración

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Ese contacto fugaz con el presente; más no puede ser nunca parte del acto

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creativo de ese momento que alcanza la eternidad

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En este amor por el arte no busco la realización personal

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sino expresar la interconexión humana.


“Hazañas del talento individual”

October 2, 2009

Triangulation Series 225
Triangulation Series 225, 49″ x 68″ x ¾” Oil on linen 2008

Orígenes de la estética Occidental moderna

El concepto de Estética nos llega a partir de una amplia variedad de tradiciones diferentes: de la occidental, la china, la japonesa, la africana, la polinesa, etc. Las tradiciones occidentales, por supuesto, tienen cualidades diferentes a las demás con respecto a sus orígenes, a los criterios evaluativos; ya sea a la hora de oponerse o defender los enfoques de la creación artística.

Desde sus inicios, la teoría estética occidental se ha desarrollado paralelamente a la crítica de arte. El concepto de Estética, sin embargo, pero no la palabra, fue mencionado por primera vez por Joseph Addison (1672-1719), en una serie de ensayos en The Spectator en 1712, como un “placer que se deriva de la imaginación”. Así, el placer forma la base que servirá como fundamento de la estética moderna. Alexander Gottlieb Baumgarten (1714-1762) probablemente leyó Addison, y trató de definir la Estética como una ciencia de lo que se siente o imagina en su tesis de maestría Aesthetica, 2 vol. (1750-58) en la Universidad Real de Prusia en Halle. Él acuñó la palabra para el idioma alemán. La Estética se deriva del nuevo latín aesthetica (el adjetivo femenino), y se relaciona con el griego aesthetikos / aestheta (cosas perceptibles) y se relaciona con el verbo aesthetai (percibir). Immanuel Kant (1724–1804), sin embargo, se opuso a la estética como ciencia. El término siguió siendo controvertido, y no fue sino hasta mucho más tarde en el siglo XIX cuando finalmente fuera aceptado en los círculos académicos.

La Estética es una teoría de valoración específica, o una convención distintiva de lo que es la belleza. Es una característica individualizada o un gusto particular, o un acercamiento a lo que interesa al intelecto o agrada a los sentidos: tanto visual como auditivo (como en la literatura, las artes plásticas, la arquitectura y la música). Por extensión, el término Estética se puede aplicar a muchas variedades de comportamiento humano: moda, cosmetología, diseño de interiores, etc…

Para la vanguardia, la Estética y la Originalidad pueden estar reñidas con las normas sociales o políticas establecidas. La Estética, como valoración, es normativa. La crítica de arte es la forma en que se establecen las normas. La crítica de arte se transmite tanto a los coleccionistas como a las instituciones (por ejemplo, a los museos, en el caso de las artes plásticas y el mercado, en el caso de la música y la arquitectura).

Aunque la crítica de arte data de la antigüedad, los análises de la estética visual o de las artes plásticas comenzaron como un esfuerzo periodístico. El crítico de arte y el artista se volvieron mutuamente dependientes, y lo que una vez había sido nuevo y refrescante a fines del siglo XX, se volvió académico, rutinario y repetitivo. En la contemporaneidad, Harold Bloom (1930-2019) llegó a exhortar que la crítica de arte se había confundido con cuestiones de justicia social y política, y ya no se trataba del producto artístico en sí.

Nada, sin embargo, es realmente nuevo. Se puede decir que el concepto de Estética en sí, como medio de expresión, es una fuerza dominante que se remonta a los orígenes de la civilización con las pinturas rupestres. Y en el cambio de siglo XXI, tal parece que ya no hay una adhesión a una estética actual y dominante o a un enfoque único. La crítica de arte ahora aparenta evocar una más amplia gama de tendencias: de lo formal, moral, social y espiritual.

En el siguiente extracto, “Confesiones de un artista visual siempre emergente” a través de un Manifiesto audiovisual por YouTube y WordPress, llamado “Metáforas del silencio” (2010), he dado mi propio punto de vista.

El uso al que sirven las artes visuales es una demostración compleja de diversas dimensiones cuya expresión busca no explicar el significado sino expresar su intención: producir un acto de interpretación claramente independiente, sobre el cual el artista no ejerce ningún control como creador. De ahí surge la sublimidad de la condición psicológica que es en parte deleite visual y en parte pasión que renueva y nutre un espíritu de asociación con el médium. La intención que expresa uno es lo que uno percibe: es decir, es una cualidad de energía y un temperamento independientes del intelecto, separados del oficio mismo y separado del residuo de las imágenes. [1] [2]

Notas de pié de página

  • [1] Immanuel Kant, Critique of Judgment, trans. Werner S. Pluhar (Indianapolis: Hackett, 1987), Introduction, §§1–5. (Kant no rechaza la «estética» de plano; más bien, rechaza el proyecto de Baumgarten de establecer la estética como una ciencia [scientia].)
  • [2] Harold Bloom, The Western Canon: The Books and School of the Ages (New York: Harcourt Brace, 1994), 17–35. (Bloom sostiene que la crítica literaria —y, por extensión, la artística— se ha desplazado hacia marcos ideológicos —el marxismo, el feminismo, el historicismo, etc.— y que estos enfoques priorizan las preocupaciones sociales y políticas por encima del valor estético; como resultado, la evaluación de la obra misma queda desplazada.)

Hazañas del talento individual

Una situación nociva pero tentadora se desarrolla en las artes visuales cuando los artistas etnocéntricos se alinean con los adjuntos del comercio y sus poderhabientes (instituciones comerciales y marchantes de arte por un lado, y fundaciones y curadores por el otro), todos los cuales sirven como instrumentos de adoctrinamiento y promoción publicitaria para el dictado de estilo, tema y contenido, dando así a los mercados el entretenido ‘circo’ de la cultura de masas.

El Zeitgeist de lo multidisciplinario y el traspaso de fronteras procura justificar la relevancia de las artes visuales —en sus ventas y reventas— a través de sus contorsiones de contextualización y la validez de su vanguardia. El estudio de los principios metodológicos de interpretación estética mide la importancia de las artes y su lugar en el mundo de lo ilusorio y la moda, muy alejado de la dinámica de sus orígenes. Como tal, las artes visuales se encuentran en aproximación a las modalidades de la narrativa pero expresadas en el lenguaje del comercio. El artista visual ahora está sucumbiendo a un espíritu de sofistería académica en expansión (las parcelas para la venta de la historia del arte comercial, tal como son promovidas por los críticos de los medios de comunicación). El resultado no es tanto una escasez de discernimiento perceptivo sino un impulso desesperado por cultivar la codicia en la lucha por adquirir el estatus de una minoría rectora. Este indicio de una iluminación y autoridad (que exacerba lo burgués y sentimental), procura evitar todo género terapéutico como pasatiempo, o como cualquier otra cosa que no sea un diletantismo servil (que no amerita reconocimiento alguno), destinado tan solo a los aficionados (no profesionales) a una búsqueda artística.

Y es así como la siguiente adaptación de los discursos analíticos a la política, las filosofías, la semiótica, la lingüística, la psicología y las matemáticas perfila lo obvio al tiempo que absorbe las semillas de la autodestrucción. En otras palabras, el impulso universal de una necesidad visual se transfiere y transforma al servicio del éxito comercial. La autoexpresión se compara con la mercantilización: la realización personal se equipara con ganar dinero. ¿Podemos suponer que este mercantilismo surja de las pinturas de Género del siglo XVII (petit genre: naturalezas muertas, flora y fauna, paisajes o escenas cotidianas de la clase media) con el poder emergente de la burguesía pudiendo decorar sus hogares con este estilo de pintura? Con un legado aún más sombrío, comerciantes del gusto y el consumismo parecen haber pasado por alto el punto de que la percepción de una imagen no puede ser reemplazada por su descripción. Hacerlo seria sustituir la intención visual con la jerga del chisme, lo cual disminuye la riqueza de contenido. El significado visual se deriva de la intención interna: por ejemplo, una etiqueta codificada de una obra de arte nunca podría reemplazar el regocijo de experimentarla. El arte es una manifestación de observación y como tal, es básicamente inconmensurable. La pasión y la calidad de su energía no necesitan ser explicadas o, en particular, su manifestación no debería interpretarse por su precio, evaluación o enriquecimiento de una élite determinada, [1]

En última instancia, hay una tendencia por parte de cualquier artista en su enfoque a consolidar la supremacía de sus egos y mentes, con lo verbal y lo visual en un proceso creativo hierático. En dicho instante, la racionalización extingue tanto la probabilidad como la lógica (en otras palabras, ¡muere!). Las insípidas alusiones a las presunción conceptuales —de auto-engrandecimiento—, al kitsch simplista de las iconografías populares —prejuicios convertidos en cliché—, a la orientación de Género o Identidad Sexual —afirmaciones de autodescubrimiento—, o al ostento de Instalaciones Geo-ambientalescon sus fijas constantes dimensionales— ninguna cumple su promesa de entregar algo nuevo o trascendental, aun cuando en su momento abundaran las aclamaciones.

Muchos de los artistas de la élite de hoy en día mitifican especímenes desarraigados, derivados de lo trivial y prosaico, viniendo de un mundo que conocemos y en el que vivimos, en lugar de un mundo que aún nos falta por descubrir. Estos agentes de la estética actual se derivan de formas tiránicas de erudición. En lugar de mejorar nuestro sentido de perceptibilidad, propagan la ambición del acto de adquirir y poseer el objeto de nuestras vidas en su ordinariez. Esta amalgama de gregarismo y consumismo masivo desconecta y nos adormece en una era tecnológica de proveedores de todo menos de la sensibilidad e ínterconectividad humana. Los coleccionistas, museos y galerías, codiciosos usurpadores de la cultura post-modernista, idolatran el brillo con el que convierten al arte en una mercancía. Con su poder plutocrático buscan satisfacer la ignorancia creada por su desfile circense de índices de mercado omnipresentes.

Por definición, la mitomanía del estrellato promueve sólo a unos pocos: cada selección de uno es un rechazo de muchos (El Ascenso de la meritocracia). [2] El resultado de la complacencia alimenta la marginación del 90% de los artistas existentes, generando una escasez artificial de recursos, mientras se le da valor a dichos índices de mercado que en última instancia representan una lucha desmedida para sobrevivir. En lugar de fortalecer al arte, un sentido sectario separa a todos en una carrera de ideologías en competencia por su comercio. La verdad del arte se deja buscar entre opiniones contrapuestas sobre lo que es relevante. Estos tiempos inestables, de victimarios y víctimas, de saqueadores y explotados, se repiten en la historia.

La conformidad, la indiferencia, que nos definen por la supremacía del éxito personal, oscurecen la mesura de la alienación. Es un gesto vacío defender el progreso del libre mercado en las artes de hoy o de cualquier otro período. Ha habido innumerables artistas cuyos logros no dependieron de un apoyo financiero resplandeciente o de una explicación irrefutable de narrativas en competencia. A veces, su máximo logro se produce a pesar de los obstáculos que tuvieron que soportar, así como de las costumbres y la inestabilidad de vanidades culturales que se les opusieran. Sus obras pueden haber llegado a tener un gran reconocimiento hacia el final de sus vidas (como en el caso de Paul Cézanne, quien se adelantara a la modernidad del siglo XX a lo largo de sus primeros cuarenta años de oscuro trabajo antes de lograr su primera exhibición solista); o después de sus muertes (como en el caso de Vincent van Gogh, reconocido por sus creaciones sublimes como “outsider”) cuando los caprichosos dictados de la moda los hacían relevantes. Y luego, están los que pierden o recuperan su relevancia, como en el caso de François Boucher durante la Revolución Francesa, cuya reformulación esperó hasta finales del siglo XIX —alrededor de cien años. De la misma manera, tenemos la banal persecución de lo nuevo a finales del siglo XX. Y, finalmente, están aquellos en el siglo XXI que primero son elogiados, pero seguramente su éxito no habrá de repetirse, quedando enterrados en el olvido.

La respuesta se puede quizás encontrar en el rechazo del sistema de codicia del colector o en el reconocimiento de que la calidad de las creaciones artísticas no puede perseguirse como una mercancía apropiable. La respuesta tampoco se puede encontrar en su taxonomía. La respuesta se encuentra en el reconocimiento de que cualquier forma de explotación es indeseable y destructiva para nuestro ser colectivo. La respuesta se encuentra en un cultivo igualitario de todas las artes como testimonio de nuestro sentido de humanidad.

Si se buscara apoyo para las artes, ¿no sería necesario indagar la irracionalidad de nuestro sistema de valoración, tal vez incluso nuestra propia racionalidad cultural?

Ricardo Morin

Editor, Billy Bussell Thompson.


Notas de pie de página

  • [1] Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature (New York: Viking, 2002). Extracto: Es difícil reconocer las formas incipientes de arte cuando van en aumento, y por el momento en que son muy apreciadas, sus mejores días ya han quedado atrás—(pp 400-410).
  • [2] Michael Young, El Triunfo de la Meritocracia, 1870-2033:  La Nueva Elite de Nuestra Revolución Social, (New York:  Random House, 1959), p. 12 [Londres:  Thames & Hudson, 1958].  (La concepción peyorativa de Young, situada en un futuro deshumanizado [anti-utopia], se basa en la existencia de una clase meritocrática, que monopoliza el acceso a los méritos y los símbolos y marcadores del mérito, y de esta manera perpetúa su propia potencia, su condición social, y privilegio.)
Triangulation Scroll Series Nº 555, 49 x 33 pulgadas, óleo sobre lienso, 2008

« Serie de pergaminos platónicos 2009 »

September 9, 2009

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Serie de pergaminos platónicos #99 -grabado sobre lienso y en marco digital

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Ricardo F. Morín, 9 de septiembre de 2009, Cape Cod, Massachusetts

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A través de los milenios, la belleza estética y la simetría de los Sólidos Platónicos han servido de tema favorito para los geómetras.    Llevan el nombre del filósofo griego Platón, quien teorizaba que los elementos clásicos se construyen a partir de los cinco sólidos regulares:    el dodecaedro, icosaedro, el octaedro, el tetraedro y el hexaedro, no existen otros posibles poliedros regulares.    Los 92 Sólidos ‘Johnson’ son poliedros irregulares que, como los Sólidos Platónicos, también están hechos de triángulos, cuadrados y pentágonos.

La serie de Platonic Scrolls (Rollos Platónicos) sirve de analogía a nuestra interconexión y la imponderable calidad de armonía que nos une.    Es de notar que no existe prescripción alguna de cómo deben ser percibidas estas manifestaciones por cualquier observador.     Nuestra realidad es siempre mucho más interesante de lo que cualquier imagen represente o cualquier cosa que se pueda explicar.


Manifesto 2008

December 8, 2008

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Triangulation Series #25--oil on linen, 60 x 37 inches, 2009
Ricardo F. Morín
Serie Triangulación Nº 25
37″ x 60″ x 2″
Óleo sobre lino
2007

Ricardo F. Morín, 8 de diciembre de 2008; Jersey City, New Jersey

Mi trabajo Triangulación Serie 2006-08 se expande sobre cuestiones relativas a perspectivas de síntesis entre conceptos de espacio pictórico y del infinito: algo sobre lo que he trabajado al paso del tiempo.   Ello me ha permitido la abstracción pictórica / plasticidad para expresar tanto en forma como contenido un tipo de arte que va más allá del mundo material de los signos; mis pinturas en sí pretenden alcanzar un infinito que es el misterio y la poesía en el drama individual de todo ser humano.    Aunque inmerso en las estéticas del siglo Veinte, no lucho por ningún movimiento histórico, ni siquiera por la agenda post-modernista.    Simplemente, veo la praxis del arte como un “carnoso” producto de la experiencia humana, resultante de la pasión de su fabricante.    Así como la idiosincrasia del individuo, de naturaleza indivisible, pueda ser ciega a la causalidad, el marco estético que éste abarca incluye todos sus sentidos y la imagen viene a ser el resultado o residuo.

Sin objetivo, ni tiempo, e incluso existencial, en este sentido, la imagen o Kunstgegenstand no pretende explicar cuál es el significado de la experiencia, sino más bien, la imagen se manifiesta, para provocar una interpretación del observador.

No hay fuentes externas ni ideas preconcebidas de la composición final.   De manera gestual e intuitiva, uso el plano del lienzo como una plataforma interactiva (en otras palabras, una conversación, por así decirlo, se lleva a cabo entre la pintura, el lienzo, y yo como observador activo mientras aplico la pintura al lienzo.)    En la variedad de densidades, capa tras capa, bien sea transparente o estructural, la obra se transforma a si misma gradualmente mediante una acreción espectral.   En diálogo continuo, trabajo por varias piezas al mismo tiempo para que todas sean capaces de informar a las demás.   Un ritmo interior de cada composición se desarrolla de este modo mientras orienta los cambios y la construcción de formas:   entre entierros, resurrecciones, exaltaciones, velaciones y reencuentros, todos gracias a la suntuosa textura del vehículo; surge así de los interlocutores una conmovedora melancolía con la riqueza de cualidades de disonancia, y transparencia complementaria.    De hecho, es el color, como textura lo que establece el paisaje emocional de cada pieza.   El trabajo terminado se sostiene sobre si mismo como una concentración de múltiples capas; cada cual de sus numerosos estratos es esencial para su integridad.   Hay un sentido de movimiento multidireccional en cada una de las obras que actúa sobre el ojo del espectador al recaer su mirada sobre las formas delineadas y al escudriñar el interior de enredos entre trazos y arabescos.   El espectador puede llevarse consigo, espero, un sentido de las obras que es la generativa entereza de un universo habiéndose formado y rehecho a sí mismo.

Como he dicho al principio, enlazo en mi amor al arte un sentido de universalidad; no hago esto para mi propia satisfacción, sino en reconocimiento del orden cósmico y de la interrelación de nuestra propia conciencia humana, que es el modo de unificación de todos los maestros.    Como tal, estoy perennemente emergiendo mientras deambulo alrededor de mi espacio en un presente incierto y sin liderazgo, donde la autoridad está aparentemente derivada de confusas y conflictivas fuerzas de incredulidad.    La libertad está con nosotros, aunque sus éteres e incongruencias nos desconcierten.

Editado por Billy Bussel Thompson, Profesor Emeritus

http://www.ricardomorin.com

 


 

« El arte bajo mediación institucional »

December 6, 2008

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Imagen digital creada con los programas Maya y Combustion.

 

“Es como una cabra atada a un poste, que puede vagar tan sólo la longitud de su traílla.”

Jiddu Krishnamurti, 1986

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Ricardo F. Morín, 4 de diciembre de 2008, New York, NY

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Quien aspira a una carrera como artista visual comprende que los constreñimientos para la supervivencia son cuestionables y el reconocimiento está predicado por una caprichosa cifra del destino.   La misión no está en la búsqueda del reconocimiento, ni siquiera en la permanencia, pero en madurar y compartir el talento a través de la exploración e indagación.   Congruencia entre la ascendencia, identidad y el trabajo visual no es un asunto de interés comercial a favor de cualquier identidad nacional; éstos son irreduciblemente aspectos de significación que no se pueden definir desde la perspectiva de piedades convencionales.   Es una manifestación imponderable del ser: que no está atada a expectativas externas, ni mucho menos a la expectativa de alguna entidad designada y su modelo económico el cual pueda bien servir en tácticas de mercadeo.

El mundo del arte incluye actores que generan adversidad con el objetivo de ampliar su alcance y autoridad.   Empecemos por preguntarnos el porqué del desaliento ineludible de artistas visuales con doble nacionalidad, el cual aparenta ser resultado de un impuesto acorralamiento de fundamentalismo latinoamericano.   Preguntémonos por qué dicha frustración está a la orden del día impuesta por contemporáneos de Medicis’ quienes procuran comprar una parcela de la historia en una institucionalización parroquial curiosa dentro de sus países de origen, así como también mientras la promueven en los mercados extranjeros de mayor control.

Fundaciones filantrópicas privadas, específicamente la Phelps-Cisneros, empiezan por venderse a museos como influyentes laboratorios darvinianos de especímenes, los cuales claman anunciar “programas innovadores que se centran en asuntos latinoamericanos,” así como claman “fomentar el conocimiento de la herencia cultural de América Latina”.   Dirigida por el liderazgo de una rica señora de alta sociedad, esta fundación se jacta que su fundadora es una mezcla entre señoras de sociedad igualmente ostentosas y los incomparables eruditos de nuestro tiempo.   En su misión como antropóloga, la fundadora es alabada aún como la personificación del preeminente bio-geógrafo, Alexander von Humboldt; a quien su contemporáneo, Simón Bolívar (el revolucionario y aguerrido libertador latinoamericano) “se cree” haber citado como “el verdadero descubridor de Sudamérica”.

Pero tales retratos no rinden necesariamente un producto equilibrado de visión pluralista.   Sólo después de desnudar la confusión entre la arrogancia y pretensiones elegantes, puede uno apreciar que, por ejemplo, su deseo de establecer el diálogo más rico posible entre el arte contemporáneo y un núcleo histórico en Venezuela refleja más bien un deseo para promover un fundamentalismo aberrante:    uno que se propone preservar ciertas tradiciones regionales — o su índole—, lo cual, por supuesto, está de acuerdo con las adquisiciones propias de dicha fundación.   Es innegable que la preponderancia de estas adquisiciones representan movimientos significativos en su momento histórico, como lo fue el arte Cinético, Op y sus derivados neo-geométricos:   movimientos que, de hecho, siempre han sido complacientemente populares, y sin controversia alguna entre la élite política de Venezuela — desde dictaduras absolutas, a democracias débiles, así como hasta llegar a la emergente cleptocracia del Estado Bolivariano de Hugo Chávez–; y como es muy bien definido por los recurridos temas de esta fundación, sus exposiciones y publicaciones internacionales.   No obstante, el arte contemporáneo promovido en dicho contexto ejempla sólo un producto de demagogia de la clase gobernante, cuando la pretensión simplista de “estimular” (castrando más bien) una identidad nacional es impuesta por un historicismo anticuado, uno que es tan espontáneamente atroz cultivarse como los resultados que empobrecen a través de despreciativas tácticas de mercadeo corporativo.

¿Debemos sucumbir a los peligros de cortejar esta cultura divisiva, la cual define artistas aceptables por medio de la enajenación?   ¿Deben gravitar dichos artistas hacia un estancamiento sumiso, dictado por semejantes modas institucionales?   ¿No es la misma concepción institucional de fronteras culturales una clase de segregación regional e ideológica completamente anacrónica al flujo de una comunidad integralmente global?   Reflexionemos en términos prácticos, que la razón de ser de cualquier artista, o de cualquier ser humano, consiste en el anhelo, no de tal negación tan enormemente irreverente del significado personal, tal como es derivado de semejantes dispositivos de medición regresiva; pero del respeto universal de dignidad y libertad que todos poseemos, el cual no puede ser vendido, pero puede y debe ser compartido.   Afirmemos que esa injuriosa ansiedad por parte de la autoridad de estas instituciones filantrópicas de hoy en día — a pesar de la influencia de su púlpito, de toda su riqueza mercantil y de toda su gran arrogancia (bien sea por que alcahueteen a una ideología anticuada o las falsedades del nacionalismo, o a una afiliación política o religiosa) — no está sólo fuera del espíritu transformativo de nuestros tiempos, pero ciertamente, no dificultará ni disminuirá una revolución globalizada de la cultura y la humanidad sin el despotismo de fronteras convencionales e identidades preconcebidas.   Esta realidad no exige necesariamente una revolución política ni económica, pero una revolución interna:   el resultado de una mutación en nuestra percepción de lo que es realmente trascendental, junto con una dispersión del condicionamiento a que nuestras comunidades creativas se han permitido a sí mismas ser subyugadas sumidas en un mercado deletéreo. [1]   Esta es la sensibilidad y la percepción que nosotros, tanto el artista como las fundaciones mismas, necesitamos todos abrazar. Porque, aunque, no existen respuestas simples en una cultura continuamente emergente, es de todos la responsabilidad social de respetar el código de conocernos a nosotros mismos en una amplia libertad antes que en un proceso de dominación.

http://www.ricardomorin.com

[1] La base de un deletéreo mercado del arte es la mitomanía propagandística del estrellato la cual se limita a examinar los valores de unos pocos artistas escogidos, como un segmento de inversiones (en la ignorante complacencia de la totalidad de índices de mercadotecnia), que se opone en su auge al 90% de artistas activos quienes tambalean en su auto-subsistencia.


« Desde los márgenes de la inmaterialidad »

June 1, 2008
CGI 2026

¡Mavericks!  
Busquen renovaciones que partan de la Vida.  
Destruyamos el mercadeo de teorías institucionales,  
una taxonomía corrosiva al servicio de la petulancia,  
comercializando consignas anacrónicas del sinsentido.  

Subordinados a la infamia,  
cohortes de diletantes,  
no la falta de delimitación como sirvienta de la ignorancia.  

¿Quién promueve el borde de una nueva supervivencia fugitiva?  
Dando cuerpo a la servidumbre como estilo,  
reemplazando el intelecto por una rapacidad mordaz,  
desfilando desnudos, desnudez de almas duplicadas,  
con una desgarradura desafiante, un deseo insaciable de poseer,  
¿cultura clandestina de lo mal engendrado?  

Juntas de museos y CEOs resplandeciendo y desbordándose,  
grotesco de gula, toma de control de depredadores corporativos.  

¡Mavericks!  
No nos burlemos ni sucumbamos al chovinismo,  
emasculados por la opresión.  
Tengan presente que la Libertad no está en venta.  

¿Conduciría la revolución de la web a los empeños artísticos hacia una revolución política,  
reemplazando galerías, museos y el sistema de propiedad del coleccionista?  
¿Superaría la vocación interna de un artista las exigencias externas de la supervivencia en el mercado?  
¿Existiría ya tal vocación en un estado natural, sin las fuerzas intervinientes de tendencias manipulativas?  
¿Quedaría tal vocación suscrita al intercambio de exhibicionismo y voyeurismo por ventas, adquisiciones, mercancías, así como a la voluntad de agentes administradores?  
¿Enfrentaríamos una nueva realidad, libre de estrellato y maniobras económicas?  
¿No harían participación y aislamiento diferencia alguna si tal vocación no sirviera a otro propósito que a sus propias necesidades?  
¿Se volvería la historia a la vez irrelevante e importante:  irrelevante en cuanto a cómo uno pueda encajar e importante en cuanto a cómo uno pueda comprender sus límites?  
¿No permanecería siempre el conocimiento entrelazado con alguna gravosa medida de superstición?  
¿Rechazaríamos una paradoja sobre un terreno arrogantemente moral o atenderíamos sin reparo a nuestros instintos primordiales?

Ricardo F. Morin, New York, NY

June 1, 2008

« INFINITO »

May 31, 2008

Ricardo F. Morín, 31 de mayo de 2008; Jersey City, NJ

Visión columnada de pasión instintiva  
Cantada por ruiseñores sostenidos en la luz del día  
No teme consecuencia ni precedente  
Pues pertenece a la eternidad.  

Reverberante y grave, ya sin ocultarse  
Un plexo solar en protesta ante las limitaciones propias  
Interpretación quebrada, certera, de su libertad  
Lejos de las sombras perversas del cinismo,  
No duda más:  sequía de descontento.  

Sacudida por comunicar lo más querido  
Mientras se eleva desde la turbulencia.  
¿Qué es lo más consolador de su lamento interior?  
Apolo abre a Dionisio hacia el abismo de la infinitud,  
Campanas detenidas, sin torre a la cual aferrarse.  

Déjame reposar en nada más que tu susurro acariciante,  
Pensado y desprendido  
Regresando y partiendo a la vez  
Llevar este canto a nuestro universo.

Artist Website


¿Quién alimenta el odio?

April 15, 2026

Ricardo F. Morin
Escena treinta y seis
Óleo sobre lino y tabla
12″ x 15″ x 1/2″
2012

Ricardo F. Morín

16 de Marzo de 2026

Oakland Park, Florida

Las sociedades rara vez reconocen cuándo el lenguaje empieza a preparar las condiciones del odio.  Mucho antes de que aparezca la violencia, la forma de hablar ya ha alterado lo que las personas ven.  Un grupo deja de describirse por lo que hace y pasa a fijarse por lo que se le hace representar:  una “amenaza,” una “invasión,” una “corrupción.”  La descripción cede al etiquetado.

En « Lenguaje,  juicio  y  libertad  de  conciencia: Sobre  la  arquitectura  de  una  posición  intelectual » examiné cómo la libertad de conciencia depende de un vínculo constante entre lo que se percibe, lo que se dice y cómo se juzga.  Ese vínculo no se sostiene por sí solo.  Ver no asegura nombrar con precisión, y nombrar no asegura juzgar con claridad.  Cuando ese vínculo se rompe, el lenguaje deja de seguir a la experiencia y pasa a dirigirla.  Las palabras ya no vienen después de lo que ocurre; fijan de antemano lo que se debe ver, pensar o concluir.  En ese desplazamiento, la capacidad de juzgar por cuenta propia comienza a debilitarse, mucho antes de que se eludan los tribunales o se dejen de lado los derechos.

Cuando la percepción queda moldeada de antemano, el juicio deja de operar por sí mismo.  La hostilidad deja de aparecer como una ruptura y se presenta como una conclusión contenida en la forma en que se dicen las cosas.  Un vecino pasa a ser “uno de ellos.”  Un desacuerdo pasa a ser “un ataque.”

Las sociedades hablan con facilidad del odio, pero rara vez se preguntan dónde empieza.  Cuando la violencia se hace visible, el impulso es encontrar a alguien a quien culpar.  El tirano parece suficiente.  Sin embargo, esa explicación tranquiliza más de lo que aclara.  Encierra la responsabilidad en individuos y deja intacto lo que la hizo posible:  frases repetidas, etiquetas aceptadas, palabras que ya no se cuestionan.

Es necesaria una distinción.  Ver con claridad no es odiar.  Nombrar la brutalidad no es resentimiento, sino claridad.  Decir “este acto destruye una vida” sigue siendo una descripción.  El odio comienza cuando la persona queda reducida a algo que debe ser eliminado.  Quien habla de ese modo adopta el mismo lenguaje que afirma rechazar.

Las ideologías que organizan la hostilidad no surgen de forma aislada.  Cambian de nombre, pero comparten una regla:  las personas definen quiénes son expulsando a otros.  Donde esa regla se impone, la dignidad humana deja de funcionar como medida común.  La vida pública se divide entre quienes pertenecen y quienes no.  El nazismo en Europa, el chavismo en Venezuela, el movimiento MAGA en Estados Unidos y diversas formas de teocracia muestran cómo poblaciones enteras pasan a hablar de otros como enemigos y a tratar esa división como necesaria para el orden o la pureza.

Lo que aparece en Trump no es nuevo.  Es lo que ya no necesita ocultarse.

Una vez que esta forma de hablar se afianza, deja de estar contenida en líderes o doctrinas.  Se extiende.  Algunos la repiten por convicción.  Otros la repiten para evitar problemas, para encajar o para protegerse.  El lenguaje cambia.  Las palabras dejan de señalar a personas y pasan a asignarles un lugar.  El adversario se convierte en una amenaza; la amenaza en alguien a quien despreciar.  Una persona deja de ser llamada por su nombre y pasa a ser designada por una etiqueta:  “ilegal,” “traidor,” “infiel,” “enemigo.”

Aparece entonces otra confusión.  En nombre de la comprensión, algunos describen a quienes defienden esas ideas como incomprendidos o heridos.  Esta postura aparenta equilibrio, pero desplaza la atención hacia quienes ejercen poder y la aleja de quienes viven bajo él.

Esta confusión se apoya en un hábito de pensamiento más profundo.  A menudo se explica la violencia señalando heridas personales o situaciones de exclusión.  Hay algo de verdad en ello.  Pero cuando se aplica sin límite, disuelve la responsabilidad.  Todos son vulnerables.  No todos participan en el daño organizado.  Eso exige decisiones, palabras repetidas y personas dispuestas a actuar.

Aquí aparece la diferencia entre ética y moralismo.  El moralismo clasifica a las personas en buenas y malas.  La ética examina qué permite que ciertas acciones ocurran y se extiendan.  No convierte al adversario en un monstruo, pero tampoco excusa lo que se hace.

Quienes sufren las consecuencias rara vez aparecen en estos argumentos.  No pertenecen a bandos ni a consignas.  Son quienes deben vivir con lo que otros deciden:  la familia obligada a desplazarse, el trabajador excluido, la persona que aprende a guardar silencio.

La pregunta, entonces, no puede responderse señalando a un tirano.  El odio se alimenta cuando se acepta el deterioro del lenguaje, se normaliza la humillación y se permite que el juicio sea sustituido por explicaciones ya hechas.

En ese punto, el odio deja de parecer excepcional.  Se vuelve un hábito.  Se repite en el habla cotidiana:  “así funcionan las cosas,” “todo el mundo lo hace,” “no tenemos otra opción,” “nos obligaron,” “es por la nación.”  Aparece en el lenguaje del orden y la protección:  “para restablecer el orden,” “por su seguridad,” y en la activación constante del miedo:  miedo a perder lugar, miedo a la diferencia, miedo a quienes se perciben como ajenos, incluso en sociedades formadas por múltiples orígenes.

Estas expresiones no se limitan a describir lo que ocurre.  Lo disponen.  Hacen que la exclusión parezca razonable.  Lo que antes requería justificación pasa a recibirse como sentido común.

Cuando esta forma de hablar se instala, la hostilidad deja de requerir defensa.  Se vuelve esperada, repetida, rutinaria.  La responsabilidad no desaparece mediante la negación; se diluye por repetición:  a través de explicaciones que excusan y de temores que nadie examina.

Así es como el odio continúa:  no solo por quienes lo proclaman, sino por quienes lo repiten, lo aceptan o lo dejan pasar sin objeción.

La pregunta permanece.

¿Quién alimenta el odio?


« La mímesis emocional »

April 15, 2026

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Ricardo Morín
Infinity One: La mímesis emocional
152 x 94 cm
Óleo sobre lienzo
2005

Ricardo Morin

Noviembre, 2025

Oakland Park, Florida

La vida pública hoy está menos determinada por ideas que por señales emocionales.  Las personas no responden al contenido de los argumentos, sino al registro en el que se presentan.  El tono se vuelve sustancia; el afecto, autoridad.  La sustitución de señales emocionales por argumentación no es accidental.  Responde a una gramática cultural en la que los individuos aprenden a reconocerse no mediante el razonamiento, sino a través de la semejanza emocional.  La voz más resonante no es la más coherente, sino la que reproduce el estado emocional de la multitud.  A este fenómeno lo llamo la gramática de la mímesis emocional.  

La prensa desempeña un papel central en el refuerzo de esta gramática.  Los medios contemporáneos no operan como un espacio para el trabajo lento del pensamiento; operan como un mercado de sentimientos.  Los editores seleccionan, encuadran y difunden relatos según su tracción emocional, más que por su claridad intelectual.  Una confesión de angustia se toma como comprensión.  Una manifestación de sufrimiento, como verdad.  La principal moneda de los medios es la resonancia, medida no por su exactitud, sino por la intensidad de la emoción que suscita.  Esto responde a los incentivos de una economía de la atención.  

Autores reconocidos o figuras públicas reciben con frecuencia plataformas amplias para exponer agravios personales carentes de fundamento conceptual.  Afirmaciones como «no hay cierre para el sufrimiento inocente si el universo no responsabiliza a alguien» se presentan como reflexiones morales valientes.  Sin embargo, la premisa se desmorona al primer contacto:  el sufrimiento no se distribuye según el mérito, y la naturaleza no adjudica inocencia.  Aun así, estas narrativas conservan su fuerza porque el mercado premia la vulnerabilidad, no el razonamiento.  

Este patrón de selección y recompensa guarda paralelo con la lógica emocional del populismo.  Los seguidores de figuras políticas no se identifican con sus líderes porque compartan circunstancias materiales o intereses programáticos, sino porque se reconocen en la postura emocional que el líder encarna.  Esto se hace evidente en el movimiento en torno a Donald Trump.  Sus seguidores no imitan sus ideas; imitan su volatilidad emocional, su sentido de agravio y su desafío teatral.  Él se convierte en una superficie de proyección de la vida emocional de la multitud y, a su vez, reproduce su turbulencia.  Es una mímesis en ambas direcciones.  

La convergencia entre las dinámicas mediáticas y las dinámicas populistas no es accidental.  Ambas se sostienen en la misma gramática:  la resonancia emocional como sustituto de la coherencia.  El atractivo de Trump depende de esta correspondencia entre expresión emocional y respuesta pública.  La prensa amplifica su volatilidad porque genera espectáculo; el público interpreta el espectáculo como autenticidad, y la autenticidad se confunde con la verdad.  Lo que aparece como más auténtico es, con frecuencia, lo menos fiable como guía de la verdad.  Este ciclo se mantiene incluso cuando el contenido carece de coherencia.  De hecho, la incoherencia refuerza el vínculo, porque sugiere una liberación de las exigencias del pensamiento disciplinado—exigencias que muchos perciben como elitistas u opresivas.  

Esta gramática no opera únicamente en la política.  Configura la vida cultural en un sentido más amplio.  La producción cultural privilegia cada vez más la exposición emocional frente a la expresión disciplinada.  Las obras se evalúan por su capacidad de suscitar una reacción inmediata, no por la claridad con la que iluminan la experiencia.  El resultado es una contracción de la imaginación pública:  el matiz se vuelve difícil de sostener y la reflexión es desplazada por formas abreviadas de expresión emotiva.  Este entorno favorece a quienes narran sus emociones con intensidad, independientemente de la solidez de sus interpretaciones.  

Las consecuencias para la vida cívica son considerables.  Cuando la mímesis emocional se convierte en el modo dominante de participación, el desacuerdo deja de ser navegable.  Las personas ya no se enfrentan a diferencias de juicio, sino a diferencias de identidad emocional.  Criticar un argumento pasa a ser un ataque a la legitimidad emocional de quien lo expresa.  La conversación pública se transforma en una competencia de agravios, no en un intercambio de ideas.  El resultado es un espacio social frágil en el que la frecuencia emocional más intensa impone los términos del debate.  

Este desplazamiento también borra la distinción entre testigo y participante.  Al buscar relatos cargados de emoción, la prensa se convierte en parte de las mismas dinámicas que describe.  Refuerza los guiones emocionales que las personas ya habitan.  Privilegia la agitación personal como señal de profundidad moral.  Trata el espectáculo como si fuera sustancia.  Al hacerlo, entrena al público para interiorizar la expresión emocional como forma primaria de comunicación.  Los medios no se limitan a reflejar la mímesis emocional; la convierten en hábito.  

La gramática emocional contemporánea difiere en escala y en funcionamiento.  La selección, la repetición y la amplificación operan ahora de forma continua, reduciendo la complejidad de la experiencia a un conjunto limitado de señales—agravio, resentimiento y confesión.  A medida que estas señales circulan, la atención queda capturada por la intensidad, en lugar de orientarse por la coherencia.  No se trata de un colapso moral, sino de un fallo en la forma en que la atención se dirige y se sostiene en la vida pública.  

El desafío no consiste en suprimir la emoción, sino en restablecer la proporción.  La vida emocional es esencial a la experiencia humana, pero no puede constituir una gramática universal para el razonamiento público.  Una cultura que se comunica principalmente a través de la mímesis emocional pierde la capacidad de distinguir entre percepción y proyección.  Se vuelve reactiva, no reflexiva.  Para recuperar la claridad, es necesario volver a separar la vivacidad de la emoción de la validez del pensamiento.  Solo entonces la vida pública recuperará la profundidad que ha intercambiado por resonancia.


« Desenmascarar la desilusión:  Serie VI »

April 8, 2026

 


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“Alegoría geométrica”,  pintura digital 2023 de Ricardo Morín (artista visual estadounidense nacido en Venezuela–1954)

 

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Ricardo F. Morín

13 de Enero, 2026

Oakland Park, Fl

 

Esta entrega cierra el Capítulo XII,  “El cuarto signo”.  Presenta los §§ 26–34 bajo el encabezado “La asimetría de las sanciones”,  y examina la aplicación desigual y los efectos diferenciados de las medidas económicas y políticas externas dentro del marco más amplio establecido por las secciones precedentes sobre la autocracia y Venezuela.

 

 

La asimetría de las sanciones

 

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Las sanciones se emplean con frecuencia como instrumento diplomático para debilitar regímenes autocráticos.  Sin embargo,  su uso revela una asimetría más profunda en la tensión entre responsabilidad democrática y persistencia autoritaria.  Según datos del V-Dem Institute,  cerca del 72 % de la población mundial vive actualmente bajo formas de gobierno autocráticas,  la proporción más elevada desde 1978.  Esta constatación obliga a reconsiderar las sanciones no como medidas excepcionales frente a regímenes aislados,  sino como políticas aplicadas en un orden global donde la autocracia se ha convertido en la forma predominante de gobierno.

 

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Por un lado,  las sanciones buscan aislar a las autocracias en los planos económico y político.  Por otro,  regímenes como el de Nicolás Maduro han demostrado una notable capacidad de adaptación frente a tales medidas.  Su perdurabilidad pone de relieve los límites de instrumentos concebidos para un mundo en el que se presuponía la primacía de la democracia.

27a  

Los desarrollos posteriores, incluida la remoción de Nicolás Maduro del poder, alteran el objeto inmediato hacia el cual se dirigían las sanciones, pero no resuelven las condiciones estructurales aquí examinadas.  Las redes de autoridad, los arreglos institucionales y las alianzas externas que sostuvieron su mandato no han sido disueltas por su salida.  Lo que se observa en este caso no es la permanencia de una figura individual, sino la persistencia de una estructura de gobierno capaz de adaptarse más allá de ella.

 

28

Maduro ha tejido alianzas adversariales con el fin de eludir la presión externa y sostener su permanencia en el poder.  Al invocar nociones de soberanía y resistencia frente a la influencia occidental,  ha transformado el aislamiento en un relato de desafío.

 

29

Este relato sirve de base para asociaciones con otros Estados autocráticos,  entre ellos Rusia,  China,  Cuba,  Irán y Turquía. [43] [44] [45] [46] [47]   Impulsadas por intereses pragmáticos más que por una afinidad ideológica estricta,  estas alianzas permiten a Venezuela atenuar los efectos previstos de las sanciones.

 

30

El resultado es paradójico:  mientras las sanciones aspiran a debilitar a las autocracias,  contribuyen de manera involuntaria a su resiliencia.  La dependencia de alianzas alternativas brinda a regímenes como el de Maduro acceso a recursos,  apoyo militar y respaldo político,  lo que a su vez los resguarda de disrupciones económicas severas y del escrutinio internacional.  En un contexto donde la mayoría de la población mundial vive bajo regímenes autocráticos,  la lógica del aislamiento pierde eficacia;  se convierte en una lectura errónea del equilibrio global.

 

31

De este modo,  las sanciones favorecen la persistencia de la autocracia.  Regímenes como el de Maduro explotan su aislamiento para presentarse como defensores de la soberanía nacional y de la resistencia frente a la hegemonía global.  Esta dinámica refuerza la noción de un orden mundial multipolar. [48]   A medida que el poder global se desplaza desde una dominación unipolar,  estos regímenes encuentran nuevas vías para sostenerse.

 

32

Al encuadrar su cooperación como resistencia a la primacía occidental,  los regímenes autoritarios legitiman sus alianzas bajo el estandarte de la multipolaridad.  Este reposicionamiento estratégico no solo elude las sanciones;  reconfigura activamente el orden global.  En la medida en que estos regímenes amplían su influencia,  debilitan las normas democráticas al sustituirlas por un sistema en el que el poder se concentra sin rendición externa de cuentas.

 

33

Este desplazamiento no se limita a regímenes como el de Maduro.  Refleja una tendencia más amplia en la que el autoritarismo avanza aprovechando fracturas ideológicas internas en las sociedades democráticas.  En Europa y Asia,  movimientos nacionalistas y de derecha reproducen cada vez más narrativas alineadas con el Kremlin para intensificar el escepticismo hacia las instituciones occidentales.  El ascenso de estas fuerzas en países como Hungría,  Italia e India no constituye únicamente un giro interno;  señala una convergencia con un marco global en el que la soberanía se invoca no para fortalecer a los ciudadanos,  sino para aislar a los dirigentes de toda exigencia de responsabilidad.

 

34

Contrariamente a la tesis de que el autoritarismo sería solo una reacción a la hegemonía estadounidense,  su expansión revela un impulso propio que persiste al margen de la intervención de Estados Unidos.  China y Rusia no buscan disputar el poder norteamericano en nombre de un orden más equitativo;  aspiran a consolidar su autoridad sin restricciones externas.  En este escenario,  la división ideológica tradicional entre izquierda y derecha pierde centralidad frente a una confrontación más fundamental:  la pugna entre la concentración del poder y la resiliencia democrática. [49]   Ya sea bajo la forma del populismo o del nacionalismo,  el objetivo permanece constante:  debilitar los contrapesos institucionales y concentrar el poder sin una rendición de cuentas suficiente.

 


 

NOTAS FINALES

 

§ 29

  • [43]  En 2019,  la empresa estatal rusa Rosneft gestionó cerca del 70 % de las exportaciones de crudo venezolano,  eludiendo sanciones estadounidenses.  Rusia también suministró equipamiento militar y programas de adiestramiento destinados a reforzar el control de Maduro sobre las fuerzas armadas.
  • [44]  La participación de China incluye empresas mixtas en la Faja del Orinoco,  proyectos de infraestructura como el ferrocarril Tinaco–Anaco y programas habitacionales asociados a la Gran Misión Vivienda.  Pese a dificultades operativas,  estas iniciativas evidencian el interés estratégico chino en el sector energético venezolano.
  • [45]  De acuerdo con el Brookings Institution,  Cuba y Venezuela han mantenido vínculos políticos y estratégicos estrechos,  especialmente durante las administraciones de Chávez y Maduro.  Esta relación ha abarcado cooperación en materia de seguridad e inteligencia.  Instituciones cubanas han aportado formación,  asesoría y apoyo técnico a fuerzas militares y de seguridad venezolanas,  incluida la Dirección de Inteligencia (DI,  G2),  los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)  y la Brigada Especial Nacional del Ministerio del Interior.
  • [46]  Irán ha respaldado a Venezuela mediante cooperación energética y militar,  aportando combustible refinado y asistencia técnica para la industria petrolera.  Acuerdos de trueque e intercambios tecnológicos,  incluidos sistemas no tripulados,  reflejan la profundización de esta alianza.
  • [47]  Turquía facilitó el comercio de oro venezolano,  permitiendo al gobierno eludir sanciones.  Este intercambio,  que alcanzó aproximadamente 900 millones de dólares en 2018,  ha sido cuestionado por su opacidad y por su vínculo con la minería ilegal en la región del Arco Minero. 

§ 31

  • [48]  Pérez-Liñán, Aníbal y Mainwaring, Scott,  Democracies and Dictatorships in Latin America:  Emergence,  Survival,  and Fall  (Cambridge:  Cambridge University Press,  2014),  183–187,  199–202.  

§ 34

  • [49]  Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel  How Democracies Die  (Nueva York:  Crown,  2018),  212–215.

« La Escalera Cripto »

April 1, 2026

*

Ricardo Morín
Still veintitrés: La Escalera Cripto
Óleo sobre lienzo y tabla
30,5 x 38 x 1,3 cm
2012

Ricardo F. Morín

27 de febrero de 2026

Oakland Park, Florida

*

La criptomoneda afirma independencia de la autoridad financiera.  En la práctica,  los tokens se compran,  se venden y se almacenan en plataformas de intercambio centralizadas que controlan la custodia,  ejecutan operaciones y procesan retiros.  Cuando los participantes dejan sus activos en estas plataformas,  la entidad administradora conserva las claves privadas y gestiona el acceso a los fondos.  El control se desplaza de los bancos regulados,  que operan bajo requisitos de capital,  reglas de liquidez y supervisión pública continua,  hacia plataformas privadas constituidas en distintas jurisdicciones y sujetas a normas variables de divulgación,  reservas y cumplimiento normativo.  Las protecciones disponibles dependen de las reglas aplicables en la jurisdicción donde opera la plataforma.  

Antes de que comience la negociación pública,  el acceso a los tokens recién emitidos se limita a fundadores,  inversores privados o participantes en rondas de distribución inicial.  Las transacciones en esta etapa ocurren dentro de ese grupo restringido y los precios reflejan intercambios entre esos titulares de tokens.  

Cuando se abre la negociación pública,  nuevos compradores acceden a través de plataformas de intercambio.  Compiten por adquirir la oferta existente en manos de los titulares iniciales.  Como la oferta no se expande de inmediato,  los compradores elevan sus ofertas de compra entre sí.  A medida que aumentan las ofertas de compra,  el precio de mercado se incrementa.  

Cuando quienes adquirieron tokens antes venden al precio elevado generado por la competencia entre ofertas de compra,  los compradores posteriores transfieren capital mediante esas adquisiciones,  capital que se convierte en la ganancia de los primeros vendedores.  

Los sistemas de tokens pueden distribuir la oferta de manera amplia en la emisión inicial mediante ofertas públicas o asignaciones comunitarias.  Sin embargo,  una vez que comienza la negociación,  los participantes con mayor capital pueden acumular posiciones más amplias comprando a titulares con posiciones más reducidas.  Con el tiempo,  este proceso concentra la oferta en un grupo más reducido de titulares.  El orden de entrada influye así en quién llega a controlar porciones significativas de la oferta.  

Si la demanda continúa superando la oferta disponible,  los compradores elevan el precio de sus ofertas de compra y los precios aumentan.  Si la demanda disminuye y se reducen las ofertas de compra,  cesa el aumento de los precios.  Cuando titulares con posiciones significativas intentan vender en un mercado en descenso,  presentan órdenes de venta de gran volumen en la plataforma.  Esas órdenes deben coincidir con compradores dispuestos a adquirir al precio vigente.  Si los compradores presentan ofertas a precios más bajos,  los vendedores aceptan esas condiciones para completar la operación.  Cada transacción realizada a un precio inferior establece un nuevo precio de referencia.  A medida que el precio cotizado desciende,  otros titulares de tokens deciden vender para limitar pérdidas adicionales.  Esas ventas posteriores se ejecutan a precios inferiores a los de operaciones anteriores.  Cada venta modifica el precio disponible para los demás participantes.  Quienes salen antes lo hacen bajo condiciones distintas de quienes permanecen.  La secuencia de las decisiones altera las condiciones disponibles para quienes actúan después.  

Cuando las solicitudes de retiro superan el efectivo o los activos líquidos que mantiene la plataforma,  esta restringe retiros o suspende operaciones para frenar la salida de fondos.  Cuando los precios cambian de tendencia y numerosos clientes intentan retirar fondos de manera simultánea,  las plataformas que carecen de activos líquidos suficientes no pueden satisfacer todas las solicitudes al mismo tiempo.  Los participantes deben esperar,  y el acceso efectivo a los fondos depende de la capacidad operativa interna de la plataforma y no únicamente del saldo registrado en cada cuenta.  

Incluso cuando los tokens se distribuyen inicialmente entre múltiples carteras,  la actividad de negociación puede generar acumulación desigual.  Los participantes con mayores reservas de capital pueden comprar durante descensos de precio y conservar sus posiciones a través de la volatilidad.  Los titulares con posiciones más reducidas pueden verse obligados a vender bajo presión financiera.  A lo largo de ciclos sucesivos,  la propiedad puede concentrarse pese a una distribución inicial dispersa.  

En estas condiciones,  el orden de entrada determina la distribución de resultados.  Los primeros participantes asumen la incertidumbre de si la demanda se materializará.  Los participantes posteriores asumen mayores costos de adquisición una vez que la demanda ya ha elevado los precios.  Las ganancias y las pérdidas siguen la secuencia en que los participantes asumen riesgo y aportan capital.  

Los bancos tradicionales y las bolsas reguladas operan bajo normas supervisadas por autoridades públicas.  Los bancos deben mantener reservas de capital para absorber pérdidas y colchones de liquidez para atender retiros.  Las empresas que cotizan en bolsa deben divulgar información financiera para que los inversores evalúen el riesgo.  En muchas jurisdicciones,  el seguro de depósitos protege a los depositantes minoristas hasta límites establecidos.  Cuando las instituciones enfrentan tensiones sistémicas,  los bancos centrales proporcionan liquidez para evitar la desestabilización del sistema finaciero.  

Los mercados de criptomonedas no operan de manera uniforme bajo requisitos comparables.  Algunas plataformas publican información financiera limitada.  Las prácticas de reserva no están estandarizadas entre operadores.  El seguro de depósitos no se aplica a la tenencia de tokens.  Cuando una plataforma se vuelve insolvente o administra inadecuadamente los activos,  los clientes se convierten en acreedores sin garantía y asumen las pérdidas de manera directa.  

Quienes buscan evitar la dependencia de instituciones financieras tradicionales recurren a plataformas que combinan custodia,  ejecución y servicios de apalancamiento.  Cuando tales plataformas suspenden retiros o cesan operaciones,  los usuarios disponen de recursos limitados.  La ubicación de la autoridad cambia,  pero la dependencia de intermediarios permanece.  

El orden de entrada continúa influyendo en quién gana y quién pierde.  En mercados regulados,  los requisitos de capital,  los mecanismos de compensación y el seguro de depósitos absorben parte de las pérdidas antes de que alcancen a los participantes individuales.  En los mercados de criptomonedas,  esos mecanismos de estabilización no se aplican de manera uniforme.  Cuando los precios descienden,  las pérdidas se trasladan directamente desde las operaciones a precios decrecientes a los saldos individuales,  sin una capa intermedia que amortigüe el impacto.  

La tecnología asociada a las criptomonedas continúa desarrollándose.  Las aplicaciones más allá de la especulación se expanden cuando los protocolos se adoptan para procesamiento de pagos,  liquidación u otras funciones no especulativas.  Sin embargo,  mientras los precios dependan de la entrada continua de compradores y mientras la propiedad se concentre a través de ciclos sucesivos,  el orden de entrada determinará la distribución de ganancias y pérdidas.  Cualquier reforma que busque una participación más amplia deberá abordar cómo se asignan los tokens en la emisión inicial,  cómo las plataformas gestionan la custodia y la liquidez,  y qué protecciones se aplican cuando dichas plataformas fallan.  

En estas condiciones,  la criptomoneda no constituye una sustitución de la banca ni de los mercados de valores en un sentido institucional estricto.  Las funciones de custodia,  ejecución y provisión de liquidez persisten,  pero se ejercen bajo condiciones distintas y sin marcos homogéneos de protección.

La estructura aquí descrita no elimina la autoridad del sistema de intercambio.  La reubica.  Los bancos operan bajo requisitos de capital,  reglas de liquidez y supervisión pública continua.  Las plataformas de negociación no operan bajo restricciones comparables.  La ubicación de la autoridad cambia,  pero la autoridad permanece.  

El lenguaje de la descentralización coexiste con la dependencia continua de plataformas centralizadas para la custodia,  la liquidez y la ejecución de reglas.  Los participantes depositan fondos,  aceptan las condiciones contractuales de la plataforma y dependen de sus decisiones operativas incluso cuando describen el sistema como independiente de la autoridad institucional.


« La medida del yo »

March 28, 2026
Ascensión-2
CGI 2005

por Ricardo F. Morín

12 de marzo de 2026

Kissimmee, Florida

*

Los jóvenes crecen escuchando un lenguaje de promesa.  Directores escolares, maestros y oradores de graduación presentan el lenguaje cívico de la libertad, la igualdad de valor y la oportunidad en aulas, en asambleas escolares y en ceremonias de graduación. Los jóvenes entran en la vida esperando que la dignidad les pertenezca no por mérito sino por derecho.

El mundo en el que los adolescentes crecen muestra otra medida de valor.  Las universidades seleccionan solicitantes.  Los empleadores eligen candidatos.  Periódicos, medios televisivos y redes sociales presentan la distinción visible como referencia pública.  En este entorno el valor se vincula menos al hecho de estar vivo que a los resultados obtenidos:    calificaciones, admisión, ingresos, reconocimiento.  El lenguaje público afirma la igual dignidad y la oportunidad, mientras la vida cotidiana premia la distinción alcanzada.

Las consecuencias de esta tensión durante la adolescencia no pueden reducirse a una sola causa.  Sin embargo, las estadísticas sobre el suicidio adolescente ofrecen un punto de observación desde el cual examinar las presiones que afectan a la vida de los jóvenes.  En los Estados Unidos, el suicidio figura entre las principales causas de muerte entre los quince y los diecinueve años.  Cada año miles de adolescentes se quitan la vida.  Cifras semejantes aparecen en otros países cuyas leyes y discurso público afirman la libertad y la dignidad.  Estas cifras no revelan los pensamientos de ningún adolescente en particular, pero muestran que muchos jóvenes llegan a un punto en el que la vida deja de presentarse como una posibilidad abierta.

Cada suicidio tiene su propia historia.  Los padres buscan razones en la presión escolar, la humillación, la soledad o una desesperación que nadie reconoció a tiempo.  Los médicos recetan medicamentos.  Los consejeros ofrecen orientación.  Estos esfuerzos ayudan a algunos adolescentes y no alcanzan a otros.  El aumento continuo de estas muertes dirige la atención hacia el mundo en el que los adolescentes crecen.

Desde la infancia muchos estudiantes aprenden que el reconocimiento sigue al éxito visible.  Maestros y escuelas elogian las calificaciones más altas y celebran a los estudiantes más destacados.  Los jóvenes observan a compañeros recibir premios y cartas de admisión mientras otros no reciben ninguno.  En tales condiciones los adolescentes comienzan a medirse según el éxito de los demás.

El carácter adquisitivo y ostentoso de la vida contemporánea se vuelve visible en pantallas, medios de comunicación y redes sociales.  En ellos predominan el dominio y el estatus social.  Los jóvenes aprenden a presentarse como excepcionales antes de conocerse a sí mismos, y aprenden no solo a observar estas imágenes sino también a reproducirlas.  La cultura circundante celebra el logro mientras deja poco espacio para la vacilación o el fracaso, aunque ambos pertenecen al tránsito hacia la adultez.

El fracaso forma parte del aprendizaje, y el descubrimiento comienza con la incertidumbre.  Esa comprensión proviene de la observación repetida a través de la historia y del propio proceso de descubrimiento.  En ese proceso el error se deja atrás hasta dar con lo que resulta inteligible y comprensible.  Sin embargo, el entorno circundante continúa otorgando un honor visible al éxito.  Los jóvenes encuentran así dos mensajes al mismo tiempo: el estímulo para soportar el fracaso y una exhibición pública que celebra el logro.

En este entorno el trabajo de formar relaciones humanas se vuelve difícil.  Las amistades se rompen.  Las relaciones íntimas comienzan con incertidumbre.  La experiencia sexual rara vez coincide con las imágenes que circulan en público.  Estas dificultades forman parte del aprendizaje de la vida adulta.  Sin embargo, el contraste entre las imágenes públicas de plenitud y la experiencia más lenta de la vida real puede llevar a algunos adolescentes a juzgarse como fracasados.

El juicio sobre el propio valor no permanece externo.  Se convierte en vergüenza.  La vergüenza busca ocultarse.  Un adolescente que carga con esa vergüenza puede seguir apareciendo entre amigos, compañeros y familia mientras interiormente se distancia.  El reconocimiento promete confirmar el valor, pero despierta una necesidad de valía que no puede fundarse en el reconocimiento mismo.  Bajo esa vergüenza se encuentra otra ausencia: la ausencia de amor propio.  Sin alguna medida de estima por la propia existencia, el reconocimiento de los demás se convierte en la única fuente de valor, y el fracaso se transforma en un veredicto sobre el yo.

Las expectativas familiares pueden intensificar esta carga.  Los padres suelen transmitir esperanzas formadas por su propia experiencia.  Pueden creer que el éxito protegerá a sus hijos de las dificultades que ellos mismos encontraron.  Cuando los logros de los jóvenes parecen confirmar los sacrificios o aspiraciones de generaciones anteriores, la presión puede volverse más pesada que un simple deseo de bienestar.

La comunicación rodea a los jóvenes de imágenes y actividad.  Un adolescente puede encontrarse entre muchas señales y aun así enfrentar la angustia en soledad. Los encuentros sociales se convierten en ocasiones de exhibición más que en oportunidades para formar confianza con el tiempo.  El adolescente aparece presente en la vida social mientras lleva consigo una sensación de vacío.  Cuando el lenguaje de la dignidad ya no corresponde con la experiencia de la vida, las palabras públicas mismas comienzan a perder su significado.

La adolescencia no crea esta condición; la adolescencia la revela.  Muchos adultos viven bajo la misma presión de demostrar su valor mediante el éxito y el reconocimiento.  El trabajo, la familia y la rutina permiten que la vida continúe, pero el sentimiento de insuficiencia no siempre desaparece.  Algunos lo llevan durante décadas.  Los adolescentes encuentran la condición antes de que esos apoyos se establezcan.  Algunos la enfrentan antes de poseer la fuerza necesaria para soportarla.

Esta condición no pertenece solo al presente.  Registros de siglos anteriores describen la misma desesperación, la misma vergüenza y el mismo acto de autodestrucción entre los jóvenes.  Las formas que rodean la vida han cambiado a lo largo del tiempo.  La autoridad religiosa imponía antes sus juicios.  El honor familiar y el estatus heredado colocaban otras cargas sobre los jóvenes.  La vulnerabilidad humana ha permanecido constante aun cuando el entorno ha cambiado.

La cuestión no reside por lo tanto en si la desesperación entre los jóvenes es nueva.  La cuestión reside en cómo las condiciones del presente moldean esa vulnerabilidad dentro de una sociedad que habla con frecuencia de dignidad y oportunidad y aun así produce circunstancias en las que algunos jóvenes llegan a creer que la vida no les ofrece lugar.

Una sociedad puede crear condiciones que intensifican la desesperación, la vergüenza y la presión.  Esas condiciones merecen examen y crítica.  Sin embargo, el acto de quitarse la vida no puede atribuirse a otros del mismo modo en que esas condiciones pueden examinarse colectivamente.

Con el tiempo muchas personas llegan a reconocer una distinción difícil:  sentir profundamente el dolor de otra persona no es lo mismo que ser responsable de su elección.  Se puede llevar empatía, duelo e incluso una persistente sensación de vínculo con ese sufrimiento sin haber sido el agente del acto mismo.

Cuando estas muertes se acumulan de este modo, los observadores recurren a un lenguaje especializado en busca de explicación.  Los términos académicos intentan describir el problema mediante categorías y teorías.  Ese lenguaje puede organizar la discusión, pero las palabras mismas no eliminan el hecho de que miles de adolescentes se quitan la vida cada año.  Las cifras permanecen visibles sin la ayuda de vocabulario técnico.


« La lógica de la extracción »

March 18, 2026

Ricardo F. Morín
Serie Triangulación Nº 2
37″ x 60″ x 2″
Óleo sobre lino
2006

Ricardo F. Morín

10 de Marzo de 2026

Oakland Park, Florida

1

Las sociedades modernas describen el progreso mediante un vocabulario de invención y expansión.  Sin embargo, las consecuencias que con frecuencia se observan en la vida económica surgen de arreglos institucionales que preceden a las propias innovaciones.

Las nuevas tecnologías aparecen como descubrimientos; los mercados aparecen como oportunidades; el crecimiento aparece como el resultado natural del ingenio humano.  Este lenguaje crea una imagen del desarrollo que enfatiza la creatividad mientras oculta una estructura más duradera que se encuentra debajo.  Los gobiernos, las autoridades jurídicas y las instituciones comerciales rara vez inician sistemas de crecimiento económico únicamente a partir de la invención.  Comienzan cuando las instituciones convierten condiciones que antes pertenecían a la vida humana compartida en recursos que pueden poseerse, medirse e intercambiarse.

La tierra se convierte en propiedad; el trabajo se convierte en trabajo asalariado; el conocimiento se convierte en datos.  Los ríos que antes suministraban agua libremente a las comunidades cercanas ahora aparecen en los mercados financieros como activos negociables.  Cada transformación amplía el campo de la actividad económica porque reorganiza lo que anteriormente era común.  La narrativa del progreso celebra la innovación que sigue a esta conversión; sin embargo la expansión suele depender primero de la extracción que hizo posible esa innovación.  El desarrollo económico se despliega por lo tanto mediante un acto institucional recurrente:  la conversión de condiciones compartidas en sistemas organizados de propiedad.

2

La primera gran transformación ocurrió cuando la tierra y el trabajo entraron en los sistemas económicos modernos como mercancías.  Las sociedades anteriores cultivaban la tierra y organizaban el trabajo mediante obligaciones locales, derechos consuetudinarios y prácticas comunales.  Las economías modernas introdujeron un arreglo diferente.  Los sistemas jurídicos definieron la tierra como propiedad transferible; esta definición permitió que haciendas, plantaciones y sitios industriales circularan dentro de los mercados.

La producción industrial también requirió un suministro estable de trabajo que pudiera medirse y compensarse en términos monetarios.  Los contratos salariales cumplieron ese requisito.  Los trabajadores intercambiaron horas de esfuerzo por ingresos; los empleadores calcularon la producción mediante unidades previsibles de trabajo.

Esta reorganización institucional creó la base del crecimiento industrial.  Las fábricas y la agricultura comercial no dependían únicamente de la maquinaria; dependían también de sistemas jurídicos y económicos que convirtieron la tierra y el trabajo en insumos capaces de sostener una producción continua.  La Revolución Industrial se expandió por lo tanto no sólo mediante la invención sino también mediante la reorganización sistemática de los recursos humanos y naturales en instrumentos económicos.

3

La expansión industrial pronto exigió recursos que iban más allá de la tierra y el trabajo.  Las fábricas requerían fuentes concentradas de energía capaces de sostener la producción mecánica a gran escala.  El carbón proporcionó la primera solución; el petróleo siguió con una eficiencia aún mayor.

Las industrias extractivas surgieron para suministrar estos combustibles.  Las compañías mineras desarrollaron tecnologías capaces de extraer carbón de capas geológicas profundas; las empresas petroleras perforaron pozos que alcanzaron depósitos bajo tierra y mar.  Ferrocarriles, oleoductos y rutas marítimas conectaron estos sitios de extracción con los centros industriales.

Los gobiernos y las corporaciones aseguraron el acceso a estos recursos mediante acuerdos territoriales, concesiones de perforación y alianzas estratégicas que protegían rutas marítimas e infraestructura energética.  Las potencias industriales negociaron derechos de perforación y controlaron corredores marítimos que transportaban combustible hacia fábricas y ciudades.  Estos arreglos vincularon territorios distantes con las demandas energéticas de las sociedades industriales en expansión.  La energía se convirtió en la sustancia que sostenía las economías industriales; el control de los flujos energéticos se convirtió en una medida de influencia geopolítica.  La expansión económica dependió por lo tanto no sólo de la invención técnica sino también de la capacidad de los Estados para organizar y proteger sistemas de extracción de recursos a través de las fronteras nacionales.

4

A finales del siglo XX apareció una transformación que parecía apartarse de este patrón material.  Las redes digitales crearon entornos en los que la actividad humana podía registrarse, almacenarse y analizarse.  Las empresas que operaban estas redes pronto reconocieron que la información generada por la interacción cotidiana poseía valor económico.

Las búsquedas, las compras en línea, los intercambios sociales, las señales de ubicación y los historiales de navegación formaron registros detallados del comportamiento.  Las plataformas digitales desarrollaron algoritmos capaces de procesar estos registros e identificar patrones dentro de ellos.  Los sistemas publicitarios utilizaron esos patrones para relacionar productos con consumidores probables; las empresas compraron acceso a esas predicciones porque buscaban aumentar las ventas.

Las personas que buscan información, se comunican con amigos o se desplazan por las ciudades rara vez perciben que estas acciones ordinarias generan los flujos de datos que sostienen los mercados digitales.  Estos sistemas parecen impersonales; sin embargo siguen siendo construcciones humanas.  Ingenieros diseñan las plataformas, legisladores autorizan los marcos jurídicos que permiten la recolección de datos, e inversionistas financian la infraestructura que organiza esta información en ganancias.  La autoridad del sistema descansa por lo tanto en decisiones tomadas por actores identificables que participan en su funcionamiento.  El comportamiento humano se convierte en un recurso medible dentro de la economía digital, y la actividad cotidiana entra en sistemas de cálculo que transforman la experiencia ordinaria en insumo económico.

5

La inteligencia artificial extiende este sistema informacional hacia un nuevo dominio.  Los sistemas de aprendizaje automático requieren vastas colecciones de lenguaje, imágenes y actividad registrada.  Los desarrolladores reúnen estos materiales mediante grandes conjuntos de datos que recopilan expresión escrita, material visual y rastros de comportamiento provenientes de numerosas fuentes.

Periódicos, libros, fotografías, investigaciones académicas y conversaciones en línea se convierten en material de entrenamiento para estos sistemas.  Los procesos computacionales analizan estos materiales y ajustan parámetros internos hasta que emergen patrones reconocibles de lenguaje o percepción.  Los modelos resultantes parecen generar conocimiento de manera independiente; sin embargo su estructura depende de las expresiones humanas que formaron el material de entrenamiento.

La actividad intelectual colectiva se convierte por lo tanto en la sustancia a partir de la cual los sistemas de inteligencia artificial derivan sus capacidades.  Las empresas que controlan estos sistemas poseen la arquitectura mediante la cual este conocimiento se transforma en inteligencia computacional.  La creatividad humana permanece como origen; los sistemas propietarios gobiernan el acceso a las capacidades resultantes.

6

La aparente inmaterialidad de este entorno digital oculta una base física sustancial.  La computación requiere hardware capaz de conducir electricidad, almacenar información y realizar cálculos complejos.  Estos dispositivos dependen de minerales extraídos de la tierra.

El cobre conduce la corriente eléctrica a través de circuitos y líneas de transmisión.  El litio y el cobalto estabilizan baterías que alimentan sistemas portátiles.  Los elementos de tierras raras crean imanes que operan dentro de turbinas y componentes electrónicos.  El silicio forma la base de la fabricación de semiconductores.

Las operaciones mineras extraen estos materiales de depósitos geológicos; las instalaciones de refinamiento los separan y procesan en formas utilizables; las plantas de fabricación los ensamblan en procesadores, sistemas de memoria y centros de datos.  La economía digital descansa por lo tanto sobre una cadena de producción material que se extiende desde la extracción mineral hasta la infraestructura computacional.

Los Estados compiten intensamente dentro de este sistema porque el control de las cadenas de suministro mineral influye en la capacidad tecnológica.  Los países ricos en cobre, litio y elementos de tierras raras negocian nuevas asociaciones con potencias industriales que requieren estos materiales.  El desarrollo tecnológico vuelve así a conectar la innovación digital con las realidades geopolíticas de la extracción de recursos.

7

Los sistemas construidos sobre la extracción rara vez se presentan con ese lenguaje.  Los defensores de cada era tecnológica suelen describir el desarrollo como una progresión inevitable que ninguna sociedad puede alterar.  La industrialización llevó esa descripción; la dependencia del petróleo también la llevó; la expansión digital repitió la misma afirmación.  Expresiones como “el futuro digital no puede detenerse” o “la inteligencia artificial transformará todo” presentan los sistemas tecnológicos como resultados inevitables.

Esta descripción cumple una función importante.  Cuando un sistema parece inevitable, la crítica de su estructura pierde urgencia.  La discusión pública se desplaza desde el examen de cómo las instituciones organizan los recursos hacia la adaptación al sistema que esas instituciones ya han creado.

Los ciudadanos repiten estas expresiones en la discusión pública y en la conversación privada; al hacerlo refuerzan la apariencia de que los sistemas tecnológicos operan más allá de la elección humana.  Esta repetición libera a los individuos de la carga de cuestionar las estructuras que gobiernan la vida económica y permite que los sistemas de extracción continúen sin un escrutinio sostenido.  Sin embargo los sistemas tecnológicos no surgen independientemente de decisiones políticas.  Los gobiernos establecen derechos de propiedad, regulan industrias y autorizan estructuras de inversión.  Las empresas diseñan plataformas, infraestructuras y mercados que canalizan recursos hacia sistemas de producción.  La narrativa de la inevitabilidad oculta estos arreglos y alienta a las sociedades a aceptar los sistemas tecnológicos como desarrollos naturales en lugar de instituciones moldeadas por decisiones deliberadas.

8

La secuencia histórica revela un patrón recurrente.  Cada etapa del crecimiento moderno identifica condiciones de la vida que las instituciones pueden reorganizar como recursos económicos.  La tierra, el trabajo, la energía, la información y el conocimiento han entrado en esta secuencia en distintas épocas.

Estos recursos se originan dentro del entorno compartido de la sociedad humana y del mundo natural.  Las comunidades cultivan la tierra; los trabajadores aplican habilidad y esfuerzo; las generaciones contribuyen conocimiento y expresión.  Las instituciones económicas establecen mecanismos que reorganizan estas condiciones compartidas en sistemas de propiedad.  El derecho de propiedad asigna control sobre la tierra; la infraestructura industrial organiza el trabajo y la energía; las plataformas digitales recopilan información conductual; los sistemas computacionales ensamblan el conocimiento humano en modelos propietarios.

La tensión dentro de este proceso se vuelve visible cuando el recurso no puede describirse plausiblemente como de origen privado.  El agua ofrece el ejemplo más claro.  Ningún individuo la produce y toda sociedad depende de ella.  Sin embargo los sistemas financieros y jurídicos tratan cada vez más el acceso al agua como un activo que puede poseerse, negociarse o controlarse mediante estructuras de inversión.  Cuando las instituciones transforman un recurso tan evidentemente común en un vehículo de propiedad, la separación entre origen y control se vuelve inconfundible.

Las instituciones económicas no operan separadas de la autoridad política.  Los Estados establecen los marcos jurídicos que transforman los recursos comunes en sistemas de propiedad y producción.  A través de estos marcos los gobiernos conceden acceso a la tierra, la energía, la información y la infraestructura tecnológica.  Estos arreglos generan riqueza para las empresas y los inversionistas que operan dentro de ellos; también fortalecen la posición estratégica de los Estados que supervisan estos sistemas.

Las comunidades políticas se enfrentan por lo tanto a una responsabilidad difícil.  Deben decidir si los recursos que sostienen la vida colectiva permanecen sujetos a la autoridad pública o se convierten en instrumentos de propiedad concentrada.

Los gobiernos suelen tratar los recursos comunes no sólo como fundamentos de la actividad económica sino también como instrumentos de ventaja geopolítica.  Estados rivales compiten para asegurar el control de estos recursos y de las industrias que dependen de ellos.  Las disputas ideológicas acompañan esta competencia; sin embargo la estructura subyacente permanece similar entre sistemas rivales.  La prosperidad y la influencia surgen de instituciones que convierten recursos comunes en formas concentradas de riqueza y autoridad.

Las sociedades modernas continúan persiguiendo la innovación y la expansión; la historia de su desarrollo muestra que el crecimiento ha dependido repetidamente de esta conversión.  El progreso amplía la producción y el conocimiento; sin embargo con frecuencia separa la propiedad de los recursos comunes que hicieron posible esa expansión.  La pregunta duradera es si las sociedades pueden sostener el avance mientras mantienen la alineación entre los recursos que pertenecen a todos y los sistemas que gobiernan su uso.