Durante décadas escribí a distintos presidentes de los Estados Unidos como ciudadano americano-venezolano preocupado por el progresivo deterioro institucional de Venezuela. La mayoría de aquellas cartas nunca recibió respuesta. En 2014, en medio de las protestas, detenciones y fracturas políticas que comenzaban a transformar irreversiblemente al país, llegó una respuesta de la Casa Blanca firmada por Barack Obama.
Leída hoy, la carta resulta menos significativa por lo que afirma explícitamente que por la naturaleza misma de su lenguaje. El texto reconoce el deterioro de las instituciones democráticas venezolanas, menciona la detención de líderes opositores y reclama diálogo, mediación y contención de la violencia. Sin embargo, como ocurre frecuentemente en el lenguaje diplomático, la precisión disminuye a medida que aumenta la proximidad a las consecuencias que tales afirmaciones podrían exigir. Vista retrospectivamente, aquella cautela también revelaba la dificultad de una administración norteamericana para reconocer abiertamente hasta qué punto Venezuela había dejado de ser únicamente una crisis interna y comenzaba a formar parte de una disputa más amplia por la influencia hemisférica.
La carta parecía reflejar una contradicción más amplia de la política exterior norteamericana: la dificultad de sostener un lenguaje democrático mientras crecían dependencias económicas, compromisos energéticos y rivalidades geopolíticas que limitaban la disposición de Estados Unidos a confrontar directamente la expansión de influencias extranjeras sobre América Latina. Lo que durante años permaneció formulado bajo el lenguaje de la mediación, el diálogo y la estabilidad regional terminaría revelando una tensión más profunda entre los principios declarados de la política exterior estadounidense y la progresiva reconfiguración estratégica del hemisferio.
Traducción de la carta de Barack Obama:
Estimado Sr. Morin:
Gracias por escribir. Mi administración continúa profundamente preocupada por los eventos en curso en Venezuela, y agradezco saber de usted.
Las instituciones democráticas de Venezuela están fallando en proteger a las personas con puntos de vista alternativos al permitir la detención de líderes de la oposición y la expulsión de un funcionario opositor de un cargo electo. El enfoque del gobierno venezolano debe ser involucrar al pueblo venezolano en un diálogo real y abordar sus quejas legítimas. He pedido la liberación de los manifestantes detenidos, un paso necesario hacia la paz y el progreso.
Si bien seguimos explorando todas las opciones para enfrentar la situación en Venezuela, nuestro enfoque inmediato es apoyar cualquier esfuerzo de mediación que genere un diálogo honesto entre el gobierno venezolano y la oposición. Todas las partes tienen la obligación de trabajar juntas para contener la violencia y restaurar la calma. Con nuestros socios internacionales, Estados Unidos continúa analizando qué más podemos hacer para respaldar ese esfuerzo.
Estados Unidos tiene fuertes lazos históricos y culturales con el pueblo venezolano, y seguimos comprometidos con nuestra relación con ellos. Sus libertades fundamentales y sus derechos humanos universales deben ser protegidos y respetados.
Nuevamente, gracias por compartir sus pensamientos.
Sinceramente,
(Firma ilegible de)
Barack Obama
Esta misiva de la Casa Blanca fue enviada el 7 de mayo de 2014 a través de mi dirección de correo electrónico personal.
Mi respuesta en la misma fecha:
Honorable Presidente Barack Obama:
Gracias por su amable y generosa respuesta.
Lo que permanece implícito en su respuesta es que Estados Unidos mantiene compromisos económicos y estratégicos que limitan cualquier confrontación directa con el gobierno venezolano. Una intervención destinada a remover un poder considerado ilegítimo podría alterar acuerdos, contratos y equilibrios internacionales cuya estabilidad forma parte de una economía norteamericana ya sometida a tensiones considerables.
Una dependencia estructural del petróleo parecía encontrarse en el centro de ese dilema y de sus consecuencias no deseadas. Sin embargo, un país sumido en un proceso creciente de descomposición institucional y económica podía eventualmente dejar de satisfacer tanto las demandas internacionales como las necesidades de su propia población.
En última instancia, la estabilidad regional y la propia seguridad estratégica de los Estados Unidos podían depender no sólo de llamados al diálogo, sino también de una comprensión más clara de las fuerzas externas y dependencias políticas que estaban contribuyendo al deterioro progresivo de Venezuela.
Durante aquellos primeros años hasta 1976, Buffalo acumuló nevadas más intensas de lo habitual, con tormentas de nieve que superaban las de inviernos anteriores. En algunos vecindarios la nieve sobrepasaba los techos de las casas. El viento atravesaba las calles con una intensidad desconocida para alguien que había crecido en Valencia, Venezuela. En los estudios de arte de Bethune Hall, en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, las telas permanecían apoyadas unas contra otras mientras los estudiantes trabajaban durante horas en silencio o bajo conversaciones dispersas. El olor a aceite, trementina y madera húmeda impregnaba continuamente los interiores.
Había llegado a los Estados Unidos en 1972, a los diecisiete años de edad. El desplazamiento no consistía únicamente en abandonar un país. También alteraba la percepción cotidiana de las cosas más simples: el distintivo aroma de la ciudad, la luz de invierno entrando por las ventanas, la relación entre el cuerpo y el clima, el sonido constante de un idioma todavía parcialmente ajeno.
Antes de Buffalo había existido Valencia. La Escuela de Bellas Artes Arturo Michelena. Las primeras horas de dibujo durante la infancia. Más tarde, durante la adolescencia, los veranos estudiando pintura en el taller privado del pintor húngaro Lazlo Lenyel. Sin embargo, incluso entonces la pintura parecía menos una profesión futura que una forma de atención. Preparar la superficie de una tela producía una experiencia difícil de explicar fuera del propio acto de pintar.
Durante aquellos años las telas comenzaron a acumularse rápidamente. Algunas eran destruidas. Otras permanecían apoyadas contra las paredes durante meses antes de recibir otra capa de pintura. El espacio del estudio cambiaba continuamente de organización. Pintar no seguía todavía una teoría precisa. Había más bien una insistencia física: regresar cada día a observar relaciones de color, tensión espacial, superficie y ritmo.
En 1976 regresó brevemente a Venezuela. Estudió entonces de manera privada con el artista malagueño José Luis Montero antes de retornar nuevamente a Buffalo bajo la tutela de Herta Kane y James Jipson. Poco a poco comenzaron las primeras exposiciones. En mayo de ese mismo año realizó “Obras de Ricardo Morin” en la Galería de Villa Maria College.
Las conversaciones sobre el arte durante aquellos años giraban frecuentemente alrededor de movimientos, legitimidad histórica, abstracción, expresionismo o teoría formal. Sin embargo, muchas de las horas más intensas ocurrían lejos de cualquier discurso. Permanecer solo en el estudio, observando lentamente cómo ciertas superficies retenían o rechazaban la luz, parecía contener una experiencia más concreta que gran parte de las explicaciones construidas posteriormente alrededor del trabajo.
En 1977 el Ministerio de Educación de Venezuela le otorgó una beca completa para culminar un B.F.A. en SUNY Buffalo. La exposición de tesis, Buffalo Series 1979, fue posteriormente curada por Seymour Drumlevitch en la Galería Alamo de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo. [1] Poco después, Buffalo Series Nº 1, 1980, recibió el premio Birge Wall Covering y el Reed Foundation Award en el 38th Western New York Show de la Albright Knox Art Gallery. [2]
Los reconocimientos institucionales modificaban la percepción de continuidad. Durante ciertos períodos parecía posible imaginar una trayectoria profesional relativamente estable. Las exposiciones, las becas y los premios producían una estructura reconocible dentro del mundo artístico. Sin embargo, esa estabilidad coexistía con otra sensación más difícil de nombrar: la impresión persistente de que el trabajo real ocurría en otro lugar, lejos de las formas mediante las cuales era interpretado públicamente.
En 1979 asistió en Salzburgo a los seminarios de escenografía impartidos por Gunther Schneider-Siemsen en la Internationale Sommerakademie für Bildende Kunst Salzburg. Allí recibió el premio Förderungspreis Leistung der Stadt Salzburg. Poco después Seymour Drumlevitch le recomendó postular al programa de M.F.A. de la Escuela de Drama de Yale.
En Yale los talleres teatrales funcionaban bajo otra escala de producción. Construcciones, iluminación, arquitectura escénica, maquetas y equipos técnicos ocupaban espacios enormes dentro de edificios industriales adaptados para la escena. El trabajo físico era continuo. La escenografía ofrecía también una posibilidad concreta de supervivencia económica dentro de Nueva York.
Durante los primeros años posteriores a Yale trabajó como escenógrafo en el circuito Off-Off-Broadway, colaborando con Irene Fornés y Max Ferrá en INTAR. [3] Paralelamente trabajaba como asistente principal de diseñadores establecidos en Broadway. Los talleres, las construcciones y los ensayos ocupaban gran parte de los días y las noches.
A finales de los años ochenta obtuvo un loft en Tribeca dedicado exclusivamente a la pintura. Las telas de gran formato permanecían apoyadas contra paredes altas mientras la pintura comenzaba nuevamente a ocupar el centro de la vida cotidiana. El estudio estaba lleno de materiales acumulados: bastidores, pigmentos, herramientas, fragmentos de telas y dibujos fijados contra las paredes.
En ciertos momentos parecía posible sostener simultáneamente ambas vidas: el teatro y la pintura. Nueva York todavía conservaba zonas industriales donde algunos artistas podían trabajar dentro de espacios relativamente amplios. Sin embargo, incluso durante aquellos años de mayor actividad profesional, persistía una tensión difícil de resolver entre la continuidad pública de una carrera y la experiencia más silenciosa del trabajo mismo.
En 1993 apareció la interrupción. Debido al SIDA tuvo que abandonar el loft, suspender la actividad profesional y regresar a Venezuela buscando refugio junto a su familia. El diagnóstico alteró rápidamente la estructura completa de la vida cotidiana. Muchas de las continuidades anteriores desaparecieron en pocos meses: trabajo, estabilidad económica, taller, ciudad, ritmo profesional.
Entre 1993 y 1996 la salud se deterioró considerablemente. Pasaba largos períodos dentro de la casa familiar con poca energía física y frecuentes interrupciones médicas. Fue entonces cuando comenzó la serie Aposentos. El segundo cuadro de la serie, Aposento Nº 2, fue seleccionado para el XIV Salón Municipal de Pintura: Homenaje a Carlos Cruz-Diez, celebrado en 1994 en la Galería Municipal de Arte de Maracay. [4]
Pintaba lentamente. Algunas telas permanecían semanas enteras contra las paredes antes de recibir otra intervención. El cuerpo se fatigaba rápidamente. La luz cambiaba dentro de la habitación mientras los cuadros permanecían inmóviles durante horas o días enteros. En ocasiones el trabajo avanzaba apenas unos centímetros.
La pintura comenzó entonces a adquirir otro ritmo. Ya no parecía responder únicamente a la continuidad de una carrera o a la posibilidad de exposición. Algunas obras surgían más como acompañamiento que como afirmación.
Durante esos mismos años trabajó voluntariamente en la Fundación Metaguardia, creada en Valencia como centro de información y apoyo para personas con enfermedades terminales, muchas de ellas viviendo también en condiciones de indigencia. La fundación integraba apoyo emocional, actividades vinculadas a las artes y servicios médicos pro bono.
Las conversaciones silenciosas, las largas esperas, los cuerpos debilitados y la vulnerabilidad compartida alteraban lentamente la percepción de muchas categorías previas. La enfermedad parecía volver secundarias muchas diferencias que anteriormente organizaban gran parte de la atención cotidiana.
En 1996 regresó finalmente a Nueva York para acceder al nuevo tratamiento antirretroviral. La inmunidad era prácticamente inexistente. Poco después buscó ayuda del Departamento de Recursos Humanos debido a la condición de desamparo. Pasó primero por el hotel de transición Paradise, en el Bronx, y posteriormente por el programa Common Ground del Hotel Times Square.
Paradise era un lugar profundamente inestable. Los pasillos estrechos, las habitaciones húmedas y detrioradas y la precariedad constante alteraban la percepción del tiempo. Algunas personas desaparecían de pronto. Otras permanecían encerradas durante días enteros. El ruido de puertas, televisores y discusiones atravesaba continuamente las paredes del edificio.
Aun así continuó pintando. Algunas telas pequeñas descansaban contra las paredes o sobre muebles improvisados cerca de la ventana. La continuidad del trabajo ya no dependía de condiciones ideales. Dependía únicamente de seguir trabajando dentro de cualquier circunstancia disponible.
Durante aquellos años apareció también una sensación inesperada de vacío. No necesariamente como pérdida absoluta, sino como disminución gradual del ruido interior con el que antes intentaba sostener ambición, identidad o permanencia. Dentro de ese vacío ciertas formas de atención comenzaron lentamente a adquirir mayor intensidad: la respiración, la luz sobre las superficies, el ritmo del cuerpo al caminar por la ciudad, el ruido de ciertas habitaciones, la presencia momentánea de caras familiares.
En septiembre de 1998 recibió apoyo de la organización Visual AIDS de Nueva York, que organizó una exposición conjunta basada en retratos en acuarela y óleo junto con Nicolo Cataldi en la Iglesia de San Marcos. Más tarde participaron otras exposiciones colectivas y plataformas alternativas. Algunas de las pinturas de principios de los años noventa fueron descritas posteriormente por el artista Jo-ey Tang como “cartas de amor a la ciudad de Nueva York”.
En el año 2000 recibió una beca de rehabilitación VESID que incluía formación especializada en herramientas digitales y equipo informático. La computadora comenzó entonces a incorporarse lentamente al trabajo visual. Entre 2000 y 2003 utilizó medios digitales combinados con acuarela y dibujo manual para reinterpretar miniaturas persas del siglo XV mediante procesos geométricos de reconstrucción. [5]
Más tarde, entre 2005 y 2012, impartió en Pratt Institute un curso titulado Pictorial Perspective. Mientras tanto desarrollaba la Serie Triangulación, trabajando con geometrías suspendidas, espacios reducidos y formatos colgantes. [6]
Después de completar quimioterapia en 2008 para un linfoma Non-Hodgkin asociado al SIDA, comenzaron trastornos musculares sistémicos que impedían incluso estirar grandes lienzos. Las telas colgantes aparecieron entonces también como consecuencia directa de las limitaciones físicas. El cuerpo comenzó lentamente a imponer otra relación con el espacio, el tiempo y el trabajo.
Las telas permanecían suspendidas durante semanas mientras la luz variaba sobre las superficies. Los movimientos físicos eran más lentos. La reducción material modificaba también la percepción. El silencio dejaba de sentirse como ausencia y comenzaba a funcionar como otra forma de atención.
Entre 2009 y 2010 inició la serie Metaphors of Silence. [7] Muchas de las obras surgían lentamente dentro de períodos prolongados de quietud física. La necesidad de explicar intelectualmente la experiencia estética comenzó gradualmente a perder intensidad frente a la experiencia misma de observar.
Durante esos mismos años colaboró con el Dr. Andrew Irving en un proyecto experimental sobre arte, antropología y experiencia humana relacionado con New York Stories. Parte de aquellos diálogos fueron incorporados posteriormente en The Art of Life and Death: Radical Aesthetics and Ethnographic Practice. [8]
Con el paso de los años ciertas tensiones comenzaron lentamente a perder nitidez. La enfermedad seguía presente, aunque ya no organizaba cada momento del día del mismo modo. Algunas formas de ambición o de ansiedad relacionadas con continuidad profesional, reconocimiento o permanencia parecían disminuir gradualmente sin desaparecer del todo.
La pintura continuó ocupando un lugar central, aunque ya no necesariamente como afirmación exclusiva de identidad. Permanecían también otras cosas: las conversaciones, las caminatas, la lectura, los ejercicios físicos, la respiración encontrando ritmo nuevamente, la disminución momentánea de ciertos dolores, la luz cambiando sobre las superficies de la ciudad, encuentros breves durante el día.
Algunas tardes continuaba caminando lentamente mientras la respiración encontraba ritmo y la luz descendía sobre los edificios. El envejecimiento, la fragilidad y la proximidad de la muerte no desaparecían. Tampoco permanecían completamente separados del movimiento mismo de existir.
Las reflexiones de los capítulos anteriores conducen finalmente a una indagación más histórica, en la que el siguiente archivo, « Crónicas de Hugo Chávez », se convierte en otra lente desde la cual me acerco a la experiencia venezolana.
*
Ricardo F. Morin
25 de Diciembre de 2025
Oakland Park, Fl.
*
Capítulo VI
Crónicas de Hugo Chávez
~
1
Hugo Chávez, quien encabezó la Revolución Bolivariana, nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta, Venezuela. Murió el 5 de marzo de 2013, a las 4:25 p. m. VET (8:55 p. m. UTC) en Caracas, a los 58 años. Como líder de la revolución, Chávez dejó una huella discernible en la historia política de Venezuela. Reconstruir esta historia es volver sobre un paisaje cuyas consecuencias siguen moldeando la vida venezolana.
En el núcleo del chavismo se encuentra una fusión deliberada de nacionalismo, poder centralizado y participación militar en la política. Esta fusión dio forma a su visión de una nueva Venezuela: ferozmente independiente y orgullosamente socialista.
Hugo Chávez (11 años), sexto grado, 1965 (Foto: Reuters).
2
La infancia de Hugo Chávez transcurrió en un pequeño pueblo de los Llanos, en el estado Barinas, al noroeste del país. Esta región posee una historia de cacicazgos indígenas (es decir, “jefaturas”, “dominios” o “formas de gobierno”) que se remonta a tiempos precolombinos. [1] Chávez fue el segundo de seis hermanos y sus padres tuvieron dificultades para mantener a la familia numerosa. Como consecuencia, él y su hermano mayor, Adán, fueron enviados a vivir con su abuela paterna, Rosa Inés, en la ciudad de Barinas. Tras la muerte de ella, Chávez honró su memoria con un poema que concluye con una estrofa que revela la profundidad de ese vínculo:
Entonces, / abrirías tus brazos / y me abrazarías / cual tiempo de infante / y me arrullarías / con tu tierno canto / y me llevarías / por otros lugares / a lanzar un grito / que nunca se apague. [2]
3
En su segundo año de bachillerato, Chávez conoció a dos maestros influyentes, José Esteban Ruiz Guevara y Douglas Ignacio Bravo Mora, quienes le ofrecieron orientación más allá del currículo regular. [3][4] Lo introdujeron al marxismo-leninismo como marco teórico y despertaron su fascinación por la Revolución Cubana y sus principios, un punto de inflexión más visible en retrospectiva de lo que pudo serlo en aquel momento.
4
A los 17 años, Chávez ingresó en la Academia Militar de Venezuela, en Fuerte Tiuna (Caracas), con la esperanza de compaginar la formación castrense con su pasión por el béisbol. Soñaba con convertirse en un pitcher zurdo, pero sus habilidades no estuvieron a la altura de esa ambición. A pesar de su inicial falta de interés por la vida militar, persistió en su entrenamiento y se graduó de la academia en 1975, ubicado cerca del final de su promoción.
5
La carrera militar de Chávez comenzó como subteniente, con la tarea de capturar guerrilleros de izquierda. Mientras los perseguía, empezó a identificarse con su causa y llegó a creer que luchaban por una vida mejor. Para 1977, estaba dispuesto a abandonar su carrera militar y unirse a la guerrilla. En busca de orientación, recurrió a su hermano Adán, quien lo convenció de permanecer en las fuerzas armadas insistiendo: « Te necesitamos allí ». [5] Chávez experimentó entonces un renovado sentido de propósito y entendió su misión como un llamado. En 1982, junto con sus compañeros militares más cercanos, formó el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200): su objetivo era difundir su interpretación del marxismo dentro de las fuerzas armadas y, en última instancia, preparar un golpe de Estado. [6]
6
El 4 de febrero de 1992, el teniente Chávez y sus aliados militares iniciaron una revuelta contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez. Sin embargo, la rebelión fue rápidamente sofocada. Rodeado y superado en número, Chávez se rindió en el Cuartel de la Montaña —actual museo de historia militar en Caracas, cercano al palacio presidencial— bajo la condición de que se le permitiera dirigirse a sus compañeros por televisión. Los instó a deponer las armas y evitar más derramamiento de sangre. Proclamó: « Compañeros, lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados… ». [7] La transmisión marcó el inicio de su proyección política. Sus palabras resonaron en todo el país y sembraron las bases de su futuro político.
Chávez anuncia su arresto en cadena nacional e insta a los insurgentes a rendirse.
7
En 1994, el recién electo presidente Rafael Caldera Rodríguez lo indultó. [8] Con esta segunda oportunidad, Chávez fundó el Movimiento V República (MVR) en 1997 y agrupó a socialistas afines en torno a su causa. [9] Mediante una campaña centrada en apelaciones populistas, obtuvo una victoria electoral a los 44 años.
8
En su primer año como presidente, Chávez disfrutó de una aprobación del 80%. Sus políticas buscaban erradicar la corrupción, ampliar los programas sociales para los pobres y redistribuir la riqueza nacional. Jorge Olavarría de Tezanos Pinto, inicialmente un simpatizante, se convirtió hacia el final de las elecciones en una de las voces opositoras más destacadas. Acusó a Chávez de socavar la democracia venezolana mediante el nombramiento de oficiales militares en cargos gubernamentales. [10] Al mismo tiempo, Chávez elaboraba un nuevo texto constitucional que le permitiría colocar militares en poderes públicos.
La nueva Constitución, ratificada el 15 de diciembre de 1999, abrió paso a las « megaelecciones » del año 2000, en las cuales Chávez aseguró un mandato de seis años. Aunque su partido no obtuvo control absoluto de la Asamblea Nacional, gobernó mediante Leyes Habilitantes, que permitían legislar por decreto. [11][12]
Mientras Chávez impulsaba reformas para reorganizar las instituciones del Estado, no se cumplieron los requisitos constitucionales. La designación de los magistrados de la nueva Corte Suprema de Justicia (CSJ) se llevó a cabo sin rigor, lo que generó inquietudes sobre su legitimidad y competencia. Cecilia Sosa Gómez, la presidenta saliente de la CSJ, declaró que el Estado de derecho había sido « sepultado » y que la Corte se había « autodisuelto ». [13][14]
9
Aunque algunos venezolanos vieron en Chávez una alternativa fresca al inestable sistema democrático, dominado por tres partidos desde 1958, otros sectores expresaron preocupación a medida que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) consolidaba el poder y se convertía en el único partido gobernante. [15] Los poderes Legislativo y Ejecutivo se centralizaron cada vez más, y las garantías judiciales de los derechos ciudadanos se debilitaron.
Los estrechos vínculos de Chávez con Fidel Castro y su deseo de modelar a Venezuela según el sistema cubano —bautizado popularmente como «VeneCuba»— encendieron nuevas alarmas. [16]Además, silenció emisoras de radio independientes y antagonizó a Estados Unidos y otras naciones occidentales, mientras fortalecía sus relaciones con Irak, Irán y Libia.
A comienzos de 2002, su aprobación había caído al 30%, y las marchas anti-Chávez se hicieron frecuentes.
10
El 11 de abril de 2002, una manifestación masiva de más de un millón de personas marchó hacia el palacio presidencial exigiendo la renuncia del presidente Chávez. La protesta se volvió violenta cuando agentes de la Guardia Nacional y paramilitares encapuchados abrieron fuego contra la multitud. [17]
El trágico suceso —la Masacre de Puente Llaguno— provocó una rebelión militar que llevó al arresto de Chávez y a la conformación de un gobierno de transición encabezado por Pedro Francisco Carmona Estanga. [18]
Sin embargo, la gestión de Carmona fue efímera: suspendió la Constitución, disolvió la Asamblea Nacional y la Corte Suprema, y destituyó a diversos funcionarios. En un plazo de cuarenta y ocho horas, las Fuerzas Armadas retiraron su respaldo a Carmona.
El vicepresidente, Diosdado Cabello Rondón, fue reintegrado como presidente y restituyó a Chávez en el poder. [19]
11
El fallido golpe de Estado fortaleció a Chávez, quien purgó su círculo interno e intensificó su confrontación con la oposición. En diciembre de 2002, la oposición organizó un paro nacional destinado a forzar su renuncia. El paro afectó a la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), que generaba aproximadamente el 80% de los ingresos por exportaciones del país. [20]
Chávez respondió despidiendo a sus 38.000 empleados y reemplazándolos con leales a su causa. Para febrero de 2003, el paro se había desvanecido y Chávez recuperó el control total de los ingresos petroleros.
12
Entre 2003 y 2004, la oposición impulsó un referendo para revocar el mandato de Chávez, pero el aumento de los ingresos petroleros —que financiaban programas sociales populares— reforzó su apoyo. [21]
A finales de 2004, su popularidad había repuntado y el referendo fue derrotado contundentemente. En diciembre de 2005, la oposición boicoteó las elecciones legislativas y protestó contra el Consejo Nacional Electoral (CNE). [22]
Para entonces, el control legislativo recaía casi por completo en la coalición de Chávez. [23] Lo que siguió no representó una desviación de esta trayectoria, sino su prolongación mediante políticas formales.
13
En diciembre de 2006, Chávez consiguió un tercer mandato presidencial, una victoria que amplió el alcance de la iniciativa ejecutiva. Nacionalizó industrias clave —oro, electricidad, telecomunicaciones, gas, acero, minería, agricultura y banca— junto con numerosos sectores menores. [24][25][26][27][28][29]
Presentó un paquete de reformas constitucionales destinadas a ampliar los poderes del Ejecutivo y su control sobre el Banco Central de Venezuela (BCV). En una medida controvertida, modificó unilateralmente los derechos de propiedad y permitió que el Estado confiscara bienes privados sin supervisión judicial. Incluso propuso convertirse en presidente vitalicio.
Sin embargo, en diciembre de 2007, la Asamblea Nacional rechazó por escaso margen sus amplias reformas.
14
En febrero de 2009, Chávez volvió a presentar sus propuestas controvertidas, esta vez con éxito. Inspirándose en la asesoría cubana, intensificó la represión del disenso. [30]
Ordenó la detención de opositores electos y cerró todas las estaciones privadas de televisión.
15
En junio de 2011, Chávez anunció que se sometería a una cirugía en Cuba para extirpar un tumor. La noticia generó confusión y preocupación en el país. [31] A medida que su salud se deterioraba, los votantes comenzaron a cuestionar su capacidad para gobernar.
Aun así, en 2012, desafiando su frágil estado, Chávez hizo campaña contra Henrique Capriles y obtuvo una victoria presidencial sorpresiva. [32]
16
Chávez durante la campaña electoral, febrero de 2012.
En diciembre de 2012, Chávez se sometió a su cuarta operación en Cuba. Antes de partir de Venezuela, anunció su plan de transición y designó al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor, acompañado de una poderosa troika encabezada por Diosdado Cabello (jefe militar) y Rafael Darío Ramírez Carreño (administrador de PDVSA). [33][34][35]
Tras la cirugía, Chávez fue trasladado el 11 de diciembre al Hospital Militar Universitario Dr. Carlos Arvelo —adscrito a la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela (UMBV)— en Caracas, donde permaneció incomunicado, alimentando aún más las especulaciones.
Algunos funcionarios desestimaron los rumores de asesinato, mientras que otros, incluida la exfiscal general Luisa Ortega Díaz, afirmaron que Chávez había muerto el 28 de diciembre. [36]
El gabinete de Maduro negó vehementemente tales acusaciones e insistió en que no se había cometido ningún crimen. En medio de la incertidumbre, Maduro solicitó a la Asamblea Nacional posponer indefinidamente la juramentación presidencial, lo que agravó la crisis política.
17
La Asamblea Nacional accedió a la solicitud de Maduro y votó a favor del aplazamiento de la juramentación.
Chávez falleció el 5 de marzo. Su cuerpo fue embalsamado en tres etapas distintas sin que se realizara una autopsia, lo que alimentó nuevas sospechas y teorías conspirativas.
Treinta días después, Maduro asumió la presidencia en un contexto de persistente incertidumbre política. [37]
Notas Finales—Capítulo VI
§ 2
[1] Charles S. Spencer y Elsa M. Redmond, Prehispanic Causeways and Regional Politics in the Llanos of Barinas, Venezuela (Cambridge: Cambridge University Press, 2017). Resumen: «… relacionados con la dinámica política de la organización cacical durante la fase Gaván Tardía». Publicado en Latin American Antiquity, vol. 9, n.º 2 (junio de 1998): 95-110. https://doi.org/10.2307/971989
[4] L’Atelier des Archive, « Interview du révolutionnaire: Douglas Bravo au Venezuela [circa 1960] » (transcripción: «… conceptos injuriosos en contra de la revolución cubana…» [min. 1:11-14]), YouTube, 14 de octubre de 2016. https://www.youtube.com/watch?v=1cx2D5VM8VM
§ 5
[5] “Hugo Chavez Interview,” YouTube. Extracto de transcripción y marca de tiempo no disponibles. Cita original en español « … si no, quizá me voy del Ejército, no, no puedes irte, me dijo Adán, no, te necesitamos allí, ¿pero quién me necesita? ». Consultado el 12 de octubre de 2023.
[9] Gustavo Coronel, « Corruption, Mismanagement, and Abuse of Power in Hugo Chávez’s Venezuela », Center for Global Liberty & Prosperity: Development Policy Analysis, n.º 2 (CATO Institute, 27 de noviembre de 2006). https://www.issuelab.org/resources/2539/2539.pdf
[11] Mario J. García-Serra, «The ‘Enabling Law’: The Demise of the Separation of Powers in Hugo Chavez’s Venezuela», University of Miami Inter-American Law Review, vol. 32, n.º 2 (primavera-verano 2001): 265-293. https://www.jstor.org/stable/40176554
[26] James Suggett, « Venezuela Nationalizes Gas Plant and Steel Companies, Pledges Worker Control », Venezuelanalysis, 23 de mayo de 2009. https://venezuelanalysis.com/news/4464/
[37] « Cuerpo de Chávez fue tratado tres veces para ser conservado: … intervenido con inyecciones de formol para que pudiera ser velado », El Nacional de Venezuela – Gda, 27 de enero de 2024, 05:50; actualizado el 22 de marzo de 2013, 20:51. https://www.eltiempo.com/amp/archivo/documento/CMS-12708339
Ricardo Morin Sonata Series Each 30″x 22″= 60″h x 66″ overall Watercolor on paper 2003
Por Ricardo Morin
3 de Agosto de 2025
El repique de Whittington, aunque enraizado en el contexto histórico y eclesiástico de St. Mary-le-Bow en Londres, habla un idioma mucho más amplio que sus orígenes. Cada quince minutos, su melodía marca el paso del tiempo—no con dominio ni insistencia, sino con una secuencia de tonos que parecen inclinarse hacia la atención, no hacia el control. No llama; invita. Su fraseo en cuatro partes se despliega a lo largo del día, dividiéndolo suavemente en intervalos de conciencia.
La hora no exige ser oída.
Se inclina, se rinde, respira.
En cuatro frases, el tiempo entra en su propia sombra—
No para mandar, sino para dejarse recibir.
La primera frase es escasa y anticipatoria. No anuncia nada—pero abre espacio para que algo comience. La segunda, algo más firme, sugiere que la forma de lo que vendrá ya se insinúa en lo que ha sido. La tercera se colma, como si reconociera que algo no dicho ha tomado forma. Y la cuarta no repite ni concluye—libera. Un cierre suave, un final sin imposición. No hace falta más.
Cuatro frases como huellas.
No hacia adelante, sino hacia dentro.
La última no completa a la primera—
Simplemente continúa sin exigencia.
El tiempo no se proclama ni se convoca—se acoge en silencio. La melodía cumple una función de orientación sutil. No reclama, no impone doctrina, no excluye a nadie. Requiere atención, no creencia. Atraviesa el espacio y entra en quien la permite, y al hacerlo, revela que el tiempo no es una línea a seguir, sino un recipiente por llenar.
No hay mensaje, solo ritmo.
No hay doctrina, solo forma.
No es un sendero que se recorre,
Sino una figura que se habita.
Esta entrega—esta disposición sutil a escuchar—no es debilidad, ni pasividad. Es una forma de disponibilidad interior, una actitud de fe en aquello que no se impone. Al oír la campanada a lo lejos—por una ventana abierta, al cruzar una calle vacía, o en medio de una noche en vela—se vuelve evidente que la fidelidad no es rigidez. Es una manera de anclaje, un pulso que recuerda algo más que la medida: la posibilidad de que el ritmo mismo sea una forma de memoria.
Hay cosas que perduran no porque nos retienen—
Sino porque regresan.
Cada llegada es una súplica suave:
¿Estás escuchando ahora?
Para que el tiempo transforme, el recipiente debe permanecer abierto. Y la apertura no es vacío en sentido negativo, sino la plenitud de una receptividad que escucha antes de responder. Aquí hay patrones, pero no atan. Se despliegan. Cada frase en el repique permite que lo anterior resuene—levemente, sin repetirse—y luego sigue sin imitar. No busca novedad ni se aferra a lo pasado.
Simplemente llega.
Un eco no exige respuesta.
Espera hasta que la forma del silencio
Comience a devolvérselo en canto.
Así, la melodía se vuelve una ofrenda. Y si hay significado en sus intervalos, no se impone desde fuera. Se revela en el acto de escuchar. Cada persona que la oye forma parte de su estructura, no por añadirle algo, sino por recibirla. Y al recibirla, también se transforma.
Algunas preguntas no buscan respuesta.
Buscan un lugar donde descansar.
Llevan sus respuestas plegadas en sí mismas—
Solo esperan ser oídas.
Solemos pensar en la llegada como el final de algo—como la culminación de una búsqueda. Pero quizá no sea el último paso lo que más importa. Quizá lo esencial sea el despliegue silencioso que nos prepara para ese encuentro. El repique no entrega nada. Acompaña. Afirma que el movimiento puede ser suave, que el orden puede servir a la gracia, y que el sentido no se alcanza, sino que se despierta.
En las últimas dos décadas, he centrado mis intereses pictóricos en la representación de poliedros regulares, su historia desde el período clásico y sus diferentes motivaciones. Platón creía que los poliedros regulares representaban los cinco elementos del universo y que ellos formaban una parte sagrada de la geometría. Para los geómetras modernos en particular, el universo encaja en la forma de un dodecaedro, algo así como una pelota de fútbol.
«Interacciones platónicas» comenzó con la belleza que encontré en las formas de Platón. Para mí, la proporcionalidad de la media áurea es de suma importancia. Sus geometrías se destacan como una armonía visual unificada y congruente. Similares a las mándalas para la meditación, evocan el universo en general. En mi visión anido unas dentro de otras en un bosque abiertamente enrejado entre tonos y formas, complementarias y análogas. Aunque los poliedros regulares sean simétricos, su rotación permite una multiplicidad de ángulos visuales, cada uno lleno de fuerza vital. «Interacciones platónicas» es un arreglo de imágenes que generan vida. Las compongo alrededor de la melodía del Preludio de Johann Sebastian Bach – Cello Suite 3 – interpretado por Jon Sayles.
Ya en 2005 había iniciado una serie de óleos y dibujos titulada «Infinito», la cual partía de las premisas antes mencionadas. En ese contexto, el perímetro de una pintura abstracta cumple la misma función que la media áurea para la proporcionalidad. La superposición del ángulo recto del triángulo refuerza la media áureade la pintura. La infinitud se implica a través de la propia superficie del cuadro y sus formas abstractas.
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A partir de 2018 abandoné el médium del óleo para dedicarme a las pinturas digitales. Las pinturas digitales, impresas y manipuladas sobre lienzo, cuentan hoy con sesenta y cuatro imágenes. «Interacciones platónicas» utiliza cincuenta de éstas, ordenadas secuencialmente. Además, las organizo en dos mosaicos, uno de 5 x 5 cuadrados y el otro de 7 x 7 cuadrados (tal como se ve en la imagen 2 arriba).