« Orientación y método »


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Ricardo Mori
Serie Triangulación Nº55
10” x 12 ¾”
Óleo sobre lino
2009

Ricardo F. Morín

16 de mayo de 2026

Bala Cynwyd, Pennsylvania

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Rara vez comienzo con una estructura fija en mente.  Con mayor frecuencia, escribo porque un tema comienza a presionar sobre la percepción con suficiente urgencia como para que resulte necesario seguirlo allí donde conduzca.  Si la condición demuestra ser superficial o insuficientemente generativa, la abandono rápidamente, a veces en cuestión de horas.  La producción misma permanece en gran medida instintiva.  Sólo después comienzo a examinar cómo un ensayo pertenece a la secuencia más amplia del trabajo.

La arquitectura emerge, por tanto, retrospectivamente antes que de antemano.  Descubro continuidades después de que la escritura ya las ha comenzado a revelar :  continuidad, reconocimiento, atribución, fragmentación, autoridad, asimetría, memoria, proporcionalidad, coordinación e inestabilidad de la interpretación misma.  Lo que inicialmente aparece como una serie de ensayos separados suele revelar posteriormente su participación dentro de un campo más amplio de condiciones recurrentes.  La inteligencia retrospectiva no impone estructura al trabajo tanto como reconoce relaciones que la escritura ya había comenzado a mostrar mediante su propio movimiento.

Por esa razón, no considero el trabajo publicado como algo fijo.  Reviso ensayos anteriores cada vez que el método subyacente mediante el cual percibo cambia lo suficiente como para exponer debilidades de registro, sintaxis, proporción, estructura o inteligibilidad.  Una frase que alguna vez pareció adecuada puede luego revelarse comprimida, retóricamente excesiva, insuficientemente arraigada o abstracta más allá de lo necesario.  La revisión se convierte entonces menos en una cuestión de preferencia estilística que de proporcionalidad entre el lenguaje y la condición que intenta describir.  La escritura evoluciona porque la disciplina mediante la cual veo evoluciona con ella.

Lo que cada vez me ocupa más es la relación entre percepción y condiciones humanas mismas :  cómo se forma la continuidad, cómo la fragmentación oscurece el reconocimiento, cómo la autoridad se estabiliza mediante el lenguaje, cómo la asimetría altera el juicio, cómo la memoria estructura la identidad y cómo la aceleración tecnológica debilita la coherencia más rápido de lo que la comprensión política o psicológica puede asimilarla.  Incluso cuando el tema parece político, epistemológico, artístico o histórico, la preocupación más profunda sigue siendo la misma :  cómo la percepción define, clarifica, media u oscurece la condición examinada.

He llegado a comprender que el lenguaje mismo no puede situarse fuera de las condiciones que intenta describir.  Su inestabilidad forma parte de la condición.  La sintaxis, la cadencia, la abstracción, la compresión y la precisión semántica importan, por tanto, no sólo estilísticamente, sino estructuralmente.  La prosa debe permanecer proporcional a aquello que intenta reconocer.  Allí donde el lenguaje se vuelve excesivo, abstracto más allá de lo necesario, retóricamente inflado o insuficientemente arraigado, el reconocimiento se debilita con él.

La fenomenología quizá sea lo que filosóficamente más se aproxima a describir este enfoque, aunque no parto de doctrina ni de sistema.  Parto de condiciones tal como aparecen a través de la experiencia vivida y mediante la inestabilidad del lenguaje que intenta describirlas.  El desafío, por tanto, no consiste únicamente en escribir, sino en descubrir formas de lenguaje, ya sea prosa diagnóstica, narrativa o poesía, capaces de permanecer proporcionales a las condiciones de las que emergen.

El trabajo mismo permanece exploratorio antes que doctrinal.  No intento construir un sistema filosófico cerrado ni una teoría unificada del comportamiento humano.  Lo que me interesa es, más bien, la posibilidad de que condiciones recurrentes se vuelvan perceptibles a través de distintas escalas de experiencia :  interpersonal, política, histórica, tecnológica, lingüística y civilizacional.  La continuidad que enlaza estas escalas no surge de la ideología, sino de patrones de reconocimiento y oscuridad que reaparecen bajo formas cambiantes.

En ese sentido, el trabajo es menos un esfuerzo por establecer conclusiones que un intento continuo por refinar una disciplina de percepción mediante el lenguaje mismo.