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« Eje III: El testimonio como percepción pluralizada »

September 8, 2026
Ricardo F. Morín
Plantillas III
20 x 25 cm
Acuarela y tinta sobre papel
2003
Ricardo F. Morín
Plantillas III
20 x 25 cm
Acuarela y tinta sobre papel
2003

 

 

Las personas rara vez experimentan los acontecimientos en soledad.  Lo que alguien ve, oye o advierte pronto es comentado, comparado o cuestionado por otros.  Una experiencia se convierte en relato cuando se cuenta, y una vez contada, ingresa en un espacio donde ya existen otros relatos.  Desde ese momento, la percepción deja de ser singular.  Solo se vuelve inteligible en relación con lo que otros percibieron, recordaron o esperaron bajo condiciones distintas.

 

Cuando una persona da testimonio de lo que presenció, ese relato no conserva intacta la experiencia.  La sitúa junto a otras percepciones que no coinciden plenamente con ella.  Diferencias de posición, atención, memoria, lenguaje y expectativa moldean lo que cada quien advirtió y cómo lo comprendió.  Incluso cuando varias personas atienden al mismo hecho, el énfasis y la significación no se alinean por completo.  El testimonio se desplaza así dentro de un campo plural donde el significado surge por comparación más que por preservación.

 

Dentro de este campo, el acuerdo es provisional y no garantizado.  Los relatos pueden superponerse en ciertos puntos y divergir en otros.  Ningún relato individual puede absorber a los demás sin resto.  El testimonio no se asienta de manera natural en un significado único porque la percepción misma se distribuye entre puntos de vista distintos que no pueden fusionarse sin pérdida.

 

En tales condiciones, el malentendido no indica mala fe.  Persiste incluso cuando todos los involucrados intentan ser precisos.  La divergencia no surge del engaño ni del descuido, sino del hecho de que cada relato refleja una relación diferente con el mismo acontecimiento.  Los intentos de aclarar un relato mediante referencia a otro suelen aumentar la conciencia de la diferencia en lugar de resolverla, pues la explicación introduce distinciones que antes no eran visibles.

 

A medida que se acumulan relatos plurales, crece la presión por asegurar el acuerdo.  El significado compartido comienza a tratarse como un requisito y no como un resultado.  El consenso se toma como sustituto de la exactitud, y lo que muchos afirman se asume como lo que más se aproxima a lo ocurrido.  Sin embargo, el acuerdo numérico no elimina la diferencia perceptiva.  Solo estabiliza una interpretación el tiempo suficiente para que la coordinación sea posible.

 

Bajo esta presión, el testimonio suele reformularse para privilegiar la legibilidad sobre la fidelidad.  Los relatos se simplifican, se alinean o se atenúan para encajar en un marco aceptado de comprensión.  Aquello que resiste la integración se descarta como confusión o irrelevancia.  El campo del testimonio se estrecha no porque las diferencias se hayan resuelto, sino porque han sido excluidas.

 

Lo que el testimonio ofrece, entonces, no es un acceso directo a los acontecimientos, sino una superficie negociada sobre la cual las percepciones se comparan y se alinean de manera provisional.  La estabilidad que produce este proceso es práctica y no definitiva.  Permite actuar en conjunto aun cuando persisten diferencias no resueltas.  El testimonio permanece abierto a revisión no porque falte sinceridad, sino porque la percepción no puede escapar de la pluralidad a través de la cual se vuelve compartida.

 

Cuando se exige un significado común a partir de una percepción plural, puede alcanzarse el acuerdo, pero la convergencia no está garantizada.  El testimonio coordina perspectivas sin disolver las diferencias que hacen necesaria esa coordinación.

Ricardo F. Morín

31 de enero de 2026

Oakland Park, FL