Posts Tagged ‘cognición’

« Lenguaje diagnóstico y la disciplina de ver »

June 17, 2026
Ricardo F. Morín
Icosaedro
60″x 37″
Óleo sobre lino
2005

Ricardo F. Morín

7 de febrero de 2026

Oakland Park, Florida

La distinción entre lenguaje interpretativo y lenguaje diagnóstico revela dos orientaciones distintas frente a la realidad.  El lenguaje interpretativo organiza la percepción hacia un significado.  El lenguaje diagnóstico expone estructuras sin dirigir conclusiones.  Uno dispone el entendimiento a lo largo de un recorrido;  el otro aclara el campo donde el entendimiento puede surgir.

La interpretación parte de la premisa de que la experiencia requiere orientación.  Las relaciones se configuran para que la coherencia aparezca mediante asociaciones guiadas.  Incluso cuando se presenta como abierta, la interpretación tiende al cierre porque la percepción se dispone hacia una resolución.

El lenguaje diagnóstico funciona de otra manera.  La ambigüedad no se elimina ni se prolonga;  se delimita.  Diagnosticar consiste en distinguir condiciones, no en resolverlas.  La explicación cede ante la observación.  La persuasión cede ante la precisión.

La deliberación cognitiva suele confundirse con ensoñación.  Las pausas, los refinamientos y la resistencia al cierre prematuro pueden parecer distancia frente a la realidad.  Esa apariencia malinterpreta la abstracción.  La abstracción no separa al pensamiento de lo real;  modifica la forma de acercarse a él.  La desconexión aparece únicamente cuando la abstracción se convierte en residencia y no en instrumento.

Un soñador habita lo posible desde la imaginación.  Alguien percibido como con la cabeza en las nubes es juzgado como desligado del terreno práctico.  Ambas descripciones nombran percepciones, no estructuras.  La diferencia decisiva reside en el modo de compromiso:  cuando la abstracción se utiliza diagnósticamente, intensifica el contacto con la realidad en lugar de sustituirlo.

Un momento durante la selección del jurado ilumina esta distinción.  La pregunta sobre si un artista es retratista no explora la técnica sino la observación.  La respuesta disuelve la separación supuesta entre abstracción y representación.  La práctica abstracta no reduce la proximidad con lo real.  El retrato y la abstracción comparten la misma tarea:  percibir la esencia.  Lo que cambia es la forma de acceso.  La abstracción funciona como diagnóstico:  una manera de revelar estructura sin depender de la apariencia literal.

La escritura diagnóstica opera como la abstracción en las artes visuales.  Lo real no se abandona.  La percepción se reorganiza para que las relaciones subyacentes se vuelvan visibles.  La dirección narrativa se suspende.  La estructura emerge por yuxtaposición y no por instrucción.

El malentendido surge cuando se espera guía en lugar de exposición.  Las preguntas que afinan la percepción parecen incertidumbre.  La demora en el cierre parece vacilación.  La intención es distinta:  la claridad nace del reconocimiento estructural y no de la resolución interpretativa.

Una ética de la contención sostiene este enfoque.  La visión y la humildad permanecen centrales, pero no pueden declararse sin convertirse en representación.  Una vez afirmadas, la visión se transforma en autopromoción y la humildad en exhibición.  Ambas permanecen implícitas, reveladas por la atención y no proclamadas como identidad.  La precisión sustituye a la autoridad.  La claridad sustituye a la prescripción.

Desde esta perspectiva, la oposición entre realismo y abstracción se disuelve.  El pensamiento no se desconecta por atravesar lo conceptual.  La desconexión comienza cuando la abstracción se vuelve refugio.  Utilizada diagnósticamente, la abstracción se convierte en tránsito:  un movimiento a través de la incertidumbre que regresa con una percepción más afinada.

La pregunta no es si alguien es un soñador o alguien con la cabeza en las nubes.  La diferencia reside en cómo se habita la abstracción.  Algunos permanecen suspendidos en ella.  Otros la atraviesan deliberadamente y revelan estructuras que de otro modo permanecerían invisibles.

El lenguaje diagnóstico pertenece a este segundo movimiento.  No dirige ni reclama autoridad.  Crea condiciones de visibilidad donde la percepción se aclara sin coerción y la comprensión emerge sin mandato.

« Antes del lenguaje »

June 12, 2026
Ricardo F. Morín
Dodecaedro
60″x 37″
Óleo sobre lino
2005

Ricardo F. Morín

12 de junio de 2026

Bala Cynwyd, Pensilvania

Todas las entidades vivas persisten a través de relaciones.  Ningún organismo existe en aislamiento completo de las condiciones que lo sostienen.  La vida transcurre mediante intercambios continuos con los entornos circundantes y con otros sistemas vivos.  Estos intercambios no tienen por qué ser deliberados, conscientes ni simbólicos.  Basta con que permitan el registro de las diferencias y el ajuste del comportamiento en respuesta a ellas.

La comunicación emerge dentro de esta condición.  No se limita al habla, la escritura ni la expresión simbólica.  En un sentido más amplio, la comunicación surge a través de formas de correspondencia dentro de las cuales se registran las diferencias y se establecen, mantienen o modifican las relaciones.  Las señales constituyen una manifestación de tal correspondencia, pero las formas mediante las cuales se produce la correspondencia varían ampliamente.  Los gradientes químicos, los impulsos eléctricos, los gestos físicos, las vocalizaciones y los sistemas simbólicos participan todos en procesos comunicativos en condiciones diferentes.

El lenguaje ocupa un lugar distinto dentro de este campo más amplio.  El lenguaje humano permite la abstracción, la referencia simbólica, la recursividad y la transmisión de información más allá de las circunstancias inmediatas.  Estas capacidades amplían el alcance de lo que puede comunicarse.  No constituyen, sin embargo, el origen de la comunicación misma.  Más bien, el lenguaje representa una manifestación especializada de procesos comunicativos que ya operan en los sistemas vivos.

La distinción es importante porque el lenguaje a menudo llega a identificarse con la comunicación como tal.  Los seres humanos experimentan el mundo por naturaleza a través de categorías lingüísticas y, por ello, tienden a privilegiar el lenguaje al considerar las condiciones de la comprensión.  Sin embargo, gran parte de lo que sostiene la vida relacional ocurre sin lenguaje.  Los organismos se coordinan, se adaptan, compiten, cooperan y responden a condiciones cambiantes a través de formas de correspondencia que preceden a la representación simbólica.

Las diferencias entre los sistemas comunicativos son diferencias de forma, alcance y complejidad.  No implican necesariamente divisiones absolutas entre categorías de existencia.  Una señal que coordina el movimiento de una colonia, una llamada vocal que alerta a un grupo de un peligro y una oración que describe una posibilidad futura cumplen, todas ellas, funciones comunicativas pese a diferencias sustanciales en su estructura.  Los medios difieren.  Las correspondencias a través de las cuales se registran esas diferencias siguen siendo anteriores a las formas comunicativas que las expresan.

La observación permite el estudio de estos procesos, pero permanece limitada por las capacidades mediante las cuales se realiza.  Los instrumentos pueden ampliar la percepción, y los marcos conceptuales pueden organizar lo percibido, pero la descripción sigue siendo distinta de las realidades que intenta describir.  Toda exposición refleja tanto las condiciones observadas como las limitaciones del observador.

Por esta razón, conviene abordar la comunicación de manera descriptiva y no jerárquica.  El lenguaje humano posee capacidades distintivas, pero esas capacidades no exigen que la comunicación comience con el lenguaje ni que se agote en él.  El lenguaje pertenece a un campo comunicativo más amplio que surge de formas de correspondencia presentes en toda la vida relacional.

La cuestión, por tanto, no es si la comunicación existe allí donde el lenguaje está ausente.  La cuestión más instructiva atañe a las múltiples formas mediante las cuales la vida relacional se hace posible antes de que aparezca el lenguaje.  La atención a esas formas revela la comunicación no como un logro exclusivamente humano, sino como una condición mediante la cual los sistemas vivos participan en las circunstancias que habitan, responden a ellas y persisten en ellas.


« La imposibilidad del reconocimiento »

May 17, 2026

 


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Ricardo F. Morín
$erie del búfalo, n.º 4
32″ x 36″
Óleo sobre lienzo
1978

Nota del autor:

Este texto continúa las condiciones examinadas en « La proporción del aburrimientoy » y « La imposibilidad de la convicción  ». 

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 Ricardo F. Morín

17 de abril al 14 de mayo de 2026

En tránsito.


Un agradecimiento puede expresarse y aun así dejar muy poco detrás de sí.  Las palabras se dicen,  el gesto se reconoce,  y sin embargo lo que sigue continúa casi sin cambios.

 Aquello que resuelve una necesidad que de otro modo no habría podido resolverse deja algo más que una obligación pasajera.  Modifica la conducta.  La dificultad no siempre consiste en reconocer lo que se ha recibido,  sino en permanecer abiertamente marcado por ello después.

 A veces,  lo que se recibe pasa casi inadvertido.  Se reconoce en el momento,  pero luego queda absorbido por la expectativa habitual.  Nada cambia.

 En otras ocasiones,  el reconocimiento es seguido casi de inmediato por la reanudación de una conducta reservada,  como si nada hubiera ocurrido entre ambas personas que exigiera permanecer transformadas por aquello que se deben mutuamente.

 Algo semejante ocurre cuando el reconocimiento se vuelve rutinario.  Las palabras permanecen intactas mientras su fuerza se debilita.  Lo que alguna vez tuvo peso pasa a formar parte del intercambio habitual.

El resentimiento puede surgir del mismo movimiento.  El retraimiento no siempre aparece porque nada haya sido recibido,  sino porque permanecer abiertamente afectado por ello se vuelve difícil de sostener con el tiempo.

 El cambio no se anuncia de manera directa.  Las respuestas se acortan.  La calidez retrocede hacia la formalidad.  La atención se debilita sin desaparecer.  La continuidad permanece mientras algo dentro de ella se vuelve menos accesible.

 Parte de la dificultad reside en la capacidad humana de estrechar la percepción alrededor de la autopreservación mientras se conserva una conciencia parcial de aquello que está siendo disminuido,  evitado o abandonado.

 Nada de esto demuestra que el reconocimiento haya sido falso.  Sin embargo,  cuando la reserva vuelve a imponerse antes de que el reconocimiento pueda seguir modificando la conducta,  las relaciones terminan sosteniéndose más por la forma que por la apertura que alguna vez les dio fuerza.

 Aquello que permanece activo únicamente a través de la forma puede continuar exteriormente durante largos períodos mientras pierde gradualmente la apertura que permitió en un principio que el reconocimiento modificara la conducta.

 Conservar la capacidad de reconocer no significa magnificar lo que se recibe,  sino permitir que aquello que ha sido recibido continúe modificando la conducta sin reducirlo inmediatamente a equilibrio,  hábito,  irritación o distancia.