« Antes del lenguaje »

Ricardo F. Morín
Dodecaedro
60″x 37″
Óleo sobre lino
2005

Ricardo F. Morín

12 de junio de 2026

Bala Cynwyd, Pensilvania

Todas las entidades vivas persisten a través de relaciones.  Ningún organismo existe en aislamiento completo de las condiciones que lo sostienen.  La vida transcurre mediante intercambios continuos con los entornos circundantes y con otros sistemas vivos.  Estos intercambios no tienen por qué ser deliberados, conscientes ni simbólicos.  Basta con que permitan el registro de las diferencias y el ajuste del comportamiento en respuesta a ellas.

La comunicación emerge dentro de esta condición.  No se limita al habla, la escritura ni la expresión simbólica.  En un sentido más amplio, la comunicación surge a través de formas de correspondencia dentro de las cuales se registran las diferencias y se establecen, mantienen o modifican las relaciones.  Las señales constituyen una manifestación de tal correspondencia, pero las formas mediante las cuales se produce la correspondencia varían ampliamente.  Los gradientes químicos, los impulsos eléctricos, los gestos físicos, las vocalizaciones y los sistemas simbólicos participan todos en procesos comunicativos en condiciones diferentes.

El lenguaje ocupa un lugar distinto dentro de este campo más amplio.  El lenguaje humano permite la abstracción, la referencia simbólica, la recursividad y la transmisión de información más allá de las circunstancias inmediatas.  Estas capacidades amplían el alcance de lo que puede comunicarse.  No constituyen, sin embargo, el origen de la comunicación misma.  Más bien, el lenguaje representa una manifestación especializada de procesos comunicativos que ya operan en los sistemas vivos.

La distinción es importante porque el lenguaje a menudo llega a identificarse con la comunicación como tal.  Los seres humanos experimentan el mundo por naturaleza a través de categorías lingüísticas y, por ello, tienden a privilegiar el lenguaje al considerar las condiciones de la comprensión.  Sin embargo, gran parte de lo que sostiene la vida relacional ocurre sin lenguaje.  Los organismos se coordinan, se adaptan, compiten, cooperan y responden a condiciones cambiantes a través de formas de correspondencia que preceden a la representación simbólica.

Las diferencias entre los sistemas comunicativos son diferencias de forma, alcance y complejidad.  No implican necesariamente divisiones absolutas entre categorías de existencia.  Una señal que coordina el movimiento de una colonia, una llamada vocal que alerta a un grupo de un peligro y una oración que describe una posibilidad futura cumplen, todas ellas, funciones comunicativas pese a diferencias sustanciales en su estructura.  Los medios difieren.  Las correspondencias a través de las cuales se registran esas diferencias siguen siendo anteriores a las formas comunicativas que las expresan.

La observación permite el estudio de estos procesos, pero permanece limitada por las capacidades mediante las cuales se realiza.  Los instrumentos pueden ampliar la percepción, y los marcos conceptuales pueden organizar lo percibido, pero la descripción sigue siendo distinta de las realidades que intenta describir.  Toda exposición refleja tanto las condiciones observadas como las limitaciones del observador.

Por esta razón, conviene abordar la comunicación de manera descriptiva y no jerárquica.  El lenguaje humano posee capacidades distintivas, pero esas capacidades no exigen que la comunicación comience con el lenguaje ni que se agote en él.  El lenguaje pertenece a un campo comunicativo más amplio que surge de formas de correspondencia presentes en toda la vida relacional.

La cuestión, por tanto, no es si la comunicación existe allí donde el lenguaje está ausente.  La cuestión más instructiva atañe a las múltiples formas mediante las cuales la vida relacional se hace posible antes de que aparezca el lenguaje.  La atención a esas formas revela la comunicación no como un logro exclusivamente humano, sino como una condición mediante la cual los sistemas vivos participan en las circunstancias que habitan, responden a ellas y persisten en ellas.


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