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« Eje V: Responsabilidad como atribución retroactiva »

September 25, 2026
Ricardo F. Morín
Persa Uno
48 x 71 cm
Grafito, sanguina y tinta sumi sobre papel de acuarela
2003
Ricardo F. Morín
Persa Uno
48 x 71 cm
Grafito, sanguina y tinta sumi sobre papel de acuarela
2003

 

Las personas actúan antes de saber plenamente lo que sus acciones traerán consigo.  Las decisiones se toman con información limitada, atención dividida y señales cuya importancia no puede evaluarse por completo en el momento de elegir.  Una persona se compromete con un curso de acción sin poder ver todas las condiciones que esa acción pondrá en movimiento.  Solo más tarde los efectos de esa acción aclaran qué era relevante y qué podría haberse modificado.

 

Dado que la acción procede bajo incertidumbre, el error no aparece en el momento de la decisión.  En el instante de elegir, la información disponible sigue siendo parcial, las situaciones permanecen ambiguas y la atención es finita.  La acción vincula así al agente con consecuencias cuyas implicaciones completas no pueden conocerse de antemano.  Lo que después parece evidente no era plenamente visible cuando la acción comenzó.

 

La responsabilidad comienza a tomar forma a medida que las consecuencias revelan relaciones que la propia acción ha puesto al descubierto.  Los efectos exponen dependencias, restricciones y vulnerabilidades que antes pasaban inadvertidas o eran subestimadas.  Lo que emerge a posteriori no es solo información adicional, sino un cambio en la relevancia.  Elementos que parecían secundarios adquieren peso, mientras que supuestos que antes guiaban la acción pierden autoridad.  El reconocimiento sigue al compromiso en lugar de precederlo.

 

A medida que la comprensión se desarrolla después de la acción, la previsión suele sobreestimarse retrospectivamente.  La conciencia posterior proyecta coherencia hacia atrás sobre momentos marcados por la incertidumbre.  Señales que parecen decisivas tras desplegarse las consecuencias se tratan como si hubieran sido inequívocas desde el inicio.  Esta compresión crea la impresión de que el error fue producto de la negligencia, y no de los límites de la percepción bajo la acción.

 

Las prácticas que dependen de la anticipación—como la planificación, la predicción, la precaución y el control—suponen un grado de previsión que la acción misma no puede proporcionar.  Estas prácticas estabilizan expectativas, pero siguen siendo vulnerables al hecho de que la relevancia suele revelarse solo a través del resultado.  Cuando los resultados divergen de la intención, la brecha refleja no un fracaso de la responsabilidad, sino la estructura temporal dentro de la cual esta opera.

 

La responsabilidad madura a través del reconocimiento más que de la certeza.  Se desarrolla cuando las personas reconocen cómo sus acciones han vinculado condiciones que ahora exigen respuesta.  Lo que la responsabilidad sostiene no es la ilusión de un control completo, sino la capacidad de seguir siendo responsable ante consecuencias que exceden la comprensión previa.  La responsabilidad, por tanto, no termina en el momento de la decisión; continúa a medida que el reconocimiento ajusta la agencia a lo que la acción ha revelado.

 

La responsabilidad no surge de una previsión que preceda a la acción, sino de un reconocimiento que sigue al compromiso, a medida que la agencia responde a consecuencias que no podían anticiparse plenamente.

Ricardo F. Morín

31 de enero de 2026

Oakland Park, Fl