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« Una superficie común »

September 3, 2026

“Collage”
2026

Hoy coloqué una imagen impresa sobre varios fragmentos de papel que conservaban huellas de procesos anteriores.  La disposición fue accidental.  Ni la impresión ni los fragmentos habían sido creados en previsión unos de otros.  Yo no había proyectado el modo en que habrían de encontrarse.  Sin embargo, una vez que ocuparon un mismo campo, la imagen dejó de parecer lo que había sido hasta entonces.

La imagen impresa pertenecía a una serie de retratos que había realizado en 2003 para una nueva edición de The Motion of Light in Water: Sex and Science Fiction Writing in the East Village, de Samuel R. Delany.  Una fotografía de Delany había servido de modelo.  Para la versión finalmente seleccionada, reforcé la semejanza fotográfica mediante mi dibujo del retrato y permití que la fotografía permaneciera como una superposición transparente.  El resultado se mantuvo lo bastante próximo a su fuente para conservar la inmediatez de la imagen fotográfica, al tiempo que la estructura del dibujo le servía de fundamento.

El retrato por encargo nunca constituyó la base de mi trayectoria.  Sin embargo, este encargo me brindó la oportunidad de explorar diversas variantes.  Incluso cuando trabajé en el diseño comercial o escénico, no suspendí mi identidad para ejecutar la interpretación de otra persona.  La finalidad podía determinar dónde aparecería la obra o para qué habría de servir.  No podía determinar el temperamento desde el cual yo trabajaba.

En una de las variantes, el dibujo original fue procesado digitalmente como una imagen generada por computadora.  El aire parecía contenido dentro de burbujas ascendentes, mientras la luz parecía desplazarse a través de ellas como si la persona estuviera sumergida.  El procedimiento permitió que el título asumiera una forma visual: un cuerpo situado bajo la superficie podía hacer perceptible el movimiento de la luz a través del agua.

Delany eligió finalmente la versión más próxima a la fotografía a partir de la cual se había iniciado la serie.  Una imagen cumplió la finalidad para la cual se habían encargado los retratos; las demás permanecieron como consecuencias materiales de mi propio proceso.

En 2006, Jim Furlong seleccionó esta variante para Unusual Portraits, una exposición colectiva presentada en Hudson Guild, Gallery II, en la ciudad de Nueva York.  Estos hechos pertenecen a la historia del retrato, pero no determinan aquello en lo que ahora se ha convertido.

En 2018, el retrato bajo el agua fue vendido en una subasta realizada desde mi residencia en Massachusetts.  La impresión que permaneció conmigo conservó la imagen después de que la obra saliera de mi posesión.  Su posterior incorporación al collage no alteró, por tanto, el retrato expuesto, sino que confirió a una de sus reproducciones una existencia material independiente.

Al colocar fortuitamente la impresión sobre varios fragmentos de papel marcados, advertí que aquel encuentro alteraba las referencias de la imagen a Delany.  Decidí que la disposición accidental debía perdurar y la fijé a la superficie.

La impresión conservó su predominio visual.  La escala, la figura reconocible, la concentración del color y su emplazamiento continuaron distinguiéndola de los trazos y las abrasiones menos estructurados que la rodeaban.  El retrato seguía rigiendo la superficie como figura.  Lo que ya no regía era el sentido de la superficie en su totalidad.

Antes de reunirlos, los fragmentos de papel conservaban indicios de procesos anteriores.  El retrato remitía a Delany, a la fotografía a partir de la cual lo había dibujado y al título que había suscitado la figura sumergida y sus burbujas ascendentes.  Una vez reunidos, ninguno de estos elementos perdió su carácter visible.  Los trazos siguieron siendo trazos, las abrasiones siguieron siendo abrasiones y el rostro de Delany siguió siendo reconocible.  Lo que cambió fue que ninguno de ellos podía ya decidir lo que significaban los demás.

Los fragmentos dejaron de funcionar únicamente como vestigios de algo que los había precedido.  El retrato dejó de funcionar únicamente como una imagen de Delany o como expresión visual del título de su libro.  Esas referencias permanecieron, pero el collage se había convertido en algo que ya no cabía por entero dentro de ellas.

Las burbujas permiten verlo con mayor claridad.  Surgieron como respuesta directa al título y dieron forma visual a la luz que se desplaza a través del agua.  Todavía pueden evocar el aire, la inmersión y la luz refractada, pero el título ya no nos indica cómo debemos leerlas.  Permanecen como sensaciones dentro de la imagen, y no como instrucciones acerca de lo que esta debe significar.

A esto me refiero cuando hablo de aplanar el sentido de la imagen.  Aplanarlo no iguala visualmente los elementos ni disminuye sus diferencias.  Impide que un orden visible subordine todos los demás a su propio referente.  El retrato conserva su predominio como figura sin conservar su soberanía sobre el sentido.

Yo no había elegido la posición de cada marca ni ajustado los espacios entre ellas.  La disposición había aparecido sin que yo la hubiese previsto.  Mi decisión concernía a su permanencia, no al modo en que debían organizarse sus partes.  Decidí que la relación con la que me había encontrado merecía ser preservada y contemplada de nuevo.

Lo accidental forma parte de mi proceso de creación.  Cuando decido trabajar con aquello que se pone ante mí, descubro un sentido visual que no había previsto.  Mi intención surge dentro de ese descubrimiento: seguir lo que ha aparecido y permitir que sus consecuencias se desarrollen.

Por consiguiente, la colocación accidental ofreció algo más que una disposición.  Permitió que surgiera un nuevo vocabulario.  La imagen figurativa no fue absorbida por las marcas circundantes, ni estas adquirieron la fuerza representativa del retrato.  Sin embargo, una vez reunidas, ya no exigían que el espectador las leyera únicamente a través de lo que cada una había sido antes.

La fotografía, el dibujo, el procesamiento digital, la publicación prevista, la exposición, la venta del retrato, la impresión conservada y los fragmentos de papel marcados de hoy permanecen presentes en la materia o en su historia.  Nada ha sido borrado, corregido ni reemplazado.  Sin embargo, ninguna de esas condiciones anteriores puede determinar por sí sola aquello en lo que se ha convertido el collage.

Lo que permanece no es la conclusión de una secuencia, sino una superficie sobre la cual sus distintos momentos continúan visibles después de haber dejado de guardar el orden que antes los regía.

Ricardo F. Morín

3 de septiembre de 2026

Bala Cynwyd, Pensilvania