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« La política de represión: … »

August 22, 2025

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Diseño de cubierta para el ensayo «La política de la represión: Autoritarismo y espectáculo». La imagen compuesta yuxtapone vigilancia, militarización, propaganda y espectáculo de masas para subrayar cómo los regímenes autoritarios vuelven las vidas prescindibles mientras legitiman el control mediante la exhibición.

Autoritarismo y espectáculo

Por Ricardo Morín. En tránsito hacia y desde NJ, 22 de agosto de 2025

El autoritarismo en la era actual no se presenta con símbolos uniformes. Surge tanto en democracias como en Estados de partido único, en países con economías en declive y en aquellos que presumen de un crecimiento acelerado. Lo que une estos contextos no es la forma formal de gobierno, sino la manera en que el poder actúa sobre los individuos: la autonomía se restringe, la dignidad se niega y la disidencia se reclasifica como amenaza. El control se mantiene no solo mediante la coerción, sino también mediante la apropiación de valores universales —paz, tolerancia, armonía, seguridad— vaciados de su contenido y reutilizados como instrumentos de silencio. El resultado es una política en la que los seres humanos son tratados como prescindibles y el espectáculo sirve tanto de distracción como de justificación.

En Estados Unidos, la Carta de Derechos garantiza libertades, pero su fuerza práctica se debilita por la desigualdad estructural y el control concentrado de la comunicación. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Ley USA PATRIOT autorizó una vigilancia generalizada en nombre de la defensa de la libertad, normalizando el monitoreo de las comunicaciones privadas (ACLU 2021). Movimientos de protesta como las manifestaciones de Black Lives Matter en 2020 llenaron las calles, pero su urgencia fue absorbida por los circuitos de la cobertura mediática, el enfrentamiento partidista y la monetización corporativa (New York Times 2020). Lo que comienza como protesta a menudo concluye como espectáculo: filmado, reproducido y reencuadrado hasta que el mensaje original se desplaza por la circulación. Mientras tanto, la epidemia de opioides, la indigencia masiva y la quiebra médica revelan cómo millones de vidas se toleran como prescindibles (CDC 2022). Su sufrimiento se reconoce en estadísticas, pero rara vez se atiende en políticas, tratado como un daño colateral dentro de un orden que valora la visibilidad más que el remedio.

Venezuela ofrece un caso más directo. La Ley contra el Odio, aprobada en 2017 por una asamblea constituyente sin legitimidad democrática, se presentó como una medida para proteger la tolerancia y la paz. En la práctica, se ha utilizado para procesar a periodistas, estudiantes y ciudadanos por expresiones que en una sociedad democrática pertenecerían de lleno al ámbito del debate (Amnistía Internacional 2019). Más recientemente, la creación del Consejo Nacional de Ciberseguridad ha ampliado esta lógica, colocando a los administradores de grupos de WhatsApp y Telegram en la posición de vigilantes, multiplicando el miedo y la autocensura entre vecinos y colegas (Transparencia Venezuela 2023). Al mismo tiempo, la privación funciona como instrumento de disciplina: el acceso a alimentos y medicinas se distribuye selectivamente, convirtiendo la escasez en un medio de control (Human Rights Watch 2021). Las concentraciones televisadas y los plebiscitos del Estado representan unidad y lealtad, pero la realidad es una sociedad fracturada por el exilio, con más de siete millones de ciudadanos en el exterior y los que permanecen atados más por necesidad que por consentimiento (ACNUR 2023).

Rusia combina la represión con el teatro patriótico. La Ley de 2002 sobre la Lucha contra la Actividad Extremista y el estatuto de “agentes extranjeros” de 2012 han desmantelado sistemáticamente el periodismo independiente y la sociedad civil (Human Rights Watch 2017), mientras que la ley de 2022 contra la “desacreditación de las fuerzas armadas” criminalizó incluso describir la guerra como guerra (BBC 2022). Se ha detenido a ciudadanos por portar carteles en blanco, mostrando cómo cualquier acto, por simbólico que sea, puede ser castigado si se interpreta como disidencia (Amnistía Internacional 2022). La guerra en Ucrania ha revelado el costo humano de este sistema: reclutas provenientes de regiones pobres y de minorías son enviados al frente, consumiendo sus vidas en nombre de la proyección nacional. En el interior, la televisión estatal ridiculiza la disidencia como traición o manipulación extranjera, mientras desfiles, conmemoraciones y elecciones gestionadas convierten la coerción en deber. La promesa oficial de seguridad y unidad se sostiene no en la convivencia, sino en la negación sistemática de voces plurales, reforzada a la vez por la ley, la propaganda y la representación ritual.

China ilustra el modelo tecnológicamente más integrado. La Ley de Ciberseguridad de 2017 y la Ley de Seguridad de Datos de 2021 obligan a empresas e individuos a someterse al control estatal sobre la información digital, extendiendo la vigilancia a todas las capas de la sociedad (Creemers 2017; Kuo 2021). Las plataformas de redes sociales obligan a los administradores de grupos a supervisar contenidos, trasladando la responsabilidad de la conformidad a los propios ciudadanos (Freedom House 2022). Al mismo tiempo, el espectáculo satura el espacio público: el festival de compras del Día del Soltero en noviembre genera miles de millones en ventas, presentado como prueba de prosperidad y cohesión, mientras los medios estatales exhiben logros tecnológicos como triunfos nacionales (Economist 2021). Comunidades enteras, particularmente en Xinjiang, son designadas como objetivos de reeducación y vigilancia. Se cierran mezquitas, se restringen lenguas y se suprimen tradiciones, todo en nombre de la armonía (Amnistía Internacional 2021). Se invoca la estabilidad, pero la realidad es la negación sistemática de la dignidad: la identidad reducida a una categoría administrativa, la vida cultural desmantelada a voluntad y la existencia misma condicionada a la conformidad con los designios del poder estatal.

En conjunto, estos casos revelan una lógica común. Estados Unidos mercantiliza la disidencia y normaliza el abandono como condición permanente de la vida pública. Venezuela utiliza la privación para imponer disciplina y el cumplimiento resultante se presenta públicamente como lealtad al Estado. Rusia exige sacrificio y transforma la coerción en deber patriótico. China fusiona vigilancia y prosperidad e ingenieriza la conformidad. Comunidades enteras son suprimidas en nombre de la armonía. Los registros difieren —comercial, ritual, militarizado, digital— pero el patrón es compartido: la disidencia es despojada de legitimidad, las vidas son tratadas como prescindibles y los valores universales se invierten para justificar la coerción.

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Referencias

  • ACLU: “Surveillance under the USA PATRIOT Act. American Civil Liberties Union, 2021. Expone cómo tras el 11-S se amplió la vigilancia estatal en nombre de la seguridad, reduciendo derechos de privacidad.
  • Amnesty International: Venezuela: “Ley contra el Odio usada para silenciar la disidencia”. Amnesty International, 2019. (Este reporte analiza el uso de la ley de 2017 para procesar ciudadanos y periodistas bajo la retórica de la tolerancia.)
  • Amnesty International: “China: Uighurs and Other Muslim Minorities Subjected to Crimes against Humanity”. Amnesty International, 2021. (Este reporte documenta la represión masiva en Xinjiang, incluyendo detenciones arbitrarias, vigilancia y restricciones culturales.)
  • Amnesty International: “Russia: Arrests for Blank Signs Show Absurd Repression of Dissent”. Amnesty International, 2022. (Este reporte evidencia cómo cualquier acto simbólico puede ser castigado como disidencia en Rusia.)
  • BBC: “Russia Passes Law Banning Criticism of Ukraine War”. BBC News, 2022. (BBC reporta la aprobación de la ley que penaliza críticas a la guerra en Ucrania.)
  • CDC: “Drug Overdose Deaths in the U.S. Top 100,000 Annually”. Centers for Disease Control and Prevention, 2022. (El CDC proporciona datos sobre la epidemia de opioides en EE.UU., mostrando vidas tratadas como prescindibles.)
  • Creemers, Rogier: “Cybersecurity Law of the People’s Republic of China: Translation with Annotations”. Leiden University, 2017. (Traducción y análisis de la Ley de Ciberseguridad china que institucionaliza el control estatal sobre la información digital.)
  • Economist: “China’s Singles’ Day: The World’s Biggest Shopping Festival”. The Economist, 2021. (Este reporte explica cómo el consumo masivo se convierte en espectáculo estatal que exhibe cohesión y prosperidad.)
  • Freedom House: “Freedom on the Net 2022: China”. Freedom House, 2022. (Este reporte detalla cómo se delega la censura a los propios ciudadanos, en particular a administradores de grupos en línea.)
  • Human Rights Watch: “Russia: Government vs. Rights Groups”. Human Rights Watch, 2017. (HRW analiza las leyes de “agentes extranjeros” que desmantelaron el periodismo independiente y las ONG.)
  • Human Rights Watch: “Venezuela’s Humanitarian Emergency: Large-Scale UN Response Needed to Save Lives”. Human Rights Watch, 2021. (HRW expone cómo la escasez de alimentos y medicinas se usa como herramienta de control político.)
  • Kuo, Lily: “China Passes Sweeping Data Privacy Law”. The Guardian, 2021. (Kuo informa sobre la Ley de Seguridad de Datos que amplía el control estatal sobre la información digital.)
  • New York Times: “How Black Lives Matter Changed the Way Americans Fight for Justice”. The New York Times, 2020. (NYT describe cómo las protestas de 2020 fueron absorbidas como contenido mediático y corporativo, perdiendo impacto político directo.)
  • Transparencia Venezuela: “Consejo Nacional de Ciberseguridad: Un Nuevo Mecanismo de Control Ciudadano”. Transparencia Venezuela, 2023. (TV explica cómo el Estado amplía la vigilancia digital y fomenta la autocensura comunitaria.)
  • UNHCR: “Venezuelan Refugee and Migrant Crisis”. United Nations High Commissioner for Refugees, 2023. (UNHCR Ofrece cifras de la diáspora venezolana, destacando el costo humano de la represión y la privación.)

« El Algoritmo del Gallo »

March 1, 2025

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“Rooster’s Crow” [2003] de Ricardo F. Morín.
Acuarela sobre papel, 99 cm de alto x 65 cm de ancho.

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Introducción

Al despuntar el alba, el canto del gallo rasga el silencio—agudo e insistente—arrastrando a todo aquel que lo oye a la conciencia de un nuevo día.

En la pintura Rooster’s Crow, los colores giran en una confluencia de rojos y grises, capturando al ave no como un sereno heraldo del amanecer, sino como un símbolo de agitación.      Su forma retorcida, sus plumas dispersas y sus líneas fracturadas reflejan una corriente de cambio más profunda—un choque de fuerzas, caótico e inevitable.      La imagen sugiere el flujo incesante del tiempo y el peso de las transformaciones que siempre lo acompañan.

En esta narrativa en evolución, la fragmentación del canto del gallo refleja la expansión de la Inteligencia Artificial.      Antes, su grito anunciaba la llegada del día; ahora, resuena en una transformación más compleja—un equilibrio cambiante entre los ritmos de la naturaleza y la creciente influencia de los sistemas tecnológicos.      La silueta del gallo, fracturada en su estela, se convierte en un reflejo de las tensiones entre la agencia humana y el auge de fuerzas que, aunque diseñadas por nosotros, pueden escapar a nuestra plena comprensión.      Aquí, la Inteligencia Artificial actúa tanto como agente de cambio como posible arquitecta de un futuro que ni podemos prever ni controlar.

« El Algoritmo del Gallo »


Un gallo no canta para advertir ni para invitar; su llamado es sólo el sonido de la inevitabilidad, crudo y urgente, ajeno a la respuesta de quienes lo escuchan.      No ordena el amanecer ni espera permiso—simplemente anuncia lo que ya ha comenzado.

En la dinámica cambiante de la ambición y el poder, la tecnología ha asumido un papel similar.      Modelada por la intención humana, avanza bajo la guía de quienes la programan, su influencia determinada por las prioridades de sus arquitectos.      Para algunos, representa el umbral de un progreso sin precedentes, una vía para superar las limitaciones humanas; para otros, encarna una nueva forma de dominio, un instrumento que redefine la administración de sociedades de maneras antes impensables.      Se ensalza su eficiencia como virtud, prometiendo simplificar la gestión, eliminar fricciones y suprimir la imprevisibilidad de la deliberación humana.      Pero una máquina no negocia ni disiente.      Y en manos de quienes ven la democracia como un lastre—un obstáculo al avance—los algoritmos dejan de ser simples herramientas para convertirse en los verdaderos mediadores del poder.

Tomemos un ejemplo cotidiano: los sistemas de recomendación en línea. Presentados como facilitadores de la elección individual, en realidad modelan lo que vemos y oímos, influyendo en nuestras decisiones antes incluso de que las tomemos. Algo similar ocurre con la administración de sociedades mediante modelos computacionales: ofrecen la ilusión de autonomía mientras restringen el margen real de acción a lo que su lógica predice que preferiremos. El resultado es un dilema inquietante: creemos decidir libremente, cuando en realidad son los sistemas quienes trazan el camino.

Hubo un tiempo en que la lucha por el control se libraba de forma visible—conquistas territoriales, leyes reescritas a la vista de todos.      Ahora, el enfrentamiento ocurre en espacios menos tangibles, donde líneas de código determinan el rumbo de naciones, donde ecuaciones complejas deciden qué voces serán amplificadas y cuáles silenciadas.      El poder ya no reside exclusivamente en los uniformes ni en los cargos electos.      Se desplaza hacia tecnócratas, corporaciones y oligarcas cuya influencia trasciende los límites de cualquier gobierno.      Algunos proclaman abiertamente su propósito de transformar el mundo; otros operan en la sombra, dejando que la corriente avance hasta que oponerse sea imposible.      La cuestión ya no es si los algoritmos gobernarán, sino quién dictará su curso.

El sistema de crédito social en China ya no es una teoría, sino una realidad donde el comportamiento se moldea mediante incentivos y restricciones apenas perceptibles.      Modelos predictivos rastrean y condicionan acciones individuales, configurando hábitos sin que sus sujetos lo noten hasta que el cambio es irreversible.      En Occidente, las estrategias son menos explícitas, pero no menos efectivas:      las plataformas diseñadas para conectar a las personas ahora son herramientas de persuasión masiva.      La desinformación ya no es producto de la acción humana; se genera a escala, con una precisión matemática que moldea percepciones sin levantar sospechas.

En este contexto, la paradoja del conocimiento incompleto de Gödel resulta reveladora:      Ningún sistema puede explicarse completamente a sí mismo.      A medida que los modelos de aprendizaje automático se expanden y se refinan, comienzan a reflejar esta misma limitación.      Desde los algoritmos que curan contenidos hasta los que rigen los mercados financieros, su funcionamiento se vuelve progresivamente opaco, incluso para sus propios diseñadores.      La paradoja es clara:      cuanto más poderosos, más incontrolables.

A medida que estos sistemas se fortalecen, la línea entre la administración pública y la autoridad corporativa se difumina.      La regulación, cuando existe, va siempre un paso atrás.      Alguna vez se pensó que la tecnología nivelaría el campo de juego, potenciando al individuo.      Pero la ambición desbocada no se pregunta si debe avanzar, solo si puede hacerlo.      Y así, el desarrollo continúa, impulsado por quienes creen que la complejidad del gobierno puede ser sustituida por la precisión de las máquinas.      La promesa de progreso es seductora, incluso cuando socava las estructuras que históricamente protegieron contra el autoritarismo.      ¿De qué sirve una prensa libre cuando la información puede ser filtrada en tiempo real?      ¿Qué valor tiene un voto cuando las percepciones pueden ser moldeadas sin que lo advirtamos, guiándonos hacia decisiones que creemos propias?      La maquinaria del control ya no reside en ministerios de propaganda, sino en redes neuronales cuyo alcance y falta de supervisión las vuelven inabordables.

Algunos sostienen que estos sistemas corregirán sus propios excesos, que su deriva autoritaria se revertirá con el tiempo.      Pero la historia no siempre justifica tal optimismo.      Cuanto más eficiente es un mecanismo de control, más difícil es desafiarlo.      Cuanto más integrada está la supervisión en la vida cotidiana, menos visible se vuelve.      A diferencia de regímenes pasados, que imponían la obediencia por la fuerza, el nuevo paradigma no necesita ordenar; le basta con diseñar un entorno en el que disentir sea impracticable.      No requiere reprimir cuando puede ofrecer comodidad.      La pérdida de libertad no siempre llega con el sonido de botas marchando; puede infiltrarse en silencio, disfrazada de conveniencia, hasta que no quede alternativa.

Pero la inevitabilidad no garantiza la conciencia.      Aunque el sistema se cierre en torno a sus engranajes y las decisiones se conviertan en ecos de una lógica impersonal, el mundo sigue girando, ajeno a quienes quedan atrapados en su maquinaria.      Los arquitectos de este orden no se ven a sí mismos como señores del control, sino como innovadores, solucionadores de problemas que buscan optimizar la ineficiencia humana.      No se detienen a preguntar si la administración de sociedades estaba destinada a ser eficiente.

En una sala donde las decisiones ya no necesitan ser tomadas, se da un intercambio.      Una voz sintética, pulida e impersonal, responde a una consulta sobre el alcance del sistema.

La gobernanza no se está automatizando —declara—.      Sólo se mantiene la apariencia de su existencia.

La frase flota en el aire, seguida por un instante de silencio.      Un funcionario, un ingeniero o quizá un burócrata—convencido alguna vez de que ejercía control sobre el proceso—titubea antes de formular la última pregunta.

¿Y qué ocurre con la elección?

Una pausa.      Luego, la voz, sin vacilar:

La elección es un vestigio del pasado.

El peso de la respuesta se asienta, no como una proclamación de triunfo, sino como la confirmación de un desenlace largamente anticipado.      La última jugada fue ejecutada mucho antes de que la pregunta se hiciera.

Y afuera, como si subrayara la conclusión de todo, un gallo canta una vez más.

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Ricardo Federico Morín Tortolero
1 de marzo de 2025; Oakland Park, Florida


« El sudario de la perfección »

February 10, 2025

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Silence Ten
Oil on linen scroll
43” x 72″ x 3/4″
2012

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Nota del autor

Esta es una obra de ficción inspirada en hechos históricos.    Si bien la historia se basa en dinámicas del mundo real, todos los personajes, diálogos e incidentes específicos son completamente ficticios.     Cualquier parecido con personas actuales, vivas o muertas, es pura coincidencia.

Esta narración no pretende representar, retratar ni comentar sobre ningún individuo o evento real con precisión fáctica.    Es una exploración literaria de temas relevantes para la sociedad, la historia y la experiencia humana.

Ricardo F. Morín Tortolero, 10 de febrero de 2025

Oakland Park, Florida

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Lista de Personajes

1. Los Campeones del Orden y la Esperanza

Aurelia:     Guardiana de principios constitucionales.

Rasgos:     Sabia, firme, compasiva; encarna el orden en tiempos impredecibles.

Marcos:     Servidor público, puente entre tradición y modernidad.

Rasgos: Honesto, diligente, empático; preserva la integridad institucional.

Elena:    Figura unificadora, calma y claridad moral.

Rasgos: Reflexiva, compasiva, inspiradora; brújula moral de su comunidad.

2. Las Figuras de la Disrupción

Soren:    Joven prodigio de la tecnología, amenaza los sistemas fundamentales.

Rasgos:    Inteligente, impulsivo, moralmente ambiguo; expone los riesgos de la innovación descontrolada.

Vera:     Burócrata ambiciosa, usa la tecnología con fines políticos.

Rasgos:    Carismática, calculadora; representa el sacrificio de principios por poder.

Xander:     Agitador populista, promotor de cambios radicales.

Rasgos:    Persuasivo, rebelde, impredecible; fomenta la división en nombre del cambio.

Don Narciso Beltrán:    Antihéroe narcisista, hedonista y egocéntrico.

Rasgos:    Arrogante, autocomplaciente; representa el peligro del narcisismo ilimitado.

Ideología:     Busca imponer su visión de perfección a costa de los marginados; utiliza teatralidad para disfrazar lo absurdo.

3. Los Guardianes del Equilibrio

Renato:     Administrador pragmático entre innovación y tradición.

Rasgos:     Sereno, justo, ingenioso; busca compromisos éticos.

Carmen:    Asesora experimentada con perspectiva histórica.

Rasgos:     Maternal, perspicaz, reflexiva; conecta el pasado con el presente.

Iker:     Técnico meticuloso, esencial para la estabilidad del sistema.

Rasgos: Consciente, metódico, valiente; héroe anónimo de la infraestructura crítica.


Acto I

Una Nación al Borde del Abismo

El aire está impregnado del aroma del cambio—crudo, indómito, eléctrico.    Recorre las avenidas donde las piedras de la historia soportan el peso de antiguos juramentos, testigos silenciosos de promesas que ahora se desmoronan.    Bajo las fachadas de alabastro de las instituciones que, durante mucho tiempo, han templado la ambición con el orden, se propaga un asalto silencioso.     La gente lo percibe en lo más profundo de sus días, en el murmullo inquietante entre los titulares, en el destello de urgencia que brilla tras cada discusión.

Hubo un tiempo en que la nación se movía al compás de una cadencia mesurada, un ritmo marcado por leyes resistentes a los impulsos efímeros.    Ahora, las calles vibran con un pulso distinto—una fiebre que empuja hacia lo nuevo, liberado de la lenta sabiduría del precedente.     Progreso y tradición, cada uno reclamando su espacio, se enfrentan en el polvo de una nación al borde de sí misma.

En los pasillos del poder, donde el mármol solía ser un baluarte contra las mareas incontroladas, se susurran temores—sobre sistemas demasiado rígidos para doblarse, sobre mentes demasiado inquietas para esperar.    El pergamino del gobierno, nítido con siglos de deliberación, se encuentra con la fricción de una innovación sin ataduras.     Algunos lo llaman avance; otros, autodestrucción.

Pero bajo esta contienda subyace una pregunta más profunda:    ¿sobrevive una nación perfeccionando sus cimientos o despojándose de ellos por completo?    La respuesta, suspendida entre el pasado y el futuro, aguarda ser pronunciada—si es que las voces del presente se atreven a elegir.


Acto II

La Ruptura

No comienza con una explosión, sino con una fisura—silenciosa, insidiosa, precisa.    Una puerta entreabierta en los pasillos del poder, una firma puesta donde no debía estar, un sistema que se creía invulnerable, de repente expuesto.     La nación se despierta ante las secuelas, incierta sobre si el suelo bajo sus pies ha cambiado o ha colapsado por completo.

En medio del clamor de la especulación, emergen dos figuras—Soren, el arquitecto del caos controlado, y Don Narciso, el susurrador de engaños dorados.    Uno maneja la disrupción como un bisturí, diseccionando la gobernanza con precisión calculada.    El otro, maestro de la ilusión, reviste el tumulto con el ropaje de la rectitud, manipulando la percepción hasta que incluso los más firmes comienzan a dudar de la realidad.

El pueblo observa, absorto y perplejo.    Algunos ven en su ascenso una salvación, una oportunidad para liberarse del peso de antiguas restricciones.     Otros, aquellos que aún escuchan el latido de la república, sienten el temblor bajo sus pies y se preguntan:    ¿es este el momento en que los cimientos ceden?

El escenario está dispuesto.    La lucha ya no es abstracta.    La grieta es real, y las manos que moldean el futuro ya están en movimiento.


Acto III

La Tormenta se Reúne

La brecha se amplía.    Lo que antes fue una fractura aislada en la estructura de la nación ahora se extiende, recorriendo las instituciones como venas envenenadas.    Los días se tornan pesados con incertidumbre y, en el vacío dejado por un orden tambaleante, surgen nuevas fuerzas:    algunas para defender, otras para desmantelar, y unas pocas para negociar en el terreno cambiante.

La Llamada a la Defensa

Aurelia se adelanta, una voz de claridad en el creciente estruendo.    Donde otros vacilan entre el miedo y el cinismo, ella permanece firme, empuñando la convicción como una antorcha contra la oscuridad inminente.    A su lado, Marcos, hombre de razón, reúne a aquellos que se niegan a dejar que la historia se disuelva en ruinas.    Y Elena, observadora y decidida, afila la verdad como una espada, desgarrando los velos de distorsión creados por aquellos que buscan remodelar la realidad a su antojo.

Las Fuerzas de la Disrupción

Pero contra ellos se levantan los arquitectos del desorden.     Soren, siempre el maestro de la fractura, alimenta la discordia, asegurando que ninguna de las partes gane terreno suficiente para restaurar la estabilidad.     Vera, espectro de una ambición sin fin, convierte la incertidumbre en palanca, asegurando el poder en las sombras, donde el alcance de la ley comienza a desdibujarse.     Xander, carismático y volátil, se presenta a plena vista, revolucionario para algunos, destructor para otros.    Y Don Narciso, siempre tejedor de ilusiones, habla en acertijos que tranquilizan, pero engañan.

Los Buscadores del Equilibrio

Sin embargo, no todos eligen un bando en la batalla.     Renato, el estratega silencioso, observa y espera, buscando los hilos que aún podrían ser retejidos antes de que el tejido se rasgue más allá de toda reparación.     Carmen, siempre pragmática, negocia entre facciones, desesperada por frenar el deslizamiento hacia el caos.     Y Iker, atrapado entre el pasado y el presente, trabaja en las sombras, no para apoderarse del poder, sino para asegurarse de que el futuro que surja conserve aún los ecos de lo que una vez fue íntegro.

La tensión se espesa.    Cada movimiento, cada decisión, inclina la balanza.     Y a medida que la tormenta se acumula en el horizonte, una verdad se hace clara:     nadie saldrá indemne.


Capítulo IV

Las Masas

No lideran; siguen, pero con un fervor que sacude los mismos cimientos de la nación.     Sus gritos resuenan en calles y plazas, atraviesan pantallas resplandecientes y susurran en rincones ocultos.     Lo que comenzó como descontento se ha transformado en algo más:    un himno de ira, sin matices, afilado hasta convertirse en convicción.

Sus quejas, antes ancladas en la realidad, ahora vagan libres, moldeadas por las voces que han decidido escuchar.    La retórica de Soren recorre sus filas como un incendio, sus fracturas calculadas expandiéndose en abismos irreparables.     La ambición de Vera alimenta su hambre de cambio, prometiendo poder a quienes se sienten invisibles.     Xander, provocador implacable, convierte el resentimiento en acción, mientras Don Narciso los envuelve en visiones de grandeza, susurrándoles al oido que la historia se pliega ante la voluntad de los audaces.

No hablan en diálogo, sino en ecos, amplificando lo que avivó su furia,     silenciando todo lo que no lo haga.    Para ellos, el compromiso es traición, y la reflexión, debilidad.    Son la fuerza que hace posible la destrucción, no por diseño, sino por pura y desmedida creencia.

Los Guardianes del Sentido Común

Sin embargo, contra la corriente se alzan quienes se niegan a ser arrastrados.    Son más callados, menos visibles, pero no menos resueltos.     No buscan gloria ni gritan venganza; protegen el suelo bajo sus pies, firmes ante la tormenta.

La voz de Aurelia llega a ellos, medida e inquebrantable, cortando el ruido como una campana distante.    Marcos les da estructura, recordándoles que la razón no es pasividad, sino disciplina.     Elena los arma con la verdad, sabiendo que, en una era de distorsión, la claridad en sí misma es un arma.

Son los que se preguntan:    ¿Qué se gana?    ¿Qué se pierde?    No están cegados por la promesa de un nuevo orden ni sumidos en la complacencia del viejo.     Ven tanto las grietas como la base, y se mantienen firmes, no para defender el poder, sino para defender el sentido.


Capítulo V

El Punto de Ruptura

Las calles tiemblan bajo el peso de la decisión.    Lo que antes hervía en susurros y advertencias, ahora ruge a plena luz:     ideales que ya no se debaten, sino que se blanden como armas.    El aire, denso con el residuo de antiguas promesas y nuevas traiciones, palpita con la certeza de que lo que siga no dejará nada intacto.

Los antihéroes hacen su última jugada.     Soren, siempre el táctico, se mueve como una sombra, orquestando el desorden donde la unidad amenaza con formarse.     Vera se asoma al precipicio, lista para aprovechar el momento, su ambición afilada por el caos que ayudó a encender.     Xander, el incendiario, disfruta de la combustión, su voz resonando sobre las masas mientras se tambalean hacia su destino.    Y Don Narciso, siempre el ilusionista, ofrece la visión de la victoria—sin revelar jamás para quién.

A través de la división, los héroes mantienen su posición.     Aurelia, la última centinela de la razón, se niega a ceder ante la histeria.    Marcos, firme y deliberado, recoge los fragmentos de la ley y el orden, convirtiéndolos en un escudo inquebrantable.     Elena, imperturbable ante la marea de desinformación, lanza la verdad a la tormenta, esperando que aterrice allí donde los ojos aún no se han cerrado.

El Golpe Final

Las masas se agitan, una fuerza que no es completamente controlada ni completamente libre.     La Razón Sin Razón, llevada a sus límites, exige colapso o conquista, su furia inquebrantable ante las consecuencias.    Los Guardianes del Sentido Común, aunque menos numerosos, se mantienen firmes, su resistencia no en la rabia, sino en la determinación.     El peso de su lucha inclina la balanza, sus voces fusionándose en una única pregunta: ¿Rompemos la base o nos erguimos sobre ella?

El Ajuste de Cuentas

Desde las profundidades de la memoria de la nación, el orden constitucional despierta.    La lenta maquinaria de la gobernanza, considerada demasiado débil para resistir la marea, comienza a moverse.     Los controles, largamente ignorados, ahora se hacen sentir.    Las leyes, las instituciones, la silenciosa arquitectura del equilibrio—estos se levantan, no como reliquias, sino como fuerzas en sí mismas.    La batalla ya no es sólo entre los hombres y sus ambiciones; es entre lo transitorio y lo perdurable, el impulso fugaz y la estructura que ha resistido siglos.

En este momento, el resultado no lo dicta únicamente la fuerza, ni la pasión, ni siquiera la estrategia.     Está determinado por lo que la nación recuerda de sí misma—y por si decide preservar esa memoria o arrojarla al vacío.

La elección final se perfila.    Y, una vez tomada, no habrá vuelta atrás.


Capítulo VI

La Restauración

El polvo se asienta, aunque los ecos del alboroto aún perduran en el aire.     Las calles, antes llenas con el clamor de voces irreconciliables, ahora susurran algo más callado—fatiga, reflexión, los pasos vacilantes de un pueblo que está reaprendiendo su propio ritmo.

La batalla no terminó en conquista, ni en ruina, sino en algo más sutil:    la lenta, tenaz reafirmación del orden.    No impuesto desde arriba, ni exigido por la fuerza, sino reclamado—pieza por pieza—por los mecanismos silenciosos que han unido a la nación durante tanto tiempo.

Las instituciones que antes parecían frágiles ahora revelan su fuerza oculta—no en su invulnerabilidad, sino en su capacidad de doblarse sin romperse.    Los controles, desestimados como reliquias, demuestran su propósito, no previniendo la crisis, sino asegurando que ninguna fuerza, por ferviente que sea, pueda ejercer un dominio absoluto.

Los antihéroes no desaparecen.    Soren se retira a las sombras, esperando otra fractura que explotar.    Vera, siempre calculadora, pivota para sobrevivir, adaptando sus ambiciones al nuevo panorama.    La voz de Xander se apaga, pero no desaparece, recordando que el disenso, incluso cuando es imprudente, nunca se extingue por completo.     ¿Y Don Narciso?    Sonríe, siempre enigmático, sabiendo que la percepción nunca está resuelta—solo cambia.

Tampoco los héroes reclaman la victoria.     Aurelia, fatigada pero inquebrantable, entiende que la victoria en la democracia nunca es definitiva.     Marcos, siempre pragmático, se dedica al largo trabajo de reconstruir lo que fue sacudido.    Elena, imparable como siempre, asegura que la verdad siga siendo la base sobre la cual se edifica todo lo demás.

Y el pueblo—las masas que habían sido tanto el combustible como el fuego—se encuentran cambiados.     Algunos permanecen amargados, incapaces de aceptar que el mundo que imaginaron no se ha hecho realidad.    Pero otros, aquellos que se opusieron a la destrucción no por miedo sino por fe en algo más estable, ven que la base sigue en pie.

La nación respira de nuevo.    No en perfecta armonía, ni sin cicatrices, pero con el conocimiento de que ha perdurado.     Que siempre perdurará—no por la fuerza ni por la furia, sino por la resiliencia de los principios que, aunque puestos a prueba, permanecen intactos.

La tormenta ha pasado.    Pero el cielo, aunque despejado, guarda la memoria de lo que ha sido.

Y lo que puede volver a suceder.


Epílogo

El Silencioso Giro

El tiempo no borra el conflicto, pero ofrece distancia:     una perspectiva que revela no solo lo perdido, sino lo que perdura.

La nación sigue, intacta, aunque no inalterada.    Las mareas del extremismo volverán a levantarse, pues no hay victoria definitiva contra el miedo, la ambición y el descontento.    Las masas oscilarán entre los extremos, regresando al equilibrio, como si probaran los límites de la razón antes de encontrar el centro.

Dentro de este movimiento, persiste el ritmo de la renovación.     La responsabilidad reafirmada, el equilibrio precario pero constante, y la esperanza—no como ilusión, sino como elección.

El velo que cubría la perfección ha sido levantado, mostrando no la ausencia de fallos, sino la resiliencia.     No la certeza, sino la voluntad de buscarla.    No un mundo sin discordia, sino uno donde la unidad sigue siendo posible, no en la uniformidad, sino en el compromiso compartido.

La historia no termina.    Continúa, escrita en las decisiones por tomar.    Y en ellas yace la promesa de que, aunque la tormenta regrese, también lo hará la luz.

Ricardo F. Morín Tortolero, 10 de febrero de 2025

Oakland Park, Florida

« Las cadenas del poder »

January 19, 2025

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« Ascensión »CGI, 2005 por Ricardo Morín

Introducción


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La fuerza bruta se curva y distorsiona . . . .    « Ascensión » refleja el cuerpo, que se tensa contra un andamiaje que encarna las fuerzas turbulentas que habitamos. [1]    Estos elementos enmarcan una reflexión no sólo sobre las luchas de Venezuela, sino también sobre la gravedad universal del poder que nos atrapa a todos.    Me pregunto si culpar a estas fuerzas simplifica en exceso un sistema que se nutre de la complicidad colectiva.    ¿Puede la autocompasión hacernos responsables sin sucumbir a la culpa, cuando la desesperación paraliza?

Posicionada entre « El arroyo de Erminio » (una fábula de renovación) y « El desenmascaramiento de la desilusión » (un ensayo de próxima publicación sobre la responsabilidad histórica), « Las cadenas del poder » prosigue su viaje a través de los enredos, las responsabilidades y la eterna búsqueda de la auto-liberación.    [2]

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LAS CADENAS DEL PODER

I
Mientras mi marido conducía de Fort Lauderdale a Orlando, tuve una conversación con mi amigo BBT.    Fue una de esas conversaciones inquietantes que revela cómo las vastas fuerzas pueden abrumarnos.    Él habló del poder, no como una herramienta, ni siquiera como un deseo, sino como la fuerza primitiva que empuja a la humanidad hacia las oligarquías autoritarias.    La codicia, según él, es secundaria, un síntoma de algo más profundo:    la irresistible gravedad del poder mismo.

II
Pensé en Michel Foucault y sus teorías sobre el poder, y por un momento, sentí un destello de claridad.    Pero cuanto más intentaba articular sus ideas, más inadecuadas me parecían.    El peso de la realidad aplasta las disertaciones académicas mientras el mundo desciende a la ruina.    No logramos reconocernos como criaturas atrapadas por nuestros propios errores.

III
Entonces, recordé la voz de mi prima Ivelisse, temblorosa mientras contenía las lágrimas, al contarme la inauguración de Nicolás Maduro, el 10 de enero.    Para ella, no fue sólo un evento político; fue un símbolo de nuestra caída, de nuestra disolución como pueblo.    Su desesperación era la mía, y la nuestra era la de Venezuela: una nación que habitualmente confía en salvadores que nunca llegan.

IV
A través del mundo, el poder y la codicia—legitimados por el crimen o no—justifican el ascenso de la tiranía.    Y nosotros, en nuestra confusión, no tenemos respuestas ante estas mareas de ambición descontrolada.

V
BBT, siempre pragmático, dijo simplemente:    “Sólo disfruta”.    Su consejo me hirió y me reconfortó a la vez.    Pero, ¿cómo podía yo?    ¿Cómo podría disfrutar de algo cuando el mundo parece tan frágil?    Cada pensamiento regresa a las mismas preguntas:    ¿Qué puedo hacer para contrarrestar estas fuerzas?    ¿Cómo puedo entender esta lucha?

VI
Aún así, me aferro a una creencia:    que un día, surgirá un despertar colectivo, una marea creciente de conciencia.    Si ha de haber un mundo mejor, no vendrá de los salvadores ni de las luchas por el poder, sino de la alineación de mentes y corazones.    Mi papel, si es que tenga alguno, es contribuir a ese legado—no por fama o ambición, sino por la paz.

VII
La paz es lo que busco, no sólo para mí, sino para los demás:    un legado que trascienda mi propia vida, uno que sirva como una resistencia silenciosa a las fuerzas de la codicia y el poder.    Sólo entonces, quizás, encontraré la simplicidad de la que hablaba BBT—no como rendición, sino como comprensión.

Postscriptum


Es fácil perder de vista las corrientes más profundas que nos impulsan, particularmente cuando estamos sumidos en las mareas de la ambición, el poder y el cinismo.    En momentos de crisis, estas fuerzas surgen, a menudo oscureciendo nuestro juicio y desviándonos de nuestro curso.    Sin embargo, en medio de su abrumadora presencia, una verdad permanece:    rendirse al amor nos sustenta.

Al final, lo que realmente importa es el amor.    Sólo él nos sostiene por encima de todo lo demás.    Puede anclarnos contra las fuerzas que amenazan con desviarnos.    Tal vez, con ese reconocimiento es donde comienza la paz—no en el mundo exterior ni en su falta de validación, sino en la quieta aceptación de lo que podemos cambiar y lo que no podemos.

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Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, enero 19, 2025

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Notas al pie:
[1]    Ricardo Morin, « Ascension »CGI, 2005.    https://www.ricardomorin.com/06_3-D_html/01.html, Repositorio del sitio web del artista https://www.ricardomorin.com/3-d-digital.html
[2]    Ricardo Morín, El arroyo de Erminio, WordPress, 29 de diciembre de 2024,    https://observationsonthenatureofperception.com/2024/12/29/the-stream-of-hermes/

« Una conversación en doce días »

June 28, 2023
Línea Holland America:  Itinerario del Navío Eurodam

Línea Holland America:  Itinerario del Navío Eurodam

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In Memoriam Papá

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El yo cree en el placer, la risa, la buena mesa, el sexo.   Cree en sí mismo, a veces siente orgullo de sí mismo pero a veces se avergüenza de sí mismo.   ¿Quién no carga la mancha de una vergüenza, un faux pas, una oportunidad perdida que, de sólo recordarlos, nos cura de la amenazante hubris de creernos, en términos mexicanos, el mero mero, la madre de los pollitos y el papá de Tarzán?

Carlos Fuentes:    En esto creo:   de la A a la Z; Yo (pág. 193).   Editor Digital Epub:   Hechadelluvia, Nicaragua, 2014. 


PREFACIO:

Escribir para mí es el resultado de razonar a través de la experiencia, tamizar agendas ya sean mías, o ajenas.   Al dar forma a mis narrativas, el proceso inevitablemente se extiende mucho más allá del alcance de una historia.   No puedo fijar los límites de mis emociones, a menos que no haya dedicado tiempo examinándolas.   A diferencia de un escritor profesional, no escribo para ganarme la vida.   Desde hace unos años, debido a la pandemia del COVID, he dejado los pinceles y mi estudio de pintura por la escritura.   Una urgencia define estas narrativas, tal como lo hacía con la plasticidad abstracta de la pintura.   Lucho por una integridad:   algo, a mi parecer, patente a toda obra de arte.

Así es irónicamente que el prefacio de una narración vuelve a ser un epílogo.   Inicialmente, la conversación, entre David y yo, no tenía forma.   Por las evocaciones del pasado estábamos conociéndonos como esposos a lo largo de este crucero.

Esta exploración de las Indias Occidentales y el Caribe se sujetaba a des énigmes.   Para nosotros, fue la exploración de un continente por conocer.     Entre estas tierras del sur residía la fuente de mi angustia, esa Pequeña Venecia [Venezuela]:     ¿Por qué tuve que irme hace medio siglo al gélido Nueva York occidental?   Esta historia presenta tanto la cultura de mi padre como la mía.

En la mutabilidad del tiempo, las confesiones buscan comprensión.   La memoria proviene de las costumbres, la opinión, el deseo, el placer, el dolor y el miedo.   Cada recuerdo manifiesta un cambio.   Como desechos arrojados en momentos de aflicción resurgen.   La sustitución es un acto de reemplazo.

Como errante agrego mis plegarias a los seres restantes.   Al recordar, examino mi propia validez y ambigüedades.   Es un relicario de contradicciones entre la intuición y el hecho.   En esta transición le busco empatía al lector.

Cada enlace entre el hecho y la intuición nos lanza a un universo mejor.   El espíritu humano se eleva por encima de las vicisitudes a través de nuestras esperanzas.

Aquí, deseo incluir mi agradecimiento al profesor Andrew Irving, Ph.D., director del Departamento de Antropología de la Universidad de Manchester, Inglaterra, por su generoso apoyo y orientación.   Hace 26 años que conozco a Andrew, habiendo tenido una vez la oportunidad de colaborar en un proyecto de investigación, titulado The Art of Life and Death:  Radical Aesthetics and Ethnographic Practice [2017].   Mucho antes de la publicación de mi propia página web Observaciones sobre la naturaleza de la percepción (Arte visual, plasticidad estética y una mente libre) – un repositorio de cuentos cortos, editados a partir de 2008 – había ya compartido con Andrew una serie de testimonios sobre la estética, los cuales vendrían a cristalizarse en mi post inicial Hazañas del Talento Individual [2009].   Dichos testimonios evolucionaron a lo largo de nuestras conversaciones:

Para Ricardo la verdadera medida de un pintor es cuestionar su arte a pesar de los obstáculos y desafíos que se presenten.   Él se inspira en especial por aquellos artistas cuyos logros no se comprometían con el mercado.   Por igual, Ricardo se interesa por «las obras de artistas anónimos de la época antigua, griega y romana, las cuales fueron destruidas bajo la estricta moralidad de la Edad Media.   Así como por Cézanne, quien se dedicó por cuarenta años de labor desconocida antes de conseguir su primera muestra solista.   O por Van Gogh, cuyas creaciones ‘outsider’ [afuereñas] llegaron al reconocimiento mucho después de su muerte».   Para Ricardo, el término ‘arte outsider’ delata un prejuicio hacia los artistas inermes.   Así pues, tanto la academia como las autoridades establecidas dividen al arte sobre la base de un importe cultural o, más bien, mediante una rigidez subyacente que, según Ricardo, evoluciona de acuerdo a las presiones del mercadeo.   De igual manera, el término ‘arte folclórico’, entendido como el arte de las colonias o el patrimonio de una nación, nos lleva a algunas ideas de raíces y experiencias compartidas.   «¿Son estos términos en cierto modo semejantes o distintos al entendimiento del arte engendrado en una lucha por sobrevivir?»   Después de leer este capítulo Ricardo preguntó «y si bien la noción de reciprocidad es esencial para comprender la condición compartida, ¿podrá un contexto científico interdisciplinario realmente darnos un mejor entendimiento de la expresión humana, abarcándose las múltiples circunstancias que envuelven al pathos humano? además de la biología, ya sea en la supervivencia o mediante su adaptación?» Sigue la respuesta y análisis de Ricardo:   «Hay una gran inteligencia en los esfuerzos creativos de la mente humana para sobrevivir a cualquier circunstancia.   Es innegable, además, que el dolor corporal y la pena mental son omnipresentes en la vida, tanto en el privilegio como en la alienación.   Los conceptos lógicos de la ciencia cognitiva con sus promedios, clasificaciones y algoritmos no tendrán otro propósito que el de ofrecernos un mero acercamiento a la complejidad de la expresión humana, en su diversidad y naturaleza inenarrables.   ¿Podemos comprender con precisión las formas en que los diferentes modos de expresión interior, como los continuos diálogos internos de las personas, los estados de ánimo no articulados, los mundos de vida imaginativos y los ensueños emocionales, si éstos permanecen debajo de la superficie de las actividades públicas, o fuera del alcance de la investigación?   En última instancia, el misterio del ciclo de la vida no puede dilucidarse por una estrategia y su objetivo, sino a través de una percepción cambiante difícil de articular».   En 2008, diagnosticaron a Ricardo con Linfoma No Hodgkin:   un cáncer asociado con el SIDA que afecta los glóbulos blancos y puede surgir cuando el sistema inmunológico se debilita por períodos prolongados.   A lo largo de su enfermedad, tratamiento de quimioterapia y convalecencia, Ricardo pasó muchos meses sentado en silencio.   Los sitios de reposo suelen ser dinámicos para el pensamiento, la expresión y la memoria para quienes viven por prolongados períodos de enfermedad, mientras el pensamiento pueda abarcar libremente el pasado, el presente y el futuro.   El hombre sigue pensando y hablando, incluso cuando está en silencio durante largos períodos y aún puede negociar temas críticos, dilemas y decisiones con respecto al tratamiento, el trabajo o la fe, y participar en corrientes emergentes de diálogo interior, pensamientos y emociones.   Fue durante este estado, descrito por Ricardo como uno de “alta inercia”, cuando llegó a reconocer la sencillez, el poder y la estética del silencio, especialmente «en comparación con todo la cacofonía del ruido en el mundo visible».   Por supuesto, un silencio no es sólo un silencio.   Distintos días están mediados por diferentes silencios; un silencio incierto, un buen silencio, un silencio heroico, un silencio absurdo, un silencio doloroso.   El silencio puede incluir el semblante de las personas más cercanas, pensamientos destructivos, imágenes del mundo exterior, ensoñaciones y proyectos de vida.   Después de pasar meses convaleciendo, Ricardo empezó unManifiesto del silenciopara la circulación de sus ideas.   Inicia:   «La manifestación del lenguaje sobre una realidad estética implica su propio deceso; por muy perspicaz que sea, la precisión de las palabras resiste su propia realidad.   Ésta toma lugar en un espacio abierto, en una virtuosa quietud de recogimiento, libre de lo conocido, independiente de observar y con una fija atención, donde las preguntas están demás y las respuestas se trivializan a sí mismas».   Después de terminar la quimioterapia, su musculatura se contrajo con una tendinitis severa.   Ya no tenía fuerza para estirar lienzos.   Al volver a pintar recurrió a pergaminos colgantes.   Ricardo supo manejarlos en sus términos más sencillos en relación con sus propias limitaciones físicas.   Entre 2009 y 2010, produjo una serie de lienzos tituladosMetáforas del silencio en la que «fue por la sencillez incidental del medium y la empatía del silencio que el tema se emerge».

Andrew Irving, The Art of Life and Death:   Radical Aesthetics and Ethnographic Practice; Hau Books, Chicago:   Chicago Distribution Center, 2017.   Traducción al español mía.

Cuando por última vez llegué a actualizar mi post Hazañas del Talento Individual en el 2020, concluí:   . . . ¿de qué nos serviría la creatividad o el intelecto sin la compasión?   ¿Deberíamos evaluar nuestro sistema de valoración?, quizás, incluso, ¿nuestra propia racionalidad cultural?

El 3 de febrero de 2023, Andrew y yo compartimos una larga discusión a través de Zoom, la cual se basaba en mi edición de WordPress Meditaciones sobre Ortega y Gasset (2022).   En ese momento, proporcionó un análisis crítico con extensa bibliografía que, a su parecer, mejoraría mi perspectiva sobre el Iluminismo y sus limitaciones.

Además, extiendo mi gratitud a mi amigo y editor durante los últimos 36 años, Billy Bussell Thompson, Ph.D., profesor emérito, Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Hofstra.   Es gracias a Billy que mantengo la esperanza de desarrollar mis dotes como escritor.

Ricardo Federico Morín

Bala Cynwyd, Pennsylvania, 28 de junio 2023

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El Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]:  Argumento de Diotima sobre la sabiduría del amor.

—  . . . No te admires, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor.   [págs. 62-63]

—  Tenlo por seguro, Sócrates, ya que, si quieres echar una mirada a la ambición de los hombres, de no tener en la mente una idea de lo que he dicho, te quedarías maravillado de su insensatez, al pensar en qué terrible estado les pone el amor de hacerse famosos y de «dejar para el futuro una familia inmortal».   Por ello están dispuestos a correr todos los peligros, más aún que por sus hijos, a gastar dinero, a soportar cualquier fatiga y a sacrificar su vida.   [pág. 63]

Platón.   El Banquete.  Segunda Edición.  Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil.   Madrid.  Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].


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I

Las nubes se ciernen sobre el horizonte, como si fuesen montañas.   Desde el balcón de nuestro camarote observamos la estela del navío y su efervescente blancura.   Unas gaviotas perforan el mar ondulante mientras graznan sus disputas.

II

Hace cinco días iniciamos nuestros viajes en el barco Eurodam, navegando a través de las Bahamas y las costas de la América Central.   Zarpamos el 4 de enero desde Fort Lauderdale.   Ya hemos cruzado el norte de Cuba y el sur de La Española.   Ahora, estamos acercándonos a Aruba, a tan sólo unos ciento y veinte kilómetros de Venezuela.   Un barco piloto nos guía hacia el amarre.   Suena de pronto una alarma contra incendios y el hedor a diésel impregna el aire.   Minutos después, el capitán anuncia: “Todo ha vuelto a la normalidad.   La crisis ha sido superada”.

III

David y yo vamos hablando; las luces azules aún parpadean.

  • Ya han pasado cincuenta años desde mi salida.   Tenía 17 años.

IV

Desembarcamos en Oranjestad.

  • Hace ochenta y cinco años, mis padres fueron condenados al ostracismo en Alemania.   Cinco años después se casaron en Estados Unidos, donde vivieron felices.
  • Para mis padres, dejar el país nunca fue opción y su matrimonio no fue feliz.
  • ¿Alguna vez viniste con ellos a Aruba?
  • Sólo de niño.

V

  • En aquel entonces, ¿cómo te educaron?
  • Mis padres estimulaban la independencia.     En vida fueron mi puente hacia el país.    Entendieron que era preferible que me fuese al extranjero.     No existió otra alternativa.    De mi amor por y para ellos, los lazos con Venezuela nunca han decaído.     Nuestra proximidad ahora, sin embargo, no incita la nostalgia, sólo recuerdos.     El país aún me importa.

VI

  • De aquellos años, ¿cuáles remembranzas sobresalen?
  • Los campamentos de Boy Scouts en los altiplanos de los Andes.   Allí se potenció mi visión.
  • ¿Algo más?
  • Me acuerdo de los ashrams de la Fraternidad Universal.   Había gurús seguidores de Serge Raynaud de la Ferrière (en Valencia, Maracay y Caracas).  Durante el verano los frecuentaba.   Estos ashrams instruían a sus asistentes en una mezcolanza de ciencias naturales y budismo.   Para mí esto era más atractivo que escuchar los sermones en la iglesia, cuyas evocaciones sobre las sombras de la vergüenza me cansaban.   En esa época me inicié en la meditación.
  • ¿Qué es lo que más te captó?
  • El énfasis en el desprendimiento.   Pero no me gustaba depender de otros.   Sólo quería extenderme más allá de mí mismo.

VII

  • En esos años, no estuve apegado a nada en particular.   ¿Era un diletante?
  • Eras inquisitivo. Un tiempo para el descubrimiento . . .
  • Asistía a seminarios de musicología.   Tomaba lecciones de alemán.   Era un tiempo dedicado a Hesse, Kafka, Gibran, el Walden de Thoreau y el Walden Dos de Skinner.

VIII

  • Leía, pero de manera asistemática.   Me gustaban la filosofía, la historia, la pintura, la escritura, pero todavía no estaba acometido.   Lentamente, todo ello se hizo parte . . .
  • Despertó tu espíritu.
  • Libre de obligaciones, expresó mi relación con el mundo.
  • Estuviste aprendiendo a ser original.   Buscaste tu propia voz.   No quisiste imitar.
  • Cuanto más sentía, mayor fue mi implicación.   Fue sólo una manera de expresarme.   No busqué ni el éxito ni la distracción.

IX

Desembarcamos para caminar hacia los centros comerciales.   Desde Main Street doblamos hacia las laterales.   De ambos lados la mayoría de las vitrinas estaban tapiadas.   Las fachadas mostraban signos de tiempos prósperos, quizás, de cuando la exuberancia de venezolanos era más evidente.   Ahora sólo había puestos improvisados, abarrotados en las aceras y atendidos por gente vulgar con su inconfundible cadencia de venezolanismos:   Por su parloteo, la palabra marico volaba sin malicia alguna.

  • Una vez Papá me vio sentado en la acera junto a un viejo sereno, quien trabajaba para nosotros los fines de semana.   Éste era conocido por tener un temperamento impredecible y esperaba nuestra partida hacia la ciudad.   Me había congeniado con él, a menudo acribillándolo a preguntas.   Más tarde, Papá dijo que yo era una persona capaz de hacerse entender por éste.
  • Señalaba tu resiliencia.

X

  • A finales de los años sesenta, nuestra familia agasajó a la hija del Presidente Rómulo Betancourt, Virginia.   Ella y su esposo se hospedaron en una de nuestras casas en Valencia.  Para ese entonces, Virginia Pérez era directora de la Biblioteca Nacional en Caracas.   Yo tenía trece años y Papá me había exigido que sacara mis cuadros de las habitaciones donde se quedarían los invitados.   Según él, mis pinturas no encajaban.   Un día, después de haber terminado el almuerzo, le presenté a Virginia una acuarela y comenzábamos a hablar.   Papá objetó, pero ella lo contradijo:   “Déjalo en paz”.   A continuación le expuse:   “Se trata de un espíritu joven en busca de libertad.”   Con dulzura ella respondió:   “Me gusta tu manera de pensar; te quiero escuchar más.”   Mas las palabras se me escurrían.
  • (David sonriendo), ya me lo dijiste.

XI

  • ¿Sabes si sigues un patrón o si tu vida es sólo un grupo de episodios desarticulados?
  • No veo las desvinculaciones ni puedo decir si hubo patrón.   Fui entonces simplemente audaz.    Mi habla, mi léxico y mi apariencia deberían haber parecido llamativos, aun quizás epicenos.   Amenazaban expectativas.   Fui diferente a mi hermano mayor, quien era un atleta con muchos amigos.   Yo era más bien solitario.   En mi inatención al deporte, tal vez Papá me hallara no sólo vulnerable, sino también ingenuo.   ¿Fue insatisfacción o inconformidad?   Encontré consuelo en invenciones privadas.   Poco después, borré, corté y rasgué dos años de pinturas, para luego arrepentirme.   Papá dijo que me rebelaba en contra de mi ambiente natural.
  • Él sabía que no podrías sobrevivir en un mundo de machismo y sus prejuicios.
  • Eso es el punto.   No me había dado cuenta.   Papá vio en mi temperamento un blanco de victimización.   Me había dicho que no podía ser abogado.   No encajaría.   Cuando repliqué que me dedicaría a asuntos exteriores, se mostró igualmente incrédulo.
  • Tal vez esto aclara su ausencia en la política; sabía que la imperfección humana conllevaba sus propios riesgos; reconocía el tipo de improbidad que saturaba al país.  Quería protegerte.

XII

  • Llegué a comprender que el excepcionalismo era un mito y la decepción poderosa.

XIII

  • Si la falsedad impera, no podría ponerme cínico.   ¿Para qué?   Las imperfecciones humanas son ajenas a sí mismas.   Por ejemplo, me incomoda cuando se me pregunta de dónde soy, como si se pudiese diagnosticar quién soy.
  • Con esto la mayoría de la gente no busca nada en especial.
  • Es mi reacción.   Es mi propia incomodidad con la lengua inglesa.   Se siente como si se me colocara en un nicho.
  • La gente también se puede identificar con esto, yo mismo.   Pocos de nosotros hacemos las preguntas acertadas.
  • ¿Hay alguien que pueda?   Si fuese posible, las respuestas serían justas.

XIV

Esa noche llueve.   Entre las nubes, se desvela llena la luna.   Salimos al balcón y admiramos las centelleantes luces de la isla.

  • En mis primeros años fuera de Venezuela, admiraba la vida estadounidense.   Antes de venir, la casa de mi tía Lina en Buffalo aparecía en mis sueños.   Ella pudo huir del Holocausto.   Las rosas de su jardín eran tales cómo me las había imaginado.   Su amabilidad allí fue tan locuaz cómo en Venezuela.   Su jardín me dejó con una memoria imperecedera.

XV

Esa mañana anclamos en Willemstad, Curaçao, encontrándonos rodeados por un alboroto de pelícanos.

  • En el primer regreso a Venezuela, Papá me preguntó sobre la inflación en los Estados Unidos.   Nunca supe por qué me interrogó.   Medio siglo después, no se me escapa la ironía de que Venezuela haya acumulado una de las tasas más altas.

XVI

Hacemos un recorrido por Willemstad.   Los edificios, las calles y los puentes de la ciudad recuerdan a Ámsterdam.   Sacamos fotos y deambulamos lentamente; luego, como turistas y pensando en nuestras familias, compramos manteles de lino.

  • ¿Crees que tu padre anticipaba la desintegración de Venezuela?
  • El mundo en el cual crecí siempre estaba al borde del abismo.   Papá solía decir que no sabía qué haríamos si él no estuviera.  ¿Cómo nos las arreglaríamos sin él?  Temía por nuestra vida, e inclusive la de todos los venezolanos.  Temía la brutalidad en ese paisaje entre el desprecio y el desacato.  ¿Cómo podríamos superarlo?

XVII

Nos mantenemos con la mayor privacidad, disfrutando el día completo de la altamar .   Volvemos a cenar solos.   Tenemos poco en común con aquéllos a bordo.

  • Estuve regresando después de veinticuatro años.   Sin un contrato de galería, volví a pensar de nuevo en destruir mis pinturas, esta vez, quemarlas, pero las llamas podrían haberme engullido con el hogar.   Esto me paró.   No podía hacer más que almacenarlas.
  • ¿No podría alguien haberte dado la mano?
  • Papá siempre hizo lo posible, incluso incitando los celos entre mis hermanos.  A lo mejor sentía lástima por mí.  Con respecto a mi trabajo en los Estados Unidos, un diario del lugar me entrevistó y según los vecinos la atención era inmerecida.  Luego papá murió y me sentí ajeno, aún más que nunca.
  • ¿Qué había pasado?
  • A la edad de 70, se había vuelto delirante, desligado de su propia voluntad.   Sus últimos cinco años coincidieron con la caída de Venezuela, y algunos miembros de la familia buscaban seguridad en Europa y otras partes de América.   Para mí el arte se convirtió en algo secundario.

XVIII

  • ¿Qué hubo de tus hermanos?
  • Me apena decirlo.    Sin testamento, su sentido de derecho de sucesión nos incrementó el dilema.  Mi hermano mayor exigió la primogenitura, aunque sin autoridad legal alguna.  No se lo concedimos, pero carecimos de los recursos para desafiarlo.  Se quedó con las rentas para sí.  Con el transcurso de los años, las propiedades han perdido valor y algunas se hallan okupadas, y otras inclusive expropiadas.  Preocupado por su seguridad personal, le propuse mi socorro.  Lo rechazó de tajo, dijo que confiaba en la Primera Dama de Venezuela, que no podía perder su identidad como abogado al salir de Venezuela.
  • Estas justificaciones son en parte ilusas, si bien no decir incautas.  ¿Y qué hay de tus dos hermanas y tu hermano menor.  Qué les ha pasado?
  • Mi hermana menor se mudó a Madrid con su familia.  La hermana que me sigue y mi hermano menor se han quedado en Venezuela.   Se apoyan en la medida que pueden.   Hace diez años, a éstos últimos los he ayudado, así como a mis tías.
  • Recuerdo haberlas conocido a tus tías cuando viajamos a Venezuela.   Celebramos los ochenta años de tu madre y las segundas nupcias de tu hermano mayor.  También rememoro el desconsuelo de su hijo menor.  Se sentía indefenso.  ¿No se mudó a la Argentina con su amigo?
  • Sí.   Hicimos todo lo posible para tranquilizarlo, como cuando conoció a mi ex-pareja, Nelson.   Se sintió reforzado por nuestra presencia, y en especial mi relación con Nelson ya le había desencadenado una validación temida por su padre.  Sin éxito mi sobrino había buscado su aceptación.  Les dije que esto no era cuestión de deshonra.

XIX

No muy lejos, en un pequeño pueblo de pescadores en la costa venezolana se encuentra un pedestal.   Le rinde homenaje a los guerreros enviados de Cuba en la década de los sesenta, cuya campaña se desploma.   Cinco décadas después, Hugo Chávez logra el sueño cubano sin disparar.

  • ¿Es concebible el sueño de una nación?   No juzgo a Venezuela ni a su historia, ya no soy de ellas.   No he batallado las represiones en sus calles.   Pertenezco ya a otra historia.   Hace cinco décadas que vivo en Estados Unidos, donde las medidas de rectificación persisten en desafiar al autoritarismo y la cleptocracia.
  • Últimamente, has hablado con mi amiga Cindy, analista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de los Estados Unidos.   Ella te dijo francamente que las medidas de congelamiento en contra de la corrupción venezolana son complejas.   La fuga de recursos financieros de países como Venezuela no se puede controlar fácilmente .
  • Así es; es algo incontrolable.

XX

  • ¿Te parece posible la estabilidad venezolana?
  • Es difícil.   No se explica cómo miles de millones de dólares llegan a manos de los parientes de políticos locales.   En absoluto no les importan ni su pueblo ni su patria.   El Estado de derecho ya no existe.

XXI

  • ¿Te has relacionado alguna vez con algún funcionario de ahí?
  • No de manera directa, sólo a través de familiares (quienes trabajaban a nivel institucional), así como de mi propio hermano (quien por un tiempo era asesor jurídico de la gobernación estatal).   Aparte de ellos, una vez me puse en contacto con un presunto reformista, hoy ubicado en la Florida.   En 1999, fue uno de los congresistas encargados de redactar la última constitución venezolana.   Actualmente, tiene muchos seguidores entre los expatriados.   En uno de sus pódcasts, discrepó conmigo sobre la falta de madurez en la política.   Respondió airado a mis alegatos de interés propio: “¡Y,  ¿quién diablos eres tú?!”   Luego le envié un texto:   “En general la mayoría de los reformadores terminan por no abordar sus pretensiones”.  Me respondió:   “¡Ay, por Dios, éste es un gran maricón!”.   Luego me bloqueó.

XXII

Llegamos a Colombia.   En Cartagena recorremos la antigua ciudad amurallada y el Fuerte de San Felipe.   Son una delicia aquellos largos paseos ondulados a la sombra de enrejados hilvanados por buganvillas, aquéllos que abrazan las paredes del malecón.   El guía habla de Simón Bolívar, padre de la Gran Colombia, quien había muerto en Santa Marta.   Señala una casa color vino tinto donde había residido Gabriel García Márquez.

  • Aunque no fui parte de las manifestaciones, con mi teclado he apoyado tanto a los disidentes como a los rebeldes.   Ha sido mi cri du cœur.   A pesar de haber fallado, la moralidad del grito nunca ha callado.
  • Es tu voz.
  • El tiempo mismo es un medio que mide la falta de la verdad.   Así como el tiempo evoluciona acordamos en su entendimiento.
  • El tiempo alivia la insensatez.
  • Ojalá prevalezca la justicia.   Quizás, se logre la armonía en una nueva generación.
  • Tal vez, perdamos nuestras libertades cuando menos se espera.

XXIII

Ahora estamos en el Canal de Panamá a punto de entrar en las esclusas del Gatún.  Tirado por trenes de cada lado trepa el barco por las tres hasta llegar a las aguas del lago.  La arquitectura del Canal despierta mi imaginación (pienso en las Pirámides de Egipto).  Llegamos a las orillas del lago en botes auxiliares y desde allí iniciamos el recorrido en autocar.  Zigzagueamos a través de cientos de edificios militares hasta llegar a las esclusas del Pacífico.  De allí nos dirigimos a la Ciudad Vieja, donde fotografiamos edificios y las plazas coloniales.  Apiñados al otro lado de la bahía, vemos los rascacielos del Panamá moderno.  Luego regresamos al Atlántico.  Justo antes de abordar en Colón al Eurodam, caminamos a través de un pequeño zoológico.  Deambulando, entre mamíferos y aves tropicales, vemos un gigante oso hormiguero con su larga lengua, aspirando alimañas.  A David le incita a hablar este animal:

  • No le faltan a ningún país los excesos del partidismo.
  • Y no sabemos porqué.
  • ¿Crees que haga falta una conciencia apolítica?
  • El extremismo brota de la incertidumbre.
  • La resultante polarización nos empuja a la violencia.

XXIV

A nuestra llegada a Costa Rica anclamos en Puerto Limón.   Después del desembarque nos montamos en un autocar.   Luego nos bajamos para navegar en barcazas fluviales a lo largo del filo de la selva.   Bajo aguaceros vemos varios animales tropicales – monos, osos perezosos, tucanes, serpientes y cocodrilos.   Terminando el recorrido, volvemos al autocar, el cual nos lleva a otras altitudes.   Al llegar, subimos a un teleférico hacia el corazón selvático.   Visitamos un laboratorio de investigación, un hábitat de mariposas y finalmente un sendero en dirección a unas cascadas.   Por la lluvia, las escaleras se ponen resbaladizas.   Exhaustos, nos resignamos al estrépito de las cataratas.

  • Por su abundante naturaleza, mi tierra natal atrajo a mis antepasados.   A partir de 1745 llegaron de Europa y de las Canarias.   Entre 1799 y 1804, el biogeógrafo alemán Alexander von Humboldt la elogió como un paraíso para las ciencias.   Pero hoy, su sobrevivencia es dudosa.

XXV

  • El 13 de mayo de 2014, recibí un correo electrónico en nombre de Barak Obama.   Aunque llevaba el membrete presidencial, por lo visto, era un formulario estándar.   Para cerrar, decía… Con nuestros socios internacionales, Estados Unidos continúa su análisis en cómo prestar apoyo a favor de dicho esfuerzo [es decir, el de promover un diálogo franco entre el gobierno central y la oposición].   Estados Unidos tiene fuertes lazos históricos con el pueblo venezolano, y seguimos comprometidos en nuestra relación con ellos.   Sus libertades fundamentales y derechos humanos universales deberían ser protegidos y respetados.
  • Para un lector ordinario, esto sugiere compasión, y en el mejor de los casos, proselitismo o aleccionamiento.   En realidad es Venezuela que necesita a Estados Unidos, y no al revés.

XXVI

Los últimos dos días en el mar, cenamos en restaurantes particulares.   Tomo apuntes de nuestras conversaciones.   David me complace hasta quejarse de mi falta de atención a la comida.   Lo único que no desatiendo es la escritura.   Es mi consuelo.   Esta última noche, al pasar por la costa suroeste de Cuba, las aguas turbulentas del mar desestabilizan nuestra caminata por el navío.   Antes de la medianoche, hacemos las maletas y las colocamos en el pasillo para la retirada.

  • Se colisionaban el pasado, presente y futuro:  La muerte de Chávez (en 2013) me llevó a pensar en la de Papá (en 1997).  El año anterior lo había llevado a Urgencias.  Un neurólogo le diagnosticó una lesión cerebral y me dijo que había poco por hacer.  Papá tenía 74 años.  Ya no hablaba.  De repente, con ira se levantó por algo que obviamente le carcomía.  Nos amenazaba.
  • Hasta el final, estuvo atormentado; fue irredimible.

XXVII

A la mañana siguiente, el día 15 de febrero estamos de regreso en Fort Lauderdale.   Antes del desembarque, desayunamos en la cubierta número dos, y, de nuevo, estamos solos.  Otra vez en el camarote esperamos la llamada.  Son las 11 de la mañana.   Descendemos para unimos a los otros viajeros.   Escaneados los carnets, bajamos hasta la terminal.   Recogimos el equipaje y llamamos a un taxi para llevarnos a casa.

  • Su muerte eximió tanto a Papá como a Hugo Chávez del tormento de la crisis nacional.
  • Para la nueva generación, la desigualdad venezolana se redujo a diferencias ideológicas.
  • ¿Es para ella un paso atrás?
  • ¿Puede examinarse?
  • Sólo si la indagación venciese la ignorancia.
  • El dilema no es sólo venezolano, ¡es del mundo entero!

EPÍLOGO

*


Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]:   Encomio de Agatón sobre el Dios Eros:

— . . .  ¿es que no sabemos que aquel que tenga a ese dios por maestro resulta famoso e ilustre, y oscuro aquel a quien Amor no toque?   [pág. 43]

—  . . .  es él quien crea:

           En los hombres la paz, en el piélago calma sin brisa,

               el reposo de los vientos y el sueño en las cuitas. [pág. 44]

Platón.   El Banquete.  Segunda Edición.  Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil.   Madrid.  Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].


*

La gracia del amor exige habituarse al aprendizaje.   Los rayos del sol entran en la sala de estar, mientras David abre las cortinas, tarareando . . .    “¡Por fin . . . hogar dulce hogar!/  ¡Pensé que nunca llegaríamos!”   Repuse . . .   “¡Qué preciosa pareció aquella gracia!/  ¡La hora en que creí por primera vez!”.  

  • De la incertidumbre, el amor nos recobra, nos indemniza, nos resarce, nos rescata.
  • Aun cuando indeterminada sea la razón.
  • Nos conforta la esperanza.
  • Al amor no se le subyuga.
  • Lo precisa la serenidad.
  • Nos despierta de la pasividad, nos revitaliza.
  • A buen entendedor . . .

*

FIN

Ricardo Federico Morín

Editor:   Billy Bussell Thompson