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« La imposibilidad de la convicción »

May 12, 2026

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Ricardo F. Morín
Serie del búfalo, n.º 5
32″ x 36″
Óleo sobre lienzo
1978

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Nuestras afirmaciones no adquieren fuerza por la intensidad.  Adquieren validez por aquello que logra permanecer reconocible y verificable.  Cuando esa relación falla, una afirmación pierde claridad y deja de conservar vínculo suficiente con aquello a lo que hace referencia.

Una afirmación débil pierde relación con aquello que pretende afirmar.  No alcanza a constituirse como algo verificable.  Permanece sin integrarse a la experiencia a la que alude.  Esto no es duda, sino indeterminación:  una condición en la que una afirmación deja de conservar relación suficiente con aquello que pretende describir.

Cuando todo se intensifica a la vez, aquello que debería permanecer separado se confunde.  La claridad se debilita porque afirmaciones desiguales terminan adquiriendo el mismo peso.

Una afirmación sin consecuencia pasa sin dejar rastro; una afirmación intensificada se disuelve en la misma falta de claridad.  Lo que se repite no se afirma por repetirse.

En ambas condiciones, la convicción no aparece como falta de voluntad, sino como incapacidad de una afirmación para conservar relación suficiente con aquello que pretende describir.  O una afirmación no alcanza a constituirse como verificable, o pierde claridad cuando se intensifica sin medida.  La convicción no aparece separada de esas condiciones.

El límite no restringe una afirmación; la vuelve verificable.  Al separar aquello que de otro modo se confundiría, permite que ciertas referencias puedan reconocerse nuevamente con claridad.  Una afirmación puede entonces conservar relación suficiente con la experiencia a la que alude sin depender de la intensificación.

Cuando esa claridad se pierde, el juicio se desordena con ella.  Lo trivial adquiere peso, y aquello que importa deja de reconocerse con claridad suficiente.  El espacio público refleja entonces esa condición:  la acumulación de énfasis reemplaza la claridad, y afirmaciones incompatibles terminan adquiriendo el mismo peso.

Lo cercano se impone sin medida.  Lo distante pierde toda referencia.  Entre ambos, ciertas afirmaciones dejan de conservar claridad suficiente para reconocerse como verificables.

La convicción no es un acto de voluntad ni una adhesión subjetiva.  Es la condición bajo la cual una afirmación puede permanecer reconocible y verificable.  Cuando esa condición falla, no hay convicción posible, por más que algo se intensifique.

Por eso, la convicción no es una postura, sino una consecuencia de aquello que puede permanecer reconocible y verificable.  Sin ello, afirmaciones distintas se dispersan o se acumulan hasta perder relación suficiente con aquello que pretenden describir.  Con ello, ciertas referencias pueden volver a reconocerse con claridad.

La desconfianza y la insatisfacción no son causas de esta condición.  Son manifestaciones incidentales de un campo en el que ciertas afirmaciones dejan de permanecer reconocibles y verificables con suficiente claridad.

Conservar claridad en una afirmación no consiste en restringirla, sino en permitir que conserve relación suficiente con la experiencia a la que alude sin depender de la intensificación.

 

Ricardo F. Morín, 17 de abril de 2026, en tránsito.