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« La proporción del aburrimiento »

May 15, 2026

 


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Ricardo F. Morín
Serie del búfalo, n.º 5
48″ x 48″
Óleo sobre lienzo
1979

 

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Nota del autor

Las condiciones que atraviesan este texto continúan en “La imposibilidad de la convicción” y “La imposibilidad del reconocimiento”.

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Ricardo F. Morín
17 de abril a mayo 14 de 2026
En tránsito


Una conversación,  una preocupación,  una pérdida o una alegría comienzan a diferenciarse cuando permanecen lo bastante presentes como para exigir atención,  modificar nuestra conducta o afectar la relación con los demás.  Nuestras vidas no adquieren forma ni por la intensidad ni por la escasez de lo que ocurre.

Hay días que pasan casi sin dejar huella.  Las conversaciones se olvidan.  Una preocupación cede lugar a otra antes de llegar a modificar lo que prosigue.

En otras ocasiones,  todo exige atención al mismo tiempo.  La atención pasa de un incidente a otro antes de que algo alcance a adquirir consecuencia.  Lo inmediato suplanta lo que necesitaba permanecer presente.  Las prioridades comienzan a confundirse entre sí,  y nada conserva presencia para despertar interés.

Un día vacío desaparece sin resistencia;  un día en el que todo reclama atención se disuelve de manera semejante.  En ambos casos,  una conversación,  una preocupación o una pérdida dejan de modificar la manera en que una persona responde a lo que ocurre a su alrededor.

O nada alcanza a despertar interés,  o aquello que lo despierta pierde fuerza entre demasiadas exigencias que reclaman atención a la vez.  El aburrimiento puede aparecer incluso cuando nada parece faltar.

La proporción permite que una conversación,  una pérdida,  una preocupación o una alegría permanezcan el tiempo suficiente para adquirir consecuencia entre sí.  Sin proporción,  conversaciones,  preocupaciones y responsabilidades comienzan a dispersarse antes de llegar a relacionarse entre sí.  Con proporción,  una conversación,  una pérdida o una responsabilidad pueden conservar presencia suficiente para seguir afectando la manera en que una persona atiende o responde.

Cuando esa relación se debilita,  el juicio se desordena con ella misma.  Lo trivial adquiere urgencia,  mientras una pérdida,  una responsabilidad o una relación importante retroceden sin llamar la atención.  La vida pública termina reflejando la misma condición:  el ruido dificulta distinguir qué exige nuestra atención,  y las personas comienzan a reaccionar más por acumulación que por comprensión.

Lo cercano puede llegar a imponerse hasta ocuparlo todo.  Lo distante puede retirarse hasta perder presencia.  Entre ambos extremos,  conversaciones,  preocupaciones y relaciones todavía logran permanecer separadas.

La proporción cambia con las exigencias de la vida,  con la atención,  con el cansancio,  con la presión y con la capacidad de permanecer afectados por lo que ocurre.  No permanece estática.  Una persona puede llegar a desconocer aquello que antes le importaba,  no porque haya decidido abandonarlo,  sino porque la relación con una pérdida,  una responsabilidad o una persona también cambia bajo ciertas condiciones.

El aburrimiento aparece cuando una conversación,  una preocupación,  una responsabilidad o una relación dejan de permanecer presentes el tiempo suficiente para seguir afectando la manera en que una persona atiende,  recuerda o responde.  Por eso,  el aburrimiento no depende de cuánto sucede o de cuánto falta.

La insatisfacción y el escepticismo surgen cuando una conversación,  una pérdida o una responsabilidad dejan de conservar relación suficiente con lo que ocurre alrededor.  La insatisfacción y el escepticismo no son el origen de esta condición.

A veces,  una persona continúa hablando,  trabajando o respondiendo sin saber qué sigue conservando relación con su vida.  Incluso bajo esas condiciones,  el afecto de otra persona,  una conversación recordada o la presencia de alguien pueden permanecer activos cuando muchas preocupaciones comienzan a perder consecuencia.  A veces,  son lo único que todavía conserva relación con la vida que prosigue.

La proporción existe en permitir que una conversación,  una pérdida,  una responsabilidad o una relación conserven presencia para seguir afectando la manera en que atendemos,  recordamos o respondemos a lo que ocurre.  Mantener la proporción no consiste en reducir la vida.