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« La política de represión: … »

August 22, 2025

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Diseño de cubierta para el ensayo «La política de la represión: Autoritarismo y espectáculo». La imagen compuesta yuxtapone vigilancia, militarización, propaganda y espectáculo de masas para subrayar cómo los regímenes autoritarios vuelven las vidas prescindibles mientras legitiman el control mediante la exhibición.

Autoritarismo y espectáculo

Por Ricardo Morín. En tránsito hacia y desde NJ, 22 de agosto de 2025

El autoritarismo en la era actual no se presenta con símbolos uniformes. Surge tanto en democracias como en Estados de partido único, en países con economías en declive y en aquellos que presumen de un crecimiento acelerado. Lo que une estos contextos no es la forma formal de gobierno, sino la manera en que el poder actúa sobre los individuos: la autonomía se restringe, la dignidad se niega y la disidencia se reclasifica como amenaza. El control se mantiene no solo mediante la coerción, sino también mediante la apropiación de valores universales —paz, tolerancia, armonía, seguridad— vaciados de su contenido y reutilizados como instrumentos de silencio. El resultado es una política en la que los seres humanos son tratados como prescindibles y el espectáculo sirve tanto de distracción como de justificación.

En Estados Unidos, la Carta de Derechos garantiza libertades, pero su fuerza práctica se debilita por la desigualdad estructural y el control concentrado de la comunicación. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Ley USA PATRIOT autorizó una vigilancia generalizada en nombre de la defensa de la libertad, normalizando el monitoreo de las comunicaciones privadas (ACLU 2021). Movimientos de protesta como las manifestaciones de Black Lives Matter en 2020 llenaron las calles, pero su urgencia fue absorbida por los circuitos de la cobertura mediática, el enfrentamiento partidista y la monetización corporativa (New York Times 2020). Lo que comienza como protesta a menudo concluye como espectáculo: filmado, reproducido y reencuadrado hasta que el mensaje original se desplaza por la circulación. Mientras tanto, la epidemia de opioides, la indigencia masiva y la quiebra médica revelan cómo millones de vidas se toleran como prescindibles (CDC 2022). Su sufrimiento se reconoce en estadísticas, pero rara vez se atiende en políticas, tratado como un daño colateral dentro de un orden que valora la visibilidad más que el remedio.

Venezuela ofrece un caso más directo. La Ley contra el Odio, aprobada en 2017 por una asamblea constituyente sin legitimidad democrática, se presentó como una medida para proteger la tolerancia y la paz. En la práctica, se ha utilizado para procesar a periodistas, estudiantes y ciudadanos por expresiones que en una sociedad democrática pertenecerían de lleno al ámbito del debate (Amnistía Internacional 2019). Más recientemente, la creación del Consejo Nacional de Ciberseguridad ha ampliado esta lógica, colocando a los administradores de grupos de WhatsApp y Telegram en la posición de vigilantes, multiplicando el miedo y la autocensura entre vecinos y colegas (Transparencia Venezuela 2023). Al mismo tiempo, la privación funciona como instrumento de disciplina: el acceso a alimentos y medicinas se distribuye selectivamente, convirtiendo la escasez en un medio de control (Human Rights Watch 2021). Las concentraciones televisadas y los plebiscitos del Estado representan unidad y lealtad, pero la realidad es una sociedad fracturada por el exilio, con más de siete millones de ciudadanos en el exterior y los que permanecen atados más por necesidad que por consentimiento (ACNUR 2023).

Rusia combina la represión con el teatro patriótico. La Ley de 2002 sobre la Lucha contra la Actividad Extremista y el estatuto de “agentes extranjeros” de 2012 han desmantelado sistemáticamente el periodismo independiente y la sociedad civil (Human Rights Watch 2017), mientras que la ley de 2022 contra la “desacreditación de las fuerzas armadas” criminalizó incluso describir la guerra como guerra (BBC 2022). Se ha detenido a ciudadanos por portar carteles en blanco, mostrando cómo cualquier acto, por simbólico que sea, puede ser castigado si se interpreta como disidencia (Amnistía Internacional 2022). La guerra en Ucrania ha revelado el costo humano de este sistema: reclutas provenientes de regiones pobres y de minorías son enviados al frente, consumiendo sus vidas en nombre de la proyección nacional. En el interior, la televisión estatal ridiculiza la disidencia como traición o manipulación extranjera, mientras desfiles, conmemoraciones y elecciones gestionadas convierten la coerción en deber. La promesa oficial de seguridad y unidad se sostiene no en la convivencia, sino en la negación sistemática de voces plurales, reforzada a la vez por la ley, la propaganda y la representación ritual.

China ilustra el modelo tecnológicamente más integrado. La Ley de Ciberseguridad de 2017 y la Ley de Seguridad de Datos de 2021 obligan a empresas e individuos a someterse al control estatal sobre la información digital, extendiendo la vigilancia a todas las capas de la sociedad (Creemers 2017; Kuo 2021). Las plataformas de redes sociales obligan a los administradores de grupos a supervisar contenidos, trasladando la responsabilidad de la conformidad a los propios ciudadanos (Freedom House 2022). Al mismo tiempo, el espectáculo satura el espacio público: el festival de compras del Día del Soltero en noviembre genera miles de millones en ventas, presentado como prueba de prosperidad y cohesión, mientras los medios estatales exhiben logros tecnológicos como triunfos nacionales (Economist 2021). Comunidades enteras, particularmente en Xinjiang, son designadas como objetivos de reeducación y vigilancia. Se cierran mezquitas, se restringen lenguas y se suprimen tradiciones, todo en nombre de la armonía (Amnistía Internacional 2021). Se invoca la estabilidad, pero la realidad es la negación sistemática de la dignidad: la identidad reducida a una categoría administrativa, la vida cultural desmantelada a voluntad y la existencia misma condicionada a la conformidad con los designios del poder estatal.

En conjunto, estos casos revelan una lógica común. Estados Unidos mercantiliza la disidencia y normaliza el abandono como condición permanente de la vida pública. Venezuela utiliza la privación para imponer disciplina y el cumplimiento resultante se presenta públicamente como lealtad al Estado. Rusia exige sacrificio y transforma la coerción en deber patriótico. China fusiona vigilancia y prosperidad e ingenieriza la conformidad. Comunidades enteras son suprimidas en nombre de la armonía. Los registros difieren —comercial, ritual, militarizado, digital— pero el patrón es compartido: la disidencia es despojada de legitimidad, las vidas son tratadas como prescindibles y los valores universales se invierten para justificar la coerción.

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Referencias

  • ACLU: “Surveillance under the USA PATRIOT Act. American Civil Liberties Union, 2021. Expone cómo tras el 11-S se amplió la vigilancia estatal en nombre de la seguridad, reduciendo derechos de privacidad.
  • Amnesty International: Venezuela: “Ley contra el Odio usada para silenciar la disidencia”. Amnesty International, 2019. (Este reporte analiza el uso de la ley de 2017 para procesar ciudadanos y periodistas bajo la retórica de la tolerancia.)
  • Amnesty International: “China: Uighurs and Other Muslim Minorities Subjected to Crimes against Humanity”. Amnesty International, 2021. (Este reporte documenta la represión masiva en Xinjiang, incluyendo detenciones arbitrarias, vigilancia y restricciones culturales.)
  • Amnesty International: “Russia: Arrests for Blank Signs Show Absurd Repression of Dissent”. Amnesty International, 2022. (Este reporte evidencia cómo cualquier acto simbólico puede ser castigado como disidencia en Rusia.)
  • BBC: “Russia Passes Law Banning Criticism of Ukraine War”. BBC News, 2022. (BBC reporta la aprobación de la ley que penaliza críticas a la guerra en Ucrania.)
  • CDC: “Drug Overdose Deaths in the U.S. Top 100,000 Annually”. Centers for Disease Control and Prevention, 2022. (El CDC proporciona datos sobre la epidemia de opioides en EE.UU., mostrando vidas tratadas como prescindibles.)
  • Creemers, Rogier: “Cybersecurity Law of the People’s Republic of China: Translation with Annotations”. Leiden University, 2017. (Traducción y análisis de la Ley de Ciberseguridad china que institucionaliza el control estatal sobre la información digital.)
  • Economist: “China’s Singles’ Day: The World’s Biggest Shopping Festival”. The Economist, 2021. (Este reporte explica cómo el consumo masivo se convierte en espectáculo estatal que exhibe cohesión y prosperidad.)
  • Freedom House: “Freedom on the Net 2022: China”. Freedom House, 2022. (Este reporte detalla cómo se delega la censura a los propios ciudadanos, en particular a administradores de grupos en línea.)
  • Human Rights Watch: “Russia: Government vs. Rights Groups”. Human Rights Watch, 2017. (HRW analiza las leyes de “agentes extranjeros” que desmantelaron el periodismo independiente y las ONG.)
  • Human Rights Watch: “Venezuela’s Humanitarian Emergency: Large-Scale UN Response Needed to Save Lives”. Human Rights Watch, 2021. (HRW expone cómo la escasez de alimentos y medicinas se usa como herramienta de control político.)
  • Kuo, Lily: “China Passes Sweeping Data Privacy Law”. The Guardian, 2021. (Kuo informa sobre la Ley de Seguridad de Datos que amplía el control estatal sobre la información digital.)
  • New York Times: “How Black Lives Matter Changed the Way Americans Fight for Justice”. The New York Times, 2020. (NYT describe cómo las protestas de 2020 fueron absorbidas como contenido mediático y corporativo, perdiendo impacto político directo.)
  • Transparencia Venezuela: “Consejo Nacional de Ciberseguridad: Un Nuevo Mecanismo de Control Ciudadano”. Transparencia Venezuela, 2023. (TV explica cómo el Estado amplía la vigilancia digital y fomenta la autocensura comunitaria.)
  • UNHCR: “Venezuelan Refugee and Migrant Crisis”. United Nations High Commissioner for Refugees, 2023. (UNHCR Ofrece cifras de la diáspora venezolana, destacando el costo humano de la represión y la privación.)

« El ritual de pertenencia »

July 16, 2025

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Nota preliminar

La imagen que abre este ensayo fue tomada dentro del Templo Masónico de Filadelfia, una estructura concebida por el arquitecto John Mary Gibson y el diseñador de interiores George Herzog como un santuario cívico de orden simbólico.    A lo largo de uno de sus grandes salones, la frase en latín fide et fiducia —“por fe y confianza”— aparece inscrita en oro, presidiendo muros con patrones, simetría abovedada y espacio ritual.

Estas inscripciones, incrustadas en el diseño de las instituciones, no son accidentales.   Destilan una cosmovisión en lemas, gestos y emblemas, invitando a creer sin cuestionamientos.    En esta arquitectura de convicción, los ideales de confianza, honor y fidelidad se codifican mediante la repetición y la reverencia.   El entorno físico se convierte en un modelo moral.

Este ensayo explora la persistencia de tales formas:    cómo se cultiva la pertenencia a través del ritual, cómo se practica la virtud mediante la alineación y cómo, en la vida moderna, la estética de la tradición puede oscurecer la labor del pensamiento.   La fotografía no se explica por sí sola, pero sus símbolos permanecen presentes, inmóviles, persistentes y abiertos a la interpretación.

El ritual de pertenencia

La virtud colectiva suele operar sin ser cuestionada.   Cuando se introducen símbolos —banderas, lemas, saludos— los valores adquieren la forma de fórmulas:    repetibles, ceremoniales, inexploradas. La pertenencia prevalece sobre la comprensión.   Dentro de estas estructuras, la frontera entre lealtad y obediencia se difumina, y los sistemas de representación moral terminan por sustituir al razonamiento moral.

El esquema es reconocible.    Las organizaciones basadas en la tradición —sean cívicas, fraternales o políticas— adoptan posturas de unidad y disciplina, fomentando un sentido de propósito común al tiempo que desincentivan la disensión interna.   Los rituales no acogen la contradicción.    En muchos de estos espacios, la afirmación se convierte en una forma de sublimación, y el ritual, en sustituto del pensamiento.

Este patrón cultural antecede a la política contemporánea.   Su persistencia no depende de una ideología específica, sino de la disposición a cambiar la reflexión por consuelo.   Cuando la creencia se hereda a través del acto repetido, y no del entendimiento, se transforma en superstición.    El lenguaje permanece elevado —deber, servicio, honor— pero el contenido se va vaciando.   Con el tiempo, lo que se repite es lo que se venera, y lo que se venera se vuelve intocable.

En tales condiciones, las figuras autoritarias no necesitan imponer la sumisión; basta con que imiten los rituales de pertenencia.   El auge del trumpismo hizo que esta arquitectura resultara inconfundible.    Armasó la afirmación, convirtió la representación en principio y recodificó la pertenencia como exclusión.    Sus consignas han prosperado gracias al rechazo; sus verdades, gracias al aplauso.    Pero lo que emergió no es solo un movimiento político, sino una plantilla ritual: altamente transferible, guiada por la emoción e indiferente, en lo estructural, a la verdad.    Esa plantilla resuena hoy mucho más allá de la política, infiltrándose en la forma en que se filtra la realidad misma, incluso mediante la inteligencia artificial.    Entrenados con un lenguaje cargado de emoción polarizada y certeza viral, los sistemas de IA están aprendiendo a imitar un mundo modelado por el fervor, no por la reflexión.   Las mismas fuerzas que vacían el discurso en los ámbitos humanos—la velocidad, el espectáculo, la certeza—ahora moldean el espejo que nos devuelve la máquina.   En ese bucle de retroalimentación, se refuerzan las estéticas de la creencia mientras se erosionan las condiciones para el matiz.

La identidad se ofrece como redención.   El individuo queda absorbido en un relato colectivo que le asigna un sentido predefinido y un enemigo designado.   El aplauso sirve de prueba.   El eslogan reemplaza al argumento.    La convicción ocupa el lugar de la claridad.    Los movimientos políticos, que alguna vez nacieron de ideas, reproducen ahora la arquitectura emocional de clubes, cofradías o congregaciones.  

Pocos advierten el giro mientras ocurre.   La coherencia emocional se confunde con la verdad.   La disidencia suena a traición.    La invocación de la tradición parece más confiable que la interrupción de la duda.    La repetición tranquiliza.   El símbolo infunde seguridad.   En este ambiente, los hechos son menos persuasivos que las sensaciones familiares.

No se trata únicamente de ignorancia.    Es el resultado de hábitos culturales que desconfían de la ambigüedad.    En muchos entornos, la incertidumbre se percibe como debilidad.    Preguntar se interpreta como deslealtad.   El espacio para la vacilación moral —donde podría emerger una verdadera claridad ética— es suprimido con sigilio.

El autoritarismo no comienza con la violencia.   Comienza con el ritual.   Su fuerza reside no en la coacción, sino en la coreografía emocional:    el gesto adecuado en el momento preciso, el tono ensayado de la certeza, la recompensa de la aprobación.    Se disfraza de herencia para avanzar como control.    En sus primeras formas, se confunde fácilmente con patriotismo, con tradición, con orgullo.

Una resistencia genuina no puede fundarse en contraeslóganes ni en gritos más fuertes.   Debe iniciarse con la recuperación de la dificultad:   con la negativa a aceptar que pertenecer es más importante que comprender.    La reflexión debe interrumpir el ritual.    La duda debe romper la repetición.   El objetivo no es reemplazar una serie de creencias inexploradas por otra, sino ralentizar la maquinaria el tiempo suficiente para recordar cómo suena el pensamiento cuando no es una mera representación.

Ningún movimiento cimentado en la coreografía emocional resiste por mucho tiempo una atención honesta.   Se alimenta del reflejo, no del reconocimiento.    Y cuando los símbolos pierden su hechizo—cuando el aplauso deja de ser argumento; entonces, la claridad exiliada durante tanto tiempo regresa.   No en el silencio, sino con el peso de la atención.

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Ricardo F. Morin, Bala Cynwyd, Pa., July 16, 2025


Bibliografía anotada

  • Arendt, Hannah:   Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen,1963.   (Análisis fundamental sobre cómo individuos comunes participan en sistemas destructivos mediante la obediencia acrítica y la normalización del deber).
  • Arendt, Hannah:   Los orígenes del totalitarismo.   Madrid:   Alianza Editorial 1974.   (Estudio histórico sobre las condiciones sociales e ideológicas que propician regímenes autoritarios, centrado en el aislamiento político y los mitos colectivos).
  • Berger, Peter L., y Luckmann, Thomas:    La construcción social de la realidad:    Un tratado de sociología del conocimiento.    Buenos Aires:    Amorrortu, 1997.    (Explora cómo las creencias sociales se institucionalizan a través de prácticas repetitivas hasta adquirir apariencia de verdad incuestionable).
  • Bermeo, Nancy:   “Retrocesos democráticos”.   Revista de la Democracia 27 2016 (1): 5–19.   (Análisis sobre cómo los regímenes autoritarios modernos avanzan dentro de estructuras democráticas mediante gestos de legitimidad simbólica).
  • Brown, Wendy:   La política fuera de la historia.   Buenos Aires:    Fondo de Cultura Económica, 2009.   (Crítica de cómo los discursos liberales sobre tolerancia y diversidad pueden reforzar formas de exclusión moral y control cultural).
  • Eco, Umberto:   “El fascismo eterno”.   The New York Review of Books, 22 de junio 1995.   (Breve ensayo que identifica los rasgos constantes del fascismo emocional, especialmente su uso de símbolos, mística y nacionalismo).
  • Elias, Norbert:   El proceso de la civilización.   México:    Fondo de Cultura Económica, 1987.   (Análisis del largo desarrollo histórico de la disciplina social y la formación de comportamientos rituales en las relaciones humanas).
  • Frankfurt, Harry G.:   Sobre la manipulación de la verdad. Barcelona:    Paidós, 2006.   (Ensayo filosófico sobre cómo el lenguaje carente de compromiso con la verdad socava el discurso público y permite la manipulación ideológica).
  • Fromm, Erich:   El miedo a la libertad.    Madrid:    Paidós, 2002.    (Estudio clásico sobre las razones psicológicas que llevan a los individuos a renunciar a su libertad a cambio de seguridad y pertenencia).
  • Girard, René:    La violencia y lo sagrado.   Barcelona:    Anagrama 1983.    (Análisis de cómo la violencia ritualizada y el mecanismo del chivo expiatorio sostienen el orden simbólico de las comunidades.
  • Graeber, David:   La utopía de las normas: Sobre tecnología, estupidez y alegrías secretas de la burocracia. Barcelona:    Ariel, 2015.    (Crítica de cómo los sistemas burocráticos reproducen el poder irracional mediante estructuras ritualizadas y repetitivas).
  • Hedges, Chris:    Fascistas estadounidenses: La derecha cristiana y la guerra contra América.    Nueva York:    Free Press, 2007.    (Investigación periodística sobre cómo los rituales religiosos y cívicos se utilizan para normalizar tendencias autoritarias en EE. UU).
  • Hofstadter, Richard:    El estilo paranoico en la política americana.    Madrid:    Capitán Swing, 2006.    (Análisis influyente sobre el pensamiento conspirativo y la teatralización moral en la política estadounidense del siglo XX).
  • Illouz, Eva:    El fin del amor: Una sociología de las relaciones negativas.    Madrid:    Katz Editores, 2020.    (Examina cómo las estructuras afectivas son moldeadas por discursos de mercado, poder e identidad política).
  • Milgram, Stanley:    Obediencia a la autoridad.    Madrid:    Morata, 2005.    (Estudio experimental sobre cómo las figuras de autoridad logran inducir comportamientos éticamente problemáticos mediante encuadres institucionales).
  • Orwell, George:    La política y la lengua inglesa.    En Ensayos, Madrid:    Debate, 2003.    (Ensayo fundamental sobre cómo el lenguaje político puede corromper el pensamiento y ocultar la verdad mediante eufemismos).
  • Putnam, Robert D:    Solo en la bolera:    El colapso y el resurgimiento de la comunidad americana.    Nueva York:    Simon & Schuster, 2000.    (Documenta el declive de la participación cívica y cómo se transforma el sentido de pertenencia colectiva en la sociedad estadounidense).
  • Scott, James C.:    Los legados del autoritarismo: Cómo fracasan ciertos planes para mejorar la condición humana.    México:    Fondo de Cultura Económica, 2000.    (Critica cómo los esquemas centralizados de organización social ignoran la experiencia vivida y refuerzan estructuras opresivas mediante abstracciones rituales).
  • Sennett, Richard:    La corrosión del carácter:    Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo.    Barcelona:    Anagrama, 1979.    (Estudio sobre cómo la vida pública pierde autenticidad cuando se sustituye el discurso reflexivo por normas de comportamiento escenificadas).
  • Turner, Victor:    El proceso ritual:    Estructura y antiestructura.    Madrid:    Taurus, 1988.    (Obra central en la antropología del ritual, analiza cómo los actos simbólicos organizan tensiones sociales y producen cohesión a costa de la ambigüedad).
  • Weber, Max:    La ética protestante y el espíritu del capitalismo.    Madrid:    Alianza Editorial, 2001.    (Conecta la disciplina religiosa con la racionalidad capitalista, mostrando cómo los hábitos se convierten en estructuras morales).
  • Weil, Simone:    Echar raíces:    Preludio a una declaración de deberes hacia el ser humano.    Barcelona:    Paidós, 2000.    (Reflexión filosófica sobre la necesidad humana de arraigo, justicia y resistencia a la coerción ideológica).
  • Zuboff, Shoshana:    La era del capitalismo de la vigilancia:    La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder.    Madrid:    Paidós, 2020.    (Describe cómo las plataformas digitales transforman la conducta en insumo comercial, imponiendo nuevas formas de control envueltas en rituales de personalización).

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