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« Nacimiento de la Revolución »

June 24, 2026
Ricardo F. Morín
Infinito 28
25 cm x 41 cm
Óleo sobre lino
2009

Ricardo F. Morín

4 de marzo de 2026

Oakland Park, Florida

Los períodos de autoridad concentrada generan presión estructural.  Cuando el poder se centraliza en instituciones identificables, el desequilibrio se acumula en forma visible.  En los sistemas imperiales, la autoridad se encarnaba en monarquías o administraciones coloniales cuyo mando sobre el territorio y la tributación era directo y jerárquico.  La restricción podía rastrearse hasta un centro, y la responsabilidad podía asignarse a ese centro.

Cuando la restricción es focal, la resistencia también lo es.  La revolución surge dentro de esta concentración.  Invoca la volición como la capacidad de comenzar de nuevo y de alterar instituciones mediante acción deliberada.  Articula la voluntad colectiva como capaz de rehacer arreglos que parecen fijos.  Debido a que la autoridad es visible y centralizada, la acción colectiva puede dirigirse hacia una estructura específica.

Sin embargo, los momentos revolucionarios no emergen fuera de la causalidad.  La dislocación industrial altera los patrones de trabajo.  La exclusión política restringe la participación.  La tensión económica intensifica la desigualdad.  Estas presiones se acumulan dentro de los sistemas existentes y hacen concebible la ruptura.  La revolución toma forma dentro de estas presiones y permanece sujeta a ellas incluso después de que cambian las instituciones.  La remoción de un régimen no elimina las condiciones que hicieron necesaria la oposición.

Cuando la autoridad centralizada retrocede o es desmantelada, el poder no desaparece.  Se reorganiza.  El control que antes operaba mediante mando territorial se distribuye a través de sistemas interactivos.  La producción depende de cadenas de suministro que cruzan fronteras.  Las decisiones financieras en un país afectan mercados en otros países.  Las redes de comunicación enlazan poblaciones en tiempo real.  La restricción ya no emana de una única estructura de mando; surge de la interacción de múltiples arreglos.

Esta reorganización altera el terreno de la ruptura.  Cuando la autoridad está concentrada, la oposición puede enfocarse en un centro soberano.  Cuando la autoridad está distribuida, la restricción persiste en múltiples dominios al mismo tiempo.  La acción dirigida a un sitio no disuelve las condiciones sostenidas en otros lugares.  El objeto de la transformación se vuelve difuso porque la causalidad ya no está confinada a un único punto.

La restricción difundida a través de sistemas no elimina la causalidad; multiplica sus canales.  La presión estructural persiste incluso cuando sus fuentes están dispersas.  Lo que cambia no es la presencia de la restricción, sino la manera en que opera.

El determinismo, en este contexto, no niega la acción.  Nombra la continuidad de la condición a través de la transformación.  Las instituciones pueden cambiar.  La autoridad puede reorganizarse.  Sin embargo, la causalidad sigue operando dentro de nuevos arreglos.  La revolución marca un umbral dentro de la estructura.  El determinismo marca el campo que la estructura continúa imponiendo.

Cuando la restricción está distribuida a través de sistemas interactivos, la agencia cívica opera dentro de esa distribución.  La acción no puede asumir un único punto de control donde no existe.  El reconocimiento de la segmentación se convierte en parte de la responsabilidad.  Las decisiones individuales y colectivas tienen lugar dentro de arreglos que ningún acto aislado puede disolver.

Las formas que emergen reflejan la interacción entre la condición estructural y la respuesta humana.