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« La medida del yo »

March 28, 2026
Ascensión-2
CGI 2005

por Ricardo F. Morín

12 de marzo de 2026

Kissimmee, Florida

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Los jóvenes crecen escuchando un lenguaje de promesa.  Directores escolares, maestros y oradores de graduación presentan el lenguaje cívico de la libertad, la igualdad de valor y la oportunidad en aulas, en asambleas escolares y en ceremonias de graduación. Los jóvenes entran en la vida esperando que la dignidad les pertenezca no por mérito sino por derecho.

El mundo en el que los adolescentes crecen muestra otra medida de valor.  Las universidades seleccionan solicitantes.  Los empleadores eligen candidatos.  Periódicos, medios televisivos y redes sociales presentan la distinción visible como referencia pública.  En este entorno el valor se vincula menos al hecho de estar vivo que a los resultados obtenidos:    calificaciones, admisión, ingresos, reconocimiento.  El lenguaje público afirma la igual dignidad y la oportunidad, mientras la vida cotidiana premia la distinción alcanzada.

Las consecuencias de esta tensión durante la adolescencia no pueden reducirse a una sola causa.  Sin embargo, las estadísticas sobre el suicidio adolescente ofrecen un punto de observación desde el cual examinar las presiones que afectan a la vida de los jóvenes.  En los Estados Unidos, el suicidio figura entre las principales causas de muerte entre los quince y los diecinueve años.  Cada año miles de adolescentes se quitan la vida.  Cifras semejantes aparecen en otros países cuyas leyes y discurso público afirman la libertad y la dignidad.  Estas cifras no revelan los pensamientos de ningún adolescente en particular, pero muestran que muchos jóvenes llegan a un punto en el que la vida deja de presentarse como una posibilidad abierta.

Cada suicidio tiene su propia historia.  Los padres buscan razones en la presión escolar, la humillación, la soledad o una desesperación que nadie reconoció a tiempo.  Los médicos recetan medicamentos.  Los consejeros ofrecen orientación.  Estos esfuerzos ayudan a algunos adolescentes y no alcanzan a otros.  El aumento continuo de estas muertes dirige la atención hacia el mundo en el que los adolescentes crecen.

Desde la infancia muchos estudiantes aprenden que el reconocimiento sigue al éxito visible.  Maestros y escuelas elogian las calificaciones más altas y celebran a los estudiantes más destacados.  Los jóvenes observan a compañeros recibir premios y cartas de admisión mientras otros no reciben ninguno.  En tales condiciones los adolescentes comienzan a medirse según el éxito de los demás.

El carácter adquisitivo y ostentoso de la vida contemporánea se vuelve visible en pantallas, medios de comunicación y redes sociales.  En ellos predominan el dominio y el estatus social.  Los jóvenes aprenden a presentarse como excepcionales antes de conocerse a sí mismos, y aprenden no solo a observar estas imágenes sino también a reproducirlas.  La cultura circundante celebra el logro mientras deja poco espacio para la vacilación o el fracaso, aunque ambos pertenecen al tránsito hacia la adultez.

El fracaso forma parte del aprendizaje, y el descubrimiento comienza con la incertidumbre.  Esa comprensión proviene de la observación repetida a través de la historia y del propio proceso de descubrimiento.  En ese proceso el error se deja atrás hasta dar con lo que resulta inteligible y comprensible.  Sin embargo, el entorno circundante continúa otorgando un honor visible al éxito.  Los jóvenes encuentran así dos mensajes al mismo tiempo: el estímulo para soportar el fracaso y una exhibición pública que celebra el logro.

En este entorno el trabajo de formar relaciones humanas se vuelve difícil.  Las amistades se rompen.  Las relaciones íntimas comienzan con incertidumbre.  La experiencia sexual rara vez coincide con las imágenes que circulan en público.  Estas dificultades forman parte del aprendizaje de la vida adulta.  Sin embargo, el contraste entre las imágenes públicas de plenitud y la experiencia más lenta de la vida real puede llevar a algunos adolescentes a juzgarse como fracasados.

El juicio sobre el propio valor no permanece externo.  Se convierte en vergüenza.  La vergüenza busca ocultarse.  Un adolescente que carga con esa vergüenza puede seguir apareciendo entre amigos, compañeros y familia mientras interiormente se distancia.  El reconocimiento promete confirmar el valor, pero despierta una necesidad de valía que no puede fundarse en el reconocimiento mismo.  Bajo esa vergüenza se encuentra otra ausencia: la ausencia de amor propio.  Sin alguna medida de estima por la propia existencia, el reconocimiento de los demás se convierte en la única fuente de valor, y el fracaso se transforma en un veredicto sobre el yo.

Las expectativas familiares pueden intensificar esta carga.  Los padres suelen transmitir esperanzas formadas por su propia experiencia.  Pueden creer que el éxito protegerá a sus hijos de las dificultades que ellos mismos encontraron.  Cuando los logros de los jóvenes parecen confirmar los sacrificios o aspiraciones de generaciones anteriores, la presión puede volverse más pesada que un simple deseo de bienestar.

La comunicación rodea a los jóvenes de imágenes y actividad.  Un adolescente puede encontrarse entre muchas señales y aun así enfrentar la angustia en soledad. Los encuentros sociales se convierten en ocasiones de exhibición más que en oportunidades para formar confianza con el tiempo.  El adolescente aparece presente en la vida social mientras lleva consigo una sensación de vacío.  Cuando el lenguaje de la dignidad ya no corresponde con la experiencia de la vida, las palabras públicas mismas comienzan a perder su significado.

La adolescencia no crea esta condición; la adolescencia la revela.  Muchos adultos viven bajo la misma presión de demostrar su valor mediante el éxito y el reconocimiento.  El trabajo, la familia y la rutina permiten que la vida continúe, pero el sentimiento de insuficiencia no siempre desaparece.  Algunos lo llevan durante décadas.  Los adolescentes encuentran la condición antes de que esos apoyos se establezcan.  Algunos la enfrentan antes de poseer la fuerza necesaria para soportarla.

Esta condición no pertenece solo al presente.  Registros de siglos anteriores describen la misma desesperación, la misma vergüenza y el mismo acto de autodestrucción entre los jóvenes.  Las formas que rodean la vida han cambiado a lo largo del tiempo.  La autoridad religiosa imponía antes sus juicios.  El honor familiar y el estatus heredado colocaban otras cargas sobre los jóvenes.  La vulnerabilidad humana ha permanecido constante aun cuando el entorno ha cambiado.

La cuestión no reside por lo tanto en si la desesperación entre los jóvenes es nueva.  La cuestión reside en cómo las condiciones del presente moldean esa vulnerabilidad dentro de una sociedad que habla con frecuencia de dignidad y oportunidad y aun así produce circunstancias en las que algunos jóvenes llegan a creer que la vida no les ofrece lugar.

Una sociedad puede crear condiciones que intensifican la desesperación, la vergüenza y la presión.  Esas condiciones merecen examen y crítica.  Sin embargo, el acto de quitarse la vida no puede atribuirse a otros del mismo modo en que esas condiciones pueden examinarse colectivamente.

Con el tiempo muchas personas llegan a reconocer una distinción difícil:  sentir profundamente el dolor de otra persona no es lo mismo que ser responsable de su elección.  Se puede llevar empatía, duelo e incluso una persistente sensación de vínculo con ese sufrimiento sin haber sido el agente del acto mismo.

Cuando estas muertes se acumulan de este modo, los observadores recurren a un lenguaje especializado en busca de explicación.  Los términos académicos intentan describir el problema mediante categorías y teorías.  Ese lenguaje puede organizar la discusión, pero las palabras mismas no eliminan el hecho de que miles de adolescentes se quitan la vida cada año.  Las cifras permanecen visibles sin la ayuda de vocabulario técnico.


« Interacciones Platónicas »

August 5, 2023
Imagen 1: Série Platónica # 00023 - CGI de Ricardo Morin © 2018
Imagen 1: Série Platónica # 00023 – CGI de Ricardo Morín – © 2018.

En las últimas dos décadas, he centrado mis intereses pictóricos en la representación de poliedros regulares, su historia desde el período clásico y sus diferentes motivaciones.   Platón creía que los poliedros regulares representaban los cinco elementos del universo y que ellos formaban una parte sagrada de la geometría.   Para los geómetras modernos en particular, el universo encaja en la forma de un dodecaedro, algo así como una pelota de fútbol.

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Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI by Ricardo Morin– ©2023.
Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI de Ricardo Morín – ©2023.

  «Interacciones platónicas» comenzó con la belleza que encontré en las formas de Platón.   Para mí, la proporcionalidad de la media áurea es de suma importancia.   Sus geometrías se destacan como una armonía visual unificada y congruente.   Similares a las mándalas para la meditación, evocan el universo en general.   En mi visión anido unas dentro de otras en un bosque abiertamente enrejado entre tonos y formas, complementarias y análogas.   Aunque los poliedros regulares sean simétricos, su rotación permite una multiplicidad de ángulos visuales, cada uno lleno de fuerza vital.   «Interacciones platónicas» es un arreglo de imágenes que generan vida.   Las compongo alrededor de la melodía del Preludio de Johann Sebastian Bach – Cello Suite 3 – interpretado por Jon Sayles.

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Imagen 3: Figura 3 «Triangulación platónica» de Ricardo Morín, 22’ x 30”. ‘Body color’ y grafito sobre papel – ©2008.

Ya en 2005 había iniciado una serie de óleos y dibujos titulada «Infinito», la cual partía de las premisas antes mencionadas.   En ese contexto, el perímetro de una pintura abstracta cumple la misma función que la media áurea para la proporcionalidad.   La superposición del ángulo recto del triángulo refuerza la media áurea de la pintura.   La infinitud se implica a través de la propia superficie del cuadro y sus formas abstractas.

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A partir de 2018 abandoné el médium del óleo para dedicarme a las pinturas digitales.   Las pinturas digitales, impresas y manipuladas sobre lienzo, cuentan hoy con sesenta y cuatro imágenes.   «Interacciones platónicas» utiliza cincuenta de éstas, ordenadas secuencialmente.   Además, las organizo en dos mosaicos, uno de 5 x 5 cuadrados y el otro de 7 x 7 cuadrados (tal como se ve en la imagen 2 arriba).

Ricardo F. Morín

Editado por Billy Bussell Thompson

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Bala Cynwyd, Pa., 5 de agosto, 2023

« Metáforas del silencio »

November 24, 2010

0003
Ricardo F. Morin
Silencio Ocho
Óleo sobre rollo de lino
43″ x 72″ x 3/4″
2012

Ricardo F. Morin

24 de noviembre de 2010

New York, NY

Introducción

Manifiesto de Ricardo Morín: Muestra extensivamente su taller de pintura en la ciudad de Nueva Jersey en los Estados Unidos, donde él narra su manifiesto Metáforas del silencio con obras de apertura que están en proceso de gestación y otras que forman parte de una serie recientemente terminada. Véase el portafolio de arte y currículum http://www.ricardomorin.com/

Dedicado a

David Lowenberger

Jiddu Krishnamurti (1895–1986)

Carlo Giuseppe Soarés (1892–1976)

 

Metáforas del silencio (2005–2010):

Transcripción de estudio (editada en prosa)

Entre 2005 y 2010, la obra se expande en torno a cuestiones relacionadas con la perspectiva, sintetizando conceptos de espacio pictórico e infinito que han estado presentes a lo largo del tiempo.   La abstracción pictórica y la plasticidad se permiten expresar, tanto en forma como en contenido, un tipo de arte que trasciende un mundo material de signos.

Las pinturas se orientan hacia lo infinito, hacia el misterio y hacia la poesía presente en el drama individual.   Aunque situadas dentro de la estética del siglo XX, no se alinean con un movimiento histórico específico ni con una agenda posmodernista.   La creación artística se concibe como un producto vivo de la experiencia humana, resultado de la propia pasión del creador.

La idiosincrasia del individuo, indivisible en su naturaleza y ajena a la causalidad, se inscribe dentro de un marco estético que abarca todas las esencias.   La imagen aparece como residuo:   no objetiva, atemporal y en ocasiones existencial.   No busca explicar la experiencia.   Más bien se manifiesta e invita a la interpretación del observador.

La obra terminada se sostiene por sí misma.   El espectador puede percibir una sensación de completitud generativa, como si un universo se estuviera creando y recreando continuamente.

“Metáforas del silencio” sugiere que la verbalización de la realidad estética implica su propio término.   Por más precisas que sean, las palabras resisten la magnitud de esa realidad.   La experiencia del arte puede no llegar a producirse si nace de un espíritu fragmentado, condicionado por fórmulas, gratificación o condena.

El arte no se sostiene en los prejuicios del observador ni en la necesidad de llamar la atención mediante estímulos excéntricos.    Se encuentra, en cambio, en el espacio abierto del silencio, en la quietud de la contemplación meditativa y en la libertad de observar sin el control del observador.

En ese estado de atención intensificada, las preguntas se vuelven innecesarias y las respuestas reducen el acto de observación.   Esta estética no deriva de la experiencia acumulada, ni de la asociación con el pasado, ni de la búsqueda de una audiencia, ni de las exigencias de un mercado predominante.

Estas corrientes no están regidas por la conciencia ni por la inconsciencia.   No persiguen la realización ni surgen de la vanidad o de la elección.   Son manifestaciones comunes a todos, que definen lo que existe más allá de las ideas y las palabras.   Operan creativamente sin depender del ruido del conocimiento y permanecen fuera de la medición y la clasificación.

Dentro de esa oscuridad, una energía vital se despliega, avanzando más allá de la limitación y el aislamiento.    La creación aparece como un proceso de despertar y renovación en cada relación.    Participar en el movimiento de la vida requiere una liberación continua del condicionamiento.

El acto creativo no es una acumulación de conocimiento.   La figura del “genio creativo” marca solo una etapa dentro del proceso de descondicionamiento y no puede convertirse en conocimiento si permanece dentro de la individualidad.   El ojo, atado a la duración, puede desear momentos de inspiración, pero esos momentos no constituyen la creación.

La creación ocurre en aquello que trasciende el momento hacia la continuidad.

En esta relación con el arte, el objetivo no es la autorrealización, sino la expresión de una interconexión subyacente.


Videografía de estudio:

Transcripción simultánea sin editar

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Mi trabajo del 2005 al 2010 se expande sobre cuestiones relativas a

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perspectivas de síntesis entre conceptos de espacio pictórico y del infinito

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algo sobre lo que he trabajado al paso del tiempo.   Ello me ha permitido la abstracción pictórica

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y plasticidad para expresar tanto en forma como contenido un tipo de arte que va

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más allá del mundo material de los signos.   Mis pinturas en sí pretenden

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alcanzar un infinito que es el misterio y la poesía en el drama individual de

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todo ser humano.   Aunque inmerso en las estéticas del siglo 20 no lucho por ningún movimiento

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histórico ni siquiera por la agenda post modernista.   Simplemente veo la praxis del arte como

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un carnoso producto de la experiencia humana resultante de la pasión de su fabricante

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Así como la idiosincrasia del individuo de naturaleza indivisible pueda ser

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ciega a la causalidad el marco estético que éste abarca incluye todos sus

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sentidos y la imagen viene a ser tan solo un resultado o residuo

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Sin objetivo ni tiempo e incluso existencial en este sentido la imagen no pretende explicar cuál es

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el significado de la experiencia sino más bien la imagen se manifiesta para

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provocar una interpretación del observador.   El trabajo terminado se sostiene sobre

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sí mismo.   El espectador puede llevarse consigo espero un sentido de las obras

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que es la generativa entereza de un universo habiéndose formado y rehecho a

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sí mismo.   Metáforas del Silencio

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La verbalización de una realidad estética es su propio deceso

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ya que la misma precisión de las palabras se resiste a la magnitud de dicha realidad

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Ver la actualidad del arte no podría establecerse si éste corresponde a un espíritu fragmentado por la ilusión de

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fórmulas novedosas, amurallado por la gratificación o la condena

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El placer alimentado por el pensamiento es la avaricia de un prejuicioso observador

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derivado de la contabilidad de estímulos excéntricos para obtener atención

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pero se encuentra y se percibe en el abierto espacio del silencio

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en la virtuosa quietud de la contemplación meditativa

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en la libertad misma de lo conocido libre de observar

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sin el control de un observador atento donde las preguntas son

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innecesarias y las respuestas trivializan la misma observación

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Esta estética no es producto de la experiencia ni de la asociación con el pasado

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ni tampoco de la búsqueda de una audiencia ni de un mercado preponderante

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ni siquiera son fluidos conscientes o inconscientes ya que no propagan empeño alguno

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no son productos de un egoísta y vanidoso ritual de elección alguna; más son una manifestación de nuestro ser

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común que nos define más allá de las ideas y de las palabras

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que opera creativamente sin dependencia al ruido del conocimiento; que no se adaptan a mediciones ni

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etiquetas donde la propia oscuridad permite que

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cunda la energía vital que las empuja por encima de la servidumbre a lo

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conocido o de su aislamiento es crear en nuestra existencia

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nuestro propio despertar y renovación en toda relación

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si hemos de unirnos libremente al movimiento total de la vida

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y librarnos del acondicionamiento del yo.   Es un proceso creativo constante

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El genio creativo es una mera etapa en el des-condicionamiento del yo

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el cual nunca pudiera convertirse en un verdadero conocimiento si permanece dentro de la esfera de la

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individualidad.   El yo atado a la duración de las cosas

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pudiera desear para su propio beneficio el inefable momento de la inspiración

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Ese contacto fugaz con el presente; más no puede ser nunca parte del acto

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creativo de ese momento que alcanza la eternidad

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En este amor por el arte no busco la realización personal

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sino expresar la interconexión humana.