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« Lenguaje y matemáticas ante la promesa y los límites de la inteligencia artificial »

August 20, 2025

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Ricardo Morín
(Serie Triangulation)
Musica Universalis
Acolchado de seda tensado sobre lino
94 × 152 cm
2013–18

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Una construcción geométrica de un dodecaedro dentro de una composición de Fibonacci, reforzada por un triángulo rectángulo: una meditación sobre la armonía del universo, donde las matemáticas y el lenguaje convergen sin llegar nunca a encerrar del todo la realidad.


Ricardo Morin, 20 de agosto de 2025

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Resumen

Este ensayo examina la interdependencia del lenguaje y las matemáticas como los dos pilares del conocimiento, indispensables ambos pero incompletos el uno sin el otro. Mientras las matemáticas aseguran la precisión y la abstracción, el lenguaje vuelve inteligible y comunicable el razonamiento; juntos se aproximan, aunque nunca logran captar plenamente, una realidad más rica que cualquier formulación. El análisis sitúa a la inteligencia artificial como un caso paradigmático de esta condición. Comercializada a un costo elevado pero marcada por deficiencias en coherencia, la IA dramatiza lo que sucede cuando el poder matemático se privilegia sobre el rigor lingüístico. Lejos de sustituir el pensamiento humano, estos sistemas ponen a prueba nuestra capacidad de imponer significado, resistir la vaguedad y refinar las ideas. Entretejiendo reflexión filosófica y crítica contemporánea, el ensayo sostiene que tanto las matemáticas como el lenguaje deben cultivarse de manera continua para que el conocimiento progrese. Su alianza no cierra la brecha entre comprensión y realidad; la mantiene abierta, asegurando que la verdad siga siendo una búsqueda interminable.


Lenguaje, matemáticas y el costo de la inteligencia artificial

Toda sociedad progresa refinando sus instrumentos de pensamiento. Dos se elevan sobre los demás: las matemáticas, que destilan patrones con precisión, y el lenguaje, que da forma y sentido al razonamiento. Ninguno basta por sí solo. Privilegiar uno en detrimento del otro es debilitar la arquitectura misma del conocimiento.

La inteligencia artificial dramatiza tanto sus promesas como sus limitaciones. El anuncio de una cuota mensual de 200 dólares para acceder a ChatGPT-5 es revelador. Comercializado como un servicio de lujo “para quienes puedan permitírselo”, subraya la creciente brecha entre privilegio tecnológico y necesidad cultural. Quienes disponen de recursos afinan su productividad; quienes no, quedan excluidos. Pero incluso para los bien equipados, la pregunta persiste: ¿qué se está comprando realmente?

La máquina deslumbra por su velocidad y escala, pero sus carencias resultan igualmente evidentes. Los ingenieros pueden ser virtuosos de los algoritmos, pero la gramática no es su instrumento. Los resultados son con demasiada frecuencia coloquiales, vagos o carentes de rigor. Para extraer coherencia, el usuario no puede ser un consumidor pasivo: debe actuar como editor, capaz de clarificar, reestructurar e imponer sentido. La paradoja es inequívoca: la herramienta promocionada como liberación exige de su operador la disciplina que ella misma no puede aportar.

Esa paradoja refleja una verdad mayor sobre el conocimiento. El lenguaje y las matemáticas son ambos indispensables y ambos incompletos. Las matemáticas alcanzan la abstracción, pero sus resultados quedan inertes si el lenguaje no los vuelve inteligibles y comunicables. El lenguaje transmite el pensamiento, pero se tambalea sin el rigor que las matemáticas proporcionan. Lo que uno asegura, el otro interpreta.

Sin embargo, ambos están sujetos a una condición más profunda: la realidad excede toda formulación. Nuestras teorías—ya sean modelos matemáticos o descripciones lingüísticas—son aproximaciones moldeadas por el observador. El lenguaje no puede agotar el sentido; las matemáticas no pueden capturar la finitud. El conocimiento nunca es absoluto: es una negociación con una realidad más rica que cualquier modelo o enunciado.

La inteligencia artificial expone con crudeza esta condición. Puede automatizar estructuras, pero no aportar sabiduría; puede reproducir lenguaje, pero no garantizar significado. Su verdadero valor no radica en sustituir al pensador, sino en poner a prueba nuestra capacidad de resistir la vaguedad, de imponer coherencia y de refinar el pensamiento. Lo que se presenta como libertad puede, en realidad, exigir mayor vigilancia.

Desestimar el lenguaje y las humanidades como secundarios, o imaginar que las matemáticas y la computación bastan por sí solas, es malinterpretar su interdependencia. Estas disciplinas no son rivales, sino compañeras que se refinan mutuamente. La IA magnifica tanto sus fortalezas como sus deficiencias, recordándonos que el progreso depende de la depuración constante de ambas: las matemáticas para modelar la realidad, el lenguaje para preservar su sentido.

El camino del conocimiento permanece abierto. El lenguaje y las matemáticas no cierran la brecha entre nuestra comprensión finita y la riqueza inagotable de la realidad; la mantienen abierta. Nos permiten aproximarnos a la verdad sin pretender poseerla. La inteligencia artificial, como todo instrumento del pensamiento, nos muestra no el fin del saber, sino su condición inacabable: un diálogo entre lo que puede medirse, lo que puede decirse y lo que siempre nos excede.


Bibliografía anotada

  • Arendt, Hannah: The Life of the Mind. Vol. 1: Thinking. Nueva York: Harcourt, Brace, Jovanovich, 1971. (Arendt examina el acto de pensar y los límites de la expresión, mostrando cómo el pensamiento requiere del lenguaje para volverse compartible sin agotar la realidad. Su obra refuerza la tesis del ensayo de que razonar sin expresión no puede hacer avanzar el conocimiento.)
  • Bender, Emily M., y Koller, Alexander: “Climbing towards NLU: On Meaning, Form, and Understanding in the Age of Data.” Proceedings of ACL, 2020. (Vender and Koller sostienen que los grandes modelos de lenguaje procesan la forma sin verdadera comprensión; esto pone de relieve la brecha entre el reconocimiento matemático de patrones y el significado lingüístico, apoyando la advertencia del ensayo de que la IA deslumbra por la forma pero falla en la coherencia.)
  • Chomsky, Noam: Language and Mind. 3.ª ed. Cambridge: Cambridge University Press, 2006. (Chomsky explora las estructuras innatas del lenguaje y su papel en la configuración de la cognición; ello afirma que el lenguaje condiciona la posibilidad del pensamiento, aunque sigue siendo limitado a la hora de capturar la realidad.)
  • Devlin, Keith: Introduction to Mathematical Thinking. Stanford: Keith Devlin, 2012. (Devlin explica cómo el razonamiento matemático destila estructura y patrón, al tiempo que reconoce que la abstracción es una aproximación; refuerza así la idea de que las matemáticas, como resguardo de la precisión, no pueden agotar el mundo que modelan.)
  • Floridi, Luciano: The Fourth Revolution: How the Infosphere Is Reshaping Human Reality. Oxford: Oxford University Press, 2014. (Floridi sitúa las tecnologías digitales y la IA en una historia más amplia del autoconocimiento, lo que enriquece el argumento del ensayo de que las matemáticas y el lenguaje—extendidos ahora a la computación—siguen siendo aproximaciones de una realidad más allá de todo control pleno.)
  • Lakoff, George, y Núñez, Rafael: Where Mathematics Comes From: How the Embodied Mind Brings Mathematics into Being. Nueva York: Basic Books, 2000. (Lakoff y Núñez sostienen que las matemáticas surgen de la metáfora y de la cognición encarnada, lo que revela su dependencia de la interpretación humana y confirma que las teorías matemáticas, como las lingüísticas, siguen ligadas al observador.)
  • Mitchell, Melanie: Artificial Intelligence: A Guide for Thinking Humans. Nueva York: Farrar, Straus and Giroux, 2019. (Mitchell ofrece una visión crítica de las capacidades y límites de la IA, mostrando cómo los avances en el reconocimiento de patrones no cierran las brechas fundamentales de comprensión y paralelizan la crítica del ensayo a la pobreza gramatical de la IA.)
  • Polanyi, Michael: Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy. Chicago: University of Chicago Press, 1962. (Polanyi enfatiza el conocimiento tácito y la necesidad de articularlo para validarlo; refleja la idea de que las matemáticas y el lenguaje refinan la comprensión pero nunca alcanzan la clausura.)
  • Snow, C. P.: The Two Cultures. Cambridge: Cambridge University Press, 1993 [1959]. (Snow diagnostica la fractura entre ciencias y humanidades, apoyando el llamado del ensayo a tratar el lenguaje y las matemáticas como pilares complementarios de la comprensión.)

« La condición humana »

January 19, 2025

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Ascension 3, 2005 CGI de Ricardo Morin

Introducción


En un mundo donde a menudo exigimos certeza y control, nos encontramos fragmentados y atrapados en cajas que nosotros mismos hemos creado, incapaces de abrazar la totalidad de nuestra existencia.    La imagen ante ustedes captura esta tensión:    un cuerpo suspendido en un delicado andamiaje, expuesto pero atado, vulnerable pero distante.    El rojo carmesí que pulsa a través de la radiografía de esta figura refleja la intensidad emocional de nuestros conflictos internos:    creencias irracionales, soledad y la distorsión de nuestros propios sentimientos.    Aquí, encontramos un cuerpo que está presente y ausente al mismo tiempo, como el yo que intentamos controlar a través de dogmas rígidos, convicciones infundadas o la falsa seguridad de suposiciones no cuestionadas.

Tales creencias, presentes en la religión, la política y la cultura, ofrecen una apariencia de control en un mundo que no podemos comprender completamente.    Sin embargo, a menudo nos atan más de lo que pensamos, llevándonos lejos de la autocompasión y una comprensión más profunda.    Nos aferramos a ellas como anclas, buscando certeza, pero al hacerlo, solo nos aislamos más, oscureciendo la posibilidad de transformación y sanación.    Así como el cuerpo permanece entero, aunque fragmentado, también podemos encontrar sanación al dejar ir las ilusiones que distorsionan nuestro sentido del yo.

Esta imagen invita a reflexionar sobre la tensión entre nuestros deseos de control y la realidad de nuestra vulnerabilidad emocional.    Nuestra condición humana nos impulsa a regresar al cuerpo, a nosotros mismos, y a la verdad del ser, libres de las distorsiones que nos impiden abrazar la autenticidad cruda de la vida.

Sección I

Irracionalidad


La ignorancia es una condición esencial de nuestra existencia, a pesar de nuestro deseo arrogante de controlar el conocimiento.    Somos como viajeros en una densa niebla, atisbando sombras de árboles que parecen estar tanto cerca como lejos, cada paso revelando algo nuevo mientras oculta lo que pensábamos entender.    Esta niebla invita a la exploración, no a la erradicación, ya que su presencia nos recuerda que la certeza es una ilusión.    En el momento en que intentamos disiparla por completo—exigiendo certeza y dominio—rechazamos la profundidad y riqueza de la incertidumbre y la cambiamos por la rigidez de creencias superficiales y dogmáticas.    Aceptar esta incertidumbre es aceptar la vastedad de lo que permanece desconocido, liberándonos de la parálisis de una falsa claridad.

Sección II

Poder transformador del amor y la autocompasión


El amor tiene el poder de sanar heridas invisibles, pero primero es una semilla dentro de uno mismo.    Cuando se nutre, esta semilla crece en una conciencia de la fragilidad compartida de la existencia—el reconocimiento de que nadie es inmune al sufrimiento.    Considera la solidaridad silenciosa en una palabra amable dirigida a un extraño, el vínculo tácito formado en momentos de duelo compartido o la simple gracia de perdonar los defectos de otro, sabiendo que los propios también son imperfectos.    Estos actos nos recuerdan que no estamos aislados en nuestro sufrimiento, sino conectados a través de él.    Al reconocer esta interconexión, cultivamos una compasión que trasciende la individualidad.    Nos permite honrar la humanidad en los demás mientras aprendemos a honrarla en nosotros mismos.

Sección III

La soledad frente a la desesperación


Piensa en la soledad como tu característica definitoria, un reino donde tus pensamientos y sentimientos pueden existir sin filtro, sin cotejar o tocar comparación.    El desespero, sin embargo, surge cuando esta soledad se convierte en un entorno hermético de repetición, de deseos no satisfechos, una distorsión que amplifica la ausencia de validación externa en una necesidad consumidora.    Percibir la soledad como desesperación es confundir un estado natural con un anhelo poco saludable, como confundir el silencio con el vacío.    La soledad ofrece claridad, un espacio para reflexionar y crecer, mientras que la desesperación, aunque dolorosa, puede enseñarnos dónde necesitamos nutrirnos más.    Al replantear la desesperación como un síntoma en lugar de una condena podemos transformarla en una oportunidad para el autoconocimiento.

PostScriptum


Al reflexionar sobre el recorrido de estas ideas, me viene a la mente una época de hace casi 16 años, cuando encontré consuelo en los escritos de Jiddu Krishnamurti, un maestro espiritual que mi madre había estudiado en mis años más jóvenes.    Sus ideas, al igual que el budismo antes de ellas, sirvieron como un preámbulo, un atisbo de una comprensión más profunda que no logré comprender completamente hasta más tarde en la vida.    Solo en mis cincuenta, después de abrazar la escritura como una forma de expresión creativa, comencé a desentrañar las capas de verdad ocultas en sus palabras.


Durante este período, mi editor, con quien compartí mi creciente interés por Krishnamurti, lo caracterizó como excéntrico (“kook”), una etiqueta que parecía reflejar las contradicciones inherentes en la filosofía de Krishnamurti.    Mi admiración tanto por Krishnamurti como por mi editor estuvo marcada por un conflicto interno.    Luchaba por reconciliar las imperfecciones que veía en ambos con mi propio sentido de integridad e independencia.    Con el tiempo, llegué a comprender que sus imperfecciones no eran diferentes de las mías—y que la sabiduría que buscaba no estaba en su perfección, sino en la aceptación misma de la imperfección.


Esta aceptación me permitió aprender de ambos, mientras mantenía mi propia autonomía, un recordatorio de que el crecimiento no proviene de una certeza impecable, sino de la capacidad de navegar por la contradicción y la complejidad.    Así como podemos encontrar la verdad en nuestra propia comprensión imperfecta, también podemos extender compasión a los demás, reconociendo sus contradicciones como parte de la experiencia humana compartida.


En este viaje, he aprendido que la tensión entre certeza e incertidumbre no es algo que resolver, sino algo con lo que vivir—un espacio donde la autocompasión y la sabiduría pueden crecer, aunque imperfectas.

Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, enero 19, 2025