Foto proporcinada por la hija de Herta, Vivien Kane.
Herta Lager Kane (1928-2021) nació en Viena. Con su familia, llegó a la ciudad de Nueva York en 1941, a través de la Suiza, huyendo de la persecución nazi.
Herta comenzó su educación en el Fashion Institute of Technology y Cooper Union for the Advancement of Science and Art, School of Art and Architecture, antes de obtener un B.F.A. en Diseño Gráfico y una M.F.A. en Pintura de la Universidad de Buffalo.
Herta inició su carrera como profesora adjunta de pintura en la Universidad de Buffalo, luego dedicando su vida como profesora de diseño gráfico en el State University College de Buffalo. Han sido expuestos del arte plástico de Herta, sobre un estilo formalista de abstracción geométrica, sus pinturas y dibujos constructivistas en la Galería de Arte Albright Knox, el Centro de Arte Burchfield Penney, el Centro de Arte Contemporáneo Hallwalls y varias cooperativas locales alternativas dedicadas a la investigación y el desarrollo de videos para el teatro y la televisión.
En su trabajo, Herta buscó una nueva dirección en su representación del espacio pictórico, resultante del gran legado de nuestro mentor Seymour Drumlevitch. En sus propias palabras, Herta aspiraba a llegar al poder “… de una ambigüedad elusiva y mística”.
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Una elegía
Herta siempre denotaba una generosa calidez y profunda comprensión del ser humano. Incluso cuando éramos conscientes de nuestra fragilidad, en aquellos momentos de angustia, no teníamos que decir mucho para asegurarnos que todo estaría bien. En el silencio y distancia, nos apoyamos con una sensación consciente de lo extraordinario, a veces incluso con un jocoso donaire de lo incomprensible del destino.
Desde que conocí a Herta en 1975, como profesora de pintura en la Universidad de Buffalo, ella compartió su riqueza de conocimientos y siempre me animó con mucho entusiasmo. Cuidó de mi bienestar hasta que ya no pudo. Nuestra amistad atestigua el hecho de que nadie tiene control sobre su destino, aunque nuestro amor persistió más allá de dichos límites.
En la confianza de Herta, en la labor de ser un artista visual y sobrevivir a las innumerables incertidumbres de una carrera profesional, encontré respuestas para saber manejar lo que el destino brindara.
Su humanidad, dignidad e inteligencia fueron una fuente de inspiración para todos nosotros, quienes tuvimos la suerte de conocerla. Más que mentora, Herta se convirtió en una fiel amiga. Nadie más podría ocupar su lugar en mi corazón.
Le debo a Herta mi posición, no sólo en la madurez emocional sino también intelectual. Sin ella, sería otro; a ella le debo el espíritu de ser auténtico y reflexivo.
R.F.M.
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In Memoriam Herta Lager Kane
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El destino
De las lágrimas, el destino y el azar nos dibujaron una sonrisa, como de los fracasos nos trajeron un consuelo. Miramos hacia arriba después de tropezar y al tocar fondo, confiamos en alzarnos.
En la soledad encontramos nuestra compañía, y al ayudar a otros, fuimos ayudados.Incluso en la búsqueda de la perfección,conocimos nuestras fallas.
En la brevedad de cada instantenada parecía descansar para ser poseído.Cuando nos maravillamos del gran arco del tiempo,Este nunca expira aun ante la desesperanza.
Los flujos y reflujos de las diosas, las tres Moirai y Tyche,en sus excesos de sabores y sinsabores,no nos impedirán seguir adelante,aunque nos encontrásemos conscientes de nuestras imperfecciones.
Ricardo F Morin, December 29, 2021, coautor Billy Bussell Thompson
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Herta’s Art
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Herta Kane, artista estadounidense nacida en Austria (1928-2021), Pintura titulada “Sin título”, c. 1980, Acrílico sobre lienzo, díptico, 49 5/8 7/8 “x 50”, Donación del artista a Burchfield Penny Art Center Collection 2002. https://burchfieldpenney.org/art-and-artists/people/profile:herta-kane/
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Herta Kane, artista estadounidense nacida en Austria (1928-2021), Pintura titulada “Sin título”, c. 1980, Acrílico sobre lienzo, díptico, 57 7/8 “x 37 5/8”, Donación del artista a la Colección Burchfield Penny Art Center, 2002. https://burchfieldpenney.org/art-and-artists/people/profile:herta-kane/
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Herta Kane, artista estadounidense nacida en Austria (1928-2021), obra sobre papel titulada “Sin título”, Acrílico y collage sobre papel, 10 1/2 “x 10 1/2”. Donación de Arts Development Services, Inc., 1978 a la Colección Burchfield Penny Arts Center, 1978. https://burchfieldpenney.org/art-and-artists/people/profile:herta-kane/
En el verano de 1975 tomé un taller de pintura bajo la instrucción de Herta en la Universidad de Buffalo: A partir de ese momento evolucionaron los lazos de nuestra amistad. La sabiduría de Herta provenía de su propia vitalidad; su curiosidad parecía ilimitada. Exploraba temas de diferente índole, desde el arte informático hasta la caligrafía japonesa. Todo esto la realzó como artista. Como maestra que trataba con estudiantes, tenía poca paciencia y muchos de ellos se sentían intimidados por sus exigencias. Lo más memorable es que me enseñó que un artista tenía que evocar el significado que se esconde detrás de cada imagen. El arte no era una evolución progresiva; nada era nuevo: todo ya estaba hecho; el imperativo era hacer algo significativo.
Herta se identificó con las historias que compartí sobre mi familia y especialmente sobre mi madre. También me contó historias sobre sus propios padres, particularmente sobre cuánto admiraba a su padre. A través de los años, la lealtad de Herta fue constante. Ella instaba atenta como una madre. Siendo 26 años mayor que yo, me preguntaba por qué quería pasar tanto tiempo con ella. Respondí que la gente de mi edad me aburría.
El último semestre de mi tercer año, Herta me invitó a almorzar con su esposo Ernest, un cardiólogo en el Hospital de Administración de Veteranos al lado de la universidad. Esa mañana, algunos estudiantes habían prendido fuego afuera de mi puerta. Llamé a la policía de la universidad pero no acusé a nadie. Más tarde le conté a Herta lo que había sucedido. Ella y su esposo me aseguraron que todo estaría bien. Esa tarde escuchamos la música de Handel y Brahms, hablamos sobre la poesía de las matemáticas y discutimos las polémicas de la antropología del arte. Esa noche no volví a mi dormitorio universitario, sino que me quedé con un estudiante de arquitectura polaco: Jurek Pystrak me invitó a quedarme con él hasta que se arreglaran las cosas. Poco sabía lo importantes que llegarían a ser Herta y Jurek.
Mientras estudiaba para los exámenes finales, alguien que no conocía se me presentó. Parecía que había sido mi guardaespaldas desde el momento del incendio en el dormitorio. Nunca supe por qué me vigilaba. Más tarde, Herta comentó: “… la universidad debió haber hecho un balance de lo laxo que era su sistema de seguridad”.
Después de que me fui a Yale para realizar estudios de posgrado y Jurek se mudó a Berlín, Herta y yo nos mantuvimos en contacto. A veces nos encontrábamos en Manhattan e íbamos a museos y galerías. Después de haber terminado mis estudios en Yale, trabajé como escenógrafo en Manhattan. En 1988 visité Herta en Buffalo. Su esposo Ernest había muerto dos años antes. Herta y yo fuimos a la función inaugural de Abingdon Square de María Irene Fornés (1930-2018) en el Studio Arena Theatre. Esa noche, Herta y yo tuvimos la oportunidad de hablar con ella (yo había realizado la escenografía de tres de sus obras, que se habían estrenado en la ciudad de Nueva York). De nuevo en 1989, visité Herta en Buffalo; allí asistimos a una retrospectiva del pintor Seymour Drumlevitch, quien había sido nuestro consejero académico, mentor artístico y amigo.
En 1992, Herta asistió a mi primera exposición solista de pinturas en Manhattan. Aunque no la vi entonces, nos mantuvimos en contacto por teléfono. Karl, la pareja de Jurek en Berlín, le dijo a Herta que Jurek había muerto de SIDA en 1984. Esto nos sorprendió a ambos; explicaba por qué no habíamos tenido noticias de Jurek durante ocho años. Herta fue fundamental para conectarnos con el pasado de Jurek. Luego, Karl visitó mi estudio de pintura en Tribeca. Posteriormente, invitó a Herta a un crucero para pasar una noche en el Rin y conmemorar su inminente muerte (éste había descartado mi optimismo sobre el tratamiento antirretroviral como un sentimentalismo misionero). Le dije a Herta que la perspectiva de Karl era totalmente fatalista.
Cuando conocí a Herta por primera vez, intuí que ella estaba luchando contra la depresión. Más tarde supe que gran parte de su búsqueda de afecto no había sido correspondida. Su esposo también estaba luchando contra la depresión, habiendo intentado suicidarse si no hubiese sido por su esposa. Luego ella lo cuidó durante un largo período de enfermedad. Después de su muerte, su círculo de amigos se redujo. Ella pensó que no era bienvenida por otras parejas. En esos años, Herta estaba sola y plagada de culpabilidad. Desconcertada, llamaba a mi puerta a altas horas de la noche, mucho después de la medianoche, pidiendo apoyo. Ahora, en la década de los 90, nuestros papeles se invirtieron: Ella venía en mi ayuda, alimentando mi optimismo y ayudó a recuperarme del suicidio de mi pareja de tres años.
Luego, en la primavera de 2005, Herta conoció a David, mi pareja durante cinco años. Mientras caminaba hacia la avenida para ayudarle a ella a tomar un taxi, me dijo que sólo deseaba haber conocido a alguien como David por sí misma. Su declaración no me sorprendió, aunque tocábamos el pasado por sus bordes. Comprendí que David le recordaba su deseo de haber conocido durante su vida a alguien de igual sensibilidad.
En mayo de 2008, David y yo asistimos a la celebración de su octogésimo natalicio en Filadelfia. Conocimos a toda la familia, incluidos sus nietos. Antes del festejo, Herta me había confiado a menudo sus inseguridades acerca de ser abuela. Ella cuestionaba cómo la percibían sus nietos y yerno, de si fuese aceptada por ellos. Más que nunca estaba consciente de su acento alemán, aunque lo glorificase como una distinción sofisticada. Estos fueron años importantes para Herta, pero la carga de sentirse desplazada en una nueva vida pesaba mucho sobre sus hombros.
En 2011 mi madre murió de Alzheimer a los 84 años. Durante los años anteriores le había mencionado a Herta que solía llamar a mi madre en Venezuela para leerle Don Quijote. De vez en cuando mi madre reaccionaba con sonidos guturales, que yo tomaba por afirmaciones de risa. Durante estas conversaciones, comencé a tomar conciencia de las propias dificultades de Herta en su percepción de la realidad. Ella se agitaba fácilmente. A menudo se sentía incomprendida. Desencadenaba eventos pasados, como si estuviesen ocurriendo en el presente. Le escuché en silencio, esperando que pudiese recuperar la calma. Traté de interesarla en otros asuntos. ¿Seria esta la razón por la cual me dijera que era importante para nosotros estar en contacto? A partir de entonces traté de llamarla hasta que ya no fue posible. Después de lo que pareció ser un largo período de silencio, su hija Vivien me llamó para informarme que Herta necesitaba la atención de una guardería las 24 horas. David y yo condujimos desde Manhattan para visitarla en Pensilvania. En 2016 Herta todavía podía hablar. Creí que se acordaba de mí hasta nuestra despedida, cuando dijo lo agradable que había sido conocerme.
Durante nuestra visita, Herta parecía alerta. Después de mostrarle fotografías de nuestro hogar en Fort Lauderdale, hizo varios comentarios extravagantes. Con descaro, criticó los cojines que parecían donas y estaban completamente fuera de sitio. Su ingenio parecía tan perspicaz como siempre. Pero luego nos contó sus recomendaciones para la escuela de posgrado, en la que —para mi horror— me había llamado del calibre de Leonardo da Vinci. El caso es que a ella le encantaba ser polémica.
El verano antes de su muerte, Herta estaba mucho más limitada en movimiento y habla; se veía apática, aunque sonreía a menudo con lo que parecía ser un dejo de resignación. Hubo un momento de bromas entre nosotros, cuando ella repentinamente frunció el ceño con una mirada furtiva y pícara. Nos sonreímos con asombro y ella jadeaba de regocijo. Seguido esto, Herta hizo un gesto, con las manos alrededor de la boca, como si preguntase por qué requería de mi bigote. Luego le mostré uno de mis cuadros geométricos. Ella lo miró, alzó sus cejas abriendo los ojos ampliamente y dijo “¡BIEN”! Me conmovió su aprobación. Ella parecía estar al mando. Mientras tanto seguía saboreando su helado de vainilla, jugando sin rumbo fijo con la cucharilla, y se negaba a dejar que nadie le ayudara. Cuando nos despedimos, mencionamos que regresaríamos en la primavera, y ella dijo con la misma expresión facial: “¡BIEN”!
Los recuerdos de la pérdida de un ser querido son dolorosos, precisamente porque nos amamos. Aceptar su pasado con humildad es la única opción por su pérdida. Es indiscutible que abrazamos nuestra existencia a través de sus recuerdos. El duelo es el momento que nos exige soportar el sufrimiento con paciencia.
De espaldas a Times Square en 1998
Escrito por Ricardo Morin y editado por Billy Bussell Thompson
Las palabras son símbolos no necesariamente veraces. Les dotamos de significado para apaciguar nuestro desconcierto ante aspectos de la realidad que no podemos comprender plenamente. Quizás escribir sea el esfuerzo de la conciencia para superar su fragilidad.
Anónimo
Wisława Szymborska nació el 2 de julio de 1923 en Bnin [ahora parte de Kórnik], Polonia. Murió el 1 de febrero de 2012 en Cracovia. Fue una poeta cuyas exploraciones inteligentes y empáticas de cuestiones filosóficas, morales y éticas le valieron el Premio Nobel de Literatura en 1996.
Poema escrito por Wislawa Szymborska, publicado 1 de Julio del 2000, traducido del polaco por Stanislaw Baranczak and Claire Cavanagh en 2006 y transpuesto al español e inglés por Ricardo Morin y Billy Bussell Thompson, diciembre 2021
A veces tenemos un alma.
Nadie la tiene sin parar,
ni para siempre.
Día tras día,
año tras año,
podrían transcurrir sin ella.
A veces se anida en nosotros por un rato,
como en los miedos y arrebatos de la niñez,
y a veces en nuestro asombro ante la vejez.
Rara vez nos tiende una mano
con tareas tediosas,
como al mudar de muebles,
llevando equipaje,
y caminando un largo trecho en calzado tieso.
Nos huye
cuando la carne deba ser molida
y las peticiones deban responderse.
De cada mil conversaciones
participa en una,
a veces ni siquiera en ello,
pues prefiere el silencio.
Cuando nuestras entrañas transitan del dolor sordo al intenso
ella se ausenta.
Es quisquillosa:
no le gusta vernos entre muchedumbres.
Las aspiraciones de dudosa ventaja
y el asqueroso deseo de colarse la enferman.
Para ella el regocijo y la melancolía
no son contrarios.
Ella se halla en nosotros
sólo en la unión de ambos.
Pudiéramos contar con ella
si no estuviésemos seguros de nada
y curiosos sobretodo.
De todos los objetos
favorecería a los relojes con péndulos
y espejos que permaneciesen en sigilo
sin nadie mirarles.
No dice de dónde viene
ni cuando partiría de nuevo,
aunque aguardase tales cuestiones.
Por alguna razón de ser
la necesitamos,
y ella a nosotros por igual.
Ricardo F Morin Número de serie platónica 0023 Imagen generada por computadora 2018
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In memoriam Eva Lowenberger
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El encanto del éxito somete la verdad al apuro y la extravía en su propio enredo.
Ricardo F Morín —abril 12, 2021
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Reconocimiento
Libro de mutaciones es una nueva etapa de mi trabajo como artista visual. Escribo en colaboración con Billy Bussell Thompson, profesor emérito de la Universidad de Hofstra. Nuestra relación no es la de autor y editor. Como amigos, marcados por experiencias e influencias distintas, nuestra relación excede la del autor y su editor.
No me considero escritor profesional ni me interesa emular algún estilo en particular. Tampoco me considero un artista profesional. Sin embargo, he dedicado mi vida al estudio de ambas disciplinas. Si llegara a convertirme en escritor, sería en gran parte gracias a Billy. Aprender a traducir las percepciones, como hablante no nativo del inglés, ha sido una tarea ardua. Su ayuda ha consistido, en particular, en hacerme ver las diferencias entre los campos semánticos del inglés y el español, mi lengua materna. Nuestra relación me ha hecho consciente de que sigo siendo una obra en proceso tanto para él como para mí.
El proceso contenido en Libro de mutaciones nace de la búsqueda de una prosa capaz de alojar la memoria. Era fácil apartar lo que sonaba falso; mucho más difícil era eliminar el detalle sobrante. Aun así, lo suprimido dejaba su huella en la narrativa.
Se reunían recuerdos fortuitos y del azar. Su unidad era la tarea inmediata. Todo se unía en un collage singular.
Para mí, escritura y pintura son procesos de composición abstracta. Aunque el proceso de escribir sea diferente al de pintar, cada palabra es como una pincelada o una línea, que culmina en una imagen siempre en proceso de rehacerse.
Libro de mutaciones recoge recuerdos a través de los matices episódicos de una vida. Lo personal y lo particular no son aquí el fin; lo que se busca es la evolución de la verdad.
Ricardo F Morín —abril 12, 2021
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Capítulo 1
Ignis Fatuus: El mundo entero podría colapsar; para vivir necesitamos falsas esperanzas.
Capítulo 2
Tu abuelo paterno casi nunca hablaba; acostado a su lado, sufrías sus ronquidos. Un domingo por la mañana te sentabas tranquilamente en el banco con él mientras él tocaba el órgano en la Iglesia de Bella Vista de Caracas. Un domingo por la tarde, te llevaba a dar de comer a las palomas en la “plaza mayor” de Puerto La Guaira. Un lunes temprano, se sentaba en un escritorio tallado y tomaba sorbos de café caliente de un platillo de demitasse. Durante un tiempo, hacía girar los pulgares y silbaba. De repente, te echaba de la casa creyendo que le habías roto algo suyo. Temeroso, cruzaste la calle corriendo y casi te atropelló un coche. Te uniste a niños mayores que tú que jugaban a las canicas.
Capítulo 3
Hay tantas cosas que ignoramos que la humildad se convierte en una necesidad, no en una elección. Nada puede ser concluyente en ningún momento.
Capítulo 4
Tu abuela paterna nunca entablaba conversaciones triviales. Para disuadirte de chuparte el dedo pulgar, antes de acostarte, te aplicaba salsa picante en la mano izquierda. Simplemente cambiabas al pulgar derecho.
Capítulo 5
El hombre no controla quién es, cómo piensa ni cómo se percibe. Tú tampoco controlas quién eres, cómo piensas ni cómo te percibes. Preguntar por qué existes u observar cómo cambias de vez en cuando, sólo parece sugerir una falta de control.
Capítulo 6
En su celda, el padre Manuel, el profesor de matemáticas, hablaba consigo mismo. Sus murmullos eran apenas audibles. A menudo nos reprendía por las diferencias entre un hombre grande y un hombre pequeño. El padre superior Lisandro respondía que no había explicación para el mal en el mundo.
Capítulo 7
Los temores sobre la existencia de Dios y el diablo son argumentos imposibles. Es una búsqueda inútil. La cultura, similar a la tradición y la creencia, proviene de la imaginación.
Capítulo 8
Como amigo, Rogelio era atento y considerado. Tu madre te advirtió que no te acercaras demasiado a él: “Era pobre, negro”. Enfadado respondiste: “La pobreza no era vergonzosa y, además, la piel de tu padre era sólo un poco más clara”.
Capítulo 9
¿Encuentras significado alguno en mundos imaginativos y ensoñaciones?
Capítulo 10
Durante el almuerzo, el tío Calixto se sentó al otro lado de la mesa. Anunció el suicidio de una pareja que te había presentado un mes antes. Tu consternación fue obvia. El tío Calixto insistía en que no debías preguntar más. Años después, con el mismo tono truculento te acusó de malos pensamientos: “Tienes al diablo en ti”, por ser gay.
Capítulo 11
Te preguntabas qué tan moral puede ser una persona: ¡alguien que cree en el diablo, el infierno y la condenación eterna! Para ti dicha moralidad era defectuosa. Para ti la religión no era distinta a la astrología.
Capítulo 12
Hace quince años, Francis murió de cáncer. Su hermano se afligió como si le hubieran amputado un miembro. Prendió fuego a su casa antes de beber anticongelante. La familia no se sorprendió. Los vecinos te culparon por no haber borrado su dolor. Uno vecino llamó al día siguiente, alarmado porque habías expuesto cuarenta y cinco pisos a la conflagración, aunque tú no vivías con él.
Capítulo 13
El suicidio no es diferente del homicidio. Matarte a ti mismo no es menos moral que matar a otro. Ambos son actos de cobardía. La conciencia pertenece sólo a los vivos. Matarse es volverse contra la propia naturaleza. Dar cuenta de la locura no puede absolver la agonía. El recuerdo del amor es el único consuelo.
Capítulo 14
Justo antes de la Primera Comunión, tu padre mencionó la muerte. Respondiste que era inevitable. Más tarde lo escuchaste decirle a tu madre que tu respuesta fue bastante inesperada. En Navidad, le anunciaste a tu padre que lo sabías todo sobre Santa. Él respondió: “¿Qué planeas hacer al respecto?” Simplemente te encogiste de hombros y le pediste su bendición antes de irte a la cama.
Capítulo 15
¿Sufres por no ser un inocente?
Capítulo 16
El tendero dijo que conocía a tu familia, así que le pediste que te llevara a casa en la parte trasera de su camioneta. Al llegar allí, se encontró con tu padre en un estado de pánico. Para él habías desaparecido y tú pensabas que te había olvidado. A partir de entonces, no asististe a tus clases de arte durante diez años. Luego, cuando eras adolescente, vagabas por tu vecindario. Una tarde encontraste a un joven mayor estudiando. Estaba memorizando algo cuando lo interrumpiste. Preguntó por qué le ofrecías dulces y tú dijiste: “¿Por qué no? ¿Acaso no somos vecinos?” Cuando llegaste tarde a casa, tus padres se iban a reportar tu desaparición.
Capítulo 17
¿Puede alguien medir la conciencia?
Capítulo 18
Cada vez que atravesabas por las rejas de la casa de tu mejor amigo, su pastor alemán se abalanzaba con ferocidad hasta que reconocía tu voz y tu olor. Ese día, tu amigo no había podido ir a la escuela. No se sentía bien. Sin preámbulos, te ofreció como explicación que lo enviarían a una escuela militar. Agregó que estaba terriblemente molesto y que tenía que deshacerse de su estrés. Te sentaste en silencio al pie de su cama. Los dos intercambiaban monosílabos, mientras él se masturbaba debajo de la manta. Te dijo que tenía que “hacerse la paja y acabar”. Dichas palabras no tenían sentido para ti. Te marchaste con una mirada amistosa sin volver a verle jamás.
Capítulo 19
No alejabas los temores, tanto como debías tener en cuenta su fugaz existencia, como al despertar de un sueño.
Capítulo 20
De vacaciones con un compañero de clase, tu atención estuvo puesta en su hermano mayor Kiko. Cada vez que tus cuerpos se tocaban temblabas. Temías sentirte abrumado. Mucho después de su muerte, su atractivo te persiguía.
Capítulo 21
Desde la primera infancia, la inocencia ya se había perdido en el dolor. Hacía mucho tiempo de haberte convertido en un blanco disponible.
Capítulo 22
A los 18 años conociste a Ennio Lombana, después de haber cruzado a la casa de los vecinos. Te convertiste en su víctima sexual. Quizás eso explique por qué te fuiste a la universidad a seis mil kilómetros de distancia.
Capítulo 23
Intentaste no pensar nunca en el miedo, pero se convirtió en una obsesión.
Capítulo 24
Tu padre y tu tutor de arte te fomentaron la educación en América del Norte, pero temían sus implicaciones. Sus recuerdos permanecen en silencio.
Capítulo 25
La ignorancia es la condición esencial de la existencia. La arrogancia impide percibir la ansiedad, el dolor de la soledad, el miedo y el desamor. La racionalidad no se puede lograr a través del dogma.
Capítulo 26
La Nena Pérez fue una rebelde de oro para José Luis. Su belleza hechizaba a todos los que la veían. Para su esposa Antonieta, sin embargo, era una intrusa. Décadas más tarde, llegó una carta suya desde Andalucía. En ella Antonieta fue elogiada como toda una señora. Con autodesprecio, alababa a tu padre. Mencionaste que La Nena no te reconoció en un encuentro casual en Caracas. Estuvo fuera de sí al saber que tu voz ya no le era familiar. Al parecer, se había olvidado de navegar en canoa por la bahía de Tucacas.
Capítulo 27
¿Cómo puede haber amor si uno está vacío? El hastío lo descubre. La importancia personal aspira a la iluminación al igual que el anhelo a la santidad y la humildad. Pero encontrar el amor puro es cuestión de suerte.
Capítulo 28
Antes de ingresar a la universidad te inscribiste en un curso de inglés como segundo idioma. El profesor hizo que el aprendizaje fuese emocionante. Su paciencia te desarmaba. A la hora de la comida, hablabas sin descanso, olvidándote de comer, y él sonreía con ternura.
Capítulo 29
La desesperación no puede mitigar el sufrimiento.
Capítulo 30
Tres Marías hicieron el viaje desde Sudamérica a las Cataratas del Niágara para una visita. Se montaron en la noria del parque de atracciones a orillas del Lago Ontario. Su visita fue un completo misterio, excepto que creían que estaban en contacto con extraterrestres. Una de ellas se dio cuenta de que ella no era el objeto de los afectos de Ennio Lombana. El colapso resultante de tu madre fue inmediato.
Capítulo 31
En 1977, hambriento y desamparado, estuviste cerca de morir. Te distraías en las discotecas. Conociste a Donald Bossak y Paul Barret: el primero inseguro y el segundo suicida. Te mudaste a los dormitorios de la universidad para enfrentarte a un grupo de alborotadores, que habían sido incitados por un compañero de habitación. “Fuera el extranjero”, gritaban, prendiendo fuego a tu puerta. En la graduación te enteraste de que la universidad te había asignado un guardaespaldas. Para entonces habías conocido a Jurek Pystrak, un estudiante disidente polaco que consoló tu miseria. Antes de la graduación, pasaste ese verano estudiando con él en Austria y, después de graduarte, él continuó sus estudios en la Universidad de Pensilvania y tú pasaste a Yale para el MFA. Jurek murió a mediados de los 80 en Berlín. Sólo más tarde supiste que había muerto de SIDA.
Capítulo 32
La tecnología ha extendido nuestras vidas a mundos preconcebidos. Los arquetipos algorítmicos imponen un cierto orden al prejuicio, bajo el cual se te controla, se te vende y se te manipula.
Capítulo 33
Todos los fines de semana, viajaban entre New Haven y Filadelfia. Antes de tomar su Fulbright, él sugirió que estaba bien salir con otra persona durante su ausencia. Tomaste esto como una falta de lealtad. Desde Berlín escribió que había conocido a un historiador de cine. Después de la muerte de Jurek, Karl visitó tu estudio de arte. Encontró tus lienzos geométricos extrañamente formales. ¿Fue su conversación un eco de la influencia que había ejercido sobre Jurek y de su idea de la libertad artística? Más tarde escribió desde Berlín que se estaba muriendo. En su carta, decía que tus búsquedas con respecto a tratamientos médicos eran inútiles pretensiones misioneras.
Capítulo 34
Pero no era una misión, era compasión como también lo habría sido con Jurek. Karl estaba lleno de sus propios recuerdos; le rogabas que mantuviera la esperanza.
Capítulo 35
Nunca lloraste por nadie como lloraste cuando Benjamin se fue a trabajar a París en 1984. Después de que él se fuera de Nueva York, tu vieja amiga Carol Magar te ayudó a negociar el pase a la ciudadanía estadounidense. Dieciocho años después, murió de cáncer cervical y cinco años antes, Benjamín ya había regresado de Francia. ¿Fue su postura de ironía lo que los separó como amigos? La última vez que te habló fue en una librería en Park Avenue y 57th Street. Allí, con motivo de la promoción de uno de sus libros, le presentaste a tu esposo David. Benjamín se excusó y se marchó de forma abrupta, porque recordó que tenía una cita con su agente. Más tarde ese año, Benjamín se mudó a Tailandia. Se convirtió en biógrafo y traductor de reconocidas figuras de las artes del siglo XX. Sólo gracias a la World Wide Web puede verse su imagen al envejecer, y su prosa continúa ofreciendo su particular arte. Sigue siendo tu provocador.
Capítulo 36
En 1987 te diagnosticaron SIDA. Antes del diagnóstico conociste a un clérigo episcopal y a un actor de una telenovela. Ambos lucharon por tu atención. Durante años, cada uno desaprobó al otro. El actor era irónico y el clérigo era un libertino. El clérigo murió de un ataque al corazón en 2008. El actor tiene más de 80 años. Su marido solía burlarse de ti.
Capítulo 37
Durante los años de histeria del SIDA, tus amigos Philip Jung y Tom Bunny no le tenían miedo a la muerte. Los consolabas cuando yacían tranquilamente en tu regazo.
Capítulo 38
Casi ciega, Lyda se veía a sí misma como una mecenas de la cultura latina en los Estados Unidos. Disfrutaba la curaduría de exposiciones de arte en Midtown Manhattan. Un maestro provincial, convertido en diplomático, le hizo valer la idea de que tenían la oportunidad de abrirse al establecimiento artístico estadounidense. Luego, una revolución seudoprogresista los confirmó en sus inclinaciones populistas.
Capítulo 39
Escuchaste grandes historias. Sus aspiraciones, afines al fervor religioso, nunca se materializaron. Parecían timadores incapaces de renunciar a sus deseos de dominar.
Capítulo 40
Pintar te mantenía cuerdo, dijo un amigo, que había ido a tu loft en Tribeca. Tus pinturas estaban desarrollando un vocabulario abstracto. Pintabas de noche y trabajabas como diseñador comercial durante el día. Cuando tu salud falló, renunciaste a todo y elegiste refugio con tu familia en Sudamérica.
Capítulo 41
Se aprende a vivir con miedo.
Capítulo 42
Vivías como un cuerpo arrojado de un lado a otro en tu tierra natal. Te encontraste con la repugnancia tanto del establecimiento médico como de la familia.
Capítulo 43
En 1994 las instituciones médicas venezolanas estaban colapsando. Algunos médicos y varias empresas aprobaron que redactaras una declaración de misión para la Fundación Metaguardia. Esta se había registrado como un programa para personas con enfermedades terminales. La propuesta pasó a las comisiones del congreso venezolano, de Salud, Educación y Cultura, y hasta las Naciones Unidas. El propósito falló. El Ministerio de la Familia de Venezuela intentó convertir el programa en actividades para los débiles mentales. No pasó nada.
Capítulo 44
En noviembre de 1995, hiciste un vuelo directo de Caracas a Los Ángeles. Habías sido nominado a un Emmy por tu trabajo en En busca del Dr. Seuss. A la mañana siguiente de despertar con una fiebre de 108 grados Fahrenheit, desde una cama de hospital, alucinaste que hacías el amor con un ángel que había descendido sobre ti. A tu enfermera, le habías explicado que la muerte era una ilusión. En tu mente hablaste de dioses y diosas egipcios, de alemanes deambulando por tu habitación, de Zapata luchando por la libertad de México, e incluso de un viaje intergaláctico en una nave espacial sobrevolando el hospital. Una enfermera te pidió que abrieras los ojos. Tu cuerpo había comenzado a desacelerarse; tu vista se había agrandado. Sacando la vía intravenosa de tu brazo, querías huir. No podías caminar, pero de alguna manera, pudiste bailar con la música que tocaba la radio de las enfermeras. Te sentiste en un tiempo diferente. Viste tu casa en Venezuela mientras gateabas por su piso. Las lechadas eran como ríos. Luego abriste los ojos a un océano. Oías palpitar tu corazón. Subiste al tejado de tu casa y miraste el cielo despejado. Los fractales de luz pulsaban como miles de arcoíris. Ahora estabas despierto; tus tobillos estaban débiles. Te levantaste sin embargo. Te volviste hacia el médico y le dijiste: “¿Qué significa la dignidad para usted? ¿Es usted un ser humano?“
Capítulo 45
Nueve meses después, estabas en casa de tu madre. Tu padre venía a visitarte todas las semanas. A medida que te volvías más fuerte, él te decía que deberías regresar a los EE. UU.
Capítulo 46
En noviembre de 1996, volaste de Caracas a Nueva York. Tu estadía de nueve meses en Venezuela violó el estatus de tu residencia. “Creo que me estaba muriendo y no podía regresar”, respondiste. “Señor, puede proceder”, dijo el agente de inmigración estadounidense.
Capítulo 47
Algunas semanas después, tu padre se cayó en casa y sufrió un derrame cerebral. Después de la cirugía, murió en el hospital. Tu madrastra lo había encerrado como si fuera una bestia. Con dolor volviste a pintar. Sin más éxito que antes, siguieron acumulándose los rechazos de las galerías. Con tu madre viajaste a Europa. Ella hablaba incesantemente y luego, nueve años después, perdió la voz debido a la enfermedad de Alzheimer. Sin padres, no tenías un puente con tus hermanos y hermanas. A lo largo de los años de Chávez y Maduro ayudaste a la familia.
Capítulo 48
En 2012, dejaste de pintar en tu estudio de arte en Jersey City, sólo para volver al arte a través de las tecnologías digitales … Por casualidad recuperaste la confianza.
Capítulo 49
En 1997 conociste a Nelson. Juntos caminaron por la selva amazónica hasta el Salto Ángel. Nadaron juntos en Los Roques. Contigo se mostró vulnerable. ¿Fue su suicidio el desahogo de su abatimiento por la muerte de su hermano?
Capítulo 50
En agosto de 1999, te confesaste ante un sacerdote nicaragüense en el Vaticano. Te pidió que midieras tus responsabilidades. Lloraste desconsoladamente por la muerte de Nelson. La respuesta del sacerdote: “Esto no es el lugar”. Desde el Vaticano regresaste al hotel, donde te encerraste. Al regresar a los Estados Unidos, buscabas terapia. Allí hablaste de una relación con un profesor de inglés casado y con hijos, quien te dijo: “Tú también me has matado”. Luego entablaste una relación con un alcohólico. Tampoco tuvo éxito.
Capítulo 51
La terapia se convirtió en una muleta que estrangulaba tu libertad. Al dejarle, el terapeuta se sintió decepcionado. Se había acostumbrado a dirigir tus pensamientos y acciones. De eso dependía su sensación de control y, para su disgusto, te despediste.
Capítulo 52
Cuando tú y David se encontraron, él llenó un vacío en ti y tú en él. Ambos encontraron un respiro en un mundo imperfecto.
Capítulo 53
Despertó con la quijada áspera y una barba incipiente. Frotaste tus mejillas, sin cuidado, contra su rostro impregnado de un olor almizclado. Sus ojos tenían la expresión de un niño cariñoso.
Capítulo 54
Sus ojos brillantes mostraban una tímida sensación de asombro.
Capítulo 55
Juntos han viajado por el mundo: el Atlántico, el Pacífico, el Mar de China Meridional, el Mediterráneo y el Mar del Norte.
Capítulo 56
El 27 de diciembre de 2000, la policía informó que un hombre de 39 años aparentemente saltó hacia su muerte desde un edificio de apartamentos en Manhattan. El presunto suicidio ocurrió en Hell’s Kitchen, a poca distancia de tu casa. Era tu médico de cabecera, que se había desplomado desde el sexto piso. La semana anterior, le habías explicado que la última medicación que te recetó te había privado del sueño durante ocho días consecutivos.
Capítulo 57
Algunos amigos de infancia siguen en contacto. A sus 94 años, Herta es la amiga más antigua que conservo. La conozco desde hace cuarenta y seis años. Ella fue mi mentora y amiga platónica desde la universidad. Perdió su memoria por la enfermedad de Alzheimer. De la escuela de posgrado de Yale, están Angiolina Melchiori, quien ahora trabaja en RAI TV en Roma; Ariel Fernández, quien es un químico físico e investigador farmacéutico estadounidense-argentino; y Maider Dravasa, vascofrancesa, doctora en lingüística, que vive en París. Los tres han sido mis amigos durante los últimos cuarenta años. Al igual que con todos mis amigos, hemos atravesado los bosques de la vida entre claros y espesuras. Luego está mi buen amigo Billy Bussell Thompson; creo que Billy ha sufrido lo que Job no sufrió. Conozco a Billy desde 1987, hace ya treinta y cuatro años. Mi verdadera educación comenzó cuando lo conocí. A lo largo de los años, en múltiples ocasiones hemos sido coautores; en otras, ha sido mi editor en muchos de mis espacios de WordPress: “Observaciones sobre la percepción: Plasticidad estética, las artes y una mente humana libre”. Cuando escribí otros escritos en español, italiano o francés, Billy estaba allí para guiarme y ordenar mis pensamientos en las lenguas romances. “Libro de mutaciones” evolucionó a partir de un collage de reflexiones surgidas de la memoria, mi interés, no exento de resistencia, por las ciencias sociales, mi amor por la historia, mi interés por la métrica y por su auge y caída en la poesía estadounidense, la prevención del suicidio y las tentativas de reparación interior. Billy aporta a mi prosa el deseo de ser preciso y de contener mis alusiones vagas, dispersas y a veces innecesarias, y de superar mis limitaciones de fluidez como escritor bilingüe. Más importante aún ha sido mi esposo de más de veinte años: David Lowenberger, quien ha ejercido quizás la influencia más significativa sobre quién soy. Sus amigos y familiares también han contribuido de manera importante. Para mi buena suerte, su madre, mi suegra, Eva, me regaló veinte años de una amistad memorable. Digna en todos los aspectos, fue una inspiración como madre y amiga. Murió hace poco, casi cinco semanas antes de cumplir los 98 años. Dedico estos relatos a su memoria.
Fotografías tomadas el 20 de marzo de 2021, a lo largo de los senderos del sistema de humedales Fern Forest, anteriormente conocido como Cypress Creek Hammock.
*
Ricardo F. Morin, Centro Natural Fern Forest en Coconut Creek, Florida
*
Nubes de algodón se desplazan
A lo largo del cielo azul
Apunta Y Dispara: A.Y.D.
¡Ponte el sombrero!
Las libélulas vibran en el aire
Cruzando nuestros senderos
Ramas en espiral, hojas nuevas
Hongos blancos parecen juguetes
Lagartijas se escabullen por nuestro sendero
Correteando furtivamente entre troncos mutilados
Ennegrecidos por su edad, aun de color marrón
Un claro iluminado por el sol
Tum, tum, tum: Oigo golpes de martillo
Una familia joven camina hacia nosotros
Una mariposa revolotea sobre el suelo humedecido
Aletea sus alas de rayas negras y amarillas
Se queda en un lugar entre barro y piedras grises
Alimentándose de minerales, alimentándose de miii-neee-raaa-les
Despliega sus alas
Luce collar amarillo sobre planos negros
Una libélula gigante también se alimenta del barro.
Sus alas resplandecen
Su cuerpo parece un reptil
Con ojos grandes,
Una libélula gigante.
Pasó un chihuahua.
¿Izquierda o derecha? Izquierda …
Insectos de superficie navegan sobre el humedal
Parecen estar patinando o peleando.
Una sierpe de rayas marrones se desliza sobre el agua.
Y una tortuga joven da vueltas al flotar boca arriba,
Agradezco a Billy Bussell Thompson, PhD en Lingüística y Profesor Emeritus de la Universidad de Hofstra, por su lectura atenta y por el intercambio intelectual y editorial que durante años acompañó mi trabajo. Doy por igual mi agradecimiento por la sutileza y percepción editorial de mi perspicaz hermana Bonnie Morín (https://www.metodomadrid.es/), dramaturga, productora y directora del Taller del Método de Madrid, y por su hija, la talentosa sobrina Natalia Velarde (@nix.conbotas), artista gráfica y autora de fanzines. También doy gracias por un muy esperado reencuentro con su otra hija, mi sobrina Camila Velarde, sin igual, Lic. en filosofía y letras, y coreógrafa. Por último doy gracias a mi adorable esposo David Lowenberger, a quien considero la influencia más constante en mi vida. Sus sabidurías y percepciones sirvieron de inspiración y guía para la realización de este cuento.
Mi padre me dijo una vez lo deprimente que sería su vida si su identidad se perdiera ante la ortodoxia de la religión. No fue una coincidencia que, como reacción a la religiosidad de cinco generaciones, mi padre se convirtiera en criminólogo. Durante la mayor parte de su vida, creyó que las historias tradicionales sobre la retribución complementaria, la creencia binaria entre la recompensa y la condena, eran fantasías inofensivas hasta que se radicalizaran como reemplazos de toda investigación. De joven basó su propia tesis doctoral en dichos principios. Desafortunadamente, esas convicciones que consideró delirantes fueron en última instancia las suyas propias al final de su vida.
Pienso que, salvo cuando la búsqueda de significado se convierte en apego a la ficción y deriva en violencia, una persona no tiene por qué volverse temerosa o destructiva. El único remedio a la violencia es conocer la diferencia entre la fantasía y la realidad.
Al reflexionar sobre las contradicciones de mi padre, recuerdo lo que me había dicho cuando era niño, que mentir era una habilidad para sobrevivir. Permitía a una persona esconderse en secreto, no necesariamente por incompetencia moral. La mentira podría surgir de la caridad o del miedo a ser juzgado. Para él, mentir era parte de convertirse en un adulto competente. Era una forma de ocultar imperfecciones y vulnerabilidades. Sin embargo, si la sinceridad o la honestidad amenazaran la supervivencia de mi padre, sería porque prefería inventar una historia en lugar de investigar su ignorancia y los límites de su propia importancia. ¿Era natural para él esconderse detrás de las mentiras o era expresión de su propia arrogancia? Quizás se ahogaba con su propia saliva durante toda su vida. Sufría de la ilusión de que podía evitar la verdad, o que podía controlar el no enfrentarse a ella. ¿Era esto un miedo a perder el control? ¿Era ésa una de las razones por las que no podía comprenderse a sí mismo? El misterio no se centró en su auto-cuestionamiento, sino en la ficcionalización de su propia vida, no de manera diferente a la de nuestros antepasados.
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PANDILLAS DE WEST HARLEM
1
El proceso
Por tercera vez estaba sirviendo como jurado. Como en ocasiones anteriores, me presenté como artista visual durante el voir dire. Esta vez el abogado defensor me preguntó si yo era retratista. Razoné para mí mismo que la pregunta tenía la intención de sondear los grados de observación a los que aspiraba un pintor. Respondí que mi interés como artista visual estaba en los procesos conceptuales del arte abstracto, no diferente al de un retratista o cualquier otro pintor representacional, buscando observar e interpretar la esencia de un tema. Lo que elegía representar a través de la abstracción o la concepción fue tan concreto como el de un modelo para un retratista.
2
Las normas
El juicio se refería al asesinato de un joven de catorce años y fui elegido miembro del jurado número 12. Anteriormente, me desempeñé en casos civiles. En los casos civiles, la preponderancia de la prueba es el principio determinante. En un juicio penal, el principio rector es la medida de la duda razonable. Las reglas eran admonitorias y tenían como objetivo evitar sesgos por parte del jurado. En sus deliberaciones, los jurados debían concentrarse en las pruebas presentadas y no en los antecedentes. Además, los miembros del jurado no debían compartir información con otras personas fuera de su propio foro. No sabía cómo me afectaría mi participación en un juicio por asesinato. El día después de que comenzara el juicio, el jurado número 11 fue reemplazado por un suplente.
Los testimonios duraron 17 días. Durante ese tiempo, se permitían nuestros dispositivos electrónicos, teléfonos móviles, computadoras portátiles y tabletas. A partir del día 18, cuando comenzaron las deliberaciones del jurado, nos quitaron estos dispositivos. Antes de esto, se nos había permitido hablar sobre asuntos no relacionados con el juicio. Éramos un grupo diverso y teníamos muy poco en común. Durante las audiencias judiciales, se nos permitió tomar notas mientras estábamos sentados en el estrado del jurado. Después de los procedimientos del día, nuestros blocs de notas permanecían en nuestros respectivos asientos. Cuando comenzaron las deliberaciones, podíamos llevar nuestros blocs entre el palco del jurado y la sala del jurado. Sólo entonces pudimos estudiar nuestras notas y referirnos a nuestras observaciones. Sólo entonces, pudimos empezar a hablar del caso entre nosotros.
3
Los jurados
El presidente del jurado elegido fue un director de oficina, que se sentía cómodo en su papel de moderador. Sus habilidades de comunicación fueron excelentes; incluso cuando no estaba de acuerdo, sus modales nunca expresaron condescendencia. Algunos miembros del jurado se mostraron reticentes y nunca emitieron un juicio de una forma u otra. El miembro más joven del jurado no consideró que el testigo del crimen fuera poco confiable. Otros miembros del jurado tenían la mente abierta. Un profesor permaneció tranquilo durante todo el tiempo; escuchó a los demás antes de expresar sus propias opiniones. Otro miembro del jurado estaba impaciente por la duración del juicio. Se quejaba de que tenía un niño pequeño que cuidar en casa. Aparte de mí, había otros dos jubilados, uno de los cuales era un abogado corporativo, que nos recordó la distinción entre casos civiles y penales. Existían dudas razonables en diversos grados para cada miembro del jurado, excepto con respecto al más joven.
4
El acusado: In dubio pro reo.
La abogada defensora hizo que su cliente alegara la quinta enmienda constitucional. El acusado miró solícito, con ansias de desesperación. Parecía siete años más joven con su corbata y camisa blanca recién almidonada. En su labio superior tenía un bigote recto y su cabello era un afro recién rapado. Se presentaba obviamente para dar fe de salubridad. Desde el momento del asesinato, era reo de Rikers Island. Sentado a apenas 10 metros del jurado, el acusado mostraba una sonrisa en su rostro cada vez que nos miraba. Algunos miembros del jurado interpretaban su semblante como un regodeo. Otros veían su expresión como auto-compasión o abyección, incluso como un intento de conquistarnos. Su sonrisa, una especie de mueca retorcida, fue imperturbable, razón por la cual nos inquietaba. Sin embargo, resolvimos descartar nuestras aprehensiones. Era imposible saber si el acusado estaba arrepentido o simplemente intentaba engañarnos. Más importante aún fue la cuestión de la coherencia. Si la duda nos habría de servir de algo, tendría que surgir de la evidencia. La clave fue saber si el acusado era un agresor solitario o si había alguien más involucrado. Nuestra certeza tendría que provenir de la valoración de los hechos y no de las apariencias.
5
El enjuiciamiento
La fiscalía cargó al acusado de asesinato en “primer grado”. Esto implicaba premeditación con alevosía. La fiscalía agregó otros dos cargos: asesinato en “segundo grado”, lo que sugería falta de premeditación. El tercer cargo fue por delito de homicidio: muerte causada durante la comisión de un delito con arma ilegal y con extrema indiferencia hacia la vida humana. Emitir un juicio sobre estos cargos se basó en la intención. Cada miembro del jurado tendría que llegar a una aproximación de la verdad, y ninguna otra explicación razonable podría explicar la evidencia presentada en el juicio. El veredicto, por supuesto, tendría que ser unánime. La prueba de la participación directa del acusado era fundamental. La evidencia tenía que demostrar que el acusado había cometido el crimen. ¿Fue la muerte de la víctima el resultado de una legítima defensa o fue deliberada? La pregunta ante el jurado era si existían circunstancias fuera del control del acusado. ¿Cómo entraron en juego sus instintos y miedos con sus propias acciones? ¿Podrían los jurados diferenciar todos estos aspectos?
6
Testimonios
I
El clima de aquel julio fue abrumadoramente caluroso. El aire acondicionado en la sala del jurado era viejo y tan ineficaz como la del tribunal; la sala del jurado era aún más sofocante, particularmente entre los largos intervalos de los procedimientos de cada día. La habitación era apenas lo suficientemente grande para la mesa larga y sus 12 incómodas sillas. En este espacio reducido, era casi imposible para nosotros caminar, ir a la fuente de agua o incluso al único servicio disponible. Los recesos para el almuerzo eran muy anticipados. En los pocos días de brisa refrescante, pudimos abrir las ventanas, pero teníamos que aguantar el ruido callejero. En la sala del tribunal, no se permitían tales libertades.
II
A la tercera semana del proceso, el juez comenzó a ponerse de pie con los brazos cruzados sobre las caderas. Con cara de desconcierto, se daba la vuelta y se ponía de pie detrás de su silla, con la túnica negra medio desplegada y la corbata suelta. A veces, asumía lo que parecía ser una expresión meditativa con ambos brazos apoyados sobre el respaldo de la silla. Otras veces, se apoyaba con uno de sus codos sobre el respaldo de la silla.Una de sus manos sostenía su barbilla, dándole una cierta mirada de abandono. Para mí, semejante informalidad rompía con la monotonía del caso, como si lo ayudara a mantenerse despierto, apaciguándosele del calor embrutecedor.
III
El caso había estado bajo investigación durante siete años. Nosotros, los miembros del jurado, quedamos asombrados por la falta de cohesión de las acusaciones. Las declaraciones de los testigos no se correspondían en modo alguno con los alegatos del fiscal. De hecho, el caso de la fiscalía parecía estancado. Uno se preguntaba si había alguna justificación para dicho juicio. El único mérito del caso aparentemente fue el uso de la autoridad de un jurado para emitir un veredicto, ya fuese para descargo o condena.
IV
Según testimonio de la policía, el crimen fue el resultado del enfrentamiento de dos bandas rivales. Las edades de los pandilleros oscilaban entre los 12 y 40 años. La abogada del acusado proporcionó sus fotografías al jurado. Las fotos les mostraban en ropa costosa. Ambos grupos parecían lucirse, como si fuesen la fuente de orgullo del barrio. Cada grupo tenía sus propios signos de mano como lemas. Según la policía, la noche del asesinato las dos bandas se peleaban por su territorio en el tráfico de drogas. El acusado llegó a convertirse en el principal sospechoso dos años después de iniciada la investigación. Según uno de los detectives, el acusado buscó “joder” a los miembros más jóvenes de la pandilla adversaria, como una forma de establecer su propia autoridad sobre ellos. Se dijo que el motivo del acusado era también satisfacer la sed de venganza por haber sido “rallado” (desprestigiado) por ellos. El jurado consideró, sin embargo, que dichas intervenciones eran meramente subjetivas. Para nosotros los únicos hechos creíbles eran los de la lucha territorial entre ellos.
V
El primer testigo, quien tenía 13 años en el momento del asesinato, fue el eje de la defensa de la acusación. Había sido un amigo íntimo de la víctima y su proximidad al hecho le hacía valioso. Durante el transcurso de varios días de testimonio, dos oficiales le escoltaban vestido con un mono naranja, con grilletes en ambas manos y tobillos. Sólo le quitaban las manillas cuando se sentaba en el estrado. Por el abogado del acusado, supimos que el testigo había estado detenido durante dos años por un cargo de asesinato distinto. La abogada defensora le preguntó: ¿Está aquí hoy a cambio de indulgencia por la acusación que enfrenta? En desafío empujó los brazos y los hombros hacia adelante. Su actitud parecía evasiva, mientras la fiscalía se oponía a que respondiera. La pregunta fue retirada, pero el jurado no la olvidó. Su mano cubría parcialmente su rostro, especialmente sus ojos y nariz. Su cabeza se movía de un lado al otro. Señaló al acusado mientras se frotaba la barbilla y le acusó de asesino.Sus declaraciones nos confundían al parecer mas bien manipuladoras. Se evidenciaba que él no había visto de dónde había provenido la bala. Sus acusaciones sonaban inverosímiles, como si hubieran sido ensayadas. Tenía un aire prepotente, exudando odio. Durante el examen de la fiscalía, reveló su conversión al Islam y afirmó que había llegado a ser mejor persona a través de las enseñanzas del Profeta. Para nosotros, sin embargo, su comportamiento era el de un malhechor impenitente. Su falta de sensibilidad insinuaba una vida delictiva e inmoral.
VI
El segundo testigo del fiscal hablaba en voz baja, pero su testimonio parecía vacilante. Según él mismo, había estado al filo de una horda. Se había formado un círculo alrededor de un encapuchado y la víctima.Cuando fue interrogado por la defensa, titubeó antes de admitir haber visto a otro compañero armado. Pero al final cedió. Recordó que otros pandilleros habían disparado al aire. Su reconocimiento del uso de otras armas explicaba los múltiples proyectiles de balas encontrados por la policía. Sin embargo, el origen de la bala que penetró el corazón de la víctima continuó siendo un misterio. No sabíamos qué había pasado. ¿Fue una represalia? ¿Estaba el tirador incitando a otros cómplices? No hubo respuesta, ni de este testigo ni del anterior.
VII
A pesar de que la abogada defensora trató de desentrañar la credibilidad de los dos testigos presenciales del fiscal, ella tropezó con sus propias palabras. No pasó desapercibida su afirmación de que el encapuchado podría haber llevado una pistola dentro del bolsillo de su sudadera. Pero, como nadie había afirmado todavía haberlo visto sacar un arma, su atención a este asunto parecía fuera de lugar. ¿Estaba tratando de negar la inocencia del hombre encubierto, mientras que al mismo tiempo parecía implicar a su propio cliente? No podíamos entender su propósito, ya que la identidad del encapuchado nunca se había aclarado. Para el acusado, su digresión fue intrascendente. Pero para nosotros, el jurado, dicho desliz aumentó la duda. Aún así, al final, la defensora logró refutar las pruebas reunidas por la policía.
VIII
La noche del asesinato, un peatón llamó la atención de un velador de vecindario sobre una conmoción callejera. El velador no hizo nada hasta que la policía llegó en sus autos encontrando el cuerpo del asesinado. La multitud alrededor de la víctima ya se había dispersado y ninguno de los vecinos hablaba de buena gana de lo que habían visto. El jurado se mostró consternado porque la orden de arresto se emitió dos años después del hecho. El abogado defensor enfatizó que, en el transcurso de esos dos años, la memoria del suceso en cualquier testigo seguramente se hubiera opacado. El abogado defensor argumentó:“… sólo señalar con el dedo a un presunto culpable, por el simple deseo de cerrar el caso, no debe considerarse probatorio en sí mismo”.
7
La evidencia
Como parte de nuestras deliberaciones solicitamos ver la evidencia en vídeo antes y después del tiroteo. Testigos habían afirmado que en la noche del asesinato el acusado fue a una casa de vecindad en busca de un arma, la cual compartían los miembros. Había dos cámaras, ambas con ángulos de visión bastante restrictivos. El vídeo era granulado: producto de cámaras de seguridad de baja resolución. No se incluía sonido alguno y las imágenes estaban entrecortadas. La cámara del vestíbulo mostraba a alguien bajando las escaleras para salir, vestido con una gorra de béisbol debajo de una sudadera con capucha. Sólo sus labios y barbilla eran visibles. Para nosotros el dilema era cómo identificar a la persona. La mujer del jurado con el niño en casa enfatizó: “… esas facciones no eran de gran particularidad, podrían haber sido las de cualquiera”.
El crimen tuvo lugar a la medianoche. No había tráfico y la calle estaba mal iluminada. Por segunda vez, examinamos la cinta de la cámara exterior. Nos concentramos en el rodaje justo antes del suceso. La imagen era turbia y nos mostraba a la persona encapuchada saliendo del edificio. La espalda de la víctima era visible y su amigo estaba detrás de él.De pronto hubo varios destellos de disparos, uno de los cuales ocurrió justo al lado de la víctima. El encapuchado estaba frente a la cámara claramente empuñando un revólver.
La evidencia balística mostró que la trayectoria de la bala provino de una distancia corta antes de ingresar al cuerpo de la víctima. Quizás el disparo vino de la posición del encapuchado, pero esto era tan sólo una suposición, y no sabíamos quien era. Más importante aún, la policía no halló arma alguna. En resumen, los testimonios, el análisis y los informes escritos no lograban sostener una conclusión.
8
La comunidad
Los miembros del jurado estuvieron de acuerdo en que no se podía confiar en los relatos de las bandas ni de los de la comunidad. Las dos bandas vivían en manzanas adyacentes. Plagada de drogas, la comunidad se había convertido en su propia víctima. La solidaridad se manifestaba como hostilidad, en mutua convivencia. Los asaltos eran generalizados, tanto en las calles como en los hogares. Madres, hermanos y hermanas se atacaban entre sí. La tasa de mortalidad era alta, lo que en sí mismo evidenciaba que la comunidad estaba sembrando las semillas de su propia destrucción. Rara vez algún adolescente estaba exento de robar o asesinar. Ningún programa social era de ayuda. Nos preguntábamos si sólo servíamos como agentes de retribución y venganza.
9
Justicia ciega
Desde los primeros días de deliberación, no estábamos seguros de si el acusado había tomado parte. En nuestro cuarto día, la joven que se había mostrado inflexible sobre la culpabilidad del acusado comenzó a vacilar. La mayoría de los miembros del jurado todavía pensaban que era inocente, pero cuatro insistían no estar convencidos. Cuanto más aceptaban los jurados sus propias limitaciones, más difícil resultaba formarse una opinión. La frase justicia ciega nos parecía más bien hiriente.
10
Unanimidad
La mayoría discutió con los cuatro opositores. Las tensiones escalaron con el termómetro. El calor del mediodía, la humedad y el ruido de calle se volvían cada vez más insoportables. Con las ventanas cerradas, encendimos el anémico aire acondicionado y nos asustaba más que nunca el no estar a la altura de la tarea. Nuestros desacuerdos nos llevaron al límite y nos pusieron los nervios de punta. Lentamente avanzamos hacia el acuerdo. Paso a paso, se hicieron concesiones. En el momento de la tercera encuesta, el moderador votó con reserva en contra de la condena. Mas, todavía habían tres miembros del jurado defendiendo con firmeza la condena. Nos dimos un minuto de silencio antes de emitir un nuevo voto. La decisión fue unánime por la inocencia. Nos preguntábamos estupefactos si habíamos presentado un veredicto injusto o si habíamos descarrilado el caso.
11
Anunciando el veredicto
Convocamos al guardia y le entregamos la funda oficial con el veredicto. Después de regresar a la sala, el juez nos encuestó individualmente. Impreso indeleble en nosotros estaba el rostro de la madre del niño asesinado. Desde el principio se había sentado sola en la esquina trasera izquierda al fondo de la sala. Su dolor contrastaba con el de la familia del acusado. Cuestioné las reacciones de los familiares.Me sentía inepto, e incluso de hecho insignificante. A partir de ese instante, mi entendimiento se evaporaba.
Anunciado el veredicto, un clamor estridente irrumpió en el tribunal. Los gritos de la madre del niño asesinado se disputaban con el regocijo de los del acusado. A fuerza de percutir su martillo, el juez exhortó a la sala que guardara silencio. Y clausuró agradecido por el servicio de los miembros del jurado. ¿Teníamos o no razón?, me preguntaba.
12
El azar de la verdad
La aleatoriedad dominó a cada incursión del jurado. Recordé con temor el imperativo de mi padre de esconderse detrás de la ficción como si ello fuese instrumento de suficiencia.
El jurado inició el desalojo de la tribuna. Observé que el juez nos miraba con una leve sonrisa de comprensión, mientras nos dirigíamos hacia la salida. Caminamos hasta la sala de deliberaciones donde recogimos nuestras pertenencias por última vez. Nos trasladamos al ascensor en el extremo opuesto del palacio de justicia. Abajo nos esperaba la familia del exculpado quienes al acercarnos exultaban sus gracias a gritos ensordecedores. Su influencia había pervertido toda una vida; y, aun en su triunfo, era una corrupción sin término.
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Epílogo
Terminado el teatro de confrontación, jurados, abogados, y testigos se convirtieron en actores de lo absurdo. Nuestro veredicto fue tétrico. Sin opciones, las ventajas y desventajas se habían enfrentado dejándonos vacíos. ¿Qué papel hacen el abandono y la oscuridad en la condición humana?, me preguntaba. Tal parece que la indiferencia a la verdad se convierte en la coraza de no ser juzgado.
Ricardo F. Morin Silencio Ocho Óleo sobre rollo de lino 43″ x 72″ x 3/4″ 2012
Ricardo F. Morin
24 de noviembre de 2010
New York, NY
Introducción
Manifiesto de Ricardo Morín: Muestra extensivamente su taller de pintura en la ciudad de Nueva Jersey en los Estados Unidos, donde él narra su manifiesto Metáforas del silencio con obras de apertura que están en proceso de gestación y otras que forman parte de una serie recientemente terminada. Véase el portafolio de arte y currículum http://www.ricardomorin.com/
*
Dedicado a
David Lowenberger
Jiddu Krishnamurti (1895–1986)
Carlo Giuseppe Soarés (1892–1976)
Metáforas del silencio (2005–2010):
Transcripción de estudio (editada en prosa)
*
Entre 2005 y 2010, la obra se expande en torno a cuestiones relacionadas con la perspectiva, sintetizando conceptos de espacio pictórico e infinito que han estado presentes a lo largo del tiempo. La abstracción pictórica y la plasticidad se permiten expresar, tanto en forma como en contenido, un tipo de arte que trasciende un mundo material de signos.
Las pinturas se orientan hacia lo infinito, hacia el misterio y hacia la poesía presente en el drama individual. Aunque situadas dentro de la estética del siglo XX, no se alinean con un movimiento histórico específico ni con una agenda posmodernista. La creación artística se concibe como un producto vivo de la experiencia humana, resultado de la propia pasión del creador.
La idiosincrasia del individuo, indivisible en su naturaleza y ajena a la causalidad, se inscribe dentro de un marco estético que abarca todas las esencias. La imagen aparece como residuo: no objetiva, atemporal y en ocasiones existencial. No busca explicar la experiencia. Más bien se manifiesta e invita a la interpretación del observador.
La obra terminada se sostiene por sí misma. El espectador puede percibir una sensación de completitud generativa, como si un universo se estuviera creando y recreando continuamente.
“Metáforas del silencio” sugiere que la verbalización de la realidad estética implica su propio término. Por más precisas que sean, las palabras resisten la magnitud de esa realidad. La experiencia del arte puede no llegar a producirse si nace de un espíritu fragmentado, condicionado por fórmulas, gratificación o condena.
El arte no se sostiene en los prejuicios del observador ni en la necesidad de llamar la atención mediante estímulos excéntricos. Se encuentra, en cambio, en el espacio abierto del silencio, en la quietud de la contemplación meditativa y en la libertad de observar sin el control del observador.
En ese estado de atención intensificada, las preguntas se vuelven innecesarias y las respuestas reducen el acto de observación. Esta estética no deriva de la experiencia acumulada, ni de la asociación con el pasado, ni de la búsqueda de una audiencia, ni de las exigencias de un mercado predominante.
Estas corrientes no están regidas por la conciencia ni por la inconsciencia. No persiguen la realización ni surgen de la vanidad o de la elección. Son manifestaciones comunes a todos, que definen lo que existe más allá de las ideas y las palabras. Operan creativamente sin depender del ruido del conocimiento y permanecen fuera de la medición y la clasificación.
Dentro de esa oscuridad, una energía vital se despliega, avanzando más allá de la limitación y el aislamiento. La creación aparece como un proceso de despertar y renovación en cada relación. Participar en el movimiento de la vida requiere una liberación continua del condicionamiento.
El acto creativo no es una acumulación de conocimiento. La figura del “genio creativo” marca solo una etapa dentro del proceso de descondicionamiento y no puede convertirse en conocimiento si permanece dentro de la individualidad. El ojo, atado a la duración, puede desear momentos de inspiración, pero esos momentos no constituyen la creación.
La creación ocurre en aquello que trasciende el momento hacia la continuidad.
En esta relación con el arte, el objetivo no es la autorrealización, sino la expresión de una interconexión subyacente.
Videografía de estudio:
Transcripción simultánea sin editar
*
0:01
Mi trabajo del 2005 al 2010 se expande sobre cuestiones relativas a
0:08
perspectivas de síntesis entre conceptos de espacio pictórico y del infinito
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algo sobre lo que he trabajado al paso del tiempo. Ello me ha permitido la abstracción pictórica
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y plasticidad para expresar tanto en forma como contenido un tipo de arte que va
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más allá del mundo material de los signos. Mis pinturas en sí pretenden
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alcanzar un infinito que es el misterio y la poesía en el drama individual de
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todo ser humano. Aunque inmerso en las estéticas del siglo 20 no lucho por ningún movimiento
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histórico ni siquiera por la agenda post modernista. Simplemente veo la praxis del arte como
1:03
un carnoso producto de la experiencia humana resultante de la pasión de su fabricante
1:11
Así como la idiosincrasia del individuo de naturaleza indivisible pueda ser
1:18
ciega a la causalidad el marco estético que éste abarca incluye todos sus
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sentidos y la imagen viene a ser tan solo un resultado o residuo
1:36
Sin objetivo ni tiempo e incluso existencial en este sentido la imagen no pretende explicar cuál es
1:45
el significado de la experiencia sino más bien la imagen se manifiesta para
1:52
provocar una interpretación del observador. El trabajo terminado se sostiene sobre
2:01
sí mismo. El espectador puede llevarse consigo espero un sentido de las obras
2:08
que es la generativa entereza de un universo habiéndose formado y rehecho a
2:16
sí mismo. Metáforas del Silencio
2:27
La verbalización de una realidad estética es su propio deceso
2:36
ya que la misma precisión de las palabras se resiste a la magnitud de dicha realidad
2:43
Ver la actualidad del arte no podría establecerse si éste corresponde a un espíritu fragmentado por la ilusión de
2:52
fórmulas novedosas, amurallado por la gratificación o la condena
2:59
El placer alimentado por el pensamiento es la avaricia de un prejuicioso observador
3:08
derivado de la contabilidad de estímulos excéntricos para obtener atención
3:15
pero se encuentra y se percibe en el abierto espacio del silencio
3:26
en la virtuosa quietud de la contemplación meditativa
3:33
en la libertad misma de lo conocido libre de observar
3:40
sin el control de un observador atento donde las preguntas son
3:48
innecesarias y las respuestas trivializan la misma observación
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Esta estética no es producto de la experiencia ni de la asociación con el pasado
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ni tampoco de la búsqueda de una audiencia ni de un mercado preponderante
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ni siquiera son fluidos conscientes o inconscientes ya que no propagan empeño alguno
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no son productos de un egoísta y vanidoso ritual de elección alguna; más son una manifestación de nuestro ser
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común que nos define más allá de las ideas y de las palabras
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que opera creativamente sin dependencia al ruido del conocimiento; que no se adaptan a mediciones ni
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etiquetas donde la propia oscuridad permite que
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cunda la energía vital que las empuja por encima de la servidumbre a lo
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conocido o de su aislamiento es crear en nuestra existencia
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nuestro propio despertar y renovación en toda relación
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si hemos de unirnos libremente al movimiento total de la vida
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y librarnos del acondicionamiento del yo. Es un proceso creativo constante
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El genio creativo es una mera etapa en el des-condicionamiento del yo
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el cual nunca pudiera convertirse en un verdadero conocimiento si permanece dentro de la esfera de la
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individualidad. El yo atado a la duración de las cosas
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pudiera desear para su propio beneficio el inefable momento de la inspiración
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Ese contacto fugaz con el presente; más no puede ser nunca parte del acto
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creativo de ese momento que alcanza la eternidad
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En este amor por el arte no busco la realización personal
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Orígenes de la estética Occidental moderna
El concepto de Estética nos llega a partir de una amplia variedad de tradiciones diferentes: de la occidental, la china, la japonesa, la africana, la polinesa, etc. Las tradiciones occidentales, por supuesto, tienen cualidades diferentes a las demás con respecto a sus orígenes, a los criterios evaluativos; ya sea a la hora de oponerse o defender los enfoques de la creación artística.
Desde sus inicios, la teoría estética occidental se ha desarrollado paralelamente a la crítica de arte. El concepto de Estética, sin embargo, pero no la palabra, fue mencionado por primera vez por Joseph Addison (1672-1719), en una serie de ensayos en TheSpectator en 1712, como un “placer que se deriva de la imaginación”. Así, el placer forma la base que servirá como fundamento de la estética moderna. Alexander Gottlieb Baumgarten (1714-1762) probablemente leyó Addison, y trató de definir la Estética como una ciencia de lo que se siente o imagina en su tesis de maestría Aesthetica, 2 vol. (1750-58) en la Universidad Real de Prusia en Halle. Él acuñó la palabra para el idioma alemán. La Estética se deriva del nuevo latín aesthetica (el adjetivo femenino), y se relaciona con el griego aesthetikos / aestheta (cosas perceptibles) y se relaciona con el verbo aesthetai (percibir). Immanuel Kant (1724–1804), sin embargo, se opuso a la estética como ciencia. El término siguió siendo controvertido, y no fue sino hasta mucho más tarde en el siglo XIX cuando finalmente fuera aceptado en los círculos académicos.
La Estética es una teoría de valoración específica, o una convención distintiva de lo que es la belleza. Es una característica individualizada o un gusto particular, o un acercamiento a lo que interesa al intelecto o agrada a los sentidos: tanto visual como auditivo (como en la literatura, las artes plásticas, la arquitectura y la música). Por extensión, el término Estética se puede aplicar a muchas variedades de comportamiento humano: moda, cosmetología, diseño de interiores, etc…
Para la vanguardia, la Estética y la Originalidad pueden estar reñidas con las normas sociales o políticas establecidas. La Estética, como valoración, es normativa. La crítica de arte es la forma en que se establecen las normas. La crítica de arte se transmite tanto a los coleccionistas como a las instituciones (por ejemplo, a los museos, en el caso de las artes plásticas y el mercado, en el caso de la música y la arquitectura).
Aunque la crítica de arte data de la antigüedad, los análises de la estética visual o de las artes plásticas comenzaron como un esfuerzo periodístico. El crítico de arte y el artista se volvieron mutuamente dependientes, y lo que una vez había sido nuevo y refrescante a fines del siglo XX, se volvió académico, rutinario y repetitivo. En la contemporaneidad, Harold Bloom (1930-2019) llegó a exhortar que la crítica de arte se había confundido con cuestiones de justicia social y política, y ya no se trataba del producto artístico en sí.
Nada, sin embargo, es realmente nuevo. Se puede decir que el concepto de Estética en sí, como medio de expresión, es una fuerza dominante que se remonta a los orígenes de la civilización con las pinturas rupestres. Y en el cambio de siglo XXI, tal parece que ya no hay una adhesión a una estética actual y dominante o a un enfoque único. La crítica de arte ahora aparenta evocar una más amplia gama de tendencias: de lo formal, moral, social y espiritual.
En el siguiente extracto, “Confesiones de un artista visual siempre emergente” a través de un Manifiesto audiovisual por YouTube y WordPress, llamado “Metáforas del silencio” (2010), he dado mi propio punto de vista.
El uso al que sirven las artes visuales es una demostración compleja de diversas dimensiones cuya expresión busca no explicar el significado sino expresar su intención: producir un acto de interpretación claramente independiente, sobre el cual el artista no ejerce ningún control como creador. De ahí surge la sublimidad de la condición psicológica que es en parte deleite visual y en parte pasión que renueva y nutre un espíritu de asociación con el médium. La intención que expresa uno es lo que uno percibe: es decir, es una cualidad de energía y un temperamento independientes del intelecto, separados del oficio mismo y separado del residuo de las imágenes.[1] [2]
Notas de pié de página
[1] Immanuel Kant, Critique of Judgment, trans. Werner S. Pluhar (Indianapolis: Hackett, 1987), Introduction, §§1–5.(Kant no rechaza la «estética» de plano; más bien, rechaza el proyecto de Baumgarten de establecer la estética como una ciencia [scientia].)
[2] Harold Bloom, The Western Canon: The Books and School of the Ages (New York: Harcourt Brace, 1994), 17–35.(Bloom sostiene que la crítica literaria —y, por extensión, la artística— se ha desplazado hacia marcos ideológicos —el marxismo, el feminismo, el historicismo, etc.— y que estos enfoques priorizan las preocupaciones sociales y políticas por encima del valor estético; como resultado, la evaluación de la obra misma queda desplazada.)
Una situación nociva pero tentadora se desarrolla en las artes visuales cuando los artistas etnocéntricos se alinean con los adjuntos del comercio y sus poderhabientes (instituciones comerciales y marchantes de arte por un lado, y fundaciones y curadores por el otro), todos los cuales sirven como instrumentos de adoctrinamiento y promoción publicitaria para el dictado de estilo, tema y contenido, dando así a los mercados el entretenido ‘circo’ de la cultura de masas.
El Zeitgeist de lo multidisciplinario y el traspaso de fronteras procura justificar la relevancia de las artes visuales —en sus ventas y reventas— a través de sus contorsiones de contextualización y la validez de su vanguardia. El estudio de los principios metodológicos de interpretación estética mide la importancia de las artes y su lugar en el mundo de lo ilusorio y la moda, muy alejado de la dinámica de sus orígenes. Como tal, las artes visuales se encuentran en aproximación a las modalidades de la narrativa pero expresadas en el lenguaje del comercio. El artista visual ahora está sucumbiendo a un espíritu de sofistería académica en expansión (las parcelas para la venta de la historia del arte comercial, tal como son promovidas por los críticos de los medios de comunicación). El resultado no es tanto una escasez de discernimiento perceptivo sino un impulso desesperado por cultivar la codicia en la lucha por adquirir el estatus de una minoría rectora. Este indicio de una iluminación y autoridad (que exacerba lo burgués y sentimental), procura evitar todo género terapéutico como pasatiempo, o como cualquier otra cosa que no sea un diletantismo servil (que no amerita reconocimiento alguno), destinado tan solo a los aficionados (no profesionales) a una búsqueda artística.
Y es así como la siguiente adaptación de los discursos analíticos a la política, las filosofías, la semiótica, la lingüística, la psicología y las matemáticas perfila lo obvio al tiempo que absorbe las semillas de la autodestrucción. En otras palabras, el impulso universal de una necesidad visual se transfiere y transforma al servicio del éxito comercial. La autoexpresión se compara con la mercantilización: la realización personal se equipara con ganar dinero. ¿Podemos suponer que este mercantilismo surja de las pinturas de Género del siglo XVII (petit genre: naturalezas muertas, flora y fauna, paisajes o escenas cotidianas de la clase media) con el poder emergente de la burguesía pudiendo decorar sus hogares con este estilo de pintura?Con un legado aún más sombrío, comerciantes del gusto y el consumismo parecen haber pasado por alto el punto de que la percepción de una imagen no puede ser reemplazada por su descripción. Hacerlo seria sustituir la intención visual con la jerga del chisme, lo cual disminuye la riqueza de contenido. El significado visual se deriva de la intención interna: por ejemplo, una etiqueta codificada de una obra de arte nunca podría reemplazar el regocijo de experimentarla. El arte es una manifestación de observación y como tal, es básicamente inconmensurable. La pasión y la calidad de su energía no necesitan ser explicadas o, en particular, su manifestación no debería interpretarse por su precio, evaluación o enriquecimiento de una élite determinada, [1]
En última instancia, hay una tendencia por parte de cualquier artista en su enfoque a consolidar la supremacía de sus egos y mentes, con lo verbal y lo visual en un proceso creativo hierático. En dicho instante, la racionalización extingue tanto la probabilidad como la lógica (en otras palabras, ¡muere!). Las insípidas alusiones a las presunción conceptuales —de auto-engrandecimiento—, al kitsch simplista de las iconografías populares —prejuicios convertidos en cliché—, a la orientación de Género o Identidad Sexual —afirmaciones de autodescubrimiento—, o al ostento de Instalaciones Geo-ambientales —con sus fijas constantes dimensionales— ninguna cumple su promesa de entregar algo nuevo o trascendental, aun cuando en su momento abundaran las aclamaciones.
Muchos de los artistas de la élite de hoy en día mitifican especímenes desarraigados, derivados de lo trivial y prosaico, viniendo de un mundo que conocemos y en el que vivimos, en lugar de un mundo que aún nos falta por descubrir. Estos agentes de la estética actual se derivan de formas tiránicas de erudición. En lugar de mejorar nuestro sentido de perceptibilidad, propagan la ambición del acto de adquirir y poseer el objeto de nuestras vidas en su ordinariez. Esta amalgama de gregarismo y consumismo masivo desconecta y nos adormece en una era tecnológica de proveedores de todo menos de la sensibilidad e ínterconectividad humana. Los coleccionistas, museos y galerías, codiciosos usurpadores de la cultura post-modernista, idolatran el brillo con el que convierten al arte en una mercancía. Con su poder plutocrático buscan satisfacer la ignorancia creada por su desfile circense de índices de mercado omnipresentes.
Por definición, la mitomanía del estrellato promueve sólo a unos pocos: cada selección de uno es un rechazo de muchos(El Ascenso de la meritocracia). [2] El resultado de la complacencia alimenta la marginación del 90% de los artistas existentes, generando una escasez artificial de recursos, mientras se le da valor a dichos índices de mercado que en última instancia representan una lucha desmedida para sobrevivir. En lugar de fortalecer al arte, un sentido sectario separa a todos en una carrera de ideologías en competencia por su comercio. La verdad del arte se deja buscar entre opiniones contrapuestas sobre lo que es relevante. Estos tiempos inestables, de victimarios y víctimas, de saqueadores y explotados, se repiten en la historia.
La conformidad, la indiferencia, que nos definen por la supremacía del éxito personal, oscurecen la mesura de la alienación. Es un gesto vacío defender el progreso del libre mercado en las artes de hoy o de cualquier otro período. Ha habido innumerables artistas cuyos logros no dependieron de un apoyo financiero resplandeciente o de una explicación irrefutable de narrativas en competencia. A veces, su máximo logro se produce a pesar de los obstáculos que tuvieron que soportar, así como de las costumbres y la inestabilidad de vanidades culturales que se les opusieran. Sus obras pueden haber llegado a tener un gran reconocimiento hacia el final de sus vidas (como en el caso de Paul Cézanne, quien se adelantara a la modernidad del siglo XX a lo largo de sus primeros cuarenta años de oscuro trabajo antes de lograr su primera exhibición solista); o después de sus muertes (como en el caso de Vincent van Gogh, reconocido por sus creaciones sublimes como “outsider”) cuando los caprichosos dictados de la moda los hacían relevantes. Y luego, están los que pierden o recuperan su relevancia, como en el caso de François Boucher durante la Revolución Francesa, cuya reformulación esperó hasta finales del siglo XIX —alrededor de cien años. De la misma manera, tenemos la banal persecución de lo nuevo a finales del siglo XX. Y, finalmente, están aquellos en el siglo XXI que primero son elogiados, pero seguramente su éxito no habrá de repetirse, quedando enterrados en el olvido.
La respuesta se puede quizás encontrar en el rechazo del sistema de codicia del colector o en el reconocimiento de que la calidad de las creaciones artísticas no puede perseguirse como una mercancía apropiable. La respuesta tampoco se puede encontrar en su taxonomía. La respuesta se encuentra en el reconocimiento de que cualquier forma de explotación es indeseable y destructiva para nuestro ser colectivo. La respuesta se encuentra en un cultivo igualitario de todas las artes como testimonio de nuestro sentido de humanidad.
Si se buscara apoyo para las artes, ¿no sería necesario indagar la irracionalidad de nuestro sistema de valoración, tal vez incluso nuestra propia racionalidad cultural?
Ricardo Morin
Editor, Billy Bussell Thompson.
Notas de pie de página
[1]Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature(New York: Viking, 2002). Extracto: Es difícil reconocer las formas incipientes de arte cuando van en aumento, y por el momento en que son muy apreciadas, sus mejores días ya han quedado atrás—(pp 400-410).
[2]Michael Young,El Triunfo de la Meritocracia, 1870-2033: La Nueva Elite de Nuestra Revolución Social, (New York: Random House, 1959), p. 12 [Londres: Thames & Hudson, 1958]. (La concepción peyorativa de Young, situada en un futuro deshumanizado [anti-utopia], se basa en la existencia de una clase meritocrática, que monopoliza el acceso a los méritos y los símbolos y marcadores del mérito, y de esta manera perpetúa su propia potencia, su condición social, y privilegio.)
Triangulation Scroll Series Nº 555, 49 x 33 pulgadas, óleo sobre lienso, 2008
Una foto mía tomada por mi esposo en Beechwood Point, Santuit Pond State, en Mashpee, Massachusetts.
A mi amado
En un día soleado, con temperaturas a mediados de los setenta, nos paseamos por los senderos que bordean el delta de Long Pond. Más tarde recorrimos los lagos, mucho más amplios y contiguos, de Mashpee y Wakeby Ponds: primero bajo el sol de la mañana, antes del almuerzo, y luego con la frescura que llegó a partir de las tres de la tarde. En sus orillas, vimos hombres y mujeres con sus mascotas jugando a tira y recoge desde el agua.
Los claros, inolvidables, se abrían en medio del bosque circundante, bañados por una luz nítida. Sus patrones verdosos rivalizaban con aquellas tímidas estructuras góticas que los hombres han levantado al intentar imitar a la naturaleza.
Raíces cubiertas de musgo esmeralda descendían en escalones hacia túneles transparentes, desde donde avanzamos entre columnatas y contrafuertes formados por las copas ventiladas. El aire fresco y aromático llenaba de energía al corazón errante mientras caminábamos entre cañadas y arboledas, al compás sereno del alma que me acompañaba.
Serie de pergaminos platónicos #99 -grabado sobre lienso y en marco digital
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Ricardo F. Morín, 9 de septiembre de 2009, Cape Cod, Massachusetts
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A través de los milenios, la belleza estética y la simetría de los Sólidos Platónicos han servido de tema favorito para los geómetras. Llevan el nombre del filósofo griego Platón, quien teorizaba que los elementos clásicos se construyen a partir de los cinco sólidos regulares: el dodecaedro, icosaedro, el octaedro, el tetraedro y el hexaedro, no existen otros posibles poliedros regulares. Los 92 Sólidos ‘Johnson’ son poliedros irregulares que, como los Sólidos Platónicos, también están hechos de triángulos, cuadrados y pentágonos.
La serie de Platonic Scrolls(Rollos Platónicos)sirve de analogía a nuestra interconexión y la imponderable calidad de armonía que nos une. Es de notar que no existe prescripción alguna de cómo deben ser percibidas estas manifestaciones por cualquier observador. Nuestra realidad es siempre mucho más interesante de lo que cualquier imagen represente o cualquier cosa que se pueda explicar.