En las últimas dos décadas, he centrado mis intereses pictóricos en la representación de poliedros regulares, su historia desde el período clásico y sus diferentes motivaciones. Platón creía que los poliedros regulares representaban los cinco elementos del universo y que ellos formaban una parte sagrada de la geometría. Para los geómetras modernos en particular, el universo encaja en la forma de un dodecaedro, algo así como una pelota de fútbol.
«Interacciones platónicas» comenzó con la belleza que encontré en las formas de Platón. Para mí, la proporcionalidad de la media áurea es de suma importancia. Sus geometrías se destacan como una armonía visual unificada y congruente. Similares a las mándalas para la meditación, evocan el universo en general. En mi visión anido unas dentro de otras en un bosque abiertamente enrejado entre tonos y formas, complementarias y análogas. Aunque los poliedros regulares sean simétricos, su rotación permite una multiplicidad de ángulos visuales, cada uno lleno de fuerza vital. «Interacciones platónicas» es un arreglo de imágenes que generan vida. Las compongo alrededor de la melodía del Preludio de Johann Sebastian Bach – Cello Suite 3 – interpretado por Jon Sayles.
Ya en 2005 había iniciado una serie de óleos y dibujos titulada «Infinito», la cual partía de las premisas antes mencionadas. En ese contexto, el perímetro de una pintura abstracta cumple la misma función que la media áurea para la proporcionalidad. La superposición del ángulo recto del triángulo refuerza la media áureade la pintura. La infinitud se implica a través de la propia superficie del cuadro y sus formas abstractas.
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A partir de 2018 abandoné el médium del óleo para dedicarme a las pinturas digitales. Las pinturas digitales, impresas y manipuladas sobre lienzo, cuentan hoy con sesenta y cuatro imágenes. «Interacciones platónicas» utiliza cincuenta de éstas, ordenadas secuencialmente. Además, las organizo en dos mosaicos, uno de 5 x 5 cuadrados y el otro de 7 x 7 cuadrados (tal como se ve en la imagen 2 arriba).
Línea Holland America: Itinerario del Navío Eurodam
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In Memoriam Papá
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El yo cree en el placer, la risa, la buena mesa, el sexo. Cree en sí mismo, a veces siente orgullo de sí mismo pero a veces se avergüenza de sí mismo. ¿Quién no carga la mancha de una vergüenza, un faux pas, una oportunidad perdida que, de sólo recordarlos, nos cura de la amenazante hubris de creernos, en términos mexicanos, el mero mero, la madre de los pollitos y el papá de Tarzán?
Carlos Fuentes: En esto creo: de la A a la Z; Yo (pág. 193). Editor Digital Epub: Hechadelluvia, Nicaragua, 2014.
PREFACIO:
Escribir para mí es el resultado de razonar a través de la experiencia, tamizar agendas ya sean mías, o ajenas. Al dar forma a mis narrativas, el proceso inevitablemente se extiende mucho más allá del alcance de una historia. No puedo fijar los límites de mis emociones, a menos que no haya dedicado tiempo examinándolas. A diferencia de un escritor profesional, no escribo para ganarme la vida. Desde hace unos años, debido a la pandemia del COVID, he dejado los pinceles y mi estudio de pintura por la escritura. Una urgencia define estas narrativas, tal como lo hacía con la plasticidad abstracta de la pintura. Lucho por una integridad: algo, a mi parecer, patente a toda obra de arte.
Así es irónicamente que el prefacio de una narración vuelve a ser un epílogo. Inicialmente, la conversación, entre David y yo, no tenía forma. Por las evocaciones del pasadoestábamos conociéndonos como esposos a lo largo de este crucero.
Esta exploración de las Indias Occidentales y el Caribe se sujetaba a des énigmes. Para nosotros, fue la exploración de un continente por conocer. Entre estas tierras del sur residía la fuente de mi angustia, esa Pequeña Venecia [Venezuela]: ¿Por qué tuve que irme hace medio siglo al gélido Nueva York occidental? Esta historia presenta tanto la cultura de mi padre como la mía.
En la mutabilidad del tiempo, las confesiones buscan comprensión. La memoria proviene de las costumbres, la opinión, el deseo, el placer, el dolor y el miedo. Cada recuerdo manifiesta un cambio. Como desechos arrojados en momentos de aflicción resurgen. La sustitución es un acto de reemplazo.
Como errante agrego mis plegarias a los seres restantes. Al recordar, examino mi propia validez y ambigüedades. Es un relicario de contradicciones entre la intuición y el hecho. En esta transición le busco empatía al lector.
Cada enlace entre el hecho y la intuición nos lanza a un universo mejor. El espíritu humano se eleva por encima de las vicisitudes a través de nuestras esperanzas.
Aquí, deseo incluir mi agradecimiento al profesor Andrew Irving, Ph.D., director del Departamento de Antropología de la Universidad de Manchester, Inglaterra, por su generoso apoyo y orientación. Hace 26 añosque conozco a Andrew, habiendo tenido una vezla oportunidad de colaborar en un proyecto de investigación, titulado The Art of Life and Death: Radical Aesthetics and Ethnographic Practice[2017]. Mucho antes de la publicación de mi propia página web Observaciones sobre la naturaleza de la percepción (Arte visual, plasticidad estética y una mente libre) – un repositorio de cuentos cortos, editados a partir de 2008 – había ya compartido con Andrew una serie de testimonios sobre la estética, los cuales vendrían a cristalizarse en mi post inicial Hazañas del Talento Individual [2009]. Dichos testimonios evolucionaron a lo largo de nuestras conversaciones:
Para Ricardo la verdadera medida de un pintor es cuestionar su arte a pesar de los obstáculos y desafíos que se presenten. Él se inspira en especial por aquellos artistas cuyos logros no se comprometían con el mercado. Por igual, Ricardo se interesa por «las obras de artistas anónimos de la época antigua, griega y romana, las cuales fueron destruidas bajo la estricta moralidad de la Edad Media. Así como por Cézanne, quien se dedicó por cuarenta años de labor desconocida antes de conseguir su primera muestra solista. O por Van Gogh, cuyas creaciones ‘outsider’ [afuereñas] llegaron al reconocimiento mucho después de su muerte». Para Ricardo, el término ‘arte outsider’ delata un prejuicio hacia los artistas inermes. Así pues, tanto la academia como las autoridades establecidas dividen al arte sobre la base de un importe cultural o, más bien, mediante una rigidez subyacente que, según Ricardo, evoluciona de acuerdo a las presiones del mercadeo. De igual manera, el término ‘arte folclórico’, entendido como el arte de las colonias o el patrimonio de una nación, nos lleva a algunas ideas de raíces y experiencias compartidas. «¿Son estos términos en cierto modo semejantes o distintos al entendimiento del arte engendrado en una lucha por sobrevivir?» Después de leer este capítulo Ricardo preguntó «y si bien la noción de reciprocidad es esencial para comprender la condición compartida, ¿podrá un contexto científico interdisciplinario realmente darnos un mejor entendimiento de la expresión humana, abarcándose las múltiples circunstancias que envuelven al pathos humano? además de la biología, ya sea en la supervivencia o mediante su adaptación?» Sigue la respuesta y análisis de Ricardo: «Hay una gran inteligencia en los esfuerzos creativos de la mente humana para sobrevivir a cualquier circunstancia. Es innegable, además, que el dolor corporal y la pena mental son omnipresentes en la vida, tanto en el privilegio como en la alienación. Los conceptos lógicos de la ciencia cognitiva con sus promedios, clasificaciones y algoritmos no tendrán otro propósito que el de ofrecernos un mero acercamiento a la complejidad de la expresión humana, en su diversidad y naturaleza inenarrables. ¿Podemos comprender con precisión las formas en que los diferentes modos de expresión interior, como los continuos diálogos internos de las personas, los estados de ánimo no articulados, los mundos de vida imaginativos y los ensueños emocionales, si éstos permanecen debajo de la superficie de las actividades públicas, o fuera del alcance de la investigación? En última instancia, el misterio del ciclo de la vida no puede dilucidarse por una estrategia y su objetivo, sino a través de una percepción cambiante difícil de articular». En 2008, diagnosticaron a Ricardo con Linfoma No Hodgkin: un cáncer asociado con el SIDA que afecta los glóbulos blancos y puede surgir cuando el sistema inmunológico se debilita por períodos prolongados. A lo largo de su enfermedad, tratamiento de quimioterapia y convalecencia, Ricardo pasó muchos meses sentado en silencio. Los sitios de reposo suelen ser dinámicos para el pensamiento, la expresión y la memoria para quienes viven por prolongados períodos de enfermedad, mientras el pensamiento pueda abarcar libremente el pasado, el presente y el futuro. El hombre sigue pensando y hablando, incluso cuando está en silencio durante largos períodos y aún puede negociar temas críticos, dilemas y decisiones con respecto al tratamiento, el trabajo o la fe, y participar en corrientes emergentes de diálogo interior, pensamientos y emociones. Fue durante este estado, descrito por Ricardo como uno de “alta inercia”, cuando llegó a reconocer la sencillez, el poder y la estética del silencio, especialmente «en comparación con todo la cacofonía del ruido en el mundo visible». Por supuesto, un silencio no es sólo un silencio. Distintos días están mediados por diferentes silencios; un silencio incierto, un buen silencio, un silencio heroico, un silencio absurdo, un silencio doloroso. El silencio puede incluir el semblante de las personas más cercanas, pensamientos destructivos, imágenes del mundo exterior, ensoñaciones y proyectos de vida. Después de pasar meses convaleciendo, Ricardo empezó un “Manifiesto del silencio” para la circulación de sus ideas. Inicia: «La manifestación del lenguaje sobre una realidad estética implica su propio deceso; por muy perspicaz que sea, la precisión de las palabras resiste su propia realidad. Ésta toma lugar en un espacio abierto, en una virtuosa quietud de recogimiento, libre de lo conocido, independiente de observar y con una fija atención, donde las preguntas están demás y las respuestas se trivializan a sí mismas». Después de terminar la quimioterapia, su musculatura se contrajo con una tendinitis severa. Ya no tenía fuerza para estirar lienzos. Al volver a pintar recurrió a pergaminos colgantes. Ricardo supo manejarlos en sus términos más sencillos en relación con sus propias limitaciones físicas. Entre 2009 y 2010, produjo una serie de lienzos titulados “Metáforas del silencio”en la que «fue por la sencillez incidental del medium y la empatía del silencio que el tema se emerge».
Cuando por última vez llegué a actualizar mi post Hazañas del Talento Individual en el 2020, concluí: . . . ¿de qué nos serviría la creatividad o el intelecto sin la compasión? ¿Deberíamos evaluar nuestro sistema de valoración?, quizás, incluso, ¿nuestra propia racionalidad cultural?
El 3 de febrero de 2023, Andrew y yo compartimos una larga discusión a través de Zoom, la cual se basaba en mi edición de WordPress Meditaciones sobre Ortega y Gasset (2022). En ese momento, proporcionó un análisis crítico con extensa bibliografía que, a su parecer, mejoraría mi perspectiva sobre elIluminismo y sus limitaciones.
Además, extiendo mi gratitud a mi amigo y editor durante los últimos 36 años, Billy Bussell Thompson, Ph.D., profesor emérito, Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Hofstra. Es gracias a Billy que mantengo la esperanza de desarrollar mis dotes como escritor.
Ricardo Federico Morín
Bala Cynwyd, Pennsylvania, 28 de junio 2023
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El Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]: Argumento de Diotima sobre la sabiduría del amor.
— . . . No te admires, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor. [págs. 62-63]
— Tenlo por seguro, Sócrates, ya que, si quieres echar una mirada a la ambición de los hombres, de no tener en la mente una idea de lo que he dicho, te quedarías maravillado de su insensatez, al pensar en qué terrible estado les pone el amor de hacerse famosos y de «dejar para el futuro una familia inmortal». Por ello están dispuestos a correr todos los peligros, más aún que por sus hijos, a gastar dinero, a soportar cualquier fatiga y a sacrificar su vida. [pág. 63]
Platón. El Banquete. Segunda Edición. Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil. Madrid. Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].
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I
Las nubes se ciernen sobre el horizonte, como si fuesen montañas. Desde el balcón de nuestro camarote observamos la estela del navío y su efervescente blancura. Unas gaviotas perforan el mar ondulante mientras graznan sus disputas.
II
Hace cinco días iniciamos nuestros viajes en el barco Eurodam, navegando a través de las Bahamas y las costas de la América Central. Zarpamos el 4 de enero desde Fort Lauderdale. Ya hemos cruzado el norte de Cuba y el sur de La Española. Ahora, estamos acercándonos a Aruba, a tan sólo unos ciento y veinte kilómetros de Venezuela. Un barco piloto nos guía hacia el amarre. Suena de pronto una alarma contra incendios y el hedor a diésel impregna el aire. Minutos después, el capitán anuncia: “Todo ha vuelto a la normalidad. La crisis ha sido superada”.
III
David y yo vamos hablando; las luces azules aún parpadean.
Ya han pasado cincuenta años desde mi salida. Tenía 17 años.
IV
Desembarcamos en Oranjestad.
Hace ochenta y cinco años, mis padres fueron condenados al ostracismo en Alemania. Cinco años después se casaron en Estados Unidos, donde vivieron felices.
Para mis padres, dejar el país nunca fue opción y su matrimonio no fue feliz.
¿Alguna vez viniste con ellos a Aruba?
Sólo de niño.
V
En aquel entonces, ¿cómo te educaron?
Mis padres estimulaban la independencia. En vida fueron mi puente hacia el país. Entendieron que era preferible que me fuese al extranjero. No existió otra alternativa. De mi amor por y para ellos, los lazos con Venezuela nunca han decaído. Nuestra proximidad ahora, sin embargo, no incita la nostalgia, sólo recuerdos. El país aún me importa.
VI
De aquellos años, ¿cuáles remembranzas sobresalen?
Los campamentos de Boy Scouts en los altiplanos de los Andes. Allí se potenció mi visión.
¿Algo más?
Me acuerdo de los ashrams de la Fraternidad Universal. Había gurús seguidores de Serge Raynaud de la Ferrière (en Valencia, Maracay y Caracas). Durante el verano los frecuentaba. Estos ashrams instruían a sus asistentes en una mezcolanza de ciencias naturales y budismo. Para mí esto era más atractivo que escuchar los sermones en la iglesia, cuyas evocaciones sobre las sombras de la vergüenza me cansaban. En esa época me inicié en la meditación.
¿Qué es lo que más te captó?
El énfasis en el desprendimiento. Pero no me gustaba depender de otros. Sólo quería extenderme más allá de mí mismo.
VII
En esos años, no estuve apegado a nada en particular. ¿Era un diletante?
Eras inquisitivo. Un tiempo para el descubrimiento . . .
Asistía a seminarios de musicología. Tomaba lecciones de alemán. Era un tiempo dedicado a Hesse, Kafka, Gibran, el Walden de Thoreau y el Walden Dos de Skinner.
VIII
Leía, pero de manera asistemática. Me gustaban la filosofía, la historia, la pintura, la escritura, pero todavía no estaba acometido. Lentamente, todo ello se hizo parte . . .
Despertó tu espíritu.
Libre de obligaciones, expresó mi relación con el mundo.
Estuviste aprendiendo a ser original. Buscaste tu propia voz. No quisiste imitar.
Cuanto más sentía, mayor fue mi implicación. Fue sólo una manera de expresarme. No busqué ni el éxito ni la distracción.
IX
Desembarcamos para caminar hacia los centros comerciales. Desde Main Street doblamos hacia laslaterales. De ambos lados la mayoría de las vitrinas estaban tapiadas. Las fachadas mostraban signos de tiempos prósperos, quizás, de cuando la exuberancia de venezolanos era más evidente. Ahora sólo había puestos improvisados, abarrotados en las aceras y atendidos por gente vulgar con su inconfundible cadencia de venezolanismos: Por su parloteo, la palabra marico volaba sin malicia alguna.
Una vez Papá me vio sentado en la acera junto a un viejo sereno, quien trabajaba para nosotros los fines de semana. Éste era conocido por tener un temperamento impredecible y esperaba nuestra partida hacia la ciudad. Me había congeniado con él, a menudo acribillándolo a preguntas. Más tarde, Papá dijo que yo era una persona capaz de hacerse entender por éste.
Señalaba tu resiliencia.
X
A finales de los años sesenta, nuestra familia agasajó a la hija del Presidente Rómulo Betancourt, Virginia. Ella y su esposo se hospedaron en una de nuestras casas en Valencia. Para ese entonces, Virginia Pérez era directora de la Biblioteca Nacional en Caracas. Yo tenía trece años y Papá me había exigido que sacara mis cuadros de las habitaciones donde se quedarían los invitados. Según él, mis pinturas no encajaban. Un día, después de haber terminado el almuerzo, le presenté a Virginia una acuarela y comenzábamos a hablar. Papá objetó, pero ella lo contradijo: “Déjalo en paz”. A continuación le expuse: “Se trata de un espíritu joven en busca de libertad.” Con dulzura ella respondió: “Me gusta tu manera de pensar; te quiero escuchar más.” Mas las palabras se me escurrían.
(David sonriendo), ya me lo dijiste.
XI
¿Sabes si sigues un patrón o si tu vida es sólo un grupo de episodios desarticulados?
No veo las desvinculaciones ni puedo decir si hubo patrón. Fui entonces simplemente audaz. Mi habla, mi léxico y mi apariencia deberían haber parecido llamativos, aun quizás epicenos. Amenazaban expectativas. Fui diferente a mi hermano mayor, quien era un atleta con muchos amigos. Yo era más bien solitario. En mi inatención al deporte, tal vez Papá me hallara no sólo vulnerable, sino también ingenuo. ¿Fue insatisfacción o inconformidad? Encontré consuelo en invenciones privadas. Poco después, borré, corté y rasgué dos años de pinturas, para luego arrepentirme. Papá dijo que me rebelaba en contra de mi ambiente natural.
Él sabía que no podrías sobrevivir en un mundo de machismo y sus prejuicios.
Eso es el punto. No me había dado cuenta. Papá vio en mi temperamento un blanco de victimización. Me había dicho que no podía ser abogado. No encajaría. Cuando repliqué que me dedicaría a asuntos exteriores, se mostró igualmente incrédulo.
Tal vez esto aclara su ausencia en la política; sabía que la imperfección humana conllevaba sus propios riesgos; reconocía el tipo de improbidad que saturaba al país. Quería protegerte.
XII
Llegué a comprender que el excepcionalismo era un mito y la decepción poderosa.
XIII
Si la falsedad impera, no podría ponerme cínico. ¿Para qué? Las imperfecciones humanas son ajenas a sí mismas. Por ejemplo, me incomoda cuando se me pregunta de dónde soy, como si se pudiese diagnosticar quién soy.
Con esto la mayoría de la gente no busca nada en especial.
Es mi reacción. Es mi propia incomodidad con la lengua inglesa. Se siente como si se me colocara en un nicho.
La gente tambiénse puede identificar con esto, yo mismo. Pocos de nosotros hacemos las preguntas acertadas.
¿Hay alguien que pueda? Si fuese posible, las respuestas serían justas.
XIV
Esa noche llueve. Entre las nubes, se desvela llenala luna. Salimos al balcón y admiramos las centelleantes luces de la isla.
En mis primeros años fuera de Venezuela, admiraba la vida estadounidense. Antes de venir, la casa de mi tía Lina en Buffalo aparecía en mis sueños. Ella pudo huir del Holocausto. Las rosas de su jardín eran tales cómo me las había imaginado. Su amabilidad allí fue tan locuaz cómo en Venezuela. Su jardín me dejó con una memoria imperecedera.
XV
Esa mañana anclamos en Willemstad, Curaçao, encontrándonos rodeados por un alboroto de pelícanos.
En el primer regreso a Venezuela, Papá me preguntó sobre la inflación en los Estados Unidos. Nunca supe por qué me interrogó. Medio siglo después, no se me escapa la ironía de que Venezuela haya acumulado una de las tasas más altas.
XVI
Hacemos un recorrido por Willemstad. Los edificios, las calles y los puentes de la ciudad recuerdan a Ámsterdam. Sacamos fotos y deambulamos lentamente; luego, como turistas y pensando en nuestras familias, compramos manteles de lino.
¿Crees que tu padre anticipaba la desintegración de Venezuela?
El mundo en el cual crecí siempre estaba al borde del abismo. Papá solía decir que no sabía qué haríamos si él no estuviera. ¿Cómo nos las arreglaríamos sin él? Temía por nuestra vida, e inclusive la de todos los venezolanos. Temía la brutalidad en ese paisaje entre el desprecio y el desacato. ¿Cómo podríamos superarlo?
XVII
Nos mantenemos con la mayor privacidad, disfrutando el día completo de la altamar . Volvemos a cenar solos. Tenemos poco en común con aquéllos a bordo.
Estuve regresando después de veinticuatro años. Sin un contrato de galería, volví a pensar de nuevo en destruir mis pinturas, esta vez, quemarlas, pero las llamas podrían haberme engullido con el hogar. Esto me paró. No podía hacer más que almacenarlas.
¿No podría alguien haberte dado la mano?
Papá siempre hizo lo posible, incluso incitando los celos entre mis hermanos. A lo mejor sentía lástima por mí. Con respecto a mi trabajo en los Estados Unidos, un diario del lugar me entrevistó y según los vecinos la atención era inmerecida. Luego papá murió y me sentí ajeno, aún más que nunca.
¿Qué había pasado?
A la edad de 70, se había vuelto delirante, desligado de su propia voluntad. Sus últimos cinco años coincidieron con la caída de Venezuela, y algunos miembros de la familia buscaban seguridad en Europa y otras partes de América. Para mí el arte se convirtió en algo secundario.
XVIII
¿Qué hubo de tus hermanos?
Me apena decirlo. Sin testamento, su sentido de derecho de sucesión nos incrementó el dilema. Mi hermano mayor exigió la primogenitura, aunque sin autoridad legal alguna. No se lo concedimos, pero carecimos de los recursos para desafiarlo. Se quedó con las rentas para sí. Con el transcurso de los años, las propiedades han perdido valor y algunas se hallan okupadas, y otras inclusive expropiadas. Preocupado por su seguridad personal, le propuse mi socorro. Lo rechazó de tajo, dijo que confiaba en la Primera Dama de Venezuela, que no podía perder su identidad como abogado al salir de Venezuela.
Estas justificaciones son en parte ilusas, si bien no decir incautas. ¿Y qué hay de tus dos hermanas y tu hermano menor. Qué les ha pasado?
Mi hermana menor se mudó a Madrid con su familia. La hermana que me sigue y mi hermano menor se han quedado en Venezuela. Se apoyan en la medida que pueden. Hace diez años, a éstos últimos los he ayudado, así como a mis tías.
Recuerdo haberlas conocido a tus tías cuando viajamos a Venezuela. Celebramos los ochenta años de tu madre y las segundas nupcias de tu hermano mayor. También rememoro el desconsuelo de su hijo menor. Se sentía indefenso. ¿No se mudó a la Argentina con su amigo?
Sí. Hicimos todo lo posible para tranquilizarlo, como cuando conoció a mi ex-pareja, Nelson. Se sintió reforzado por nuestra presencia, y en especial mi relación con Nelson ya le había desencadenado una validación temida por su padre. Sin éxito mi sobrino había buscado su aceptación. Les dije que esto no era cuestión de deshonra.
XIX
No muy lejos, en un pequeño pueblo de pescadores en la costa venezolana se encuentra un pedestal. Le rinde homenaje a los guerreros enviados de Cuba en la década de los sesenta, cuya campaña se desploma. Cinco décadas después, Hugo Chávez logra el sueño cubano sin disparar.
¿Es concebible el sueño de una nación? No juzgo a Venezuela ni a su historia, ya no soy de ellas. No he batallado las represiones en sus calles. Pertenezco ya a otra historia. Hace cinco décadas que vivo en Estados Unidos, donde las medidas de rectificación persisten en desafiar al autoritarismo y la cleptocracia.
Últimamente, has hablado con mi amiga Cindy, analista de la Oficina de Control de Activos Extranjerosde los Estados Unidos. Ella te dijo francamente que las medidas de congelamiento en contra de la corrupción venezolana son complejas. La fuga de recursos financieros de países como Venezuela no se puede controlar fácilmente .
Así es; es algo incontrolable.
XX
¿Te parece posible la estabilidad venezolana?
Es difícil. No se explica cómo miles de millones de dólares llegan a manos de los parientes de políticos locales. En absoluto no les importan ni su pueblo ni su patria. El Estado de derecho ya no existe.
XXI
¿Te has relacionado alguna vez con algún funcionario de ahí?
No de manera directa, sólo a través de familiares (quienes trabajaban a nivel institucional), así como de mi propio hermano (quien por un tiempo era asesor jurídico de la gobernación estatal). Aparte de ellos, una vez me puse en contacto con un presunto reformista, hoy ubicado en la Florida. En 1999, fue uno de los congresistas encargados de redactar la última constitución venezolana. Actualmente, tiene muchos seguidores entre los expatriados. En uno de sus pódcasts, discrepó conmigo sobre la falta de madurez en la política. Respondió airado a mis alegatos de interés propio: “¡Y, ¿quién diablos eres tú?!” Luego le envié un texto: “En general la mayoría de los reformadores terminan por no abordar sus pretensiones”. Me respondió: “¡Ay, por Dios, éste es un gran maricón!”. Luego me bloqueó.
XXII
Llegamos a Colombia. En Cartagena recorremos la antigua ciudad amurallada y el Fuerte de San Felipe. Son una delicia aquellos largos paseos ondulados a la sombra de enrejados hilvanados por buganvillas, aquéllos que abrazan las paredes del malecón. El guía habla de Simón Bolívar, padre de la Gran Colombia, quien había muerto en Santa Marta. Señala una casa color vino tinto donde había residido Gabriel García Márquez.
Aunque no fui parte de las manifestaciones, con mi teclado he apoyado tanto a los disidentes como a los rebeldes. Ha sido mi cri du cœur. A pesar de haber fallado, la moralidad del grito nunca ha callado.
Es tu voz.
El tiempo mismo es un medio que mide la falta de la verdad. Así como el tiempo evoluciona acordamos en su entendimiento.
El tiempo alivia la insensatez.
Ojalá prevalezca la justicia. Quizás, se logre la armonía en una nueva generación.
Tal vez, perdamos nuestras libertades cuando menos se espera.
XXIII
Ahora estamos en el Canal de Panamá a punto de entrar en las esclusas del Gatún. Tirado por trenes de cada lado trepa el barco por las tres hasta llegar a las aguas del lago. La arquitectura del Canal despierta mi imaginación (pienso en las Pirámides de Egipto). Llegamos a las orillas del lago en botes auxiliares y desde allí iniciamos el recorrido en autocar. Zigzagueamos a través de cientos de edificios militares hasta llegar a las esclusas del Pacífico. De allí nos dirigimos a la Ciudad Vieja, donde fotografiamos edificios y las plazas coloniales. Apiñados al otro lado de la bahía, vemos los rascacielos del Panamá moderno. Luego regresamos al Atlántico. Justo antes de abordar en Colónal Eurodam, caminamos a través de un pequeño zoológico. Deambulando, entre mamíferos y aves tropicales, vemos un gigante oso hormiguero con su larga lengua, aspirando alimañas. A David le incita a hablar este animal:
No le faltan a ningún país los excesos del partidismo.
Y no sabemos porqué.
¿Crees que haga falta una conciencia apolítica?
El extremismo brota de la incertidumbre.
La resultante polarización nos empuja a la violencia.
XXIV
A nuestra llegada a Costa Rica anclamos en Puerto Limón. Después del desembarque nos montamos en un autocar. Luego nos bajamos para navegar en barcazas fluviales a lo largo del filo de la selva. Bajo aguaceros vemos varios animales tropicales – monos, osos perezosos, tucanes, serpientes y cocodrilos. Terminando el recorrido, volvemos al autocar, el cual nos lleva a otras altitudes. Al llegar, subimos a un teleférico hacia el corazón selvático. Visitamos un laboratorio de investigación, un hábitat de mariposas y finalmente un sendero en dirección a unas cascadas. Por la lluvia, las escaleras se ponen resbaladizas. Exhaustos, nos resignamos al estrépito de las cataratas.
Por su abundante naturaleza, mi tierra natal atrajo a mis antepasados. A partir de 1745 llegaron de Europa y de las Canarias. Entre 1799 y 1804, el biogeógrafo alemán Alexander von Humboldt la elogió como un paraíso para las ciencias. Pero hoy, su sobrevivencia es dudosa.
XXV
El 13 de mayo de 2014, recibí un correo electrónico en nombre de Barak Obama. Aunque llevaba el membrete presidencial, por lo visto, era un formulario estándar. Para cerrar, decía… Con nuestros socios internacionales, Estados Unidos continúa su análisis en cómo prestar apoyo a favor de dicho esfuerzo [es decir, el de promover un diálogo franco entre el gobierno central y la oposición]. Estados Unidos tiene fuertes lazos históricos con el pueblo venezolano, y seguimos comprometidos en nuestra relación con ellos. Sus libertades fundamentales y derechos humanos universales deberían ser protegidos y respetados.
Para un lector ordinario, esto sugiere compasión, y en el mejor de los casos, proselitismo o aleccionamiento. En realidad es Venezuela que necesita a Estados Unidos, y no al revés.
XXVI
Los últimos dos días en el mar, cenamos en restaurantes particulares. Tomo apuntes de nuestras conversaciones. David me complace hasta quejarse de mi falta de atención a la comida. Lo único que no desatiendo es la escritura. Es mi consuelo. Esta última noche, al pasar por la costa suroeste de Cuba, las aguas turbulentas del mar desestabilizan nuestra caminata por el navío. Antes de la medianoche, hacemos las maletas y las colocamos en el pasillo para la retirada.
Se colisionaban el pasado, presente y futuro: La muerte de Chávez (en 2013) me llevó a pensar en la de Papá (en 1997). El año anterior lo había llevado a Urgencias. Un neurólogo le diagnosticó una lesión cerebral y me dijo que había poco por hacer. Papá tenía 74 años. Ya no hablaba. De repente, con ira se levantó por algo que obviamente le carcomía. Nos amenazaba.
Hasta el final, estuvo atormentado; fue irredimible.
XXVII
A la mañana siguiente, el día 15 de febrero estamos de regreso en Fort Lauderdale. Antes del desembarque, desayunamos en la cubierta número dos, y, de nuevo, estamos solos. Otra vez en el camarote esperamos la llamada. Son las 11 de la mañana. Descendemos para unimos a los otros viajeros. Escaneados los carnets, bajamos hasta la terminal. Recogimos el equipaje y llamamos a un taxi para llevarnos a casa.
Su muerte eximió tanto a Papá como a Hugo Chávez del tormento de la crisis nacional.
Para la nueva generación, la desigualdad venezolana se redujo a diferencias ideológicas.
¿Es para ella un paso atrás?
¿Puede examinarse?
Sólo si la indagación venciese la ignorancia.
El dilema no es sólo venezolano, ¡es del mundo entero!
EPÍLOGO
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Banquete de Platón [385 y 370 a. C.]: Encomio de Agatón sobre el Dios Eros:
— . . . ¿es que no sabemos que aquel que tenga a ese dios por maestro resulta famoso e ilustre, y oscuro aquel a quien Amor no toque? [pág. 43]
— . . . es él quien crea:
En los hombres la paz, en el piélago calma sin brisa,
el reposo de los vientos y el sueño en las cuitas. [pág. 44]
Platón. El Banquete. Segunda Edición. Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Gil. Madrid. Editorial Tecnos, 2015 [Reimpresión].
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La gracia del amor exige habituarse al aprendizaje. Los rayos del sol entran en la sala de estar, mientras David abre las cortinas, tarareando . . . “¡Por fin . . . hogar dulce hogar!/ ¡Pensé que nunca llegaríamos!” Repuse . . . “¡Qué preciosa pareció aquella gracia!/ ¡La hora en que creí por primera vez!”.
De la incertidumbre, el amor nos recobra, nos indemniza, nos resarce, nos rescata.
Manifiesto de Ricardo Morín: Muestra extensivamente su taller de pintura en la ciudad de Nueva Jersey en los Estados Unidos, donde él narra su manifiesto Metáforas del Silencio con obras de apertura que están en proceso de gestación y otras que forman parte de una serie recientemente terminada. Véase el portafolio de arte y currículum http://www.ricardomorin.com/
Platonic Triangulation, 22 x 30 inches, body color on paper, 2008
Elijo la proporción de oro 1 = 1,618 como un formato congruente el cual es manifiestamente inherente del infinito, a fin de desglosar un diálogo sobre la fluidez del vehículo de la pintura y su geometría. Al mismo tiempo, conduzco una triangulación delplano raso del lienzo que reafirma su naturaleza paradójica como cosa: donde su ficticia llanura juega en contra de la ilusoria profundidad espacial de las formas expresadas en él.
Triangulation Series #25--oil on linen, 60 x 37 inches, 2009
Mi trabajo Triangulación Serie 2006-08 se expande sobre cuestiones relativas a perspectivas de síntesis entre conceptos de espacio pictórico y del infinito: algo sobre lo que he trabajado al paso del tiempo. Ello me ha permitido la abstracción pictórica / plasticidad para expresar tanto en forma como contenido un tipo de arte que va más allá del mundo material de los signos; mis pinturas en sí pretenden alcanzar un infinito que es el misterio y la poesía en el drama individual de todo ser humano. Aunque inmerso en las estéticas del siglo Veinte, no lucho por ningún movimiento histórico, ni siquiera por la agenda post-modernista. Simplemente, veo la praxis del arte como un “carnoso” producto de la experiencia humana, resultante de la pasión de su fabricante. Así como la idiosincrasia del individuo, de naturaleza indivisible, pueda ser ciega a la causalidad, el marco estético que éste abarca incluye todos sus sentidos y la imagen viene a ser el resultado o residuo.
Sin objetivo, ni tiempo, e incluso existencial -en este sentido-, la imagen o Kunstgegenstand no pretende explicar cuál es el significado de la experiencia, sino mas bien, la imagen se manifiesta, para provocar una interpretación del observador.
No hay fuentes externas ni ideas preconcebidas de la composición final. De manera gestual e intuitiva, uso el plano del lienzo como una plataforma interactiva (en otras palabras, una conversación, por así decirlo, se lleva a cabo entre la pintura, el lienzo, y yo como observador activo mientras aplico la pintura al lienzo.) En la variedad de densidades, capa tras capa, bien sea transparente o estructural, la obra se transforma a si misma gradualmente mediante una acreción espectral. En diálogo continuo, trabajo por varias piezas al mismo tiempo para que todas sean capaces de informar a las demás. Un ritmo interior de cada composición se desarrolla de este modo mientras orienta los cambios y la construcción de formas: entre entierros, resurrecciones, exaltaciones, velaciones y reencuentros, todos gracias a la suntuosa textura del vehículo; surge así de los interlocutores una conmovedora melancolía con la riqueza de cualidades de disonancia, y transparencia complementaria. De hecho, es el color, como textura lo que establece el paisaje emocional de cada pieza. El trabajo terminado se sostiene sobre si mismo como una concentración de múltiples capas; cada cual de sus numerosos estratos es esencial para su integridad. Hay un sentido de movimiento multidireccional en cada una de las obras que actúa sobre el ojo del espectador al recaer su mirada sobre las formas delineadas y al escudriñar el interior de enredos entre trazos y arabescos. El espectador puede llevarse consigo, espero, un sentido de las obras que es la generativa entereza de un universo habiéndose formado y rehecho a sí mismo.
Como he dicho al principio, enlazo en mi amor al arte un sentido de universalidad; no hago esto para mi propia satisfacción, sino en reconocimiento del orden cósmico y de la interrelación de nuestra propia conciencia humana, que es el modo de unificación de todos los maestros. Como tal, estoy perennemente emergiendo mientras deambulo alrededor de mi espacio en un presente incierto y sin liderazgo, donde la autoridad está aparentemente derivada de confusas y conflictivas fuerzas de incredulidad. La libertad está con nosotros, aunque sus éteres e incongruencias nos desconcierten.
Ricardo Morín [1]
[1] Editado por Billy Bussel Thompson, Profesor Emeritus
Digital Image created with Maya and Combustion Softwares
“Es como una cabra atada a un poste, que puede vagar tan sólo la longitud de su traílla.”
Jiddu Krishnamurti, 1986
Quien aspira a una carrera como artista visual comprende que los constreñimientos para la supervivencia son cuestionables y el reconocimiento esta predicado por una caprichosa cifra del destino. La misión no está en la búsqueda del reconocimiento, ni siquiera en la permanencia, pero en madurar y compartir el talento a través de la exploración e indagación. Congruencia entre la ascendencia, identidad y el trabajo visual no es un asunto de interés comercial a favor de cualquier identidad nacional; éstos son irreduciblemente aspectos de significación que no se pueden definir desde la perspectiva de piedades convencionales. Es una manifestación imponderable del ser: que no esta atada a expectativas externas, ni mucho menos a la expectativa de alguna entidad designada y su modelo económico el cual pueda bien servir en tácticas de mercadeo.
Empecemos por preguntarnos el por qué del desaliento ineludible de artistas visuales con doble nacionalidad, el cual aparenta ser resultado de un impuesto acorralamiento de fundamentalismo latinoamericano. Preguntémonos por qué dicha frustración está a la orden del día impuesta por contemporáneos de Medicis’ quienes procuran comprar una parcela de la historia en una institucionalización parroquial curiosa dentro de sus países de origen, así como también mientras la promueven en los mercados extranjeros de mayor control.
Fundaciones filantrópicas privadas, específicamente la Phelps-Cisneros, empiezan por venderse a museos como influyentes laboratorios darvinianos de especímenes, los cuales claman anunciar “programas innovadores que se centran en asuntos latinoamericanos,” así como claman “fomentar el conocimiento de la herencia cultural de América Latina”. Dirigida por el liderazgo de una rica señora de alta sociedad, esta fundación se jacta que su fundadora es una mezcla entre señoras de sociedad igualmente ostentosas y los incomparables eruditos de nuestro tiempo. En su misión como antropóloga, la fundadora es alabada aún como la personificación del preeminente bio-geógrafo, Alexander von Humboldt; a quien su contemporáneo, Simón Bolívar (el revolucionario y aguerrido libertador latinoamericano) “se cree” haber citado como “el verdadero descubridor de Sudamérica”.
Pero tales retratos no rinden necesariamente un producto equilibrado de visión pluralista. Sólo después de desnudar la confusión entre la arrogancia y pretensiones elegantes, puede uno apreciar que, por ejemplo, su deseo de establecer el diálogo más rico posible entre el arte contemporáneo y un núcleo histórico en Venezuela refleja mas bien un deseo para promover un fundamentalismo aberrante: uno que se propone preservar ciertas tradiciones regionales — o su índole—, lo cual, por supuesto, está de acuerdo con las adquisiciones propias de dicha fundación. Es innegable que la preponderancia de estas adquisiciones representan movimientos significativos en su momento histórico, como lo fue el arte Cinético, Op y sus derivados neo-geométricos: movimientos que, de hecho, siempre han sido complacientemente populares, y sin controversia alguna entre la élite política de Venezuela — desde dictaduras absolutas, a democracias débiles, así como hasta llegar a la emergente cleptocracia del Estado Bolivariano de Hugo Chávez–; y como es muy bien definido por los recurridos temas de esta fundación, sus exposiciones y publicaciones internacionales. No obstante, el arte contemporáneo promovido en dicho contexto ejempla sólo un producto de demagogia de la clase gobernante, cuando la pretensión simplista de “estimular” (castrando más bien) una identidad nacional es impuesta por un historicismo anticuado, uno que es tan espontáneamente atroz cultivarse como los resultados que empobrecen a través de despreciativas tácticas de mercadeo corporativo.
¿Debemos sucumbir a los peligros de cortejar esta cultura divisiva, la cual define artistas aceptables por medio de la enajenación? ¿Deben gravitar dichos artistas hacia un estancamiento sumiso, dictado por semejantes modas institucionales? ¿No es la misma concepción institucional de fronteras culturales una clase de segregación regional e ideológica completamente anacrónica al flujo de una comunidad integralmente global? Reflexionemos en términos prácticos, que la razón de ser de cualquier artista, o de cualquier ser humano, consiste en el anhelo, no de tal negación tan enormemente irreverente del significado personal, tal como es derivado de semejantes dispositivos de medición regresiva; pero del respeto universal de dignidad y libertad que todos poseemos, el cual no puede ser vendido, pero puede y debe ser compartido. Afirmemos que esa injuriosa ansiedad por parte de la autoridad de estas instituciones filantrópicas de hoy en día–a pesar de la influencia de su púlpito, de toda su riqueza mercantil y de toda su gran arrogancia (bien sea por que alcahueteen a una ideología anticuada o las falsedades del nacionalismo, o a una afiliación política o religiosa)–no está sólo fuera del espíritu transformativo de nuestros tiempos, pero ciertamente, no dificultará ni disminuirá una revolución globalizada de la cultura y la humanidad sin el despotismo de fronteras convencionales e identidades preconcebidas. Esta realidad no exige necesariamente una revolución política ni económica, pero una revolución interna: el resultado de una mutación en nuestra percepción de lo que es realmente trascendental, junto con una dispersión del condicionamiento a que nuestras comunidades creativas se han permitido a sí mismas ser subyugadas sumidas en un mercado deletéreo[1]. Esta es la sensibilidad y la percepción que nosotros, tanto el artista como las fundaciones mismas, necesitamos todos abrazar. Porque, aunque, no existen respuestas simples en una cultura continuamente emergente, es de todos la responsabilidad social de respetar el código de conocernos a nosotros mismos en una amplia libertad antes que en un proceso de dominación.
[1]La base de un deletéreo mercado del arte es la mitomanía propagandística del estrellato la cual se limita a examinar los valores de unos pocos artistas escogidos, como un segmento de inversiones (en la ignorante complacencia de la totalidad de índices de mercadotecnia), que se opone en su auge al 90% de artistas activos quienes tambalean en su auto-subsistencia.