Archive for the ‘Arte Digital’ Category

« Un ensayo sin respuestas »

May 28, 2025

Ricardo F Morin
“Serie de Triangulación M”
C-Print
2007

Sobre la vulnerabilidad

*

Dedicado a mis hermanos

Hay un cierto tipo de individuo que el mundo tiende a admirar:

agudo con las palabras, sereno, deliberado.

Se mueve por la vida como si nunca hubiera dudado del sonido de su propia voz.

Sus gestos son ensayados, sus opiniones inquebrantables.

Es una representación de autoridad.

Y para muchos, resulta fascinante.

Pero yo nunca encajé en ese molde.

No vivo en una postura contraída como quien se cuadra ante el mundo.

No hablo en declaraciones tajantes.

No aspiro a dominar una sala.

Y cada vez creo con más firmeza que lo que define a una persona,

en realidad no es con cuánta fuerza se presenta,

sino con cuánta honestidad se muestra.

La vulnerabilidad nunca ha estado de moda.

No arranca aplausos.

No conquista escenarios.

Pero es ahí donde he encontrado la mayor verdad.

No en tener razón.

Ni en ser admirado.

Ni en parecer intocable.

Sino en reconocer cuánto ignoro,

cuántas veces he fallado,

y cuánto de la vida se resiste a ser explicado.

Nos enseñan a actuar como si nos hubiéramos ganado nuestro lugar:

por esfuerzo,

por inteligencia,

por un valor innato.

Pero he vivido lo suficiente para ver cuánto se da por sentado,

cuánto se favorece,

cuántas puertas se abren no por mérito,

sino por circunstancias,

por apariencias,

por cercanía al poder.

El mundo halaga la actuación.

A menudo confunde el ruido con la profundidad,

la certeza con la sabiduría.

Pero debajo de todo eso,

somos falibles.

Dolorosamente falibles.

Nos equivocamos.

Herimos a otros.

Nos retiramos cuando deberíamos haber permanecido.

Y hablamos cuando el silencio habría sido más amable.

Nos contamos historias para sobrevivir,

no siempre para comprender.

Y sin embargo,

esa falibilidad no es vergonzosa.

No es un defecto que deba castigarse.

Es la parte más humana de nosotros.

El error no está en equivocarse.

Está en fingir que no lo hacemos.

La intimidad verdadera empieza donde termina la actuación.

Cuando dejamos de curarnos.

Y permitimos que otros vean lo real:

nuestra confusión,

nuestro miedo,

nuestro amor imperfecto.

He dejado de querer impresionar.

Quiero ser conocido.

Quiero conocer a los demás.

No por sus logros,

ni por sus poses,

sino por las verdades calladas que llevan dentro.

No necesito que nadie sea perfecto.

Necesito que estén presentes.

Que me encuentren en algún punto bajo la superficie.

Eso, para mí, es la verdadera fortaleza.

No la que domina multitudes,

sino la que se sienta frente a otro, sin defensas,

y dice:

“A mí también me pasa.

Yo tampoco lo tengo todo claro.”

Puede que el mundo nunca recompense esa clase de honestidad con aplausos.

Pero sí la recompensa con conexión —con momentos que se sienten reales, humanos, duraderos.

Y al final, creo que esa es la única forma de reconocimiento que realmente importa.

No la ilusión de certeza,

ni la puesta en escena de la fuerza,

sino la disposición a volver,

una y otra vez,

a ese lugar silencioso dentro de nosotros—

el lugar donde somos falibles,

abiertos,

y plenamente vivos.

*

Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, 28 de mayo, 2025

« La Intersección de las Creencias Supersticiosas en Venezuela »

February 8, 2025

*

Triangulación 36
22″ x 30″
Body color, sanguina, sepia y tinta Sumi sobre papel
2008

*

El Poder del Mito y el Cuento

El Cuento ha sido durante largo tiempo la forma en que la humanidad intenta dar sentido a lo desconocido, un hilo perdurable que entrelaza aspiraciones, temores y triunfos en una alegoría.    Los mitos, como los de Júpiter, reflejan nuestro deseo de poder, resiliencia y lo divino, sirviendo como ecos de las luchas que nos definen.    Ya sea en las pruebas de dioses y héroes o en las humildes peripecias de la vida cotidiana, estas narrativas nos ofrecen un medio para navegar por la naturaleza desconcertante de la existencia.

El misterio perdura en los pliegues de la naturaleza, provocando el impulso humano eterno de explicar, justificar y creer.    La superstición prospera donde la incertidumbre prevalece, ofreciendo una ilusión de control, una manera de interpretar lo incontrolable.    Pero, ¿adónde nos lleva esto? ¿Susurra la superstición en los oídos del poder, moldeando las visiones de quienes gobiernan?    Incluso en naciones donde los medios de comunicación protegen a los líderes del escrutinio, la fascinación por lo esotérico persiste, con sus expresiones abiertas pero sus mecanismos velados, oscurecidos por el secreto y el temor conspirativo.

Así como las mitologías modelaron a las civilizaciones, la superstición sigue profundamente entrelazada en las culturas modernas.    Se manifiesta en ritos y rituales, en susurros y observancias calladas, en los gestos de aquellos que buscan certeza donde la razón vacila.    Y sin embargo, por mucho que ofrezca consuelo, ¿impulsa o frena?    Una sociedad atrapada entre la superstición y la racionalidad se encuentra en un umbral, vacilante entre el pasado y las demandas de un mundo en evolución.

La Santería y el Espiritismo en Venezuela

La Santería y el Espiritismo han echado raíces en Venezuela, especialmente en tiempos de crisis.    La Santería, una fusión sincrética de tradiciones afrocaribeñas, incorpora elementos del catolicismo, la espiritualidad indígena y las creencias africanas.    Sus rituales suelen buscar la comunicación con los espíritus, un puente entre los vivos y los muertos.    El Espiritismo, por su parte, también se centra en las interacciones con los muertos y lo sobrenatural.    Ambos sistemas de creencias, aunque distintos, se entrelazan a menudo en el diverso paisaje espiritual de Venezuela.

El Culto de María Lionza

En el corazón de las tradiciones esotéricas de Venezuela se encuentra el culto de María Lionza, una figura enigmática que cruza las fronteras entre las creencias indígenas, africanas y católicas.    Es venerada como una diosa de la naturaleza, el amor y la armonía, y su presencia se invoca en ceremonias en las que se canalizan los espíritus de aquellos que han partido, figuras tan diversas como el doctor José Gregorio Hernández, jefes indígenas precolombinos, iconos militares como Simón Bolívar e incluso el difunto Hugo Chávez.

Uno de los medios más prominentes es Edward Guidice, quien canaliza el espíritu de Emeregildo, una figura a la que se le atribuyen habilidades curativas extraordinarias.    El resurgimiento de estas prácticas se debe en parte a la crisis sanitaria de Venezuela, donde el limitado acceso a tratamientos médicos ha impulsado a muchos a buscar sanación espiritual alternativa.

Superstición y Modernización

La superstición y la modernidad coexisten en una proximidad incómoda, siendo la primera un refugio ante la incertidumbre y la segunda una marea imparable.    En Venezuela, estas creencias permeabilizan no solo el ámbito privado, sino también las esferas del gobierno, la salud y el orden social.    Lo esotérico susurra por los pasillos del poder, permanece en las decisiones de quienes lideran y echa raíces donde las instituciones se desmoronan.

Más allá de la superstición se encuentra la brujería, el acto deliberado de inclinar las fuerzas invisibles hacia la voluntad humana.    Es una fuerza temida, hablada en susurros, con sus practicantes siendo tanto buscados como condenados.    A diferencia de la creencia pasiva, la brujería se impone sobre el mundo, modelando los resultados, influyendo en los destinos.    Existen en los márgenes, pero su sombra se extiende por todo el entramado social.

Mientras Venezuela enfrenta sus tribulaciones, la superstición sigue siendo una fiel compañera.    Consuela, explica, llama.    Sin embargo, entre sus consuelos y limitaciones yace una pregunta:    ¿fortalece o limita?    La respuesta, como siempre, queda en los espacios entre la fe y la razón, entre lo visto y lo meramente creído.

Ricardo Federico Morín Tortolero, febrero 8, 2025, Oakland Park, Fl.

« Las cadenas del poder »

January 19, 2025

*

« Ascensión »CGI, 2005 por Ricardo Morín

Introducción


l

La fuerza bruta se curva y distorsiona . . . .    « Ascensión » refleja el cuerpo, que se tensa contra un andamiaje que encarna las fuerzas turbulentas que habitamos. [1]    Estos elementos enmarcan una reflexión no sólo sobre las luchas de Venezuela, sino también sobre la gravedad universal del poder que nos atrapa a todos.    Me pregunto si culpar a estas fuerzas simplifica en exceso un sistema que se nutre de la complicidad colectiva.    ¿Puede la autocompasión hacernos responsables sin sucumbir a la culpa, cuando la desesperación paraliza?

Posicionada entre « El arroyo de Erminio » (una fábula de renovación) y « El desenmascaramiento de la desilusión » (un ensayo de próxima publicación sobre la responsabilidad histórica), « Las cadenas del poder » prosigue su viaje a través de los enredos, las responsabilidades y la eterna búsqueda de la auto-liberación.    [2]

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LAS CADENAS DEL PODER

I
Mientras mi marido conducía de Fort Lauderdale a Orlando, tuve una conversación con mi amigo BBT.    Fue una de esas conversaciones inquietantes que revela cómo las vastas fuerzas pueden abrumarnos.    Él habló del poder, no como una herramienta, ni siquiera como un deseo, sino como la fuerza primitiva que empuja a la humanidad hacia las oligarquías autoritarias.    La codicia, según él, es secundaria, un síntoma de algo más profundo:    la irresistible gravedad del poder mismo.

II
Pensé en Michel Foucault y sus teorías sobre el poder, y por un momento, sentí un destello de claridad.    Pero cuanto más intentaba articular sus ideas, más inadecuadas me parecían.    El peso de la realidad aplasta las disertaciones académicas mientras el mundo desciende a la ruina.    No logramos reconocernos como criaturas atrapadas por nuestros propios errores.

III
Entonces, recordé la voz de mi prima Ivelisse, temblorosa mientras contenía las lágrimas, al contarme la inauguración de Nicolás Maduro, el 10 de enero.    Para ella, no fue sólo un evento político; fue un símbolo de nuestra caída, de nuestra disolución como pueblo.    Su desesperación era la mía, y la nuestra era la de Venezuela: una nación que habitualmente confía en salvadores que nunca llegan.

IV
A través del mundo, el poder y la codicia—legitimados por el crimen o no—justifican el ascenso de la tiranía.    Y nosotros, en nuestra confusión, no tenemos respuestas ante estas mareas de ambición descontrolada.

V
BBT, siempre pragmático, dijo simplemente:    “Sólo disfruta”.    Su consejo me hirió y me reconfortó a la vez.    Pero, ¿cómo podía yo?    ¿Cómo podría disfrutar de algo cuando el mundo parece tan frágil?    Cada pensamiento regresa a las mismas preguntas:    ¿Qué puedo hacer para contrarrestar estas fuerzas?    ¿Cómo puedo entender esta lucha?

VI
Aún así, me aferro a una creencia:    que un día, surgirá un despertar colectivo, una marea creciente de conciencia.    Si ha de haber un mundo mejor, no vendrá de los salvadores ni de las luchas por el poder, sino de la alineación de mentes y corazones.    Mi papel, si es que tenga alguno, es contribuir a ese legado—no por fama o ambición, sino por la paz.

VII
La paz es lo que busco, no sólo para mí, sino para los demás:    un legado que trascienda mi propia vida, uno que sirva como una resistencia silenciosa a las fuerzas de la codicia y el poder.    Sólo entonces, quizás, encontraré la simplicidad de la que hablaba BBT—no como rendición, sino como comprensión.

Postscriptum


Es fácil perder de vista las corrientes más profundas que nos impulsan, particularmente cuando estamos sumidos en las mareas de la ambición, el poder y el cinismo.    En momentos de crisis, estas fuerzas surgen, a menudo oscureciendo nuestro juicio y desviándonos de nuestro curso.    Sin embargo, en medio de su abrumadora presencia, una verdad permanece:    rendirse al amor nos sustenta.

Al final, lo que realmente importa es el amor.    Sólo él nos sostiene por encima de todo lo demás.    Puede anclarnos contra las fuerzas que amenazan con desviarnos.    Tal vez, con ese reconocimiento es donde comienza la paz—no en el mundo exterior ni en su falta de validación, sino en la quieta aceptación de lo que podemos cambiar y lo que no podemos.

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Ricardo Federico Morín Tortolero

Bala Cynwyd, Pa, enero 19, 2025

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Notas al pie:
[1]    Ricardo Morin, « Ascension »CGI, 2005.    https://www.ricardomorin.com/06_3-D_html/01.html, Repositorio del sitio web del artista https://www.ricardomorin.com/3-d-digital.html
[2]    Ricardo Morín, El arroyo de Erminio, WordPress, 29 de diciembre de 2024,    https://observationsonthenatureofperception.com/2024/12/29/the-stream-of-hermes/

« Interacciones Platónicas »

August 5, 2023
Imagen 1: Série Platónica # 00023 - CGI de Ricardo Morin © 2018
Imagen 1: Série Platónica # 00023 – CGI de Ricardo Morín – © 2018.

En las últimas dos décadas, he centrado mis intereses pictóricos en la representación de poliedros regulares, su historia desde el período clásico y sus diferentes motivaciones.   Platón creía que los poliedros regulares representaban los cinco elementos del universo y que ellos formaban una parte sagrada de la geometría.   Para los geómetras modernos en particular, el universo encaja en la forma de un dodecaedro, algo así como una pelota de fútbol.

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Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI by Ricardo Morin– ©2023.
Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI de Ricardo Morín – ©2023.

  «Interacciones platónicas» comenzó con la belleza que encontré en las formas de Platón.   Para mí, la proporcionalidad de la media áurea es de suma importancia.   Sus geometrías se destacan como una armonía visual unificada y congruente.   Similares a las mándalas para la meditación, evocan el universo en general.   En mi visión anido unas dentro de otras en un bosque abiertamente enrejado entre tonos y formas, complementarias y análogas.   Aunque los poliedros regulares sean simétricos, su rotación permite una multiplicidad de ángulos visuales, cada uno lleno de fuerza vital.   «Interacciones platónicas» es un arreglo de imágenes que generan vida.   Las compongo alrededor de la melodía del Preludio de Johann Sebastian Bach – Cello Suite 3 – interpretado por Jon Sayles.

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Imagen 3: Figura 3 «Triangulación platónica» de Ricardo Morín, 22’ x 30”. ‘Body color’ y grafito sobre papel – ©2008.

Ya en 2005 había iniciado una serie de óleos y dibujos titulada «Infinito», la cual partía de las premisas antes mencionadas.   En ese contexto, el perímetro de una pintura abstracta cumple la misma función que la media áurea para la proporcionalidad.   La superposición del ángulo recto del triángulo refuerza la media áurea de la pintura.   La infinitud se implica a través de la propia superficie del cuadro y sus formas abstractas.

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A partir de 2018 abandoné el médium del óleo para dedicarme a las pinturas digitales.   Las pinturas digitales, impresas y manipuladas sobre lienzo, cuentan hoy con sesenta y cuatro imágenes.   «Interacciones platónicas» utiliza cincuenta de éstas, ordenadas secuencialmente.   Además, las organizo en dos mosaicos, uno de 5 x 5 cuadrados y el otro de 7 x 7 cuadrados (tal como se ve en la imagen 2 arriba).

Ricardo F. Morín

Editado por Billy Bussell Thompson

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Bala Cynwyd, Pa., 5 de agosto, 2023