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« Preguntas que contienen sus respuestas »

August 3, 2025

Ricardo Morin
Sonata Series
Each 30″x 22″= 60″h x 66″ overall
Watercolor on paper
2003

Por Ricardo Morin

3 de Agosto de 2025

El repique de Whittington, aunque enraizado en el contexto histórico y eclesiástico de St. Mary-le-Bow en Londres, habla un idioma mucho más amplio que sus orígenes. Cada quince minutos, su melodía marca el paso del tiempo—no con dominio ni insistencia, sino con una secuencia de tonos que parecen inclinarse hacia la atención, no hacia el control. No llama; invita. Su fraseo en cuatro partes se despliega a lo largo del día, dividiéndolo suavemente en intervalos de conciencia.

La hora no exige ser oída.

Se inclina, se rinde, respira.

En cuatro frases, el tiempo entra en su propia sombra—

No para mandar, sino para dejarse recibir.

La primera frase es escasa y anticipatoria. No anuncia nada—pero abre espacio para que algo comience. La segunda, algo más firme, sugiere que la forma de lo que vendrá ya se insinúa en lo que ha sido. La tercera se colma, como si reconociera que algo no dicho ha tomado forma. Y la cuarta no repite ni concluye—libera. Un cierre suave, un final sin imposición. No hace falta más.

Cuatro frases como huellas.

No hacia adelante, sino hacia dentro.

La última no completa a la primera—

Simplemente continúa sin exigencia.

El tiempo no se proclama ni se convoca—se acoge en silencio. La melodía cumple una función de orientación sutil. No reclama, no impone doctrina, no excluye a nadie. Requiere atención, no creencia. Atraviesa el espacio y entra en quien la permite, y al hacerlo, revela que el tiempo no es una línea a seguir, sino un recipiente por llenar.

No hay mensaje, solo ritmo.

No hay doctrina, solo forma.

No es un sendero que se recorre,

Sino una figura que se habita.

Esta entrega—esta disposición sutil a escuchar—no es debilidad, ni pasividad. Es una forma de disponibilidad interior, una actitud de fe en aquello que no se impone. Al oír la campanada a lo lejos—por una ventana abierta, al cruzar una calle vacía, o en medio de una noche en vela—se vuelve evidente que la fidelidad no es rigidez. Es una manera de anclaje, un pulso que recuerda algo más que la medida: la posibilidad de que el ritmo mismo sea una forma de memoria.

Hay cosas que perduran no porque nos retienen—

Sino porque regresan.

Cada llegada es una súplica suave:

¿Estás escuchando ahora?

Para que el tiempo transforme, el recipiente debe permanecer abierto. Y la apertura no es vacío en sentido negativo, sino la plenitud de una receptividad que escucha antes de responder. Aquí hay patrones, pero no atan. Se despliegan. Cada frase en el repique permite que lo anterior resuene—levemente, sin repetirse—y luego sigue sin imitar. No busca novedad ni se aferra a lo pasado.

Simplemente llega.

Un eco no exige respuesta.

Espera hasta que la forma del silencio

Comience a devolvérselo en canto.

Así, la melodía se vuelve una ofrenda. Y si hay significado en sus intervalos, no se impone desde fuera. Se revela en el acto de escuchar. Cada persona que la oye forma parte de su estructura, no por añadirle algo, sino por recibirla. Y al recibirla, también se transforma.

Algunas preguntas no buscan respuesta.

Buscan un lugar donde descansar.

Llevan sus respuestas plegadas en sí mismas—

Solo esperan ser oídas.

Solemos pensar en la llegada como el final de algo—como la culminación de una búsqueda. Pero quizá no sea el último paso lo que más importa. Quizá lo esencial sea el despliegue silencioso que nos prepara para ese encuentro. El repique no entrega nada. Acompaña. Afirma que el movimiento puede ser suave, que el orden puede servir a la gracia, y que el sentido no se alcanza, sino que se despierta.

Sin estridencias, sin urgencia,

Llega, y lo reconocemos—

No porque lo esperábamos,

Sino porque estábamos escuchando.

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« Interacciones Platónicas »

August 5, 2023
Imagen 1: Série Platónica # 00023 - CGI de Ricardo Morin © 2018
Imagen 1: Série Platónica # 00023 – CGI de Ricardo Morín – © 2018.

En las últimas dos décadas, he centrado mis intereses pictóricos en la representación de poliedros regulares, su historia desde el período clásico y sus diferentes motivaciones.   Platón creía que los poliedros regulares representaban los cinco elementos del universo y que ellos formaban una parte sagrada de la geometría.   Para los geómetras modernos en particular, el universo encaja en la forma de un dodecaedro, algo así como una pelota de fútbol.

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Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI by Ricardo Morin– ©2023.
Imagen 2: «Platonic Interacciones Platónicas Composite» – CGI de Ricardo Morín – ©2023.

  «Interacciones platónicas» comenzó con la belleza que encontré en las formas de Platón.   Para mí, la proporcionalidad de la media áurea es de suma importancia.   Sus geometrías se destacan como una armonía visual unificada y congruente.   Similares a las mándalas para la meditación, evocan el universo en general.   En mi visión anido unas dentro de otras en un bosque abiertamente enrejado entre tonos y formas, complementarias y análogas.   Aunque los poliedros regulares sean simétricos, su rotación permite una multiplicidad de ángulos visuales, cada uno lleno de fuerza vital.   «Interacciones platónicas» es un arreglo de imágenes que generan vida.   Las compongo alrededor de la melodía del Preludio de Johann Sebastian Bach – Cello Suite 3 – interpretado por Jon Sayles.

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Imagen 3: Figura 3 «Triangulación platónica» de Ricardo Morín, 22’ x 30”. ‘Body color’ y grafito sobre papel – ©2008.

Ya en 2005 había iniciado una serie de óleos y dibujos titulada «Infinito», la cual partía de las premisas antes mencionadas.   En ese contexto, el perímetro de una pintura abstracta cumple la misma función que la media áurea para la proporcionalidad.   La superposición del ángulo recto del triángulo refuerza la media áurea de la pintura.   La infinitud se implica a través de la propia superficie del cuadro y sus formas abstractas.

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A partir de 2018 abandoné el médium del óleo para dedicarme a las pinturas digitales.   Las pinturas digitales, impresas y manipuladas sobre lienzo, cuentan hoy con sesenta y cuatro imágenes.   «Interacciones platónicas» utiliza cincuenta de éstas, ordenadas secuencialmente.   Además, las organizo en dos mosaicos, uno de 5 x 5 cuadrados y el otro de 7 x 7 cuadrados (tal como se ve en la imagen 2 arriba).

Ricardo F. Morín

Editado por Billy Bussell Thompson

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Bala Cynwyd, Pa., 5 de agosto, 2023