Posts Tagged ‘Confianza cívica’

« El vínculo primario »

August 18, 2025

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Ricardo Morin
Still Forty-three
Oil on linen
14″ x 18″ x 3/4″
2012

Para quienes saben que la palabra más tajante no puede sustituir el simple acto de responder con ternura.


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Ricardo Morin —13 de agosto de 2025— Bala Cynwyd, Pensilvania

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La ternura —una apertura deliberada que busca el bienestar del otro mediante un simple gesto de acogida, la delicadeza y el respeto— no se sitúa en simple oposición a la agresión, entendida aquí como la afirmación enérgica de la propia voluntad de un modo capaz de herir, coartar o dominar. Ambas pueden existir sin la otra, y sin embargo a menudo se encuentran en un mismo instante, alterando la naturaleza de un conflicto o suavizando su intransigencia.

En un mundo habitado por el resentimiento y el temor a sufrir —sentimientos que pueden ser tan reales como exagerados— la ternura surge no como una negación, sino como una modulación de esas mismas fuerzas, como cuando una discusión acalorada se interrumpe porque una de las personas, de manera instintiva, ofrece una silla a la otra; como en incontables momentos, tanto ordinarios como profundos, en los que la atención y el daño se cruzan.

Allí donde la causalidad pretende imponerse como medida de las emociones humanas, lo que en realidad se manifiesta son preferencias y condicionamientos: hábitos de respuesta que alternan entre la atracción delicada que calma y el impulso que hiere. Como cuando dos adversarios, tras una discusión encendida, bajan la voz para escucharse mejor —un ajuste que atenúa la hostilidad sin borrarla.

La ternura, entonces, no es la ausencia de agresión, sino un espejo que revela el tejido en el que ambas se hallan unidas desde un mismo origen. Puede verse cuando una enfermera agotada, después de un turno interminable, todavía se toma el tiempo de acomodar la manta de un paciente. El gesto es pequeño, pero surge del mismo terreno humano en el que la impaciencia y el cansancio podrían fácilmente inclinarse hacia la aspereza.

Como señuelo, la ternura encierra una ambigüedad que la hace tan irresistible como desconcertante. Su aparente fragilidad desarma sin violencia, obligando a la agresión a contemplarse en un reflejo inesperado: un gesto suave que interrumpe el impulso de dañar y lo deja sin sustento.

No es una estratagema calculada, sino una atracción natural que apela a recuerdos anteriores a la desconfianza, cuando el contacto era una necesidad y no una amenaza. Como cuando, tras años de silencio y ofensa, un hijo acude a cuidar a su padre enfermo. El resentimiento persiste, pero en ese acto de asistencia late la misma raíz que antaño sostuvo la cercanía.

En ese instante suspendido, la locura se suaviza, el miedo se disuelve, y lo que parecía un terreno de conflicto se convierte en un pasaje incierto pero abierto al alivio. En gestos así, la ternura no borra el conflicto, pero muestra cómo, incluso en medio de él, algo más antiguo y profundo sigue uniéndonos. Lo presencié una vez en el metro de Nueva York. Un hombre, molesto por la petición de ayuda de un desconocido con discapacidad, desvió su mirada airada hacia mí al cruzarse con la mía, firme. Se acercó como si fuera a golpearme, acercando su rostro al mío. Cerré los ojos y relajé el gesto. Privado de la mirada que había alimentado su agresión, dio un paso atrás —aún incómodo, pero sin seguir avanzando. Me alejé, el momento ya pasado, marcado por la forma en que un gesto mínimo puede aquietar el arco de una confrontación.

Allí se encuentra un vínculo primario que nos ata a la fuente de la vida, donde la ternura y la agresión no son polos aislados, sino expresiones del mismo tejido humano, como cuando una hermana, en una conversación tensa, le dice a su hermano mayor que aprendió de él su propia actitud combativa. Él se irrita ante la afirmación, pero ambos saben que han llevado consigo esa misma dureza durante años y que ninguno puede culpar del todo al otro. El reconocimiento no trae una reconciliación fácil, pero acorta la distancia entre ellos.

Desde el primer vínculo, el cuerpo aprende a reconocer las señales más mínimas: el calor que acoge, la presión que amenaza, el pulso que se acelera o se calma. Como cuando, en medio de una batalla, un soldado ofrece agua al prisionero que instantes antes era su enemigo. Allí, antes de que existan las palabras, se forman los hábitos que luego llamamos preferencias o temores. Por eso la ternura puede ceder paso a la agresión sin imponer derrota; la expone a un reconocimiento involuntario, devolviéndole la memoria de su propia raíz. Y en ese reconocimiento, incluso el impulso más hostil encuentra, aunque sea por un momento, su desarme.

La ternura no elimina el conflicto ni borra sus causas, pero cambia su rumbo: abre un momento en el que la certeza de la herida deja paso a la posibilidad del esmero afectivo. No es una cura para todo, pero en su sencilla forma de llamar y ser escuchada, revela que incluso la agresión más firme necesita ser reconocida. Y en ese reconocimiento, ambas —ternura y agresión— muestran que brotan del mismo lugar humano.

La presencia de la ternura en nuestros intercambios no es sólo una virtud privada, sino también una necesidad cívica, pues sostiene la confianza y el reconocimiento sin los cuales las comunidades se fracturan y no pueden perdurar.

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Bibliografía anotada:

  • Fromm, Erich: El arte de amar. Barcelona: Paidós, 2006. (Erich Fromm examina la naturaleza del amor como acto de voluntad y compromiso, distinguiendo la ternura como expresión madura frente a formas inmaduras de afecto.)
  • Gilligan, Carol: La moral y la teoría: Psicología del desarrollo femenino. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1993. (Carol Gilligan propone una ética del gsto de atención afectiva que coloca la empatía y la ternura en el centro de las relaciones humanas, en contraste con modelos basados en la justicia abstracta.)
  • Keltner, Dacher: Nacidos para ser buenos: La ciencia de una vida significativa. Barcelona: Urano, 2010. (Dacher Keltner explora la base evolutiva y neurobiológica de las emociones prosociales, incluida la ternura, como fuerzas que moldean la cooperación y la cohesión social.)
  • Nussbaum, Martha C.: Las fronteras de la justicia: Consideraciones sobre la exclusión social. Barcelona: Paidós, 2007. (Martha Nussbaum vincula la compasión y la ternura con el reconocimiento de la dignidad humana, subrayando su papel en la superación de la agresión estructural y la marginación.)

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« Una Hacienda independiente »

July 27, 2025

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Ricardo Morin
Una pregunta bordada
CGI
2025

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A la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal—
en reconocimiento al reto constante de conciliar la independencia institucional con la responsabilidad pública.


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Por Ricardo Morín

27 de Julio de 2025


Resumen

Este ensayo examina la validez conceptual de una tesorería independiente, libre del control ejecutivo y regida por un razonamiento económico a largo plazo, no partidista. Sostiene que la alineación de las instituciones fiscales con liderazgos políticos de corto plazo genera riesgos estructurales que comprometen la transparencia, la sostenibilidad y la confianza pública. En contraste, una tesorería autónoma —que opere bajo mandatos legales claros y dirigida por expertos profesionales— puede fomentar la estabilidad fiscal y la integridad, preservando a la vez la supervisión democrática esencial. El análisis rechaza tanto la subordinación ejecutiva como el absolutismo tecnocrático, proponiendo un modelo institucional equilibrado en el que la independencia funcione como una forma de moderación comprometida. Este concepto se refiere al límite estructurado y lícito del ejercicio de autoridad en favor del interés público a largo plazo, una disciplina fundamentada no en la desconexión, sino en la ética, la transparencia y la legalidad. Este planteamiento, abstraído de cualquier contexto nacional específico, se aplica ampliamente al diseño teórico de una gobernanza fiscal sólida.


El caso de una Tesorería Independiente

La cuestión de cómo debe estructurarse una tesorería —ya sea subordinada al liderazgo político o actuando de forma autónoma— plantea preocupaciones fundamentales sobre la integridad institucional, la responsabilidad fiscal y la rendición de cuentas democrática. Aunque las tesorerías son con frecuencia parte del aparato ejecutivo, existe un argumento teórico sólido para dotarlas de independencia política. Una tesorería alejada del control directo de las administraciones gobernantes y guiada por la experiencia económica, el pensamiento a largo plazo y mandatos públicos definidos puede proporcionar una base más estable y con mayor coherencia ética para la política fiscal.

En el centro de este argumento está el hecho de que las decisiones fiscales —como establecer el nivel de impuestos, asignar el gasto público o gestionar la deuda— trascienden con mucho la duración de los ciclos electorales o los periodos de los mandatos políticos. Si las operaciones de la tesorería responden a prioridades políticas de corto plazo, la política fiscal puede distorsionarse por razones oportunistas, mediante recortes de impuestos insostenibles, aumentos de gasto planificados políticamente o la ocultación de proyecciones de deuda incómodas. Estas distorsiones socavan tanto la credibilidad de la gestión fiscal como la estabilidad a largo plazo que sostiene la confianza pública y la solvencia financiera.

Un conjunto común de distorsiones incluye oleadas de gasto previas a los ciclos electorales que anteponen los beneficios políticos inmediatos al equilibrio fiscal duradero; la infraestimación estratégica o reclasificación de déficits para ocultar la verdadera condición fiscal; y la aplicación parcial de la normativa tributaria, donde las autoridades fiscales favorecen o perjudican selectivamente a ciertos grupos por motivos políticos. Estas prácticas no solo amenazan la sostenibilidad financiera, sino que también debilitan el papel de la tesorería como guardiana neutral de los recursos públicos.

La moderación comprometida es clave para enfrentar estos desafíos. Este concepto alude a un compromiso estructurado con los límites éticos y la gobernanza responsable. Es una forma de autoridad que se vincula voluntariamente al interés público, resistiendo tanto la captura política como la arrogancia tecnocrática. La moderación comprometida no equivale a la ausencia de poder, sino a su ejercicio disciplinado y transparente, fundamentado en la ley, la deliberación y la rendición de cuentas a largo plazo. Subraya el papel de la tesorería como custodio del bien público a lo largo de las transiciones políticas y los ciclos económicos.

Una tesorería autónoma, regulada por estatutos claros y dotada de expertos no partidistas, puede anclar la gestión fiscal en objetivos duraderos como la sostenibilidad, la equidad intergeneracional y la coherencia institucional. Su función no es sustituir la toma de decisiones democráticas, sino garantizar que dichas decisiones se ejecuten con coherencia, imparcialidad y competencia profesional. De la misma manera que ciertas instituciones responsables de la estabilidad macroeconómica están protegidas de las presiones políticas inmediatas, una tesorería también debería estarlo, especialmente en funciones como la previsión fiscal, la recaudación y la emisión de deuda.

La credibilidad de una tesorería independiente va más allá de su funcionamiento interno. Un comportamiento fiscal fiable y profesional infunde confianza en ciudadanos, inversores e instituciones. Cuando la gobernanza financiera no está sujeta a cambios abruptos ni manipulaciones partidistas, fomenta la confianza y favorece la inversión a largo plazo. Asimismo, la independencia contribuye a evitar la politización de la aplicación fiscal, reduciendo la tentación de utilizar la tributación o la regulación como instrumentos de favoritismo o represalia política.

Sin embargo, la independencia institucional no está exenta de riesgos. Las decisiones fiscales no son meramente técnicas, sino también morales y distributivas, ya que afectan a valores sociales, justicia y visiones diversas sobre el bien común. Excluir por completo estas decisiones del debate democrático puede derivar en excesos tecnocráticos, rigidez ideológica o desconexión de las condiciones reales. La experiencia profesional por sí sola no legitima decisiones que inciden en el bienestar y las prioridades sociales.

La solución no es la independencia absoluta, sino un equilibrio cuidadoso entre aislamiento y rendición de cuentas. Una tesorería diseñada para garantizar la neutralidad a largo plazo debe estar sujeta a mandatos claros, evaluaciones transparentes y procesos públicos visibles. Su liderazgo debería nombrarse mediante métodos plurales que reduzcan la captura por una única facción, y sus actuaciones deberían someterse a informes abiertos, auditorías independientes y control legal. Aunque protegida de la destitución arbitraria o la interferencia de corto plazo, debe responder, en última instancia, al marco legal y ético establecido por la sociedad a través de sus instituciones representativas.

Además, cualquier diseño institucional debe incorporar mecanismos de respuesta coordinada ante emergencias. Ninguna tesorería, por muy independiente que sea, debe quedar estructuralmente paralizada en momentos de crisis graves. Los protocolos temporales de colaboración con las autoridades políticas —limitados por ley y por tiempo— garantizan que la flexibilidad no comprometa la integridad.

En última instancia, la validez de una tesorería independiente no se basa únicamente en la competencia técnica, sino en preservar la confianza cívica. Cuando la gobernanza fiscal se rige por reglas y no por impulsos, por análisis en lugar de la improvisación, y por administración imparcial en lugar de intereses partidistas, se convierte en una fuerza estabilizadora de la vida pública. La forma institucional debe reflejar un compromiso doble: con la competencia profesional y la legitimidad democrática. La independencia, en este sentido, no es aislamiento sino moderación comprometida —un compromiso estructural con límites éticos y gobernanza responsable. Es el ejercicio disciplinado y transparente del poder, basado en la ley, la deliberación pública y la rendición de cuentas a largo plazo. Esta disciplina protege el papel de la tesorería como custodio del bien público en los cambios políticos y económicos.

Cualquier sociedad que desee asegurar la integridad a largo plazo de sus finanzas públicas debe enfrentarse a los incentivos estructurales que orientan su tesorería. Si la autoridad fiscal queda expuesta a agendas políticas efímeras, la sostenibilidad siempre será frágil. Pero si esa autoridad se aleja demasiado de la voz pública, corre el riesgo de perder la legitimidad en que se apoya. El reto consiste en construir instituciones duraderas sin que dejen de ser sensibles, disciplinadas sin opacidad e independientes sin renunciar a la responsabilidad.

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Bibliografía anotada

  • Blyth, Mark: Austerity: The History of a Dangerous Idea. New York: Oxford University Press, 2013 (Blyth explica cómo la austeridad, presentada como una necesidad técnica, ha sido utilizada históricamente como un instrumento político para reconfigurar el poder económico. Su análisis es crucial para comprender por qué una tesorería independiente no debe concebirse como una promotora automática de políticas restrictivas, sino como una institución comprometida con la sostenibilidad fiscal con responsabilidad social.)
  • Brunner, Roger: “Independent Fiscal Authorities: A Comparative Analysis”, Public Finance Quarterly 21 (4): 482–505. Thousand Oaks: Sage Publications, 1993 (Brunner ofrece un análisis comparativo de diferentes modelos de autoridades fiscales independientes. Su estudio proporciona una base empírica para evaluar cómo la independencia institucional puede equilibrarse con mecanismos eficaces de rendición de cuentas democrática.)
  • Goodhart, Charles, y Dimitrios Tsomocos: The Challenge of Fiscal Independence. London: CEPR Press, 2021 (Este volumen examina los desafíos conceptuales y prácticos que supone desvincular la política fiscal de las presiones políticas a corto plazo. Su aportación resulta clave para fundamentar el argumento de que la independencia fiscal requiere límites claramente definidos y legitimidad democrática para evitar la tecnocracia autorreferencial.)
  • Lledó, Victor, y Teresa Ter-Minassian: “Fiscal Councils and Independent Fiscal Institutions”. Washington: IMF Working Paper WP/22/47. International Monetary Fund, 2022 (Este trabajo del Fondo Monetario Internacional ofrece una visión detallada de las instituciones fiscales independientes en múltiples jurisdicciones. Subraya que la eficacia de dichas instituciones depende tanto de su diseño legal como de su integración en procesos democráticos transparentes.)
  • Ooms, Thomas: “Fiscal Policy and the Risk of Politicization”. Journal of Economic Perspectives 32 (3): 75–92. Nashville: American Economic Association, 2018 (Ooms argumenta que la politización de la política fiscal genera distorsiones significativas en la asignación de recursos. Su artículo apoya la idea de que una tesorería institucionalmente protegida puede reducir el riesgo de decisiones motivadas por intereses partidistas.)
  • Stiglitz, Joseph E.: Economics of the Public Sector. New York: W. W. Norton, 2000 (Este manual clásico ofrece un marco exhaustivo sobre la economía del sector público. La discusión de Stiglitz sobre los fallos de mercado y el papel de las instituciones proporciona una base teórica sólida para justificar el diseño cuidadoso de una tesorería con independencia estructural y responsabilidad pública.)
  • Wehner, Joachim: Legislatures and the Budget Process: The Myth of Fiscal Control. New York: Palgrave Macmillan, 2010 (Wehner cuestiona la presunción de que los parlamentos ejercen un control efectivo sobre el presupuesto público. Su obra sugiere que, ante esa debilidad legislativa, el fortalecimiento institucional de la tesorería puede ser un paso necesario para asegurar la transparencia y la disciplina fiscal).