« Sobre el lenguaje como circunstancia »

Ricardo F. Morín
Infinito 26
33 x 43 cm
Óleo sobre lino
2009

Ricardo F. Morin

16 de febrero 2026

Oakland Park, Fl

Escribir entre inglés y español introduce un campo cambiante en el que el significado no se transfiere intacto ni se sustituye por equivalencias directas.  Cada lengua posee formas propias de condensar o desplegar el sentido.  Algunos términos parecen precisos en una lengua y revelan ambigüedades cuando se examinan desde la otra.  El desplazamiento entre ambas no consiste únicamente en traducir ideas:  hace visibles supuestos que antes permanecían implícitos.

En ocasiones, el inglés permite concentrar múltiples matices en sustantivos abstractos que reúnen distintos niveles de significado.  El español suele exigir una claridad relacional mayor, desplegando esos matices mediante verbos, contexto o reformulación.  Cuando un concepto atraviesa ambas lenguas, las diferencias estructurales exponen distinciones que de otro modo pasarían inadvertidas.  Las palabras que parecen estables muestran capas adicionales de sentido.  La traducción deja de ser sustitución y se convierte en reconocimiento.

Este proceso no privilegia una lengua sobre la otra.  Cada una actúa como lente correctiva.  El inglés puede ofrecer concisión allí donde el español demanda precisión relacional:  el español puede exigir explicitación allí donde el inglés tolera abreviaturas conceptuales.  La comparación entre ambas introduce una forma de indagación.  El significado surge a través de la tensión, no mediante su resolución.

Trabajar entre lenguas modifica también el movimiento de la prosa.  Afirmaciones que parecen definitivas en una lengua se vuelven provisionales al ser replanteadas en la otra.  La reescritura invita a reconsiderar más que a confirmar.  El lenguaje pasa a formar parte de la circunstancia en la que el pensamiento se desarrolla, y no simplemente de su expresión.

Los ensayos de este corpus nacen de esa condición.  La escritura no comienza con la traducción como tarea posterior.  Desde el inicio, cada lengua informa a la otra.  Algunas formulaciones surgen en inglés y encuentran mayor claridad al examinarse desde el español; otras nacen en español y reconfiguran su equivalente en inglés.  El resultado no es duplicación ni adaptación, sino refinamiento recíproco.

Este enfoque no busca uniformidad entre lenguas.  Las diferencias permanecen presentes y, en ocasiones, sin resolver.  Precisamente allí aparece el matiz, sin necesidad de síntesis forzada.  El proceso refleja una atención constante a la alteridad, a la percepción y a la convivencia dentro del propio lenguaje.

En este sentido, el lenguaje no es un instrumento externo, sino parte de la indagación misma.  Escribir entre lenguas permite observar cómo el significado se configura a través de estructuras, contextos y relaciones.  La tarea no consiste en reconciliarlas plenamente, sino en permanecer atento a lo que se vuelve visible cuando una informa a la otra.