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Ricardo F. Morín
13 de Enero, 2026
Oakland Park, Fl
Nota del autor:
Esta entrega cierra el Capítulo XII, “El cuarto signo”. Presenta los §§ 26–34 bajo el encabezado “La asimetría de las sanciones”, y examina la aplicación desigual y los efectos diferenciados de las medidas económicas y políticas externas dentro del marco más amplio establecido por las secciones precedentes sobre la autocracia y Venezuela.
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Capítulo XII: Parte 3
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La asimetría de las sanciones
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Las sanciones se emplean con frecuencia como instrumento diplomático para debilitar regímenes autocráticos. Sin embargo, su uso revela una asimetría más profunda en la tensión entre responsabilidad democrática y persistencia autoritaria. Según datos del V-Dem Institute, cerca del 72 % de la población mundial vive actualmente bajo formas de gobierno autocráticas, la proporción más elevada desde 1978. Esta constatación obliga a reconsiderar las sanciones no como medidas excepcionales frente a regímenes aislados, sino como políticas aplicadas en un orden global donde la autocracia se ha convertido en la forma predominante de gobierno.
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Por un lado, las sanciones buscan aislar a las autocracias en los planos económico y político. Por otro, regímenes como el de Nicolás Maduro han demostrado una notable capacidad de adaptación frente a tales medidas. Su perdurabilidad pone de relieve los límites de instrumentos concebidos para un mundo en el que se presuponía la primacía de la democracia.
27a
Los desarrollos posteriores, incluida la remoción de Nicolás Maduro del poder, alteran el objeto inmediato hacia el cual se dirigían las sanciones, pero no resuelven las condiciones estructurales aquí examinadas. Las redes de autoridad, los arreglos institucionales y las alianzas externas que sostuvieron su mandato no han sido disueltas por su salida. Lo que se observa en este caso no es la permanencia de una figura individual, sino la persistencia de una estructura de gobierno capaz de adaptarse más allá de ella.
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Maduro ha tejido alianzas adversariales con el fin de eludir la presión externa y sostener su permanencia en el poder. Al invocar nociones de soberanía y resistencia frente a la influencia occidental, ha transformado el aislamiento en un relato de desafío.
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Este relato sirve de base para asociaciones con otros Estados autocráticos, entre ellos Rusia, China, Cuba, Irán y Turquía. [43] [44] [45] [46] [47] Impulsadas por intereses pragmáticos más que por una afinidad ideológica estricta, estas alianzas permiten a Venezuela atenuar los efectos previstos de las sanciones.
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El resultado es paradójico: mientras las sanciones aspiran a debilitar a las autocracias, contribuyen de manera involuntaria a su resiliencia. La dependencia de alianzas alternativas brinda a regímenes como el de Maduro acceso a recursos, apoyo militar y respaldo político, lo que a su vez los resguarda de disrupciones económicas severas y del escrutinio internacional. En un contexto donde la mayoría de la población mundial vive bajo regímenes autocráticos, la lógica del aislamiento pierde eficacia; se convierte en una lectura errónea del equilibrio global.
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De este modo, las sanciones favorecen la persistencia de la autocracia. Regímenes como el de Maduro explotan su aislamiento para presentarse como defensores de la soberanía nacional y de la resistencia frente a la hegemonía global. Esta dinámica refuerza la noción de un orden mundial multipolar. [48] A medida que el poder global se desplaza desde una dominación unipolar, estos regímenes encuentran nuevas vías para sostenerse.
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Al encuadrar su cooperación como resistencia a la primacía occidental, los regímenes autoritarios legitiman sus alianzas bajo el estandarte de la multipolaridad. Este reposicionamiento estratégico no solo elude las sanciones; reconfigura activamente el orden global. En la medida en que estos regímenes amplían su influencia, debilitan las normas democráticas al sustituirlas por un sistema en el que el poder se concentra sin rendición externa de cuentas.
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Este desplazamiento no se limita a regímenes como el de Maduro. Refleja una tendencia más amplia en la que el autoritarismo avanza aprovechando fracturas ideológicas internas en las sociedades democráticas. En Europa y Asia, movimientos nacionalistas y de derecha reproducen cada vez más narrativas alineadas con el Kremlin para intensificar el escepticismo hacia las instituciones occidentales. El ascenso de estas fuerzas en países como Hungría, Italia e India no constituye únicamente un giro interno; señala una convergencia con un marco global en el que la soberanía se invoca no para fortalecer a los ciudadanos, sino para aislar a los dirigentes de toda exigencia de responsabilidad.
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Contrariamente a la tesis de que el autoritarismo sería solo una reacción a la hegemonía estadounidense, su expansión revela un impulso propio que persiste al margen de la intervención de Estados Unidos. China y Rusia no buscan disputar el poder norteamericano en nombre de un orden más equitativo; aspiran a consolidar su autoridad sin restricciones externas. En este escenario, la división ideológica tradicional entre izquierda y derecha pierde centralidad frente a una confrontación más fundamental: la pugna entre la concentración del poder y la resiliencia democrática. [49] Ya sea bajo la forma del populismo o del nacionalismo, el objetivo permanece constante: debilitar los contrapesos institucionales y concentrar el poder sin una rendición de cuentas suficiente.
NOTAS FINALES
§ 29
- [43] En 2019, la empresa estatal rusa Rosneft gestionó cerca del 70 % de las exportaciones de crudo venezolano, eludiendo sanciones estadounidenses. Rusia también suministró equipamiento militar y programas de adiestramiento destinados a reforzar el control de Maduro sobre las fuerzas armadas.
- [44] La participación de China incluye empresas mixtas en la Faja del Orinoco, proyectos de infraestructura como el ferrocarril Tinaco–Anaco y programas habitacionales asociados a la Gran Misión Vivienda. Pese a dificultades operativas, estas iniciativas evidencian el interés estratégico chino en el sector energético venezolano.
- [45] De acuerdo con el Brookings Institution, Cuba y Venezuela han mantenido vínculos políticos y estratégicos estrechos, especialmente durante las administraciones de Chávez y Maduro. Esta relación ha abarcado cooperación en materia de seguridad e inteligencia. Instituciones cubanas han aportado formación, asesoría y apoyo técnico a fuerzas militares y de seguridad venezolanas, incluida la Dirección de Inteligencia (DI, G2), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Brigada Especial Nacional del Ministerio del Interior.
- [46] Irán ha respaldado a Venezuela mediante cooperación energética y militar, aportando combustible refinado y asistencia técnica para la industria petrolera. Acuerdos de trueque e intercambios tecnológicos, incluidos sistemas no tripulados, reflejan la profundización de esta alianza.
- [47] Turquía facilitó el comercio de oro venezolano, permitiendo al gobierno eludir sanciones. Este intercambio, que alcanzó aproximadamente 900 millones de dólares en 2018, ha sido cuestionado por su opacidad y por su vínculo con la minería ilegal en la región del Arco Minero.
§ 31
- [48] Pérez-Liñán, Aníbal y Mainwaring, Scott, Democracies and Dictatorships in Latin America: Emergence, Survival, and Fall (Cambridge: Cambridge University Press, 2014), 183–187, 199–202.
§ 34
- [49] Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel How Democracies Die (Nueva York: Crown, 2018), 212–215.
Tags: autocracia, geopolítica, orden multipolar, poder político, rendición de cuentas, sanciones, soberanía, Venezuela
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