« Intersección de las creencias supersticiosas en Venezuela »

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Triangulación 36
22″ x 30″
Body color, sanguina, sepia y tinta Sumi sobre papel
2008

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El poder del mito y la narración

La narración ha servido durante largo tiempo como un medio mediante el cual las personas ordenan e interpretan su experiencia, especialmente en situaciones cuyos resultados son inciertos o difíciles de explicar.  En distintas culturas, los relatos sobre dioses, héroes o figuras ejemplares ofrecen formas estructuradas de dar cuenta del conflicto, la resistencia y la resolución.  Estos relatos no se reducen a la imaginación:  establecen patrones reconocibles a través de los cuales la experiencia individual se vincula con formas compartidas de sentido.  Cuando los hechos exceden la comprensión inmediata, estos relatos permiten situarlos dentro de una secuencia inteligible.  En este sentido, el mito no funciona como una alternativa a la realidad, sino como un marco provisional que permite interpretarla bajo condiciones de incertidumbre.

La incertidumbre genera la necesidad de explicación.  Cuando los hechos no pueden comprenderse ni preverse con facilidad, las personas buscan asignarles un sentido que reduzca la ambigüedad y restablezca una orientación.  En tales condiciones, los sistemas de creencias —sean religiosos, culturales o informales— proporcionan marcos interpretativos que ordenan aquello que, de otro modo, permanecería indeterminado.  Estos marcos no surgen de manera arbitraria; se desarrollan allí donde las formas institucionales o empíricas de explicación resultan limitadas, inaccesibles o insuficientes.  Su función no consiste únicamente en explicar, sino en estabilizar la percepción al ofrecer una lectura coherente de los hechos.  La cuestión, por tanto, no es si estos sistemas existen, sino cómo influyen en las decisiones, orientan las expectativas y operan dentro de estructuras más amplias de autoridad.

Los sistemas de creencias persisten más allá de su formación inicial cuando continúan ofreciendo valor explicativo bajo condiciones cambiantes.  En contextos contemporáneos, las prácticas comúnmente identificadas como superstición surgen en situaciones donde la incertidumbre permanece sin resolverse a pesar de la presencia de instituciones formales.  Estas prácticas se manifiestan en acciones repetidas, conductas ritualizadas y expectativas compartidas que orientan la toma de decisiones en ausencia de resultados confiables.  Su permanencia no indica una oposición simple entre tradición y modernidad, sino la coexistencia de múltiples marcos interpretativos que operan de manera simultánea.  Una sociedad en la que estos marcos se superponen no se define únicamente por la presencia de creencias, sino por la forma en que estas influyen en la conducta, orientan las decisiones y se articulan con estructuras institucionales que no logran resolver plenamente la incertidumbre.

Santería y espiritismo

En Venezuela, las prácticas comúnmente identificadas como santería y espiritismo están presentes tanto en ámbitos privados como colectivos, especialmente durante períodos de inestabilidad económica o institucional.  Estas prácticas implican formas estructuradas de interacción con intermediarios simbólicos o espirituales a través de rituales, consultas y acciones prescritas.  Quienes participan en ellas pueden buscar orientación, protección o la resolución de problemas específicos cuando las respuestas institucionales resultan tardías, inaccesibles o insuficientes.  Su recurrencia se observa en la repetición de consultas, el uso de objetos rituales y la incorporación de conductas prescritas en la toma de decisiones cotidianas.  Estas prácticas no sustituyen por completo a los sistemas formales, sino que operan junto a ellos como un marco adicional de interpretación mediante el cual las personas intentan actuar en condiciones que siguen siendo difíciles de prever.

En el caso descrito, la diferencia no reside en la presencia de creencias, sino en el momento en que estas pasan a orientar decisiones que antes dependían de consultas médicas o tratamientos prescritos.  Esto puede observarse cuando, ante la falta de acceso o eficacia de servicios de salud, se sustituyen consultas clínicas por consultas rituales, o cuando indicaciones no médicas reemplazan tratamientos prescritos.  Aunque la autosugestión puede producir cambios biológicos observables, estos no siempre pueden preverse ni atribuirse de manera directa a un solo factor.  En estos casos, la cuestión deja de ser cómo se interpretan los hechos y pasa a ser cómo se actúa frente a ellos.  La tensión se hace visible en esa sustitución:  cuando una forma de orientación desplaza a otra en decisiones que tienen consecuencias verificables.

La secta de María Lionza

En Venezuela, la figura de María Lionza ocupa un lugar central dentro de un conjunto de prácticas que integran tradiciones indígenas, africanas y católicas.  Las actividades devocionales asociadas a esta figura incluyen encuentros organizados, ceremonias rituales y la invocación de entidades identificadas como espíritus de figuras históricas o simbólicas.  Los participantes refieren experiencias en las que ciertos médiums entran en estados alterados y comunican mensajes atribuidos a dichas entidades.  Estas prácticas suelen buscarse con el propósito de obtener orientación, atender asuntos personales o familiares, o intervenir en situaciones que no encuentran resolución por vías convencionales.  Su recurrencia se observa en la periodicidad de las ceremonias, en la presencia sostenida de médiums reconocidos y en la transmisión de conocimientos rituales entre los participantes.  Su función no se limita a la creencia, sino que influye en la toma de decisiones, refuerza expectativas compartidas y ofrece un marco interpretativo para actuar en condiciones de incertidumbre.

Cuando el acceso a servicios de salud se vuelve limitado o inestable, algunas personas recurren a practicantes vinculados a marcos espirituales o rituales.  Este desplazamiento ocurre cuando los servicios formales resultan inaccesibles, tardíos o no ofrecen resultados satisfactorios.  En esos casos, se busca a médiums o sanadores que proponen diagnósticos o intervenciones basadas en criterios no clínicos.  Este cambio se observa en la sustitución de consultas médicas por prácticas rituales, en el uso de indicaciones no médicas y en la toma de decisiones guiadas por orientaciones atribuidas a intermediarios espirituales.  Como consecuencia, los criterios para evaluar resultados dejan de apoyarse en la validación institucional y pasan a depender de la experiencia directa, del testimonio y de la repetición.  La expansión de estas prácticas corresponde, por tanto, a limitaciones concretas dentro de los sistemas formales, y no únicamente a la creencia.

En el caso descrito, la diferencia no reside en la presencia de creencias, sino en el momento en que estas pasan a orientar decisiones que antes dependían de consultas médicas o tratamientos prescritos.  Esto puede observarse cuando, ante la falta de acceso o eficacia de servicios de salud, se sustituyen consultas clínicas por consultas rituales, o cuando indicaciones no médicas reemplazan tratamientos prescritos.  Aunque la autosugestión puede producir cambios biológicos observables, estos no siempre pueden preverse ni atribuirse de manera directa a un solo factor.  En estos casos, la cuestión deja de ser cómo se interpretan los hechos y pasa a ser cómo se actúa frente a ellos.  La tensión se hace visible en esa sustitución:  cuando una forma de orientación desplaza a otra en decisiones que tienen consecuencias verificables.

Superstición y modernización

Las prácticas sustentadas en creencias y los marcos institucionales formales suelen operar de manera simultánea, más que en oposición directa.  En Venezuela, estas prácticas pueden observarse no solo en ámbitos privados, sino también en decisiones que afectan la salud, la actividad económica y la coordinación social.  Quienes participan en sistemas de creencias pueden incorporar orientaciones derivadas de ellos en decisiones que, en otras circunstancias, dependerían de procedimientos formales o de criterios institucionales.  Esta influencia no requiere autoridad formal para ser efectiva:  opera a través de la convicción personal, de expectativas compartidas y de validaciones repetidas dentro de redes sociales.  Como resultado, varios marcos interpretativos pueden coexistir dentro de un mismo entorno de decisión, unas veces reforzando y otras complicando la aplicación de reglas institucionales.  El resultado no es la sustitución de un sistema por otro, sino la interacción de estructuras paralelas que orientan la conducta en condiciones donde los mecanismos formales no logran resolver plenamente la incertidumbre.

Además de las prácticas de creencia que ofrecen explicación u orientación, existen también otras en las que se atribuye una influencia deliberada a fuerzas no observables.  Estas prácticas suelen describirse en términos de intervención, protección o daño, y pueden implicar el uso intencional de rituales, objetos o intermediarios a los que se les atribuye la capacidad de afectar resultados.  La presencia de estas creencias se observa en conductas precautorias, patrones de evitación y decisiones adoptadas en anticipación a una influencia percibida.  Algunas personas recurren a practicantes no solo para interpretar los hechos, sino para intentar modificar resultados esperados mediante acciones prescritas.  Independientemente de que esa influencia pueda demostrarse, la creencia en su posibilidad afecta la conducta al moldear expectativas, redirigir decisiones y reforzar marcos interpretativos que exceden la verificación empírica.  En este sentido, la importancia de estas prácticas reside en su efecto observable sobre la conducta, más que en la validación de las fuerzas que invocan.

Bajo condiciones de incertidumbre sostenida, las prácticas basadas en creencias persisten porque ofrecen respuestas interpretativas y prácticas allí donde los sistemas formales permanecen incompletos o resultan poco confiables.  Estas prácticas no actúan de manera aislada, sino junto a marcos institucionales que también influyen en la forma en que las personas interpretan los hechos y toman decisiones dentro de entornos restringidos.  Su presencia no solo refleja la continuidad de tradiciones anteriores, sino también respuestas actuales a condiciones presentes en las que los resultados siguen siendo difíciles de prever.  La cuestión no consiste en si tales creencias deben ser reducidas o sustituidas por sistemas formales, sino en cómo entender su influencia en relación con la conducta observable, los procesos de decisión y los límites de la capacidad institucional.  En este sentido, el análisis de las prácticas basadas en creencias exige atención a las condiciones que las producen, a los mecanismos mediante los cuales operan y a los efectos que generan, en lugar de depender de descripciones simbólicas o interpretativas que no se sostienen en una secuencia demostrable.

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Ricardo Federico Morín Tortolero, 8 de febrero de 2025, Oakland Park, Fl.

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