« La quimera del excepcionalismo »


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Ricardo Morín
La quimera del excepcionalismo
1.º de seis
Cada uno: 76 × 56 cm
Conjunto total: 168 cm de alto × 168 cm en total
Acuarela sobre papel
2005


A la paradoja que divide en el mismo acto de buscar la unidad.


Por Ricardo Morín

18 de agosto de 2025, Bala Cynwyd, Pensilvania

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A lo largo de las tradiciones, la fe ha buscado articular las más altas aspiraciones de la humanidad. Escrituras, rituales y doctrinas se concibieron para dar forma a la gratitud, la humildad y la reverencia hacia la creación del universo. Sin embargo, una y otra vez, esos mismos legados han sido arrastrados al servicio de la división. La paradoja reside en cómo creencias que profesan una verdad universal se endurecen en reclamos de estatus excepcional, convirtiendo la revelación en rivalidad.

Las religiones que hunden sus raíces en textos como la Torá, el Antiguo Testamento y el Corán suelen insistir en la permanencia de sus verdades, anclando lo sagrado en un marco fijado en la antigüedad. Tal permanencia puede inspirar continuidad, pero al transponerse a la vida política se corre el riesgo de transformar la creencia en dogma, y de convertir el dogma en exclusión. Lo que comenzó como celebración de nuestra humanidad y de su creador se convierte así en un motor de contienda.

El síndrome del excepcionalismo no se limita a una sola fe. Surge allí donde la unicidad se confunde con superioridad, donde la memoria de un pueblo elegido o de un pacto sagrado se convierte en licencia para negar la dignidad de los demás. Judaísmo, cristianismo e islam —cada uno en su turno— han cargado con este peso. El creacionismo, las visiones del cielo, las doctrinas de rectitud: todas contienen semillas de inspiración, pero también de antagonismo cuando se contraponen a tradiciones rivales.

En este sentido, el excepcionalismo tiene menos de lo divino que de la necesidad humana de trazar límites. Al exaltar un camino como singular, las comunidades proyectan sombras sobre las demás, olvidando que la multiplicidad de creencias podría revelar, en cambio, la vastedad de aquello que la humanidad busca comprender. La cuestión no es si una tradición brilla más que otra, sino si la luz misma puede acapararse sin apagar el horizonte compartido.

La tragedia de confundir excepcionalismo con unicidad es que se toma un don por un arma. Ser único no significa ser superior; heredar una tradición no equivale a monopolizar la verdad. Las religiones, fieles a su esencia, señalan un misterio mayor que ellas mismas. Cuando caen en la rivalidad, lo oscurecen.

El desafío que tenemos ante nosotros es si la humanidad puede aprender a dejar que las religiones sirvan como lenguajes de gratitud en lugar de banderas de conquista. Si la fe ha de celebrar la creación, debe abrazar —y no sabotear— la unidad de la raza humana. De lo contrario, la promesa de la trascendencia se reduce a una lucha por la dominación, y lo que nació para honrar al creador se convierte en reflejo de nuestros instintos más destructivos.

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Bibliografía anotada

  • Armstrong, Karen. The Battle for God: A History of Fundamentalism. Nueva York: Ballantine Books, 2001. (Armstrong explora cómo las tradiciones religiosas del judaísmo, el cristianismo y el islam han producido formas militantes de fundamentalismo. Muestra cómo las pretensiones de verdad absoluta suelen distorsionar el propósito espiritual original, alimentando el conflicto en vez de la unidad.)
  • Girard, René. La violencia y lo sagrado. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1977. (Girard sostiene que las sociedades humanas suelen canalizar la violencia hacia estructuras ritualizadas de sacrificio. Sus ideas iluminan cómo el excepcionalismo religioso, lejos de reducir la violencia, puede redirigirla hacia los forasteros considerados una amenaza para la unicidad de la comunidad.)
  • Küng, Hans: Cristianismo y las religiones del mundo: Caminos de diálogo con el islam, el hinduismo y el budismo. Nueva York: Doubleday, 1986. (Küng aboga por el diálogo entre religiones, subrayando que ninguna puede reclamar monopolio de la verdad. Su obra desafía de manera directa las pretensiones excepcionalistas, alentando a las tradiciones a buscar un terreno ético común en lugar de rivalidad.)
  • Said, Edward W.: Cubriendo el islam: Cómo los medios y los expertos determinan cómo vemos al resto del mundo. Nueva York: Vintage, 1997. (Said critica las formas en que se ha retratado al islam como singularmente amenazante, mostrando cómo las narrativas del excepcionalismo se afianzan en el discurso político y cultural. Su análisis destaca cómo las percepciones externas refuerzan divisiones religiosas.)
  • Taylor, Charles. Una era secular. Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 2007. (Taylor examina cómo la modernidad ha transformado el papel de la religión, complicando las pretensiones de universalidad. Muestra cómo la fe persiste en sociedades pluralistas, pero también cómo los marcos excepcionalistas luchan por adaptarse en un paisaje humano diverso.)

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