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Ascension 3, 2005 CGI de Ricardo Morin
Introducción
En un mundo donde a menudo exigimos certeza y control, nos encontramos fragmentados y atrapados en cajas que nosotros mismos hemos creado, incapaces de abrazar la totalidad de nuestra existencia. La imagen ante ustedes captura esta tensión: un cuerpo suspendido en un delicado andamiaje, expuesto pero atado, vulnerable pero distante. El rojo carmesí que pulsa a través de la radiografía de esta figura refleja la intensidad emocional de nuestros conflictos internos: creencias irracionales, soledad y la distorsión de nuestros propios sentimientos. Aquí, encontramos un cuerpo que está presente y ausente al mismo tiempo, como el yo que intentamos controlar a través de dogmas rígidos, convicciones infundadas o la falsa seguridad de suposiciones no cuestionadas.
Tales creencias, presentes en la religión, la política y la cultura, ofrecen una apariencia de control en un mundo que no podemos comprender completamente. Sin embargo, a menudo nos atan más de lo que pensamos, llevándonos lejos de la autocompasión y una comprensión más profunda. Nos aferramos a ellas como anclas, buscando certeza, pero al hacerlo, solo nos aislamos más, oscureciendo la posibilidad de transformación y sanación. Así como el cuerpo permanece entero, aunque fragmentado, también podemos encontrar sanación al dejar ir las ilusiones que distorsionan nuestro sentido del yo.
Esta imagen invita a reflexionar sobre la tensión entre nuestros deseos de control y la realidad de nuestra vulnerabilidad emocional. Nuestra condición humana nos impulsa a regresar al cuerpo, a nosotros mismos, y a la verdad del ser, libres de las distorsiones que nos impiden abrazar la autenticidad cruda de la vida.
Sección I
Irracionalidad
La ignorancia es una condición esencial de nuestra existencia, a pesar de nuestro deseo arrogante de controlar el conocimiento. Somos como viajeros en una densa niebla, atisbando sombras de árboles que parecen estar tanto cerca como lejos, cada paso revelando algo nuevo mientras oculta lo que pensábamos entender. Esta niebla invita a la exploración, no a la erradicación, ya que su presencia nos recuerda que la certeza es una ilusión. En el momento en que intentamos disiparla por completo—exigiendo certeza y dominio—rechazamos la profundidad y riqueza de la incertidumbre y la cambiamos por la rigidez de creencias superficiales y dogmáticas. Aceptar esta incertidumbre es aceptar la vastedad de lo que permanece desconocido, liberándonos de la parálisis de una falsa claridad.
Sección II
Poder transformador del amor y la autocompasión
El amor tiene el poder de sanar heridas invisibles, pero primero es una semilla dentro de uno mismo. Cuando se nutre, esta semilla crece en una conciencia de la fragilidad compartida de la existencia—el reconocimiento de que nadie es inmune al sufrimiento. Considera la solidaridad silenciosa en una palabra amable dirigida a un extraño, el vínculo tácito formado en momentos de duelo compartido o la simple gracia de perdonar los defectos de otro, sabiendo que los propios también son imperfectos. Estos actos nos recuerdan que no estamos aislados en nuestro sufrimiento, sino conectados a través de él. Al reconocer esta interconexión, cultivamos una compasión que trasciende la individualidad. Nos permite honrar la humanidad en los demás mientras aprendemos a honrarla en nosotros mismos.
Sección III
La soledad frente a la desesperación
Piensa en la soledad como tu característica definitoria, un reino donde tus pensamientos y sentimientos pueden existir sin filtro, sin cotejar o tocar comparación. El desespero, sin embargo, surge cuando esta soledad se convierte en un entorno hermético de repetición, de deseos no satisfechos, una distorsión que amplifica la ausencia de validación externa en una necesidad consumidora. Percibir la soledad como desesperación es confundir un estado natural con un anhelo poco saludable, como confundir el silencio con el vacío. La soledad ofrece claridad, un espacio para reflexionar y crecer, mientras que la desesperación, aunque dolorosa, puede enseñarnos dónde necesitamos nutrirnos más. Al replantear la desesperación como un síntoma en lugar de una condena podemos transformarla en una oportunidad para el autoconocimiento.
PostScriptum
Al reflexionar sobre el recorrido de estas ideas, me viene a la mente una época de hace casi 16 años, cuando encontré consuelo en los escritos de Jiddu Krishnamurti, un maestro espiritual que mi madre había estudiado en mis años más jóvenes. Sus ideas, al igual que el budismo antes de ellas, sirvieron como un preámbulo, un atisbo de una comprensión más profunda que no logré comprender completamente hasta más tarde en la vida. Solo en mis cincuenta, después de abrazar la escritura como una forma de expresión creativa, comencé a desentrañar las capas de verdad ocultas en sus palabras.
Durante este período, mi editor, con quien compartí mi creciente interés por Krishnamurti, lo caracterizó como excéntrico (“kook”), una etiqueta que parecía reflejar las contradicciones inherentes en la filosofía de Krishnamurti. Mi admiración tanto por Krishnamurti como por mi editor estuvo marcada por un conflicto interno. Luchaba por reconciliar las imperfecciones que veía en ambos con mi propio sentido de integridad e independencia. Con el tiempo, llegué a comprender que sus imperfecciones no eran diferentes de las mías—y que la sabiduría que buscaba no estaba en su perfección, sino en la aceptación misma de la imperfección.
Esta aceptación me permitió aprender de ambos, mientras mantenía mi propia autonomía, un recordatorio de que el crecimiento no proviene de una certeza impecable, sino de la capacidad de navegar por la contradicción y la complejidad. Así como podemos encontrar la verdad en nuestra propia comprensión imperfecta, también podemos extender compasión a los demás, reconociendo sus contradicciones como parte de la experiencia humana compartida.
En este viaje, he aprendido que la tensión entre certeza e incertidumbre no es algo que resolver, sino algo con lo que vivir—un espacio donde la autocompasión y la sabiduría pueden crecer, aunque imperfectas.
Ricardo Federico Morín Tortolero
Bala Cynwyd, Pa, enero 19, 2025
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