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94 cm x 152 cm x 5 cm
Óleo sobre lino 2007
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Mi Serie Triangulación 2006–08 profundiza en preguntas persistentes sobre la perspectiva, sintetizando conceptos de espacio pictórico e infinitud—una indagación que ha marcado mi práctica a lo largo de los años. A través de la abstracción pictórica y la plasticidad, busco expresar, tanto en forma como en contenido, un arte que trascienda el mundo material de los signos. Mis pinturas aspiran a lo infinito—al misterio y la poesía inherentes al drama interior de cada individuo.
Adopto la proporción áurea, 1:1,618, como un formato compositivo constante en mis abstracciones no objetivas. Esta proporción, presente en todas las metodologías conocidas de perspectiva, refleja una geometría de congruencia infinita. En este marco, exploro la fluidez del acto pictórico como vehículo de expresión. Al mismo tiempo, establezco una triangulación del plano desnudo del lienzo, reafirmando su naturaleza paradójica: es a la vez un objeto plano y un soporte para la ilusión de profundidad espacial. Este juego—entre la ficticia planitud de la superficie y la profundidad sugerida de las formas—define la tensión fundamental de mi obra.
Aunque mi trabajo se nutre de las estéticas del siglo XX, no me adhiero a ningún movimiento histórico específico ni a la agenda posmoderna. Concibo el hacer artístico como un producto “carnal” de la experiencia humana—una emanación de la pasión del creador. Así como las particularidades del individuo desafían toda lógica causal, el marco estético abarca todos los sentidos. La imagen no busca explicar el significado de la experiencia, sino manifestarse, provocando la interpretación del espectador.
No hay referencias externas ni nociones preconcebidas que guíen la composición final. El lienzo se convierte en una plataforma activa para el intercambio gestual e intuitivo—una conversación entre la pintura, la superficie y yo. Mediante la aplicación de capa tras capa—a veces transparentes, otras texturales—la obra va emergiendo gradualmente en una densidad espectral. Trabajo en varias piezas simultáneamente, permitiendo que dialoguen entre sí de forma continua. A partir de ese proceso se despliega un ritmo interno que orienta la construcción de las formas: sepultamientos, resurrecciones, exaltaciones, veladuras, retornos. La naturaleza áspera y suntuosa del medio posibilita estas transformaciones. De este diálogo surge una atmósfera cargada—disonante, translúcida y emocional. El color, en su dimensión textural, establece el paisaje emotivo de la pintura.
Cada obra terminada se presenta como una concentración de capas acumuladas—cada estrato es esencial para su totalidad. En cada una hay un sentido de movimiento multidireccional que guía la mirada del espectador a través de formas delineadas y enredados trazos y arabescos. Espero que el espectador perciba en la obra una suerte de universo generativo—en constante creación y recreación.
Como señalé al principio, mi amor por el arte se fundamenta en un sentido de universalidad. No lo hago por realización personal, sino en reconocimiento del orden cósmico y de la conciencia compartida de la humanidad—el impulso unificador presente en todos los grandes maestros. En este sentido, estoy en constante devenir, errando en el espacio incierto y acéfalo del presente, donde la autoridad se fragmenta y prevalece la incredulidad. La libertad ha llegado a nosotros, pero sus éteres e incongruencias nos hacen tambalear.
Ricardo Federico Morín Tortolero
Texto original en inglés, escrito en Nueva York, diciembre 12, 2008
Traducido al español abril 8, 2025
Tags: abstracción lírica, arte contemporáneo, arte gestual, arte y filosofía, espacio pictórico, estética existencial, expresión plástica, Geometría Sagrada, manifiesto artístico, pintura abstracta, pintura no objetiva, profundidad visual, proporción áurea, Ricardo Morín, serie Triangulación
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